Richard Gonzales
En momentos de declive de la primera superpotencia mundial, como lo es EE. UU., la reunión o foro The Shanghai Cooperation Members & Partners, u Organización de Cooperación de Shanghái, con las siglas OCS Plus, que se llevará a cabo del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2026 en Bishkek, capital de Kirguistán, adquiere especial relevancia.
Dicho conglomerado, en la actualidad, está conformado por Kirguistán, Bielorrusia, India, Irán, Kazajistán, China, Pakistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, que, en su inicio como socios fundadores, solo conformaban cinco países encabezados por China y estaban dentro de la iniciativa de la Franja y la Ruta.
Oficialmente, la OCS nace el 15 de junio de 2001 en Shanghái. Sus integrantes firman la declaración sobre el establecimiento de la organización, contra tres fuerzas del mal:
· Terrorismo.
· Separatismo.
· Extremismo.
Si bien es cierto que nació como mecanismo de seguridad, su proyección estratégica estaba relacionada con el reacomodo de Eurasia, a sabiendas de que el declive de EE. UU. estaba en marcha. Es una trascendental cumbre dentro de los términos de confianza mutua, beneficio mutuo, consulta y respeto de la diversidad de las civilizaciones, así como de búsqueda del desarrollo común. Si bien es cierto que se ha ido ampliando, enmarcándose dentro de la Franja y la Ruta y desplazándose hacia Asia Central, también ha ampliado su agenda hacia lo económico, la conectividad y la diplomacia.
Es decir, pasa de un foro de cinco países a la organización regional más grande del mundo por territorio y población mundial —alrededor del 40 % de la humanidad y una parte relevante de Eurasia—, contando con el 25 % del PIB mundial.
Con la incorporación de India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, comienza a adquirir un peso geopolítico de trascendencia. Teniendo en cuenta que el corredor de transporte tiene en su diseño varias rutas que facilitan el comercio, los proyectos de infraestructura, el desarrollo y la cooperación, así como el comercio de la inteligencia artificial, es decir, tiene que ver con cómo se va apuntalando la influencia de China en el mundo, como parte de cómo emerge una nueva superpotencia mundial.
Es el tránsito de un momento unipolar al multipolar, de pasar de la defensiva estratégica a la ofensiva estratégica. Por tanto, es cuestionar todo el diseño geoestratégico que viene desde Sir Halford Mackinder (1861-1947) y su teoría del Heartland (el corazón continental), expuesta en su ensayo El pivote geográfico de la historia, donde divide la Tierra por su valor geográfico estratégico para determinar el poder.
Mackinder, considerado el padre de la geopolítica, diseñó la vasta región central de Eurasia, que abarca gran parte de Rusia y Asia Central, y establece:
· La isla del mundo. Considerado, en esta estrategia, el supercontinente formado por Europa, Asia y África.
· Tierras periféricas. Incluía América, Reino Unido, Japón y Oceanía, vistas como potencias marítimas subordinadas al poder terrestre.
Su máxima:
1. Quien gobierna Europa del Este controla el Heartland.
2. Quien gobierna el Heartland controla la isla del mundo.
3. Quien gobierna la isla del mundo controla el mundo entero.
Toda esa teoría, aun cuando fue cuestionada, sirvió para el diseño del poder en el mundo, ya sea por Reino Unido, pasando por la Alemania nazi y Japón, y, por último, EE. UU. Incluso fue la base para la contienda en la Guerra Fría, como visión reaccionaria de dominio de los pueblos del mundo, dentro de la visión unipolar a partir de 1945.
Si bien es cierto que Zbigniew Brzezinski (1928-2027) retoma y desarrolla esa teoría basada en su maestro Mackinder, como consejero de Seguridad Nacional de EE. UU. durante el gobierno de Jimmy Carter, establece una teoría llamada El gran tablero mundial.
Su teoría, El gran tablero mundial (1997), sostiene que el dominio global de EE. UU. depende de su control e influencia sobre Eurasia.
Allí se establece, en el diseño estratégico, que Eurasia es el centro del poder, como un supercontinente más grande y rico del mundo, y que quien dominaba Eurasia controlaría el poder mundial.En ese diseño estaba la balcanización de Rusia y el cerco a China. Solo así se puede entender la razón de las guerras en Afganistán, Irak, Siria, Libia y estas últimas guerras en Ucrania e Irán.
Bien, el tablero de ajedrez de Brzezinski tenía que ver con cómo Eurasia, como tablero de ajedrez, constituía el espacio en el que EE. UU. (potencia externa) debía evitar que surgiera otra potencia hegemónica orbital, como es hoy Rusia y China, razón de todo el esfuerzo de contención de estas superpotencias, donde el conflicto va en todos los sentidos y en todas las órbitas posibles.
Los pivotes geopolíticos y actores son Ucrania, Azerbaiyán, Irán, Corea y Turquía. Y actores geoestratégicos como Francia, Alemania, Rusia —dentro del dominio entonces de EE. UU.—, China e India, manejados obviamente con alianzas para esa contención.Particularmente, la importancia de Ucrania como territorio geoestratégico vital, que hoy está siendo motivo para la misma extensión de la guerra mundial, razón de la decisión de Rusia para ya atacar a Reino Unido y Alemania, hecho que pondría en marcha la III Guerra Mundial frontal entre grandes potencias, con todos los riesgos que ello implica. Esa es la razón del viaje del más alto nivel de jerarquía de la CIA a Rusia, con el objetivo de contener el escalamiento, dado el debilitamiento de EE. UU.
Toda esta teoría está siendo derrotada hoy. Tal es así que la retirada de Medio Oriente por parte de EE. UU. ya es un hecho; ha sido derrotada evidentemente en los dos frentes calientes, razón de la ofensiva de China y Rusia, los riesgos de desaparición de la OTAN y la misma Europa, conocida hasta hoy como un bloque resquebrajado. Esa es la razón y ofensiva de la Organización de Cooperación de Shanghái, cuya Secretaría Permanente está en Pekín, en forma activa, en coordinación con la Estructura Regional Antiterrorista —CRATS— en Tashkent.
En estos 25 años, la OCS, que es un foro de coordinación, ha venido avanzando despacio, pero sirve como contrapeso a Occidente (EE. UU.-OTAN) y se ha convertido en un bloque regional de mayor envergadura del mundo, por peso geográfico, económico y demográfico.
Aun cuando se irá ampliando, ya se tienen en marcha las visitas de China a Egipto, Turquía, Arabia Saudita e Irán, como parte del diseño del corredor vial ferroviario que llegaría de China hasta Egipto, con 3.562 km de ruta, apuntando hacia la conectividad de África y América.
Eso implica que China ingresa de lleno al golfo Pérsico y EE. UU. sale de ese corredor energético —Asia-Medio Oriente—. Y el asunto es: ¿en qué condiciones sale?, ¿cuáles son los riesgos?, ¿qué consecuencias tendrá para la economía del mundo?, ¿cómo serán los procesos de reconfiguración ante el declive de este gendarme del mundo?, ¿cómo queda América Latina y el Caribe dentro de esta contienda y reparto? ¿Acaso no es oportuno enarbolar la soberanía, la autodeterminación, la independencia y el antiimperialismo, el trato entre iguales, el respeto mutuo, el beneficio en iguales condiciones, hasta las luchas de liberación, etc.?
Solo las naciones y pueblos con sentido y madurez podrán tomar las riendas de sus propios destinos; caso contrario, cada quien se pondrá en la cola del imperialismo del momento y será otra oportunidad histórica que retrasará por décadas o siglos la posibilidad de salir de ese aletargamiento.
28/08/2026