Red de prensa popular latinoamericana

LA CRISIS DEL ORDEN MUNDIAL ES LA CRISIS DEL IMPERIALISMO

Richard Gonzales

La crisis del orden mundial contemporáneo solo puede entenderse como la convergencia de una crisis sistémica de las capacidades estratégicas que estructuran el mundo: una crisis histórica de legitimidad imperial, una crisis de sobreacumulación y producción del sistema capitalista mundial, y una crisis de la ideología sobre la cual se erige su dominio, cuyo núcleo parte del individualismo burgués. 

No se trata únicamente del declive de una potencia hegemónica y el ascenso de otra; se trata de una fractura más profunda, vinculada a un modo de producción incompatible con el desarrollo humano armónico. Por ende, asistimos al agotamiento de una forma histórica de organizar el poder global, fundada en la hiperconcentración de la riqueza en un polo y la miseria masiva en el otro, donde la relación centro-periferia mantiene una desventaja estructural asimétrica y el capitalismo imperialista necesita reproducir cotidianamente relaciones desiguales para asegurar su expolio.Particularmente, Estados Unidos representa el exponente más descarnado del imperialismo contemporáneo. Fue edificado sobre una matriz histórica de colonialismo interno, esclavitud, despojo territorial de los pueblos originarios, supremacía blanca, acumulación originaria y expansionismo armado sistemático. Este capitalismo mundializado es estructuralmente deficitario y parasitario: para sostener su hegemonía y su estabilidad interna depende de esquilmar a los pueblos del Sur global. Requiere apoderarse de los bienes comunes del planeta, someter la fuerza de trabajo nacional y foránea, asegurar mercados cautivos y consolidar mecanismos permanentes de transferencia de excedentes hacia la metrópoli para garantizar una acumulación incesante y financiar su supremacía económica, tecnológica y militar.

 Este imperialismo, como fase superior y sistema orgánico, no se reduce a la apropiación física y directa de materias primas; consiste ante todo en fijar salarios de miseria y deprimir los ingresos de las grandes masas oprimidas. Es ese despojo el que subsidia el derroche opulento de sus élites y alimenta su complejo militar-industrial de agresión y exterminio. La pobreza de las periferias no constituye un desvío circunstancial: es el resultado directo de la división internacional del trabajo impuesta coercitivamente por los centros metropolitanos. En esta fase, el «ejército industrial de reserva» formulado por la crítica marxista ha adquirido una escala global. 

Marx develó tempranamente estas leyes de tendencia, y Lenin profundizó con precisión científica la fase imperialista, señalando la mundialización del capital financiero, sus contradicciones insalvables y sus límites históricos. Hoy atestiguamos la agudización de la crisis general de este andamiaje: la descomposición del proyecto neoliberal transmutada en sobreendeudamiento, tiranía financiera, políticas de choque, austeridad criminal, privatización de lo común y subordinación monetaria e intercambio desigual. 

Si bien la fase de hiperglobalización logró amortiguar temporalmente sus contradicciones mediante la financiarización, burbujas especulativas y el estímulo ficticio del consumo a crédito, la crisis estructural emerge hoy con toda su fuerza corrosiva. Se fractura el monopolio tecnológico e industrial de Occidente, cruje la hegemonía del dólar y se exacerban las disputas interimperialistas por un nuevo reparto geopolítico del planeta. En este escenario histórico, la periferia está llamada a romper las cadenas de la dependencia: forjar otro modelo de Estado, instituir relaciones sociales de producción soberanas, emprender una industrialización autónoma, conquistar la autodeterminación frente a la hegemonía anglosajona en declive y derribar la arquitectura colonial de dominio. 

Es imperativo asumir que la encrucijada actual trasciende el roce diplomático o bélico entre Estados: expresa la crisis terminal de un modo de producción y el derrumbe histórico de su gendarme principal. La descomposición capitalista exige su reemplazo por un orden social cualitativamente superior: el socialismo, única vía capaz de garantizar una paz justa, emancipada y en armonía ecológica. Corresponde a la clase trabajadora y a los pueblos organizados transformar la indignación y la miseria inducida en fuerza revolucionaria, sepultando este orden caduco para levantar sobre sus ruinas un porvenir de verdadera liberación.

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