Richard Gonzales
Desde el rediseño de la Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU., hecha pública en noviembre de 2025, cuya razón está relacionada con la “restauración de la superpotencia” en circunstancias de declive y, en contraste, con el ascenso de China como la nueva superpotencia, sin dejar de lado la situación de las potencias regionales. Estos hechos marcan un nuevo escenario mundial que tensiona y confronta a diversas fuerzas.
La doctrina “Colby”, que es parte de esta estrategia de seguridad nacional, es un corolario de la Doctrina Monroe, intensificada en este gobierno de Trump. En ella se prioriza de forma absoluta el Indo-Pacífico, poniendo el foco principal en la contención militar frente al ascenso y expansión de China.
Parte de este rediseño es la defensa de Taiwán, considerada la prioridad operativa número uno para evitar la consolidación de China en Asia. Por lo tanto, delegar responsabilidades a la autonomía de sus aliados, como Europa y Asia Central, tiene que ver justamente con el rearme de ese continente, permitiendo que este gendarme del mundo concentre allí todos sus recursos.
Esto implica la reorientación de tecnología crítica (como los drones Global Hawk y los aviones de guerra electrónica) desde Europa hacia el Pacífico. El armamentismo y los preparativos para una confrontación con Rusia mediante una OTAN 3.0 están en marcha. Rusia lo sabe, pero es parte del diseño estratégico de EE. UU., razón por la cual, siendo un proveedor de nicho, pasa a ser el pilar logístico de una Europa con capacidad autónoma, sin cederle el mando absoluto a este continente y actuando como proveedor de inteligencia y paraguas nuclear.
Dentro del rediseño de esta estrategia, se transfieren las cargas operativas para que las potencias se hagan cargo de Rusia bajo el mando de Alemania, que hoy se rearma de forma acelerada para asumir el control de todas las líneas de su flanco oriental.
Por tanto, propugnar, congelar o limitar el envío de recursos a frentes secundarios es parte de esta doctrina, como se evidencia en los casos de Ucrania y Medio Oriente, aun cuando en ambos frentes esté cosechando fracasos o derrotas. Esto no implica una merma en su capacidad de disuasión frente a Pekín.
El corolario Trump o “Doctrina Donroe” se ha intensificado. Su presentación oficial se llevó a cabo en una conferencia de ministros de defensa de todo el continente (junto a sus “aliados” de la ultraderecha), celebrada el 8 de julio de 2026 en la ciudad de Cusco, Perú.
¿Cuál es la justificación para poner en marcha esta doctrina? Lograr que, paulatinamente, se asuma el control de las fuerzas armadas de toda América Latina y el Caribe. El diseño consiste en utilizar como excusa la lucha contra la criminalidad, el narcotráfico, el terrorismo, entre otros pretextos.
Sin embargo, el objetivo central no es la lucha contra la criminalidad —a la que nadie se opondría, entre comillas—, sino que constituye un clásico argumento de intromisión en asuntos de seguridad de carácter policial e interno. Esto sirve para luego apuntalar la cooperación, estandarización, subordinación, disposición y lealtad de las fuerzas armadas para enfrentar a “todo tipo de enemigos”, tanto en el ámbito ideológico-político interno como frente a potencias o superpotencias que pongan en cuestión su doctrina de dominio.
Por esa razón, surgen las exigencias de gasto militar a cada uno de los países miembros participantes, como ya ocurrió con la compra de aviones por parte de Perú; es decir, presionar para elevar drásticamente el presupuesto de seguridad y defensa a un 5% del PIB.
Todo esto se relaciona con los preparativos para el cambio de escenario estratégico, pasando del “momento multipolar” —marcado por el declive y la pérdida de la hegemonía neoliberal— a un “momento de visión realista”, basado en la geografía y en los intereses nacionales, donde prima el poder duro frente al surgimiento de superpotencias y potencias regionales.
Esto obedece a la necesidad de asegurar su “RETAGUARDIA” en términos de recursos, logística y fuerzas. Por lo tanto, clausurar las alternativas progresistas es parte de ese proceso, tal como ocurrió con la “Operación Lanza del Sur” en el Pacífico Central y el Caribe. Como vemos, Venezuela ya se encuentra bajo un control indigno, y aún faltan Cuba y Nicaragua, que son los casos más problemáticos, sin dejar de lado a países de América del Norte como Canadá y México, para finalmente ir por Brasil.
Frente a toda esta doctrina, que ya impone a los países del continente un rearme que augura guerras futuras, tanto China como Rusia ya han manifestado su protesta.
Esa es también la razón detrás de la extensión y penetración de Israel en todo nuestro continente, un hecho que es imperativo desenmascarar. Los pueblos, los líderes y las organizaciones populares no pueden callar; deben evidenciar y luchar contra esta ocupación continental por parte de este gendarme del mundo. Es vital desenmascarar a los gobiernos serviles, exponer ante los ojos del pueblo toda esta maniobra y defender la nación, la soberanía nacional y la autodeterminación.
Resulta indispensable organizar un amplio movimiento de resistencia y lucha popular, así como aislar a esta ultraderecha para potenciar el Estado nacional unitario, defender el territorio y canalizar todas las fuerzas y recursos en aras de los intereses nacionales. Esto incluye impulsar la industrialización del país, proteger a las burguesías nacionales y a los pequeños productores (por ejemplo, mediante rebajas de impuestos o la promoción del pequeño capital productivo a través de la banca nacional) y, fundamentalmente, defender a la clase obrera y trabajadora en todos sus ámbitos, uniendo a todo el pueblo en la defensa de su patria hacia un nuevo destino democrático y de desarrollo.
25/08/2026