Los sistemas de riego de administración comunitaria, tras su puesta en marcha, frecuentemente exhiben debilidades organizativas y de mantenimiento que detonan conflictos internos y amenazan la infraestructura hídrica. El presente artículo tiene como objetivo principal determinar los factores que inciden en la gestión, distribución y mantenimiento del agua en los accesos de sistemas de riego en la comunidad de Thamari, municipio de Potosí. Mediante un diseño metodológico mixto, se aplicaron encuestas y entrevistas para analizar las normativas consuetudinarias y la situación actual de los usuarios.
Los resultados evidencian una desconexión entre la infraestructura tecnológica y la organización comunal, generando disputas por el acceso al recurso hídrico. Como respuesta, y respetando los saberes locales, se propone el diseño de un modelo de gestión y la elaboración de un manual de operación y mantenimiento. Esta propuesta procura fortalecer las capacidades locales, garantizar la sostenibilidad física del sistema y mitigar la conflictividad, logrando que los usuarios adopten estas herramientas en su estructura organizativa.
Palabras Clave: Gestión comunitaria del agua, estrategias de acceso, sistema de riego, operación y mantenimiento, planificación del riego.
1. Introducción
El abastecimiento de agua constituye una preocupación esencial a nivel mundial, principalmente para el uso poblacional y agrícola. Las Naciones Unidas advierten acerca de una crisis global derivada del insuficiente abastecimiento y la creciente demanda para satisfacer las necesidades humanas y productivas. En este escenario, el agua se sitúa en el epicentro del desarrollo sostenible, siendo vital para la supervivencia, la producción de alimentos y la adaptación al cambio climático. Frente a la globalización y la creciente demanda alimentaria en América, la gestión comunitaria del agua de riego emerge como una alternativa insoslayable frente a los modelos centralizados, especialmente en contextos productivos en que la organización hídrica no está contemplada por reglas formales.
En Bolivia, el acceso al agua es concebido como un derecho humano cardinal y una política de Estado orientada a alcanzar el paradigma del «Vivir Bien». A través de políticas como «Agua para la producción Agropecuaria», se busca consolidar la soberanía alimentaria fortaleciendo la producción bajo riego. Sin embargo, si bien la participación de los beneficiarios es clave en la planificación de los proyectos, lograr que los regantes se empoderen y asuman la responsabilidad técnica y social sigue siendo un desafío institucional. Este reto es particularmente agudo en el departamento de Potosí, el cual ocupa el tercer lugar a nivel nacional en demanda de proyectos de microriego.
En la comunidad de Thamari, el agua opera como un recurso vital y estratégico para el desarrollo territorial, articulando relaciones socioculturales que, de no gestionarse adecuadamente, derivan en conflictos. A pesar de contar con sistemas de riego operativos, la comunidad evidencia profundas debilidades a nivel organizativo. Esta fragilidad ha causado un evidente descuido en el mantenimiento de la infraestructura, poniendo en peligro físico las construcciones y detonando disputas internas. La débil gestión organizativa y la falta de instrumentos rectores, como manuales de operación, amenazan la sostenibilidad a largo plazo.
Ante este escenario, la presente investigación aborda la siguiente interrogante: ¿De qué manera se fortalecerá la organización en la distribución de procesos y mantenimiento del agua para los accesos de sistemas de riego en la comunidad de Thamari?.
El estudio tiene como objeto analizar los procesos de acceso al riego en la comunidad, con el propósito de diseñar un modelo organizativo y un manual operativo. Se espera que esta contribución académica desarrolle capacidades locales, mejore la conducción hídrica y consolide una progresión hacia sistemas de riego plenamente sostenibles y autogestionados.
2. Metodología
2.1. Enfoque y Alcance de la Investigación
La investigación se desarrolla en el marco de un enfoque metodológico mixto, integrando dimensiones cuantitativas y cualitativas para abordar la complejidad del objeto de estudio. Presenta un alcance descriptivo y explicativo, orientado a diagnosticar la situación actual de los accesos al sistema de riego e identificar las causas profundas de las debilidades en la distribución hídrica. Finalmente, el estudio asume un carácter propositivo, culminando en el diseño de estatutos, reglamentos internos y un manual de operación y mantenimiento.
2.2. Población y Diseño Muestral
El trabajo de campo se llevó a cabo en la comunidad de Thamari, perteneciente a la provincia de Tomás Frías en el municipio de Potosí. La población total objeto de estudio está constituida por 332 habitantes, organizados en 83 familias.
Para la selección de los participantes, se aplicó un muestreo no probabilístico de tipo intencional u opinático, estableciendo criterios de inclusión específicos para conformar dos grupos muestrales:
Muestra Cuantitativa: Conformada por 50 jefes de familia. El criterio de inclusión principal fue contar con residencia permanente en la comunidad durante el periodo de estudio.
Muestra Cualitativa: Constituida por 5 líderes comunitarios. Se seleccionaron perfiles con amplia trayectoria orgánica y sindical dentro de la comunidad, actuando como informantes clave.
2.3. Técnicas e Instrumentos de Recolección de Datos
La recopilación de información primaria se realizó a través de la aplicación de métodos empíricos diferenciados según el enfoque:
Encuesta (Fase Cuantitativa): Se aplicó un cuestionario estructurado a las 50 familias de la muestra principal. Este instrumento tuvo como finalidad cuantificar y recabar información estandarizada referente a la percepción y situación actual de la organización, la distribución de procesos y el mantenimiento del agua en los sistemas de riego.
Entrevista Abierta (Fase Cualitativa): Se desarrollaron entrevistas a profundidad dirigidas a las autoridades y líderes locales. Esta técnica permitió indagar de manera directa y hermenéutica respecto a las dificultades organizativas cotidianas, las modalidades de distribución del recurso hídrico y las consecuencias derivadas de la falta de un comité de regantes debidamente reglamentado.
3. Resultados y Discusión
3.1. Dimensión Cuantitativa: Percepciones y Brechas en la Gestión Hídrica
Los resultados de las encuestas revelan un fuerte consenso acerca de la necesidad de consolidar la infraestructura hídrica, con una población que está mayoritariamente de acuerdo en contar con sistemas de riego y considera muy importante la transición hacia el riego tecnificado para mejorar la producción.
Sin embargo, la gestión actual presenta fracturas significativas que amenazan la paz social. Un 66% de la población encuestada percibe que casi siempre existen conflictos en torno al derecho de uso del agua. Las causas principales de estas tensiones radican en el irrespeto a los turnos de distribución de un comunario a otro y las aperturas de canales no autorizadas.
Aunado a esto, existe un hondo vacío normativo e institucional. La población encuestada conoce poco o nada acerca de las normas nacionales del sector riego. Asimismo, la mayor parte de los comunarios indica que la asociación no cuenta con un estatuto y reglamento interno de regantes, confundiéndolo frecuentemente con el estatuto general de la comunidad. Ante su declarada inexperiencia en el manejo de sistemas de riego y su consciencia sobre la importancia de mantener canales y represas, la comunidad muestra un alto interés en la adopción de un manual formal de operación y mantenimiento.
3.2. Dimensión Cualitativa: Dinámicas Socioterritoriales y Saberes Locales
Las entrevistas a líderes comunitarios permitieron profundizar en las lógicas organizativas subyacentes. Las principales dificultades operativas señaladas incluyen la falta de infraestructura de captación (represas) y deficiencias en la organización para la distribución del recurso.
Distribución y Desigualdad Espacial: Actualmente, la distribución del agua se realiza de manera empírica, usando el riego por surco y asignando turnos mediante listas basadas en la ubicación o llegada del terreno. Esta modalidad genera conflictos materiales evidentes por la «diferencia de llegada de agua», lo que visibiliza desigualdades espaciales donde un sector se beneficia en detrimento de otros.
Mantenimiento y Sanciones: El mantenimiento de la infraestructura carece de un enfoque técnico y preventivo continuo. Recae en el juez de agua y los usuarios, realizándose de forma seccional antes de la siembra y después de las lluvias, o de manera individualizada por cada propietario. Ante la falta de accesorios, se recurre a la compra de repuestos utilizando los fondos recaudados por multas; el incumplimiento de las faenas de limpieza se sanciona económicamente (multas o jornales valorados en 100 Bs) y con la suspensión de la distribución del agua.
3.3. Discusión Hermenéutica: Tensiones entre la Infraestructura y la Organización
A pesar de la ausencia de reglamentación formal como asociación de regantes, la comunidad de Thamari despliega notables mecanismos de resiliencia institucional. Las tensiones internas no derivan en un colapso del sistema gracias a que los conflictos se concilian mediante la figura tradicional del «juez de agua», con el respaldo orgánico del sindicato agrario y el corregidor de la comunidad.
No obstante, la contrastación de los datos evidencia una clara tensión: la superestructura organizativa basada exclusivamente en usos y costumbres es insuficiente para sostener la infraestructura física actual. La teoría pertinente indica que la distribución equitativa requiere un equilibrio sustentado en un conjunto de normas, acuerdos y reglas. En Thamari, la falta de un andamiaje documental (manuales y estatutos de regantes) limita la eficiencia del riego y perpetúa los conflictos. Esto demuestra que la apropiación de tecnologías de riego debe ir invariablemente acompañada de un proceso de fortalecimiento y formalización socioterritorial.
4. Propuesta: Modelo de Gestión Sociotécnica e Instrumentos Rectores
Ante las carencias identificadas en la articulación entre infraestructura y tejido social, se propone la implementación de un Modelo de Gestión Sociotécnica. Este modelo no busca reemplazar las estructuras tradicionales de Thamari, sino dotarlas de herramientas formales y técnicas para garantizar la equidad y la sostenibilidad del sistema de riego. El núcleo de la propuesta se divide en dos componentes interdependientes:
4.1. Formalización Organizativa: Estatutos y Reglamentos Internos
Para transitar de un manejo empírico a uno institucionalizado, es imperiosa la adopción de un Estatuto Orgánico y un Reglamento Interno específicos para la asociación de regantes. Este andamiaje jurídico-local cumplirá con la Ley N° 2878 (Ley de Promoción y Apoyo al Sector Riego) y tendrá como objetivos:
Delimitación de Derechos y Obligaciones: Establecer con claridad los derechos de acceso al agua y las responsabilidades correspondientes (pago de cuotas, asistencia a faenas, respeto de turnos).
Institucionalización de Autoridades: Reconocer y respaldar formalmente la figura del «juez de agua» y del directorio de regantes, definiendo sus competencias y mecanismos de elección transparente.
Régimen Sancionatorio: Estandarizar las multas y sanciones (actualmente aplicadas de forma ad hoc) ante infracciones como la sustracción de agua o la inasistencia a labores de mantenimiento.
4.2. Instrumento Operativo: Manual de Operación y Mantenimiento
La infraestructura demanda de protocolos técnicos periódicos para evitar su rápido deterioro. El diseño de este manual debe ser accesible, contextualizado y contemplar:
Planificación de la Distribución: Sustituir la distribución espacial empírica («por llegada») por un cronograma de turnos fundamentado en los requerimientos hídricos de los cultivos, las horas de flujo continuo y la capacidad de conducción de los canales.
Mantenimiento Preventivo y Correctivo: Establecer un calendario obligatorio de faenas comunales (limpieza de desarenadores, canales y sifones) antes y después de la temporada de lluvias, así como protocolos de acción inmediata ante fisuras o taponamientos.
Gestión Financiera: Implementar un fondo de contingencia sustentado en los aportes y multas, destinado exclusivamente a la adquisición de repuestos e insumos para la infraestructura.
5. Conclusiones
La investigación evidencia que la mera inserción de infraestructura tecnológica es insuficiente para garantizar la eficiencia y sostenibilidad del riego en la comunidad de Thamari si esta no se acompaña de un fortalecimiento socioterritorial. En la actualidad, las estrategias de distribución hídrica dependen en exceso de una gestión consuetudinaria que, si bien demuestra resiliencia a través de la conciliación de la autoridad local, se ve rebasada operativamente por la complejidad del sistema físico, derivando en conflictos persistentes por el acceso desigual al agua y un franco deterioro de los canales por falta de mantenimiento preventivo.
El vacío normativo interno es el principal factor de riesgo para la asociación de usuarios. Por tanto, el diseño y futura adopción de un Modelo de Gestión Sociotécnica -materializado en el Estatuto Orgánico, el Reglamento Interno y el Manual de Operación y Mantenimiento- representa el paso decisivo para salvaguardar la infraestructura. La implementación de estos instrumentos permitirá a los regantes de Thamari ejercer sus derechos bajo el amparo de la Ley N° 2878, optimizar el uso del recurso hídrico, mitigar la conflictividad social y, en última instancia, afianzar su soberanía productiva y alimentaria mediante una gestión del agua equitativa, técnica y socialmente sustentable.
Referencias Bibliográficas
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En abril de 2026, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira —posesionado el 8 de noviembre de 2025— promulgó la Ley 1720, que pretendía desmantelar la protección constitucional de la pequeña propiedad campesina para favorecer al latifundio extractivista. Esa ley fue la chispa de un proceso insurreccional que, desde entonces, ha provocado el despliegue de bloqueos de carreteras, una marcha indígena desde Pando hasta La Paz, un cabildo masivo en El Alto que rompió cualquier pretensión de diálogo con el Ejecutivo, y un piquete de huelga de hambre de mujeres. El gobierno respondió con detenciones arbitrarias y la aprobación en Senado de un proyecto de Ley de Estados de Excepción que suspende garantías. Este análisis sostiene que estamos ante una crisis orgánica cuyo origen se encuentra en lo que René Zavaleta Mercado denominó la paradoja señorial del bloque dominante boliviano y su incapacidad estructural para construir hegemonía, es decir, para presentar sus intereses particulares como interés general de la nación.
Para dar cuenta de esta crisis, este análisis combina dos tradiciones teóricas. De Nicos Poulantzas retomamos los conceptos de bloque en el poder, fracción hegemónica y autonomía relativa del Estado, que permiten examinar las tensiones entre la burguesía agroindustrial cruceña (eje del gobierno), la fracción financiera y la comercial, así como el papel del Estado como organizador político de esa unidad contradictoria. Para Poulantzas, el Estado es la forma en que la lucha de clases se institucionaliza; es decir, el lugar donde las relaciones de clase —difusas y transversales a toda la formación social— se materializan sin perder su carácter contradictorio, conteniéndolas. Esto se proyecta en lo que la politología liberal condena como “polarización”, cuando en realidad se trata simplemente de la lucha de clases procesándose dentro del Estado. Pedir que los actores “eviten radicalizar sus posiciones” sin resolver las contradicciones que los provocan es un llamado a la resignación disfrazada de moderación desmovilizadora. De Zavaleta Mercado recuperamos la noción de sociedad abigarrada —un archipiélago de temporalidades y subjetividades que el capitalismo no ha homogeneizado— y la advertencia sobre la disputa de reemplazo entre fracciones, el mecanismo por el cual una fracción burguesa sucede a otra «disputa de reemplazo entre las estirpes de sus amos» como si fuera liberación sin transformar relaciones de producción capitalistas. El análisis se pregunta si las movilizaciones de 2026 han producido ya gérmenes de dualidad de poderes (asambleas vecinales, cabildos, coordinadoras sindicales) y si, la ausencia de una dirección política propia y única terminará canalizando la energía insurreccional hacia una nueva rotación de fracciones —Tuto Quiroga, Jaime Dunn u otra—, cooptando así la potencia de las masas.
El artículo se organiza en seis secciones. Primero, se reconstruye la secuencia del proceso insurreccional desde noviembre de 2025 hasta junio de 2026, con énfasis en las medidas antipopulares (eliminación del Impuesto a las Grandes Fortunas, retorno de la DEA, Decreto Supremo 5503, Ley 1720) y las respuestas sociales. Segundo, se caracteriza la formación social boliviana como sociedad abigarrada, introduciendo la paradoja señorial. Tercero, se analizan las múltiples Bolivias en movimiento, distinguiendo la Bolivia indígena amazónica y andina de la Bolivia del agronegocio, y señalando las diferenciaciones internas en El Alto. Cuarto, se explica la implosión del MAS y el triunfo electoral del PDC por vacío, destacando el rol del vicepresidente Edman Lara como “prótesis ideológica”. Quinto, se examina el bloque en el poder a la luz de Poulantzas, mostrando que ninguna fracción logra la hegemonía plena, lo que fuerza al gobierno a recurrir a la coerción (Estado de excepción) una vez agotados los recursos ideológicos. Finalmente, se plantea si existen condiciones para una situación revolucionaria, cooptación o nuevo poder popular.
Secuencia del proceso insurreccional
Siguiendo a Zavaleta, una sociedad abigarrada se vuelve legible sólo en los momentos de gran agitación y ruptura de la rutina. El proceso insurreccional en gestación que se lleva adelante en el país desde abril de 2026 parece ser uno de esos instantes por eso es necesario repasar su secuencia.
En noviembre de 2025 Rodrigo Paz Pereira es posesionado, a esto le sigue tres medidas que demuestran la orientación de clase del nuevo gobierno: la eliminación del Impuesto a las Grandes Fortunas, el retorno de la DEA. El 17 de diciembre se promulga el Decreto Supremo 5503, un paquete integral de medidas económicas que elimina los subsidios a los hidrocarburos, congela salarios públicos, suprime impuestos y otorga facilidades para grandes inversiones en recursos naturales bajo el argumento de la «emergencia económica nacional», se suma a esto la reducción de ministerios bajo el ropaje de austeridad fiscal, la absorción del INRA por el Viceministerio de Autonomías, y el Decreto Supremo 5604 que reestructuró el Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social, fusionando sus dos viceministerios en uno solo. El gobierno la presentó como una medida para «eliminar la burocracia en los procedimientos y trámites en el ‘Estado Tranca'», pero provocó un fuerte rechazo sindical. Ya en el 2026 se presentaron múltiples proyectos para penalizar los bloqueos, pero ninguno llegó a ser aprobado. El 10 de abril se promulgo la Ley 1720, cuya pretensión era desmantelar la protección constitucional de la pequeña propiedad forzando su integración al mercado como activo financiero embargable y así favorecer el latifundio extractivista; el malestar social creció en paralelo al desabastecimiento crónico de hidrocarburos y su pésima calidad que provocó daños cuantiosos, provocó una huelga de diez mil conductores, además del problema con los billetes de serie B tras el accidente aéreo en el Alto, y el fallo logístico del bono PEPE. Es en abril cuando las movilizaciones estallan: la Bolivia indígena amazónica y andina reactiva sus formas propias de lucha territorial, una marcha partió desde Pando hacia La Paz, y El Alto comienzo a cerrar los accesos a la ciudad.
A principios de mayo, la marcha desde Pando llegó a La Paz, la sede de gobierno tras veintiocho días de caminata; el país registro de forma progresiva múltiples puntos carreteros bloqueados, con pérdidas diarias estimadas en millones de dólares, mientras un piquete de huelga de hambre de mujeres y la vigilia de comunidades amazónicas profundizan la presión. El domingo 26 se abroga la Ley 1341, que regulaba los estados de excepción que limitaba el uso de armas letales contra la población civil; el Comité cívico exige estado de excepción. El martes 2 de junio, un cabildo masivo en El Alto, que reúne a juntas vecinales, COB, campesinos, mineros, maestros, transportistas, padres de familia, gremiales y fabriles, resuelve romper el diálogo con el ejecutivo, acusar a los dirigentes cooptados y someterse solo a las bases. El gobierno dice intentar salidas negociadas y promete agotar todas las instancias de dialogo, se convocó a una mesa de mediación con las bancadas parlamentarias en la vicepresidencia, y se ratificó la decisión de llamar al dialogo y atender demandas, pero las detenciones arbitrarias que iniciaron ese mismo día con el dirigente vecinal alteño Justino Apaza provocan más incertidumbre y desconfianza. En medio de una escasez aguda de alimentos, filas interminables y sobre precios, desabastecimiento de insumos básicos en centros de salud el 3 de junio el presidente publica un video llamando a la población a desbloquear con fuerzas armadas a los minutos es borrado alegando errores de producción. El 4 junio la Cámara de senadores aprobó el proyecto de Ley de Estados de Excepción para su tratamiento en la Cámara de diputados aún pendiente mientras se escribe este análisis.
La formación social boliviana
Esta categoría constituye la contribución epistemológica más original de Zavaleta Mercado y se articula directamente con la problemática que Marx planteó en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política sobre las condiciones históricas en que los modos de producción se articulan, se suceden o coexisten. Una sociedad abigarrada concebida como un «archipiélago» de microuniversos, temporalidades y subjetividades que el capitalismo no ha logrado homogeneizar. Es únicamente en instantes de gran agitación y ruptura de la rutina cuando todos los elementos de la sociedad se ven forzados a a una síntesis súbita y centralizada, permitiendo comprender por fin cómo es en verdad la realidad del país y cómo se conectan sus distintas partes
La estructura de esta formación explica la existencia de un Estado aparente, el cual suele operar con una autonomía relativa limitada por su sujeción al «superestado» de las facciones dominantes. Históricamente, esto ha permitido que el aparato estatal actúe en favor de la reproducción del orden capitalista total, incluso cuando esto implica contradicciones tácticas con sectores de la propia burguesía.
Esta condición de fragmentación se agrava por la «paradoja señorial» del bloque en el poder que, si bien participa activamente en el mercado mundial, mantiene patrones culturales precapitalistas y es incapaz de construir un proyecto nacional-popular orgánico.
Esa incapacidad estructural —la paradoja señorial— es la razón por la que el bloque dominante no puede presentar su proyecto como nacional. Y es también la razón porque este proceso insurreccional en gestación expone esa carencia.
En el gobierno de Rodrigo Paz esto se expresa cuando el Ejecutivo actúa de forma instrumental para imponer graves retrocesos en materia agraria, medioambiental, social y laboral, en fin, una larga lista de medidas antipopulares con la firme intención de cumplir con las exigencias y condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Utilizó el voto de las clases trabajadoras captado en campaña como una formalidad, para luego ejercer el poder ignorando la voluntad popular y refugiándose en los intereses geopolíticos estratégicos de Estados Unidos en nuestros territorios.
El Estado burgués es un aparato político que expresa los intereses de las fracciones dominantes mientras simula representar a las clases populares. Signo de una crisis crónica de hegemonía, con dos momentos importantes de inflexión. Primero tras la acumulación de derrotas (Guerra del Pacifico y la Guerra del Chaco) profundamente impopulares que evidencio exclusiones sistemáticas provocando alianzas, algo que se materializo en identidad nacional-popular y constituyó la base hegemónica suficiente para derrotar a la oligarquía en 1952 con La Revolución Nacional; Segundo el desarrollo del sindicalismo campesino con más fuerza desde la década de los 80s y las reivindicaciones étnico-culturales atravesados por la identidad como preámbulo a la crisis orgánica del sistema político boliviano que derivo en las grandes movilizaciones de los primeros años de los 2000 con protestas, revueltas e insurrección, la Guerra del Agua, la Guerra del Gas, bajo la dirigencia de la Coordinadora del Agua y el Pacto de Unidad que le dieron dirección ideológica al proyecto y la agenda del momento: asamblea constituyente y la nacionalización que pensó al Estado Plurinacional. Este ciclo de movilizaciones hizo posible el triunfo electoral del MAS-IPSP el 2005 al canalizar el voto de todas esas fuerzas, consolidándose hegemónico.
Tomando en cuenta esto como antecedente, la crisis de 2026 a provocado la gestación de un proceso insurreccional, no hemos regresado ni al 1952 ni de 2003, pero esa memoria está presente. Por eso es necesario identificar qué «Bolivias» están moviéndose, con qué temporalidades, qué clases o grupos de clases con sus intereses y contradicciones —incluidas las que atraviesan a los propios sectores populares.
Las múltiples Bolivias
La Bolivia del agronegocio cruceño encontró en el gobierno de Paz su representación política más nítida. Con la ley 1720 —recientemente abrogada— se pretendía abrir un camino para que la tierra campesina pierda protección y entre con más fuerza al mercado, al crédito y a la hipoteca, favoreciendo ampliamente a los agroindustriales; esto provocó una marcha desde Pando que avanzó y llegó a La Paz tras 28 días de caminata. Hoy, después de días de estar en la ciudad, las comunidades se encuentran aún en vigilia en sus territorios. Si bien la ley fue abrogada, sus pretensiones no han sido aplacadas en su totalidad. La Bolivia indígena amazónica y andina ha reactivado sus formas propias de movilización territorial.
La historia de Bolivia enseña que la organización es la única certidumbre de los oprimidos. (Zabaleta, De Banzer a Guevara Arze: La fuerza de la masa, 1979)
El Alto que fue el corazón insurreccional en 2003, tiene hoy nuevamente un papel relevante, siendo la zona donde el bloqueo es más contundente, cerrando los accesos a La Paz. Sin embargo, no hay que perder de vista que El Alto de 2026 no es el de 2003. La transformación social del período de gobierno del Movimiento al Socialismo produjo una diferenciación interna profunda, emergió una burguesía de origen aymara, sectores de trabajadores por cuenta propia reproducen en parte las relaciones de producción capitalistas y sus contradicciones. Esta diferenciación expresa la formación de nuevas fracciones de clase y de posiciones de clase distintas dentro de lo que antes se leía como un bloque popular relativamente homogéneo. Esa heterogeneidad fragmenta las identidades colectivas, multiplica los intereses en juego y complejiza la construcción de cualquier alianza política estable, y explica por qué en esta ciudad hay voces y resistencia a las movilizaciones y bloqueos como posturas profundamente reaccionarias.
Ahora, cuando los movimientos campesinos organizados, mineros asalariados, maestros, transportistas interprovinciales y urbanos, las juntas vecinales de El Alto, las juntas de padres de familia, gremiales, fabriles, se movilizan, bloquean y se convocan podríamos estar viendo las primeras chispas de un proceso complejo de acumulación de intensidad o «pathos» como le llamaba Zavaleta. Una disponibilidad social que se da cuando las grandes masas pierden la fe en las viejas creencias y se encuentran en un estado de maleabilidad, dispuestas a la asunción de nuevas creencias colectivas y a la sustitución universal de lealtades previas.
La implosión del MAS y el triunfo electoral del PDC
El MAS gobernó Bolivia entre 2006 y 2025, primero bajo Evo Morales (2006-2019), y luego del golpe de Estado con Áñez (2019-2020), bajo Luis Arce (2020-2025). Ese ciclo prometió la descolonización del Estado, la soberanía sobre los recursos naturales y la redistribución de la renta gasífera hacia las clases subalternas. Cumplió parcialmente esas promesas, con resultados importantes y ampliamente reconocidos, pero también las traicionó sistemáticamente.
El MAS no fue derrotado electoralmente en las urnas, implosionó antes de llegar a esa instancia, por contradicciones internas acumuladas durante años —la guerra entre las facciones de Morales y Arce, la pérdida progresiva de base social derivada del agotamiento redistributivo, los escándalos de corrupción que erosionaron la credibilidad, y el vaciamiento propio del reformismo que no pudo romper con el extractivismo ni con las relaciones de producción capitalistas como también mecanismos de proscripción que evitaron a algunas facciones presentarse a elecciones. Esta implosión es lo que generó el vacío político que Rodrigo Paz supo aprovechar.
Jáuregui lo explica a cabalidad. Las elecciones generales de 2025 fueron competitivas, dado que múltiples fuerzas políticas tenían posibilidades reales de ganar. Sin embargo, la oferta electoral estaba dominada por la élite tradicional y los sectores populares carecían de representación, lo que se expresó en el alto número de nulos (19.87%) y blancos (2.50%). No fue el voto positivo de entusiasmo popular hacia Paz lo que lo llevó al poder; fue el rechazo al MAS expresado en un contexto de oferta electoral que no incluía una alternativa popular creíble. Paz no ganó por adhesión sino por vacío. Esta diferencia no es semántica; tiene consecuencias estructurales para la debilidad del gobierno y para la velocidad con que la ilusión se disipó.
El ciclo del MAS puede leerse como un intento de reconfigurar el bloque en el poder incorporando a sectores de trabajadores y a representantes de las clases subalternas, sin alterar el carácter capitalista del Estado ni los fundamentos estructurales de la acumulación. Terminó entonces en la absorción de las demandas populares por el aparato estatal, la cooptación sistemática de dirigentes, la neutralización de la autonomía organizativa de los movimientos. Hay aquí una tesis marxista-leninista de alcance general que se demuestra –nuevamente– los gobiernos reformistas o socialdemócratas que no rompen con el capitalismo terminan favoreciendo los intereses de la burguesía —agroindustrial o financiera—, porque la estructura del Estado capitalista reproduce esa orientación con independencia de las intenciones subjetivas de sus ocupantes.
La derrota electoral del ciclo popular no basta para garantizar la reproducción del orden capitalista; para eso se requiere que el ajuste sea presentado como inevitabilidad técnica, que la ley que favorece al agronegocio aparezca como modernización agraria, que el retorno de la DEA se venda como soberanía democrática y lucha contra el narcotráfico. Esa función de sustitución ideológica es la que cumplen los aparatos ideológicos del Estado en el sentido althusseriano que Poulantzas incorpora a su análisis. La pregunta entonces no es solo qué fracción del bloque domina, sino cómo esa dominación se naturaliza, qué lenguaje usa, qué instituciones la reproducen. El PDC tiene una respuesta muy precisa a esa pregunta, y conviene leerla con atención antes de que el proceso insurreccional la desmonte en las calles.
El bloque en el poder, la unidad contradictoria y crisis de hegemonía
¿Por qué un gobierno con mayoría parlamentaria, con el aparato estatal en sus manos y con el apoyo explícito del imperialismo norteamericano, no logro desactivar los bloqueos ni responder a las demandas de movilización?
Un punto crucial que me interesa profundizar para responder esta pregunta es la distinción técnica entre la dominación económica y la hegemonía política. Poulantzas demuestra que la hegemonía es una categoría política que no depende mecánicamente de la primacía en la producción. La fracción hegemónica es aquella que, a través de la mediación del Estado como organizador político, logra desplegar dos sentidos de hegemonía. Unifica internamente al bloque en el poder constituyendo sus intereses económicos en intereses políticos y ejercer una dirección intelectual y moral sobre las clases subalternas al presentar sus objetivos particulares como el interés general del conjunto de la nación. Esta doble función es la que Poulantzas, siguiendo a Gramsci, llama hegemonía propiamente dicha.
La estabilidad de este bloque depende de que estas funciones se concentren eficazmente, aunque la teoría admite la posibilidad de desajustes y desplazamientos entre ellas. En el caso boliviano la «paradoja señorial» del bloque en el poder le impide consolidar una dirección hegemónica orgánica. Ante la incapacidad de presentar sus intereses como nacionales, el bloque dominante suele renunciar a la autodeterminación para refugiarse en la coerción o en imperativos sistémicos externos, es decir, en los intereses geopolíticos estadounidenses rompiendo el equilibrio inestable de compromisos necesario para una hegemonía duradera.
La estabilidad del bloque se logra cuando una fracción ejerce esa hegemonía en el sentido pleno del término, en la capacidad de subordinar a la vez las pretensiones de las diferentes fracciones y todas las demás clases de la sociedad (Poulantzas, 1968). En Bolivia, la crisis se define precisamente por la ausencia de una fracción hegemónica en ese sentido pleno, ninguna fracción del bloque dominante logra cumplir simultáneamente ambas funciones. Esta ausencia produce lo que Poulantzas —retomando a Gramsci— denominaría una crisis orgánica, no una crisis de gobierno que se resuelve con un cambio de gabinete, sino una crisis de la forma misma de dominación.
El bloque en el poder que sostiene al gobierno del PDC no es monolítico. Su eje es la burguesía agroindustrial cruceña, fracción que acumuló poder económico, territorial e ideológico durante las últimas tres décadas. Pero el bloque incluye otras fracciones con intereses parcialmente divergentes, la burguesía financiera, vinculada a la banca nacional y a los circuitos del capital transnacional que empujan la agenda del FMI; la burguesía comercial e importadora, que apoya la apertura comercial pero teme la caída del consumo interno provocada por el ajuste fiscal; y los remanentes de la gran propiedad territorial del Oriente, cuya continuidad biológica e institucional con las élites del siglo XIX no es una metáfora zavaletiana sino un dato sociológico verificable.
Esta composición compleja del bloque se expresa en las tensiones internas del gabinete y en las fracturas parlamentarias. Jáuregui describe cómo el PDC cuenta con 16 senadores y 49 diputados sin mayoría absoluta, y cómo la propia bancada del PDC está escindida en múltiples facciones que le impiden actuar de forma cohesionada (Jáuregui, 2026). Los transfugios hacia el oficialismo expresan, en términos poulantzsianos la reorganización de las alianzas entre fracciones del bloque dominante; el capital financiero paceño que apostó por Paz necesita una mayoría parlamentaria que la base electoral del PDC no alcanzó a proveer. Esta mayoría frágil y comprada no constituye hegemonía; es el simulacro de la dirección política.
La burguesía agroindustrial cruceña es la fracción económicamente más poderosa del bloque y la que más directamente se expresa en las políticas del gobierno de Paz. Un ejemplo claro es la Ley 1720 que se bien fue abrogada se anunció que se trabajara en una nueva ley en la misma dirección e intención, la liberalización de exportaciones, la flexibilización ambiental. si bien es la fracción dominante del bloque no es hegemónica porque no logra la segunda de las dos funciones que la hegemonía exige: presentar sus intereses ante las clases subalternas como intereses generales de la nación.
Este proceso insurreccional en gestación es la prueba de ese fracaso cuando llego a existir alrededor de 90 puntos carreteros bloqueados, cuando El Alto corta los accesos a La Paz, cuando hay un piquete de huelga de hambre de mujeres y las comunidades amazónicas se unen en vigilia y el rechazo al Gobierno, estamos ante la negación práctica de cualquier pretensión hegemónica. Esta crisis de hegemonía no se queda en el plano abstracto de las fracciones y sus intereses divergentes; se proyecta a las instituciones, en las personas, en los dispositivos concretos que el bloque dominante construye para simular unidad donde no la hay. Si la fracción agroindustrial cruceña no puede presentar sus intereses ante las clases populares como intereses generales de la nación, entonces necesita un operador ideológico que les sirva para convencer, distorsionar y desviar la atención de sus verdaderas intenciones para ir en contra de los intereses de las clases populares. Ese fue el rol en campaña de Edmar Lara.
La figura del vicepresidente Edman Lara cumplía una función ideológica en la arquitectura política del bloque en el poder. Operaba como una representación de lo popular que hacía electoralmente presentable un programa de clase que, sin esa mediación, hubiera sido identificado de inmediato su carácter antipopular. Su origen no oligárquico, su registro identitario, su hiper-espectacularización mediática cumplían la función, disfrazar la dominación de representación, hacer pasar el interés particular de la fracción dominante por interés general de la nación.
Jáuregui explica este mecanismo con rigor: Rodrigo Paz y Edman Lara lograron catalizar la expectativa de cambio diferenciándose de la derecha tradicional, al vincular las salidas económicas a la crisis con las demandas aspiracionales de los sectores populares ascendentes. Esta operación es exactamente lo que Susan Stokes llama neoliberalismo por sorpresa, el giro post-electoral de gobiernos que adoptan reformas neoliberales a pesar de haber sido electos con plataformas contrarias (Stokes, 2001, citada en Jáuregui, 2026,). El binomio Paz-Lara requería esa ambigüedad programática —capitalismo para todos, 50/50— para no antagonizar con el electorado popular.
Una vez que el gobierno se alineó sin ambigüedades con los intereses del agronegocio y los intereses geopolíticos del imperialismo estadounidense —la eliminación del Impuesto a las Grandes Fortunas en noviembre de 2025, la Ley 1720, – ese dispositivo ideológico se volvió prescindible e incluso perturbador. Lara se convirtió en un obstáculo para la estrategia del ejecutivo porque su legitimidad popular reclamaba poder real, no ornamental. Cuando el ajuste se hace visible, cuando el costo recae sobre los sectores populares, la máscara no se puede mantener, se cae.
La máscara demócrata cristiana, los aparatos ideológicos y la lógica antinacional
La categoría que mejor explica el gobierno de Paz es la que Zavaleta aplicaba a los liberales de principios del siglo XX, el pragmatismo lineal o teoría de la asociación con el imperialismo. Pero Poulantzas añade una dimensión, el papel de los aparatos ideológicos del Estado —retomando a Althusser— en la reproducción del consenso. El PDC construye un discurso en el que el ajuste fiscal aparece como modernización responsable, la Ley 1720 como progreso agrario, el retorno de la DEA como seguridad democrática y lucha contra el narcotráfico. Jáuregui precisa el mecanismo cuando menciona que el gobierno tiene capacidad discursiva alta, dado que se ha instalado un discurso de inevitabilidad en los medios de comunicación que asocia al modelo estatista con el desfalco y la corrupción y presenta al ajuste como un problema técnico y de convicción patriótica.
La eliminación del subsidio histórico a los combustibles en diciembre de 2025, la reducción de ministerios presentada como austeridad fiscal, la Ley 1720 favorable al agronegocio cruceño —que resulta fue trabajada en el gobierno de Luis Arce Catacora y reactivada por Marinkovic—, esta secuencia es la reproducción de la lógica antinacional; en términos poulantzsianos, es la expresión de qué fracción del bloque en el poder ejerce la dominación en este momento y cuáles son los intereses que el Estado condensa y organiza materialmente. El imperialismo norteamericano, que expresó su apoyo al gobierno, tiene intereses directos en el resultado del conflicto boliviano —el litio, el gas, las tierras raras, la posición geoestratégica de Bolivia— y su apoyo no es una intervención en la lucha de clases a favor de las fracciones antinacionales del bloque dominante.
Bolivia no vive una crisis de gobierno como muchos afirman y que se resolvería con cambios en el gabinete, vive una crisis orgánica de largo aliento que comenzó en 2003, fue gestionada pero no completamente resuelta por el ciclo del MAS, y eclosiona ahora con la restauración conservadora de Paz.
Toda la arquitectura analizada hasta aquí —el bloque en el poder sin fracción hegemónica, el dispositivo Lara como prótesis ideológica, la lógica antinacional disfrazada de austeridad patriótica— describe el polo de la dominación. Pero la crisis orgánica se puede definir en función a lo señalado por Lenin: “los de abajo no quieran seguir viviendo como antes, si no que los de arriba tampoco puedan seguir gobernando como antes lo hacían”. La pregunta ya no es qué hace el bloque dominante para sostenerse, sino si las condiciones objetivas de una situación revolucionaria están dadas y, sobre todo, si existe la condición subjetiva capaz de convertir la potencia insurreccional en poder constituido.
Situación revolucionaria y gérmenes de dualidad de poderes
Zavaleta llamaba «disponibilidad social» a esos momentos de crisis profunda en que las masas están dispuestas a sustituir sus viejas lealtades; el cabildo del 2 de junio en El Alto es la expresión nítida de eso. Esta disponibilidad coincide con lo que Lenin definió como los síntomas objetivos de una situación revolucionaria: cuando «los de arriba» no pueden seguir gobernando como antes, la miseria de «los de abajo» se agrava y la actividad de las masas se intensifica significativamente.
Sin embargo, Lenin advirtió que la existencia de estas condiciones objetivas no garantiza la revolución. Para que la crisis desemboque en una victoria real, es indispensable el factor subjetivo, que es la capacidad de la clase revolucionaria para realizar acciones de masas tan potentes que logren «hacer caer» al viejo gobierno. Esto requiere de una vanguardia consciente que no se limite a seguir la espontaneidad del movimiento (seguidismo), sino que sea capaz de dirigir la energía insurreccional hacia el derrocamiento efectivo del régimen y la conquista del poder político.
La potencia de la movilización espontánea de las masas es indudable. Juntas vecinales, comunidades y sindicatos mineros actúan con una disciplina forjada en la resistencia histórica. Sin embargo, el espontaneísmo, al ser la forma embrionaria de la conciencia, se manifiesta necesariamente como tradeunionismo, representa la subordinación ideológica de los trabajadores a la burguesía, limitando sus aspiraciones a mejoras dentro del sistema capitalista en lugar de buscar su destrucción. Entonces una lucha centrada en demandas corporativas que, aunque legítimas, tienden a permanecer dentro de los límites del orden vigente. “Y quien suponga que se puede tomar el poder con los sindicatos está muy equivocado. Mientras la clase obrera no supere su contenido meramente sindicalista, podrá ser una clase muy radical, pero no podrá ser una clase de poder” (Zavaleta, en la entrevista con Laserna, 1985, p. 556).
El tradeunionismo es, en esencia, el sindicalismo, la lucha colectiva de los obreros para conseguir mejores condiciones de trabajo y reformas inmediatas, pero sin cuestionar el régimen social en su conjunto
En Bolivia, el riesgo más concreto en este sentido es la desviación que puede representar el evismo pues las estructuras de movilización del MAS que Jáuregui identifica como un potencial de coalición residual (Jáuregui, 2026) conservan arraigo territorial y liderazgo reconocido, pero su proyecto es la restauración del ciclo anterior —no su superación. Subordinar las movilizaciones del 2026 a la lógica del evismo sería la desviación hacia el seguidismo, utilizando la energía sindical para un proyecto de restauración que mantiene los cánones tradicionales de dominación bajo una apariencia popular, seria cooptar la potencia insurreccional en favor de una fracción que aspira a reconfigurar el bloque dominante a su favor.
La cooptación de dirigentes populares que se produjo durante el período del MAS no fue una anomalía moral sino la expresión de una tendencia estructural que Lenin había teorizado y que Poulantzas profundizó el problema no era solo la ausencia de conciencia sino la presencia del poder de clase dentro de la propia organización popular. Las organizaciones obreras y campesinas no son espacios puros exentos de las relaciones de poder capitalistas porque son atravesadas por ellas, lo que explica la cooptación sistemática y la burocratización. Como indica Zavaleta, aunque el sindicato es un lugar democrático de masas, carece de la coherencia necesaria para tomar el poder, tarea que exige un esquema consciente que solo puede dar el partido.
En Las tareas del proletariado en nuestra revolución, Lenin analiza el concepto de dualidad de poderes la situación en que emerge un poder alternativo al Estado burgués, con sus propios órganos de deliberación y ejecución, que compite con el Estado existente por la dirección de la sociedad. El ejemplo histórico clásico son los soviets de 1917. La pregunta es si existen gérmenes de una dualidad de poderes análoga.
La respuesta honesta es que si existen esos gérmenes por eso el movimiento campesino tiene dominio en el sector rural. Las asambleas de juntas vecinales de El Alto que deciden los bloqueos, los cabildos campesinos que coordinan el corte de rutas, las coordinadoras sindicales que articulan la acción de la COB; todas estas formas organizativas funcionan, en momentos de mayor intensidad, como instancias de deliberación y decisión colectiva que operan paralelas al Estado y en contra de él. Son gérmenes de poder alternativo. Pero este proceso insurreccional aún no ha producido una dualidad de poderes consolidada, no existe una instancia coordinadora nacional que articule esos gérmenes en un poder político con programa propio, con capacidad de interlocución estatal en términos de fuerza, con horizonte más allá de la demanda táctica de la renuncia de Paz. Este es el límite objetivo de la coyuntura. Este proceso insurreccional a abierto una posibilidad y queda decidir si se llena con un nuevo poder popular o con una nueva cooptación esa sería la tarea política del momento.
Este análisis quiso recorrer la paradoja señorial como estructura larga, el bloque en el poder sin hegemonía, los aparatos ideológicos que naturalizan el ajuste, la potencia insurreccional de las clases subalternas y el límite objetivo que representa la ausencia de una instancia coordinadora nacional. Pero hay aún elementos por estudiar ¿En qué momento histórico se encuentra Bolivia, qué la distingue de octubre de 2003, y qué condiciones —objetivas y subjetivas— determinarán si la coyuntura se cierra en una nueva cooptación o en una ruptura real con un nuevo poder popular?.
Conclusión
El proceso insurreccional que Bolivia vive desde abril de 2026 es la crisis orgánica de una forma de dominación que nunca logró construir hegemonía, carece de la capacidad de presentar el interés particular de la fracción dominante como interés general de la nación. Está en juego la viabilidad de un modo de ejercer el poder que se repite bajo máscaras renovadas. Si el proceso insurreccional no produce su propia dirección política ya y el vacío se resuelve dentro de las reglas de juego que impone la democracia liberal, el resultado no será transformación sino rotación de fracciones burguesas en el poder. Tuto Quiroga a la cabeza de Alianza Libre son los principales beneficiarios políticos de cada tropiezo del gobierno de Paz, acumulando con paciencia el capital electoral que la crisis les regala. El proyecto libertario de Jaime Dunn espera en el otro carril, dispuesto a presentar el desmantelamiento del Estado como solución popular. Si Condori es proscrito, o si cualquier alternativa del campo popular llega a unas elecciones fragmentada y sin programa de clase, la potencia insurreccional de mayo de 2026 habrá sido capturada por otra fracción burguesa. Una nueva disputa de reemplazo entre estirpes, exactamente como Zavaleta advertía. Las urnas sin organización popular previa administraran la derrota.
La paradoja señorial provoca la incapacidad estructural de la clase dominante boliviana para convertir su proyecto de clase en proyecto de nación algo constante en la historia, no es capaz de construir legitimidad ante las clases populares. El gobierno de Paz es una coalición que llegó al poder tras el vacío dejado por la implosión del MAS, y la proscripción o fracaso de sus expresiones fragmentadas; que gobernó para el agronegocio cruceño y los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano, ahora que la ilusión se disipó legisla la suspensión de derechos para desplegar la capacidad coercitiva del Aparato Estatal intentando blindarse legalmente porque ya agotó sus recursos de gobernabilidad.
La aprobación en grande y en detalle del proyecto de Ley de Estado de Excepción en el Senado, y su probable ratificación por la Cámara de Diputados este sábado 6 de junio, es la expresión de que, como decía Zavaleta, los partidos tradicionales pierden rápidamente su base social, fracasan en su función legitimadora, y la represión no puede ceder paso al consenso. El Estado de excepción es la traducción jurídica de esa impotencia; es el momento en que el bloque dominante confiesa, ante la sociedad entera, que solo puede mantenerse suspendiendo las garantías que él mismo invoca para legitimarse.
En los bloqueos, en los cabildos de El Alto, en la vigilia amazónica que no negocia, en las asambleas vecinales que funcionan como instancias paralelas de deliberación y mando territorial, se ha desplegado una potencia de masas que el gobierno no puede ni cooptar ni aplastar sin destruir lo poco que le queda de legalidad. Las coordinadoras sindicales que articulan la acción de la COB, los cortes de ruta que condicionan el abastecimiento de la capital, el cabildo del 2 de junio que acusa a los dirigentes cooptados y se somete solo a las bases: todo eso es ya, en su forma embrionaria, una dualidad de poderes que no ha encontrado todavía su instancia de unificación nacional. La disponibilidad social está dada. La sustitución de lealtades, que Zavaleta llamaba el momento constitutivo de la política de masas, está latente. Lo que falta es la forma que la concentre y es ahí donde radica el peligro. Ese es el límite objetivo de la coyuntura, y también su riesgo más agudo. No existe todavía una instancia coordinadora nacional capaz de articular esos gérmenes dispersos en un poder político con programa y horizonte propios. ¿Qué clase social, con qué proyecto histórico, llenaría el vacío de poder, en el caso de lograr la renuncia del presidente? la respuesta a esa pregunta es la tarea política del momento. No es algo que se pueda dejar para después es una tarea para hoy, en las asambleas de base, en las coordinadoras sindicales, en las comunidades que deliberan sobre su destino. Porque, como señalaba Zavaleta, el tiempo de las naciones no es el de las generaciones, pero las coyunturas se cierran. Y la violencia de clase, como siempre, no descansa.
Referencias bibliográficas
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*Camila Azeñas Uzquiano es politóloga y militante comunista.
En 1974, el economista Muhammad Yunus no solo prestó pequeños montos a mujeres en extrema pobreza en Bangladesh, por lo que desafió el dogma bancario tradicional que consideraba a los pobres como “no bancarizables”. Su experimento evidenció que las mujeres, lejos de ser sujetos pasivos de la asistencia, son administradoras natas de recursos escasos, priorizando alimentación, salud y reinversión productiva. Este descubrimiento dio origen a las microfinanzas modernas, cuyo objetivo explícito era romper la trampa de pobreza a través del acceso al crédito como derecho, no como caridad.
El caso boliviano expresado en éxito cuantitativo y dilemas cualitativos
En la Bolivia de los años 80, marcada por hiperinflación y ajuste estructural mediante la nueva política económica, varias ONGs replicaron el modelo de Yunus con garantía solidaria grupal. Así, el crédito de corto plazo permitió a familias empobrecidas enfrentar la inmediatez del hambre, mejorar vivienda y arrancar pequeños emprendimientos. Tres décadas después, las microfinanzas bolivianas representan el 31% del total de la cartera crediticia del sistema financiero, reflejando una economía en que lo informal (comercio, servicios, pequeña manufactura, etc.) no es un remanente marginal, sino el núcleo dinámico de la liquidez cotidiana.
Sin embargo, este dato, impresionante en superficie, oculta tensiones estructurales. Diversos estudios como la Fundación para el Desarrollo de las Microfinanzas, 2019-2023 señala que en Bolivia:
Las tasas de interés activas de microcréditos oscilan entre 25% y 45%, muy por encima del crédito bancario corporativo.
La morosidad en microfinanzas es cíclica y se dispara en contextos de recesión o devaluación.
El sobreendeudamiento multicredito (familias con 3 o más créditos simultáneos) afecta a cerca del 18% de los prestatarios en ciudades intermedias.
La mejora de calidad de vida medida en ingresos nominales no siempre se traduce en reducción de vulnerabilidad (falta de seguro médico, precariedad habitacional, trabajo infantil residual).
Microfinanzas y economía política, entre inclusión y disciplinamiento social
Un análisis de economía política revela que las microfinanzas no son neutrales. En Bolivia, su auge coincidió con el retiro parcial del Estado como proveedor directo de empleo y subsidios, y con una regulación financiera que favoreció la expansión de instituciones microfinancieras (IMF) con fines de lucro (como BancoSol, FIE, Prodem, etc.). Esto generó una paradoja en que mientras se amplía el acceso al crédito, se reduce la protección social universal. El microcrédito actúa como un mecanismo de autoresponsabilización de la pobreza, ya que la falla individual de no pagar se vuelve moral, no estructural.
Asimismo, el discurso de que las microfinanzas formalizan el sector informal carece de evidencia robusta. La mayoría de los microempresarios no transitan hacia la formalidad tributaria o laboral, porque ello implicaría costos fijos como los impuestos, los registros y que contabilidad que sus márgenes de ganancia reducidos no soportan. El microcrédito tiende a consolidar un semiformalismo de subsistencia, no una escalera que lleve al desarrollo capitalista.
Fortalecimiento necesario para las microfinanzas
Para que las microfinanzas sean una alternativa vigente y sostenible y no una trampa de endeudamiento, se requieren cinco líneas de acción sistémicas, no solo exhortaciones:
Regulación con enfoque de bienestar: Tasas de interés máximas vinculadas al costo de fondeo + margen razonable; prohibición de cláusulas abusivas; supervisión de niveles de endeudamiento familiar.
Inclusión financiera integral: No basta el crédito. Es imprescindible articular cuentas de ahorro, microseguros de salud y agropecuarios, y fondos de emergencia. La capacitación digital debe ser práctica (uso de billeteras móviles, registros de ventas), no abstracta.
Cohesión con políticas sociales: Las microfinanzas deben vincularse formalmente con el sistema de salud (descuentos en cuotas si la familia tiene controles médicos periódicos) y con programas de alimentación escolar. La calidad de vida se construye con servicios, no solo con liquidez.
Educación financiera crítica: Capacitar en gestión de riesgos, no solo en emprendimiento. Las mujeres deben aprender a decir no a créditos innecesarios y a diferenciar capital de trabajo de gasto corriente.
Rendición de cuentas social: Las IMF deberían publicar indicadores de desempeño social como el número de familias que salen de pobreza extrema, tasa de mejora en vivienda, acceso a saneamiento, no solo financieros como la morosidad.
Conclusión: ¿formalización o buen vivir?
Las microfinanzas en Bolivia han demostrado capacidad para movilizar recursos y generar dinámicas económicas en la base de la pirámide. Pero su éxito inicial no puede confundirse con solución definitiva. Sin un Estado que garantice derechos básicos como la salud, la educación, las pensiones, etc., y sin regulación que evite la usura blanda, el microcrédito corre el riesgo de convertirse en un analgésico que perpetúa la informalidad estructural.
La alternativa vigente no es creer que el crédito por sí mismo formaliza. Es articular microfinanzas, políticas públicas y organización comunitaria para que el crecimiento del sector informal deje de ser un refugio de sobrevivencia y se convierta en un peldaño real hacia el buen vivir mediante ingresos estables, tiempo para el cuidado, salud accesible y dignidad económica. Solo así las microfinanzas honrarán el legado de Yunus y la lucha de aquellas mujeres bolivianas que, con un pequeño préstamo, no solo buscaron pagar, sino vivir mejor.
La humanidad viene atravesando una coyuntura de hondas transformaciones reconfiguradas por la Cuarta Revolución Industrial, un escenario caracterizado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, la robótica, el big data, la hiperconectividad digital, la automatización, etc. En este contexto, la producción, comunicación y construcción del conocimiento están siendo rediseñadas. No obstante, aunque la tecnología actual tiene una inmensa capacidad para procesar y cuantificar datos masivos, presenta limitaciones insuperables cuando se trata de desentrañar las experiencias humanas, las expresiones culturales, las emociones-sentimientos y las relaciones de poder que cimentan a estas transformaciones. Es precisamente ante la hegemonía del algoritmo y la datificación (Transformación de ciertos aspectos de la realidad en datos cuantificables para su respectivo procesamiento digital) de la vida en que el enfoque metodológico cualitativo adquiere una pertinencia epistemológica esencial.
La investigación cualitativa se constituye como el contrapeso ineludible frente a la visión puramente estadística, permitiendo descifrar aquello que los números ocultan, como valoraciones y apreciaciones subjetivas. Como obra inaugural, el trabajo de Taylor y Bogdan (1987) nos recuerda la esencia de este abordaje: «La metodología cualitativa se refiere en su más amplio sentido a la investigación que produce datos descriptivos: las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable» (p. 20).
El predominio del dato frente a la comprensión de los significados
En la actual era digital de la Cuarta Revolución Industrial, la tendencia positivista -filosófica y paradigmática- procura reducir la complejidad de los fenómenos sociales a métricas e indicadores. Por ejemplo, un estudio cuantitativo podría limitarse a señalar que una vasta mayoría de estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Andrés de Bolivia, cuenta con acceso a internet. No obstante, este reduccionismo estadístico invisibiliza las brechas o disparidades digitales que reflejan las desigualdades económico y sociales estructurales, ignorando cómo experimentan los sujetos las limitaciones tecnológicas, qué estrategias asumen para superarlas o cómo estas brechas afectan su autoestima y rendimiento.
Frente a esta cuantificación, Strauss y Corbin (2002) trazan una demarcación importante: «Por investigación cualitativa entendemos cualquier tipo de investigación que produce hallazgos a los que no se llega por medio de procedimientos estadísticos u otros medios de cuantificación» (p. 11). La cualitativa se caracteriza porque permite descubrir esas dimensiones invisibles, comprendiendo los fenómenos en profundidad y reconociendo que la realidad social es una construcción histórica e ideológica (cultural).
Perspectiva sociocrítica y emancipadora en la era de los algoritmos
El desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología no ocurre al margen de las relaciones de poder que caracterizan a las sociedades divididas en clases sociales. Con frecuencia, estos ámbitos se encuentran condicionados por los intereses de quienes ejercen formas de dominación económica, política, jurídica e ideológica. En consecuencia, la tecnología dista de ser neutral, ya que los algoritmos y las herramientas de inteligencia artificial suelen nutrirse de bases de datos construidas desde lógicas y valores asociados al sistema capitalista y su fase imperialista, lo que genera tensiones con los conocimientos locales, los saberes populares y las diversas maneras de comprensión de la realidad.
En este contexto, la investigación cualitativa, particularmente desde la matriz crítica latinoamericana, no se limita a interpretar pasiva y distantemente los fenómenos sociales, sino que se esfuerza por comprenderlos para contribuir a su transformación. Denzin y Lincoln (2011) reafirman el carácter político de este enfoque al señalar que: “La investigación cualitativa es una actividad situada que ubica al observador en el mundo. Consiste en una serie de prácticas materiales e interpretativas que hacen visible el mundo” (p. 43).
Hacer visible el mundo y sus contradicciones expresada en su colosal problemática en la Cuarta Revolución Industrial involucra cuestionar las relaciones de dominación tecnológica y promover transformaciones sociales. Autores latinoamericanos como Orlando Fals Borda y Paulo Freire sentaron las bases para comprender que el conocimiento se construye a través del diálogo horizontal y la investigación debe realizarse con las comunidades y no sobre ellas. Esto rompe el esquema arbitrario y tradicional sujeto-objeto, validando el diálogo de saberes e impulsando una praxis transformadora capaz de generar alfabetización y conciencia crítica frente a la desinformación y el consumo digital.
Diseños cualitativos para la comprensión de las nuevas realidades tecnológicas
Para investigar las subjetividades o valoraciones hiperconectadas, se requiere flexibilidad y rigor analítico. En América Latina, Vasilachis de Gialdino (2006) precisa esta exigencia: «La investigación cualitativa es interpretativa, inductiva, multimetódica y reflexiva. Se emplea en la recolección y el análisis de datos empíricos con el fin de explorar, describir y comprender las características de los individuos y de los escenarios» (p. 24).
Esta multimetodicidad (Aplicación de distintos métodos de investigación para abordar un problema considerando diferentes perspectivas) se traduce en la aplicación de diseños pertinentes. La fenomenología, por ejemplo, resulta precisa para explorar las experiencias, emociones y aprendizajes vividos por los estudiantes universitarios de la Carrera Ciencias de la Comunicación Social de la UMSA frente a la virtualidad. La etnografía crítica y la Investigación Acción Participativa (IAP) se convierten en herramientas insustituibles para identificar cómo los algoritmos influyen en las decisiones cotidianas, o para evaluar cómo persisten formas de colonialidad y discriminación en los entornos digitales.
El rigor de este paradigma reside en su inmersión en el contexto. Como afirman Hernández-Sampieri et al. (2014): «El enfoque cualitativo también se evalúa con rigor, pero con un paradigma distinto, cuya base no es la medición numérica sino la comprensión de los fenómenos en su ambiente usual o natural, buscando desentrañar su significado a partir de las perspectivas de los propios participantes» (p. 9).
Conclusión
En el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la expansión de la inteligencia artificial, la automatización, la datificación y el predominio de los algoritmos en múltiples escenarios de la vida social, la investigación cualitativa mantiene plena vigencia y adquiere una relevancia valiosa para la producción de conocimiento crítico. Mientras las tecnologías emergentes procesan grandes volúmenes de datos o información y generan modelos predictivos, el enfoque metodológico cualitativo reivindica la centralidad de la experiencia humana, la comprensión de los significados, la diversidad cultural y las expresiones históricas que configuran la compleja realidad social.
La investigación cualitativa trasciende la simple descripción o interpretación de los fenómenos para contribuir al cuestionamiento de las estructuras de poder, las desigualdades o asimetrías y las distintas formas de dominación que también pueden reproducirse en los entornos digitales. En este horizonte, constituye una herramienta esencial para visibilizar voces históricamente excluidas, fortalecer los saberes locales y promover formas de conocimiento comprometidas con la justicia social, la democracia liberal y la dignidad humana.
Lejos de ser desalojada por los avances tecnológicos, la metodología cualitativa se reafirma como un campo indispensable para las ciencias sociales y humanísticas, al aportar una comprensión profunda, contextualizada y reflexiva de las transformaciones actuales. Su desafío no consiste en competir con la inteligencia artificial o el big data, sino en complementar reflexiva y críticamente estas herramientas, gestionando que el desarrollo científico y tecnológico esté orientado al bienestar colectivo y a la construcción de sociedades más justas, inclusivas y humanistas.
Referencias Bibliográficas
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Walsh, C. (2009). Interculturalidad, Estado, sociedad: Luchas (de)coloniales de nuestra época. Universidad Andina Simón Bolívar.
Testimonio basado en la realidad del sector en Potosí, Bolivia
INTRODUCCIÓN
Al graduarse un profesional Químico de su institución educativa en Potosí, se topa con una realidad desconcertante. El mercado de trabajo en el campo del análisis de minerales presenta una cruel incongruencia, ya que hay muchos laboratorios empíricos que predominan en el departamento, las cuales son puertas que se abren con entusiasmo, pero al entrar, el profesional se da cuenta de que no puede ejercer como tal.
Estos laboratorios, que en muchas ocasiones son dirigidos por personas sin formación técnica, dan la posibilidad de “hacer carrera”, el primer empleo y un ingreso económico rápido. Sin embargo, ya adentro, el profesional se encuentra en un ambiente donde no existe seguridad, los reactivos se manejan sin supervisión, la química se reduce a fórmulas memorizadas y los derechos laborales son solo una ficción jurídica.
Este artículo surge de la propia experiencia en el sector y tiene como objetivo visibilizar esta realidad y advertir a los jóvenes profesionales sobre los peligros de aceptar trabajos que, aunque estén disponibles, conllevan riesgos para su salud, dignidad y desarrollo profesional.
1. EL ABSOLUTO PREDOMINIO DE LOS LABORATORIOS EMPÍRICOS EN POTOSÍ
1.1 ¿Qué es un laboratorio de la práctica?
Un laboratorio de análisis mineral empírico es un laboratorio que trabaja sin la dirección de un técnico titulado, sin protocolos estandarizados, sin equipos calibrados y, sobre todo, sin conocimiento de los fundamentos químicos de los análisis que efectúa.
En Potosí, estos laboratorios conforman alrededor del 70 al 80 por ciento de los centros de análisis mineral que operan en la ciudad y sus alrededores. Se encuentran en lugares como:
• Barrios periféricos de la ciudad de Potosí
• Improvisadas en viviendas familiares.
• Estructuras mineras antiguas reconvertidas
1.2 Características distintivas de un laboratorio empírico
Característica
Laboratorio formal
Laboratorio empírico
Dirección técnica
Químico titulado
Persona sin formación
Procedimientos
Normas estandarizadas
Recetas orales, sin registro
Equipos
Calibrados, mantenidos
En mal estado, sin calibración
Reactivos
Etiquetados, fechados
Envases genéricos, sin identificación
Registros
Trazabilidad escrita
Datos en hojas sueltas o memoria
Seguridad
Implementada
Inexistente
Control de calidad
Muestras patrón, duplicados
Ninguno o rudimentario
1.3 ¿Por qué siguen existiendo estos laboratorios?
Varios factores estructurales explican la persistencia de los laboratorios empíricos:
Demanda barata: Los mineros pequeños y cooperativos buscan análisis baratos sin importarles la exactitud.
Falta de control: No se realizan inspecciones regulares de los laboratorios para comprobar el cumplimiento de las condiciones técnicas.
Círculo de aprendizaje empírico: Los que aprenden de manera empírica forman a otros de la misma forma, perpetuando la ignorancia técnica.
Ausencia de exigencia: Los vendedores de mineral no exigen certificados de laboratorios acreditados.
2. EL PROFESIONAL QUÍMICO ANTE LA PUERTA ABIERTA
2.1 La ilusión del primer trabajo
Para el químico recién graduado, es una necesidad imperiosa conseguir trabajo en su profesión. Los laboratorios empíricos aparentan una oportunidad:
“Necesitamos un químico” (aunque luego no se le escuche)
“Te pagaremos según tu capacidad” (frase que encubre salarios bajos)
“Aquí aprenderás la práctica real” (la práctica real sin fundamentos)
Muchas veces el profesional por desesperación acepta un puesto donde le prometen crecimiento. La verdad pronto la descubre.
2.2 Lo que encuentra el profesional al ingresar
Al cruzar la puerta de un laboratorio empírico, el profesional se enfrenta con un escenario que contradice todo lo aprendido:
En materia técnica:
Métodos de análisis que son «recetas» sin fundamento químico, memorizadas por el dueño empírico.
Ausencia de cálculos de concentración reales; se utilizan factores fijos sin verificación.
Reactivos sin etiqueta, en envases de gaseosa o botellas genéricas.
Balanzas sin calibración, que ningún profesional verifica.
Ausencia de blancos, duplicados o estándares certificados.
En materia de seguridad:
Manipulación de ácidos concentrados (sulfúrico, nítrico, clorhídrico) sin campana extractora.
Uso de cianuro y mercurio sin medidas de contención.
Ausencia total de equipos de protección personal (guantes, lentes, máscaras).
Almacenamiento de reactivos incompatibles en el mismo espacio.
En materia laboral:
Ningún contrato escrito ni registrado.
Salarios pagados en efectivo, sin boleta de sueldo.
Jornadas de 10 a 12 horas sin pago de horas extras.
Trabajo en domingos sin remuneración triple.
2.3 La imposibilidad de expresarse profesionalmente
El aspecto más doloroso para un profesional en este entorno es la imposibilidad de opinar, corregir o proponer mejoras. Cuando el químico intenta:
Intento del profesional
Respuesta del dueño empírico
«Deberíamos calibrar la balanza»
«Así hemos trabajado 20 años y nunca tuvimos problemas»
«Necesitamos usar guantes para el ácido»
«Los guantes son para débiles, aquí se trabaja con manos duras»
«Este método de análisis está mal planteado»
«Tú eres el nuevo, calla y haz lo que te digo»
«Deberíamos registrar los datos en un libro»
«Eso es pérdida de tiempo, los datos los tengo en la cabeza»
«Necesitamos un seguro médico»
«Si no te gusta, hay 10 esperando tu puesto»
El profesional aprende pronto que su título no vale nada en ese lugar. Se hace operario manual, no químico. Su función no es mejorar los procedimientos sino repetir los erróneos. Se silencia su voz sistemáticamente.
3 LA DISPOSICIÓN A LA INSEGURIDAD, UN MAL ASUMIDO
3.1 Normalización del Riesgo
Una de las consecuencias más serias de este ambiente es que se normaliza la inseguridad. Presionado por mantener su empleo, el profesional termina aceptando condiciones que sabe son peligrosas:
Trabajar con ácido sulfúrico concentrado sin guantes ni gafas.
Preparar soluciones de yodo en mesas sin extracción.
Manejar ácidos con las manos desprotegidas.
Mantener juntos los ácidos y los solventes orgánicos (riesgo de incendio o explosión).
Con el tiempo, el propio profesional comienza a minimizar los riesgos para justificar su permanencia. «Nunca me ha pasado nada», se dice a sí mismo, ignorando que los efectos de la exposición crónica (intoxicación por mercurio, daño hepático por solventes, enfermedades pulmonares) tardan años en manifestarse.
3.2 Enfermedades profesionales silenciadas
La exposición continuada a sustancias tóxicas en estos laboratorios ha generado, en profesionales que llevan años en el sector, una serie de enfermedades profesionales que nunca son reconocidas como tales:
Síntoma frecuente
Posible causa
Tiempo de exposición
Dolor de cabeza crónico
Exposición a vapores de solventes
6 meses – 2 años
Dermatitis en manos
Contacto con ácidos y álcalis
3 meses – 1 año
Fatiga, irritabilidad
Intoxicación leve por mercurio
1 – 3 años
Problemas hepáticos
Exposición a tolueno, xileno
2 – 5 años
Trastornos neurológicos
Exposición a plomo, mercurio
5+ años
Cuando el profesional enferma, el empleador empírico simplemente lo reemplaza. No hay seguro, no hay indemnización, no hay reconocimiento de enfermedad profesional.
4. LA NEGACIÓN DE DERECHOS LABORALES: EL COSTO OCULTO
4.1 La fórmula de la precarización
Los laboratorios empíricos han perfeccionado una fórmula de precarización laboral que se repite sistemáticamente:
No se firma contrato → No hay relación laboral formal.
No hay aportes a la seguridad social → El trabajador no tiene cobertura médica ni jubilación.
No se pagan horas extras → La jornada se extiende sin remuneración adicional.
No hay aguinaldo ni vacaciones → Beneficios negados por completo.
Despido arbitrario → Sin contrato, no hay indemnización.
4.2 El profesional atrapado
El profesional químico, a pesar de su formación, queda atrapado en esta dinámica por varias razones:
Razón
Explicación
Mercado laboral restringido
En Potosí hay pocos laboratorios formales que contraten profesionales
Necesidad económica inmediata
El profesional debe pagar deudas, mantener a su familia
Falta de sindicalización
No hay organización gremial del sector de químicos mineros
Miedo al desempleo
Denunciar al empleador puede significar quedar en una «lista negra»
Normalización de la precariedad
Al ver que todos trabajan así, el profesional lo acepta como «normal»
4.3 El costo de oportunidad
Por un lado, más allá de la pérdida económica (aguinaldo, vacaciones, aportes), el profesional tiene un costo de oportunidad enorme:
· No desarrolla habilidades técnicas de alto nivel.
· No sabe utilizar equipos modernos (espectrofotómetros, absorción atómica, etc.).
· No produce una hoja de vida atractiva para los mejores empleos.
· Pierde contacto con los avances de su materia.
· Se queda totalmente obsoleto.
Cuando por fin se decide a abandonar el laboratorio empírico, advierte que sus años de experiencia “no cuentan”, porque no puede avalarlos con contratos ni certificados.
5. LA PARADOJA DEL CONOCIMIENTO: SER PROFESIONAL SIN PODER EJERCER
5.1 El saber silenciado
La situación más absurda que vive el profesional en un laboratorio empírico es la siguiente:
Sabe que el método de análisis está mal. Sabe que los resultados no son confiables. Sabe que los reactivos están vencidos o contaminados. Sabe que las condiciones de seguridad son peligrosas. Sabe que sus derechos laborales están siendo violados.
Pero no puede decir nada, porque hacerlo significa perder el empleo.
Este silenciamiento forzado genera un profundo daño psicológico: el profesional comienza a dudar de su propio criterio, a normalizar lo anormal, a aceptar lo inaceptable.
6. REFLEXIONES PARA EL PROFESIONAL QUE LEE ESTO
6.1 Advertencias claras
Si eres un profesional químico, técnico o ingeniero recién egresado y estás considerando trabajar en un laboratorio empírico, ten en cuenta lo siguiente:
No aceptes trabajar sin contrato. Un contrato no es un lujo, es tu única herramienta para reclamar derechos.
No normalices la falta de seguridad. Tus guantes, lentes y campana extractora no son opcionales.
No permitas que te silencien. Si no puedes opinar como profesional, no estás ejerciendo tu profesión.
Calcula el costo real. Un salario sin beneficios es mucho menor de lo que parece.
Busca alternativas. Aunque cueste, es mejor esperar un empleo digno que aceptar uno que te destruirá profesionalmente.
6.2 Alternativas posibles
Alternativa
Ventajas
Desafíos
Esperar un puesto en laboratorio formal
Condiciones dignas, contrato, seguridad
Puede demorar meses o años
Ofrecer servicios como consultor independiente
Autonomía, posibilidad de fijar condiciones
Inestabilidad inicial
Formar una cooperativa de profesionales
Trabajo en equipo, reparto de beneficios
Requiere organización y capital inicial
Migrar a otras ciudades con mayor oferta laboral
Acceso a mejores oportunidades
Desarraigo, costos de mudanza
Especializarse y buscar trabajo en minería formal (empresas grandes)
Mejores condiciones, contrato colectivo
Alta competencia
7. PROPUESTAS PARA EL CAMBIO SECTORIAL
7.1 Desde el ámbito profesional
Crear un colegio o asociación de químicos mineros que agrupe a los profesionales del sector y defienda sus derechos.
Promover una certificación voluntaria de laboratorios, que permita distinguir los formales de los empíricos.
Denunciar colectivamente las condiciones abusivas ante el Ministerio de Trabajo.
7.2 Desde el ámbito académico
Las universidades y centros de formación técnica deben advertir a sus estudiantes sobre esta realidad y prepararlos para exigir condiciones dignas.
Incluir en la formación módulos sobre derechos laborales y seguridad química.
7.3 Desde el ámbito estatal
Fiscalizar los laboratorios de análisis mineral: verificar título del responsable, condiciones de seguridad, y existencia de contratos.
Exigir registro obligatorio para operar como laboratorio de análisis mineral.
Sancionar ejemplarmente a los laboratorios empíricos que operen sin las condiciones mínimas.
CONCLUSIÓN
La urgencia de la dignidad profesional exige que los laboratorios empíricos de análisis de minerales en Potosí representan una trampa para los profesionales químicosde la región. Abren sus puertas como una supuesta oportunidad, pero en la prácticaniegan el ejercicio profesional, la seguridad, la salud y los derechos laborales.
Como profesionales, debemos comprender que aceptar estas condiciones no es una solución, es parte del problema. Cada profesional que normaliza la falta de contrato, la ausencia de seguridad y el silenciamiento técnico está contribuyendo a perpetuar un sistema que daña a toda la profesión.
La salida no es individual, sino colectiva. Necesitamos organizarnos, denunciar, visibilizar y exigir. La química de minerales es una disciplina seria, que requiere formación, precisión y responsabilidad. No puede quedar en manos del empirismo y la precariedad.
A los jóvenes profesionales su título vale más que un empleo indigno. Exijan, organicen, resistan. El futuro de la profesión depende de ello.
Al final del camino, el profesional no recuerda el salario que aceptó en silencio, sino la dignidad que perdió al callar.
Este artículo ha sido redactado por un profesional del área química con dos años de experiencia en análisis de minerales, que ha trabajado tanto en laboratorios formales (termino medio) como empíricos, y que ha decidido mantener el anonimato para poder expresar libremente esta realidad sin represalias laborales.
Referencias Bibliográficas
Bolivia. (1979). Ley General de Higiene, Seguridad Ocupacional y Bienestar (Decreto Ley N° 16998). Gaceta Oficial del Estado Plurinacional de Bolivia.
Bolivia. (1951). Reglamento Básico de Higiene y Seguridad Industrial (Decreto Supremo N° 2348). Gaceta Oficial del Estado Plurinacional de Bolivia.
Bolivia. (2014). Ley de Minería y Metalurgia (Ley N° 535). Gaceta Oficial del Estado Plurinacional de Bolivia.
En un contexto en el que el ambiente político que rodea a la Copa Mundial de la FIFA 2026 se encuentra marcado por las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán, la decisión de trasladar el campamento de la Selección Iraní desde territorio estadounidense hacia México se ha convertido en uno de los temas mediáticos más relevantes de los últimos días.
La Selección de Irán, conocida como el “Guepardo Persa” —símbolo de velocidad, orgullo y resistencia—, representa mucho más que un equipo de fútbol para el pueblo iraní. Por ello, el anuncio de que México estaría dispuesto a recibir a la delegación persa ha tenido una amplia repercusión tanto en medios internacionales como en redes sociales, donde las reacciones positivas no se han hecho esperar.
Luego de conocerse que Estados Unidos no desea que la selección iraní permanezca hospedada en su territorio durante el Mundial que organizará junto a México y Canadá, el Gobierno mexicano anunció oficialmente su disposición para recibir al combinado iraní. La postura fue respaldada públicamente por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum señaló: “Estados Unidos no quiere que la Selección Iraní se quede a pernoctar en Estados Unidos, pero sí van a jugar los tres partidos allá. Entonces nos preguntó: ‘¿Pueden pernoctar en México?’ Y dijimos: sí, sin problema”.
La mandataria también explicó que la Selección de Irán probablemente elegirá a Tijuana como sede de concentración para trasladarse desde allí a los encuentros que disputará en Estados Unidos, afirmando que esta situación “no tiene por qué ser rechazada por México”.
Las declaraciones fueron interpretadas por diversos medios mexicanos no solo como una decisión logística o deportiva, sino también como una señal de autonomía política frente a las presiones de Washington. Medios como Associated Press, El País, Forbes México y Expansión Política otorgaron amplia cobertura al tema y comenzaron a referirse a Tijuana como “la base operativa de Irán para el Mundial”.
Mientras tanto, la ciudad fronteriza de Tijuana se ha convertido en uno de los nombres más mencionados por la prensa deportiva mexicana. Diversos analistas consideran que, debido a su cercanía geográfica con Estados Unidos y a su infraestructura deportiva, representa una alternativa estratégica e incluso más conveniente desde el punto de vista logístico que el campamento inicialmente previsto en territorio estadounidense.
No obstante, quizás el aspecto más llamativo ha sido la reacción de la opinión pública mexicana. Contra varios pronósticos, las redes sociales han mostrado un ambiente predominantemente favorable hacia la llegada de Irán, con mensajes de bienvenida y solidaridad más que de rechazo o confrontación. En plataformas como Reddit y diversos foros relacionados con Tijuana, numerosos usuarios expresaron respaldo a la presencia del combinado iraní. Uno de ellos escribió: “Está bien que Irán venga a Tijuana; obligarlos a quedarse en un país con el que tienen tensiones políticas no tenía sentido”.
Otro usuario comentó simplemente: “Welcome to Tijuana”. También hubo quienes destacaron las instalaciones deportivas de Club Tijuana Xoloitzcuintles de Caliente, el ambiente futbolero de la ciudad y su capacidad organizativa para albergar a una selección mundialista. Todo ello refleja que una parte importante de la sociedad mexicana observa este episodio desde una perspectiva más humana, deportiva y cultural que estrictamente política.
Por supuesto, junto a este clima positivo también han surgido preocupaciones relacionadas con la seguridad y con los constantes desplazamientos que deberá realizar la delegación iraní entre México y Estados Unidos. Sin embargo, incluso muchas de esas observaciones apuntan más a la complejidad geopolítica entre Washington y Teherán que a un rechazo directo hacia la presencia iraní en suelo mexicano.
A menos de un mes del inicio de la Copa Mundial de 2026, todo indica que Tijuana comienza a consolidarse como el nuevo hogar temporal del “Guepardo Persa”; una ciudad que, quizás por primera vez, se encuentra en el centro de una de las narrativas político-deportivas más relevantes del torneo.
Para muchos mexicanos, recibir a Irán no representa únicamente una decisión vinculada al fútbol, sino también una muestra de hospitalidad, soberanía y de la voluntad de México de desempeñar un papel propio e independiente en el evento deportivo más importante del planeta.
La realidad de la violencia en Bolivia En la sociedad boliviana, la violencia estructural dentro de los hogares se cobra vidas a diario a través de feminicidios e infanticidios. Según el Observatorio Defensorial Judicial y Fiscal del Tribunal Supremo de Justicia, durante la gestión 2025 se consolidó el registro de 110 procesos penales por delitos de feminicidio e infanticidio. En lo que va de la gestión 2026, las cifras ya alcanzan los 31 feminicidios y 12 infanticidios. Asimismo, datos del Ministerio Público revelan que, tan solo del 1 de enero al 15 de diciembre de 2025, se atendieron 44.494 denuncias bajo la Ley 348 (Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia), lo que representa un alarmante promedio de 127 casos diarios.
Frente a esta cruda realidad, resulta fundamental trasladar el foco hacia la prevención. En este sentido, reflexionar sobre la importancia de la autorregulación emocional en los adultos se vuelve una herramienta indispensable para quebrar el ciclo de la violencia dentro del hogar.
¿Qué es la autorregulación emocional? La autorregulación emocional y conductual en la etapa adulta es la capacidad de gestionar emociones, pensamientos e impulsos para responder de manera asertiva y adaptativa a situaciones estresantes, evitando así la reactividad automática. Implica el uso de funciones ejecutivas que permiten a la persona hacer una pausa, procesar la frustración y elegir una conducta adecuada. El desarrollo de esta capacidad es clave no solo para la adaptación social, sino para garantizar la salud mental y el bienestar integral a lo largo de la vida.
El impacto de la desregulación y el estrés crónico Lamentablemente, muchas personas de la generación actual y de las precedentes crecieron en contextos donde no se reconocía la importancia de la salud mental ni se fomentaba la educación emocional; era un tema ignorado o minimizado. Como consecuencia, en la actualidad observamos a un gran porcentaje de la población adulta viviendo en un estado de desregulación crónica. Factores como la inestabilidad económica, los conflictos familiares, el duelo por la pérdida de seres queridos y las presiones de la vida moderna saturan el sistema nervioso.
Cuando un adulto carece de herramientas para regular sus emociones frente a estos estresores, la frustración se desborda. Esta incapacidad se traduce rápidamente en respuestas reactivas como: gritos, agresiones físicas, violencia psicológica y conductas destructivas que vulneran a todo el núcleo familiar. Por lo tanto, fortalecer la autorregulación emocional no es un lujo terapéutico, sino un factor de protección primario frente a la violencia intrafamiliar, la ansiedad y la depresión.
Abordajes terapéuticos y evidencia clínica En el ámbito clínico, la autorregulación emocional adulta se trabaja frecuentemente desde enfoques con sólida evidencia científica, como las Terapias Cognitivo-Conductuales (destacando la Terapia Dialéctico Conductual o DBT) y las prácticas de atención plena (mindfulness). Estas estrategias permiten a los pacientes identificar, nombrar y transformar emociones intensas, favoreciendo la inhibición de impulsos agresivos y promoviendo respuestas conscientes ante los conflictos.
En mi experiencia clínica brindando atención terapéutica a niñas, niños, adolescentes y mujeres adultas que sufren o han sobrevivido a situaciones de violencia, el trabajo enfocado en la autorregulación marca un punto de inflexión. Durante los procesos terapéuticos, el énfasis se pone en dotar a los pacientes de herramientas para afrontar las crisis de manera asertiva, desactivando la escalada de violencia en la familia.
Al aplicar las técnicas mencionadas, los resultados clínicos son evidentes: las personas reportan una notable disminución en su reactividad, expresan sentirse más tranquilas, logran disfrutar de sus actividades diarias con mayor presencia y, lo más importante, aprenden a gestionarse a sí mismas frente a la adversidad.
Conclusión Promover la salud mental mediante la alfabetización emocional en adultos es una inversión social urgente. Dotar a las personas de la capacidad de autorregularse no solo eleva significativamente su calidad de vida individual, sino que es el pilar fundamental para garantizar que las familias puedan convivir en ambientes más empáticos, seguros y definitivamente libres de violencia.
En su innegable proceso de declive, el imperialismo yanqui recurre a un neomonroísmo que se extiende y profundiza por todo el continente americano. Este repliegue es la esencia misma de su Nueva Estrategia de Seguridad, una maniobra defensiva impulsada por la pérdida de su hegemonía histórica frente al incesante ascenso de China. A esto se suman reveses determinantes, como el empantanamiento en Ucrania y el humillante fracaso en Irán; eventos que tienen una profunda connotación de pérdida geoestratégica y marcan un punto de quiebre definitivo en su decadencia.
Al no existir hoy un centro de poder unipolar como en las décadas pasadas, y dado que China tampoco asume un liderazgo hegemónico absoluto, asistimos a la configuración de un mundo multipolar en construcción. El surgimiento de este nuevo orden internacional se desarrolla en medio del conflicto y el caos, carente de paradigmas claros que guíen a una civilización sumida en una crisis sistémica generalizada.
En medio de esta convulsión global, los pueblos del mundo luchan y resisten, aun cuando carecen en la actualidad de una dirección proletaria consolidada que los guíe hacia la concreción de un nuevo tipo de Estado, una nueva república y un contrapoder construido al margen de la actual lógica mercantil capitalista.
Hoy, las masas libran batallas de carácter principalmente defensivo. Sus esfuerzos se centran en proteger derechos y libertades frente a la arremetida conjunta del gran capital nativo y el imperialismo, fuerzas reaccionarias que pretenden arrasar con las conquistas sociales históricas para perpetuar sus ganancias draconianas a cualquier costo. A este escenario de despojo debemos sumar el impacto de la Cuarta Revolución Industrial. Su proceso de implementación ya está causando estragos mediante una aguda desocupación y la pérdida masiva de fuentes de trabajo, una dinámica que agravará drásticamente las condiciones materiales de vida de millones de personas en las próximas décadas.
Por lo tanto, la resistencia y movilización de los pueblos —como observamos en Bolivia, Perú, Cuba, Chile y Argentina— siguen siendo luchas de resistencia. Es un imperativo histórico dotarlas de iniciativa estratégica y de un claro carácter de clase, orientándolas hacia la conquista del poder político y la edificación de un Estado socialista científico. Para lograr este objetivo, la constitución o reconstitución de las vanguardias revolucionarias es un paso ineludible. Porque, sin estas herramientas de dirección política, la movilización popular estará condenada a repetir ciclos interminables de protesta dentro de los márgenes del mismo sistema, sin una perspectiva real de transformación profunda que responda a los verdaderos intereses del pueblo, la nación y la patria.
La segunda vuelta electoral en el Perú no es una elección más. El escenario actual enfrenta a dos polos antagónicos: por un lado, la representante del gran capital y del imperialismo yanqui —hija de una dictadura sanguinaria, ladrona y mafiosa— y, por el otro, Roberto Sánchez, quien encabeza una candidatura de coalición popular, democrática e, incluso, liberal. El proceso de lucha del pueblo contra sus opresores ha tenido puntos álgidos que, si bien sufrieron reveses frente a la contraofensiva sistemática del modelo, no han claudicado.
La agudización de las condiciones materiales y el deterioro de la vida de millones de peruanos son el motor que hoy impulsa a los pueblos a las calles. Esta experiencia histórica exige que el pueblo, constituido como sujeto político, participe activamente en la vida nacional para concretar cambios a su favor.
La elección del profesor Pedro Castillo fue un episodio esencial de esa lucha; el hecho de que la ultraderecha y las corporaciones transnacionales hayan pateado el tablero institucional es una muestra clara de su naturaleza reaccionaria. En la práctica, la clase dominante niega el derecho político y el ejercicio ciudadano cuando estos amenazan sus privilegios. Imponen sus propias reglas, consagradas en una Constitución nacida del fraude y sostenida por las bayonetas; un texto que adecúan, como si de un trapo raído se tratara, para perpetuar sus ganancias draconianas y el saqueo de toda la nación.
La candidatura de Keiko Fujimori representa la continuidad de este modelo: el pillaje más abyecto, el saqueo, la consolidación de las mafias, la caotización social y el entreguismo. Encarna la colusión y el abuso sistemático contra la masa trabajadora, condenada a salarios de miseria, pobreza extrema, desnutrición y represión, llegando incluso a justificar prácticas genocidas contra los pueblos por el solo hecho de exigir sus derechos y libertades. Es la expresión franca del neoliberalismo más desalmado y del capitalismo en su fase más salvaje.
Por lo tanto, estos comicios poseen una profunda trascendencia histórica: representan la oportunidad de propinarle una derrota a un proyecto decadente, antipopular y apátrida. Aunque la disputa electoral se enmarque en los términos de una sociedad capitalista y posea un carácter eminentemente reformista, una victoria del bloque popular otorgaría iniciativa estratégica a las clases trabajadoras. Permitiría dar nuevos pasos democráticos, mejorar la correlación de fuerzas y, a pesar de los riesgos y peligros inherentes, consolidar la unidad del frente popular para elevar el nivel organizativo de sus luchas.Sería ingenuo tener la esperanza de que una elección resuelva, por sí sola, las profundas contradicciones sistémicas del país.
Esos cambios estructurales requieren de otras herramientas, nuevas formas de organización y horizontes más amplios que, sin duda, el tiempo y la lucha sostenida de los pueblos lograrán concretar. Sin embargo, la batalla actual está planteada en estos términos. La participación política del pueblo y la disputa por el poder son instancias necesarias e ineludibles para forjar a sus verdaderos representantes.
En un contexto internacional marcado por nuevas formas de injerencia, agresión y dominación imperialista contra naciones y los pueblos del mundo, se realizó en México el Conversatorio “A 131 Años del Natalicio del General Augusto C. Sandino: Memoria, Soberanía y Narrativa Audiovisual para América Latina”, destacando la plena vigencia histórica, política y ética del pensamiento antiimperialista del General de Hombres y Mujeres Libres.
El Gobierno de la República de Nicaragua a través de su Embajada en México, en coordinación con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), desarrolló este importante homenaje el pasado 14 de mayo de 2026 en las instalaciones del ILCE, en la Ciudad de México.
Durante el Conversatorio, el Embajador de Nicaragua y los expositores coincidieron en señalar que el legado de Augusto C. Sandino continúa iluminando las luchas de los pueblos por la soberanía, la autodeterminación y la dignidad frente a las políticas intervencionistas y hegemónicas impulsadas por el perverso imperialismo estadounidense y sus aliados contra naciones como Cuba, Venezuela, Palestina, Irán, entre otras.
Se destacó que Sandino no solamente encabezó una heroica resistencia política militar contra la ocupación estadounidense en Nicaragua, sino que también construyó un profundo pensamiento emancipador latinoamericanista y antiimperialista que mantiene enorme actualidad en el complejo escenario internacional.Participaron como expositores y panelistas la Diputada Federal por MORENA, María Magdalena Rosales Cruz; Dr. Alex Alberto Chamán Portugal, Director de la Red de Prensa Popular Latinoamericana; Ing. Julio Gerardo Padilla Sánchez, activista político y Secretario del CONAICOP en México; el Profesor Rubén Chávez Sánchez, fundador de la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación y del Partido del Trabajo; así como el internacionalista José Antonio Ortiz Herrera.
En el marco de la actividad se proyectó el capítulo “Soberanía” del documental Nicaragua: Logros de la Revolución, material audiovisual que expone los avances sociales, educativos, económicos y culturales impulsados por el Gobierno Sandinista, reivindicando la continuidad histórica de los ideales de justicia social, independencia y dignidad nacional defendidos por Sandino.
Los integrantes del Presidium resaltaron la importancia de fortalecer la conciencia histórica de los pueblos latinoamericanos frente a las campañas mediáticas de manipulación de la información y guerra comunicacional, subrayando la necesidad de construir narrativas audiovisuales soberanas y comprometidas con las luchas populares y emancipatorias de nuestra América.La Diputada Federal María Magdalena Rosales Cruz declamó el poema “Recolección”, dedicado a Margarita Calderón, madre del General Sandino, resaltando el papel histórico y transformador de las mujeres en las luchas sociales y revolucionarias de América Latina.
El evento contó con la destacada presencia de representantes diplomáticos de las Embajadas de China, República Árabe Saharaui Democrática, Irán, Venezuela y Rusia, así como delegados de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, Secretaría de Marina y diversos organismos internacionales.
Asimismo, artistas y músicos rindieron homenaje al General Sandino mediante interpretaciones cargadas de sensibilidad y compromiso cultural. Participaron el grupo “Romantic Barrio”, integrado por John Olguín y Karenina López; el compositor Humberto Estrada Olivas; Miguel Santamaría; Lalo Benítez; y Sara Ahmadi, Directora del Instituto de Música y Orquesta Kaliveh, Voz de la Paz.
Finalmente, el Embajador Juan Carlos Gutiérrez Madrigal, en nombre del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua, agradeció al Maestro Ismael Carvallo Robledo, Director General del ILCE, por el respaldo brindado para la realización de este significativo homenaje al General de Hombres y Mujeres Libres.A 131 años del natalicio de Augusto C. Sandino, su ejemplo de dignidad, resistencia y lucha antiimperialista continúa vigente en los pueblos que defienden su soberanía frente a toda forma de dominación extranjera.