Red de prensa popular latinoamericana

PRONUNCIAMIENTO Y SALUTACIÓN A 132 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE MAO TSE – TUNG ! VIVA EL MAOÍSMO, MARXISMO DE NUESTRA ÉPOCA!

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Hoy, 26 de diciembre de 2025, los pueblos conscientes del mundo, el proletariado internacional y las fuerzas revolucionarias consecuentes conmemoran el 132 aniversario del nacimiento del Presidente Mao Tse-tung, gigante del pensamiento y obra revolucionaria, dirigente comunista de talla universal y forjador de una de las más grandes experiencias de transformación social en la historia de la humanidad.

Recordar al presidente Mao Tse-tung es una reafirmación de que el maoísmo constituye la tercera y superior etapa del marxismo, desarrollada en la época del imperialismo, de la revolución proletaria mundial y de la lucha irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. El maoísmo es el marxismo de nuestra época. Es teoría revolucionaria integral; es concepción científica del mundo, doctrina del proletariado, línea ideológica y política, metodología, estrategia y táctica para la toma del poder, y guía segura para la construcción de la nueva sociedad.

Como ideología científica del proletariado, el maoísmo expresa los intereses históricos de la última clase de la historia, la clase más revolucionaria, la única capaz de abolir toda forma de explotación, opresión y dominación de clase. Por ello, es una ideología justa, correcta, científica e invicta, porque se sustenta en las leyes objetivas del desarrollo social y en la práctica transformadora de las masas. El Presidente Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo a una nueva cumbre al demostrar, en la teoría y en la práctica, el papel decisivo de las masas populares como verdaderos sujetos de la historia, al desarrollar la línea de masas, la guerra popular prolongada, la revolución cultural como continuidad de la lucha de clases bajo el socialismo, y la lucha permanente contra el revisionismo y toda forma de restauración capitalista.

En el decadente modo de producción capitalista, atravesado por la crisis estructural del capitalismo, el recrudecimiento del imperialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña, el maoísmo se confirma como la ideología transformadora que conduce y conducirá a la humanidad hacia una sociedad superior, una sociedad de armonía, libertad, justicia social y emancipación plena.

La correcta línea ideológica y política maoísta contribuye a la forja de revolucionarios, socialistas y comunistas auténticos. Cumple una tarea estratégica esencial al proletarizar a la pequeña burguesía, clase social oscilante y vacilante por su ubicación en la estructura de clases, dotándola de una férrea posición de clase, de disciplina revolucionaria y de compromiso histórico al servicio de la humanidad y de la revolución proletaria.

Desde la Red de Prensa Popular Latinoamericana, reafirmamos que el maoísmo es una guía viva para la acción, una herramienta indispensable para la lucha ideológica, política y comunicacional contra la hegemonía capitalista, los monopolios mediáticos, el imperialismo y todas las formas de dominación.

Hoy, al rendir homenaje al Presidente Mao Tse-tung en el 132 aniversario de su nacimiento, reafirmamos nuestro compromiso irrestricto con el marxismo-leninismo-maoísmo, con la organización consciente de las masas, con la verdad revolucionaria y con la construcción de un mundo nuevo, sin explotadores ni explotados.

¡VIVA EL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!
¡VIVA EL MAOÍSMO, TERCERA Y SUPERIOR ETAPA DEL MARXISMO!
¡VIVA EL PROLETARIADO INTERNACIONAL!

Red de Prensa Popular Latinoamericana
26 de diciembre

LA MULTIPOLARIDAD INESTABLE

Por Richard Gonzales

Los choques recurrentes entre potencias y superpotencias, por zonas de dominio, marcan estas primeras décadas del siglo XXI, con un conflicto permanente y desórdenes que provienen de décadas atrás, del siglo pasado.

Comprender este proceso requiere un estudio sustancioso de los procesos anteriores, porque nada es casual o fortuito. Según muchos analistas, estaríamos en medio de un “proceso multipolar inestable”, donde hay choques por zonas de influencia y dominio. Según estos mismos analistas y geoestrategas, la multipolaridad siempre ha sido inestable, dada la existencia de múltiples puntos y centros de poder, lo que ha llevado a guerras frontales, contrario a un orden de una potencia dominante, aunque injusto, pero que genera cierta estabilidad.

Mientras que una bipolaridad genera “equilibrio” de poderes, varios poderes van a generar fricciones y choques constantes. Para sostener dicha posición, recurren a la historia, por ejemplo:

  • Europa antes de 1914: multipolar, guerra.
  • Período entre guerras: multipolar débil, guerras.
  • Guerra fría: bipolar, tensión estable.
  • Post-1991: unipolar, hegemonía de EE. UU.

A partir del surgimiento de nuevas potencias y superpotencias, como en el caso de China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Brasil, India y otros en proceso, está en marcha un escenario de un mundo sin reglas claras y únicas, a raíz de la pérdida del hegemonismo de EE. UU., que marcha hacia un declive mundial evidente.

Particularmente, el bloque chino-ruso confronta al imperialismo de EE. UU., dado que no comparten la misma idea o visión del mundo de un orden unipolar.

La razón es que hay órdenes con visiones propias en confrontación: mientras EE. UU. defiende un orden liberal con hegemonía occidental, China promueve una soberanía fuerte con zonas de influencia comercial, y Rusia lleva adelante un equilibrio de poderes en sus zonas de influencia o el derecho del más fuerte en su periferia o zonas de seguridad.

Hay una exigencia para la puesta en práctica de un derecho internacional que existe en papel; pero, en la realpolitik, priman los intereses de cada superpotencia contendiendo por zonas de dominio, donde existen múltiples recursos naturales para esta IV revolución industrial, zonas marítimas de navegación para el comercio, contiendas por el ciberespacio y la tecnología de última generación, tanto en su aplicación militar, IA, comunicaciones y el financierismo, etc.

SOBRE POSICIÓN DE ESPERAS DE DOMINIO

Si bien es cierto que antes las fronteras habían llegado a cierto consenso y “respeto”, hoy estas han sido quebradas, muy particularmente por la soberbia del imperialismo yanqui, que creía que el mundo estaba a sus pies, y en su esfuerzo unipolar, aplastar a Rusia y China era su visión, para ese “destino manifiesto” y un hegemonismo mundial. Mientras arremetía contra los pueblos con una ofensiva feroz, anulando toda iniciativa con canallescas acciones de represión y hasta la liquidación en vida de líderes o proscribiendo organizaciones potencialmente antisistémicas, que podrían confrontar y poner en cuestión dicho poder.

Esa es la razón de que dichas fronteras hoy estén en confrontación. Vemos, por ejemplo:

  • Ucrania: confrontación de EE. UU.-OTAN contra Rusia.
  • Taiwán: confrontación de EE. UU. contra China.
  • Venezuela: EE. UU. contra China/Rusia/Irán.
  • Medio Oriente: EE. UU. contra Irán/Rusia.
  • África: China contra Occidente.

La confrontación va en función de redefinir zonas de dominio, es decir, un nuevo orden mundial con visiones diversas, proyectos en todos los ámbitos; en lo inmediato, zonas bélicas y zonas en confrontación económica, tecnológica, una confrontación permanente.

Esa es la razón de las sanciones, bloqueos financieros, control tecnológico, guerras de desinformación, sabotaje cibernético.

El mundo entre superpotencias y potencias ha entrado en una desconfianza estratégica, disputa y no reparto de zonas de dominio hasta ahora, además de potencias insatisfechas con el statu quo mundial. Es bien sabido que el diseño geoestratégico de China y Rusia no acepta el orden que impone EE. UU. y lo toma como confrontación civilizatoria de vida o muerte frente al gendarme y su visión hegemónica, mientras este gendarme del mundo en declive no acepta perder su centralidad, aunque en esta última administración, tácitamente acepta en el discurso esa realidad; no obstante, persiste en su hegemonismo en la práctica, muy a pesar de la propia realidad en la política internacional. ¿Acaso presiona para ponerse en mejores condiciones de negociación, hasta en la posibilidad de un hipotético ingreso a los BRICS? Hecho que reafirmaría la abierta aceptación de la multipolaridad.

Todos estos hechos llevan a una confrontación militar sin precedentes hasta ahora inevitable, dada la fricción, la contradicción interimperialista, la que está concretándose en guerras regionales indirectas, crisis periódicas, escaladas controladas, retórica moral extrema, como decir: “nadie manda del todo, pero nadie acepta no mandar”.

Entonces, tal y como marcha el mundo en esa III guerra mundial que ya está en pleno proceso, que no tiene las mismas características de guerras anteriores. Los imperialismos no acuerdan, confrontan, eso es lo natural, pero los eventos mundiales fluyen con tanta rapidez que podrían darse sucesos inesperados.

La historia muestra que los imperios se han sucedido en medio de cruentas guerras, donde una queda en derrota y otra emerge, pero en la actualidad, estas confrontaciones ponen en juego la extinción de nuestra propia especie, dado el desarrollo tecnológico, las armas con capacidad de destrucción masiva como son el uso de las bombas atómicas, el mismo uso de IA en estas armas bélicas, que han reconfigurado la forma de combate, batallas con el uso de la robótica, uso de energía nuclear, revolucionando las formas de lucha y que muchas tecnologías y formas o estrategias queden obsoletas a medida que pasa el tiempo, las que son superadas unas sobre otras. Eso demuestra la guerra en Ucrania, la que debe llevar a un estudio minucioso de todos los cambios que están mostrando en el campo de batalla, en la misma confrontación con el uso de tecnología militar y uso de la IA en la actualidad.

18/12/2025

EL NEOMONROÍSMO CRIMINAL

Por Richard Gonzales

La escalada del imperialismo yanki contra Venezuela, en el marco de lo que ha denominado su “nueva estrategia de seguridad”, mediante la cual redefine la Doctrina Monroe, no es otra cosa que la reafirmación de la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

La Doctrina Monroe, que en sus orígenes se planteó como una oposición al colonialismo inglés y francés —es decir, como un principio de no intromisión europea en América Latina—, se sintetizaba en la consigna “América para los americanos”. Sin embargo, esta formulación terminó consolidándose como la expresión más descarada del dominio estadounidense sobre todo el continente.

Hoy asistimos a una reiteración de esa lógica, orientada a reafirmar el control hegemónico de Estados Unidos frente a la expansión de potencias consideradas sus enemigos estratégicos, como China, Rusia e Irán.

Evidentemente, esta escalada no se limita a Venezuela. El objetivo es todo el continente. En el marco de la actual contienda entre superpotencias, Washington apunta a debilitar y desintegrar a los BRICS+, imponiendo de manera gangsteril y colonialista sus condiciones de dominación criminal sobre países como Venezuela, Brasil, Colombia, Nicaragua y Cuba, al tiempo que envía un mensaje explícito de intervención militar contra cualquier nación que forme parte de bloques contrarios a su hegemonía.

Asimismo, pretende expulsar a Rusia y China del continente americano, aun cuando, bajo una lógica de reciprocidad entre potencias, Estados Unidos tampoco debería intervenir en Asia, Medio Oriente o Europa. Se trata, por tanto, de una doctrina hipócrita y gangsteril que, sin embargo, busca fragmentar a Rusia mediante la guerra indirecta en Ucrania, apoyándose en su vasallo de la OTAN; promueve a Israel en su accionar genocida para consolidar el dominio en Medio Oriente; y moviliza a Australia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y otros aliados para cercar estratégicamente a China.

El monroísmo no es un fenómeno nuevo. Basta recordar la intervención de Napoleón III en México para instalar un emperador, episodio en el cual se volvió a invocar la Doctrina Monroe. En 1890, esta doctrina fue nuevamente esgrimida en relación con el conflicto territorial entre Venezuela y Guayana, durante el gobierno del presidente estadounidense Benjamin Harrison, del Partido Republicano. El diferendo se resolvió mediante arbitraje internacional y fue sometido en 1891 al Consejo Federal Suizo, cuyo fallo favoreció a Francia.

En el caso de la Guayana Británica, en 1895, ante la expansión del Reino Unido, Venezuela apeló a la Doctrina Monroe, y Estados Unidos, bajo la presidencia de Grover Cleveland, intervino diplomáticamente para frenar la expansión de la reclamación imperial europea. Conviene recordar que en aquel entonces Gran Bretaña era la principal potencia imperialista del mundo, con una influencia que se extendió hasta 1945.

La expansión y el imperialismo continental yanki se consolidaron a partir de 1901, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, dando inicio a una etapa de dominación sistemática en América Latina que se ha prolongado hasta la actualidad. Saqueo de recursos, derrocamiento de gobiernos, invasiones, asesinatos, adoctrinamiento criminal de fuerzas cipayas bajo el pretexto del “combate al comunismo”, el Plan Cóndor y la actuación de la CIA contra gobiernos progresistas o de izquierda forman parte de este historial de violencia estructural.

Hoy, en el contexto de la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, marcada por derrotas reiteradas en Afganistán, Irak, Irán y Ucrania, así como por profundas contradicciones internas —endeudamiento extremo, desindustrialización, inflación, desempleo masivo y pobreza creciente—, la sobreextensión imperial resulta cada vez más insostenible. Los enormes gastos en bases militares y operaciones bélicas han generado un desgaste global que ha permitido el avance de potencias como China, Rusia e Irán en zonas antes controladas por el antiguo gendarme mundial.

¿Acaso pretende Estados Unidos parapetarse en América Latina para subsistir? El repliegue en antiguas zonas de dominio es evidente, al igual que la insostenibilidad de su hegemonía frente al avance de China, sustentado en una poderosa industria, desarrollo tecnológico y capacidad militar, y frente a la preeminencia militar de Rusia, hoy primera potencia militar mundial, que enfrenta y derrota a Occidente en Ucrania. Si a ello se suma la progresiva pérdida de la hegemonía del dólar, se comprende con mayor claridad la ofensiva contra Venezuela.

Estados Unidos está dispuesto incluso a una confrontación directa para defender su zona de influencia, expulsando a China, Rusia e Irán de Venezuela. Pero el objetivo no es solo ese país, sino todo el continente. Por ello, los pueblos deben ser plenamente conscientes de las consecuencias del neomonroísmo, particularmente para las luchas populares, la disidencia política, los liderazgos sociales y las organizaciones democráticas y antiimperialistas. Este proceso implica una intensificación de la reacción, la criminalización, la persecución, la estigmatización y, en muchos casos, el asesinato abierto y descarado.

En este escenario, la resistencia, la lucha, el ejercicio pleno de la soberanía, la autodeterminación, la independencia y el antiimperialismo se colocan como tareas prioritarias para los pueblos de América Latina. Ello exige organización continental, enfrentamiento directo a los regímenes cipayos y una lucha planificada y sostenida por la liberación de los pueblos y naciones oprimidas.

17/12/2025

El triunfo de Kast en Chile: ¿libertad o el retorno de viejas herencias autoritarias?

Jhon Ponte Gonzales

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que creíamos que ciertas lecciones históricas ya habían sido aprendidas. Que el dolor acumulado del pasado había dejado, al menos, algunos anticuerpos. Que no sería necesario volver a explicar por qué los discursos del orden absoluto, de la autoridad incuestionable y de la moral impuesta desde arriba terminan pareciéndose peligrosamente entre sí, sin importar el país ni la época. Sin embargo, Chile ha vuelto a votar y, con ello, ha recordado que la memoria política en América Latina sigue siendo frágil, selectiva y, en ocasiones, alarmantemente corta.

Lo que llama la atención no es solo el resultado electoral, sino el júbilo que lo acompaña. Hay quienes celebran como si se tratara de una gesta liberadora, como si el triunfo de la derecha más dura fuera una épica contra un enemigo difuso denominado “progresismo”, presentado —en esta narrativa simplificada— como responsable de todos los males contemporáneos. Desde esa mirada, Chile no habría elegido un proyecto político concreto, sino algo mucho más abstracto y seductor: la “libertad”. Así, sin adjetivos, sin contexto y, sobre todo, sin asumir consecuencias.

Los números, no obstante, suelen decir más de lo que permiten los eslóganes. José Antonio Kast obtuvo alrededor del 58 % de los votos en la segunda vuelta presidencial, frente al 41 % de su contendora. No se trató de un margen estrecho ni de una casualidad estadística, sino de una victoria amplia, territorialmente extendida y respaldada por una participación significativa. Kast se impuso en la totalidad de las regiones y en la mayoría de las comunas, incluso en espacios donde la tradición política había sido históricamente más moderada o progresista. Reducir este resultado a un simple “castigo” al gobierno saliente resulta tan cómodo como insuficiente.

Detrás de estas cifras confluyen factores reales y acumulados: una sensación extendida de inseguridad, el desgaste de promesas incumplidas, la frustración económica y la percepción de que la política institucional dejó de interpelar a amplios sectores de la sociedad. Este caldo de cultivo no es nuevo en América Latina, pero vuelve a mostrar su eficacia cuando es capitalizado por discursos que prometen orden inmediato, soluciones rápidas y una autoridad que no titubea. La novedad no reside en la fórmula, sino en la facilidad con la que vuelve a presentarse como sinónimo de libertad.

Es aquí donde la celebración acrítica se vuelve especialmente inquietante. Cuando estos triunfos se aplauden como si fueran, por sí mismos, avances democráticos incuestionables, se omite deliberadamente el contenido del proyecto que se legitima. Una libertad vaciada de su dimensión social y reducida a consigna de mercado, disciplina y castigo deja de ser una promesa emancipadora y se convierte en un recurso retórico funcional a viejas derivas autoritarias que nunca desaparecieron del todo.

Desde el Perú, el entusiasmo adquiere un tono particularmente estridente. Se observa a Chile como un espejo deseable, como la prueba de que la región estaría, por fin, “corrigiendo el rumbo”. Se aplaude desde la distancia, con la comodidad de quien no asume los costos de aquello que celebra. En ese aplauso reaparecen personajes locales más hábiles para el gesto performático que para la construcción de políticas públicas, convencidos de que la receta es sencilla: invocar la libertad mientras se promete orden, disciplina y moralización, como si gobernar fuera una cruzada y no una responsabilidad colectiva.

Lo que realmente se festeja no es un programa ni una propuesta social articulada, sino la posibilidad del castigo. Se celebra que alguien “ponga límites”, que “imponga orden”, que “diga las cosas como son”, aun cuando ello suponga reducir la complejidad social a una lógica punitiva y jerárquica. Se aplaude la idea de un Estado severo con los débiles y complaciente con los fuertes, revestido según convenga de símbolos religiosos, empresariales o patrióticos. Y todo ello se hace con una ligereza que roza la burla histórica, como si el autoritarismo dejara de serlo por haber pasado previamente por las urnas.

No se trata, por supuesto, de desconocer la legitimidad del voto ni de negar la voluntad popular. El desafío es otro, más incómodo: interrogar el sentido político que se construye alrededor de ese resultado. Porque la democracia no se agota en el acto electoral; en todo caso, comienza después de él. Y cuando los triunfos se leen únicamente como confirmaciones morales —“ganamos los buenos”— se pierde la capacidad de pensar críticamente el rumbo que se abre.

Existe, además, una ilusión peligrosa entre quienes hoy celebran con tanto fervor: la creencia de que estas políticas siempre recaerán sobre otros. Sobre los pobres, los migrantes, quienes protestan o quienes incomodan. Se asume que la libertad propia está garantizada por afinidad ideológica, pertenencia social o cercanía simbólica al poder. La historia latinoamericana demuestra, una y otra vez, que ese cálculo suele ser erróneo: cuando las lógicas autoritarias se consolidan, rara vez se detienen donde sus primeros promotores imaginaron.

Chile no inaugura una nueva era de libertad; inaugura, más bien, una pregunta que la región haría bien en tomarse en serio. ¿De qué libertad hablamos cuando celebramos estos resultados? ¿De la libertad de mercado sin derechos, de la libertad entendida como obediencia, de la libertad administrada desde arriba? ¿O de una libertad que amplía la dignidad material, reduce desigualdades y reconoce el conflicto social como parte legítima de la democracia?

Tal vez el desafío no sea elegir con entusiasmo automático, sino recuperar algo que parece cada vez más escaso: memoria, análisis y una mínima vergüenza política frente a la facilidad con la que se aplauden proyectos que ya conocemos demasiado bien. Porque cuando la política se transforma en consigna y fe, el ruido del triunfo suele ocultar el silencio que antecede a las derrotas colectivas más profundas.

Latinoamérica, diciembre 17 de 2025

De la Vanguardia Revolucionaria a la Cloaca del Fujimorismo: La Metamorfosis Siniestra de Fernando Rospigliosi

Por Alex Chamán Portugal

Introducción

Evocar la decadente política peruana implica, inevitablemente, remitirse a imágenes de traiciones grotescas y giros inesperados; sin embargo, pocos casos ilustran la degradación moral con tanta crudeza como el del nefasto Fernando Miguel Rospigliosi Capurro. Nacido en febrero de 1947 en el distrito de Miraflores en Lima, este sociólogo y periodista inició su trayectoria pública imbuido de un ímpetu revolucionario, bajo el influjo de la obra marxista de José Carlos Mariátegui y el guevarismo.

Formado profesionalmente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Rospigliosi se sumergió en la turbulencia de la izquierda radical de los años 60 y 70. Como militante activo de Vanguardia Revolucionaria (VR), organización política fundada en 1968, fue una pieza clave en la difusión de las tesis antiimperialistas y la lucha de clases desde la codirección del semanario Amauta. En aquel entonces, se perfilaba como un intelectual orgánico comprometido con el fortalecimiento del movimiento popular, tal como lo reflejan sus obras Juventud obrera y partidos de izquierda (1988) e Izquierdas y clases populares (1989).

Su aparente consecuencia política continuó en los años 80 con la cofundación de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) en 1983, desde donde denunció el terrorismo de Estado durante el conflicto armado interno. Incluso durante la dictadura de los 90, textos como Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril (1996) lo mostraban como un opositor al régimen criminal de Fujimori y Montesinos. No obstante, esa imagen progresista no era más que una fachada que, con el correr de los años, se desmoronó para revelar a un siniestro operador político que capituló ante el poder del dinero y el reconocimiento de la burguesía. Su tránsito, de ministro del Interior en el Gobierno neoliberal de Toledo a congresista fujimontesinista y presidente interino del parlamento bajo la tiranía del fujimorismo en 2025, evidencia el oportunismo de quien hoy funge como férreo defensor de las fuerzas represivas y alfil de los injustos intereses de los explotadores y opresores.

Del Trotskismo al servilismo a las mafias

La involución de Rospigliosi no debe leerse como un proceso reflexivo, sino como un salto oportunista dictado por los reaccionarios vientos políticos globales. Tras su ruptura con VR en 1980 y su paso por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en que aún criticaba las atrocidades del paramilitar Grupo Colina, el colapso del bloque soviético por obra del revisionismo y la hegemonía del capitalismo neoliberal depredador de los 90 facilitaron su coqueteo con el statu quo y pronto servilismo al mismo en condición de mercenario.

Ya como ministro del Interior (2001-2004), impulsó mecanismos como los Comisionados para la Paz y el Desarrollo, que bajo una retórica de pacificación, consolidaban el control estatal en detrimento de la propia democracia liberal y su Estado de derecho. Este viraje marcó su transformación definitiva de defensor de los Derechos Humanos a ejecutor de políticas de blanqueamiento de todo tipo de abusos enmarcados en terrorismo de Estado. Analistas como Eduardo Dargent lo han catalogado acertadamente como un «converso», alguien que trocó sus ideales “revolucionarios” por un pragmatismo servicio de los enemigos de la nación y el pueblo.

La consumación de esta traición llegó en 2020 con su incorporación a la llamada Fuerza Popular, organización criminal liderada por Keiko Fujimori, a quien años atrás señalaba como heredera de una dictadura mafiosa y criminal. Su ascenso político -congresista, presidente de la Comisión de Constitución y presidente interino del Congreso tras la vacancia de la genocida y golpista Dina Boluarte en 2025- no es casualidad, sino el pago por servicios prestados como politiquero y mercenario. Revelaciones periodísticas confirmaron que recibió importantes sumas de dinero y otras prebendas por consultorías para el plan de gobierno fujimorista mientras escribía columnas supuestamente «independientes». Rospigliosi instrumentaliza hoy su pasado izquierdista para atacar con mayor eficacia a los sectores populares y luchadores sociales que juró defender.

De Antiimperialista a Peón de la CIA

Una de las facetas más oscuras de esta metamorfosis es su alineamiento con los intereses de inteligencia de los Estados Unidos. Resulta una ironía histórica que quien inició su vida combatiendo el imperialismo terminara colaborando, directa o indirectamente, con la agenda de la CIA. Su cercanía operativa con el entorno heredado de Vladimiro Montesinos quien también fue agente al servicio de la CIA.

Durante su gestión ministerial, supervisó operaciones alineadas con los intereses de Washington y ejerció presión política para desacreditar a candidatos de izquierda. Más tarde, como asesor del fujimorismo, participó activamente en las campañas de demolición contra el presidente Pedro Castillo, coincidiendo con la estrategia de desestabilización promovida por agencias extranjeras. Rospigliosi renegó de su juventud antiimperialista para convertirse en una correa de transmisión de la embajada norteamericana, supeditando la soberanía nacional a agendas extranjerizantes.

Lacayo de la mafia Fujimontesinista

El cinismo de Rospigliosi alcanza cumbres inauditas en su alianza con el fujimorismo. Por ejemplo, en el año 2000, fue él quien facilitó la difusión del video Kouri-Montesinos que precipitó la caída de la dictadura; hoy, es uno de sus principales operadores. Pasó de advertir sobre la ofensiva fujimorista» en 2017 a integrarse sinuosamente en sus filas en 2020.

Su labor legislativa ha sido la de un ramplón operador de la impunidad, puesto que impulsó la Ley 32107 en 2025, una amnistía disfrazada para militares genocidas acusados de crímenes de lesa humanidad, y avaló beneficios para efectivos policiales y militares procesados por violaciones a los derechos humanos, consolidando un marco legal de impunidad ratificado vergonzosamente por el mafioso Tribunal Constitucional. Al calificar a Keiko Fujimori como una buena opción presidencial, pretende ignorar sus procesos por lavado de activos, Rospigliosi se confirma como un testaferro político que trafica con principios a cambio de vergonzosas cuotas de poder.

Defensor de las fuerzas armadas y policiales genocidas

El antiguo crítico del terrorismo de Estado se ha erigido como el vocero oficioso de las fuerzas represivas. Su historial carga con la negligencia política del Linchamiento de Ilave Puno en 2004, que le costó la censura ministerial. Más grave aún es su postura frente a las masacres recientes, como las protestas de 2022-2023 en el marco de la lucha por la defensa de la voluntad popular, justificó los asesinatos de casi un centenar de civiles como necesarias, terruqueando a las víctimas, sus familiares y luchadores sociales.

En octubre de 2025, Rospigliosi defendió leyes para eximir de prisión preventiva a policías por practicar el terrorismo de Estado, llegando al extremo de visitar y respaldar al agente acusado de asesinar al artista popular Eduardo «Truko» Ruiz. Su respaldo popular es ínfimo (10% de aprobación), pero su utilidad para la lumpen burguesía y las mafias militares y policiales es alta, actuando como escudo político ante las denuncias de extorsión y sicariato y demás ilícitos.

Corrupción y mercenario del poder

Los escándalos definen su gestión, desde enriquecimiento mediante pagos no transparentados de Fuerza Popular hasta sanciones por el uso indebido de recursos del Congreso para proselitismo fujimorista en 2025. Rospigliosi ha demostrado ser un mercenario eficiente, sirviendo a un Estado caduco y actuando como engranaje entre los poderes fácticos (empresarial, militar-policial, ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) y las organizaciones criminales que han capturado la política.

De “revolucionario” a traidor

En la tradición revolucionaria, la capitulación no es un simple cambio de camiseta; es una degradación moral absoluta. El renegado, al cruzar la trinchera, necesita expiar su “mancha” de origen ante sus nuevos amos burgueses. Para ello, desarrolla una lealtad sobreactuada y agresiva. Psicológicamente, Rospigliosi intenta matar su propio pasado atacando con saña a quienes mantienen los principios que él vendió. El sistema capitalista instrumentaliza esta patología, puesto que utiliza al traidor porque conoce los códigos, debilidades y rutas de la izquierda. Su hostilidad es miserable porque es técnicamente precisa; ya que golpea donde más duele para asegurar su supervivencia en el nuevo orden que antes comatía, convirtiéndose en el enemigo más recalcitrante de su antigua causa.

Una lacra política contra el pueblo

Fernando Rospigliosi personifica la descomposición política e ideológica en su estado más puro; representa el tránsito nauseabundo de la vanguardia intelectual a la retaguardia de la mafia. No estamos ante un simple adversario político, sino ante una lacra social que ha puesto su intelecto y su conocimiento íntimo del movimiento popular al servicio de la maquinaria de muerte del decadente Estado burgués. Su figura condensa la funcionalidad del traidor, pues es el exizquierdista que la derecha necesita para legitimar la ofensiva contra el pueblo, el tonto útil con credenciales académicas que justifica, desde la presidencia del Congreso, que la sangre del pueblo sea derramada con descarada impunidad legalizada.

Su traición constituye un asalto directo a la memoria colectiva del Perú, especialmente de los sectores populares. Al defender a los verdugos de ayer y de hoy -desde los asesinos del Grupo Colina que antes denunciaba, hasta los militares y policías que disparan contra artistas y manifestantes en 2025, Rospigliosi busca borrar la historia para reescribirla a la medida de los enemigos de la patria y verdugos del pueblo. Es un agente corrosivo que, bajo el amparo de la CIA y la mafia fujimontesinista, trabaja para desmantelar cualquier posibilidad de justicia social. Desenmascarar a Fernando Rospigliosi y sus socios de todo pelaje es, por consiguiente, un deber moral imperativo de higiene política. La historia de los pueblos no perdona a quienes, habiendo portado la bandera de la emancipación, terminan reptando para servir a los que históricamente niegan derechos esenciales a las masas populares. Él es la prueba viviente de que la revolución no solo combate enemigos externos, sino que debe purgar sin contemplaciones a las miserias internas que, como él, terminan gangrenando la lucha y sus perspectivas de progreso, desarrollo y bienestar.

Referencias

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APRODEH. (n.d.). Historia de APRODEH. Asociación Pro Derechos Humanos. https://www.aprodeh.org.pe

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Caretas. (2025, 17 de noviembre). JEE sanciona a Rospigliosi por uso de cámara del Congreso en acto político de Keiko Fujimori. https://caretas.pe/politica/jee-sanciona-a-rospigliosi-por-uso-de-camara-del-congreso-en-acto-politico-de-keiko-fujimori/

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Congreso de la República del Perú. (2025, 13 de agosto). Promulgan ley del Congreso que concede amnistía para miembros de FF.AA., Policía y Comités de Autodefensa. https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/promulgan-ley-del-congreso-que-plantea-amnistia-para-miembros-de-ff-aa-policia-y-comites-de-autodefensa/

Dargent, E. (2020, 8 de diciembre). Fernando Rospigliosi se suma al partido fujimorista pese a ser acérrimo opositor. El Búho. https://elbuho.pe/2020/12/fernando-rospigliosi-se-suma-al-partido-fujimorista-pese-a-ser-acerrimo-opositor/

Hildebrandt, C. (2011). Los conversos. Caretas. Archivo.

Infobae. (2021, 14 de octubre). Fernando Rospigliosi reconoce pagos de Fuerza Popular por asesorías. https://www.infobae.com

Infobae. (2025, 21 de octubre). Fernando Rospigliosi pide reincorporar a la PNP a suboficial investigado por asesinato de músico y justifica el disparo. https://www.infobae.com/peru/2025/10/22/fernando-rospigliosi-pide-reincorporar-a-la-pnp-a-suboficial-investigado-por-asesinato-de-musico-y-justifica-el-disparo/

Ponce, C. (2019). La nueva izquierda peruana: Orígenes, rupturas y trayectorias. Instituto de Estudios Peruanos.

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