Por: Richard González
En su innegable proceso de declive, el imperialismo yanqui recurre a un neomonroísmo que se extiende y profundiza por todo el continente americano. Este repliegue es la esencia misma de su Nueva Estrategia de Seguridad, una maniobra defensiva impulsada por la pérdida de su hegemonía histórica frente al incesante ascenso de China. A esto se suman reveses determinantes, como el empantanamiento en Ucrania y el humillante fracaso en Irán; eventos que tienen una profunda connotación de pérdida geoestratégica y marcan un punto de quiebre definitivo en su decadencia.

Al no existir hoy un centro de poder unipolar como en las décadas pasadas, y dado que China tampoco asume un liderazgo hegemónico absoluto, asistimos a la configuración de un mundo multipolar en construcción. El surgimiento de este nuevo orden internacional se desarrolla en medio del conflicto y el caos, carente de paradigmas claros que guíen a una civilización sumida en una crisis sistémica generalizada.
En medio de esta convulsión global, los pueblos del mundo luchan y resisten, aun cuando carecen en la actualidad de una dirección proletaria consolidada que los guíe hacia la concreción de un nuevo tipo de Estado, una nueva república y un contrapoder construido al margen de la actual lógica mercantil capitalista.
Hoy, las masas libran batallas de carácter principalmente defensivo. Sus esfuerzos se centran en proteger derechos y libertades frente a la arremetida conjunta del gran capital nativo y el imperialismo, fuerzas reaccionarias que pretenden arrasar con las conquistas sociales históricas para perpetuar sus ganancias draconianas a cualquier costo. A este escenario de despojo debemos sumar el impacto de la Cuarta Revolución Industrial. Su proceso de implementación ya está causando estragos mediante una aguda desocupación y la pérdida masiva de fuentes de trabajo, una dinámica que agravará drásticamente las condiciones materiales de vida de millones de personas en las próximas décadas.
Por lo tanto, la resistencia y movilización de los pueblos —como observamos en Bolivia, Perú, Cuba, Chile y Argentina— siguen siendo luchas de resistencia. Es un imperativo histórico dotarlas de iniciativa estratégica y de un claro carácter de clase, orientándolas hacia la conquista del poder político y la edificación de un Estado socialista científico. Para lograr este objetivo, la constitución o reconstitución de las vanguardias revolucionarias es un paso ineludible. Porque, sin estas herramientas de dirección política, la movilización popular estará condenada a repetir ciclos interminables de protesta dentro de los márgenes del mismo sistema, sin una perspectiva real de transformación profunda que responda a los verdaderos intereses del pueblo, la nación y la patria.
20/05/2026

