Autor: Reza Gilani – Periodista de medios de comunicación de Irán
El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de la República de Nicaragua, presidido por los Co-Presidentes, Comandante Daniel Ortega Saavedra y la Compañera Rosario Murillo, en conjunto con el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), conmemoraron el 131 Aniversario del Natalicio del General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino.
Para honrar el Legado de Dignidad, Lucha y Valentía de nuestro Héroe Nacional, el 14 de Mayo de 2026, en las instalaciones del ILCE, se realizó el Conversatorio: A 131 Años del Natalicio del General Augusto C. Sandino: Memoria, Soberanía y Narrativa Audiovisual para América Latina.
Participaron en el Conversatorio l@s Compañer@s: Diputada Federal por MORENA, María Magdalena Rosales Cruz, Alex Alberto Chamán Portugal, Director de la Red de Prensa Popular Latino-americana; Julio Gerardo Padilla Sánchez, activista político; Profesor Rubén Chávez Sánchez, Fundador de la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación y del Partido del Trabajo y el internacionalista José Antonio Ortiz Herrera.
En el marco del Conversatorio, se proyectó el capítulo Soberanía del documental: Nicaragua- Logros de la Revolución, que destaca los grandes avances de nuestro Buen Gobierno en todos los ámbitos de la Vida Nacional, dando continuidad a los Ideales del General Augusto C. Sandino.
A 131 Años del Natalicio del General Sandino, los Miembros del Presidium destacaron la vigencia de sus Ideales en la defensa de la Soberanía y Autodeterminación de los Pueblos en el actual contexto mundial.
La Diputada Federal, María Magdalena Rosales Cruz, declamó el poema Recolección, dedicado a Margarita Calderón, madre de nuestro General, resaltando la importancia del protagonismo de las mujeres en todos los tiempos.
Participaron representantes de las Embajadas de China, República Árabe Saharaui Democrática, Irán, Venezuela, Rusia, de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, Secretaría de Marina, y delegados de Organismos Internacionales.
Asimismo, artistas interpretaron diversas piezas musicales para rendir merecido homenaje al General Augusto C. Sandino: Grupo Romantic Barrio integrado por John Olguín y Karenina López; el compositor Humberto Estrada Olivas, Miguel Santamaría, Lalo Benítez, Sara Ahmadi, Directora del Instituto de Música y Orquesta Kaliveh, Voz de la Paz.
El Compañero Embajador, Juan Carlos Gutiérrez Madrigal, en nombre y representación de nuestro Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, agradeció al Maestro Ismael Carvallo Robledo, Director General del ILCE, el apoyo brindado para la realización del emotivo Homenaje a nuestro General de Hombres y Mujeres Libres Augusto C. Sandino.
El valor estratégico de la información técnica en el escenario contemporáneo del mantenimiento y reparación de maquinaria pesada, implica que la información técnica ha dejado de ser un simple recurso de consulta para convertirse en el pilar central de la operatividad. La complejidad de los equipos modernos exige que el diagnóstico no dependa de la intuición, sino de la capacidad de identificar fallas con precisión científica, aplicar procedimientos normados por los fabricantes y garantizar entornos de trabajo seguros y eficientes.
En la actualidad, un ingeniero o técnico mecánico de vanguardia requiere un acceso fluido a un ecosistema de herramientas críticas como manuales de taller actualizados, diagramas eléctricos e hidráulicos tridimensionales, y programas de capacitación continua. La convergencia de estos elementos, sumada a la experiencia empírica, es lo que permite reducir drásticamente los tiempos de inactividad de la maquinaria y prevenir fallas catastróficas que representen pérdidas económicas significativas o riesgos para la integridad humana. La revolución tecnológica y la necesidad de actualización constanteEl avance vertiginoso de la tecnología ha transformado la naturaleza de la maquinaria pesada, por lo que los sistemas puramente mecánicos o hidromecánicos han dado paso a arquitecturas complejas controladas por módulos electrónicos (ECM), sistemas de telemetría y redes de comunicación de datos (como el sistema CAN bus). Esta digitalización de los activos pesados obliga al profesional a desvincularse del analfabetismo tecnológico siendo que la actualización constante ya no es una opción de especialización, sino un requisito imprescindible para la supervivencia en el mercado laboral.De la educación tradicional a la formación por competencias.
Para comprender el perfil del profesional actual, resulta necesario analizar la evolución de los modelos educativos. Hasta hace algunas décadas, el aprendizaje de las ciencias técnicas se cimentaba en la memorización de fórmulas y en una enseñanza tradicional marcadamente vertical, en que el docente se erigía como la única fuente legítima de conocimiento. En carreras como la Ingeniería Mecánica, este enfoque academicista priorizaba la teoría abstracta sobre la praxis; los estudiantes aprendían pasivamente, observando y repitiendo procedimientos mecánicos de manera autómata, y lidiando con un acceso severamente limitado a información técnica de frontera.
Frente a las demandas de la industria global, la educación actual ha debido migrar hacia un paradigma dinámico y práctico. La formación moderna exige el uso estratégico de herramientas de última generación: software de simulación hidráulica y neumática, escáneres de diagnóstico computarizado para la lectura de códigos de falla en tiempo real, metodologías de análisis de aceites por espectrometría y técnicas de mantenimiento predictivo. El aula contemporánea se extiende al entorno virtual, permitiendo que los estudiantes accedan de forma inmediata a manuales digitales interactivos, plataformas de autoaprendizaje, cursos virtuales globales y softwares especializados de gestión de mantenimiento (CMMS). Esta transición metodológica no solo acelera el aprendizaje, sino que desarrolla competencias técnico-profesionales alineadas con las necesidades reales y los estándares operativos de nuestro medio productivo.
Productividad, seguridad y resolución de problemasEn consecuencia, la asociación entre la rigurosidad de la información técnica y los modelos de educación moderna genera un impacto directo en la competitividad industrial. Al fusionar el conocimiento teórico-práctico con el acceso a datos en tiempo real, se potencia sustancialmente la capacidad del profesional para resolver problemas complejos bajo presión, ejecutar labores bajo estrictas normas de seguridad industrial y, en última instancia, maximizar la productividad y la vida útil de la maquinaria pesada.
La praxis como eje de vidaA nivel personal, puedo afirmar que mi trayectoria académica y profesional en el área de mantenimiento de maquinaria pesada se ha forjado bajo el fuego de la experiencia práctica, alimentándose y renovándose día a día en el taller y en el campo de operaciones. Considero que el verdadero crecimiento profesional no proviene de la acumulación pasiva de títulos, sino de una praxis constante que articule el aprendizaje individual, el desarrollo integral y una autoevaluación continua y rigurosa.En un mercado laboral tan exigente y cambiante como el nuestro, el pensamiento crítico no es un valor añadido; es el requisito mínimo indispensable para enfrentar con solvencia la toma de decisiones cotidianas, resolver contingencias técnicas de alta complejidad y liderar los procesos de transformación tecnológica que nuestras industrias necesitan.
El anuncio hecho por parte de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en el estado número 51 no es simplemente el anuncio de un “loco”; es algo mucho más serio de lo que uno imagina. Desde la Doctrina Monroe de 1823, en la que se establece la zona de influencia del imperialismo norteamericano, y con la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. de noviembre de 2025, se debe tener en cuenta que este gendarme del mundo tiene clara conciencia y replantea toda su estrategia de seguridad, dado que se desenvuelve en un mundo de disputa entre grandes potencias mundiales y ya no es la hegemonía única de entonces, liderada por él mismo. Esa es la razón por la que traza su zona de seguridad, partiendo desde Groenlandia hasta la Patagonia.Parte de ese proceso es el sometimiento de Venezuela a su dominio, con un hecho trascendente: el secuestro del presidente Maduro y su esposa.Desde tiempos antiguos se sabe, tanto en el campo político como militar, que una fortaleza se toma por fuera o por dentro. En este caso, la toma de Venezuela ha sido por dentro, contando dicha operación con la neutralización de toda resistencia por parte de un Estado entero.
¿Qué significa esto? La similitud con el colapso de un Estado completo, como en el caso sirio, mediante la compra o soborno de todos los mandos militares, así como también de la burocracia política con capacidad de decisión, que evidentemente también fue comprada. Esa sería la razón por la que solo la guardia cubana dio batalla ante la traición de toda la cúpula militar y política. ¿Cuántos millones de dólares corrieron para vender un país entero y entregarlo a las fauces de sus enemigos? La información saldrá, tiempo más, tiempo menos.Lo cierto es que hoy tenemos a una vicepresidenta besándole la mano, con toda algarabía, a su amo y a los agentes de la CIA, dando la bienvenida al sionismo, así como iniciando todo un proceso de involución de la resistencia nacional antiimperialista, que está avanzando por partes. Los jefes militares justifican, bajo groseras argumentaciones, la neutralización de toda iniciativa de rebelión y resistencia nacional, así como el combate a la traición, tarea que correspondería a las masas populares y a sus consecuentes líderes sociales, quienes, conscientes de esa traición, deberían rebelarse usando toda forma de lucha.
¿Cuál es el interés de EE. UU. en Venezuela? Evidentemente, el petróleo, el gas, el oro y otros recursos naturales de carácter estratégico, además de constituirse, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en una fuente de petróleo gratis para sostener todo su aparato militar, en tanto y en cuanto se adentra a una confrontación mayor y directa con Rusia, y principalmente contra China, considerada su enemigo principal.
Entonces, teniendo a una burocracia política servil bajo el mando de la CIA, así como a los más altos mandos militares a su servicio, ¿es razonable el planteamiento de este gendarme para que Venezuela sea su estado número 51? Ahora mismo existe un intenso trabajo interno para desmontar el espíritu antiimperialista nacional, cambiar los colores del chavismo y anular toda iniciativa de resistencia honesta chavista.
Debemos considerar que la disputa de fondo no es solo Venezuela; también se busca sacar de esta zona de seguridad yanqui a China, cortándole toda fuente de abastecimiento de recursos naturales, alimentos, energía, mercado, etc., como está ocurriendo en el caso de Medio Oriente. La disputa es de ese nivel; por tanto, están dispuestos a todo, más aún si cuentan con traidores y vendepatrias, hecho que les facilita el trabajo. Es más, los mantienen en el poder burocrático para hacer más viable y confiable sus servicios de entrega nacional.
Pero, en lo inmediato, la ofensiva imperial no es solo contra Venezuela, que ya tendrían en sus manos, sino también, como dijera el “orangután naranja”, van por Cuba. Y veremos nuevamente a ese heroico pueblo demostrar su capacidad de resistencia, como ya lo viene haciendo desde hace más de cinco décadas.12/05/2026
La historia de América Latina ha estado marcada por permanentes luchas entre proyectos de dominación imperialista y procesos de resistencia popular orientados a la defensa de la soberanía, la dignidad y la autodeterminación de los pueblos.
En ese largo recorrido histórico, la figura de Augusto C. Sandino emerge como uno de los símbolos más trascendentales del antiimperialismo latinoamericano del siglo XX y, al mismo tiempo, como una referencia plenamente vigente en el complejo escenario de la bipolaridad del siglo XXI.Comprender la vigencia del pensamiento sandinista implica analizar rigurosamente el contexto histórico en el que surgió su lucha y relacionarlo con las nuevas formas de dominación imperialista que hoy enfrentan las naciones oprimidas y los pueblos del mundo, particularmente en América Latina.
Sandino nace el 18 de mayo de 1895 en Nicaragua, en un contexto caracterizado por la expansión del capitalismo monopolista y el ascenso de Estados Unidos como nueva potencia imperialista. Tras consolidar su desarrollo industrial y financiero, Estados Unidos impulsó una agresiva política expansionista orientada al control de territorios estratégicos, mercados, materias primas y rutas comerciales.
La repudiada Doctrina Monroe, proclamada en 1823 bajo el lema “América para los americanos”, fue transformándose paulatinamente en un instrumento geopolítico de intervención estadounidense. A ello se sumó posteriormente la ideología del “Destino Manifiesto”, que justificó la expansión imperialista sobre territorios latinoamericanos, como ocurrió con la invasión a México entre 1846 y 1848.Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos consolidó su hegemonía regional tras la guerra hispano-estadounidense de 1898, extendiendo su influencia sobre el Caribe y Centroamérica.
La construcción del Canal de Panamá y el control de rutas interoceánicas convirtieron a Centroamérica en un territorio estratégico para la política exterior estadounidense.En ese escenario, América Latina comenzó a experimentar formas cada vez más agresivas de dependencia económica y condicionamiento político. Grandes corporaciones extranjeras pasaron a controlar recursos naturales, puertos, ferrocarriles, plantaciones agrícolas y sectores estratégicos de las economías nacionales. Fue precisamente en ese contexto de feroz explotación, ocupación militar y pérdida de soberanía en que se forjó la conciencia revolucionaria de Sandino.
Su experiencia como trabajador migrante en Honduras, Guatemala y México le permitió asumir conciencia acerca de la explotación de obreros y campesinos latinoamericanos por parte de depredadoras compañías extranjeras.
Particular relevancia tuvo su estadía en México entre 1923 y 1926, en que entró en contacto con la situación política y social de la Revolución Mexicana, conociendo las luchas por la tierra, la soberanía nacional y la defensa de los recursos naturales encabezadas por figuras revolucionarias como Emiliano Zapata y Pancho Villa.México representó para Sandino una escuela política e ideológica. Comprendió que la lucha de Nicaragua no era un conflicto aislado, sino parte de una confrontación continental entre pueblos sometidos y potencias imperialistas. Desde aquel entonces, asumió el antiimperialismo como una causa latinoamericana y universal.Cuando regresó a Nicaragua en 1926, encontró un país ocupado militarmente por tropas estadounidenses y sometido por las clases dominantes a políticas de subordinación al imperialismo norteamericano. La firma del denominado “Pacto del Espino Negro” en 1927, mediante el cual sectores políticos aceptaron la tutela e injerencia de Estados Unidos, fue interpretada por Sandino como una abierta traición a la soberanía y dignidad nacional.Frente a ello decidió continuar la lucha armada y organizó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Su resistencia trascendió rápidamente las fronteras nacionales y se convirtió en símbolo continental de dignidad y rebeldía frente al imperialismo.Sandino no solo enfrentó militarmente al genocida imperialismo yanqui; también construyó una profunda doctrina política basada en la soberanía nacional, la unidad latinoamericana y la defensa de los pueblos oprimidos. Su pensamiento se inscribe en la tradición emancipadora de Simón Bolívar y José Martí, quienes denunciaron tempranamente las amenazas expansionistas sobre Nuestra América.A más de un siglo de su nacimiento, la figura de Sandino adquiere renovada vigencia en un contexto internacional marcado por injustas guerras híbridas, bloqueos económicos, sanciones unilaterales, manipulaciones mediáticas y nuevas formas de dominación financiera y tecnológica.
El decadente imperialismo estadounidense ya no actúa únicamente mediante invasiones militares directas. Hoy opera también a través de mecanismos económicos, mediáticos, diplomáticos y tecnológicos orientados a condicionar la soberanía de los Estados y el destino de los pueblos.Distintos países latinoamericanos han enfrentado en las últimas décadas fuertes presiones externas por intentar desarrollar proyectos soberanos e independientes. En ese escenario, el pensamiento sandinista reaparece como referencia política y ética para quienes defienden la autodeterminación de los pueblos frente a políticas de injerencia y sometimiento imperialista.
La vigencia de Sandino se expresa, en primer lugar, en la defensa irrestricta de la soberanía nacional. Sandino comprendió que ningún país puede considerarse verdaderamente independiente mientras sus recursos estratégicos, decisiones económicas o instituciones políticas estén condicionadas por intereses extranjeros.En segundo lugar, Sandino representa la resistencia frente al neocolonialismo actual.
Las actuales formas de dependencia ya no se manifiestan únicamente mediante ocupaciones militares, sino también a través de endeudamientos externos, imposiciones financieras, subordinación tecnológica y manipulación mediática.En tercer lugar, Sandino simboliza la dignidad de los pueblos pequeños frente a las grandes potencias. Su lucha demostró que incluso una nación pequeña puede enfrentar política y moralmente a un imperio cuando existe conciencia patriótica, organización popular y voluntad de resistencia.
Otro aspecto central de la vigencia sandinista es su visión latinoamericanista, ya que él comprendió que la independencia de Nicaragua estaba ligada al destino de toda América Latina.
Por ello defendió resueltamente la unidad continental frente a las políticas de fragmentación y dependencia impulsadas desde el exterior.
En el siglo XXI, marcado por contiendas intercapitalistas e interimperialistas y reconfiguraciones del poder mundial, la integración latinoamericana sigue siendo uno de los principales desafíos históricos de la región. La soberanía energética, tecnológica, alimentaria y comunicacional continúa siendo una tarea pendiente para los pueblos latinoamericanos.
Asimismo, el pensamiento de Sandino adquiere enorme importancia en el terreno cultural y comunicacional. En la actualidad, las grandes disputas políticas también se desarrollan en el ámbito de la información, las plataformas digitales y la construcción de narrativas.La batalla por la memoria histórica se ha convertido en un componente estratégico de la lucha política actual. En ese contexto, rescatar figuras como Sandino implica disputar el sentido histórico de América Latina y reivindicar las luchas populares invisibilizadas por las narrativas dominantes.
Así, la narrativa audiovisual latinoamericana posee hoy una enorme responsabilidad histórica que conlleva recuperar la memoria de los pueblos, denunciar las nuevas formas de explotación y fortalecer la conciencia crítica de las nuevas generaciones.La frase inmortal de Sandino: “Patria libre o morir” continúa sintetizando el anhelo histórico de independencia, dignidad y justicia social de centenares de millones de latinoamericanos.
El asesinato de Sandino en 1934, promovido por reaccionarios sectores vinculados a Anastasio Somoza García y respaldados por mezquinos intereses estadounidenses, buscó destruir físicamente una experiencia revolucionaria y patriótica que amenazaba las estructuras de poder dominantes.Sin embargo, su pensamiento sobrevivió al crimen político y se convirtió en bandera histórica de los movimientos antiimperialistas y populares de América Latina.
Décadas más tarde, su legado inspiró al Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra la dictadura somocista y en la defensa de la soberanía nacional nicaragüense.Actualmente, en el marco de un mundo bipolar en disputa, Sandino sigue representando la rebeldía digna de las naciones y los pueblos frente a toda forma de dominación imperialista y explotación capitalista y sometimiento.La vigencia del antiimperialismo de Augusto C. Sandino no pertenece únicamente a la historia de Nicaragua. Pertenece a la memoria histórica de Nuestra América y a las luchas universales de los pueblos por soberanía, justicia social, independencia y una sociedad superior.
Porque mientras existan pueblos que resistan al insepulto capitalismo y su fase germinal imperialista, así como defiendan su derecho a decidir su propio destino, Sandino seguirá cabalgando en la conciencia rebelde de América Latina.
El pasado sábado 9 de mayo, a través del canal de emisión en YouTube, Ocelotl TV, tuve el honor de sostener una charla con Mohammad Reza Gilani, periodista iraní especializado en comunicación internacional, quien desde 2011 colabora con HispanTV como editor, redactor en jefe e investigador, cubriendo temas de política internacional y geopolítica para audiencias hispanohablantes. Más allá de su trayectoria mediática, Reza Gilani nos comparte su lectura de la coyuntura actual de Irán como un actor en resistencia frente a las sanciones, presiones militares y disputas narrativas con Occidente, lo que convierte esta conversación en una perspectiva privilegiada para entender cómo la República Islámica de Irán experimenta el conflicto desde dentro. En el presente artículo, analizo la intervención de Reza Gilani y el modo en que, a través de su discurso sobre la resistencia iraní, se reconfigura la relación entre sociedad, Estado y la presión externa, desde un enfoque teórico de las Relaciones Internacionales.
Durante décadas, Irán ha enfrentado sanciones impulsadas principalmente por Estados Unidos, que se traducen en restricciones financieras, comerciales y tecnológicas, y que han dado lugar a una economía de resistencia basada en la diversificación de socios, mecanismos financieros alternativos y el fortalecimiento de la producción interna. Este escenario, según HispanTV, es parte de una guerra más amplia, en la que las sanciones, las operaciones militares y las campañas mediáticas forman un mismo frente de agresión contra la República Islámica de Irán, a la vez que destacan la capacidad iraní para mantener su modelo político y en la capacidad de lograr una mayor cohesión frente a amenazas externas. Esta lectura permite entender cómo el Estado iraní materializa la presión internacional dentro de sus fronteras, transformándola en políticas de economía defensiva y en mecanismos de cohesión social orientados a sostener la legitimidad del régimen.
Mientras el mundo exterior habla y explica las tensiones con Irán, clasificándolo como un “enemigo global”, surge la pregunta: ¿cuándo hemos escuchado hablar a los iraníes sobre su propia historia? De inicio, conviene señalar que Gilani parte desde la idea de corregir la
narrativa que se ha sostenido durante años sobre la crisis de poder interna en Irán, pues “muchas veces responde más a una narrativa política externa” y no refleja la realidad en su totalidad. Señala que existe un doble estándar mediático en la forma de analizar a Irán, ligada a la cobertura desproporcionada por parte de ciertos medios internacionales. Si bien, Irán atraviesa tensiones regionales, presiones externas y sanciones militares, es pertinente destacar que ello no ha implicado la ausencia del funcionamiento estatal, pues el país mantiene una estructura política profundamente consolidada y ha mostrado su capacidad de adaptación frente a las presiones externas. Desde dentro, estas tensiones se perciben como un “capítulo más de una larga historia de presión externa” y no como un colapso interno irreversible. Situando esta afirmación en el terreno del constructivismo, Irán se constituye en oposición a categorías como “amenaza” o “enemigo global”, atribuidas principalmente desde centros de poder occidentales e introduce una narrativa histórica de continuidad que refuerza la autoimagen de Irán como un actor persistente en un entorno internacional adverso.
En el marco de lo anterior, Gilani menciona que el liderazgo en el Estado, pese a ser político, también es simbólico, religioso e histórico, ya que se extiende a una ideología integral. Sostiene que el enfoque que se debe abordar sobre el liderazgo no es quién está en el poder, sino cómo se puede preservar la soberanía del país en medio de la presión internacional. Si se profundiza en el argumento, cuando un país vive bajo amenazas constantes, es inevitable el protagonismo de las estructuras de seguridad, por lo que es un error reducir a Irán únicamente a una estructura militar: “Irán es mucho más complejo de lo que muestran los titulares”. Esta afirmación resulta difícilmente refutable, puesto que implica una interpretación sesgada el reducir a un Estado a una sola de sus estructuras cuando, en realidad, está compuesto por múltiples dimensiones políticas, sociales, económicas y culturales. A menudo se ve y se cree aquello que se quiere ver y creer, y justamente por ello resulta fundamental analizar el conjunto de sus elementos para comprenderlo en su complejidad.
En la coyuntura iraní, resulta innegable admitir que sí existen desgastes económicos, aunque estas dificultades no nacen meramente de problemas internos del país, sino que también son producto de las restricciones financieras y comerciales impuestas desde el exterior y bajo los efectos de las sanciones y presiones internacionales, lo que provoca una reestructuración de la economía a una de carácter más defensiva. Esto permite entender la economía como una herramienta más de seguridad nacional y no un simple conjunto de políticas económicas.
Gilani destaca también que, contrariamente a lo que se podría asumir, las presiones económicas y financieras no polarizan a la sociedad iraní, sino que generan solidaridad comunitaria, así como la creación de redes de apoyo social fortaleciendo a las economías familiares e impulsando al país a desarrollar una mayor autosuficiencia, pues les hicieron entender que no podían depender completamente de las potencias extranjeras. Pese a que existen diferencias ideológicas y debates sociales dentro del país, cuando existe una amenaza extranjera común, la sociedad tiende a organizarse en un reflejo colectivo de defensa nacional, se fortalece el sentimiento patriótico y nacen nuevas redes comunitarias ligadas a la resistencia. Ante esta afirmación, podría decirse que la experiencia de la presión internacional contribuye a reforzar una identidad colectiva en la que la defensa de la
soberanía juega un papel unificador, pues se vuelve un elemento compartido por diversos sectores sociales, más allá de sus diferencias ideológicas.
A la luz de estos elementos y en un contexto donde las grandes potencias buscan rediseñar la geopolítica según sus propios intereses, resulta fundamental destacar que lo que realmente está en juego es la soberanía iraní. El programa nuclear, presentado por los medios como una “línea roja” en las negociaciones, representa para Irán una independencia científica y tecnológica que alude al orgullo y la dignidad nacional. Esta dignidad encarna una resistencia frente a la injusticia y es parte de la identidad cultural y política. Gilani expresa que para los iraníes “ceder ante una presión externa sería una derrota moral antes que militar”. Desde una perspectiva realista, esta insistencia en la soberanía y en las “líneas rojas” estratégicas puede interpretarse como la expresión de un interés nacional definido en términos de poder y supervivencia estatal, tal como lo plantea el teórico realista Hans Morgenthau. En un sistema internacional anárquico, cada unidad política debe asumir por sí misma la responsabilidad de asegurar su existencia. En este sentido, el programa nuclear iraní funciona como una garantía de autonomía frente a posibles intervenciones extranjeras.
La lucha que hoy enfrenta Irán no solo se trata de un conflicto territorial, sino que engloba otros elementos como dimensiones psicológicas, culturales y tecnológicas. Y a pesar de ello, algo que permanece como una constante en la sociedad iraní es la fuerte convicción que tienen sobre la independencia. En este contexto, adquiere una relevancia particular la noción de “sacrificio por la patria” como expresión de un sentimiento patriótico profundamente arraigado en este país caracterizado por su constante y sólida resistencia. A su vez, aceptar las sanciones sería percibido por la sociedad iraní como una renuncia, al menos parcial, a su soberanía. En este marco, el sentimiento compartido del patriotismo funciona como un recurso simbólico que vincula los costos materiales de las sanciones con la vida rutinaria de la sociedad iraní, además, refuerza la identidad de resistencia y seguridad frente a amenazas externas.
Como reflexión final me gustaría destacar que esta entrevista evidencia la necesidad de contrastar narrativas y fuentes al analizar conflictos internacionales. Escuchar y analizar la historia desde varios puntos de vista permite equilibrar la mirada frente a relatos construidos exclusivamente desde otros centros de poder. Para quienes analizamos relaciones internacionales, diversificar medios y perspectivas ayuda a evitar análisis sesgados y a reconocer que todo conflicto se narra de forma distinta según la posición de quien lo cuenta. En este sentido, el uso de los marcos teóricos de las Relaciones Internacionales, particularmente hablando de las nociones realistas de soberanía, seguridad y supervivencia estatal, así como las lecturas constructivistas sobre la identidad, ofrece herramientas útiles para abordar los conflictos más allá de la crónica y reconocer los patrones que se repiten en diferentes conflictos a lo largo del tiempo. Analizar casos como el de Irán, desde estas perspectivas, permite desarrollar una capacidad crítica más sólida frente al mundo actual, sin reducir los acontecimientos a afirmaciones inmediatas ni a la lógica de un solo medio de comunicación.
En última instancia, comprender conflictos como el iraní desde otras perspectivas, exige asumir que ninguna narrativa es completa por sí sola y el poner en diálogo a distintas voces permite aproximarse a una comprensión más precisa de lo que está en juego para los pueblos y para el orden internacional.
A 208 años de su natalicio, en la Era del Imperialismo y la IV Revolución Industrial.
“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.” — Karl Marx
Por: Alex A. Chamán Portugal
A 208 años del natalicio de Carlos Marx, su pensamiento continúa estremeciendo las decadentes bases ideológicas del capitalismo y su fase imperialista. No se trata únicamente de recordar al gran filósofo, economista, politólogo y sociólogo alemán, sino de reivindicar al revolucionario que colocó su vida, inteligencia y obra al servicio del proletariado internacional y pueblos del mundo. Marx no fue un académico encerrado entre libros ni un simple crítico del orden burgués; fue un gran combatiente político que convirtió la teoría en arma de lucha y la investigación científica en instrumento para la emancipación de la humanidad.
Marx constituye el primer gran maestro del proletariado internacional. Su aporte no radica solamente en haber interpretado científicamente la sociedad capitalista, sino en haber demostrado que las contradicciones de clase social conducen inevitablemente a la necesidad histórica de la revolución proletaria y la construcción del socialismo como transición hacia el comunismo.
La praxis revolucionaria de Marx
La vida de Marx estuvo marcada por la estigmatización, hostigamiento, persecución política, el exilio, la pobreza y la vigilancia permanente de los aparatos represivos europeos. Sin embargo, jamás abandonó la lucha revolucionaria. Su existencia misma fue un formidable ejemplo y expresión de praxis revolucionaria, o sea, unidad entre teoría y práctica transformadora.
Junto al gran Federico Engels, organizó políticamente al proletariado, impulsó la Liga de los Comunistas y redactó en 1848 El Manifiesto del Partido Comunista, texto que sigue siendo una de las obras políticas más influyentes y vigentes de la historia. Allí se sintetiza el carácter histórico y transitorio del capitalismo, así como el papel revolucionario del proletariado como sepulturero del caduco orden burgués.
La praxis marxista no fue contemplativa ni reformista. Marx comprendió que la burguesía, en tanto clase explotadora y opresora, jamás entregaría voluntariamente su poder económico y político. Por ello, la lucha de clases aparece como motor de la historia y la revolución como necesidad histórica para destruir las estructuras de explotación.
Las Tres Fuentes y Partes Integrantes del Marxismo
Vladimir Lenin, gran maestro del proletariado y dirigente de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, explicó magistralmente que el marxismo surge de tres grandes fuentes del pensamiento humano, elevadas a una síntesis científica revolucionaria:
1. La filosofía clásica alemana
Particularmente la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y el materialismo de Ludwig Feuerbach. Marx revolucionó la dialéctica hegeliana, arrancándola de su idealismo y colocándola sobre bases materialistas. Así surgió el materialismo dialéctico que es la comprensión científica de la realidad como movimiento, contradicción y transformación permanente.
Posteriormente desarrolló el materialismo histórico, demostrando que la historia humana no avanza por voluntad divina ni por ideas abstractas, sino por las contradicciones materiales derivadas de los modos de producción y de la lucha entre clases sociales. Se establece una serie de leyes sociales como la gran ley de la lucha de clases (económica, ideológica y política).
2. La economía política inglesa
A partir de los estudios de Adam Smith y David Ricardo, Marx reveló el mecanismo central de explotación capitalista a través de la plusvalía. En El Capital demostró fehacientemente que la riqueza burguesa proviene de la apropiación del trabajo no pagado del proletariado.
Esta crítica científica destruyó el mito burgués de que el capitalismo se sostiene sobre el mérito individual y reveló que la acumulación capitalista descansa sobre explotación, despojo y violencia estructural.
3. El socialismo francés
Marx recogió críticamente las experiencias y propuestas de los socialistas utópicos como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, logrando superar sus limitaciones idealistas al convertir el socialismo en ciencia revolucionaria basada en la lucha de clases y en el papel histórico del proletariado.
Estas tres fuentes dieron origen al marxismo como ideología científica y transformadora del proletariado, posteriormente desarrollada por Lenin en la etapa imperialista del capitalismo y elevada por Mao Tse-tung mediante la guerra popular, la revolución cultural proletaria y la continuación de la lucha de clases bajo el socialismo.
“El ser social determina la conciencia social”
Una de las tesis más profundas de Marx sostiene que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida social es la que determina la conciencia. Esta formulación conserva plena vigencia en la actualidad.
Las condiciones materiales de existencia moldean ideas, valores, comportamientos y aspiraciones. El capitalismo no solo explota económicamente; también coloniza subjetividades. La lógica del depredador mercado penetra la cultura, la educación, la política, las relaciones humanas y hasta la propia militancia revolucionaria.
Por eso, incluso sectores populares y antiguos revolucionarios terminan aburguesándose. Muchos comienzan luchando contra el sistema y terminan defendiendo el statu quo, seducidos por privilegios, consumo, individualismo y reconocimiento institucional. La burguesía comprende perfectamente que dominar no significa únicamente controlar fábricas o bancos, sino también dirigir la conciencia social mediante sus medios masivos de manipulación, plataformas digitales, redes sociales, entretenimiento y aparatos educativos.
La pequeña burguesía, en tanto clases social oscilante y oportunista, suele caer fácilmente en esa adaptación al sistema. Bajo el imperialismo, abundan ex revolucionarios convertidos en administradores del viejo orden dominante, defensores de la conciliación de clases, propagandistas del posibilismo liberal y verdugos de revolucionarios consecuentes.
El capitalismo nace chorreando sangre y lodo
En su obra El Capital, Marx señaló que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros”. Esta frase sintetiza la violencia originaria sobre la cual se edificó el capitalismo.
La acumulación originaria del capital no fue producto del ahorro ni del esfuerzo empresarial, como sostiene erróneamente la ideología burguesa. Nació mediante una feroz conquista acompañada de exterminio, saqueo colonial, esclavitud, genocidio indígena y expropiación campesina. América Latina, África y Asia fueron escenarios singulares de ese proceso histórico criminal.
Hoy, en la llamada IV Revolución Industrial, aquella lógica adquiere nuevas formas. El capitalismo e imperialismo tecnológico concentra datos, inteligencia artificial, recursos estratégicos, plataformas digitales y redes sociales bajo control de grandes corporaciones transnacionales que representan a las clases dominantes. El saqueo continúa a través de la minería depredadora, privatización del conocimiento, instrumentalización de la ciencia y tecnología, control algorítmico, tráfico humano, precarización laboral global, manipulación mediática, etc.
El trabajador actual no solo vende su fuerza física; también entrega información, atención, emociones y tiempo bajo nuevas modalidades de explotación digital. Mientras tanto, miles de millones de seres humanos sobreviven en condiciones miserables pese al enorme desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad.
Capitalismo, destrucción de fuerzas productivas y devastación de la naturaleza
Marx advirtió que el sistema capitalista desarrolla las fuerzas productivas de manera extraordinaria, pero al mismo tiempo las destruye violentamente debido a sus propias contradicciones y su avaricia compulsiva.
Hoy esa afirmación adquiere dimensiones dramáticas, puesto que el capitalismo y su etapa imperialista destruye bosques, contamina ríos y océanos, extingue especies y acelera el colapso climático con tal de mantener la insultante acumulación de ganancias. La naturaleza se convierte en mercancía y objeto de depredación ilimitada.
Pero también destruye fuerzas productivas humanas, ya que millones de trabajadores son descartados por automatización, desempleo estructural, guerras imperialistas y crisis económicas recurrentes. La tecnología, que podría liberar al ser humano del trabajo alienado, es utilizada para intensificar explotación, vigilancia y control social.
La IV Revolución Industrial no ha significado bienestar universal, sino mayor concentración monopólica, nuevas formas de dominación imperialista y alienación-domesticación del ser humano.
Transformar el mundo en tiempos de guerra ideológica-cognitiva
Cuando Marx afirmó que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, estableció una ruptura radical con la filosofía contemplativa funcional a la preservación del orden social establecido.
En la actualidad, esa tesis posee gigantesca importancia frente a la guerra ideológica, cognitiva y cultural desplegada por el capitalismo e imperialismo. El capitalismo produce diariamente desinformación, manipulación emocional y alienación digital. Grandes corporaciones tecnológicas moldean percepciones colectivas, imponen agendas y convierten la cultura en mercancía.
La lucha revolucionaria del siglo XXI exige disputar prioritariamente el terreno de la conciencia. No basta denunciar injusticias; es necesario construir pensamiento crítico y propositivo, organización popular y proyecto histórico proletario frente al dominio ideológico burgués.
La batalla cultural no puede separarse de la lucha de clases, ya que quien controla la conciencia social posee una poderosa herramienta de dominación política.
Marxismo, leninismo y maoísmo
El marxismo no quedó congelado en el siglo XIX. Vladimir Lenin desarrolló el marxismo en la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, demostrando que el capitalismo había entrado en su fase monopolista y parasitaria. La Revolución de Octubre confirmó que el proletariado podía conquistar el poder político.
Posteriormente, Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo mediante la experiencia de la revolución socialista china, la guerra popular prolongada y la comprensión de que la lucha de clases continúa bajo el socialismo.
Así, el marxismo-leninismo-maoísmo constituye hoy la ideología científica más avanzada del proletariado internacional, porque no solo explica las contradicciones del capitalismo, sino que plantea una estrategia revolucionaria para destruirlo y construir una sociedad superior.
Conclusión
A 208 años del nacimiento de Marx, su pensamiento y obra conserva plena vigencia porque el capitalismo sigue basado en explotación, opresión, desigualdad, guerras injustas, masacres, saqueo, etc. La concentración obscena de riqueza, el perverso dominio imperialista, la vergonzosa destrucción ambiental y la manipulación ideológica confirman la profundidad de sus análisis.
Marx no pertenece al pasado. Vive en cada lucha obrera, campesina y popular; en cada resistencia frente al capitalismo e imperialismo; en cada esfuerzo por construir una sociedad sin explotadores ni explotados.
Su legado no debe reducirse a homenajes académicos ni a citas descontextualizadas. Recordar a Marx implica asumir críticamente su praxis revolucionaria, comprender científicamente las contradicciones del presente y luchar por transformar radicalmente la realidad.
Porque mientras exista explotación, opresión e injusticias estructurales, el marxismo seguirá siendo bandera de combate histórico del proletariado internacional.
Por: Héctor Torres Vázquez, Carlos Jiménez Guadarrama, Julio Gerardo Padilla Sánchez, Carlos Jiménez Verga, Oswaldo Flores García y Alex Chamán Portugal.
Red de Prensa Popular Latinoamericana
Resumen
A mediados del siglo XIX, la voraz expansión capitalista impulsó a las potencias europeas a incrustar sus garras sobre América Latina. En 1861, un México desangrado por la Guerra de Reforma se vio forzado a suspender el pago de su deuda externa, medida de supervivencia que Francia, Inglaterra y España utilizaron injustamente como pretexto para enviar sus flotas bélicas. Mientras el imperio francés de Napoleón III orquestaba la destrucción de la República para saquear sus riquezas e instaurar una monarquía títere, la oligarquía conservadora mexicana actuó como cómplice, traicionando a su patria para recuperar privilegios perdidos. Hoy, esa misma reprochable dinámica de asedio y traición recobra una vigencia alarmante. Las lecciones de la heroica resistencia popular del 5 de mayo de 1862 se erigen como el principal referente ideológico y político frente a la actual ofensiva del imperialismo estadounidense, que, apoyado por un nuevo grupúsculo de políticos entreguistas, despliega políticas de avasallamiento económico, amenazas de intervención militar y agresiones tan absurdas como el intento de borrar el nombre histórico del Golfo de México.
Desarrollo
La agenda del Segundo Imperio Francés en 1862 no se limitaba al cobro de una deuda, puesto que su meta era el control geopolítico mundial. No obstante, este asalto a la soberanía no habría pisado tierra firme sin la existencia de un enemigo interno. La cúpula clerical y los grandes terratenientes, derrotados en las armas y en la ley durante la Reforma, cruzaron el Atlántico para ofrecer la nación a un monarca extranjero. Ayer como hoy, la quinta columna fue el motor de la invasión.
El 5 de mayo en los cerros de Loreto y Guadalupe, el ejército invasor, comandado por un conde de Lorencez embriagado de racismo colonial, se topó con la fuerza ancestral de un país que se negó a morir. La proeza no fue exclusiva de la milicia regular comandada por el general Ignacio Zaragoza, sino de la feroz combatividad del pueblo llano conformado por campesinos, artesanos y las comunidades indígenas nahuas y totonacas de la sierra norte (los históricos batallones de Zacapoaxtla, Tetela y Xochiapulco) formaron una trinchera inexpugnable. Con machetes y viejos rifles, los oprimidos destrozaron a la infantería europea. La magnitud de la derrota imperialista quedó grabada en la sentencia de Zaragoza: «Las armas nacionales se han cubierto de gloria… Puede ser que ellos sean el primer ejército del mundo, pero nosotros somos los primeros hijos de México».
La historia, lejos de ser un mausoleo de fechas muertas, es un ciclo palpitante. A más de un siglo y medio de distancia, el rostro del invasor ha cambiado, pero la esencia de su feroz asedio permanece intacta. Hoy, el guerrerista y genocida imperialismo estadounidense despliega una brutal ofensiva para someter a los pueblos del mundo —entre ellos a México— a sus dictados hegemónicos. Ya no desembarcan tropas de ocupación en Veracruz; en su lugar, asedian con arbitrarios bloqueos financieros, sanciones comerciales, amenazas arancelarias, extorsiones diplomáticas, masacres y genocidios, amagos de intervención militar directa bajo la falsa excusa de la seguridad hemisférica, etc.
La soberbia imperialista llega a extremos de violencia simbólica y despojo cultural que en los pasillos del poder en su capital Washington, florecen políticas neocoloniales que incluso pretenden alterar la geografía política mundial y regional, sugiriendo cambiar el nombre del Golfo de México. Esta iniciativa no es una simple ocurrencia retórica; es el reflejo de una doctrina de apropiación absoluta enmarcada en “América para los americanos”. Quien se siente con el derecho de borrar el nombre de un mar, siente también el derecho de saquear sus yacimientos petroleros y otros recursos naturales, de dictar la política energética de una nación y de pisotear su integridad territorial.
Y al igual que en 1862, esta nueva ofensiva del imperialismo encuentra sus mejores aliados dentro de nuestras fronteras. Los herederos del partido conservador que ayer imploraron por Maximiliano, son los mismos políticos y oligarcas que hoy viajan a Washington para cabildear contra los intereses nacionales. Son los tecnócratas y traidores a la patria que claman por la privatización de recursos estratégicos como el litio y el petróleo, y que aplauden las medidas punitivas de la Casa Blanca con tal de recuperar el control del presupuesto y someter a las masas trabajadora a los siniestros designios del capital transnacional.
Conclusión
La Batalla de Puebla es el espejo donde la resistencia actual debe apreciarse reflexivamente. Aquel 5 de mayo el pueblo de Puebla, como parte del pueblo mexicano, demostró que la invulnerabilidad de los grandes imperios es un mito que se desmorona cuando colisiona contra la voluntad de hierro de las clases sociales explotadas y oprimidas. La lección para nuestro presente es categórica, ya que frente a un imperialismo estadounidense que busca borrar desde nuestro nombre en los océanos hasta nuestro derecho al desarrollo soberano, la única respuesta posible es la movilización y unidad popular. Las amenazas de Washington y las traiciones de la oligarquía local no podrán avasallar a un país mientras exista un pueblo consciente de su fuerza. Ayer fueron los machetes indígenas frenando el avance europeo; hoy es la conciencia política, soberana y antiimperialista de las masas populares constituida por obreros, campesinos, indígenas, artesanos, artistas, estudiantes, intelectuales, etc., que marcaran el alto definitivo a quienes pretenden subastar o entregar la tierra que, con tanta sangre, se ha defendido.
La última entrevista realizada al presidente de transición de la República, José María Balcázar, en Palacio de Gobierno, por una periodista cuya actitud resultó poco profesional y confrontacional, evidencia el profundo deterioro de la representación y del poder del Ejecutivo, particularmente de la Presidencia de la República en el Perú.
Uno de los aspectos más trascendentes de dicha entrevista estuvo relacionado con el proceso de compra de aviones militares a Estados Unidos.
En primer lugar, quedó en evidencia que la capacidad del presidente para renegociar, suspender o incluso anular esta transacción es prácticamente nula. Aunque formalmente la Constitución establece que el presidente de la República es jefe supremo de las Fuerzas Armadas, jefe de Estado y de Gobierno, símbolo de la unidad nacional y conductor de la política de seguridad interna, externa y de las relaciones internacionales, en la práctica su margen de decisión parece severamente limitado. Bastó que insinuara la posibilidad de no concretar la compra para que surgieran fuertes presiones políticas y diplomáticas.
En segundo lugar, el embajador estadounidense reaccionó públicamente en un tono percibido como coercitivo e injerencista, transmitiendo un mensaje que fue interpretado como una presión directa para que la compra se concrete de manera obligatoria. Esta situación proyecta una preocupante imagen de subordinación frente a intereses extranjeros.
Asimismo, el autor cuestiona la trayectoria y el comportamiento del diplomático norteamericano, señalando que carece de carrera diplomática y que habría estado vinculado a controversias en su propio país. Considera además que su designación responde a intereses políticos y económicos de Washington, reproduciendo una política exterior agresiva y poco respetuosa hacia la soberanía peruana.
De igual manera, el texto critica la intervención de diversas figuras políticas nacionales que se pronunciaron exigiendo que la compra militar se concrete “sí o sí”, incluso insinuando posibles medidas de vacancia presidencial. Para el autor, ello revela la existencia de fuertes intereses de lobby alrededor de esta operación armamentista.
Según el análisis presentado, esta adquisición se habría originado durante el gobierno de Dina Boluarte, respondiendo principalmente a requerimientos de las Fuerzas Armadas y a intereses vinculados al complejo militar-industrial estadounidense. El autor sostiene que el Perú no enfrenta actualmente un conflicto externo inminente que justifique un rearme de semejante magnitud, considerando las profundas necesidades sociales y económicas que atraviesa el país.
En ese sentido, plantea que la compra no respondería a una verdadera necesidad nacional, sino a intereses económicos y geopolíticos externos, acompañados por beneficios para intermediarios, altos mandos militares y sectores políticos vinculados a la ultraderecha. También critica el papel de determinados funcionarios estatales, a quienes acusa de actuar más en favor de corporaciones extranjeras que de los intereses soberanos del Perú.
El artículo sostiene además que el verdadero poder político no reside actualmente en la Presidencia, sino en un bloque conformado por el Parlamento, sectores de las Fuerzas Armadas y grupos económicos nacionales e internacionales. De esta manera, el presidencialismo peruano aparece debilitado y subordinado a otros centros de poder que condicionan las decisiones fundamentales del Estado.
A partir de ello, el autor cuestiona el sentido de las elecciones y de la democracia representativa cuando un presidente electo carece de control político real sobre el Congreso, las Fuerzas Armadas y las principales estructuras de poder. En esa lógica, considera que los mandatarios terminan convertidos en figuras limitadas y funcionales a intereses externos y a disputas entre grupos de poder.
Finalmente, el texto concluye que el Perú necesita transformaciones profundas, incluyendo una nueva Constitución elaborada desde los intereses populares y nacionales, orientada a garantizar soberanía, autodeterminación, desarrollo real y derechos efectivos para las grandes mayorías, sin subordinación a ningún imperialismo.
En este primero de mayo, Día del Proletariado Internacional, la Red de Prensa Popular Latinoamericana extiende su más ferviente y combativo saludo a la clase obrera y a los pueblos oprimidos del mundo.
Hoy, los comunistas y revolucionarios tenemos la obligación de reflexionar y estar claros en el proceso histórico de nuestra clase. Declaramos firmemente que la historia del proletariado es, en esencia, la historia de su invencible ideología: el marxismo-leninismo-maoísmo. Es la historia de su Partido Comunista y de la revolución proletaria mundial, en su lucha irrenunciable por instaurar la dictadura del proletariado, construir el socialismo y marchar hacia el comunismo.
En esta fecha nos reafirmamos en nuestra gloriosa trayectoria, forjada a través de hitos imperecederos:
Nos reafirmamos en los principios del «Manifiesto del Partido Comunista» de 1848, asumiendo que la clase obrera es la única clase verdaderamente revolucionaria, destinada a abolir la propiedad privada mediante la violencia revolucionaria.
Nos reafirmamos en el legado de la Comuna de París de 1871, el primer y gran hito histórico donde el proletariado tomó el poder en sus manos.
Nos reafirmamos en la heroica Revolución de Octubre de 1917, dirigida por Lenin, que estremeció la Tierra e inició la Era de la Revolución Proletaria Mundial.
Nos reafirmamos en el gran triunfo de la Revolución China de 1949 bajo la magistral dirección del Presidente Mao Tse-tung.
Nos reafirmamos en la grandiosa epopeya de los años 60, la Gran Revolución Cultural Proletaria, cumbre del siglo XX y la ola más alta de la revolución proletaria mundial.
Somos conscientes de que hoy la revolución proletaria mundial atraviesa un repliegue político general. ¡Pero el proletariado y los oprimidos no temen al fracaso!. Toda nuestra historia es confirmación cotidiana de la ley fundamental de la contradicción: la lucha es lo absoluto, y la victoria y los fracasos son relativos. Entendemos científicamente que la clase lucha, fracasa y vuelve a luchar; y que el proletariado construye la victoria inexorable a través de una escalera de fracasos. A lo nuevo lo acecha el fracaso, pero éste es sólo producto de su debilidad transitoria, no de un objetivo o lucha erróneos.
¡La revolución no se ha detenido; prosigue y proseguirá en nuevas condiciones!. En medio de este repliegue histórico, ya está gestándose una nueva etapa. En las próximas décadas del siglo XXI, surgirán nuevas olas revolucionarias que asaltarán los cielos y conquistarán el poder.
Por todo ello, en este 1º de mayo, llamamos a las masas obreras y campesinas a reafirmarse más profundamente aún en el marxismo-leninismo-maoísmo. Asimilemos la inmensa experiencia de ciento cincuenta años de revolución proletaria mundial y apliquémosla con inquebrantable decisión para afrontar los retos del presente y del futuro.
Referencia: Presidente Gonzalo, & Camarada Míriam. (1994, 1 de mayo). Acerca de la historia del proletariado internacional. Ediciones Bandera Roja.
Los principios sobre los cuales se creó y sostuvo el capitalismo, así como la necesidad de legitimar su hegemonía de clase, partieron de la construcción de un imperio de la ley; es decir, de la imposición de una nueva voluntad política que proyectaba un nuevo orden y un nuevo poder por parte de quienes habían conquistado el control del Estado. Por tanto, se trataba de imponer una nueva voluntad contra la clase y el sistema que habían sido derrocados.
¿Contra qué apuntaba ese proceso?
Contra la monarquía absoluta, contra el poder y la dictadura concentrados en un solo monarca, en un rey que decidía el destino de toda la sociedad. Es decir, el objetivo era enterrar el viejo orden feudal.
En aquella sociedad, los siervos, libertos y esclavos no tenían capacidad real de opinión ni de decisión. La sociedad creada tras esas transformaciones tampoco estaba pensada para ellos. Sin embargo, fueron utilizados en las luchas políticas y sociales, razón por la cual se agitaron las banderas de las libertades individuales, los derechos liberales y la democracia, como si realmente fueran derechos universales para todos.
En realidad, todos esos principios valían en la medida en que representaban los intereses esenciales de quienes conquistaron el poder. ¿Y quiénes conquistaron ese poder y contra quiénes? Una clase social: la burguesía.
Obviamente, esa nueva clase necesitaba consenso y legitimidad para sostener su dominio. De allí surge el voto y todo el proceso de representación política que, con el tiempo, se fue ampliando debido a las luchas de los pueblos. Sin embargo, la participación política del pueblo como sujeto histórico continúa siendo un terreno de tensión y disputa permanente.
Hoy, en las circunstancias en las que se encuentra el mundo, el propio sistema capitalista no solo atraviesa una disputa entre hegemonías en transición, sino que vive un escenario de conflicto, caos y crisis general.
Por lo tanto, la crisis es económica, política, ideológica, filosófica y cultural.
Es una crisis integral que atraviesa todos los ámbitos de la vida social.
Parte de esa crisis alcanza también al derecho liberal y a la democracia formal. El fracaso de las instituciones liberales y de la democracia representativa es hoy un fenómeno visible en distintos niveles y dimensiones alrededor del mundo. Incluso para quienes las crearon, estas estructuras ya no resultan plenamente útiles ni funcionales; por eso, son ellos mismos quienes las erosionan y las hunden progresivamente.
Si ese es el proceso que necesita el sistema para sostenerse, entonces, ¿con qué se reemplaza? Precisamente con una dictadura: una dictadura corporativa abierta, y esa parece ser la tendencia dominante. Esa es la razón por la cual se corrompen y se caotizan todas las estructuras sociales y políticas construidas desde el siglo XVI.
La finalidad es que, en medio de la crisis y la disfuncionalidad, la propia sociedad termine aceptando —o incluso reclamando— una forma de dictadura como salida al caos.
El Perú es un ejemplo claro y nítido de ello. Ninguno de los principios fundamentales del derecho liberal o de la democracia formal funciona plenamente: no existe una verdadera separación de poderes, ni un auténtico imperio de la ley, ni una democracia sustancial. Todo aparece subordinado a una lógica de dictadura corporativa.
Entonces, ¿se puede seguir participando en el juego de legitimación de esa dictadura mediante el voto formal?
Ni amplios sectores de la izquierda, ni muchos intelectuales o eruditos parecen ser plenamente conscientes de la dimensión histórica del problema. Persisten en analizar esta realidad con categorías limitadas y desfasadas frente al nuevo escenario.
Entonces, ¿cuál es la alternativa para los pueblos ante esta realidad?
Se requiere otro nivel de organización y otro nivel de lucha. La cuestión central es: ¿cómo construir contrapoder en estas circunstancias?, ¿cómo crear formas de poder popular dentro del propio Estado existente?
Allí reside el núcleo del problema. Bajo estas condiciones, el eje de la disputa ya no se encuentra únicamente en el parlamentarismo o en los sufragios, sino en la capacidad de construir poder real dentro de las estructuras mismas del poder dominante.
Eso implica organización sólida y articulada, liderazgo con representación y legitimidad, así como la construcción de un frente amplio del pueblo organizado, con dirección política, estrategia y herramientas propias.
No hacerlo sería una grave ingenuidad histórica. El enemigo golpeará; de eso se puede estar seguro. Por ello, resulta indispensable construir una cadena de dirección capaz de dar continuidad al proceso organizativo y político.
Todo ello requiere programa, cuadros políticos, organización y una coalición de clases populares con capacidad de conducción. En otras palabras, exige un vértice político de dirección de las clases del pueblo.
Las circunstancias actuales de la lucha son distintas. El mundo atraviesa un momento histórico marcado por la crisis y el desgaste del sistema capitalista, así como por las formas cada vez más agresivas con las que este reacciona frente a los pueblos.