Red de prensa popular latinoamericana

Presentan el libro Mazatecas. Por la libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras

NOTA DE PRENSA
Por: Alex A. Chamán Portugal
Red de Prensa Popular Latinoamericana

La obra testimonial y artística documenta doce años de resistencia comunitaria en Eloxochitlán de Flores Magón frente al despojo del río y la criminalización política

CIUDAD DE MÉXICO – El sábado 12 de septiembre de 2026, el espacio cultural La Resistencia café-galería y algo más... albergó a sala llena la presentación del libro Mazatecas. Por la libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras. La publicación, de carácter colectivo, recopila la memoria y el proceso de resistencia comunitaria de Eloxochitlán de Flores Magón (Oaxaca) a través de textos y grabados en óleo, visibilizando la defensa del territorio y la exigencia de libertad para sus presos políticos.

El acto contó con la moderación del artista visual Alfredo López Casanova, quien contextualizó la histórica labor de las mujeres mazatecas frente a la persecución orquestada por un cacicazgo local incrustado en estructuras estatales. El moderador destacó que las acusaciones y la fabricación de delitos respondieron a un motivo central consistente en castigar la defensa del río, los recursos naturales y la autodeterminación comunitaria. 

Durante su intervención, Gloria Muñoz Ramírez, periodista y directora del portal Desinformémonos, subrayó la capacidad organizativa de las mujeres de la comunidad y las alianzas tejidas para demandar justicia. Señaló que la obra expone de manera nítida la causa de fondo del conflicto que es el intento de apropiación del río y el saqueo de sus materiales pétreos por parte de intereses caciquiles que recurrieron a la criminalización de las familias. 

Por su parte, Jenny Zapata López, coordinadora de comunicación de la Fundación Heinrich Böll, remarcó que la edición del volumen fue posible gracias a las confluencias que caracterizan a las luchas populares. Afirmó que el contenido del libro coincide con los principios que impulsa su fundación -la preservación de la naturaleza, los derechos humanos y la memoria colectiva-, reivindicando la autonomía y la defensa del territorio en Eloxochitlán. 

Ámbar Ruiz, antropóloga social, fotoperiodista de Ant1Fazz Media y coautora de la publicación, recapituló los antecedentes de articulación solidaria desde la llegada zapatista a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en 2001. Ruiz planteó la necesidad de rebasar los esquemas del periodismo convencional para asumir una labor empática y comprometida con el proceso colectivo, en que la reciprocidad y prácticas cotidianas como compartir el café y el pan comunitario fortalecieron la cohesión social. 

A su turno, la profesora Eusebia, integrante de la colectiva Mazatecas por la Libertad, se dirigió a los presentes en lengua originaria y en español. Al expresar la gratitud de la comunidad hacia las redes de apoyo, denunció que la población ha resistido doce años continuos de hostigamientos, detenciones arbitrarias, exilio forzado y desarticulación familiar por salvaguardar su cuenca: “Escuchamos al río cuando decimos autonomía, libertad y vida”, afirmó, definiendo al libro como un testimonio forjado por múltiples manos y voces solidarias. 

En el tramo final, la infatigable activista Argelia Betanzos puntualizó el saldo de agravios acumulado desde 2014, reportando que más de 40 comuneros mazatecos han sufrido persecución penal o encarcelamiento bajo expedientes sin sustento probatorio, marcados por anomalías procesales, malos tratos y tortura. Betanzos reivindicó el rol central de las familias en la gestión de la justicia y la paz comunitaria, concluyendo con un llamado a mantener la movilización hasta alcanzar la libertad y el retorno sin cargos de los 14 integrantes de la comunidad que permanecen en el exilio. 

La jornada culminó con la invitación formal a las próximas fechas de difusión del libro y un espacio de convivencia comunitaria entre los ponentes y el público asistente.

EMBESTIDA IMPERIALISTA CON EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS

“Narco” Rubio y el entreguismo de los gobiernos lacayos

Por Alex A. Chamán Portugal

El insepulto sistema capitalista atraviesa una profunda crisis estructural que no puede resolverse mediante las recetas fracasadas del depredador modelo neoliberal. La sobreacumulación, la disputa por mercados, materias primas, energía, tecnología y rutas estratégicas profundizan las contradicciones entre las grandes potencias. En este escenario de creciente confrontación intercapitalista e interimperialista, Estados Unidos enfrenta el desafío de China y procura recuperar su hegemonía mundial y, particularmente, recuperar el control político, económico, militar y estratégico sobre América Latina.

No estamos, por consiguiente, ante hechos aislados. La doctrina Monroe, el corolario Roosevelt, las intervenciones militares, los golpes de Estado, el Plan Cóndor, las macabras guerras contrainsurgentes y las políticas neoliberales forman parte de una larga historia de dominación despiadada. Actualmente esa dominación procura adquirir nuevas modalidades y nuevos instrumentos con el siniestro Escudo de las Américas que aparece como una de las expresiones actuales de esa reconfiguración.

La reciente gira del perverso “Narco” Rubio por Colombia, Ecuador y Perú constituye una evidencia política de esta ofensiva imperialista. Seguridad, narcotráfico, inteligencia, manipulación, migración, defensa, minerales críticos, energía nuclear, infraestructura y comercio aparecen articulados dentro de una misma ramplona agenda. No se trata simplemente de cooperación entre caducos Estados, sino que detrás de ella se desarrolla una disputa estratégica por el control de territorios, recursos, mercados, corredores logísticos y posiciones geopolíticas. En suma, mayor dominación y explotación.

La reciente gira del perverso “Narco” Rubio por Colombia, Ecuador y Perú constituye una evidencia política de esta ofensiva imperialista. Seguridad, narcotráfico, inteligencia, manipulación, migración, defensa, minerales críticos, energía nuclear, infraestructura y comercio aparecen articulados dentro de una misma ramplona agenda. No se trata simplemente de cooperación entre caducos Estados, sino que detrás de ella se desarrolla una disputa estratégica por el control de territorios, recursos, mercados, corredores logísticos y posiciones geopolíticas. En suma, mayor dominación y explotación.

La esencia neocolonial del Escudo de las Américas consiste en instrumentalizar la bandera del combate al narcotráfico, al crimen organizado y a la migración irregular para blindar los mecanismos de persecución, represión, espionaje y control militar en nuestro territorio. La designación selectiva de organizaciones «terroristas» despeja el camino a una militarización abierta de la política continental y a formas encubiertas de invasión que pisotean la soberanía de los pueblos, el estado de derecho y el derecho internacional. Resulta una impostura flagrante que el imperialismo y sus gobiernos lacayos pretendan combatir la delincuencia organizada, cuando en realidad son sus gestores estructurales y cómplices directos.

El problema no es combatir a las organizaciones criminales como el narcotráfico. El problema es quién define la estrategia, quién controla los recursos, quién establece las prioridades y a qué intereses sirve esa lucha. Durante décadas, la denominada guerra contra las drogas ha sido utilizada para justificar militarización, intervención, inteligencia transnacional y fortalecimiento de aparatos represivos para violar los derechos de los pueblos, mientras las estructuras financieras internacionales que permiten la reproducción del negocio permanecen intactas y gozan de plena impunidad.
Por tanto, resulta pertinente comprender el Escudo de las Américas como una posible reconfiguración de mecanismos históricos de subordinación a inicuas políticas del imperialismo que se constituye en enemigo de la humanidad y pueblos del mundo. Desde una perspectiva crítica puede ser interpretado como un “Plan Cóndor 2.0”, porque reproduce la lógica conocida de coordinación entre gobiernos, aparatos de seguridad e inteligencia, persecución de determinados adversarios y alineamiento estratégico con Estados Unidos.

El problema esencial reside también en la actitud proimperialista y apátrida de las burguesías dependientes y de los gobiernos que administran los precarios Estados latinoamericanos. Las clases dominantes locales, incapaces de construir un proyecto integral y soberano de desarrollo nacional, frecuentemente convierten la sumisión en política de Estado. El imperialismo necesita aliados internos, puesto que no domina solamente a través de portaaviones, bases militares, sanciones arbitrarias, amenazas. Invasiones, genocidios y todo tipo de atrocidades. Domina también mediante las burguesías subordinadas, los aparatos ideológicos, los grandes medios de comunicación, los altos funcionarios serviles y los gobiernos dispuestos a sacrificar soberanía a cambio de reconocimiento, financiamiento, protección política u otras prebendas.

La injusta dominación imperialista no se limita a la economía y la geopolítica, ya que también busca intervenir sobre la conciencia. La manipulación mediática, la guerra ideológica o cultural, la propaganda, la estigmatización de la protesta, la criminalización de la disidencia y la fabricación permanente de enemigos procuran convertir a los pueblos en espectadores pasivos de su propia explotación y opresión. Un pueblo sin conciencia crítica puede ser gobernado con mayor facilidad; un pueblo organizado y consciente constituye, en cambio, una amenaza para cualquier estructura de dominación.

Tampoco basta con responsabilizar exclusivamente a la derecha y la ultraderecha, puesto que los llamados gobiernos progresistas que administran el capitalismo sin transformar sus estructuras terminan reproduciendo, aunque con otro discurso, las relaciones de dominación y dependencia. Las reformas pueden aliviar determinadas contradicciones, pero no eliminan la explotación ni la subordinación imperialista cuando no modifican las relaciones cardinales de poder. Cambiar administradores sin transformar estructuras no significa cambiar el sistema. 

Frente a esta ofensiva, los pueblos latinoamericanos no necesitan escoger entre Estados Unidos y China como quien escoge entre dos tutelas imperiales. Necesitan construir independencia, soberanía, autodeterminación, integración latinoamericana y poder popular. La verdadera alternativa no es sustituir un centro de dependencia por otro, sino romper con toda forma de dominación.

El cartel de las barras y las estrellas podrá cambiar de discurso, de instrumentos y de aliados, pero mientras subsista la relación entre dominadores y dominados persistirá la lucha. Por ello, frente al pro imperialista Escudo de las Américas, los pueblos deben elevar su propio escudo a través de la organización popular, la conciencia de clase, la unidad latinoamericana y la lucha por una sociedad sin explotación ni opresión. 

¡Abajo el imperialismo y los gobiernos lacayos!
¡Solo el pueblo salva al pueblo!
¡Sin luchas no hay victorias! 

SOBRE EL SOCIALISMO Y LA MARCHA INEXORABLE HACIA SU META FINAL

César Ubillús

 
Han pasado 178 años desde que el marxismo emergiera al mundo como la ideología del proletariado internacional, una ideología científica para transformar la sociedad, desde que el gran programa de los comunistas se publicara el 21 de febrero de 1848, cuando se dio esa tarea por un gran encargo de la Liga de los Comunistas a Marx y Engels. Ideología científica jamás derrotada, que nace, lucha y combate contra el sistema imperante: primero el capitalismo, luego el imperialismo como fase superior y última del capitalismo, hoy en profunda crisis general. 

Ideología que nace y se desarrolla en la lucha de clases en todos los frentes para construir una nueva sociedad, el socialismo, rumbo al comunismo. Desde Marx y Engels, pasando luego por el gran Lenin y el Presidente Mao, no se le dio tregua alguna: perseguida hasta más no poder, censurados sus pensamientos y su acción revolucionaria, la cual luego se convertiría en acción concreta de la organización proletaria. Comenzando por el primer intento de conquistar el poder, como fue la Comuna de París, luego la toma del poder en la gran Rusia y posteriormente en China, se generó a la vez todo un movimiento mundial de comunistas, revolucionarios, luchas y movimientos de liberación nacional. 

Y es así porque la clase proletaria es internacional; por tanto, su lucha por un nuevo sistema opuesto y diferente al capitalismo y al imperialismo no es asunto de un solo país, sino el proceso de cambio desde la raíz de todo el orbe. 

Y tiene que ver con acabar con esa lucha de clases, acabar con la explotación y la opresión, acabar con las guerras reaccionarias de sometimiento, opresión y explotación por medio de las guerras revolucionarias, para llegar verdaderamente a una sociedad de auténtica paz y armonía, a la humanización misma de la humanidad.

 Tiene que ver con la instauración de la dictadura del proletariado contra la clase opresora y explotadora, no contra los pueblos o naciones oprimidas. Si bien es cierto que todo el proceso de esta primera ola mundial comunista fue derrotado, no fue porque su ideología sea caduca, acientífica o inaplicable, sino por el proceso normal de cómo una clase insurge en la historia, conquista el poder, luego lo pierde y lo recupera para volver a perderlo y recuperarlo, en definitiva, hasta consolidarse e iniciar el desarrollo de la nueva sociedad definitiva. Así ha sido para la misma burguesía: reiteradas derrotas, fracasos y restauraciones, como lo muestran sus propias revoluciones burguesas.

 Pero nadie podrá negar cómo esa primera ola revolucionaria mundial sacudió todos los cimientos de una sociedad caduca; nadie podrá negar la concreción de los socialismos científicos en las dos más grandes naciones atrasadas de entonces, revolucionándolo todo: el poder, la economía, la ciencia, la cultura en favor de millones, la alta educación científica (razón de su desarrollo industrial en décadas), el nivel de vida alcanzado y su democracia concreta y real, no una democracia formal para encubrir el dominio y la explotación. 

Si bien es cierto que se dio todo el proceso de restauración capitalista por el revisionismo en las dos más grandes naciones y repúblicas socialistas, desatándose luego toda la ofensiva general del imperialismo —inicialmente entre el socialimperialismo y el imperialismo de occidente, y luego directamente bajo la ofensiva general del imperialismo yanqui—, se pregonó ante todo el mundo la caducidad del marxismo. 

El socialismo soportó y soporta una propaganda implacable de demonización constante, ya sea a través de corporaciones mediáticas capitalistas, discursos de sus líderes, en las academias, escuelas múltiples y organizaciones de todo tipo, para demonizar a los revolucionarios y comunistas con el fin de mostrar la supuesta superioridad del capitalismo y el presunto callejón sin salida del socialismo. Lejos de entablar un debate ideológico serio, todo se basó en pura propaganda, distanciándose de cualquier rigor para reducirse a la caricaturización del socialismo o a calificarlo como algo malo; es decir, recurriendo a una definición moral pretendidamente superior que resulta absurda dados los resultados actuales del mundo: una profunda crisis, ausencia de democracia para millones de pueblos, sufrimiento, pobreza, miseria incesante, guerras de todo tipo, degradación humana, genocidios y amenazas de nuevas guerras mundiales y nucleares. Es decir, el fracaso del capitalismo neoliberal en descomposición, que engendra toda clase de padecimientos a la propia humanidad. 

Entonces recurren al fascismo y al neofascismo en todo el orbe, en el núcleo mismo del imperialismo: Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, así como en Latinoamérica, Asia, etc., buscando salvar su hegemonía por la vía de la militarización y el securitismo. Arrasan con todo el derecho demoliberal y con su propia farsa democrática, quedándose sin salida en medio de una civilización que se hunde paulatinamente. 

La crisis del orden mundial contemporáneo solo puede entenderse como la convergencia de una crisis sistémica de las capacidades estratégicas que estructuran el mundo: una crisis histórica de legitimidad imperial, una crisis de sobreacumulación y producción del sistema capitalista mundial, y una crisis de la ideología sobre la cual se erige su dominio, cuyo núcleo parte del individualismo burgués. 

No se trata únicamente del declive de una potencia hegemónica y el ascenso de otra; se trata de una fractura más profunda, vinculada a un modo de producción incompatible con el desarrollo humano armónico. Por ende, asistimos al agotamiento de una forma histórica de organizar el poder global, fundada en la hiperconcentración de la riqueza en un polo y la miseria masiva en el otro, donde la relación centro-periferia mantiene una desventaja estructural asimétrica y el capitalismo imperialista necesita reproducir cotidianamente relaciones desiguales para asegurar su expolio.

Particularmente, Estados Unidos representa y es el exponente más descarnado del imperialismo contemporáneo. Fue edificado sobre una matriz histórica de colonialismo interno, esclavitud, despojo territorial de los pueblos originarios, supremacía blanca, acumulación originaria y expansionismo armado sistemático, como lo han sido todos los demás imperialismos. Este capitalismo mundializado es estructuralmente deficitario y parasitario: para sostener su hegemonía y su estabilidad interna depende de esquilmar a los pueblos del Sur global.

Requiere apoderarse de los bienes comunes del planeta, someter la fuerza de trabajo nacional y foránea, asegurar mercados cautivos y consolidar mecanismos permanentes de transferencia de excedentes hacia la metrópoli para garantizar una acumulación incesante y financiar su supremacía económica, tecnológica y militar. Este imperialismo, como fase superior y sistema orgánico, no se reduce a la apropiación física y directa de materias primas; consiste ante todo en fijar salarios de miseria y deprimir los ingresos de las grandes masas oprimidas. Es ese despojo el que subsidia el derroche opulento de sus élites y alimenta su complejo militar-industrial de agresión y exterminio.
La pobreza de las periferias no constituye un desvío circunstancial: es el resultado directo de la división internacional del trabajo impuesta coercitivamente por los centros metropolitanos. En esta fase, el «ejército industrial de reserva» formulado por la crítica marxista ha adquirido una escala global. 

Marx develó tempranamente estas leyes de tendencia, y Lenin profundizó con precisión científica la fase imperialista, señalando la mundialización del capital financiero, sus contradicciones insalvables y sus límites históricos. Hoy atestiguamos la agudización de la crisis general de este andamiaje: la descomposición del proyecto neoliberal transmutada en sobreendeudamiento, tiranía financiera, políticas de choque, austeridad criminal, privatización de lo común, subordinación monetaria e intercambio desigual.

 Si bien la fase de hiperglobalización logró amortiguar temporalmente sus contradicciones mediante la financiarización, burbujas especulativas y el estímulo ficticio del consumo a crédito, la crisis estructural emerge hoy con toda su fuerza corrosiva. Se fractura el monopolio tecnológico e industrial de Occidente, cruje la hegemonía del dólar y se exacerban las disputas interimperialistas por un nuevo reparto geopolítico del planeta.

En este escenario histórico, la periferia está llamada a romper las cadenas de la dependencia: forjar otro modelo de Estado, instituir relaciones sociales de producción soberanas, emprender una industrialización autónoma, conquistar la autodeterminación frente a la hegemonía anglosajona en declive y derribar la arquitectura colonial de dominio.Es imperativo asumir que la encrucijada actual trasciende el roce diplomático o bélico entre Estados: expresa la crisis terminal de un modo de producción y el derrumbe histórico de su gendarme principal.

La descomposición capitalista exige su reemplazo por un orden social cualitativamente superior: el socialismo, única vía capaz de garantizar una paz justa, emancipada y en armonía ecológica. Corresponde a la clase trabajadora y a los pueblos organizados transformar la indignación y la miseria inducida en fuerza revolucionaria, sepultando este orden caduco para levantar sobre sus ruinas un porvenir de verdadera liberación. La clase obrera y los pueblos del mundo siempre han luchado y resistido.

Hoy vuelve la audiencia de millones cuando se habla de socialismo en las entrañas mismas de EE. UU. —en lo inmediato bajo la forma de un «socialismo democrático»—, así como en Europa, África y América. Es decir, vuelve con mayor fuerza e intensidad la crítica al causante del descalabro planetario: el imperialismo y las sociedades capitalistas.
Es el resurgimiento de una nueva ola revolucionaria que comienza a expresarse, aún de forma germinal pero frontal, contra este sistema responsable de las perturbaciones globales generadas por la ambición individualista de acumulación sin fin a costa de millones de desposeídos. 

Sé que queda una larga distancia por recorrer, pero es evidente que en las décadas venideras se profundizará; así lo demuestra la lucha de los pueblos del mundo en cada rincón, mediante su resistencia y combate. ¿Y por qué es así? Porque el mundo ve con nitidez que este sistema se hunde irremediablemente; por ello, corresponde enarbolar y luchar por el socialismo como salida para una humanidad sumida en el caos y en conflagraciones generalizadas. 

Lo indudable es la emergencia de una nueva ola, la segunda ola socialista, que necesariamente habrá de consolidarse. Por esa razón las clases dominantes resucitan el fascismo y el neofascismo, y es precisamente ahora cuando la clase obrera debe pugnar por ese socialismo científico. No existe salida alguna dentro del neoliberalismo que hoy naufraga a escala global; tal es su desesperación que deben desmontar el Estado de bienestar —como en Europa— para sostener una escalada militarista y belicista, o recurrir a los fondos de pensiones para financiar las guerras en Oriente Medio por parte del imperialismo yanqui, recortando los presupuestos destinados a la salud, la educación y otros derechos elementales.

En suma, el sistema capitalista en su fase imperialista no funciona: colapsa en su propia debacle, arrastrando al mundo a conflictos que amenazan la existencia misma de la especie, ahora potenciados con el uso bélico de la inteligencia artificial. Por ende, corresponde reivindicar el poder de los pueblos bajo la dirección de la fuerza de vanguardia en una lucha de clases que se agudiza y que debe trascender los límites del sistema dominante; en consecuencia, ante un capitalismo globalizado, la respuesta debe ser igualmente global.

 Hoy las condiciones históricas están dadas y abren el camino hacia el socialismo; debemos asumirlo sin titubeos ni temores, reivindicándolo en la memoria de millones de jóvenes por sus conquistas históricas en favor de la clase trabajadora y de los pueblos. Se debe impulsar en todo el mundo la rebelión, la organización y la toma del poder para forjar un Estado y una república para las mayorías populares, una sociedad al servicio de los millones de explotados y oprimidos, emancipada de la lógica mercantil y de la explotación del hombre por el hombre. 

Están dadas las condiciones históricas para que esta nueva ola emerja con vigor inusitado: la humanidad no tiene otra alternativa que el socialismo, la colectivización y la humanización misma de nuestra especie, sin las cuales se corre el riesgo inminente de la extinción. Este sistema no caerá en soledad: amenaza con arrastrar consigo a millones o provocar la desaparición de la propia humanidad.

 11/09/2026 

LA CRISIS DEL ORDEN MUNDIAL ES LA CRISIS DEL IMPERIALISMO

Richard Gonzales

La crisis del orden mundial contemporáneo solo puede entenderse como la convergencia de una crisis sistémica de las capacidades estratégicas que estructuran el mundo: una crisis histórica de legitimidad imperial, una crisis de sobreacumulación y producción del sistema capitalista mundial, y una crisis de la ideología sobre la cual se erige su dominio, cuyo núcleo parte del individualismo burgués. 

No se trata únicamente del declive de una potencia hegemónica y el ascenso de otra; se trata de una fractura más profunda, vinculada a un modo de producción incompatible con el desarrollo humano armónico. Por ende, asistimos al agotamiento de una forma histórica de organizar el poder global, fundada en la hiperconcentración de la riqueza en un polo y la miseria masiva en el otro, donde la relación centro-periferia mantiene una desventaja estructural asimétrica y el capitalismo imperialista necesita reproducir cotidianamente relaciones desiguales para asegurar su expolio.Particularmente, Estados Unidos representa el exponente más descarnado del imperialismo contemporáneo. Fue edificado sobre una matriz histórica de colonialismo interno, esclavitud, despojo territorial de los pueblos originarios, supremacía blanca, acumulación originaria y expansionismo armado sistemático. Este capitalismo mundializado es estructuralmente deficitario y parasitario: para sostener su hegemonía y su estabilidad interna depende de esquilmar a los pueblos del Sur global. Requiere apoderarse de los bienes comunes del planeta, someter la fuerza de trabajo nacional y foránea, asegurar mercados cautivos y consolidar mecanismos permanentes de transferencia de excedentes hacia la metrópoli para garantizar una acumulación incesante y financiar su supremacía económica, tecnológica y militar.

 Este imperialismo, como fase superior y sistema orgánico, no se reduce a la apropiación física y directa de materias primas; consiste ante todo en fijar salarios de miseria y deprimir los ingresos de las grandes masas oprimidas. Es ese despojo el que subsidia el derroche opulento de sus élites y alimenta su complejo militar-industrial de agresión y exterminio. La pobreza de las periferias no constituye un desvío circunstancial: es el resultado directo de la división internacional del trabajo impuesta coercitivamente por los centros metropolitanos. En esta fase, el «ejército industrial de reserva» formulado por la crítica marxista ha adquirido una escala global. 

Marx develó tempranamente estas leyes de tendencia, y Lenin profundizó con precisión científica la fase imperialista, señalando la mundialización del capital financiero, sus contradicciones insalvables y sus límites históricos. Hoy atestiguamos la agudización de la crisis general de este andamiaje: la descomposición del proyecto neoliberal transmutada en sobreendeudamiento, tiranía financiera, políticas de choque, austeridad criminal, privatización de lo común y subordinación monetaria e intercambio desigual. 

Si bien la fase de hiperglobalización logró amortiguar temporalmente sus contradicciones mediante la financiarización, burbujas especulativas y el estímulo ficticio del consumo a crédito, la crisis estructural emerge hoy con toda su fuerza corrosiva. Se fractura el monopolio tecnológico e industrial de Occidente, cruje la hegemonía del dólar y se exacerban las disputas interimperialistas por un nuevo reparto geopolítico del planeta. En este escenario histórico, la periferia está llamada a romper las cadenas de la dependencia: forjar otro modelo de Estado, instituir relaciones sociales de producción soberanas, emprender una industrialización autónoma, conquistar la autodeterminación frente a la hegemonía anglosajona en declive y derribar la arquitectura colonial de dominio. 

Es imperativo asumir que la encrucijada actual trasciende el roce diplomático o bélico entre Estados: expresa la crisis terminal de un modo de producción y el derrumbe histórico de su gendarme principal. La descomposición capitalista exige su reemplazo por un orden social cualitativamente superior: el socialismo, única vía capaz de garantizar una paz justa, emancipada y en armonía ecológica. Corresponde a la clase trabajadora y a los pueblos organizados transformar la indignación y la miseria inducida en fuerza revolucionaria, sepultando este orden caduco para levantar sobre sus ruinas un porvenir de verdadera liberación.

LOS GRANDES DESAFÍOS EN UN MUNDO MULTIPOLAR Y LOS GRANDES RIESGOS PARA LA HUMANIDAD

Richard Gonzales

El proceso de transición del orden mundial en pleno desarrollo es consecuencia del declive de una superpotencia. No solo se trata del ascenso de China, sino de la incapacidad de imponer unilateralmente las reglas del sistema internacional. Ante esto, las potencias regionales están aprovechando dicha transformación para recuperar su autonomía estratégica.

Al no existir un centro de poder único —como ocurría entre 1991 y los años 2008-2011, aproximadamente—, comienza a desarrollarse el multipolarismo. Esta dinámica, impulsada principalmente por China, ha ido evolucionando y poniendo énfasis en actores y elementos clave como Irán, Rusia, los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, las relaciones con el Golfo, Palestina, Siria, Irak y el Líbano. Todo esto abarca temas de energía, corredores comerciales y desdolarización; es decir, una profunda transformación geoeconómica, militar, diplomática y civilizacional.

De manera particular, China asume un proceso de transformación económica y estructural del sistema, mientras que Rusia toma el liderazgo en la dimensión militar y estratégica, e Irán encarna una dimensión regional y de resistencia frente a la arquitectura estadounidense en Asia Occidental.

La erosión de la centralidad de EE. UU. es evidente dada su debilidad material, económica y militar, aparte de su proceso de desindustrialización múltiple. Mantener un imperialismo sobreextendido eternamente es imposible, más aún frente a una superpotencia emergente que le disputa mercados, industria, tecnología, capital, infraestructura, comercio y capacidad diplomática. Esta ecuación avanza hacia una multipolaridad inevitable que, hasta ahora, resultaba coyuntural.

Sin embargo, este proceso multipolar entraña profundos riesgos e inestabilidad estratégica. La transición hacia ese nuevo mundo podría haber sido pacífica, como lo fue el relevo de Inglaterra por EE. UU., pero en este caso es un proceso marcado por guerras y disputas de poder. En la actualidad, la humanidad vive sus momentos más álgidos y peligrosos, en un escenario mucho peor que el de la Guerra Fría, donde una locura monstruosa nos amenaza con una guerra mundial nuclear. Si se analiza lo sucedido y lo que sigue ocurriendo en Palestina, se puede comprobar que el sistema ya no conserva ni una pizca de contemplación y humanidad, y mucho menos de moralidad: arrasan pueblos y violentan el derecho internacional. Algunos pregonan que el mundo debe retroceder a los niveles de población de hace quinientos años, lo que implica la extinción deliberada de una parte de la humanidad por todos los medios posibles.

El 10 de junio de 2025, la entonces directora de Inteligencia Nacional (DNI) de EE. UU., Tulsi Gabbard, publicó un breve pero escalofriante video que comenzaba en Hiroshima. En él, advertía que estábamos "más cerca que nunca del borde de la aniquilación nuclear" y que "los belicistas de la élite política están fomentando imprudentemente el miedo y la tensión entre las potencias nucleares". Añadió que "depende de nosotros, el pueblo... alzar la voz y exigir el fin de esta locura" y concluyó: "Debemos rechazar este camino hacia la guerra nuclear y trabajar por un mundo donde nadie tenga que vivir con el temor de un holocausto".

El 20 de octubre de 2025, Serguéi Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia, advirtió: "El mundo atraviesa el momento más delicado para la seguridad internacional desde la Segunda Guerra Mundial". Naryshkin continuó: "Nuestra tarea compartida, y quizás la principal, es garantizar que la adaptación a la nueva realidad se produzca sin una guerra a gran escala, como ha ocurrido en las etapas históricas anteriores".

Pero nos enfrentamos a un gobierno bajo la dirección de Trump, un líder narcisista, ególatra, pedófilo e inmoral, genocida hasta más no poder, con un afán inconmensurable de dominio y sin un mínimo de prudencia. Como ya se ha denunciado, a raíz del desastre en Ucrania y Medio Oriente, estaba dispuesto a apretar el botón nuclear; tragedia que solo se evitó gracias a la oposición de sus propios generales, quienes llamaron a la prudencia y al desescalamiento. Sumado a esto, enfrentamos al sionismo guerrerista que advierte sobre el uso de armas nucleares tácticas —un escalamiento cuyo final es impredecible— y a la misma presión de los halcones rusos que exigen una medida similar, contenida únicamente por la cordura de Putin, quien frena esta locura y llama a buscar soluciones en la mesa de negociaciones.

En esta confrontación entre grandes potencias, la civilización atraviesa evidentemente su momento más riesgoso y frágil. Tenemos un solo planeta; no hay dos o tres más para salvarnos. A los riesgos latentes de un sistema moribundo —responsable de guerras, exterminios y de todas las catástrofes sufridas por los pueblos y naciones— se suma la locura inminente de una guerra nuclear. Mucha gente no dimensiona el nivel de peligro de una confrontación de esta magnitud. Si la bestialidad se impone, ¿de qué futuro para nuestros hijos y nietos se podría hablar? ¿Qué horizonte le queda a la juventud cuando se cierne sobre sus cabezas la extinción humana, provocada por la ambición y el egoísmo de un puñado de monstruos en el poder cuya avaricia acelera nuestra desaparición como especie?

Por esa misma razón, y ante los crecientes riesgos de lidiar con una bestia herida, un conjunto de pensadores, instituciones, personalidades y académicos de todo el mundo están elevando una carta dirigida al papa León XIV. Se busca que, como cabeza de la Iglesia Católica, haga un llamado al mundo para frenar esta locura o convoque una cumbre internacional de emergencia. El objetivo es alejar a la humanidad del abismo, despertar la conciencia planetaria sobre los riesgos de un conflicto nuclear y hacer un llamado urgente a la paz.

Esta es la realidad y la circunstancia histórica que atraviesa el mundo. Debemos oponernos a toda esta locura; solo los pueblos del mundo, organizados en un movimiento global contra la guerra y la proliferación de armas nucleares en defensa de nuestra especie, podemos detener este posible holocausto. Todos estamos advertidos. Es cuestión de tomar conciencia para actuar y no quedarnos esperando la muerte en nuestras camas.

08/09/2026 

LA FALACIA EVALUATIVA DE PISA FRENTE AL COLAPSO ESTRUCTURAL DE LA EDUCACIÓN CAPITALISTA LATINOAMERICANA

Por: Alex A. Chamán Portugal

Presentación
La publicación periódica de los resultados de la Prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) suele desencadenar un alarmismo superficial en las esferas gubernamentales y los aparatos mediáticos. Sin embargo, detrás de la aparente neutralidad de sus métricas y ránkings internacionales, se oculta un sofisticado dispositivo ideológico diseñado para medir el grado de subordinación de los sistemas educativos a las demandas de acumulación del mercado global capitalista. Abordar la crisis de la educación, especialmente en las naciones latinoamericanas, a partir de estos resultados exige trascender el reduccionismo tecnocrático para situarnos en el terreno de la sociología de la educación y la pedagogía crítica emancipadora.
El presente ensayo deconstruye la narrativa hegemónica y postula que los paupérrimos rendimientos estandarizados son una anomalía del sistema, por tanto, resultado predecible y orgánico de formaciones sociales capitalistas atrasadas y dependientes históricamente desprovistas de un proyecto soberano de desarrollo nacional. En nuestras naciones, la educación ha sido vaciada de su potencial científico y emancipador para ser sometida a un proceso implacable de mercantilización, asfixia presupuestal y precarización material que castiga inexorablemente a las masas populares. Así, nos esforzamos analizar cómo la imposición de un colonialismo curricular, la descomposición moral de la clase dominante y la instauración del facilismo alienante -agudizado en la actual Cuarta Revolución Industrial por el consumo acrítico de tecnologías- operan como mecanismos estructurales para proscribir el pensamiento crítico, creativo y propositivo en las aulas.
Este ensayo devela las contradicciones de la educación capitalista, un modelo que, al reproducir la desigualdad y la depredación de las fuerzas productivas, ha agotado su viabilidad histórica. En suma, el propósito es sentar las bases reflexivas para una ruptura pedagógica que recupere a la educación como un genuino instrumento de transformación y emancipación social. 

Génesis tecnocrática y la ausencia de soberanía educativa

El estrepitoso fracaso del modelo educativo liberal, evidenciado cíclicamente por los resultados de la prueba PISA, no debe comprenderse desde el reduccionismo tecnocrático que promueven los funcionales organismos multilaterales, ya que, referidos bajos rendimientos educativos en las naciones latinoamericanas son la expresión ineludible de una carencia estructural expresada en la inexistencia histórica de un proyecto soberano de desarrollo nacional. Los Estados capitalistas periféricos que representan a sociedades burguesas atrasadas y dependientes -en su abrumadora mayoría- jamás han considerado genuinamente a la educación, la ciencia y la tecnología como ejes centrales para la formación integral del educando en aras de viabilizar progreso, desarrollo y bienestar colectivo.

Esta orfandad estratégica y de prioridades se concreta fuertemente en la injusta distribución de los recursos públicos. Mientras la educación sobrevive con exiguos presupuestos que garantizan su letargo, los Estados burgueses incrementa constantemente los fondos destinados a las fuerzas armadas y a los aparatos represivos, priorizando la militarización y la contención a la protesta social sobre el desarrollo humano. A esta asfixia financiera intencional se agregan los crecientes negociados y la incontrolable corrupción endémica en el aparato burocrático estatal, conformado por poderes e instituciones, en que el tesoro público suele ser saqueado por las clases sociales explotadoras y las serviles élites políticas con absoluta impunidad. 

La mercantilización de la educación y el saqueo material

Para comprender esta dinámica de despojo, resulta imprescindible el planteamiento del sociólogo Renán Vega Cantor (2015), quien desentraña con agudeza la "mercantilización de la educación". Bajo la racionalidad neoliberal, la educación es despojada de su carácter de derecho social inalienable para ser reducida a una simple mercancía y a un rentable espacio de acumulación. Esta lógica justifica el paulatino abandono de las responsabilidades del Estado, lo cual se traduce materialmente en una infraestructura escolar de vergonzosa precariedad. En consecuencia, para los hijos de los sectores populares, los laboratorios científicos, talleres técnicos, bibliotecas equipadas y espacios dignos resultan inexistentes o extremadamente limitados.

La consecuencia directa de este despojo material recae, en primera instancia, sobre las condiciones de existencia de profesores y trabajadores administrativos que están sometidos a una precariedad económica y obligados a sobrevivir con salarios paupérrimos, los docentes sufren una explotación que anula su permanente posibilidad de investigación, actualización y descanso, repercutiendo inevitablemente en la calidad del acto pedagógico. 

Desigualdad estructural, pobreza y polarización de clases sociales

La educación capitalista funciona como el principal engranaje para legitimar las marcadas e injustas desigualdades económicas y sociales, por lo que la crisis educativa está tajantemente fragmentada por la pertenencia a tal o cual clase social. Existe un abismo entre una educación pública pauperizada, a la que asisten mayorías que sobreviven en la pobreza y extrema pobreza, y una educación privada que se desenvuelve como un reducto cerrado, ofreciendo óptimas condiciones logísticas exclusivas para los sectores privilegiados. Esta fractura se agrava al observar el contraste histórico-social entre los entornos urbanos y las zonas rurales, en que el abandono gubernamental condena a millones de seres humanos desde su nacimiento. 

Colonialismo curricular y la castración del pensamiento crítico

La educación liberal es intencionalmente precaria y limitada en su capacidad epistemológica. El destacado sociólogo y pedagogo Henry Giroux (2003; 2026) ha expuesto cómo el neoliberalismo ejecuta una implacable ofensiva contra las instituciones públicas para neutralizar cualquier asomo de reflexión emancipadora. En este sentido, la escuela destierra una concepción científica y totalizadora de la realidad, por lo que se imponen currículums diseñados milimétricamente para evitar el pensamiento crítico, reflexivo y propositivo, torciendo e impidiendo una formación rigurosa en términos académicos e investigativos.

Para someter cognitivamente a las grandes mayorías, los ministerios imponen dogmáticamente modelos pedagógicos "enlatados" que resultan paradigmas, importados de las potencias capitalistas, se ejecutan inconsultamente, ignorando con desprecio la realidad material, histórica, social, económica y cultural concreta de nuestras sociedades. 

Alienación, facilismo y la Cuarta Revolución Industrial

En el contexto de la denominada "Cuarta Revolución Industrial", la crisis formativa adquiere dimensiones alarmantes, ya que, lejos de democratizar el saber, la tendencia material apunta al derrumbe de la lectura comprensiva, el desdén por la investigación y el nulo interés en la producción de conocimientos propios. Asimismo, el ecosistema digital y herramientas tecnológicas como la Inteligencia Artificial (IA) han sido asimiladas bajo la lógica del facilismo y el plagio masivo, en directo detrimento del esfuerzo cognitivo y la autonomía intelectual del educando en tanto ser eminentemente pensante.Frente a esto, y para complacer perversamente las estadísticas que demandan pruebas estandarizadas como PISA, el sistema ha institucionalizado el facilismo administrativo al aprobar a la mayor cantidad de educandos sin que demuestren aprendizaje real. Esta política fomenta la mediocridad, exacerba el conformismo y convierte la indisciplina y la irresponsabilidad en la norma existencial del estudiantado. 

Decadencia social y la crisis del paradigma ético

Como establece una premisa pedagógica ineludible: "se educa y se predica con el ejemplo". Resulta absurdo exigir rigor ético e intelectual a las nuevas generaciones cuando la sociedad capitalista se encuentra en una fase de franca descomposición. Esta crisis se revela en su totalidad cuando los estudiantes son testigos de cómo empresarios, políticos y politiqueros, las autoridades y los aparatos represivos operan bajo lógicas mafiosas, corruptas y antidemocráticas. Al observar este cinismo institucionalizado en la cúspide social, los educandos asimilan estas prácticas como naturales desatando una insalvable crisis de identidad y de valores, que garantiza la reproducción cíclica de esta degradación moral.

El pedagogo Pablo Imen (2021) advierte cómo este vacío moral es colonizado por el mercado que resulta más depredador, enajenante y alienante. Los estudiantes son presas de una manipulación estructural a través de la religión dogmática, la prensa burguesa, la maquinaria idiotizadora del deporte-espectáculo, la farándula, la basura televisiva y el exceso narcisista en las redes sociales.

Conclusión

La radiografía global arrojada por evaluaciones estandarizadas como PISA no mide el pleno desarrollo humano, sino que funciona como un sismógrafo de la sumisión de la educación al mercado y su lógica desigual, puesto que demuestra empíricamente que la crisis de la educación liberal capitalista es estructural, terminal e irreversible. Bajo su indumentaria tecnocrática, esta educación ha perdido cualquier presunción de legitimidad, pues no es científica, no es pedagógicamente transformadora y no contribuye, en lo absoluto, al progreso histórico ni al bienestar de la humanidad. Su única función orgánica, en tanto implacable aparato ideológico del Estado burgués, es asegurar la reproducción de una sociedad profundamente injusta a la medida de un sistema de explotación en que cada día se agrava la destrucción de la naturaleza y el aniquilamiento de las fuerzas productivas; imponiendo un régimen de despojo en que la riqueza global se concentra obscenamente en las manos de monopolios parasitarios, mientras la pobreza, la marginalidad y la indigencia se multiplican de forma planificada en el seno de los pueblos del mundo.

En este escenario de decadencia de la civilización burguesa, los ránkings de la OCDE dictaminan el triunfo de un paradigma que ha reducido al educando a simple "capital humano tecnócrata", es decir, a una mercancía cognitiva moldeable, sumisa, conformista y alienada, preparada únicamente para satisfacer las paupérrimas demandas de un mercado laboral flexibilizado y convirtiéndolo, muchas veces, en el “pobre de derecha”. La pedagogía capitalista proscribe el pensamiento dialéctico y totalizador para imponer, en su lugar, un conocimiento fragmentado, utilitarista y desprovisto de toda conciencia de clase. Al castrar la capacidad analítica, crítica y transformadora del sujeto, la clase dominante garantiza que las clases explotadas asimilen su propia opresión como un orden natural e inmodificable, bloqueando cualquier horizonte de rebeldía colectiva, castrando el horizonte de forjar una sociedad superior con hombres y mujeres de nuevo tipo.

Por consiguiente, superar este colapso civilizatorio burgués exige trascender las estériles reformas ministeriales que solo buscan escalar posiciones en índices hegemónicos. El imperativo histórico es destruir de raíz las bases de la mercantilización educativa y erigir, desde las bases populares y al calor de las luchas sociales, un genuino proyecto de educación emancipadora. Se requiere forjar una praxis pedagógica liberadora que quiebre la falsa dicotomía entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; fomentando una lectura crítica, científica y transformadora del mundo, y que restituya plenamente la soberanía cognitiva, material y cultural de nuestros pueblos. únicamente asumiendo la educación como un acto político de emancipación será posible forjar al sujeto histórico consciente, comprometido, capaz de desmantelar la barbarie del capital y edificar una nueva sociedad cimentada en la justicia estructural, la solidaridad y la verdadera dignidad humana. 

Referencias

 Bourdieu, P., & Passeron, J. C. (1996). La reproducción: Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Fontamara.
 Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. 
Giroux, H. A. (2003). La inocencia robada: Juventud, multinacionales y política cultural. Ediciones Morata. 
Giroux, H. A. (2026). Teoría y resistencia en educación: Una pedagogía para la oposición. Siglo XXI Editores. 
Imen, P. (2021). Memorias pedagógicas del futuro: Educación, lucha de clases desde Nuestra América. CLACSO.
 OCDE. (2023). Resultados de PISA 2022. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
 Vega Cantor, R. (2015). La universidad de la ignorancia: Capitalismo académico y mercantilización de la educación superior. Ocean Sur.

UN MUNDO MULTIPOLAR Y EL DECLIVE DEL IMPERIALISMO YANQUI

Richard Gonzales

Durante la 26.ª Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada recientemente en Biskek (Kirguistán) en este 2026 y a raíz del 26.º aniversario de este conglomerado, se han suscrito 28 documentos estratégicos, tanto bilaterales como multilaterales, condensados en la Declaración de Biskek. 

Esta representa una nueva forma de integración para una Asia tantas veces balcanizada, comenzando por el proyecto del Reino Unido capitalista, devenido en imperialismo, y proseguido por EE. UU. y otras potencias mundiales. 

Los acuerdos principales se pueden condensar en:
· El compromiso con un orden mundial multipolar y «justo», que va en contra del unilateralismo y las sanciones occidentales bajo la dirección de un imperialismo en declive.
· La necesidad de una seguridad y defensa integral de sus miembros, motivo por el cual se han creado un Centro Universal para contrarrestar desafíos y amenazas a la seguridad y el Centro Antidrogas de la OCS.
· Un marco jurídico para el uso de la tecnología y la inteligencia artificial, la creación de un centro de datos regional, y un plan de seguridad de la información con vigencia de 2026 a 2028.
· El impulso del comercio y la economía, el uso de las monedas nacionales para transacciones mutuas, y el desarrollo de rutas, logística y transporte alternativo mediante un plan proyectado hasta el 2030. 

Dentro de estos acuerdos destaca la creación de un banco de desarrollo propio, lo que rompería la hegemonía del dólar. Este hecho tiene trascendencia universal; si bien la hegemonía yanqui aún se sostenía en esta divisa universalizada —utilizada como arma de guerra al igual que la tecnología en esta Cuarta Revolución Industrial—, hoy entra en disputa frente a la construcción de un nuevo orden bajo la visión china de la «gobernanza global» y el «beneficio de toda la humanidad». 

En otras palabras, el hegemonismo está terminando, aun cuando persiste un hegemón que no se resigna. No es para menos: desde el antiguo orden unipolar pos-1991, donde EE. UU. ostentaba la hegemonía que permitió la expansión de la OTAN —con planes de balcanización de la propia Rusia para luego ir por China—, las tensiones devinieron en un conflicto indirecto o «guerra proxy» usando a Ucrania. A esto se suman las presiones contra Irán, que apuntaban directamente a los intereses energéticos chinos para derrumbar su economía, y las crecientes tensiones en Taiwán. Estos hechos evidencian los peligros para los intereses del imperialismo yanqui ante la emergencia de una nueva superpotencia con capacidad de disputa, mientras Rusia recupera su estatus mundial, a la par de la India, distintas potencias regionales, la propia Europa y el Sur Global. 

Persistir en conservar la primacía en la distribución real del poder mundial a estas alturas —como lo hace el principal enemigo de los pueblos del mundo— es persistir en la destrucción de la humanidad misma, dados los peligros actuales. En la realidad, existe una transición desde la hegemonía estadounidense hacia un orden multipolar basado en la coexistencia de grandes potencias y en el derecho internacional. Esta transición es impulsada principalmente por China, mientras que Rusia proyecta una visión más enfocada en la teoría civilizatoria. Esta dinámica ocurre dentro de las mismas relaciones de producción capitalistas e imperialistas; debemos tener claro este asunto para derribar toda ilusión y evitar colocar al pueblo a la cola de uno de los contendores. 

El imperialismo yanqui persiste en una lectura heredada de la Guerra Fría, sobre todo en la unipolaridad posterior a 1991. Esto no niega que EE. UU. siga siendo una gran potencia imperialista, pero la realidad es que ya no puede organizar el sistema global de manera unilateral. Los hechos demuestran una multipolaridad en proceso, lo que explica la consolidación de la OCS, los BRICS+, el Pacto de la Meca y la ASEAN, así como los intentos de Europa por alcanzar su autonomía estratégica (aun con reservas) y el surgimiento de potencias regionales como Irán, que reconfiguran todo el Medio Oriente.Mientras tanto, la superpotencia en declive prioriza su militarismo y su poder nuclear, financiero y tecnológico, utilizándolos como armas de guerra. Aunque varias de estas fortalezas han sido superadas o están entrando en equilibrio, lo cierto es que el bloque emergente ha pasado de una fase defensiva a una ofensiva, forzando a EE. UU. a replegarse a la defensiva.

 Dicha ofensiva se basa en reivindicar la Carta de las Naciones Unidas, la soberanía estatal, la no intervención, la negociación, la cooperación económica, las instituciones multilaterales, el control de armamentos, el desarrollo compartido y la cooperación climática. Esta es la base sobre la cual asciende China, más allá de potenciar su propia economía, infraestructura, educación, industria y tecnología. Es decir, la confrontación no se limita al ámbito militar, sino que abarca un espectro mucho más amplio y complejo, incluyendo el ámbito espacial. 

Resulta innegable que ninguna potencia o superpotencia puede resolver unilateralmente los problemas de la pobreza, el cambio climático, la deuda, las pandemias, la seguridad alimentaria, la transición energética, la infraestructura, la inteligencia artificial o la proliferación nuclear. La crisis del sistema imperante y la descomposición del neoliberalismo universal agudizan estos desafíos aún más. Mantener las mismas relaciones de producción que han causado y siguen causando los males del mundo no ofrece ninguna solución. Por lo tanto, se requieren otras relaciones productivas, otro tipo de Estado y nuevas formas de organizar el mundo, basadas en la colectividad y en la preservación humana, alejadas de la lógica mercantil y de la explotación del hombre por el hombre. 

El proceso multipolar continúa desarrollándose con todos los riesgos que implica, incluyendo la inestabilidad, el caos y los conflictos potenciales. Sin embargo, también representa una ocasión histórica para que los pueblos y naciones puedan impulsar procesos acordes a sus propios intereses, sirviendo a la democratización de las sociedades y buscando mejores condiciones de vida con soberanía, autodeterminación e independencia, así como procesos de industrialización y pleno empleo. Hoy, más que nunca, esto implica la lucha por el socialismo y su desarrollo integral para alcanzar una sociedad de auténtica armonía y paz. 

Los líderes y las organizaciones deben asumir su responsabilidad de organizar y movilizar a las masas, apuntando a consolidar una correlación de fuerzas mayoritaria para llevar a cabo estas transformaciones. Esto no exime de ninguna manera la lucha por las prioridades inmediatas de subsistencia y la mejora de las condiciones de vida. Debemos reflexionar: el sistema se hunde en una profunda crisis y el neoliberalismo se descompone, corrompiendo a una parte de la sociedad. Ante la arremetida reaccionaria, las masas resisten y luchan con todas sus limitaciones. Por lo tanto, corresponde al sector más consciente organizarlas y movilizarlas para que sus esfuerzos se traduzcan en logros concretos, avances reales y, en última instancia, en la concreción del derecho inalienable de transformar la sociedad. 

4/09/2026  

DEL ASCENSO SOCIAL AL ACOMODAMIENTO Y ABURGUESAMIENTO DE LOS EMPRENDEDORES Y PROFESIONALES EN EL SISTEMA CAPITALISTA

Por: Alex A. Chamán Portugal

Resumen
Este ensayo analiza críticamente el proceso mediante el cual la mayor parte de profesionales, técnicos, intelectuales, emprendedores, dirigentes y funcionarios provenientes de sectores populares pueden experimentar un ascenso social acompañado de acomodamiento y de un progresivo aburguesamiento. La tesis central sostiene que el mejoramiento material no constituye por sí mismo una forma de emancipación ni implica necesariamente una ruptura con la clase social de origen. El problema aparece cuando la movilidad ascendente se articula con individualismo, egoísmo, indiferencia, insensibilidad, burocratización, meritocracia, pérdida de vínculos colectivos, adaptación institucional y subordinación del conocimiento a los intereses de las clases dominantes. Desde Marx, Gramsci, Poulantzas, Lenin y Freire, se sostiene que la transformación del ser social incide en la conciencia, pero dentro de una disputa histórica por la hegemonía. En esta perspectiva, “El Hombre” aporta una premisa decisiva: “El ser humano es un producto social, la sociedad lo crea, lo modela”, y, por ello, el sujeto no puede comprenderse al margen de las relaciones sociales en las que vive y actúa. El desafío emancipador no consiste en condenar el progreso y bienestar, sino en impedir que el ascenso individual se convierta en desclasamiento, aburguesamiento, pérdida de solidaridad y reproducción de la perversa sociedad capitalista.

1. Introducción: ascender sin abandonar

Una de las contradicciones de la sociedad capitalista consiste en que la educación, la profesionalización y la movilidad social pueden abrir posibilidades reales de mejoramiento de las condiciones de vida y, paralelamente, convertirse en mecanismos de reproducción de la hegemonía dominante. El acceso de personas procedentes de sectores populares a instituciones de educación superior, a profesiones calificadas, a emprendimientos, a cargos directivos o a espacios estatales constituye una conquista que no debe ser cuestionada. Lo que requiere examen crítico es la posibilidad de que ese ascenso material sea acompañado por un distanciamiento progresivo de las condiciones sociales de origen y por la adopción de concepciones, valores, estilos de vida, aspiraciones e intereses funcionales al injusto orden establecido.

La cuestión, por consiguiente, no puede reducirse a una denuncia moral de quien “cambió de bando”, puesto que este fenómeno debe ser comprendido como una relación dialéctica entre condiciones materiales, extracción de clase, conciencia de clase, posición de clase, instituciones y hegemonía. Marx (1975) formuló que no es la conciencia la que determina el ser, sino que el ser social condiciona la conciencia. Sin convertir esta tesis en un determinismo mecánico, permite comprender que una modificación sustancial de las relaciones materiales y sociales del individuo puede alterar sus percepciones, intereses y praxis.

En el texto “El Hombre”, de Abimael Guzmán, aparece una formulación convergente: “El ser humano es un producto social, la sociedad lo crea, lo modela”. Asimismo, se afirma que “el hombre es pensante y actuante” y que vive, se desarrolla y transforma la sociedad en relación con otros seres humanos. Estas ideas permiten reforzar una premisa cardinal: el acomodamiento no es solamente una decisión psicológica individual; sino que se produce en un entramado social que puede reorientar la manera en que el sujeto interpreta su propia trayectoria y el mundo que lo envuelve. 

2. De la movilidad social al acomodamiento

Es sumamente importante distinguir entre movilidad social, acomodamiento y aburguesamiento. La movilidad social describe un cambio de posición económica, ocupacional o de estatus; no es en sí misma negativa. El acomodamiento se inicia cuando el sujeto adapta sus expectativas, objetivos, relaciones y prácticas a la preservación de la posición alcanzada, relegando progresivamente los intereses colectivos que anteriormente guiaban su acción. El aburguesamiento representa un proceso más profundo, puesto que conlleva la incorporación cultural, aspiracional e ideológica de patrones asociados a la visión del mundo dominante, aunque el individuo no se convierta jurídicamente en propietario de los medios de producción.

El punto decisivo es que una mejora material puede coexistir con una regresión política. El profesional que antes concebía su formación como instrumento de servicio colectivo puede empezar a considerar el conocimiento exclusivamente como capital enteramente personal; por lo que el dirigente que obtenía legitimidad de las bases puede terminar dependiendo de la maquinaria institucional; el emprendedor que inicialmente buscaba autonomía puede convertir el éxito individual en prueba de que las desigualdades e injusticias son resultado exclusivo del mérito o del esfuerzo.

Aquí surge la contradicción central: el ascenso de algunos individuos puede convertirse ideológicamente en argumento contra las mayorías que permanecen en condiciones de explotación, opresión y precarización. La expresión “si yo pude, cualquiera puede” individualiza el éxito y privatiza el fracaso. Así, una experiencia particular es presentada como ley general, invisibilizando las desigualdades de partida, las diferencias patrimoniales, educativas y culturales, así como las relaciones de poder que estructuran las oportunidades. 

3. El aburguesamiento como proceso material, cultural e ideológico

El aburguesamiento no debe entenderse como una simple adquisición de bienes o como una mejora del nivel de consumo. Su dimensión primordial reside en la transformación de las aspiraciones y de la relación del individuo con la sociedad. Se manifiesta cuando la seguridad individual adquiere prioridad absoluta; cuando el prestigio sustituye a la solidaridad; cuando el origen popular comienza a percibirse como un oprobioso pasado que debe ocultarse; cuando la organización colectiva es considerada un obstáculo; cuando la desigualdad se naturaliza y cuando se es indiferente ante las injusticias.

El proceso puede desarrollarse gradualmente. Primero florece una legítima búsqueda de estabilidad; después, una adaptación a las instituciones; posteriormente, una moderación del discurso para evitar conflictos; y finalmente producirse la defensa -explícita o implícita- de aquello que anteriormente se cuestionaba, incluso combatía. El lenguaje también cambia: categorías como “gobernabilidad”, “consenso”, “gestión”, “realismo”, “responsabilidad fiscal” o “eficiencia” pueden adquirir una función despolitizadora cuando son usadas para presentar como cuestiones meramente técnicas relaciones sociales atravesadas por contradictorios intereses de clase social.

Desde la perspectiva planteada en “El Hombre”, el sujeto es simultáneamente producto y agente de la sociedad. Por lo que el acomodamiento tampoco debe concebirse como destino inevitable. Si el ser humano “vive y se desarrolla en la sociedad y no al margen de ella”, sus ideas y prácticas son objeto de disputa. El mismo profesional que puede ser absorbido por la lógica dominante puede utilizar sus capacidades para cuestionarla y contribuir a transformar las condiciones que la reproducen. 

4. Gramsci: intelectuales y hegemonía

Gramsci ayuda a comprender por qué la disputa no se limita a la propiedad económica. Los profesionales e intelectuales producen, organizan y difunden concepciones del mundo. Su conocimiento, en una sociedad escindida en clases sociales, puede contribuir a cuestionar las relaciones de poder o a legitimarlas. La clase dominante necesita, por ende, no solamente controlar recursos materiales, sino también construir consenso y presentar sus intereses particulares como si fueran intereses universales.

En este marco, la cooptación profesional adquiere suma relevancia política, ya que, el sistema puede incorporar a antiguos críticos mediante cargos, reconocimiento, estabilidad, incentivos, redes de influencia y posibilidades de ascenso. No precisa siempre recurrir al soborno o a la coerción directa. Puede neutralizar la capacidad transformadora a través de la integración institucional. El sujeto conserva oportunistamente incluso parte de su discurso anterior, pero modifica gradualmente la orientación de su praxis.

La pregunta decisiva deja entonces de ser cuánto gana una persona y pasa a ser: ¿al servicio de qué intereses de clase utiliza su conocimiento? ¿Qué tipo de relaciones sociales contribuye a legitimar? ¿Qué proyecto histórico y político orienta su práctica profesional? La conciencia crítica se expresa no en la pobreza voluntaria, sino en la capacidad de vincular el saber individual con las necesidades colectivas. 

5. Estado, burocratización y cooptación

Poulantzas (1980) permite superar tanto la concepción liberal del Estado neutral como la idea de que este funciona como instrumento manejado mecánicamente por una sola clase social. El Estado capitalista puede ser entendido como condensación material de relaciones de fuerza entre clases fundamentales. Esta relativa autonomía explica su capacidad para integrar demandas subalternas, conceder reformas y absorber dirigentes o profesionales sin que necesariamente se altere la reproducción general del sistema.

La burocratización es uno de los mecanismos mediante los cuales puede producirse esa asimilación, por lo que el dirigente que antes dependía de las bases puede pasar a depender de la jerarquía institucional; la rendición de cuentas ante los representados puede transformarse en lealtad hacia la estructura que garantiza el cargo. Lenin (1970), al recuperar las enseñanzas de la Comuna de París, subrayó mecanismos como la elección, la revocabilidad y la limitación de privilegios para evitar que las funciones públicas se transformaran en una vía de separación entre funcionarios y pueblo.

Así, el problema no es la participación de personas provenientes de sectores populares en las instituciones, sino, el problema aparece cuando la incorporación institucional rompe los mecanismos de control colectivo y convierte el cargo en patrimonio personal, alterando la orientación de la praxis. El acomodamiento burocrático es, consecuentemente, una forma de reubicación social y política que puede facilitar el desclasamiento. 

6. Meritocracia, individualismo y ruptura de la solidaridad

La cultura meritocrática constituye uno de los instrumentos más eficaces de legitimación del acomodamiento, no porque el esfuerzo individual carezca de importancia, sino porque la meritocracia puede abstraer ese esfuerzo de las condiciones históricas que lo hacen posible. El individuo exitoso termina interpretando su trayectoria como resultado exclusivo de sus méritos, capacidades, habilidades, y, desde allí, puede responsabilizar a quienes permanecen abajo por su propia situación.

No se niega el talento, la disciplina, la perseverancia ni la iniciativa, más bien se cuestiona su presentación como fenómenos independientes de las relaciones sociales. Las oportunidades educativas, los recursos familiares, las redes, el patrimonio cultural, las condiciones laborales y otros factores intervienen en las trayectorias individuales. Por ello, el ascenso social de algunos demuestra la existencia de desigualdades estructurales.

Cuando la experiencia personal se universaliza de manera acrítica, el éxito puede convertirse en un dispositivo de legitimación del statu quo u orden social vigente. El emprendedor o profesional acomodado deja de cuestionar las causas estructurales de la desigualdad y comienza a valorar la sociedad desde la posición que ha conquistado. En ese momento, el ascenso material se transforma en descenso de la conciencia colectiva. 

7. Profesionalización, universidad y praxis emancipadora

Las instituciones de educación superior y los espacios profesionales pueden producir especialistas altamente competentes pero separados de la dimensión histórica y social de su conocimiento. El problema no reside en la especialización, sino en su despolitización y pérdida de conciencia de clase, ya que, cuando la técnica se presenta como neutral y se ocultan las relaciones de poder que atraviesan su aplicación, el conocimiento puede terminar subordinado a los intereses dominantes.

Freire (2005) permite recuperar la educación como praxis, o sea, como articulación entre reflexión y acción transformadora. En esa perspectiva, el profesional no necesita renunciar al bienestar material ni asumir una idealización romántica de la pobreza, pues, la cuestión es convertir el conocimiento, la experiencia y los recursos adquiridos en capacidades socialmente emancipadoras.

El principio de “El Hombre” según el cual el ser humano “vive y trabaja relacionado con otros hombres para transformar la sociedad” refuerza esta orientación. La realización individual adquiere una dimensión superior únicamente cuando se articula con la transformación colectiva. El saber profesional deja de ser un instrumento de movilidad personal y puede convertirse en fuerza organizada para enfrentar las estructuras que reproducen dominación. 

8. La contradicción fundamental: ascender sin abandonar

La crítica al acomodamiento no puede convertirse en una condena del progreso material, puesto que el horizonte emancipador debe ser precisamente la universalización del bienestar y el desarrollo pleno de las capacidades humanas. El problema no es que una persona mejore su vivienda, salud, educación, ingresos, recreación y libertades; el problema aparece cuando ese mejoramiento exige o produce indiferencia ante las miserables condiciones de quienes permanecen en condiciones paupérrimas.

En consecuencia, “ascender sin abandonar” resume la contradicción central. El emprendedor o profesional puede mejorar materialmente sin abandonar la memoria histórica, la sensibilidad humana, la solidaridad social y la responsabilidad colectiva. Puede ocupar espacios institucionales sin transformar esos espacios en privilegios personales. Puede adquirir conocimientos y reconocimiento sin convertirlos en mecanismos de desprecio hacia quienes no tuvieron las mismas oportunidades, pues les fueron negadas injustamente.

La cuestión esencial es impedir que el éxito individual se convierta en desclasamiento y aburguesamiento. El sujeto no deja de pertenecer automáticamente a una clase social por cambiar de ocupación o aumentar sus ingresos, pero sí puede experimentar un desplazamiento de sus intereses, prácticas y representaciones. El aburguesamiento se consuma cuando esa transformación termina subordinando su horizonte vital a la conservación del caduco orden que ahora lo beneficia en desmedro de las masas populares. 

9. Conclusiones

El acomodamiento y el aburguesamiento de profesionales, emprendedores, dirigentes e intelectuales deben ser comprendidos como procesos históricos y sociales, no como simples defectos morales. La movilidad ascendente se caracteriza por modificar las condiciones materiales de existencia, las redes de sociabilidad, los intereses y los marcos interpretativos; pero sus efectos políticos dependen de la lucha por la hegemonía y de la capacidad del sujeto para conservar y desarrollar una conciencia crítica, así como, sus valores.

La contribución de Marx permite situar la relación entre condiciones materiales y conciencia; Gramsci explica la disputa por la hegemonía y el papel de los intelectuales; Poulantzas permite comprender la integración y cooptación dentro del Estado; Lenin advierte sobre la burocratización y la separación de los funcionarios respecto del pueblo; y Freire plantea la necesidad de una educación convertida en praxis transformadora. A. Guzmán con “El Hombre” aporta, desde su propia formulación, la idea de un ser humano social, pensante y actuante, cuya existencia se desarrolla en relación con otros y con la transformación de su realidad.

En consecuencia, el objetivo no debe ser impedir el ascenso social, sino evitar que este se convierta en ruptura con las clases explotadas y sectores populares. La verdadera emancipación no consiste en que algunos logren escapar individualmente del sometimiento, sino en transformar las condiciones estructurales que producen esa explotación y opresión en aras de marchar a una sociedad superior.

Referencias

Cospito, G. (2023). Hegemonía/hegemónico en los “Cuadernos de la cárcel” (e prima). International Gramsci Journal, 2(1). https://doi.org/10.14276/2280-7853/3993
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (2.ª ed.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1970).
Gramsci, A. (1971). Selecciones de los cuadernos de la cárcel (Q. Hoare y G. Nowell Smith, Eds. & Trans.). International Publishers.
Gómez, S. (2022). Intelectuales, hegemonía y educación en los Cuadernos de la cárcel. Una (re)lectura a partir de los nuevos estudios filológicos y hermenéuticos sobre Antonio Gramsci. Praxis Educativa, 26(2). https://doi.org/10.19137/praxiseducativa-2022-260206Guzmán, A. (1994). El hombre. Página Libre. https://www.pagina-libre.org/MPP-A/Textos/PCP1995/Hombre.html Lenin, V. I. (1970). El Estado y la revolución. Editorial Progreso. (Trabajo original publicado en 1917).
Marx, K. (1975). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1859).
Marx, K. (2004). Crítica de la filosofía del Estado de Hegel. Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado en 1843).
Marx, K., & Engels, F. (1974). La ideología alemana. Ediciones Pueblos Unidos/Editorial Progreso. (Trabajo original escrito entre 1845 y 1846).Poulantzas, N. (1980). Estado, poder, socialismo. Verso. (Trabajo original publicado en 1978). 

A LA FEDERACIÓN SINDICAL MUNDIALLLAMAMIENTO A LA ACCIÓN UNIDA DEL PROLETARIADO

La clase obrera ha sido la fuerza organizada y el factor determinante en el desarrollo triunfo y consolidación de la revolución rusa de octubre de 1917. La clase obrera fue también la principal fuerza revolucionaria durante los intentos de dar continuidad revolucionaria a los movimientos sociales, tanto en el continente europeo como en todas partes de la tierra, durante la etapa denominada por la geopolítica mundial como de guerra fría. 

Pero desde el principio del movimiento revolucionario del pueblo chino, otros sectores del proletariado, de esa clase social desposeída de medios de producción y subordinada en todos los aspectos, empezó a tener un papel preponderante, al margen del movimiento obrero y raramente de manera coordinada con él. 

Sin duda alguna la conformación del proletariado integrado por todos esos desposeídos, dentro de los cuales se encuentra la clase obrera y su evolución de ser una clase en sí, hacer una clase para así y sujeto revolucionario, comenzó a darse claramente en el proceso de la Revolución China con el Partido Comunista al frente, enarbolando las banderas proletarias. 

Mientras en China el proletariado todo, libraba su batalla revolucionaria, el combate feroz, que, contra la clase obrera, libraron las fuerzas imperialistas durante la guerra fría fue devastador, porque al combatir la clase obrera, se estaba combatiendo al comunismo. La lucha no solamente se libraba fábrica por fábrica país por país, sino que se convirtió en una lucha genocida que por dar el ejemplo más claro, en Indonesia terminó con la vida de 3 millones de seres humanos. 

Hoy en día la clase obrera vuelve a ser factor determinante en el proceso de la revolución mundial, porque son los procesos productivos y las cadenas de suministro, están sujetos a un sistema fabril a un sistema de disciplina asalariada e incluso los servicios están sujetos a ese sistema fabril y las nuevas explotaciones neocoloniales sujetan a sus asalariados a sistemas de disciplina fabril de condiciones atroces para la vida. Todos esos explotados, son obreros, e incluso las instituciones del Estado, se pueblan de trabajadores asalariados y hasta los ejércitos son de asalariados. 

Es la parálisis, o acción revolucionaria directa de los obreros de todos estos sistemas fabriles, lo que determina la sobrevivencia o muerte de un determinado estado de cosas en cualquier país. Es esa parálisis esas huelgas políticas, esa toma de centros de poder de los estados capitalistas lo que determina el desmantelamiento de los sistemas de dominio del capital y de sus Estados. 

Ante el evidente colapso del centro imperialista mundial, ante el debilitamiento progresivo del dominio norteamericano sobre ese sistema mundial, se desatará una lucha mucho más cruenta contra el proletariado y contra los trabajadores asalariados que forman parte del mismo, en todos los países capitalistas del mundo. 

Es el momento en que la clase obrera retome su lugar dentro de esta lucha revolucionaria. Es el momento en que las masas disciplinadas en el sistema fabril, unidas a sistemas de producción localizados, de las que dependen tanto producción como servicios y cadenas de suministros, se levanten y actúen por su propio interés y en interés del proletariado en su conjunto, para acabar con el sistema de explotación que los ha subordinado y ha negado su existencia como seres humanos durante ya más de 200 años. 

El socialismo chino, trajo consigo un proceso acelerado de automatización de los sistemas productivos que ha determinado una caída brutal de la tasa media mundial de ganancia, porque la masa de trabajo a asalariado fabril ha disminuido en el mundo, en forma importante y ante esa tendencia, el mecanismo automático que adopta el capital es buscar nuevas fuentes de explotación de trabajo asalariado que ahora se extienden hacia el gran sur. En esos dominios que quiere el CAPITAL, el trabajo asalariado es más barato y se encuentra masivamente a su disposición, si es que logra su propósito de dominio. 

La clase obrera no puede ya solo defenderse. Es tiempo, de que a clase Obrera retome su papel dentro la vanguardia revolucionaria. Es preciso, por lo mismo que la Clase Obrera tienda lazos de comunicación de organización y de unidad, que le permitan incorporarse al ejército proletario mundial, nuevamente con el papel que le corresponde. 

A todas las organizaciones sindicales, y obreros asalariados del mundo se les convoca para constituir un centro de comunicación y coordinación de las luchas obreras, en todos los países, que nos permita nuestra reincorporación consciente, como parte del proletariado mundial, dentro del nuevo proceso revolucionario. 

CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN EL “CAPITALISMO DIGITAL”: ENTRE LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL Y LA EMANCIPACIÓN DE LA HUMANIDAD

Por: Alex A. Chamán Portugal

La ciencia y la tecnología se caracterizan por ser las fuerzas productivas más dinámicas, expansivas y potencialmente transformadoras de la sociedad capitalista. Tienen, en su núcleo objetivo, un formidable potencial histórico para erradicar las precarias condiciones materiales de existencia, reducir drásticamente el tiempo de trabajo alienado, curar enfermedades endémicas y elevar sustancialmente la calidad de existencia humana. No obstante, en el marco de las relaciones sociales de producción capitalistas, este potencial emancipador entra en una aguda e irreconciliable contradicción con su estricta subordinación e instrumentalización a la expoliadora acumulación privada de capital. El inventor e ingeniero Nikola Tesla advirtió con asombrosa lucidez acerca de este secuestro corporativo del intelecto humano al declarar: “La ciencia y la tecnología deben estar al servicio de toda la humanidad sin injerencia de las grandes corporaciones y la cúpula empresarial” (Tesla, citado por IJM, 2021). Lejos de cumplir esta premisa humanista, el desarrollo tecnológico en el marco de la IV Revolución Industrial exacerba la concentración de la riqueza en cada vez menos manos, monopoliza el poder científico y ahonda la opresión social, convirtiendo los productos del intelecto colectivo en sofisticados instrumentos de dominación y vigilancia, así como, en mercancías que acentúan las ofensivas desigualdades estructurales.
Sin embargo, dado su carácter eminentemente social e histórico, estas mismas fuerzas productivas albergan el germen de la impostergable emancipación humana, siempre y cuando su desarrollo, acceso y beneficio se liberen de la lógica depredadora del mercado y se reorienten de manera genuinamente democrática hacia la justicia social, la plena dignidad humana y la soberanía inalienable de los pueblos.

Ciencia, tecnología y fuerzas productivas

Para desentrañar la verdadera naturaleza de la tecnología en el capitalismo, es ineludible recurrir a la economía política marxista. En los Grundrisse, Karl Marx (1857/2007) anticipó genialmente el concepto intelecto general, describiendo cómo el conocimiento social acumulado se convierte en una fuerza productiva directa, materializada en el sistema de maquinaria. Bajo el capitalismo, la ciencia jamás opera como un bien común abstracto o neutral; ya que es subsumida de forma real por el capital.

La maquinaria y la innovación tecnológica no se introducen en el proceso productivo con el meritorio fin de aliviar la pesada carga de las masas trabajadoras, sino para acrecentar la plusvalía relativa, reduciendo el tiempo de trabajo socialmente necesario y abaratando el valor de la fuerza de trabajo. V. I. Lenin (1914), al analizar críticamente la aplicación del taylorismo -método que buscó hacer que las fábricas funcionaran como un reloj perfecto, convirtiendo al trabajador en un engranaje más de la maquinaria productiva- y la gestión científica del trabajo fabril, desenmascaró la esencia de la innovación tecnológica bajo el yugo burgués: “El progreso de la técnica y de la ciencia significa en la sociedad capitalista el progreso en el arte de exprimir el sudor”. La tecnología se presenta como un poder ajeno, hostil y vampírico que se erige sobre el trabajador, despojándolo de su autonomía y apropiándose de los resultados de un esfuerzo que es, en su origen, eminentemente colectivo. 

El eufemismo del capitalismo digital y la privatización del saber

En el siglo XXI, el modo de producción capitalista ha mutado, según algunos estudiosos, hacia lo que se denomina "capitalismo de plataformas" (Srnicek, 2018), que consiste en un modelo cimentado en la extracción, procesamiento y monopolización comercial de los datos humanos. Esta etapa representa la concentración económica y mercantilización de la vida misma, amparada bajo discursos celebratorios sobre una supuesta democratización tecnológica, puesto que prevalece las brechas digitales como reflejo de las desigualdades económicas y sociales.

El investigador Renán Vega Cantor (2012) desmonta esta retórica encubridora al señalar que las mal llamadas sociedad y economía del conocimiento son, en realidad, simples eufemismos del capitalismo que buscan debilitar a las comunidades, convirtiendo a las ciencias sociales en instrumentos funcionales de la tecnología y en esclavas del capitalismo transnacional. Se configura así un secuestro del intelecto social, por el cual universidades e institutos públicos de investigación estatales asumen los inmensos riesgos y costos de la ciencia básica para que, finalmente, grandes corporaciones transnacionales de carácter capitalista e imperialista privaticen y patenten las aplicaciones derivadas (como ocurre en las plataformas digitales, la inteligencia artificial o la industria farmacéutica), frenando el desarrollo cooperativo de la humanidad. 

Tecnología, automatización y el mundo del trabajo

La irrupción de la inteligencia artificial y la automatización en la esfera laboral expone una de las contradicciones más flagrantes y dolorosas del sistema. El inmenso salto en la productividad derivado de la IA debería traducirse, desde una perspectiva racional y democrática, en una reducción drástica de la jornada laboral para abolir la fatiga humana.La realidad que impone el capitalismo y su perverso modelo neoliberal, sin embargo, es exactamente la contraria. El destacado escritor Eduardo Galeano (1998), en su obra Patas arriba: La escuela del mundo al revés, retrató esta perversión instrumental afirmando que, en nuestra sociedad alienada y enajenada, las máquinas, que habían sido creadas para liberarnos del trabajo, han terminado por multiplicarlo, convirtiendo al trabajador en esclavo de sus propios aparatos y agudizando la precarización existencial. La actual algoritmización del trabajo fragmenta las tareas, pulveriza los derechos laborales y beneficios sociales, así como, somete al proletariado a una creciente vigilancia opresiva (OIT, 2021). El algoritmo actúa hoy como un capataz invisible e inescudriñable que impone ritmos inhumanos y ejerce el control disciplinario sin derecho a réplica. 

La necesidad dialéctica de una ciencia emancipadora y decolonial

Frente a la imparable mercantilización del conocimiento, la teoría crítica plantea que la ciencia no puede ser un ejercicio contemplativo de élites intelectuales aisladas y funcionales. El gran maestro del proletariado internacional Mao Tse-tung (1937), en su célebre texto Sobre la práctica, estableció el vínculo dialéctico y orgánico indispensable entre la teoría científica y la transformación material y política del mundo humano: “El conocimiento que alcanza las leyes del mundo hay que dirigirlo de nuevo a la práctica transformadora del mundo, hay que aplicarlo nuevamente a la práctica de la producción, a la práctica de la lucha de clases revolucionaria”. El verdadero rigor científico exige mancharse las manos en las contradicciones de la realidad para resolverlas a favor de las mayorías.

Para que esta praxis sea verdaderamente transformadora, particularmente en los países capitalistas atrasados y dependientes, resulta imperativo romper con las imposiciones epistemológicas de las potencias capitalistas e imperialistas que imponen una concepción anticientífica del mundo y destrozan el pensamiento crítico inherente al ser humano pensante y operante. En esta línea crítica, el sociólogo Alex Chamán (2026) señala con precisión analítica que la tecnología, bajo el actual ecosistema comunicacional del capitalismo digital, opera como un mecanismo de filtrado algorítmico y manipulación mediática que requiere ser inexorablemente deconstruido desde una metodología decolonial para alcanzar la verdadera emancipación social y la soberanía tecnológica, puesto que no hay neutralidad algorítmica, por lo que la ciencia requiere ser depurada de los sesgos clasistas, supremacistas y coloniales que el capitalismo inscribe en su código. 

La injusta realidad de América Latina
En América Latina, la asimilación del llamado capitalismo tecnológico reproduce y amplifica la histórica condición de dependencia. La región se inserta en el metabolismo digital globalizado (mundialización del capital y sus relaciones desiguales) como importadora neta de tecnología, exportadora de materias primas estratégicos y proveedora de mano de obra cognitivamente precarizada. 

Casos empíricos de la contradicción tecnológica en la región:

1. Extractivismo tecnológico y el saqueo del litio: En la vasta geografía del llamado "Triángulo del Litio" (Bolivia, Argentina y Chile) descansa la base material indispensable para sostener el desarrollo del capitalismo digital global (baterías, dispositivos móviles, vehículos eléctricos, etc.). Sin embargo, la CEPAL (2023) evidencia que el control de las patentes avanzadas, la propiedad intelectual y las superganancias tecnológicas están concentradas en corporaciones transnacionales de las principales potencias capitalistas e imperialistas. América Latina sacrifica sus ecosistemas y comunidades bajo esquemas neocoloniales de despojo, operando como simple proveedora de insumos primarios, mientras las barreras impuestas por los monopolios tecnológicos globales bloquean el desarrollo de una ciencia y tecnología soberanas en el Sur. Sus gobiernos entreguistas y cipayos facilitan lo anterior.
2. La algoritmización de la precariedad: La penetración de plataformas como Rappi (con fuerte presencia en Colombia, Perú, México y otros países latinoamericanos) ilustra a la perfección el eufemismo del "emprendimiento digital". Un sólido informe conjunto de la CEPAL y la OIT (2020) expone que la abrumadora mayoría de estos trabajadores operan bajo la falsa categoría de "autónomos". En realidad, están desprovistos de derechos laborales como la seguridad social, asumen los costos de las herramientas de trabajo y son gestionados por sistemas algorítmicos (IA) que imponen castigos, bloqueos arbitrarios y promueven la autoexplotación feroz para alcanzar niveles básicos de supervivencia, demostrando el rostro más salvaje de la explotación digital capitalista. 

Conclusiones

El análisis desarrollado en este artículo nos conduce a una disyuntiva histórica ineludible para la humanidad, los pueblos del mundo y las masas trabajadoras: la construcción de una sociedad socialista superior o la caída en una barbarie tecnológica capitalista. El denominado capitalismo digital no representa un estadio de progreso lineal y pacífico; por el contrario, es un modelo caracterizado por la instrumentalización, el secuestro y la privatización agresiva del conocimiento científico. Este sistema transforma la inteligencia artificial, el big data, las plataformas digitales, el internet de las cosas y la automatización en armas para la concentración desmesurada de la riqueza destruyendo la naturaleza y fuerzas productivas humanas, la vigilancia masiva y la reproducción ampliada de las desigualdades de clase.

No obstante, las herramientas creadas por el intelecto humano no padecen de una maldición ontológica; pues, su actual carácter opresivo es el resultado directo de la estructura política, jurídica y de propiedad capitalista que las rige. La contradicción entre el inmenso carácter social de estas fuerzas productivas y la apropiación cada vez más excluyente de sus beneficios está gestando las condiciones objetivas y subjetivas para un poderoso proceso revolucionario en la organización de la sociedad.

Lograr que la ciencia y la tecnología contribuyan a la emancipación exige una profunda reestructuración democrática de nuevo tipo. Esto implica desmercantilizar el acceso a internet y a las plataformas, declarando la infraestructura digital básica (servidores, redes, algoritmos esenciales) como patrimonio común e inalienable de la humanidad. Asimismo, demanda someter el desarrollo de la inteligencia artificial al control público, ético y laboral, requiriendo que los Estados y los pueblos asuman un enorme esfuerzo de integración política para romper la dependencia a través de la ciencia de código abierto, la educación popular emancipatoria y la soberanía tecnológica decolonial.

Solo cuando se despoje el control científico a los monopolios corporativos —como Silicon Valley o Wall Street— y se oriente la planificación técnica hacia la sostenibilidad ecológica, la reducción del tiempo de trabajo alienado, la salud integral y la dignidad universal, la humanidad podrá superar por fin la prehistoria del capitalismo y utilizar el deslumbrante poder de la ciencia para edificar una sociedad superior y su verdadera emancipación. 

Referencias
· CEPAL. (2023). Extracción e industrialización del litio: Oportunidades y desafíos para América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Naciones Unidas.
· CEPAL y OIT. (2020). El trabajo en plataformas digitales en América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe / Organización Internacional del Trabajo. Naciones Unidas.
· Chamán Portugal, A. A. (2026). Educación, ciencia y tecnología en el ocaso del capitalismo. Inmediaciones. https://inmediaciones.org/educacion-ciencia-y-tecnologia-en-el-ocaso-del-capitalismo/· Galeano, E. (1998). Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Siglo XXI Editores.
· Instituto Juan de Mariana (IJM). (2021). El lenguaje económico (X): Capitalismo. Cita recuperada sobre N. Tesla. https://juandemariana.org· Lenin, V. I. (1914). El sistema Taylor: la esclavización del hombre por la máquina. Put Pravdi (El camino de la Verdad). Obras Escogidas.· Mao, T. (1937). Sobre la práctica: Relación entre el conocimiento y la práctica, entre el saber y el hacer. Ediciones en Lenguas Extranjeras.
· Marx, K. (2007). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1939).
· OIT. (2021). Perspectivas sociales y del empleo en el mundo 2021: El papel de las plataformas digitales en la transformación del mundo del trabajo. Organización Internacional del Trabajo.
· Srnicek, N. (2018). Capitalismo de plataformas. Caja Negra Editora.
· Vega Cantor, R. (2012). La «sociedad del conocimiento»: una falacia del capitalismo contemporáneo. Herramienta (Revista de debate y crítica marxista). Recuperado de archivos del pensamiento crítico latinoamericano.