Cuando se habla de las circunstancias históricas de la “democracia”, el “derecho liberal”, etc., se tiene como objetivo ver, en retrospectiva histórica, cómo surgieron y para qué esa llamada “democracia”, “libertad” o “imperio de la ley”.
La ignorancia y la alienación no son argumentos válidos; por el contrario, es necesario conocer el accionar de las causas y efectos en una sociedad de clases.
La democracia liberal, el derecho liberal formal, nacen como respuesta al sistema feudal, que era absolutista, no en función de la libertad del siervo o del esclavo de esos tiempos, ni de una libertad democrática para la clase obrera o explotada. ¿Acaso no era una lucha a muerte entre una clase (feudal) que moría y una nueva clase (burguesía) que nacía y emergía como nueva clase en el poder, construyendo una nueva sociedad? ¿Era revolucionaria en comparación con el sistema feudal? ¡Sí! Nadie en su sano juicio podría negarlo.
En una sociedad de clases, tal como lo es hoy, no se puede pretender avanzar a favor del pueblo sin tomar conciencia, con seriedad y responsabilidad, de esta lucha constante; caso contrario, la “rebeldía sin causa”, aun siendo supuesta “rebeldía”, solo serviría para reforzar que se aprieten aún más los grilletes o las cadenas opresivas.
Hoy debemos ver con objetividad, analizar y concluir: el derecho liberal y la democracia formal, ¿cómo están hoy? Y, en contraparte, ¿qué significan el securitismo, el militarismo, el control social, el autoritarismo, los fascismos, etc.? ¿Y cómo estos se contradicen con la llamada “democracia” y “libertad”? En estas circunstancias, ¿dónde queda esa democracia, el voto?
Hay seis tesis del sistema-mundo respecto a todo ello, y no es el “voto democrático” lo que quieren o pretenden, ni las “libertades” que se pregonan, sino una imposición absoluta de poder en circunstancias de supervivencia del sistema. Ya otros hablan del tecno-feudalismo, etc.
Es un asunto de supervivencia del sistema capitalista en su fase imperialista, que vive una crisis general. Digo “general” porque no es momentánea; es una crisis del sistema-mundo, una crisis civilizatoria. ¿Se sabe, se tiene conciencia de lo que significa ello?
No se puede hablar irracionalmente ni promover “voto” y “voto” sin comprender el momento actual del sistema-mundo, su “democracia”, su “imperio de la ley”, su “derecho”.
Si no, veamos lo que pasa en el mundo: EE. UU. pasa por encima del derecho internacional, de convenciones, tratados, etc. ¿Rige el imperio de la ley, el derecho? ¡No! Rige el darwinismo social, la ley del más fuerte, del poder puro y duro.
Veámoslo en nuestro hemisferio: con sus elecciones “soberanas”, viene un imperio, secuestra a su presidente y pone de rodillas a toda la cúpula, bajo la amenaza de aniquilarlos si no obedecen a su amo. O lo que ocurre en Ecuador, Bolivia, Argentina, etc. ¿Dónde queda la llamada democracia? O incluso en el mismo seno de EE. UU., donde la libertad y la democracia son una quimera, donde prevalece la seguridad interna, razón por la cual hay censura, persecución e incluso aniquilación selectiva del oponente; o en la misma Europa.
Uno no puede ser más esclavo de lo que ya es, ni pensar y vociferar “voto”, “voto”, cuando no hay condiciones reales para una verdadera representación popular de clase.
Si las reglas del dominante son absolutas en todos los poderes del Estado, ¿tiene sentido votar?
Más bien, la preocupación debería ser organizar la miseria en una poderosa organización de clase: su sistema, su dirección, sus bases, para detentar el poder en una franca confrontación; y, una vez ganada esa lucha, establecer nuevas reglas, las reglas de quien vence en el campo de batalla, para transformar la sociedad al servicio de los millones de explotados y oprimidos.
Eso implica, en lo inmediato, generar otras circunstancias para la participación política real del pueblo; y eso es hablar de una nueva Constitución, vía una Asamblea Constituyente, cambiar la correlación de fuerzas a favor del pueblo, pero con poder real y organizado, no con movimientos espontáneos que solo aparentan tener poder.
Por tanto, se demanda organización, dirección, plan y metas.
En pleno Siglo XXI, los EE. UU. continúan su visión de dominio expansionista. Por ello, en la medida que se gesta un cambio en el tablero de la geopolítica mundial, el Gobierno norteamericano busca incidir con mayor persistencia en América Latina y el Caribe, como su área de influencia e interés desde la creación de la Doctrina Monroe hace más de 200 años.
En ese sentido, en las nuevas Estrategias de Seguridad Nacional de los EE. UU. (2025), se expone: “Queremos mantener el inigualable ‘poder blando’ de Estados Unidos, mediante el cual ejercemos una influencia positiva en todo el mundo que promueve nuestros intereses. Al hacerlo, no nos disculparemos por el pasado y el presente de nuestro país…”. Asimismo, plantea: “Queremos asegurar que el hemisferio occidental permanezca razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a los Estados Unidos; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que permanezca libre de fuerzas extranjeras hostiles. La incursión o la propiedad de activos clave que sustentan cadenas de suministro críticas; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, haremos valer y aplicaremos un ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe…”, lo que sugiere acciones que conllevan a mayor control territorial a través de fuerzas militares, políticas, sociales y económicas.
Actualmente, EE. UU. tiene la necesidad de dominio sobre el territorio nuestroamericano; por ello, los últimos movimientos políticos que se han suscitado en la región han sido favorables para sus pretensiones imperiales e injerencistas, ya que se alinean con sus intereses.
En el marco de la Cumbre “Escudo de las Américas”, el Secretario de Guerra Pete Hegseth aseveró: “El presidente Trump ha dibujado un nuevo mapa estratégico desde Groenlandia hasta el Golfo de América, hasta el Canal de Panamá y los países que los rodean. En el Departamento de Guerra llamamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación soberana y territorio al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no es parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato”. Significa que bajo la Doctrina Monroe se pretende imponer una “tesis de seguridad” ajena a las necesidades y realidades de Nuestra América, gracias a la inacción de los Gobiernos de la Región, lo cual será perjudicial para los Pueblos.
Esta nueva área de influencia delineada por la Casa Blanca pasa por Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, México, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador. De esa manera, se compromete la soberanía y la autodeterminación de estos países, ya que representa un peligro para el interés nacional de cada nación.
Al final de esta historia, serán los Pueblos quienes pagarán el costo de estas decisiones, debido a que van en detrimento de sus derechos y desarrollo, para darle paso a la expoliación de sus recursos económicos y sujeción a mayor control militar que impida cualquier intento de rebeldía de los Pueblos.
Por tal motivo, nos acercamos cada día a un panorama oscuro, que podría retrotraernos a la época de persecución del movimiento popular, pérdida de los derechos y acrecentamiento de la desigualdad social.
Las medidas autoritarias de un gobierno de ultraderecha, que hoy eleva de forma criminal el valor de la bencina, petróleo, gas y kerosene, golpean aún más la ya empobrecida situación del pueblo.
Se afirma que (Kast) “gobierna para el país y no para unos pocos”; sin embargo, las medidas unilaterales pasaron por encima del Congreso, el cual debía, en pleno debate y con los “representantes del pueblo”, aprobar o desaprobar dichas disposiciones.
El bencinazo criminal solo sirve para golpear a los más pobres, empeorando su subsistencia debido al alto costo de vida.
Mientras tanto, se rebajan impuestos al 1% de la población súper rica y a las transnacionales, pasando del 27% al 23%. No obstante, en el discurso mentiroso se afirma que “no hay plata” o que el “Estado está quebrado”.
Mientras no se utilicen las capacidades del Estado para defender a los más pobres, es evidente que no servirá para ello, dado que es un Estado al servicio del gran capital nativo y de las grandes transnacionales; es un Estado opresor y explotador, que contribuye a pauperizar la vida de millones de personas.
Dicen que no hay recursos, pero, contrariamente, aumentan los sueldos millonarios de sus asesores y agrandan las ganancias de los súper ricos, debido a las mayores sobreganancias en el negocio de los recursos energéticos, así como de las corporaciones distribuidoras, retail, bancos, portuarias, empresas de aviación, mineras, entre otras.
No solo se eleva el costo de vida para los más pobres, sino que también se pretende retrotraer los derechos fundamentales del pueblo, conquistados tras décadas de intensa lucha e incluso sacrificios de vidas. Hoy se plantean recortes presupuestarios del 3% en salud, educación, trabajo, vivienda y obras públicas.
Asimismo, se aplican recortes a la fiscalía y a la contraloría, debilitando su supuesta “lucha contra la delincuencia”. Se retiraron 40 decretos de protección ambiental, permitiendo que las corporaciones actúen con total libertad para extraer recursos naturales sin importar las consecuencias.
Se pretende quitar la gratuidad en la educación para mayores de 30 años, mientras se eliminan impuestos a las sobreganancias del capital.
El argumento es la guerra en Medio Oriente. Dicho sea de paso, una guerra injusta avalada por este gobierno fascista, apañador de violadores, pedófilos, genocidas, descendiente nazi, pinochetista y ultrarreaccionario.
El Banco Central de Chile ya ha entregado cifras sobre la inflación derivada de este bencinazo criminal. Para 2026, el pronóstico inicial era de una inflación del 3,2%, pero con estas medidas subiría al 4%. Asimismo, la proyección de crecimiento para 2026, que debía ser del 2,5%, se reduce al 2%, mientras que la inversión cae del 4,9% al 4%.
Ante esta ofensiva del gobierno de ultraderecha y fascista de Kast, 26 alcaldes ya se han movilizado, enviando un documento de protesta como presión política para oponerse a la rebaja de impuestos a los súper ricos. Mientras tanto, el pueblo comienza a intensificar su protesta con cacerolazos masivos, convocatorias a manifestaciones en las calles y movilizaciones de estudiantes y organizaciones populares en rechazo a estas medidas criminales y al recorte de derechos y conquistas.
Lo cierto es que un Estado opresor y explotador, un Estado capitalista, jamás servirá a los intereses del pueblo. Por tanto, la historia y la lucha de los pueblos demandan construir un Estado cuyo fin sea servir a los intereses populares, el cual debe ser conquistado mediante luchas más elevadas y revolucionarias. Para ello, se requiere una organización proletaria que conduzca y defienda al pueblo, lo lleve, en un proceso revolucionario, a la conquista del poder e instaure una sociedad socialista. Esto implica asumir el marxismo-leninismo-maoísmo y rechazar ideologías que prolongan el sufrimiento, el hambre y la miseria del pueblo.
La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía es a muerte. No se trata, pues, de un juego de palabras en el que se haya hecho creer que la clase obrera es clase media, encubriendo así la más vil explotación y opresión. Se busca negar el papel histórico de la clase obrera en la transformación de la sociedad conforme a sus intereses, separarla de su ideología y programa histórico, así como de sus objetivos de lucha: la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista rumbo al comunismo.
Para entender lo que está ocurriendo en este momento en Oriente Próximo, en lo concerniente a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, es necesario remitirse a los acontecimientos del 3 de enero de 2026.
Lo primero que debemos considerar es que debe prevalecer la memoria histórica sobre la invasión de Estados Unidos al territorio venezolano, una “herida abierta” que ha marcado el curso del desarrollo de los hechos que se suscitan en Nuestra América y el mundo.
La aventura belicista de Norteamérica e Israel jamás se hubiese gestado sin antes golpear la soberanía de Venezuela, lo cual concluyó con el cometimiento de crímenes de guerra y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia.
En ese sentido, queda evidenciado que las narrativas y las acciones de falsa bandera a las cuales fue sometido el pueblo venezolano tuvieron como principal motivación el aseguramiento energético de la Casa Blanca, previendo los escenarios que se podrían desencadenar en el conflicto entre la alianza Estados Unidos-Israel contra el país persa.
Se trata de una guerra que se ha prolongado en detrimento de los intereses norteamericanos e israelíes para el posicionamiento de sus influencias en Oriente Medio, sobre todo en lo que concierne al control del estrecho de Ormuz. Venezuela representa un punto focal para el equilibrio energético de Estados Unidos.
Ante todo, ese panorama de conflictividad, que ha causado “daños colaterales” como el arrase de infraestructura, la muerte de civiles, una crisis económica global, el desprestigio y la pérdida de credibilidad de la alianza Estados Unidos-Israel, así como la violación sistemática del derecho internacional, subyace una pugna de poder: la disputa por el control del petróleo a nivel mundial, que permita el sostenimiento de un modelo social y económico causante de grandes desigualdades.
Cuarenta y siete años después de la Revolución Islámica, Irán sigue siendo el hueso más duro de roer para el decadente imperialismo estadounidense y el genocida régimen sionista. No porque posea el ejército más poderoso del mundo, pues no lo es, ni porque su economía sea una de las más robustas, tampoco lo es, sino porque logró superar sus limitaciones, resolver importantes problemas y estar venciendo las perversas agresiones. La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero de 2026 no ha logrado doblegar a la milenaria nación persa; por el contrario, ha revelado la capacidad de su resistencia, la solidez de su proyecto de desarrollo nacional y la justeza de una causa que trasciende sus fronteras.
I. La resistencia en base la justicia histórica y legitimidad moral
La guerra actual no comenzó el 28 de febrero de 2026. Comenzó en 1953, cuando la siniestra CIA y el cruel MI6 derrocaron al gobierno democrático de Mohammad Mosaddeq para restaurar la dictadura del lacayo shah y asegurar el control estadounidense del petróleo iraní. Comenzó con el apoyo de Estados Unidos a Saddam Hussein durante la instrumentalizada guerra Irán-Irak (1980-1988), que produjo más de un millón de asesinados. Recordemos que se inició con décadas de sanciones criminales que, según organismos internacionales, constituyen un repudiable acto de guerra económica contra la población civil.
La agresión que hoy se vive —el asesinato del ayatolá Seyyed Ali Jamenei y otros destacados líderes políticos y militares, el bombardeo terrorista de la escuela de niñas en Minab que segó la vida de 175 pequeñas— no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena de agresiones imperialistas que se remontan a más de siete décadas y que han devenido en su modus operandi.
Irán no lucha contra el régimen sionista de Israel por odio, sino por justicia. La causa palestina se constituye en un imperativo moral e islámico, por lo que entienden que defender a los oprimidos es una cuestión imperativa de justicia, así como, defender a Dios. Como explicó el analista Aakar Patel: «Israel es hoy lo que Sudáfrica era hace 40 años, pero peor. Es un Estado de apartheid culpable de genocidio según muchas organizaciones de derechos humanos».
El Eje de la Resistencia —Hezbolá en Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Palestina, Ansarulá en Yemen— es una alianza soberana de pueblos oprimidos que han decidido resistir y enfrentar la agresión sionista. Yemen, digna y heroica, ha realizado innumerables marchas semanales en apoyo a Palestina. Líbano ha resistido devastadores ataques del sionismo desde el inicio de la guerra. Y todos ellos aprecian a Irán como un faro de combatividad que legitima su justa causa en términos de dignidad nacional, soberanía y solidaridad internacionalista.
II. Factores estructurales como el desarrollo científico-tecnológico bajo asedio
Irán ha logrado un desarrollo científico y tecnológico sin precedentes en la historia de las naciones oprimidas sometidas a bloqueo. Mientras las funestas e ilegales sanciones pretendían asfixiar su economía, el pueblo iraní convertía la necesidad en virtud. Como declaró el presidente Masoud Pezeshkian: «El futuro económico de Irán depende de construir una economía post-petrolera arraigada en el progreso tecnológico, la innovación científica y las lecciones extraídas de socios internacionales, particularmente los estados miembros de los BRICS y la SCO».
El desarrollo autóctono se ha materializado en áreas estratégicas como: a) Tecnología nuclear con fines pacíficos, b) Industria militar autóctona, c) Biotecnología y nanotecnología, d) Inteligencia Artificial en la que el gobierno iraní la ha priorizado como el desarrollo de una herramienta estratégica para el progreso nacional, invirtiendo en centros de investigación, formación de capital humano y aplicaciones en sectores como la defensa, la medicina y la administración pública.
La industria militar iraní ha experimentado un salto cualitativo que ha sorprendido a los analistas militares. En el marco del principio de «defensa basada en capacidades autóctonas», Irán ha desarrollado un arsenal que ha demostrado su efectividad en el campo de batalla. Merece destacarse: a) Programa de misiles balísticos, b) Flota de drones, c) Sistemas de defensa aérea.
El ingreso de Irán a la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) y al bloque BRICS ha marcado un punto crucial en su desarrollo. La cooperación con Rusia y China es la materialización de un nuevo orden bipolar. Mientras Estados Unidos intenta aislar a Irán, China y Moscú, han fortalecido la cooperación tecnológica, energética y militar con la República Islámica. Los siguientes aspectos corroboran lo afirmado: a) Acuerdos energéticos estratégicos en la que China es el principal comprador de petróleo iraní, b) Transferencia tecnológica en la que Rusia ha cooperado en el desarrollo del programa nuclear civil y en sistemas de defensa, mientras que China ha invertido en infraestructura, telecomunicaciones y tecnología satelital, c) Desdolarización de la economía mundial que es acelerada por los BRICS, golpeando el corazón del poder financiero yanqui. Las transacciones en yuanes, rublos y riales están erosionando el monopolio del dólar.
III. Estrategia de guerra mediante firmeza, resolución y ventajas geoestratégicas
El analista Robert Pape, de la Universidad de Chicago, ha explicado con lucidez por qué la prolongación del conflicto favorece a Irán. Pape plantea que Irán está expandiendo el alcance, la geografía y la duración del conflicto para transformarlo de una confrontación militar directa en una prueba de resistencia política.
Irán no busca derrotar militarmente a Estados Unidos e Israel en una confrontación convencional —es consciente que resulta muy difícil—, sino imponerles un costo político y económico insostenible. Las herramientas de esta estrategia incluyen: a) Cierre táctico del estrecho de Ormuz, afectando el 20% del petróleo refinado mundial y presionando los precios energéticos globales, b) Ataques a infraestructura petrolera en el Golfo, golpeando a los aliados árabes de Estados Unidos y generando costos económicos que erosionan la voluntad de la coalición, c) Capacidad de golpear bases estadounidenses en la región.
Irán ha demostrado una firmeza singular que ha desconcertado a los estrategas militares invasores. A pesar de los bombardeos masivos que han golpeado su infraestructura energética, instalaciones nucleares y sensibles centros urbanos, la respuesta iraní ha sido inmediata, coordinada y letal. ¿Cómo? Ha tenido la capacidad de asestar contundentes: a) Golpes a bases militares estadounidenses, b) Ataques con misiles y drones contra la embajada yanqui en Irak, Kuwait y centros estratégicos en sus países aliados del Golfo Pérsico, c) Arremetida contra infraestructura clave del régimen sionista mediante misiles balísticos que han impactado en refinerías en Haifa, el puerto de Ashdod, la base aérea de Nevatim y el centro de investigación nuclear en Dimona.
El estrecho de Ormuz es, probablemente, la ventaja geoestratégica más importante de Irán, ya que por este angosto paso transita aproximadamente el 20% del petróleo refinado mundial y el 13% de los productos químicos, incluidos fertilizantes. Irán ha demostrado, irrefutablemente, su capacidad de controlar idóneamente este punto vital e imponer sus condiciones.
IV. La solidaridad internacionalista de las naciones oprimidas y los pueblos del mundo
La combatividad y resistencia de Irán representa a la de todas las naciones oprimidas y pueblos del mundo que se niegan a doblegarse ante el imperialismo y el sionismo. Identifican la resistencia iraní como un reflejo de sus propias luchas contra el genocidio, el bloqueo y la agresión. Se tiene: a) Cuba, resiste el bloqueo criminal desde hace más de seis décadas, siendo un pueblo generoso que ha enviado brigadas médicas a muchos países del mundo en plena pandemia del COVID19, b) Venezuela, enfrenta la agresión imperialista en su propio territorio, con sanciones diversas que han buscado asfixiar su economía sin lograr doblegar su soberanía. Hoy su presidente Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores se encuentran secuestrados, c) Palestina, lucha y resiste el genocidio y demás atrocidades del sionismo de Israel, d) Yemen, en su solidaridad con Palestina ha declarado que continuará atacando buques estadounidenses e israelíes hasta que cese la agresión contra Irán, e) Líbano, Hezbolá enfrenta a las fuerzas armadas terroristas del régimen sionista.
La solidaridad internacionalista no es retórica, sino es la garantía de que los pueblos del mundo puedan resistir y vencer. Como sentenció el líder palestino Fathi Shaqaqi, la lucha contra el imperialismo, la occidentalización y el sionismo es una sola. Y la unidad de los pueblos oprimidos es la garantía de la victoria.
V. Las condiciones de Irán para la paz son una propuesta de justicia
Irán no busca la guerra, pero ha demostrado fehacientemente que no teme a quienes la imponen. Como ha declarado el canciller Abbas Araghchi, la República Islámica está dispuesta a negociar el fin de las hostilidades bajo condiciones claras y justas. Estas son las cinco condiciones que Irán impondría para la paz: Condición 1: Levantamiento total e incondicional de todas las sanciones económicas, financieras, comerciales y tecnológicas impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados contra Irán deben ser levantadas de manera inmediata y sin condiciones, Condición 2: Desmantelamiento de las bases militares estadounidenses en los países del Golfo Pérsico. La presencia militar extranjera en la región es una amenaza permanente a la soberanía iraní y a la estabilidad de Medio Oriente, Condición 3: Fin de la ocupación israelí de territorios palestinos y libaneses, remarcando el derecho de los pueblos palestino y libanés a la autodeterminación y a la soberanía plena sobre sus tierras debe ser respetado, Condición 4: Compensación por los daños causados durante décadas de agresión por Estados Unidos e Israel que deben compensar a Irán por las pérdidas económicas, humanas y materiales sufridas durante más de cuatro décadas de agresión, Condición 5: Garantías internacionales de no agresión futura, respaldadas por Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad, de que Estados Unidos e Israel no volverán a atacar a Irán ni a sus aliados en el Eje de la Resistencia.
Conclusión
La República Islámica de Irán ha confirmado que la victoria sobre el genocida imperialismo yanqui y el terrorista régimen sionista no depende de la superioridad militar convencional, sino de la capacidad de combinar:
Una base moral y jurídica sólida, puesto que la justeza de la causa genera solidaridad internacional y erosiona la legitimidad de los genocidas agresores.
Desarrollo científico-tecnológico autóctono, siendo que la inversión en educación, investigación e innovación permite romper el monopolio tecnológico del imperialismo.
Avances militares disuasivos a través de misiles hipersónicos, drones de precisión y sistemas de defensa aérea que han demostrado su capacidad de golpear eficazmente a los enemigos.
Ventajas geoestratégicas como el control del estrecho de Ormuz y capacidad de cerrar el 20% del petróleo refinado mundial, lo que convierte cualquier escalada en un problema global.
Firmeza y resolución en el campo de batalla mediante golpes directos a bases militares estadounidenses en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar y Arabia Saudita, así como bombardeos contra infraestructura clave del régimen sionista en Haifa, Tel Aviv y Dimona.
Articulación con otras naciones oprimidas y pueblos del mundo, así como, la cooperación con Rusia, China y parte de los BRICS que proporciona un contrapeso político y económico.
Unidad nacional y cohesión del tejido social frente a la agresión externa, cuyo efecto de cerrar filas en torno a la nación neutraliza las divisiones internas y fortalece la cohesión social.
El mundo identifica en Irán un símbolo de combatividad y resistencia contra el genocidio imperialista y sionista, desde Cuba hasta Venezuela, desde Palestina hasta Yemen.
Como declaró el canciller Araghchi ante la Asamblea General de la ONU: «La República Islámica de Irán no ha comenzado esta guerra, pero defenderá sus derechos hasta el final. No buscamos la confrontación, pero no tememos a quienes nos amenazan. Nuestra paciencia no es debilidad; nuestra resistencia, sí es fortaleza».
La guerra que comenzó el 28 de febrero de 2026 no será la última agresión del imperialismo y sionismo contra Irán, no obstante, si algo ha quedado claro en estas semanas de bombardeos y sangre es que la nación iraní no se doblega. Ni con sanciones, ni con amenazas, ni con bombas. Porque, como enseñó el Imam Jomeini, la resistencia es un estado del alma, en que la certeza de que, contra todo pronóstico, los oprimidos vencerán. Y mientras haya un solo corazón que lata al ritmo de la justicia, la revolución no habrá terminado.
Referencias
· Araghchi, A. (13 de marzo de 2026). Discurso del ministro de Asuntos Exteriores de Irán en la cumbre de los BRICS sobre el fortalecimiento del multilateralismo, la cooperación económico-financiera y la IA. Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán.
· Aumentan las presiones políticas y económicas mientras continúa la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán. (22 de marzo de 2026). The Jerusalem Post.
· Capacidades militares de Irán: Misiles, drones y sistemas de defensa. (2026). Ministerio de Defensa de Irán.
· Keshavarzian, A. (8 de marzo de 2026). «Este es el momento para nuevas voces de oposición en Irán». il manifesto global.
· Patel, A. (22 de marzo de 2026). ¿Puede «ganar» Irán? ¿Aceptará EE. UU. los términos de Teherán y hará lo correcto? Deccan Chronicle.
· Pezeshkian, M. (2 de marzo de 2026). El gobierno está seriamente decidido a respaldar el desarrollo tecnológico. Mehr News Agency.
· Sobout, A. (8 de marzo de 2026). La lucha de Irán más allá del imperio y el autoritarismo. The Irish News.
· Zunes, S. (2 de enero de 2026). Entrevistas: Las nuevas protestas en Irán. stephenzunes.org.
El anuncio del alza brutal en los costos de la gasolina y el petróleo, ya en proceso, realizado por el gobierno de Kast, afectará a millones de personas pobres, dado que incrementará el costo de vida y pauperizará aún más las condiciones ya miserables de millones de explotados y oprimidos.
Mientras tanto, de manera contraria, se reducen los impuestos a las inversiones del gran capital y a los superricos, que representan el 1% de la población. Incluso en tiempos de crisis, estos sectores, movidos por una avaricia sin límites, no sacrifican un solo peso de sus sobreganancias, obtenidas a partir de una mayor extracción de plusvalía de la masa trabajadora.
El retail, las mineras, los puertos, las empresas aéreas, la gran agricultura y los bancos, entre otros sectores, continúan saqueando al pueblo chileno. Prosiguen en su orgía de ganancias aun en tiempos de crisis. Tal es la moral inhumana de esta clase explotadora y opresora que, contando con un gobierno empresarial y de ultraderecha en la administración, hoy impulsa —y ya pone en marcha— una mayor miserabilización de la vida de millones de personas pobres.
El problema de fondo no radica únicamente en los administradores de este Estado canalla, opresor y explotador, sino en las propias relaciones productivas capitalistas. Se trata de un Estado capitalista sanguinario, instrumento de hegemonía, poder y violencia contra los millones de pobres; un Estado que empobrece más a los pobres y enriquece más a los ricos.
Es un Estado que no sirve a los pobres ni está para ellos, sino para defender a sus accionistas: ese 1% de la población superrica. Este instrumento responde a sus intereses y así ha sido históricamente.
Las relaciones productivas construidas por esta clase antihumana están diseñadas para hacer más ricos a los ricos y mantener en la miseria a los más pobres. En consecuencia, la lucha popular debe apuntar a derrocar este sistema en su conjunto, pero también a enfrentar a la burocracia adicta y defensora de este Estado canalla y de sus amos, pues son estas estructuras las que buscan prolongar las cadenas y los sufrimientos de los pueblos.
Este proceso requiere organizar a las masas y generar conciencia sobre su condición de explotación en el contexto actual. Nada vendrá en su beneficio desde sus opresores; absolutamente nada. Por el contrario, serán objeto de mentiras y engaños para continuar siendo explotadas y oprimidas con mayor saña.
Por tanto, existen grandes tareas para las personas conscientes y comprometidas con el pueblo, quienes deben asumir la responsabilidad de organizar y politizar a las masas.
Hoy corresponde luchar contra el alza del costo de vida, por impuestos a las sobreganancias, por salarios acordes al costo de vida, por la nacionalización de los recursos estratégicos de la nación y por la construcción de un Estado que responda a los verdaderos intereses del pueblo.
Esto implica también la lucha por una nueva Constitución mediante una asamblea constituyente real, no un proceso engañoso. Se debe apuntar al cambio del capítulo económico como base para una transformación verdadera, sin la cual no es posible hablar de cambio alguno.
En cuestión de horas, la política exterior de Donald Trump hacia Irán ha oscilado entre la retórica de aniquilación total y el súbito entusiasmo por el diálogo. Esta volatilidad no responde a una estrategia sofisticada, sino más bien a una reacción táctica frente a un escenario que se le ha vuelto adverso.
Hace apenas días, precisamente el sábado, Trump lanzó un ultimátum de 48 horas a Teherán: reabrir el estrecho de Ormuz o enfrentar la destrucción de su infraestructura energética. En un tono aún más agresivo, afirmó que Estados Unidos ya había “borrado a Irán del mapa” y descartó cualquier interés en negociar. Sin embargo, la respuesta iraní introdujo un elemento clave que alteró el cálculo: la doctrina de reciprocidad directa; ojos por ojo, diente por diente.
Teherán dejó claro que cualquier ataque contra su infraestructura energética sería respondido simétricamente, incluyendo objetivos estratégicos en los territorios ocupados por Israel. Y el derribo del F-35 que hizo caer el mito de superioridad del Ejército de EE.UU. fue el colmo que dio a conocer que no tomar en serio las advertencias de Irán es tirarle de la cola al león.
Esta lógica de “ojo por ojo” no es nueva. Ya se ha manifestado en episodios anteriores, como las reacciones tras ataques a instalaciones energéticas en Pars del Sur, que provocó un similar escenario en Catar o incidentes en las instalaciones nucleares del país persa, respondidos en Dimona y más allá. El mensaje es simple: el costo de la escalada no sería unilateral.
El factor determinante: el mercado energético
Hablando del cambio de postura drástico de Trump, el punto de inflexión no fue diplomático, sino económico. La escalada retórica y militar provocó un aumento inmediato en los precios del petróleo, que superaron los 112 dólares por barril. En un contexto global frágil, esta subida encendió alarmas en los mercados internacionales.
La reacción de Trump fue casi inmediata. De las amenazas pasó a hablar de “conversaciones muy fuertes” y “progresos significativos” hacia un acuerdo. Incluso sugirió la posibilidad de una reunión en el corto plazo.
Entre tanto, desde Irán se negó categóricamente que tales negociaciones hubieran ocurrido. Entre otros funcionarios, Mohammad Bagher Ghalibaf, el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica (el Mayles o Parlamento iraní), negó cualquier negociación con Estados Unidos y afirmó que las declaraciones de Donald Trump tienen fines económicos.
Enfatizó que “las noticias falsas pretenden manipular los mercados financieros y petroleros y salir del atolladero en el que se encuentran Estados Unidos e Israel”.
“Nuestro pueblo exige un castigo total y ejemplar para los agresores. Todos los funcionarios respaldan firmemente a su Líder y a su pueblo hasta que se logre este objetivo”, escribió Qalibaf en una publicación en X.
Medios económicos internacionales interpretaron este giro como un intento deliberado de estabilizar los mercados. De hecho, tras sus declaraciones más conciliadoras, los precios del petróleo registraron caídas significativas: el Brent descendió cerca de un 15%, mientras el crudo estadounidense también retrocedió de forma notable.
Según Axios, lo que el presidente estadounidense denominó “negociaciones directas con Irán” para justificar su retirada fue, en realidad, un intercambio rutinario de mensajes mediado por varios países. El portal Axios informó, citando una fuente estadounidense anónima, que Turquía, Egipto y Pakistán han estado intercambiando mensajes en los últimos dos días como intermediarios entre Estados Unidos e Irán.
Guerra de narrativas vs. realidad estratégica
Este cambio discursivo revela una tensión entre la narrativa política y la realidad estratégica. Trump intenta reposicionarse como un líder que controla la situación y conduce un proceso de negociación exitoso. Sin embargo, múltiples señales apuntan en la dirección contraria.
Los políticos en Estados Unidos, entre los que se destaca el senador demócrata Chris Murphy, han calificado el repliegue como una “señal de preocupación y de debilidad”.
En este contexto, analistas y académicos sostienen que el conflicto no responde a la cuestión nuclear, sino a intereses geopolíticos más amplios, especialmente el control de los recursos energéticos del Golfo Pérsico. Incluso dentro del aparato militar estadounidense, crecen las voces de rechazo a una guerra con Irán, cuestionando su legitimidad y objetivos.
Última trinchera: la guerra psicológica y el intento de compensación
Paralelamente, se observa un patrón complementario: mientras se modera el discurso público, continúan otras formas de presión, incluyendo intrigas u operaciones de inteligencia, campañas de desinformación y intentos para crear fisuras internas en Irán. Esta dualidad sugiere que el cambio no es una desescalada real, sino una recalibración táctica.
Según esta hipótesis, tales maniobras son interpretadas como una guerra psicológica para sembrar dudas en los funcionarios iraníes, con la meta de provocar desconfianza entre ellos para pensar: “¿Quién es tal líder que se contactó con Trump?” o “¿Acaso hay un traidor entre nosotros?”.
En consecuencia, Teherán ha asegurado mantener su postura de alerta y continuidad en el campo operativo.
Conclusión: Retirada en cobertura de diplomacia
El paso de “destruir en 48 horas” a “buscar un acuerdo” no es un giro hacia la paz, sino una retirada encubierta. La presión del mercado energético, el riesgo de una respuesta simétrica y la falta de consenso interno han obligado a Trump a modificar su discurso.
Sin embargo, en lugar de reconocer el fracaso de su estrategia de coerción, Trump intenta reconstruir la narrativa presentándose como arquitecto de una solución diplomática.
La paradoja es evidente: cuanto más insiste en proyectar control, más revela las limitaciones de su posición. En este contexto, Irán no solo se presenta como un actor resistente, sino también como un beneficiario indirecto de una dinámica que ha expuesto la fragilidad de la política estadounidense no solo en la región sino también en el mundo entero, contando con la comunidad internacional que cada vez más se acerca a su doctrina disuasiva.
En última instancia, lo que se observa no es el triunfo de la diplomacia, sino la adaptación forzada de una estrategia que no logró imponerse por la vía de la amenaza militar. Bienvenidos al mundo multipolar…
Por Alex A. Chamán Portugal – Red de Prensa Popular Latinoamericana
Ciudad de México, 21 de marzo de 2026.
En un ambiente de solidaridad internacionalista, dignidad y compromiso político, se llevó a cabo el evento “Tocando el Cielo sin Fronteras, en Solidaridad con Cuba”, en la emblemática Plaza de las Tres Culturas, congregando a un nutrido grupo de organizaciones sociales, activistas, intelectuales, artistas y ciudadanía comprometida con las causas justas de las naciones oprimidas y los pueblos del mundo.
Desde el mediodía, la jornada estuvo marcada por la creatividad, la conciencia de clase y el compromiso político. Papalotes, pancartas y pañuelos ondearon con símbolos de la Revolución Cubana, así como consignas que exaltaron la resistencia, la dignidad y la soberanía del pueblo cubano frente a la agresión imperialista.
El evento contó con la presencia de integrantes del cuerpo diplomático de la hermana República de Cuba, así como de destacadas personalidades como la diputada federal Petra Romero Gómez, activista social y vocera de CONAICOP Nuevo León, y Julio Padilla Sánchez, luchador social y Secretario de CONAICOP México. También participaron defensores de derechos humanos, representantes de la prensa alternativa y popular, artistas, intelectuales y distintos colectivos y organizaciones sociales.
Firme denuncia contra el bloqueo imperialista
Durante el encuentro se pronunció una contundente denuncia colectiva contra el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperialismo estadounidense contra Cuba que, durante más de seis décadas, ha buscado asfixiar a la nación hermana y quebrantar la voluntad de su pueblo.
Los participantes coincidieron en señalar que este bloqueo constituye un verdadero acto de guerra en tiempos de paz, al restringir el acceso a alimentos, combustibles, medicamentos y otros bienes esenciales, afectando directamente las condiciones materiales de existencia de millones de cubanas y cubanos. En el contexto actual, esta política coercitiva unilateral y violatoria del derecho internacional liberal se ha intensificado, profundizando los aprietos económicos y obstaculizando el desarrollo soberano del país.
Cuba como ejemplo de dignidad, resistencia e internacionalismo
En su intervención, la diputada federal Petra Romero Gómez destacó que, a pesar del prolongado asedio, el pueblo cubano ha sostenido una resistencia ejemplar durante más de seis décadas, defendiendo con firmeza su dignidad, su soberanía y su derecho a construir un proyecto social independiente. Agregó que Cuba continúa siendo un referente mundial de solidaridad internacionalista, enviando brigadas médicas y educativas a distintas regiones del planeta, incluso en contextos críticos como la reciente pandemia global.
Asimismo, se planteó que la experiencia cubana demuestra que es posible construir un modelo de sociedad superior basado en la cooperación, la justicia social y la centralidad del ser humano.
Llamado urgente a fortalecer la solidaridad internacionalista
Más allá de la denuncia política, el evento formuló un llamado concreto a fortalecer la solidaridad internacionalista con Cuba. Se convocó a organizaciones sociales y populares, colectivos, trabajadores y ciudadanía en general a sumarse a una campaña permanente de apoyo que contemple la recolección y envío de:
Paneles solares, para contribuir a la soberanía energética.
Alimentos no perecederos, frente a la escasez inducida.
Medicamentos e insumos médicos, para fortalecer el sistema de salud.
Ropa, calzado y artículos de primera necesidad.
Por su parte,Julio Padilla Sánchez, Secretario de CONAICOP México, enfatizó que estas acciones no responden a una lógica asistencialista, sino a un compromiso histórico y político entre pueblos que luchan por su emancipación y autodeterminación.
La solidaridad no tiene fronteras
La jornada concluyó con un mensaje firme y esperanzador: la defensa de Cuba es, al mismo tiempo, la defensa del derecho de todos los pueblos del mundo a vivir con dignidad, libres de injerencias externas y de toda forma de dominación.
“Si el imperialismo intenta aislar a Cuba, los pueblos del mundo responderán construyendo puentes de solidaridad indestructibles”, fue una de las consignas más resonantes del encuentro.
¡Rompamos el bloqueo con la fuerza de la solidaridad internacionalista!
La historia de los últimos siglos revela una de las contradicciones más profundas del moribundo orden capitalista mundial, puesto que mientras las potencias capitalistas e imperialistas enarbolan el discurso de los Derechos Humanos como bandera de la civilización burguesa, en la práctica despliegan políticas criminales de guerra, saqueo, dominación y opresión que niegan el derecho más elemental de los pueblos que es la libre autodeterminación y su existencia soberana. Los Derechos Humanos no constituyen una cuestión neutra ni universal en abstracto, sino un terreno de disputa ideológica y política atravesado por la gran ley de la lucha de clases en los escenarios económico, político e ideológico. En palabras de Marx (1844/2005), bajo el capitalismo, estos derechos se reducen frecuentemente a la protección del individuo burgués y de la propiedad privada, en detrimento de la emancipación de las masas populares.
El imperialismo como negación estructural de los derechos de los pueblos
Las constantes agresiones del imperialismo estadounidense y sus aliados de la OTAN y su engendro sionista contra naciones oprimidas como Irak, Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Líbano y muchas otras más, evidencian que el llamado orden internacional basado en reglas (burguesas) maniobra como un mecanismo de imposición violenta de intereses capitalistas e imperialistas. La genocida invasión de Irak en 2003, la destrucción de Libia en 2011 o la prolongada cruel guerra en Afganistán no solo implicaron millones de víctimas (asesinados y heridos), sino la demolición de estructuras económicas y sociales, así como, culturales y políticas enteras.
En este contexto, la tesis de Lenin, maestro del proletariado, (1914/1975) referente al derecho de las naciones a la autodeterminación adquiere plena vigencia, ya que no puede existir Derechos Humanos reales sin soberanía política y control de los recursos naturales por parte de los pueblos. El depredador sistema capitalista y su fase imperialista niegan groseramente este principio, suplantándolo por regímenes lacayos subordinados o por el caos funcional a la feroz acumulación capitalista.
Asimismo, las arbitrarias sanciones económicas impuestas contra países como Venezuela, Cuba e Irán, entre otros, constituyen formas actuales de guerra no convencional que refleja la paz de los cementerios que les imponen a los pueblos. Lejos de ser medidas diplomáticas, configuran verdaderos mecanismos de estrangulamiento económico que vulneran derechos fundamentales como la salud, la alimentación, el trabajo digno, la educación pública, etc. Tal como denunciaba Fidel Castro (1992), se castiga a pueblos enteros por ejercer su soberanía. En la misma línea, Thomas Sankara (1987) advirtió que la condicionante deuda externa y las sanciones son instrumentos de dominación neocolonial que condenan a los pueblos a la pobreza estructural.
Sionismo, sometimiento y la negación del derecho a la existencia
En Asia Occidental, las atroces condiciones de existencia del pueblo palestino constituyen una de las expresiones más crueles de la negación de los derechos de los pueblos. La terrorífica ofensiva militar contra Palestina, así como las agresiones en Líbano y Yemen, deben ser comprendidas dentro de una lógica de ofensiva imperialista en la que el sionismo opera como enclave estratégico de dominación regional. Son más de siete décadas de genocidio y atrocidades contra Palestina.
No es posible separar la cuestión de los Derechos Humanos del derecho a la vida digna, a la tierra, al territorio y a la autodeterminación de los pueblos. Como sostenía el amauta José Carlos Mariátegui (1928/2007), la base material de la justicia social radica en la relación del pueblo con su tierra. Así, la expropiación, ocupación y fragmentación del territorio palestino representan, por tanto, una negación estructural de su condición de pueblo.
La narrativa hegemónica liberal-capitalista, que pretende universalizar los Derechos Humanos, se fractura frente a esta realidad, ya que se establecen jerarquías implícitas entre “vidas dignas de ser protegidas” y “vidas sacrificables”. En este marco, la afirmación del maestro Mao Tse-tung (1938/1976) cobra una dimensión concreta, puesto que los derechos no son concesiones del poder, sino conquistas históricas que emergen de la resistencia organizada de los pueblos.
La ofensiva interna del capitalismo contra sus propios pueblos
La violencia reaccionaria del sistema capitalista no se limita a la periferia conformada por las naciones oprimidas y pueblos del mundo, sino que también se manifiesta en el interior de las propias potencias capitalistas e imperialistas. En Estados Unidos, amplios sectores de la población ven vulnerados derechos esenciales como el acceso al trabajo, la salud, la educación, la vivienda y la seguridad. La mercantilización de la vida convierte derechos fundamentales en privilegios condicionados por la capacidad de pago.
A lo anterior se suma una creciente restricción de la libertad de pensamiento y expresión, así como, a la libre organización. La censura mediática, la manipulación algorítmica y la persecución de voces disidentes configuran un autoritario escenario donde la democracia liberal revela sus límites estructurales. Como advertía Rosa Luxemburg (1918/2008), la libertad auténtica solo existe cuando incluye a quienes piensan diferente; sin embargo, el neoliberalismo tiende a homogeneizar la conciencia social para reproducir las relaciones de dominación.
En este sentido, el capitalismo, en su fase neoliberal y financiarizada, desencadena una ofensiva integral contra los derechos humanos, tanto en el centro como en la periferia del sistema, subordinando la vida humana a la lógica depredadora de la acumulación capitalista.
Hacia una reapropiación popular de los derechos humanos
Frente a esta injusta problemática, resulta un imperativo resignificar los Derechos Humanos desde una perspectiva de los pueblos y no de las clases explotadoras. No se trata de rechazar su validez, sino de disputar su contenido y orientación histórica. Los Derechos Humanos solamente pueden adquirir un carácter emancipador cuando se articulan con la lucha por la soberanía, la justicia social y la transformación estructural del sistema capitalista.
Como planteaba el Che Guevara (1964), la verdadera solidaridad internacional se construye desde la acción concreta de los pueblos en lucha. En esa misma dirección, la aspiración a una humanidad digna —evocada poéticamente por el poeta comunista César Vallejo (1939/1988)— solo será posible en un orden mundial que supere la explotación capitalista, el infame imperialismo y toda forma de dominación.
En definitiva, los derechos de los pueblos y los derechos humanos no pueden seguir siendo instrumentos retóricos del poder capitalista e imperialista, puesto que deben convertirse en banderas de lucha de los pueblos del mundo en su camino hacia la emancipación histórica.
Referencias
Castro Ruz, F. (1992, 12 de junio). Discurso en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Río de Janeiro, Brasil.
Guevara, E. (1964, 11 de diciembre). Discurso en la XIX Asamblea General de las Naciones Unidas. Nueva York, Estados Unidos.
Lenin, V. I. (1975). Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1914).
Luxemburg, R. (2008). La revolución rusa. Akal. (Obra original publicada en 1918).
Mao, T. (1976). Citas del Presidente Mao Tse-tung. Ediciones en Lenguas Extranjeras. (Obra original publicada en 1938).
Mariátegui, J. C. (2007). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Minerva. (Obra original publicada en 1928).
Marx, K. (2005). Sobre la cuestión judía. Prometeo Libros. (Obra original publicada en 1844).
Sankara, T. (1987, 29 de julio). Discurso ante la XXV Cumbre de la Organización para la Unidad Africana. Adís Abeba, Etiopía.
Vallejo, C. (1988). Poemas humanos. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1939).
Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual giró en torno al poderío de Estados Unidos en función de proteger a sus aliados europeos tras el conflicto bélico.
Es importante señalar que una de las motivaciones que llevó a la configuración de esta alianza militar fue frenar lo que ellos denominaban el expansionismo de la Unión Soviética, la cual representaba —según su narrativa— una amenaza para Europa.
Por más de siete décadas, 31 países del continente europeo han puesto sobre los hombros de Estados Unidos la seguridad de sus territorios, afianzando sus relaciones militares, económicas y políticas en nombre de la libertad.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, un hecho histórico en el relacionamiento entre Washington y sus aliados de la OTAN ha marcado un distanciamiento que impacta directamente la influencia estadounidense sobre Europa.
Recientemente, el gobierno de Donald Trump ha mostrado interés en apropiarse de Groenlandia, ya sea mediante la fuerza o a través de una negociación. Esta pretensión representó una amenaza directa sobre el territorio groenlandés y sobre Dinamarca, país miembro de la Alianza. Desde entonces, se instaló una fricción en el seno de la OTAN debido a la postura adoptada por la Casa Blanca.
Lo que comenzó con la intención de convertir a Groenlandia en el estado número 51 de Estados Unidos ha desencadenado una férrea posición de los países de la OTAN, que se niegan a sumarse al llamado de Trump para intervenir militarmente contra Irán, específicamente en la necesidad de abrir —mediante una coalición militar— el estrecho de Ormuz, por donde transita el 19% de todos los productos refinados del petróleo que se consumen en el mundo, así como el 13% de los productos químicos, incluidos fertilizantes. Esta situación ha afectado sensiblemente a la economía global.
Ante esta realidad, los países de la OTAN muestran cada día mayor resistencia a formar parte de la guerra en Medio Oriente. Han expuesto que se trata de un conflicto que pertenece a Israel y que está fuera de su jurisdicción. Además, sostienen que no existen argumentos convincentes para una escalada bélica, tal como lo han manifestado el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz.
En este sentido, estamos frente a lo que podría conocerse como el primer quiebre en las relaciones históricas entre Estados Unidos y la OTAN, lo cual derivaría en la pérdida de la influencia que durante décadas ha sostenido la política norteamericana sobre Europa.