Tal como transcurre el proceso electoral, la llamada «voluntad popular» debería imponerse una vez que se emite el voto, con la contabilidad correspondiente y sin trampas, lo cual debería reflejarse en el conteo oficial de la ONPE. Pero esa «voluntad popular» es hecha añicos, es burlada de frente, sin tapujos ni disimulos. Esto se expresa, por ejemplo, cuando quienes mandan en el Perú —los bancos, los industriales y las corporaciones nacionales e internacionales— se orinaron en esa «voluntad popular» respecto al referéndum sobre la bicameralidad, en el cual ganó un rotundo rechazo a dicha propuesta. Es una muestra nítida y clara de que no les importa esa «voluntad popular», ni en el caso del referéndum ni en el de las urnas, como ocurrió con el profesor Pedro Castillo.
Es más, el referéndum es un hecho político consumado que debería ser la expresión más máxima y democrática de esa «voluntad popular», por encima de todo poder formal. Sin embargo, a través del Poder Legislativo, se limpiaron el moco —para no decir otra cosa— con esa «voluntad popular».
Esto quiere decir que, a partir de ese hecho político, ya venían preparando el escenario para lo que hoy sucede en estas elecciones: buscaban que la ultraderecha pateara el tablero. Dado el escenario que calculaban, preveían un rotundo rechazo hacia esa propia ultraderecha, un repudio expresado desde antes en los altos porcentajes de desaprobación a los tres poderes del Estado, y mucho más aún hacia el Ejecutivo y el Legislativo.
Evidentemente, parte de esa planificación era la dispersión del voto, para luego llegar, al final, a una competencia de ultraderecha contra ultraderecha.
La razón fundamental era, y sigue siendo, mantener el poder en manos de las corporaciones nacionales e internacionales, y que el botín del Estado continúe bajo el control de esos agentes para proseguir con el saqueo de todo un país.
Ante la posibilidad de una nueva Constitución, están dispuestos hasta a dar un golpe de Estado. Como ya se sabe desde hace tiempo, declararon a las FF. AA. como garantes de la «democracia»; unas FF. AA. dirigidas y digitadas por la embajada norteamericana.
Hoy, en medio de estas elecciones, persisten en que la segunda vuelta sea de ultraderecha contra ultraderecha. Para ello, usan todas las triquiñuelas, trabas, y hasta la posibilidad de invalidar esta elección, con el fin de revertir el escenario posible (hasta ahora) entre la ultraderecha y JP, donde muy probablemente esta rancia y desalmada ultraderecha perdería el control del Poder Ejecutivo.
Todo esto, además de persistir en premiar a la «chica» con la presidencia, en pago por su constante y consecuente servilismo al imperialismo y a las corporaciones regionales y nacionales. Y muy aparte de permitirle seguir acumulando millones en sus arcas personales, porque todas sus decisiones y determinaciones desde el Parlamento, y desde otros poderes donde influye, representan un contante y sonante flujo de millones hacia su cartera. Es así como funciona esa llamada «democracia».
Por lo tanto, la «voluntad popular» sirve en la medida en que no altere ni ponga en juego los grandes intereses de estas corporaciones; en caso contrario, estas la desconocen sin miramientos. Si hay resistencia, entonces mandan a matar al pueblo por medio de sus FF. AA., lo enjuician y lo criminalizan hasta apagar esa resistencia democrática mediante una legislación punitiva y fascista, como lo es el derecho penal del enemigo.
Esa es la farsa que hoy está en marcha a la vista de todos; que no la quieran ver es otra cosa. ¿Son conscientes las izquierdas? Parece que no les interesa más que seguir el juego, movidas por aspiraciones personales, arribismos y afanes. Porque, de lo contrario, otra sería la actitud y otra la determinación política; como, por ejemplo, activar la Asamblea Constituyente de forma unilateral por parte del frente popular, con sus propios liderazgos y en un frente común de las clases del pueblo. En lugar del fraccionalismo y la atomización organizacional, los debates deberían estar diseminados en cabildos, comités y asambleas a nivel nacional, erigiéndose como un contrapoder dentro del poder burgués.
Una decisión política de esta magnitud obligaría, en el campo de batalla política, a que se ponga en marcha esa Asamblea Constituyente, devolviendo la iniciativa al campo popular. Así se dejaría de jugar dentro de los parámetros y planes del enemigo de los pueblos, si es que realmente les interesan los cambios profundos y fundamentales dentro de esa misma «democracia» en favor del pueblo, la nación o la patria.
O también, la de estructurar un frente amplio del pueblo, donde estén activos tanto su organización como su contenido y programa común; que se organice a nivel nacional para poner en agenda esa Asamblea Constituyente y otras formas y contenidos de lucha, dando iniciativa a una organización nacional que agrupe a todos los frentes. En fin, hay mucho por hacer, muchas formas de activar la iniciativa del pueblo para que esa voluntad popular —es decir, la soberanía popular— se cristalice efectivamente como un contrapoder hegemónico.
Cuando se habla de las circunstancias históricas de la “democracia”, el “derecho liberal”, etc., se tiene como objetivo ver, en retrospectiva histórica, cómo surgieron y para qué esa llamada “democracia”, “libertad” o “imperio de la ley”.
La ignorancia y la alienación no son argumentos válidos; por el contrario, es necesario conocer el accionar de las causas y efectos en una sociedad de clases.
La democracia liberal, el derecho liberal formal, nacen como respuesta al sistema feudal, que era absolutista, no en función de la libertad del siervo o del esclavo de esos tiempos, ni de una libertad democrática para la clase obrera o explotada. ¿Acaso no era una lucha a muerte entre una clase (feudal) que moría y una nueva clase (burguesía) que nacía y emergía como nueva clase en el poder, construyendo una nueva sociedad? ¿Era revolucionaria en comparación con el sistema feudal? ¡Sí! Nadie en su sano juicio podría negarlo.
En una sociedad de clases, tal como lo es hoy, no se puede pretender avanzar a favor del pueblo sin tomar conciencia, con seriedad y responsabilidad, de esta lucha constante; caso contrario, la “rebeldía sin causa”, aun siendo supuesta “rebeldía”, solo serviría para reforzar que se aprieten aún más los grilletes o las cadenas opresivas.
Hoy debemos ver con objetividad, analizar y concluir: el derecho liberal y la democracia formal, ¿cómo están hoy? Y, en contraparte, ¿qué significan el securitismo, el militarismo, el control social, el autoritarismo, los fascismos, etc.? ¿Y cómo estos se contradicen con la llamada “democracia” y “libertad”? En estas circunstancias, ¿dónde queda esa democracia, el voto?
Hay seis tesis del sistema-mundo respecto a todo ello, y no es el “voto democrático” lo que quieren o pretenden, ni las “libertades” que se pregonan, sino una imposición absoluta de poder en circunstancias de supervivencia del sistema. Ya otros hablan del tecno-feudalismo, etc.
Es un asunto de supervivencia del sistema capitalista en su fase imperialista, que vive una crisis general. Digo “general” porque no es momentánea; es una crisis del sistema-mundo, una crisis civilizatoria. ¿Se sabe, se tiene conciencia de lo que significa ello?
No se puede hablar irracionalmente ni promover “voto” y “voto” sin comprender el momento actual del sistema-mundo, su “democracia”, su “imperio de la ley”, su “derecho”.
Si no, veamos lo que pasa en el mundo: EE. UU. pasa por encima del derecho internacional, de convenciones, tratados, etc. ¿Rige el imperio de la ley, el derecho? ¡No! Rige el darwinismo social, la ley del más fuerte, del poder puro y duro.
Veámoslo en nuestro hemisferio: con sus elecciones “soberanas”, viene un imperio, secuestra a su presidente y pone de rodillas a toda la cúpula, bajo la amenaza de aniquilarlos si no obedecen a su amo. O lo que ocurre en Ecuador, Bolivia, Argentina, etc. ¿Dónde queda la llamada democracia? O incluso en el mismo seno de EE. UU., donde la libertad y la democracia son una quimera, donde prevalece la seguridad interna, razón por la cual hay censura, persecución e incluso aniquilación selectiva del oponente; o en la misma Europa.
Uno no puede ser más esclavo de lo que ya es, ni pensar y vociferar “voto”, “voto”, cuando no hay condiciones reales para una verdadera representación popular de clase.
Si las reglas del dominante son absolutas en todos los poderes del Estado, ¿tiene sentido votar?
Más bien, la preocupación debería ser organizar la miseria en una poderosa organización de clase: su sistema, su dirección, sus bases, para detentar el poder en una franca confrontación; y, una vez ganada esa lucha, establecer nuevas reglas, las reglas de quien vence en el campo de batalla, para transformar la sociedad al servicio de los millones de explotados y oprimidos.
Eso implica, en lo inmediato, generar otras circunstancias para la participación política real del pueblo; y eso es hablar de una nueva Constitución, vía una Asamblea Constituyente, cambiar la correlación de fuerzas a favor del pueblo, pero con poder real y organizado, no con movimientos espontáneos que solo aparentan tener poder.
Por tanto, se demanda organización, dirección, plan y metas.
Las medidas autoritarias de un gobierno de ultraderecha, que hoy eleva de forma criminal el valor de la bencina, petróleo, gas y kerosene, golpean aún más la ya empobrecida situación del pueblo.
Se afirma que (Kast) “gobierna para el país y no para unos pocos”; sin embargo, las medidas unilaterales pasaron por encima del Congreso, el cual debía, en pleno debate y con los “representantes del pueblo”, aprobar o desaprobar dichas disposiciones.
El bencinazo criminal solo sirve para golpear a los más pobres, empeorando su subsistencia debido al alto costo de vida.
Mientras tanto, se rebajan impuestos al 1% de la población súper rica y a las transnacionales, pasando del 27% al 23%. No obstante, en el discurso mentiroso se afirma que “no hay plata” o que el “Estado está quebrado”.
Mientras no se utilicen las capacidades del Estado para defender a los más pobres, es evidente que no servirá para ello, dado que es un Estado al servicio del gran capital nativo y de las grandes transnacionales; es un Estado opresor y explotador, que contribuye a pauperizar la vida de millones de personas.
Dicen que no hay recursos, pero, contrariamente, aumentan los sueldos millonarios de sus asesores y agrandan las ganancias de los súper ricos, debido a las mayores sobreganancias en el negocio de los recursos energéticos, así como de las corporaciones distribuidoras, retail, bancos, portuarias, empresas de aviación, mineras, entre otras.
No solo se eleva el costo de vida para los más pobres, sino que también se pretende retrotraer los derechos fundamentales del pueblo, conquistados tras décadas de intensa lucha e incluso sacrificios de vidas. Hoy se plantean recortes presupuestarios del 3% en salud, educación, trabajo, vivienda y obras públicas.
Asimismo, se aplican recortes a la fiscalía y a la contraloría, debilitando su supuesta “lucha contra la delincuencia”. Se retiraron 40 decretos de protección ambiental, permitiendo que las corporaciones actúen con total libertad para extraer recursos naturales sin importar las consecuencias.
Se pretende quitar la gratuidad en la educación para mayores de 30 años, mientras se eliminan impuestos a las sobreganancias del capital.
El argumento es la guerra en Medio Oriente. Dicho sea de paso, una guerra injusta avalada por este gobierno fascista, apañador de violadores, pedófilos, genocidas, descendiente nazi, pinochetista y ultrarreaccionario.
El Banco Central de Chile ya ha entregado cifras sobre la inflación derivada de este bencinazo criminal. Para 2026, el pronóstico inicial era de una inflación del 3,2%, pero con estas medidas subiría al 4%. Asimismo, la proyección de crecimiento para 2026, que debía ser del 2,5%, se reduce al 2%, mientras que la inversión cae del 4,9% al 4%.
Ante esta ofensiva del gobierno de ultraderecha y fascista de Kast, 26 alcaldes ya se han movilizado, enviando un documento de protesta como presión política para oponerse a la rebaja de impuestos a los súper ricos. Mientras tanto, el pueblo comienza a intensificar su protesta con cacerolazos masivos, convocatorias a manifestaciones en las calles y movilizaciones de estudiantes y organizaciones populares en rechazo a estas medidas criminales y al recorte de derechos y conquistas.
Lo cierto es que un Estado opresor y explotador, un Estado capitalista, jamás servirá a los intereses del pueblo. Por tanto, la historia y la lucha de los pueblos demandan construir un Estado cuyo fin sea servir a los intereses populares, el cual debe ser conquistado mediante luchas más elevadas y revolucionarias. Para ello, se requiere una organización proletaria que conduzca y defienda al pueblo, lo lleve, en un proceso revolucionario, a la conquista del poder e instaure una sociedad socialista. Esto implica asumir el marxismo-leninismo-maoísmo y rechazar ideologías que prolongan el sufrimiento, el hambre y la miseria del pueblo.
La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía es a muerte. No se trata, pues, de un juego de palabras en el que se haya hecho creer que la clase obrera es clase media, encubriendo así la más vil explotación y opresión. Se busca negar el papel histórico de la clase obrera en la transformación de la sociedad conforme a sus intereses, separarla de su ideología y programa histórico, así como de sus objetivos de lucha: la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista rumbo al comunismo.
Para entender lo que está ocurriendo en este momento en Oriente Próximo, en lo concerniente a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, es necesario remitirse a los acontecimientos del 3 de enero de 2026.
Lo primero que debemos considerar es que debe prevalecer la memoria histórica sobre la invasión de Estados Unidos al territorio venezolano, una “herida abierta” que ha marcado el curso del desarrollo de los hechos que se suscitan en Nuestra América y el mundo.
La aventura belicista de Norteamérica e Israel jamás se hubiese gestado sin antes golpear la soberanía de Venezuela, lo cual concluyó con el cometimiento de crímenes de guerra y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia.
En ese sentido, queda evidenciado que las narrativas y las acciones de falsa bandera a las cuales fue sometido el pueblo venezolano tuvieron como principal motivación el aseguramiento energético de la Casa Blanca, previendo los escenarios que se podrían desencadenar en el conflicto entre la alianza Estados Unidos-Israel contra el país persa.
Se trata de una guerra que se ha prolongado en detrimento de los intereses norteamericanos e israelíes para el posicionamiento de sus influencias en Oriente Medio, sobre todo en lo que concierne al control del estrecho de Ormuz. Venezuela representa un punto focal para el equilibrio energético de Estados Unidos.
Ante todo, ese panorama de conflictividad, que ha causado “daños colaterales” como el arrase de infraestructura, la muerte de civiles, una crisis económica global, el desprestigio y la pérdida de credibilidad de la alianza Estados Unidos-Israel, así como la violación sistemática del derecho internacional, subyace una pugna de poder: la disputa por el control del petróleo a nivel mundial, que permita el sostenimiento de un modelo social y económico causante de grandes desigualdades.
El anuncio del alza brutal en los costos de la gasolina y el petróleo, ya en proceso, realizado por el gobierno de Kast, afectará a millones de personas pobres, dado que incrementará el costo de vida y pauperizará aún más las condiciones ya miserables de millones de explotados y oprimidos.
Mientras tanto, de manera contraria, se reducen los impuestos a las inversiones del gran capital y a los superricos, que representan el 1% de la población. Incluso en tiempos de crisis, estos sectores, movidos por una avaricia sin límites, no sacrifican un solo peso de sus sobreganancias, obtenidas a partir de una mayor extracción de plusvalía de la masa trabajadora.
El retail, las mineras, los puertos, las empresas aéreas, la gran agricultura y los bancos, entre otros sectores, continúan saqueando al pueblo chileno. Prosiguen en su orgía de ganancias aun en tiempos de crisis. Tal es la moral inhumana de esta clase explotadora y opresora que, contando con un gobierno empresarial y de ultraderecha en la administración, hoy impulsa —y ya pone en marcha— una mayor miserabilización de la vida de millones de personas pobres.
El problema de fondo no radica únicamente en los administradores de este Estado canalla, opresor y explotador, sino en las propias relaciones productivas capitalistas. Se trata de un Estado capitalista sanguinario, instrumento de hegemonía, poder y violencia contra los millones de pobres; un Estado que empobrece más a los pobres y enriquece más a los ricos.
Es un Estado que no sirve a los pobres ni está para ellos, sino para defender a sus accionistas: ese 1% de la población superrica. Este instrumento responde a sus intereses y así ha sido históricamente.
Las relaciones productivas construidas por esta clase antihumana están diseñadas para hacer más ricos a los ricos y mantener en la miseria a los más pobres. En consecuencia, la lucha popular debe apuntar a derrocar este sistema en su conjunto, pero también a enfrentar a la burocracia adicta y defensora de este Estado canalla y de sus amos, pues son estas estructuras las que buscan prolongar las cadenas y los sufrimientos de los pueblos.
Este proceso requiere organizar a las masas y generar conciencia sobre su condición de explotación en el contexto actual. Nada vendrá en su beneficio desde sus opresores; absolutamente nada. Por el contrario, serán objeto de mentiras y engaños para continuar siendo explotadas y oprimidas con mayor saña.
Por tanto, existen grandes tareas para las personas conscientes y comprometidas con el pueblo, quienes deben asumir la responsabilidad de organizar y politizar a las masas.
Hoy corresponde luchar contra el alza del costo de vida, por impuestos a las sobreganancias, por salarios acordes al costo de vida, por la nacionalización de los recursos estratégicos de la nación y por la construcción de un Estado que responda a los verdaderos intereses del pueblo.
Esto implica también la lucha por una nueva Constitución mediante una asamblea constituyente real, no un proceso engañoso. Se debe apuntar al cambio del capítulo económico como base para una transformación verdadera, sin la cual no es posible hablar de cambio alguno.
En cuestión de horas, la política exterior de Donald Trump hacia Irán ha oscilado entre la retórica de aniquilación total y el súbito entusiasmo por el diálogo. Esta volatilidad no responde a una estrategia sofisticada, sino más bien a una reacción táctica frente a un escenario que se le ha vuelto adverso.
Hace apenas días, precisamente el sábado, Trump lanzó un ultimátum de 48 horas a Teherán: reabrir el estrecho de Ormuz o enfrentar la destrucción de su infraestructura energética. En un tono aún más agresivo, afirmó que Estados Unidos ya había “borrado a Irán del mapa” y descartó cualquier interés en negociar. Sin embargo, la respuesta iraní introdujo un elemento clave que alteró el cálculo: la doctrina de reciprocidad directa; ojos por ojo, diente por diente.
Teherán dejó claro que cualquier ataque contra su infraestructura energética sería respondido simétricamente, incluyendo objetivos estratégicos en los territorios ocupados por Israel. Y el derribo del F-35 que hizo caer el mito de superioridad del Ejército de EE.UU. fue el colmo que dio a conocer que no tomar en serio las advertencias de Irán es tirarle de la cola al león.
Esta lógica de “ojo por ojo” no es nueva. Ya se ha manifestado en episodios anteriores, como las reacciones tras ataques a instalaciones energéticas en Pars del Sur, que provocó un similar escenario en Catar o incidentes en las instalaciones nucleares del país persa, respondidos en Dimona y más allá. El mensaje es simple: el costo de la escalada no sería unilateral.
El factor determinante: el mercado energético
Hablando del cambio de postura drástico de Trump, el punto de inflexión no fue diplomático, sino económico. La escalada retórica y militar provocó un aumento inmediato en los precios del petróleo, que superaron los 112 dólares por barril. En un contexto global frágil, esta subida encendió alarmas en los mercados internacionales.
La reacción de Trump fue casi inmediata. De las amenazas pasó a hablar de “conversaciones muy fuertes” y “progresos significativos” hacia un acuerdo. Incluso sugirió la posibilidad de una reunión en el corto plazo.
Entre tanto, desde Irán se negó categóricamente que tales negociaciones hubieran ocurrido. Entre otros funcionarios, Mohammad Bagher Ghalibaf, el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica (el Mayles o Parlamento iraní), negó cualquier negociación con Estados Unidos y afirmó que las declaraciones de Donald Trump tienen fines económicos.
Enfatizó que “las noticias falsas pretenden manipular los mercados financieros y petroleros y salir del atolladero en el que se encuentran Estados Unidos e Israel”.
“Nuestro pueblo exige un castigo total y ejemplar para los agresores. Todos los funcionarios respaldan firmemente a su Líder y a su pueblo hasta que se logre este objetivo”, escribió Qalibaf en una publicación en X.
Medios económicos internacionales interpretaron este giro como un intento deliberado de estabilizar los mercados. De hecho, tras sus declaraciones más conciliadoras, los precios del petróleo registraron caídas significativas: el Brent descendió cerca de un 15%, mientras el crudo estadounidense también retrocedió de forma notable.
Según Axios, lo que el presidente estadounidense denominó “negociaciones directas con Irán” para justificar su retirada fue, en realidad, un intercambio rutinario de mensajes mediado por varios países. El portal Axios informó, citando una fuente estadounidense anónima, que Turquía, Egipto y Pakistán han estado intercambiando mensajes en los últimos dos días como intermediarios entre Estados Unidos e Irán.
Guerra de narrativas vs. realidad estratégica
Este cambio discursivo revela una tensión entre la narrativa política y la realidad estratégica. Trump intenta reposicionarse como un líder que controla la situación y conduce un proceso de negociación exitoso. Sin embargo, múltiples señales apuntan en la dirección contraria.
Los políticos en Estados Unidos, entre los que se destaca el senador demócrata Chris Murphy, han calificado el repliegue como una “señal de preocupación y de debilidad”.
En este contexto, analistas y académicos sostienen que el conflicto no responde a la cuestión nuclear, sino a intereses geopolíticos más amplios, especialmente el control de los recursos energéticos del Golfo Pérsico. Incluso dentro del aparato militar estadounidense, crecen las voces de rechazo a una guerra con Irán, cuestionando su legitimidad y objetivos.
Última trinchera: la guerra psicológica y el intento de compensación
Paralelamente, se observa un patrón complementario: mientras se modera el discurso público, continúan otras formas de presión, incluyendo intrigas u operaciones de inteligencia, campañas de desinformación y intentos para crear fisuras internas en Irán. Esta dualidad sugiere que el cambio no es una desescalada real, sino una recalibración táctica.
Según esta hipótesis, tales maniobras son interpretadas como una guerra psicológica para sembrar dudas en los funcionarios iraníes, con la meta de provocar desconfianza entre ellos para pensar: “¿Quién es tal líder que se contactó con Trump?” o “¿Acaso hay un traidor entre nosotros?”.
En consecuencia, Teherán ha asegurado mantener su postura de alerta y continuidad en el campo operativo.
Conclusión: Retirada en cobertura de diplomacia
El paso de “destruir en 48 horas” a “buscar un acuerdo” no es un giro hacia la paz, sino una retirada encubierta. La presión del mercado energético, el riesgo de una respuesta simétrica y la falta de consenso interno han obligado a Trump a modificar su discurso.
Sin embargo, en lugar de reconocer el fracaso de su estrategia de coerción, Trump intenta reconstruir la narrativa presentándose como arquitecto de una solución diplomática.
La paradoja es evidente: cuanto más insiste en proyectar control, más revela las limitaciones de su posición. En este contexto, Irán no solo se presenta como un actor resistente, sino también como un beneficiario indirecto de una dinámica que ha expuesto la fragilidad de la política estadounidense no solo en la región sino también en el mundo entero, contando con la comunidad internacional que cada vez más se acerca a su doctrina disuasiva.
En última instancia, lo que se observa no es el triunfo de la diplomacia, sino la adaptación forzada de una estrategia que no logró imponerse por la vía de la amenaza militar. Bienvenidos al mundo multipolar…
La historia de los últimos siglos revela una de las contradicciones más profundas del moribundo orden capitalista mundial, puesto que mientras las potencias capitalistas e imperialistas enarbolan el discurso de los Derechos Humanos como bandera de la civilización burguesa, en la práctica despliegan políticas criminales de guerra, saqueo, dominación y opresión que niegan el derecho más elemental de los pueblos que es la libre autodeterminación y su existencia soberana. Los Derechos Humanos no constituyen una cuestión neutra ni universal en abstracto, sino un terreno de disputa ideológica y política atravesado por la gran ley de la lucha de clases en los escenarios económico, político e ideológico. En palabras de Marx (1844/2005), bajo el capitalismo, estos derechos se reducen frecuentemente a la protección del individuo burgués y de la propiedad privada, en detrimento de la emancipación de las masas populares.
El imperialismo como negación estructural de los derechos de los pueblos
Las constantes agresiones del imperialismo estadounidense y sus aliados de la OTAN y su engendro sionista contra naciones oprimidas como Irak, Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Líbano y muchas otras más, evidencian que el llamado orden internacional basado en reglas (burguesas) maniobra como un mecanismo de imposición violenta de intereses capitalistas e imperialistas. La genocida invasión de Irak en 2003, la destrucción de Libia en 2011 o la prolongada cruel guerra en Afganistán no solo implicaron millones de víctimas (asesinados y heridos), sino la demolición de estructuras económicas y sociales, así como, culturales y políticas enteras.
En este contexto, la tesis de Lenin, maestro del proletariado, (1914/1975) referente al derecho de las naciones a la autodeterminación adquiere plena vigencia, ya que no puede existir Derechos Humanos reales sin soberanía política y control de los recursos naturales por parte de los pueblos. El depredador sistema capitalista y su fase imperialista niegan groseramente este principio, suplantándolo por regímenes lacayos subordinados o por el caos funcional a la feroz acumulación capitalista.
Asimismo, las arbitrarias sanciones económicas impuestas contra países como Venezuela, Cuba e Irán, entre otros, constituyen formas actuales de guerra no convencional que refleja la paz de los cementerios que les imponen a los pueblos. Lejos de ser medidas diplomáticas, configuran verdaderos mecanismos de estrangulamiento económico que vulneran derechos fundamentales como la salud, la alimentación, el trabajo digno, la educación pública, etc. Tal como denunciaba Fidel Castro (1992), se castiga a pueblos enteros por ejercer su soberanía. En la misma línea, Thomas Sankara (1987) advirtió que la condicionante deuda externa y las sanciones son instrumentos de dominación neocolonial que condenan a los pueblos a la pobreza estructural.
Sionismo, sometimiento y la negación del derecho a la existencia
En Asia Occidental, las atroces condiciones de existencia del pueblo palestino constituyen una de las expresiones más crueles de la negación de los derechos de los pueblos. La terrorífica ofensiva militar contra Palestina, así como las agresiones en Líbano y Yemen, deben ser comprendidas dentro de una lógica de ofensiva imperialista en la que el sionismo opera como enclave estratégico de dominación regional. Son más de siete décadas de genocidio y atrocidades contra Palestina.
No es posible separar la cuestión de los Derechos Humanos del derecho a la vida digna, a la tierra, al territorio y a la autodeterminación de los pueblos. Como sostenía el amauta José Carlos Mariátegui (1928/2007), la base material de la justicia social radica en la relación del pueblo con su tierra. Así, la expropiación, ocupación y fragmentación del territorio palestino representan, por tanto, una negación estructural de su condición de pueblo.
La narrativa hegemónica liberal-capitalista, que pretende universalizar los Derechos Humanos, se fractura frente a esta realidad, ya que se establecen jerarquías implícitas entre “vidas dignas de ser protegidas” y “vidas sacrificables”. En este marco, la afirmación del maestro Mao Tse-tung (1938/1976) cobra una dimensión concreta, puesto que los derechos no son concesiones del poder, sino conquistas históricas que emergen de la resistencia organizada de los pueblos.
La ofensiva interna del capitalismo contra sus propios pueblos
La violencia reaccionaria del sistema capitalista no se limita a la periferia conformada por las naciones oprimidas y pueblos del mundo, sino que también se manifiesta en el interior de las propias potencias capitalistas e imperialistas. En Estados Unidos, amplios sectores de la población ven vulnerados derechos esenciales como el acceso al trabajo, la salud, la educación, la vivienda y la seguridad. La mercantilización de la vida convierte derechos fundamentales en privilegios condicionados por la capacidad de pago.
A lo anterior se suma una creciente restricción de la libertad de pensamiento y expresión, así como, a la libre organización. La censura mediática, la manipulación algorítmica y la persecución de voces disidentes configuran un autoritario escenario donde la democracia liberal revela sus límites estructurales. Como advertía Rosa Luxemburg (1918/2008), la libertad auténtica solo existe cuando incluye a quienes piensan diferente; sin embargo, el neoliberalismo tiende a homogeneizar la conciencia social para reproducir las relaciones de dominación.
En este sentido, el capitalismo, en su fase neoliberal y financiarizada, desencadena una ofensiva integral contra los derechos humanos, tanto en el centro como en la periferia del sistema, subordinando la vida humana a la lógica depredadora de la acumulación capitalista.
Hacia una reapropiación popular de los derechos humanos
Frente a esta injusta problemática, resulta un imperativo resignificar los Derechos Humanos desde una perspectiva de los pueblos y no de las clases explotadoras. No se trata de rechazar su validez, sino de disputar su contenido y orientación histórica. Los Derechos Humanos solamente pueden adquirir un carácter emancipador cuando se articulan con la lucha por la soberanía, la justicia social y la transformación estructural del sistema capitalista.
Como planteaba el Che Guevara (1964), la verdadera solidaridad internacional se construye desde la acción concreta de los pueblos en lucha. En esa misma dirección, la aspiración a una humanidad digna —evocada poéticamente por el poeta comunista César Vallejo (1939/1988)— solo será posible en un orden mundial que supere la explotación capitalista, el infame imperialismo y toda forma de dominación.
En definitiva, los derechos de los pueblos y los derechos humanos no pueden seguir siendo instrumentos retóricos del poder capitalista e imperialista, puesto que deben convertirse en banderas de lucha de los pueblos del mundo en su camino hacia la emancipación histórica.
Referencias
Castro Ruz, F. (1992, 12 de junio). Discurso en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Río de Janeiro, Brasil.
Guevara, E. (1964, 11 de diciembre). Discurso en la XIX Asamblea General de las Naciones Unidas. Nueva York, Estados Unidos.
Lenin, V. I. (1975). Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1914).
Luxemburg, R. (2008). La revolución rusa. Akal. (Obra original publicada en 1918).
Mao, T. (1976). Citas del Presidente Mao Tse-tung. Ediciones en Lenguas Extranjeras. (Obra original publicada en 1938).
Mariátegui, J. C. (2007). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Minerva. (Obra original publicada en 1928).
Marx, K. (2005). Sobre la cuestión judía. Prometeo Libros. (Obra original publicada en 1844).
Sankara, T. (1987, 29 de julio). Discurso ante la XXV Cumbre de la Organización para la Unidad Africana. Adís Abeba, Etiopía.
Vallejo, C. (1988). Poemas humanos. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1939).
Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual giró en torno al poderío de Estados Unidos en función de proteger a sus aliados europeos tras el conflicto bélico.
Es importante señalar que una de las motivaciones que llevó a la configuración de esta alianza militar fue frenar lo que ellos denominaban el expansionismo de la Unión Soviética, la cual representaba —según su narrativa— una amenaza para Europa.
Por más de siete décadas, 31 países del continente europeo han puesto sobre los hombros de Estados Unidos la seguridad de sus territorios, afianzando sus relaciones militares, económicas y políticas en nombre de la libertad.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, un hecho histórico en el relacionamiento entre Washington y sus aliados de la OTAN ha marcado un distanciamiento que impacta directamente la influencia estadounidense sobre Europa.
Recientemente, el gobierno de Donald Trump ha mostrado interés en apropiarse de Groenlandia, ya sea mediante la fuerza o a través de una negociación. Esta pretensión representó una amenaza directa sobre el territorio groenlandés y sobre Dinamarca, país miembro de la Alianza. Desde entonces, se instaló una fricción en el seno de la OTAN debido a la postura adoptada por la Casa Blanca.
Lo que comenzó con la intención de convertir a Groenlandia en el estado número 51 de Estados Unidos ha desencadenado una férrea posición de los países de la OTAN, que se niegan a sumarse al llamado de Trump para intervenir militarmente contra Irán, específicamente en la necesidad de abrir —mediante una coalición militar— el estrecho de Ormuz, por donde transita el 19% de todos los productos refinados del petróleo que se consumen en el mundo, así como el 13% de los productos químicos, incluidos fertilizantes. Esta situación ha afectado sensiblemente a la economía global.
Ante esta realidad, los países de la OTAN muestran cada día mayor resistencia a formar parte de la guerra en Medio Oriente. Han expuesto que se trata de un conflicto que pertenece a Israel y que está fuera de su jurisdicción. Además, sostienen que no existen argumentos convincentes para una escalada bélica, tal como lo han manifestado el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz.
En este sentido, estamos frente a lo que podría conocerse como el primer quiebre en las relaciones históricas entre Estados Unidos y la OTAN, lo cual derivaría en la pérdida de la influencia que durante décadas ha sostenido la política norteamericana sobre Europa.
El sistema imperante, en su marcha, vive una crisis general inevitable, una crisis en todos los planos. Hoy atraviesa tensiones más profundas que se expresan desde la crisis del modo de producción capitalista y su modelo fordista, cuya crisis viene arrastrándose y profundizándose desde la década del 70 del siglo pasado.
Este modelo de producción se basaba en un aumento sostenido de la producción, lo que generaba un mayor consumo de las masas y, por tanto, un uso extensivo de los recursos naturales. Obviamente, esto era secundado por la capacidad de compra masiva y salarios con poder adquisitivo de la clase media. Pero, como muchos analistas lo expresan, a partir de los años 70 del siglo pasado se inicia un proceso de desaceleración: los mercados se saturan por la sobreproducción, a lo que se suma la exigencia y presión salarial, así como los altos costos de la materia prima, hechos que reducen la rentabilidad empresarial y traen consigo la caída de la tasa de ganancia del capital.
Hoy vemos que, luego de la crisis del 2008, esta crisis se ha profundizado, trayendo consigo un desorden financiero, pérdida de empleabilidad, pérdida del valor del dólar y el nacimiento de nuevas divisas de intercambio. Estos hechos ponen en riesgo, cada día que pasa, el monopolio del dólar y el financierismo parasitario.
A este contexto se suman nuevos actores en el tablero mundial, como Rusia, que se recupera y reclama su papel estratégico disputando zonas de dominio. China, el actor más trascendente por su significancia estratégica, cuyo accionar en todos los planos pone en cuestión la hegemonía yanqui, hecho que lleva a una tensión mundial que se expresa en una contienda por zonas de dominio y mercados.
Pero también actores regionales como India, Irán, Corea del Norte, Brasil y Sudáfrica disputan regionalmente según sus potencialidades. La sobre extensión imperial pasa la factura histórica, y hoy vemos un proceso de declive del imperialismo yanqui. La disputa por Medio Oriente es un detonante más, un acelerador más en la crisis sistémica que se profundiza, a la vez que se reconfigura el papel de esta zona tanto en el comercio internacional como en la cuestión energética, que hasta antes tenía el monopolio yanqui. El afán de salvar su divisa, el dólar, es la razón de este conflicto: tiene que ver con la salvaguarda de su portaviones en Medio Oriente, Israel, avanzada del hegemonismo yanqui que hoy sufre su más grande derrota.
Como vemos, la guerra de rapiña desatada contra el pueblo de Irán para salvaguardar su portaviones sionista afectó los intereses de la comunidad europea, dada la dependencia energética de esta zona para sus industrias, al igual que a sus socios como Corea del Sur y Japón.
El gendarme más genocida y cruel del mundo, ante la impotencia y el combate del pueblo iraní, pretendió involucrar en esta guerra de rapiña a sus «socios», aun cuando afecta profundamente los intereses de estos.
Lo que vemos hoy es una triste lamentación ante el portazo de sus propios «socios» con un ¡no! rotundo a la escalada de guerra que pretende EE.UU., hecho que tendrá derivaciones políticas profundas en el tablero geoestratégico.
Ya el representante de este gendarme del mundo, en su red social, declaró que «ya no necesitan de la OTAN», ni de Corea del Sur, Japón, etc. ¿Acaso es la muerte de la OTAN, o el divorcio con Europa y un aislamiento mayor para parapetarse en sus zonas de dominio como es el continente americano? En ese contexto podemos ver con claridad el sentido de la nueva estrategia de seguridad de este gendarme del mundo y su nuevo colonialismo, muy agresivo y feroz, que desataría incluso guerras en esta zona, dentro de la contienda por este continente entre imperialismos.
Las grietas se abren por todos los lados para este gendarme. Para el mismo sistema, que presenta fisuras evidentes, vulnerabilidades financieras, una deuda que crece y crece de forma masiva, el aumento de la desigualdad, sin mencionar las contradicciones interimperialistas que se agudizan en un proceso de declive de un gendarme mundial y el surgimiento de un nuevo hegemón como China.
En esa debilidad sistémica, la caotización de la sociedad no es nada casual, menos la militarización, el seguritismo, la fascistización, el control, etc. Más aún cuando los riesgos de una explosión social mundial son latentes. Aunque no hay una nítida dirección y liderazgo de la clase más revolucionaria constituida en partido (el proletariado), sin embargo, las masas, al sufrir todas las inhumanidades de este sistema, luchan y lucharán hasta emprender y comprender que su destino no cambiará mientras no se empeñen en un proceso de transformación revolucionaria que concrete Estados socialistas, rumbo a su meta última.
En el actual contexto de crisis irreversible del sistema capitalista y su fase imperialista, la guerra ya no se libra exclusivamente con fusiles, metralletas, tanques, aviones de combate, misiles y bombas, puesto que el genocida imperialismo estadounidense y su engendro sionista han perfeccionado durante décadas un arma tan letal como silenciosa, nos referimos a la guerra cognitiva y su formidable maquinaria de propaganda manipuladora. Como advierte la politóloga Carolina Escarrá, esta estrategia —cuyos manuales fueron diseñados por la CIA ya en los años sesenta— busca ocupar la mente de los pueblos para moldear percepciones y conductas a favor de mezquinos intereses foráneos. Frente a este aparato de dominación simbólica, la prensa popular y alternativa emerge no como un simple medio informativo, sino como trinchera de combate por la emancipación cognitiva y organizadora de la resistencia.
I. La maquinaria de la dominación simbólica
El imperialismo estadounidense y el régimen de Israel han construido el siniestro aparato de propaganda más sofisticado de la historia. No se trata solo de habilidad comunicativa, sino de poder estructural, ya que el control de los principales conglomerados mediáticos globales (CNN, Fox, NBC, etc.), dominio de plataformas digitales (Google, Meta, X, etc.) y una inversión multimillonaria en operaciones psicosociales que forma parte del presupuesto de defensa. Como refiere el intelectual cubano Ibelici Martínez, «la prensa es hoy un ejército, con armas distintas, cuidadosamente organizadas; los periodistas son los oficiales; los lectores son los soldados».
La guerra cognitiva, cultural o ideológica maniobra a través de mecanismos precisos como el control de la información, creación de una realidad consensuada, saturación informativa y manipulación algorítmica. Herman y Chomsky, en su clásico análisis sobre la «manufactura del consentimiento», demostraron cómo los medios filtran la información para promover visiones que favorecen a las élites económicas y políticas, o sea a las clases sociales explotadoras. En el siglo XXI, esta perversa maquinaria se ha perfeccionado con la inteligencia artificial y la segmentación psicológica de audiencias. Como bien apunta Inti Moya desde APC Bolivia, «estos medios son los encargados de posesionar la narrativa de la historia desde el punto de vista occidental proimperialista en el imaginario colectivo». Por ejemplo: La cadena británica BBC impone directrices terminológicas estrictas como ordena usar «captura» en lugar de «secuestro» para referirse a las agresiones contra Venezuela o Irán, revelando su subordinación a las reaccionarias agendas políticas del imperialismo. Este control narrativo procura determinar qué hechos debe creer o rechazar la opinión pública mundial.
II. La verdad en disputa en la guerra actual contra Irán
La injusta actual guerra entre la coalición terrorista de Estados Unidos-Israel contra la República Islámica de Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026 con el asesinato del ayatolá Seyyed Ali Jamenei y el bombardeo criminal de una escuela en Minab que segó la vida de 175 niñas, ilustra perfectamente esta asociación entre guerra militar y guerra cognitiva. Mientras la CNN y Reuters refieren de «éxitos quirúrgicos» y «cambio de régimen», la prensa alternativa documenta más de 3.200 bajas estadounidenses en los primeros siete días de combate, el colapso parcial del arsenal imperialista en la región y la heroica resistencia iraní.
Al Mayadeen, medio de referencia del mundo árabe, ha denunciado cómo «los medios occidentales intentaron presentar como excepción o error lo que en realidad son crímenes de guerra sistemáticos». Esta estrategia de excepción pretende aislar los crímenes más monstruosos para que el resto de la agresión pase como una cuestión normal. La prensa alternativa tiene la responsabilidad de mostrar el cuadro completo, destacando el genocidio en Palestina, el bombardeo de hospitales en Irán, la destrucción de infraestructura civil sensible como la planta desalinizadora en la isla de Qeshm.
III. Papel histórico de la prensa popular
La prensa popular y alternativa no nace ayer, puesto que tiene un derrotero de combatividad y resistencia que acompaña las grandes gestas emancipadoras de las naciones oprimidas, pueblos del mundo y clases sociales explotadas que osaron rebelarse.
En las luchas de independencia se constituyó en voz de Bolívar, Sucre, Martí y San Martín, construyendo el imaginario de la Patria Grande.
En la Revolución Cubana se materializó como Radio Rebelde y Prensa Latina (fundada en 1959) rompieron el monopolio informativo del imperialismo yanqui y difundieron al mundo la verdad del proceso revolucionario.
En las dictaduras latinoamericanas se convirtieron en medios clandestinos como Radio Cooperativa en Chile denunciaron torturas, asesinatos, desapariciones y resistieron el terrorismo de Estado.
En las guerras imperialistas la prensa subterránea estadounidense (Ramparts, periódicos de soldados en Vietnam) expuso las mentiras y atrocidades del imperialismo, la masacre de My Lai y el fraude de las armas de destrucción masiva en Irak.
Como bien sintetiza el intelectual colombiano Renán Vega Cantor, «la comunicación crítica debe desenmascarar las lógicas del imperialismo y contribuir a la construcción de una conciencia emancipadora» (Vega Cantor, 2019). Frente a ello, la prensa popular se ha caracterizado por cumplir la función de contrapeso, de memoria histórica y de voz de los sin voz.
IV. Funciones estructurales de la prensa popular
Contrahegemonía ideológica y educación política
Retomando a Gramsci, la prensa popular disputa la construcción del sentido común. No se trata de informar por informar, sino de educar para la transformación. En palabras de Antonio Gramsci, «la hegemonía se construye en el terreno de la cultura y la ideología». Por consiguiente, los medios alternativos deben desmontar el discurso dominante que presenta al capitalismo como único horizonte posible, explicar multilateralmente la severa crisis actual como resultado de las contradicciones internas del sistema en descomposición y potenciar la organización social y la conciencia de clase.
Denuncia y contrainformación sistemática
Mientras los grandes conglomerados de manipulación mediática omiten sistemáticamente los civiles asesinados por misiles y drones yanquis-israelíes y exageran en sus amenazas para justificar intervenciones, la prensa popular verifica con fuentes en terreno las voces de palestinos bajo los escombros, testimonios de iraníes que resisten, reportes de campesinos colombianos fumigados en nombre de la guerra contra las drogas, estigmatización, persecución y encarcelamiento de peruanos por pensar diferente. Como señala el periodista Daniel Iriarte en su libro Guerras cognitivas, «el campo de batalla es la mente de la población, que desconoce cómo los datos que un simple teléfono móvil recaba a cada segundo sirven para moldear los cerebros de millones de personas».
Construcción de narrativas soberanas
La batalla cultural o ideológica como manifestación de la gran ley de lucha de clases es clave. Mientras Hollywood, Netflix y las redes corporativas venden democracia y libertad mientras imponen guerra y consumismo, la prensa popular debe promover identidad anticapitalista y antiimperialista, así como valores colectivos frente al individualismo del depredador modelo neoliberal. Como señala Inti Moya, «si los gringos producen una película glorificando a los marines, nosotros difundimos las películas que denuncian las agresiones imperialistas; si su literatura promueve cowboys y superhéroes ficticios, nosotros promovamos a nuestros héroes populares, luchadores sociales de carne y hueso que pusieron su sangre por un mundo mejor».
V. La prensa tradicional, entre la información y la propaganda
La prensa corporativa reaccionaria no informa de manera inocente, pues, selecciona, jerarquiza, omite y encuadra. No solo dice qué pensar, sino cómo pensar. Desde la perspectiva reflexiva, quien controla los medios de producción material controla también los simbólicos. Por ende, los contenidos no son neutrales, ya que, inevitablemente responden a intereses de una determinada clase social.
Los grandes medios masivos de manipulación operan bajo criterios de rentabilidad capitalista como: rating, publicidad y propaganda. Los formatos direccionados buscan captar atención y generar emociones (miedo, angustia, indignación, patriotismo, etc.). La información se instrumentaliza y se convierte en mercancía. Esta colonización de la mente, como la denomina un reciente informe del Instituto Xinhua, constituye «un dominio mental basado en la desigualdad y destinado a perpetuarla, que se manifiesta en formas de transformación obligatoria, manipulación maliciosa, infiltración encubierta y erosión a largo plazo». Frente a lo planteado, la prensa popular no busca neutralidad, ya que la neutralidad, en contextos de injusticia, es complicidad, sino compromiso con la verdad al servicio de la humanidad, naciones oprimidas, pueblos y clases sociales explotadas.
VI. Desafíos y tareas estratégicas
La prensa popular enfrenta serios desafíos mayúsculos como la censura digital, el control y censura de plataformas por parte de las grandes corporaciones tecnológicas, la precarización de medios alternativos, la saturación informativa y la fragmentación de los movimientos sociales. No obstante, también cuenta con herramientas y tareas claras, por ejemplo:
Construcción de redes internacionales de comunicación popular, articulando medios como teleSUR, Al Mayadeen, Press TV, La Jornada, Prensa Latina, HispantTv, RT y cientos de medios alternativos.
Uso crítico de tecnologías digitales, creando plataformas soberanas y algoritmos propios que escapen al control de la maquinaria capitalista e imperialista.
Formación de comunicadores populares con conciencia de clase y compromiso revolucionario.
Producción de contenidos multiformato (memes, documentales, podcasts, etc.) que lleguen a las masas populares y rompan el cerco cultural del imperialismo.
Fortalecimiento de medios comunitarios como base de un entorno comunicacional alternativo.
VII. La prensa popular como arma de emancipación
Desde una perspectiva científica la prensa popular no es neutral, puesto que forma parte de la superestructura ideológica, pero tiene capacidad de incidir en la estructura económica y social. Como enseñaban Marx y Engels, maestros del proletariado, «las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época». La prensa alternativa, popular y revolucionaria disputa esa dominación ideológica y contribuye a la emancipación de las clases sociales explotadas.
En esta hora decisiva de crisis capitalista e imperialista, cuando el genocidio sionista en Palestina se extiende a Irán y el fascismo levanta cabeza en todo el mundo, la prensa popular debe bregar por ser:
Trinchera de la verdad, frente a la posverdad y la manipulación algorítmica.
Organizadora de la combatividad y resistencia, articulando luchas y tejiendo solidaridades.
Faro contra la oscuridad mediática corporativa, mostrando que otra sociedad superior es posible y que los pueblos, cuando se organizan y asumen una línea ideológica y política justa, pueden vencer.
Como advierte el comunicador cubano Ibelici Martínez: «Todos formamos parte de esta guerra y el silencio siempre obedece al opresor, solo debemos elegir nuestro papel en ella: ¿víctimas o soldados?». La prensa popular elige ser soldado. Soldado de la verdad, de los pueblos y de la emancipación definitiva de nuestra América y el mundo.
«Solo el pueblo salva al pueblo, y solo la prensa del pueblo cuenta la verdadera historia.»
Referencias
Escarrá, C. (2026, enero 8). Guerra cognitiva cobra vigencia como estrategia de control social. Venezolana de Televisión.
Herman, E. & Chomsky, N. (2002). Los guardianes de la libertad. Crítica.
Iriarte, D. (2025). Guerras cognitivas: cómo estados, empresas, espías y terroristas usan tu mente como campo de batalla. Arpa Editorial.
Martínez Painceiras, I. T. (2021, agosto 6). Guerra mediática: ¿somos víctimas o soldados? La Jiribilla.
Moya, I. (2025, febrero 4). A propósito de la guerra cognitiva y la necesaria batalla cultural. APC Bolivia.
Vega Cantor, R. (2019). Capitalismo y despojo en América Latina. Bogotá: Ediciones Aurora.
Cómo Occidente fabricó una conciencia histórica sobre nosotros (Parte 3). (2025, agosto 20). Al Mayadeen Español.
Colonización de la Mente: Los Medios, Raíces y Peligros Globales de la Guerra Cognitiva de Estados Unidos. (2025). Instituto Xinhua.
Gramsci, A. (2000). Cuadernos de la cárcel. México: ERA.
Marx, K., & Engels, F. (1976). La ideología alemana. Moscú: Progreso.