Red de prensa popular latinoamericana

PRONUNCIAMIENTO Y SALUTACIÓN A 132 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE MAO TSE – TUNG ! VIVA EL MAOÍSMO, MARXISMO DE NUESTRA ÉPOCA!

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Hoy, 26 de diciembre de 2025, los pueblos conscientes del mundo, el proletariado internacional y las fuerzas revolucionarias consecuentes conmemoran el 132 aniversario del nacimiento del Presidente Mao Tse-tung, gigante del pensamiento y obra revolucionaria, dirigente comunista de talla universal y forjador de una de las más grandes experiencias de transformación social en la historia de la humanidad.

Recordar al presidente Mao Tse-tung es una reafirmación de que el maoísmo constituye la tercera y superior etapa del marxismo, desarrollada en la época del imperialismo, de la revolución proletaria mundial y de la lucha irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. El maoísmo es el marxismo de nuestra época. Es teoría revolucionaria integral; es concepción científica del mundo, doctrina del proletariado, línea ideológica y política, metodología, estrategia y táctica para la toma del poder, y guía segura para la construcción de la nueva sociedad.

Como ideología científica del proletariado, el maoísmo expresa los intereses históricos de la última clase de la historia, la clase más revolucionaria, la única capaz de abolir toda forma de explotación, opresión y dominación de clase. Por ello, es una ideología justa, correcta, científica e invicta, porque se sustenta en las leyes objetivas del desarrollo social y en la práctica transformadora de las masas. El Presidente Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo a una nueva cumbre al demostrar, en la teoría y en la práctica, el papel decisivo de las masas populares como verdaderos sujetos de la historia, al desarrollar la línea de masas, la guerra popular prolongada, la revolución cultural como continuidad de la lucha de clases bajo el socialismo, y la lucha permanente contra el revisionismo y toda forma de restauración capitalista.

En el decadente modo de producción capitalista, atravesado por la crisis estructural del capitalismo, el recrudecimiento del imperialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña, el maoísmo se confirma como la ideología transformadora que conduce y conducirá a la humanidad hacia una sociedad superior, una sociedad de armonía, libertad, justicia social y emancipación plena.

La correcta línea ideológica y política maoísta contribuye a la forja de revolucionarios, socialistas y comunistas auténticos. Cumple una tarea estratégica esencial al proletarizar a la pequeña burguesía, clase social oscilante y vacilante por su ubicación en la estructura de clases, dotándola de una férrea posición de clase, de disciplina revolucionaria y de compromiso histórico al servicio de la humanidad y de la revolución proletaria.

Desde la Red de Prensa Popular Latinoamericana, reafirmamos que el maoísmo es una guía viva para la acción, una herramienta indispensable para la lucha ideológica, política y comunicacional contra la hegemonía capitalista, los monopolios mediáticos, el imperialismo y todas las formas de dominación.

Hoy, al rendir homenaje al Presidente Mao Tse-tung en el 132 aniversario de su nacimiento, reafirmamos nuestro compromiso irrestricto con el marxismo-leninismo-maoísmo, con la organización consciente de las masas, con la verdad revolucionaria y con la construcción de un mundo nuevo, sin explotadores ni explotados.

¡VIVA EL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!
¡VIVA EL MAOÍSMO, TERCERA Y SUPERIOR ETAPA DEL MARXISMO!
¡VIVA EL PROLETARIADO INTERNACIONAL!

Red de Prensa Popular Latinoamericana
26 de diciembre

EL NEOMONROÍSMO CRIMINAL

Por Richard Gonzales

La escalada del imperialismo yanki contra Venezuela, en el marco de lo que ha denominado su “nueva estrategia de seguridad”, mediante la cual redefine la Doctrina Monroe, no es otra cosa que la reafirmación de la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

La Doctrina Monroe, que en sus orígenes se planteó como una oposición al colonialismo inglés y francés —es decir, como un principio de no intromisión europea en América Latina—, se sintetizaba en la consigna “América para los americanos”. Sin embargo, esta formulación terminó consolidándose como la expresión más descarada del dominio estadounidense sobre todo el continente.

Hoy asistimos a una reiteración de esa lógica, orientada a reafirmar el control hegemónico de Estados Unidos frente a la expansión de potencias consideradas sus enemigos estratégicos, como China, Rusia e Irán.

Evidentemente, esta escalada no se limita a Venezuela. El objetivo es todo el continente. En el marco de la actual contienda entre superpotencias, Washington apunta a debilitar y desintegrar a los BRICS+, imponiendo de manera gangsteril y colonialista sus condiciones de dominación criminal sobre países como Venezuela, Brasil, Colombia, Nicaragua y Cuba, al tiempo que envía un mensaje explícito de intervención militar contra cualquier nación que forme parte de bloques contrarios a su hegemonía.

Asimismo, pretende expulsar a Rusia y China del continente americano, aun cuando, bajo una lógica de reciprocidad entre potencias, Estados Unidos tampoco debería intervenir en Asia, Medio Oriente o Europa. Se trata, por tanto, de una doctrina hipócrita y gangsteril que, sin embargo, busca fragmentar a Rusia mediante la guerra indirecta en Ucrania, apoyándose en su vasallo de la OTAN; promueve a Israel en su accionar genocida para consolidar el dominio en Medio Oriente; y moviliza a Australia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y otros aliados para cercar estratégicamente a China.

El monroísmo no es un fenómeno nuevo. Basta recordar la intervención de Napoleón III en México para instalar un emperador, episodio en el cual se volvió a invocar la Doctrina Monroe. En 1890, esta doctrina fue nuevamente esgrimida en relación con el conflicto territorial entre Venezuela y Guayana, durante el gobierno del presidente estadounidense Benjamin Harrison, del Partido Republicano. El diferendo se resolvió mediante arbitraje internacional y fue sometido en 1891 al Consejo Federal Suizo, cuyo fallo favoreció a Francia.

En el caso de la Guayana Británica, en 1895, ante la expansión del Reino Unido, Venezuela apeló a la Doctrina Monroe, y Estados Unidos, bajo la presidencia de Grover Cleveland, intervino diplomáticamente para frenar la expansión de la reclamación imperial europea. Conviene recordar que en aquel entonces Gran Bretaña era la principal potencia imperialista del mundo, con una influencia que se extendió hasta 1945.

La expansión y el imperialismo continental yanki se consolidaron a partir de 1901, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, dando inicio a una etapa de dominación sistemática en América Latina que se ha prolongado hasta la actualidad. Saqueo de recursos, derrocamiento de gobiernos, invasiones, asesinatos, adoctrinamiento criminal de fuerzas cipayas bajo el pretexto del “combate al comunismo”, el Plan Cóndor y la actuación de la CIA contra gobiernos progresistas o de izquierda forman parte de este historial de violencia estructural.

Hoy, en el contexto de la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, marcada por derrotas reiteradas en Afganistán, Irak, Irán y Ucrania, así como por profundas contradicciones internas —endeudamiento extremo, desindustrialización, inflación, desempleo masivo y pobreza creciente—, la sobreextensión imperial resulta cada vez más insostenible. Los enormes gastos en bases militares y operaciones bélicas han generado un desgaste global que ha permitido el avance de potencias como China, Rusia e Irán en zonas antes controladas por el antiguo gendarme mundial.

¿Acaso pretende Estados Unidos parapetarse en América Latina para subsistir? El repliegue en antiguas zonas de dominio es evidente, al igual que la insostenibilidad de su hegemonía frente al avance de China, sustentado en una poderosa industria, desarrollo tecnológico y capacidad militar, y frente a la preeminencia militar de Rusia, hoy primera potencia militar mundial, que enfrenta y derrota a Occidente en Ucrania. Si a ello se suma la progresiva pérdida de la hegemonía del dólar, se comprende con mayor claridad la ofensiva contra Venezuela.

Estados Unidos está dispuesto incluso a una confrontación directa para defender su zona de influencia, expulsando a China, Rusia e Irán de Venezuela. Pero el objetivo no es solo ese país, sino todo el continente. Por ello, los pueblos deben ser plenamente conscientes de las consecuencias del neomonroísmo, particularmente para las luchas populares, la disidencia política, los liderazgos sociales y las organizaciones democráticas y antiimperialistas. Este proceso implica una intensificación de la reacción, la criminalización, la persecución, la estigmatización y, en muchos casos, el asesinato abierto y descarado.

En este escenario, la resistencia, la lucha, el ejercicio pleno de la soberanía, la autodeterminación, la independencia y el antiimperialismo se colocan como tareas prioritarias para los pueblos de América Latina. Ello exige organización continental, enfrentamiento directo a los regímenes cipayos y una lucha planificada y sostenida por la liberación de los pueblos y naciones oprimidas.

17/12/2025

Bolivia en su bicentenario: La restauración neoliberal avanza bajo Rodrigo Paz entre reciclajes políticos y viejas mafias partidarias

Por Alex A. Chamán Portugal

Bolivia, 24 de noviembre de 2025

Han pasado apenas dos semanas desde que Rodrigo Paz Pereira, heredero de la dinastía neoliberal que forjó el Decreto 21060 en 1985, juró como presidente de Bolivia en el Palacio Quemado. El 8 de noviembre, el hijo de Jaime Paz Zamora se erigió como el 68º mandatario de la República. Su posesión representa la consumación de la restauración neoliberal con lo que se conculcarán derechos sociales y libertades demoliberales, así como, depredará los recursos nacionales. Este retorno no es un accidente electoral, sino la expresión caduca de un capitalismo atrasado y dependiente que, en su agonía, desangra a la nación y al pueblo para alimentar a la burguesía apátrida, entreguista y proimperialista. En el Bicentenario de la farsa republicana, Bolivia enfrenta no solo la crisis económica y política heredada, sino la afrenta simbólica y material contra su esencia plurinacional.

Recordemos que el perverso neoliberalismo irrumpió en Bolivia como un terremoto económico, político y social en agosto de 1985 bajo el Gobierno del MNR, a la cabeza de Víctor Paz Estenssoro. El DS 21060 representó el cierre de minas estatales y el despido de decenas de miles de mineros de COMIBOL bajo el pretexto de la “relocalización”; la privatización de YPFB, ENTEL y otras empresas públicas que olieran a soberanía. Lo que denominaron “estabilización” significó entreguismo, negociados, explotación, opresión, desempleo, pobreza e indigencia, las mismas injusticias que el capitalismo reproduce en todo el mundo. La hiperinflación del 24.000% se controló a costa de salarios congelados y una desigualdad que multiplicó por 42 los ingresos del 10% más rico frente al más pobre. El converso neoliberal Jaime Paz Zamora, padre de Rodrigo, profundizó las injusticias entre 1989 y 1993: legalizó el “impuesto al consumo” que golpeó a los sectores populares; abrió las puertas al narcotráfico en la banca; y firmó pactos con el siniestro FMI que convirtieron la deuda externa en cadenas de sometimiento. Gonzalo Sánchez de Lozada, genocida y neoliberal fugitivo, capitalizó y privatizó el gas y el agua, entregando regalías del 18% a transnacionales mientras el pueblo libraba la Guerra del Agua (2000) y la Guerra del Gas (2003), sacrificando casi un centenar de vidas en defensa de los intereses de la patria y la sociedad boliviana en su conjunto.

El nefasto periodo neoliberal (1985-2005) no fue ninguna “modernización”, como mienten los apologistas del imperialismo estadounidense y sus lacayos, puesto que fue una brutal acumulación del capital por despojo. Se impuso la superexplotación laboral en que el 80% de la fuerza de trabajo sigue hoy en la informalidad, la precarización sistemática de los derechos sociales y la conculcación de las libertades bajo el manto hipócrita de la “mano invisible”. Aquella ofensiva feroz demolió conquistas históricas, desmanteló la organización sindical y golpeó la capacidad de resistencia obrera y popular.

El Estado, esa maquinaria de dominación de clase, quedó reducido a su esencia represiva a través de la policía, las fuerzas armadas y cárceles, mientras el mercado, verdadera dictadura del capital financiero, devoraba la industria nacional y convertía a Bolivia en simple exportadora primaria: estaño ayer, gas hoy, litio mañana. Las consecuencias fueron devastadoras: desempleo, pobreza del 60%, analfabetismo y ecocidio en la Amazonía. Las relaciones sociales de desigualdad, explotación y opresión se profundizaron de manera ignominiosa.

En 200 años de vida republicana y sociedad capitalista jamás existió un genuino Proyecto Estratégico de Desarrollo Nacional, por lo que prevalecieron políticas entreguistas y favorables a las clases sociales dominantes, no dirigentes. Hoy, en pleno Bicentenario, el pueblo lo comprueba fehacientemente. Sin educación científica y sin desarrollo de las fuerzas productivas no hay avance tecnológico; de ahí la desindustrialización crónica y sus severas consecuencias para seguir como nación oprimida y “tercermundista”. Sin mercado interno no hay progreso ni cohesión nacional. El empresariado boliviano -esa burguesía parasitaria, mafiosa y rentista- nunca asumió un rol dirigente: se limitó a intermediar importaciones, vivir de la renta petrolera y realizar negociados con el narcotráfico, quebró entidades financieras para apropiarse ilícitamente de capitales y otras prácticas ilícitas para hacerse de capitales mientras el Estado se corrompía en prebendas, clientelismo y narconegocios, desde los Fondos Reservados hasta los lavados del MIR.

En 2006, con Evo Morales y el Gobierno del MAS, se viabilizó la estatización de los hidrocarburos, ENTEL y otras empresas estratégicas, además de la progresiva creación de nuevas empresas públicas. Se redujo la pobreza al 36%, se implementaron bonos sociales, se erradicó el analfabetismo y se recuperó la Whipala como emblema del Estado Plurinacional. La Ley Avelino Siñani–Elizardo Pérez (2010) encarnó la apuesta por la descolonización educativa mediante la interculturalidad, el reconocimiento de saberes ancestrales aymaras, quechuas, guaraníes y otros, así como la ruptura con el currículo neoliberal que pretendía domesticar y alienar al educando.

El Estado Plurinacional, consolidado en la CPE de 2009, reconoció 36 nacionalidades indígenas y estableció derechos colectivos largamente negados. Sin embargo, el capital, en su lógica imperialista, no tolera tales rupturas. La crisis global de 2008, agravada por la crisis interna de 2020, marcada por el golpe de Añez y las masacres de Senkata y Sacaba, junto con severos problemas e inadmisibles desaciertos del Gobierno de Arce–Choquehuanca, allanaron el camino para una restauración neoliberal encabezada por Rodrigo Paz. Este ya exhibe su esencia neoliberal al resucitar y cogobernar con lo que otrora fue el MIR, a pesar de no haber logrado la victoria electoral en su propia región de Tarija.

El gabinete ministerial del presidente Rodrigo Paz está conformado por José Luis Lupo en Economía, colaborador del empresario neoliberal Samuel Doria Medina, quien clama: “No creo en subsidios… Se nacionalizó el gas y no hay gas”. Viceministros del MIR, vinculados a casos de corrupción en hidrocarburos, colocan a operadores políticos que prometieron “capitalismo para todos” pero aplican ajustes salvajes. Incumplimientos flagrantes abundan, ya que Paz juró “sin FMI ni deuda”, pero se reunió con Nigel Clarke del FMI el 1 de noviembre, recibiendo “apoyo para reformas”. “El país que recibimos está devastado”, mintió en su posesión, culpando al MAS de una supuesta malversación de 15.000 millones de dólares, ignorando deliberadamente que su linaje familiar y político forjó el neoliberalismo depredador con negociados en desmedro de la nación.

La afrenta simbólica hiere más que el garrote económico lo que se aprecia en que el 8 de noviembre, Rodrigo Paz ordenó retirar la Whipala de las banderas oficiales en Palacio, tildándola de “símbolo divisivo”. En redes sociales miles de personas expresaron su repudio, recordando que “la Whipala no se toca” y denunciando que Paz “ataca nuestra identidad para complacer a la oligarquía cruceña”. Es un acto de genocidio simbólico mediante un golpe al artículo 1 de la CPE que reabre heridas coloniales y fortalece logias fascistas como la Nación Camba.

El continuismo proimperialista es descarado. El 15 de noviembre se acordó la “cooperación antinarcóticos” con la funesta DEA. Se reestablecieron relaciones con Estados Unidos, la nación más genocida y terrorista del planeta, prometiendo “estabilidad económica y apertura al mundo”. Se retomó el sometimiento al FMI y al BM mediante préstamos condicionados a privatizaciones, shock fiscal, eliminación de subsidios, apertura comercial y tratados de “libre comercio” con Estados Unidos y la Unión Europea, además de la exportación de litio y soya sin regalías. Y la traición mayor ocurrió el 18 de noviembre, cuando se suscribió un acuerdo diplomático con el régimen sionista y exterminador de Israel, reabriendo la embajada en Tel Aviv. Así, Paz se alinea con el despreciable régimen sionista mientras Palestina sigue siendo bombardeada y asesinada.

A todo lo anterior se suma la creciente injerencia del empresario neoliberal Samuel Doria Medina, cuya sombra se proyecta sobre las decisiones clave del nuevo gobierno. Diversas organizaciones sociales, así como el propio vicepresidente Edmand Lara, han denunciado que Doria Medina impone ministros, viceministros y directores, configurando un cogobierno no declarado. Su presencia expresa la continuidad de un proyecto entreguista vinculado al capital financiero, al expolio empresarial de los años 90 y al viejo esquema de endeudamiento condicionante del FMI y del Banco Mundial. Lejos de representar una renovación, Doria Medina reencarna el viejo modelo oligárquico que parasita al Estado, privatiza sus recursos y subordina la soberanía nacional a intereses imperialistas.

Los antecedentes de quienes hoy ocupan los ministerios y viceministerios profundizan esta alarma, ya que exfuncionarios del MIR fueron implicados en coimas, turbias operaciones políticas del ciclo 1989-2004 y exautoridades del régimen de Jeanine Áñez -algunos relacionados con masacres, represión o negociados en hidrocarburos- han sido reciclados como “tecnócratas” del nuevo gabinete. Esta restauración de figuras desprestigiadas y cómplices de políticas antinacionales revela la verdadera naturaleza del gobierno entrante, por ende, no representa un proyecto modernizador, sino la reposición desnuda del neoliberalismo más rancio, antipopular y enemigo de la soberanía boliviana.

CUATROCIENTOS NOVENTA Y TRES AÑOS DE HUMILLACIÓN DEL PUEBLO PERUANO

Richard Gonzales

Desde la invasión del imperio español, cuando la masa campesina era considerada como no humana, explotada y exterminada con todo tipo de trabajos forzados, hasta el sometimiento cultural impuesto bajo la cruz y el mosquete, el pueblo peruano ha vivido siglos de dominación.

Tras la llamada “emancipación”, aquella humillación se profundizó bajo las botas de los hijos de los españoles, quienes pasaron del dominio imperial español al dominio de Inglaterra.

A pesar de la lucha y resistencia de los pueblos —tanto bajo el yugo del imperio español como del inglés— la crueldad y el sufrimiento prosiguieron bajo el imperialismo yanqui.

La explotación y la opresión ya no provenían de un solo imperio, sino de un sistema capitalista que combinaba la semifeudalidad con un capitalismo tardío y burocrático.

La humillación a la nación se evidenció de forma nítida durante la guerra con Chile, un conflicto alentado por intereses imperiales en disputa. La burguesía y los terratenientes peruanos, sin una pizca de patriotismo, servían a las tropas invasoras en banquetes y pailas, mientras estas violaban a sus “compatriotas” y tomaban Lima.

La resistencia fue protagonizada por un puñado de patriotas y por la inmensa masa popular. No así por la burguesía parasitaria, cuyos funcionarios negociaban con el enemigo, robaban los presupuestos destinados a la defensa o entregaban parte del territorio nacional, como ocurrió con Ecuador, Brasil y Colombia.

La pérdida reiterada de territorio demuestra que a esta burguesía nunca le importaron la patria ni la nación. El pueblo, en cambio, siempre resistió; él es el verdadero patriota, no las calañas vendepatrias.

La esencia de esta burguesía ha sido siempre la misma: una clase que jamás asumió la cultura, las tradiciones, las costumbres ni las identidades de su propio pueblo, esas que han forjado la historia y los símbolos de la nación.

No sienten esta patria como suya, salvo para saquearla o venderla. Son simples mercachifles, incapaces de diseñar un proyecto real de desarrollo autónomo, independiente y soberano, como sí lo lograron otros países capitalistas que hoy son potencias o superpotencias.

Podríamos preguntarnos: ¿en qué revolución industrial fueron partícipes o mentores? ¡En ninguna! Solo han sido lamebotas, entreguistas, mercachifles bárbaros.

Siempre soñaron con emular a sus amos, aspirando a una cultura europea —hoy en decadencia y decrepitud— o a la de su amo yanqui. Por eso desprecian al indio, al pobre, al “marginado”, al habitante de los conos y provincias que trabaja en sus fábricas, comercios, casas, maneja sus autos y cuida a sus hijos.

Las sociedades con raíces quechuas, aimaras y de otras minorías nacionales solo existen para ellos en la medida en que puedan ser mercantilizadas: extraerles impuestos, explotarlos en sus industrias, negarles derechos. Para esa clase dominante, son sociedades inexistentes dentro del mundo que sueñan; no los consideran sujetos históricos transformadores ni generadores de riqueza, sino bestias de carga —adiestradas o no—, reemplazables y desechables, disciplinadas por un marco jurídico que legitima la explotación y la opresión.

La crueldad y la humillación persisten aún en la sociedad actual, capitalista y dependiente del imperialismo. Si existiera una burguesía “madura”, debería ser la base de un verdadero desarrollo nacional; sin embargo, ocurre lo contrario: hoy está más sometida que nunca a sus antiguos y nuevos amos, profundizando la desintegración interna, la corrupción y la caotización social para seguir saqueando todo lo que puedan, como vulgares asaltantes de esquina.

Por tanto, no debe haber contemplación alguna con estos canallas. No debe haber miedo ni consideración. Solo debe expresarse nuestro odio de clase, nuestra rabia contenida, la cual debe explotar, aunque haya costos que pagar.

Por esa misma razón, se impone la necesidad de una organización única del pueblo en un frente único, guiado por sus mejores hijos, para cristalizar otro mundo para los explotados y oprimidos, utilizando las herramientas que la historia ha dado a los pueblos del mundo: las experiencias vivas que permitan retomar y culminar los procesos truncos del acero.

Estamos en esa disyuntiva: tomar las riendas de nuestro destino o permitir que ellos impongan su sociedad elitista y tecno-feudal.

17 de octubre de 2025

UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales
10 de octubre de 2025

Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués.

Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial.

Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones.

De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués.

En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema.

En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico.

Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites.

El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita.

Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo.

Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana.

Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso.

Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica.

10/10/2025

Why stock brokers should be 1 of the 7 deadly sins

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