El valor estratégico de la información técnica en el escenario contemporáneo del mantenimiento y reparación de maquinaria pesada, implica que la información técnica ha dejado de ser un simple recurso de consulta para convertirse en el pilar central de la operatividad. La complejidad de los equipos modernos exige que el diagnóstico no dependa de la intuición, sino de la capacidad de identificar fallas con precisión científica, aplicar procedimientos normados por los fabricantes y garantizar entornos de trabajo seguros y eficientes.
En la actualidad, un ingeniero o técnico mecánico de vanguardia requiere un acceso fluido a un ecosistema de herramientas críticas como manuales de taller actualizados, diagramas eléctricos e hidráulicos tridimensionales, y programas de capacitación continua. La convergencia de estos elementos, sumada a la experiencia empírica, es lo que permite reducir drásticamente los tiempos de inactividad de la maquinaria y prevenir fallas catastróficas que representen pérdidas económicas significativas o riesgos para la integridad humana. La revolución tecnológica y la necesidad de actualización constanteEl avance vertiginoso de la tecnología ha transformado la naturaleza de la maquinaria pesada, por lo que los sistemas puramente mecánicos o hidromecánicos han dado paso a arquitecturas complejas controladas por módulos electrónicos (ECM), sistemas de telemetría y redes de comunicación de datos (como el sistema CAN bus). Esta digitalización de los activos pesados obliga al profesional a desvincularse del analfabetismo tecnológico siendo que la actualización constante ya no es una opción de especialización, sino un requisito imprescindible para la supervivencia en el mercado laboral.De la educación tradicional a la formación por competencias.
Para comprender el perfil del profesional actual, resulta necesario analizar la evolución de los modelos educativos. Hasta hace algunas décadas, el aprendizaje de las ciencias técnicas se cimentaba en la memorización de fórmulas y en una enseñanza tradicional marcadamente vertical, en que el docente se erigía como la única fuente legítima de conocimiento. En carreras como la Ingeniería Mecánica, este enfoque academicista priorizaba la teoría abstracta sobre la praxis; los estudiantes aprendían pasivamente, observando y repitiendo procedimientos mecánicos de manera autómata, y lidiando con un acceso severamente limitado a información técnica de frontera.
Frente a las demandas de la industria global, la educación actual ha debido migrar hacia un paradigma dinámico y práctico. La formación moderna exige el uso estratégico de herramientas de última generación: software de simulación hidráulica y neumática, escáneres de diagnóstico computarizado para la lectura de códigos de falla en tiempo real, metodologías de análisis de aceites por espectrometría y técnicas de mantenimiento predictivo. El aula contemporánea se extiende al entorno virtual, permitiendo que los estudiantes accedan de forma inmediata a manuales digitales interactivos, plataformas de autoaprendizaje, cursos virtuales globales y softwares especializados de gestión de mantenimiento (CMMS). Esta transición metodológica no solo acelera el aprendizaje, sino que desarrolla competencias técnico-profesionales alineadas con las necesidades reales y los estándares operativos de nuestro medio productivo.
Productividad, seguridad y resolución de problemasEn consecuencia, la asociación entre la rigurosidad de la información técnica y los modelos de educación moderna genera un impacto directo en la competitividad industrial. Al fusionar el conocimiento teórico-práctico con el acceso a datos en tiempo real, se potencia sustancialmente la capacidad del profesional para resolver problemas complejos bajo presión, ejecutar labores bajo estrictas normas de seguridad industrial y, en última instancia, maximizar la productividad y la vida útil de la maquinaria pesada.
La praxis como eje de vidaA nivel personal, puedo afirmar que mi trayectoria académica y profesional en el área de mantenimiento de maquinaria pesada se ha forjado bajo el fuego de la experiencia práctica, alimentándose y renovándose día a día en el taller y en el campo de operaciones. Considero que el verdadero crecimiento profesional no proviene de la acumulación pasiva de títulos, sino de una praxis constante que articule el aprendizaje individual, el desarrollo integral y una autoevaluación continua y rigurosa.En un mercado laboral tan exigente y cambiante como el nuestro, el pensamiento crítico no es un valor añadido; es el requisito mínimo indispensable para enfrentar con solvencia la toma de decisiones cotidianas, resolver contingencias técnicas de alta complejidad y liderar los procesos de transformación tecnológica que nuestras industrias necesitan.
La historia de América Latina ha estado marcada por permanentes luchas entre proyectos de dominación imperialista y procesos de resistencia popular orientados a la defensa de la soberanía, la dignidad y la autodeterminación de los pueblos.
En ese largo recorrido histórico, la figura de Augusto C. Sandino emerge como uno de los símbolos más trascendentales del antiimperialismo latinoamericano del siglo XX y, al mismo tiempo, como una referencia plenamente vigente en el complejo escenario de la bipolaridad del siglo XXI.Comprender la vigencia del pensamiento sandinista implica analizar rigurosamente el contexto histórico en el que surgió su lucha y relacionarlo con las nuevas formas de dominación imperialista que hoy enfrentan las naciones oprimidas y los pueblos del mundo, particularmente en América Latina.
Sandino nace el 18 de mayo de 1895 en Nicaragua, en un contexto caracterizado por la expansión del capitalismo monopolista y el ascenso de Estados Unidos como nueva potencia imperialista. Tras consolidar su desarrollo industrial y financiero, Estados Unidos impulsó una agresiva política expansionista orientada al control de territorios estratégicos, mercados, materias primas y rutas comerciales.
La repudiada Doctrina Monroe, proclamada en 1823 bajo el lema “América para los americanos”, fue transformándose paulatinamente en un instrumento geopolítico de intervención estadounidense. A ello se sumó posteriormente la ideología del “Destino Manifiesto”, que justificó la expansión imperialista sobre territorios latinoamericanos, como ocurrió con la invasión a México entre 1846 y 1848.Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos consolidó su hegemonía regional tras la guerra hispano-estadounidense de 1898, extendiendo su influencia sobre el Caribe y Centroamérica.
La construcción del Canal de Panamá y el control de rutas interoceánicas convirtieron a Centroamérica en un territorio estratégico para la política exterior estadounidense.En ese escenario, América Latina comenzó a experimentar formas cada vez más agresivas de dependencia económica y condicionamiento político. Grandes corporaciones extranjeras pasaron a controlar recursos naturales, puertos, ferrocarriles, plantaciones agrícolas y sectores estratégicos de las economías nacionales. Fue precisamente en ese contexto de feroz explotación, ocupación militar y pérdida de soberanía en que se forjó la conciencia revolucionaria de Sandino.
Su experiencia como trabajador migrante en Honduras, Guatemala y México le permitió asumir conciencia acerca de la explotación de obreros y campesinos latinoamericanos por parte de depredadoras compañías extranjeras.
Particular relevancia tuvo su estadía en México entre 1923 y 1926, en que entró en contacto con la situación política y social de la Revolución Mexicana, conociendo las luchas por la tierra, la soberanía nacional y la defensa de los recursos naturales encabezadas por figuras revolucionarias como Emiliano Zapata y Pancho Villa.México representó para Sandino una escuela política e ideológica. Comprendió que la lucha de Nicaragua no era un conflicto aislado, sino parte de una confrontación continental entre pueblos sometidos y potencias imperialistas. Desde aquel entonces, asumió el antiimperialismo como una causa latinoamericana y universal.Cuando regresó a Nicaragua en 1926, encontró un país ocupado militarmente por tropas estadounidenses y sometido por las clases dominantes a políticas de subordinación al imperialismo norteamericano. La firma del denominado “Pacto del Espino Negro” en 1927, mediante el cual sectores políticos aceptaron la tutela e injerencia de Estados Unidos, fue interpretada por Sandino como una abierta traición a la soberanía y dignidad nacional.Frente a ello decidió continuar la lucha armada y organizó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Su resistencia trascendió rápidamente las fronteras nacionales y se convirtió en símbolo continental de dignidad y rebeldía frente al imperialismo.Sandino no solo enfrentó militarmente al genocida imperialismo yanqui; también construyó una profunda doctrina política basada en la soberanía nacional, la unidad latinoamericana y la defensa de los pueblos oprimidos. Su pensamiento se inscribe en la tradición emancipadora de Simón Bolívar y José Martí, quienes denunciaron tempranamente las amenazas expansionistas sobre Nuestra América.A más de un siglo de su nacimiento, la figura de Sandino adquiere renovada vigencia en un contexto internacional marcado por injustas guerras híbridas, bloqueos económicos, sanciones unilaterales, manipulaciones mediáticas y nuevas formas de dominación financiera y tecnológica.
El decadente imperialismo estadounidense ya no actúa únicamente mediante invasiones militares directas. Hoy opera también a través de mecanismos económicos, mediáticos, diplomáticos y tecnológicos orientados a condicionar la soberanía de los Estados y el destino de los pueblos.Distintos países latinoamericanos han enfrentado en las últimas décadas fuertes presiones externas por intentar desarrollar proyectos soberanos e independientes. En ese escenario, el pensamiento sandinista reaparece como referencia política y ética para quienes defienden la autodeterminación de los pueblos frente a políticas de injerencia y sometimiento imperialista.
La vigencia de Sandino se expresa, en primer lugar, en la defensa irrestricta de la soberanía nacional. Sandino comprendió que ningún país puede considerarse verdaderamente independiente mientras sus recursos estratégicos, decisiones económicas o instituciones políticas estén condicionadas por intereses extranjeros.En segundo lugar, Sandino representa la resistencia frente al neocolonialismo actual.
Las actuales formas de dependencia ya no se manifiestan únicamente mediante ocupaciones militares, sino también a través de endeudamientos externos, imposiciones financieras, subordinación tecnológica y manipulación mediática.En tercer lugar, Sandino simboliza la dignidad de los pueblos pequeños frente a las grandes potencias. Su lucha demostró que incluso una nación pequeña puede enfrentar política y moralmente a un imperio cuando existe conciencia patriótica, organización popular y voluntad de resistencia.
Otro aspecto central de la vigencia sandinista es su visión latinoamericanista, ya que él comprendió que la independencia de Nicaragua estaba ligada al destino de toda América Latina.
Por ello defendió resueltamente la unidad continental frente a las políticas de fragmentación y dependencia impulsadas desde el exterior.
En el siglo XXI, marcado por contiendas intercapitalistas e interimperialistas y reconfiguraciones del poder mundial, la integración latinoamericana sigue siendo uno de los principales desafíos históricos de la región. La soberanía energética, tecnológica, alimentaria y comunicacional continúa siendo una tarea pendiente para los pueblos latinoamericanos.
Asimismo, el pensamiento de Sandino adquiere enorme importancia en el terreno cultural y comunicacional. En la actualidad, las grandes disputas políticas también se desarrollan en el ámbito de la información, las plataformas digitales y la construcción de narrativas.La batalla por la memoria histórica se ha convertido en un componente estratégico de la lucha política actual. En ese contexto, rescatar figuras como Sandino implica disputar el sentido histórico de América Latina y reivindicar las luchas populares invisibilizadas por las narrativas dominantes.
Así, la narrativa audiovisual latinoamericana posee hoy una enorme responsabilidad histórica que conlleva recuperar la memoria de los pueblos, denunciar las nuevas formas de explotación y fortalecer la conciencia crítica de las nuevas generaciones.La frase inmortal de Sandino: “Patria libre o morir” continúa sintetizando el anhelo histórico de independencia, dignidad y justicia social de centenares de millones de latinoamericanos.
El asesinato de Sandino en 1934, promovido por reaccionarios sectores vinculados a Anastasio Somoza García y respaldados por mezquinos intereses estadounidenses, buscó destruir físicamente una experiencia revolucionaria y patriótica que amenazaba las estructuras de poder dominantes.Sin embargo, su pensamiento sobrevivió al crimen político y se convirtió en bandera histórica de los movimientos antiimperialistas y populares de América Latina.
Décadas más tarde, su legado inspiró al Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra la dictadura somocista y en la defensa de la soberanía nacional nicaragüense.Actualmente, en el marco de un mundo bipolar en disputa, Sandino sigue representando la rebeldía digna de las naciones y los pueblos frente a toda forma de dominación imperialista y explotación capitalista y sometimiento.La vigencia del antiimperialismo de Augusto C. Sandino no pertenece únicamente a la historia de Nicaragua. Pertenece a la memoria histórica de Nuestra América y a las luchas universales de los pueblos por soberanía, justicia social, independencia y una sociedad superior.
Porque mientras existan pueblos que resistan al insepulto capitalismo y su fase germinal imperialista, así como defiendan su derecho a decidir su propio destino, Sandino seguirá cabalgando en la conciencia rebelde de América Latina.
A las madres que sostienen la vida y la esperanza de los pueblos
En este Día de la Madre Mexicana abrazamos con profundo respeto, admiración y solidaridad a todas las madres que, aun en medio de la adversidad, continúan sosteniendo la vida, la dignidad y la esperanza de sus familias y de sus pueblos.
Abrazamos a las madres trabajadoras, a las madres campesinas, indígenas, obreras, estudiantes, profesionistas y luchadoras sociales; a las madres de México, de América Latina y de todos los pueblos que resisten frente a la desigualdad, la violencia, las guerras, el hambre impuesta, los bloqueos, las ocupaciones y las distintas formas de dominación y exclusión.
A ustedes les decimos: su lucha no es invisible, su esfuerzo no es olvidado y su voz sigue siendo semilla de dignidad y transformación social.
Ser madre en territorios golpeados por la injusticia, el despojo, el fascismo, el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo extractivo constituye también un acto profundo de resistencia humana, política y ética. Cada madre que protege la vida, que alimenta, educa, acompaña y defiende a sus hijos e hijas en medio de la incertidumbre representa una fuerza invaluable para los pueblos.
Frente a quienes pretenden normalizar la violencia, frente a quienes convierten el sufrimiento en negocio y frente a quienes buscan silenciar la memoria colectiva, levantamos la solidaridad entre los pueblos, la defensa de la vida y el derecho de las mujeres a vivir con justicia, dignidad y paz.
Porque ningún bloqueo puede llamarse humanitario.
Porque ninguna ocupación puede traer verdadera paz.
Porque ninguna libertad puede edificarse sobre el hambre de la infancia, el dolor de las mujeres o la destrucción de los pueblos.
Hoy honramos especialmente a las madres que organizan ollas comunes, comedores comunitarios y redes solidarias; mujeres que transforman el esfuerzo colectivo en alimento, la solidaridad en esperanza y la comunidad en una gran familia. Su entrega sostiene barrios enteros y demuestra que el cuidado también es liderazgo, conciencia social y resistencia organizada.
Honramos a las madres buscadoras que no descansan hasta encontrar verdad y justicia para sus desaparecidos; a las madres que defienden la tierra, el agua y la soberanía de sus pueblos; a las madres que marchan contra la guerra, contra el odio y contra toda forma de violencia política y de género; a las madres que, incluso entre ruinas y dificultades, continúan sembrando dignidad, amor y futuro.
Desde América Latina reafirmamos nuestra voz contra el fascismo, el patriarcado, el colonialismo y toda forma de opresión y violencia. Reivindicamos el papel histórico de las mujeres y de las madres en la construcción de sociedades más humanas, solidarias y emancipadoras.
En este día no solo celebramos la maternidad; también reconocemos la valentía, la conciencia, la resistencia y la enorme capacidad transformadora de las madres mexicanas y latinoamericanas.
Por la vida, la memoria, la justicia y la liberación de los pueblos.
¡Feliz Día de la Madre a todas las madres que luchan, aman y resisten!
Porque la ternura también tiene forma de resistencia.
Tecámac, Estado de México, 3 de mayo de 2026.- En el marco de las actividades conmemorativas por el Día de la Niña y del Niño, organizaciones sociales, liderazgos comunitarios, familias y voluntarios participaron en el desfile denominado “Juntos por una Sonrisa”, desarrollado en el municipio de Tecámac, Estado de México, con el objetivo de promover la alegría, la integración social y la defensa de los derechos de la infancia.
La actividad contó con la participación de Agentes de Cambio Lucero y Mariana Torres, impulsores de esta iniciativa comunitaria, así como del Licenciado Christopher Leyva, reconocido líder social en el Estado de México y Tecámac, integrantes del grupo juvenil Ocelotl, la Asociación Sembrando Ayuda, asociaciones de autos clásicos, vecinas, vecinos y familias comprometidas con la construcción de una sociedad más solidaria y humana.
El Secretario de CONAICOP México, Julio Gerardo Padilla Sánchez, destacó que este tipo de actividades representan mucho más que una celebración recreativa, constituyéndose en un llamado de conciencia frente a las problemáticas que afectan a miles de niñas y niños en el municipio, particularmente los altos índices de violencia intrafamiliar, maltrato físico y emocional, así como diversos factores de riesgo que vulneran el desarrollo integral de la infancia.
De acuerdo con estimaciones sociales compartidas durante la actividad, alrededor del 10% de los aproximadamente 10 mil menores del municipio enfrentan situaciones vinculadas a violencia y entornos familiares inadecuados, situación que demanda mayor atención institucional, comunitaria y familiar para garantizar condiciones dignas de crecimiento, educación, salud y protección.
Durante el recorrido, niñas y niños recibieron regalos, dulces y muestras de afecto por parte de los participantes, quienes transformaron las calles de Tecámac en un espacio de esperanza, alegría y convivencia comunitaria. Entre los personajes y atracciones que acompañaron el desfile destacaron Woody, representado por el Licenciado Christopher Leyva; las vaqueritas Jessi; personajes de películas y videojuegos como Super Mario Bros, Luigi, Deadpool, Hermione y figuras inspiradas en Star Wars, además de carros alegóricos, vehículos clásicos y la presencia de los emblemáticos Meteoro y Rayo McQueen.
Asimismo, se resaltó la participación activa de familias y vecinos, entre ellos la familia Ilich de Ecuador, quienes se sumaron solidariamente a esta jornada dedicada a la niñez tecamaquense.
El evento también contó con cobertura periodística y difusión mediática por parte de la estación de radio 97.7, así como del señor Rafael, representante del medio local Tecámac Visión de la Noticia, quienes realizaron el seguimiento informativo de la actividad, contribuyendo a visibilizar las iniciativas comunitarias orientadas a la protección y bienestar de la infancia.
Los organizadores señalaron que la sonrisa de una niña o un niño representa bienestar emocional, seguridad y esperanza colectiva, por lo que reafirmaron la necesidad de continuar impulsando acciones comunitarias orientadas a fortalecer ambientes sanos, libres de violencia y con mayores oportunidades para el desarrollo integral de las nuevas generaciones.
En México, el Día de la Niña y del Niño se conmemora cada 30 de abril desde 1924, como una fecha destinada a promover y defender los derechos de la infancia, recordando la responsabilidad colectiva de garantizar protección, educación, salud y condiciones de vida dignas para todas y todos.
La jornada concluyó entre expresiones de alegría, mensajes de unidad y reflexiones sobre la importancia de preservar la imaginación y la esperanza de la infancia.
“Nunca dejes de jugar, reír y soñar”. “La risa de un niño es la alegría del mundo”. “Que nunca pierdas la magia de ver al mundo con asombro”.
Ciudad de México, 2 de mayo de 2026.- Millones de trabajadores, campesinos, estudiantes y organizaciones populares protagonizaron multitudinarias marchas y movilizaciones en diversas ciudades del mundo en conmemoración del Día del Proletariado Internacional, expresando su rechazo al sistema capitalista causante de mayor precarización laboral, pérdida de derechos sociales, incremento del costo de vida y las depredadoras políticas económicas neoliberales que afectan a los pueblos.
En México, la jornada estuvo marcada por una intensa movilización de organizaciones sindicales, obreras y magisteriales. La Unión Nacional de Trabajadores (UNT) convocó a las masas trabajadoras a salir a las calles “por justicia, derechos y dignidad laboral”, exigiendo respeto a los contratos colectivos, salarios dignos, libertad sindical y mayores recursos para educación, salud y ciencia. Paralelamente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) anunció nuevas medidas de presión y la posibilidad de una huelga nacional durante el Mundial FIFA 2026 ante la falta de respuestas del Gobierno Federal a demandas históricas como la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, jubilaciones dignas, incremento salarial del 100% y defensa de la educación pública. Durante las movilizaciones también se observaron banderas rojas, símbolos sindicales y diversas expresiones políticas e ideológicas vinculadas a organizaciones de revolucionarias y dirigentes comunistas reconocidos internacionalmente.
Las movilizaciones se extendieron a ciudades como Madrid, París, Berlín, Moscú, Londres, Roma, Buenos Aires, Brasilia, Bogotá, Caracas, Lima, La Paz, Quito, etc., en que millones de trabajadores denunciaron la conculcación de derechos laborales y beneficios sociales conquistados con muchísimo sacrificio. Asimismo, reclamaron salarios justos, reducción de la jornada laboral, protección de derechos sindicales, defensa de pensiones públicas y acceso a vivienda digna. En varios países se registraron protestas contra el militarismo, las privatizaciones y las políticas de ajuste económico impulsadas por sectores financieros y corporativos.
El imperialismo yanqui arremetió con mayor saña contra la Venezuela Bolivariana mediante el vergonzoso ataque perpetrado el 3 de enero, una acción militar que dejó más de un centenar de militares venezolanos y cubanos asesinados, además de la destrucción de infraestructura estratégica, centros de investigación y objetivos sensibles del Estado venezolano. En medio de aquella agresión terrorista fueron secuestrados el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera combatiente Cilia Flores, quienes hasta la fecha permanecen injustamente encarcelados bajo mecanismos de presión, amenazas y condicionamientos que constituyen una flagrante violación del derecho internacional, la soberanía de los pueblos y el principio de libre autodeterminación. Muchos sectores populares y revolucionarios continúan exigiendo la liberación inmediata del mandatario obrero y denunciando las permanentes políticas injerencistas impulsadas desde Washington contra la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez. En esa perspectiva, se reafirma el rechazo al tutelaje imperialista y la firme voluntad del pueblo venezolano de seguir luchando por una nación libre, independiente y soberana, tal como lo soñaron y defendieron los grandes líderes históricos de la Revolución Bolivariana.
En Cuba cientos de miles de trabajadores, campesinos, estudiantes y organizaciones sociales participaron en una multitudinaria movilización encabezada por el presidente Miguel Díaz-Canel, reafirmando la defensa de la soberanía nacional, la independencia y la continuidad histórica de la Revolución Cubana. Durante la jornada se expresó un contundente rechazo al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperialismo estadounidense –enemigo de la humanidad y pueblos del mundo- desde hace más de seis décadas, así como a las recientes sanciones y restricciones dirigidas contra el comercio de combustibles y otros sectores estratégicos de la economía cubana.
El presidente Miguel Díaz-Canel denunció que el gobierno de Estados Unidos continúa aplicando nuevas medidas coercitivas que refuerzan el brutal bloqueo contra Cuba, evidenciando —según afirmó— una profunda pobreza moral y un abierto desprecio hacia la voluntad de los pueblos del mundo. Asimismo, sostuvo que ninguna persona honesta puede aceptar la falsa acusación de que Cuba represente una amenaza para Estados Unidos, señalando que los graves daños ocasionados por el bloqueo responden a la conducta intimidatoria y arrogante de la mayor potencia militar del planeta. A pesar de ello, el pueblo cubano volvió a demostrar su firme voluntad de resistencia y defensa de su dignidad y soberanía.
En Bolivia, una nutrida movilización de trabajadores, maestros y organizaciones sociales reunidos en un Cabildo expresó su creciente descontento frente a la crisis económica y las políticas gubernamentales. Durante la concentración se denunció que el Gobierno “está gobernando a favor de grupos de poder económico vinculados a terratenientes, agroindustriales y banqueros”, cuestionándose además el Decreto 5516 y advirtiéndose que en julio volvería a incrementarse el precio de los hidrocarburos. Asimismo, se acusó al Gobierno de vulnerar la Constitución mediante decretos y se reafirmó que el magisterio urbano defenderá la educación única, fiscal y gratuita frente a cualquier intento de privatización o mercantilización educativa. En este contexto, la Central Obrera Boliviana (COB) anunció un paro general indefinido acompañado de movilizaciones nacionales debido a la falta de atención a sus demandas, mientras diversas organizaciones sociales advirtieron el inicio de bloqueos de caminos y el Magisterio Rural confirmó nuevas medidas de presión y protestas a nivel nacional contra lo que califican como políticas neoliberales impulsadas por un gobierno entreguista y proimperialista.
El 1° de Mayo de 2026 dejó en evidencia el profundo descontento de los pueblos frente a la creciente desigualdad social generada por el sistema capitalista e intensificada por las políticas neoliberales impuestas por organismos financieros internacionales, corporaciones transnacionales y gobiernos subordinados a intereses imperialistas. Millones de trabajadores denunciaron la explotación laboral, la privatización de derechos fundamentales, la destrucción de conquistas históricas del movimiento obrero, el desempleo, la precarización laboral y el encarecimiento de las condiciones de vida que golpean duramente a las clases populares. Desde América Latina hasta Europa, Asia y otras regiones del mundo, las multitudinarias movilizaciones reafirmaron que la lucha por justicia social, soberanía de los pueblos, salarios dignos, educación y salud pública, así como por la defensa de los derechos laborales y humanos, continúa plenamente vigente frente al avance del capitalismo neoliberal y las políticas de saqueo económico impulsadas por las élites dominantes. Asimismo, en numerosas movilizaciones se expresó un firme repudio a las políticas guerreristas y expansionistas del imperialismo estadounidense y a las prácticas genocidas del régimen sionista de Israel, al que diversos sectores acusaron de continuar exterminando impunemente al pueblo de Palestina en medio de la indiferencia y complicidad de potencias capitalistas.
Organizaciones políticas y populares de México reafirman solidaridad internacionalista durante movilizaciones por el Día del Proletariado Internacional
Ciudad de México, 02 de mayo de 2026.- En el marco de las jornadas de lucha por el Día Internacional del Proletariado, decenas de miles de trabajadores, maestros, estudiantes, campesinos y miembros de organizaciones populares participaron en multitudinarias movilizaciones desarrolladas en Ciudad de México, Puebla, Chiapas y otras regiones del país, en que además de exigir derechos laborales, expresaron su solidaridad con diversos pueblos del mundo que enfrentan agresiones imperialistas, sionistas y políticas represivas.
Durante las movilizaciones, distintos contingentes manifestaron su respaldo a los pueblos de Palestina, Irán, Cuba, Venezuela y Líbano, denunciando las políticas genocidas del imperialismo estadounidense y condenando las acciones militares y represivas atribuidas al régimen sionista de Israel contra el pueblo palestino y otras naciones del llamado Medio Oriente. Asimismo, se escucharon consignas de apoyo a la resistencia de los pueblos frente a las sanciones económicas, bloqueos y medidas coercitivas unilaterales impulsadas por la decadente potencia imperialista.
En diversos puntos de las marchas también se expresó solidaridad con el pueblo peruano, denunciándose la criminalización de la protesta social, la persecución política, el encarcelamiento y la represión contra sectores populares que exigen transformaciones estructurales en el Perú, entre ellas la democratización de la sociedad, la restitución de derechos y libertades, así como, la convocatoria a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución Política.
En el marco de las libertades democráticas y derechos existentes en México y de las movilizaciones desarrolladas por el 1° de Mayo, diversos contingentes participaron difundiendo expresiones ideológicas y políticas vinculadas a organizaciones revolucionarias, colectivos populares y corrientes de izquierda. En ese contexto, algunos sectores agitaron consignas de respaldo al marxismo-leninismo-maoísmo, reivindicándolo como una herramienta ideológica y política para la lucha de clases y la transformación revolucionaria de la sociedad. Asimismo, se propagandizaron las Obras Escogidas del Dr. Abimael Guzmán Reinoso —correspondientes a los tomos I, II, III y IV— destacando su difusión en determinados espacios militantes y anunciando que actualmente se encuentran en preparación los tomos V y VI, en el marco de esfuerzos orientados a preservar y divulgar documentos políticos e ideológicos relacionados con la praxis maoísta en América Latina y el mundo.
A lo largo de la jornada también se observaron banderas rojas, símbolos obreros, pancartas y diversa propaganda política alusiva a organizaciones comunistas, movimientos populares y expresiones de solidaridad internacionalista presentes en distintos puntos de la nutrida marcha. Algunos contingentes reivindicaron la memoria de procesos revolucionarios latinoamericanos y la vigencia de las luchas antiimperialistas, mientras otros enfatizaron la necesidad de fortalecer la organización política y sindical de los trabajadores frente a las actuales crisis económicas, sociales y geopolíticas. Dentro de ese mosaico de expresiones políticas, determinadas agrupaciones hicieron referencia a planteamientos históricos del Partido Comunista del Perú y a la figura del Dr. Abimael Guzmán Reinoso desde una perspectiva reivindicativa y militante vinculada a sectores promaoístas presentes en la movilización.
Las movilizaciones estuvieron encabezadas por organizaciones sindicales y magisteriales como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la cual reiteró sus demandas históricas relacionadas con la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, incremento salarial, jubilaciones dignas y defensa de la educación pública. Las protestas se desarrollaron en medio de un creciente clima de inconformidad social frente al deterioro económico, la precarización laboral y las políticas consideradas favorables a grupos empresariales y financieros.
Las jornadas del 1° y 2 de mayo confirmaron que México continúa siendo un importante escenario de movilización social y debate político, en la que distintos sectores populares, sindicales y estudiantiles mantienen vigentes sus demandas históricas de justicia social, soberanía, derechos laborales y solidaridad internacionalista, así como, el derecho a edificar una sociedad superior.
En este primero de mayo, Día del Proletariado Internacional, la Red de Prensa Popular Latinoamericana extiende su más ferviente y combativo saludo a la clase obrera y a los pueblos oprimidos del mundo.
Hoy, los comunistas y revolucionarios tenemos la obligación de reflexionar y estar claros en el proceso histórico de nuestra clase. Declaramos firmemente que la historia del proletariado es, en esencia, la historia de su invencible ideología: el marxismo-leninismo-maoísmo. Es la historia de su Partido Comunista y de la revolución proletaria mundial, en su lucha irrenunciable por instaurar la dictadura del proletariado, construir el socialismo y marchar hacia el comunismo.
En esta fecha nos reafirmamos en nuestra gloriosa trayectoria, forjada a través de hitos imperecederos:
Nos reafirmamos en los principios del «Manifiesto del Partido Comunista» de 1848, asumiendo que la clase obrera es la única clase verdaderamente revolucionaria, destinada a abolir la propiedad privada mediante la violencia revolucionaria.
Nos reafirmamos en el legado de la Comuna de París de 1871, el primer y gran hito histórico donde el proletariado tomó el poder en sus manos.
Nos reafirmamos en la heroica Revolución de Octubre de 1917, dirigida por Lenin, que estremeció la Tierra e inició la Era de la Revolución Proletaria Mundial.
Nos reafirmamos en el gran triunfo de la Revolución China de 1949 bajo la magistral dirección del Presidente Mao Tse-tung.
Nos reafirmamos en la grandiosa epopeya de los años 60, la Gran Revolución Cultural Proletaria, cumbre del siglo XX y la ola más alta de la revolución proletaria mundial.
Somos conscientes de que hoy la revolución proletaria mundial atraviesa un repliegue político general. ¡Pero el proletariado y los oprimidos no temen al fracaso!. Toda nuestra historia es confirmación cotidiana de la ley fundamental de la contradicción: la lucha es lo absoluto, y la victoria y los fracasos son relativos. Entendemos científicamente que la clase lucha, fracasa y vuelve a luchar; y que el proletariado construye la victoria inexorable a través de una escalera de fracasos. A lo nuevo lo acecha el fracaso, pero éste es sólo producto de su debilidad transitoria, no de un objetivo o lucha erróneos.
¡La revolución no se ha detenido; prosigue y proseguirá en nuevas condiciones!. En medio de este repliegue histórico, ya está gestándose una nueva etapa. En las próximas décadas del siglo XXI, surgirán nuevas olas revolucionarias que asaltarán los cielos y conquistarán el poder.
Por todo ello, en este 1º de mayo, llamamos a las masas obreras y campesinas a reafirmarse más profundamente aún en el marxismo-leninismo-maoísmo. Asimilemos la inmensa experiencia de ciento cincuenta años de revolución proletaria mundial y apliquémosla con inquebrantable decisión para afrontar los retos del presente y del futuro.
Referencia: Presidente Gonzalo, & Camarada Míriam. (1994, 1 de mayo). Acerca de la historia del proletariado internacional. Ediciones Bandera Roja.
Ciudad de México, 29 de abril de 2026. En la Cámara de Diputados de la Ciudad de México se desarrolló la Mesa de Análisis: “Pueblos Unidos en Resistencia / Cuba”, espacio político, académico y de solidaridad internacional que congregó a legisladores, académicos, dirigentes sindicales, activistas sociales, organizaciones populares y representantes diplomáticos con el objetivo de denunciar las políticas injerencistas y coercitivas impulsadas por el imperialismo estadounidense contra diversos pueblos del mundo, así como reafirmar la defensa del derecho internacional, la soberanía y la autodeterminación de las naciones.
El encuentro se realizó en un contexto internacional marcado por el recrudecimiento de medidas de presión económica, política y mediática contra países como Cuba, Venezuela, Palestina e Irán. Los participantes coincidieron en denunciar las agresiones imperialistas y en la necesidad de fortalecer la integración regional, la solidaridad internacional y la resistencia de los pueblos frente a las políticas expansionistas y de dominación.
Condena al intervencionismo y defensa del derecho internacional
Durante las distintas intervenciones se expresó una profunda preocupación por las agresiones y sanciones impuestas contra pueblos soberanos. Los panelistas denunciaron que estas medidas vulneran principios esenciales del derecho internacional, la soberanía de las naciones y la libre autodeterminación de los pueblos, ya que afectan directamente el bienestar y desarrollo de centenares de millones de personas.
El Dr. Nayar López Castellanos cuestionó el recrudecimiento del intervencionismo estadounidense y denunció el cerco petrolero impuesto contra Cuba, señalando que constituye una abierta violación a su soberanía y autodeterminación. Asimismo, destacó la histórica solidaridad internacionalista de la Revolución Cubana mediante programas como Yo sí puedo, Operación Milagro, la ELAM y el desarrollo de vacunas. También propuso que México fortalezca mecanismos regionales como la CELAC y reevalúe su permanencia en la OEA.
Por su parte, el Dip. Pedro Vásquez González enfatizó que “la soberanía no se negocia”, exigiendo respeto irrestricto al derecho internacional y a la cooperación entre naciones. Recordó el papel histórico de México al brindar asilo político a Fidel Castro y Raúl Castro, así como el vínculo histórico entre Fidel y Ernesto Che Guevara en territorio mexicano. Además, condenó el genocidio contra Palestina y las agresiones contra Irán, señalando que las desigualdades estructurales constituyen una de las principales causas de la violencia global.
La Mtra. Génova Verónica Peralta Piña, abogada penalista, destacada activista e internacionalista, denunció las políticas intervencionistas impulsadas contra diversos pueblos del mundo y expresó su solidaridad con la Revolución Bolivariana de Venezuela, el presidente Nicolás Maduro y la dip. Cilia Flores, hoy injustamente secuestrados y encarcelados en Estados Unidos. Asimismo, cuestionó la manipulación mediática promovida por corporaciones alineadas con intereses sionistas y destacó la permanente solidaridad de Cuba con la humanidad.
En representación de la STUNAM, Carlos Augusto Galindo Galindo criticó la imposición de un modelo económico internacional injusto y excluyente, denunciando la existencia de una “dictadura financiera internacional” que afecta a los pueblos. Asimismo, llamó a revisar el modelo educativo y el sistema de salud en México, fortaleciendo las luchas sociales y la organización popular en beneficio de las grandes mayorías trabajadoras.
Cuba: símbolo de dignidad, resistencia y solidaridad internacional
La mayoría de los participantes resaltaron el papel histórico de Cuba como referente de dignidad, resistencia y solidaridad internacionalista frente a décadas de bloqueo, agresiones y sanciones económicas.
El Dip. Jorge Armando Ortiz Rodríguez reafirmó la histórica solidaridad del Partido del Trabajo con las revoluciones socialistas y recordó la célebre frase del comandante Ernesto Che Guevara: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”.
La Ing. Ana María Meneses López sostuvo que Cuba constituye un ejemplo de conciencia de clase, educación, salud y autodeterminación para América Latina y el mundo, pese a las injusticias que enfrenta desde hace más de seis décadas.
Edgar Irazoque, integrante del Colectivo de Solidaridad Militante Va por Cuba, denunció que el bloqueo estadounidense impide arbitrariamente el comercio internacional de la isla y destacó las campañas de solidaridad desarrolladas en México, incluyendo centros de acopio realizados en el Zócalo y el Monumento a la Revolución.
El Dip. Edén Garces Medina subrayó la importancia de recuperar la memoria histórica de las luchas de los pueblos latinoamericanos, proponiendo impulsar visitas estudiantiles a sitios históricos vinculados al paso de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en México.
Por su parte, la Dip. María Magdalena Rosales Cruz expresó su reconocimiento a la resistencia del pueblo cubano y recordó el apoyo histórico de Cuba a diversas causas internacionales, como la lucha contra el apartheid sudafricano, la solidaridad con la República Árabe Saharaui Democrática y el respaldo al pueblo palestino. “La humanidad es una sola y las fronteras fueron impuestas por las élites explotadoras”, manifestó.
Unidad de los pueblos y solidaridad internacional
El Mtro. Juan José Dávalos López. Destacó la necesidad de fortalecer la unidad, la solidaridad internacional y la articulación entre los pueblos frente a las políticas de agresión, dominación e injerencia imperialista. Asimismo, reafirmó la importancia de defender la soberanía, la autodeterminación y la justicia social como principios fundamentales para la paz y la dignidad de las naciones. Concluyó su participación expresando enfáticamente: “¡Viva Cuba y viva la unidad de los pueblos!”.
Clausura de la Misión Diplomática de Cuba
La jornada concluyó con la intervención del excelentísimo Embajador de Cuba, Eugenio Martínez Enrique, quien agradeció las muestras de solidaridad expresadas por los panelistas, legisladores y asistentes.
Durante su intervención, el diplomático recordó la larga historia de lucha anticolonial y antiimperialista del pueblo cubano, destacando que la isla soportó décadas de dominación extranjera antes de alcanzar plenamente su independencia hace 124 años. Denunció que las actuales sanciones económicas impuestas contra Cuba violan el derecho internacional y afectan gravemente el desarrollo y bienestar de su población.
El Embajador sostuvo que Cuba continuará resistiendo las agresiones imperialistas y defendiendo su soberanía, autodeterminación y proyecto socialista. Asimismo, denunció las políticas expansionistas orientadas al control de recursos naturales, puertos y mercados estratégicos en distintas regiones del planeta.
“Cuba combate y resiste los perversos planes del imperialismo yanqui. Cuba no renunciará al camino del socialismo ni será un Estado sometido y subordinado”, enfatizó.
Al finalizar la actividad se desarrolló una Conferencia de Prensa en la que diversas organizaciones sociales, personalidades y representantes solidarios reiteraron su respaldo a Cuba y a los pueblos que enfrentan políticas de intervención, expansionismo y violencia imperialista, emitiendo una firme condena contra toda forma de agresión que vulnere la soberanía y dignidad de las naciones.
A 131 años del nacimiento del General de Hombres Libres
Por: Julio Gerardo Padilla Sánchez
CONAICOP Secretaría México
Un hilo invisible conecta las gestas heroicas de América Latina. En la isla de Cuba, el apóstol José Martí cayó en combate en Dos Ríos un 19 de mayo de 1895. Apenas un día antes, el 18 de mayo, nacía en Niquinohomo, Nicaragua, Augusto Nicolás Calderón Sandino. Parecía que el destino marcaba una continuidad histórica en la resistencia antiimperialista. Martí ya había advertido con claridad el peligro del expansionismo estadounidense y la necesidad de una América unida para defender su soberanía. Ese mismo espíritu cobraría vida en el niño nicaragüense.
La semilla de la rebelión
Hijo de la recolectora de café Margarita Calderón y del productor agrícola Gregorio Sandino, el joven Augusto creció con las manos en la tierra. Su infancia estuvo atravesada por las llamadas «Guerras Bananeras», una brutal intervención extranjera para proteger intereses económicos y estratégicos ajenos en la región.
Hubo un episodio que marcó para siempre su conciencia. A los 17 años vio pasar el cadáver del general Benjamín Zeledón. Este abogado revolucionario había sido acribillado en 1912 por resistirse al dominio norteamericano. Las tropas interventoras exhibieron su cuerpo en una carreta de bueyes por pueblos como Catarina y Niquinohomo para intimidar a la población. El efecto en Sandino fue exactamente el contrario. Las ideas de Zeledón encendieron una llama que jamás se apagaría.
«Cada gota de mi sangre derramada en defensa de mi Patria y de su libertad, dará vida a cien nicaragüenses que, como yo, protestarán a balazos el atropello y la traición de que es actualmente víctima nuestra hermosa pero infortunada Nicaragua.»
La universidad política en el exilio
Para forjar su visión del mundo, Sandino recorrió Centroamérica y más allá. Entre 1921 y 1922 trabajó como mecánico en el ingenio azucarero hondureño de Montecristo y luego pasó por las plantaciones de Guatemala. Sin embargo, México se convirtió en su verdadera escuela política e ideológica.
En las tierras petroleras de Tampico y Veracruz se nutrió de los ideales de la Revolución Mexicana y la lucha campesina de Emiliano Zapata. Allí conectó con grupos francmasones, anarquistas y pensadores antiimperialistas. Años más tarde regresaría buscando el apoyo del presidente Emilio Portes Gil para su lucha armada. En esas tierras también colaboró estrechamente con el líder salvadoreño Farabundo Martí a quien nombró coronel de su ejército, aunque terminaron separando caminos al no coincidir el enfoque marxista del salvadoreño con el puro nacionalismo del nicaragüense.
El Ejército Defensor de la Soberanía Nacional
En 1927 Sandino tomó una decisión que cambiaría la historia al rechazar el Pacto del Espino Negro. Este acuerdo pretendía poner fin a la Guerra Constitucionalista bajo la humillante supervisión de Estados Unidos. Frente a la sumisión de las élites, organizó a campesinos y obreros.
Con un profundo conocimiento de las montañas de Nueva Segovia y el vital respaldo del pueblo rural, implementó una brillante guerra de guerrillas. Contra todo pronóstico y enfrentando a unos cinco mil marines equipados con tecnología superior, Sandino logró lo impensable y forzó la retirada de las tropas extranjeras en 1933.
El testamento inquebrantable
La traición apagó su vida en 1934 por órdenes de Anastasio Somoza García. No obstante, las balas no pudieron detener sus ideales. Su heroísmo sentó las bases para la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, movimiento que en 1979 derrocaría a la sangrienta dictadura somocista para recuperar la autodeterminación.
El «General de Hombres Libres» nos dejó un legado inmenso resumido en su grito histórico «Patria Libre o Morir». Como un apunte necesario para honrar la verdad histórica, es importante aclarar que la famosa frase «Patria o Muerte, Venceremos» se popularizó décadas después gracias a la Revolución Cubana, aunque comparte plenamente la misma esencia de dignidad.
La vida de Augusto C. Sandino demuestra de forma contundente que entre nuestros pueblos no deben existir fronteras cuando el objetivo supremo es defender la libertad.
“Mientras haya en mi patria hombres que amen la libertad, no dejaré de luchar contra el invasor extranjero.” — Augusto César Sandino
“El imperialismo no puede ser jamás amigo de los pueblos débiles; su interés es explotarlos y dominarlos.” — Augusto César Sandino
En el marco de una visita reflexiva al Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la Universidad Nacional Autónoma de México, espacio emblemático de la memoria histórica del pueblo mexicano, un grupo de activistas y comunicadores realizó un proceso colectivo de análisis y debate en torno a la lucha de clases en México, América Latina y el escenario internacional actual.
Estas reflexiones se inscriben en un contexto global marcado por la profundización de las contradicciones del capitalismo en su fase imperialista, la reconfiguración del orden mundial y el despliegue de múltiples formas de dominación —económicas, políticas, militares y mediáticas— por parte de las potencias capitalistas e imperialistas. Al mismo tiempo, diversos pueblos del mundo, como Palestina, Cuba, Irán, Yemen, Líbano, Venezuela, entre otros, sostienen procesos de resistencia frente a estas injustas políticas de dominación, en un escenario internacional atravesado por la gran ley de la lucha de clases en macro.
En este contexto de reflexión crítica, y a partir de la carga simbólica e histórica de Tlatelolco, el colectivo centró su análisis en el movimiento estudiantil de 1968 en México, entendido no como un hecho aislado, sino como expresión concreta de la lucha de clases en un momento de crisis del régimen político de aquella coyuntura. Se abordó su capacidad organizativa, su carácter popular y su potencial transformador, así como la brutal respuesta estatal, que recurrió al terrorismo de Estado para preservar el orden dominante.
El presente ensayo es, por tanto, el resultado de este ejercicio colectivo de pensamiento crítico, elaborado de manera conjunta por Julio Gerardo Padilla Sánchez, Héctor Torres Vázquez, Carlos Alberto Jiménez Guadarrama, Alberto Gutiérrez Islas y Alex Chamán Portugal. Más que un trabajo individual, constituye una construcción reflexiva compartida que articula memoria histórica, análisis político y perspectiva crítica, con el propósito de comprender la dinámica de la dominación, las políticas de resistencia del movimiento obrero y popular en México y en el marco de la crisis que agobia al sistema capitalista global.
Introducción y contextualización
La lucha de clases en el escenario internacional, lejos de haber desaparecido como proclamaron los ideólogos burgueses del llamado “fin de la historia”, se ha intensificado y reconfigurado bajo nuevas formas en el capitalismo globalizado y su expresión neoliberal. La expansión del parasitario capital financiero, la creciente concentración monopólica y la profundización de la precarización del trabajo —junto al deterioro de las condiciones materiales de existencia de las mayorías— han agudizado las contradicciones entre el capital y el trabajo, generando oleadas de resistencia que recorren el planeta. Desde las rebeliones populares en África y Asia hasta las protestas masivas en América y Europa contra las políticas de austeridad, se evidencia que la conflictividad social no es una anomalía, sino una condición inherente al decadente sistema capitalista. Sin embargo, estas luchas enfrentan una ofensiva reaccionaria articulada por potencias imperialistas, que combinan intervenciones militares, guerra mediática y desestabilización política mediante crueles sanciones unilaterales, con el objetivo de contener y neutralizar cualquier proyecto emancipador. En este contexto, la lucha de clases adquiere un carácter abiertamente global, en el que las naciones oprimidas y los pueblos del mundo resisten no solo a sus burguesías nacionales y transnacionales, sino también a la fase imperialista del capitalismo, que recurre a múltiples mecanismos para perpetuar su dominación y hegemonía.
En América Latina, la lucha de clases se expresa como una confrontación histórica entre proyectos populares de emancipación y estructuras oligárquicas subordinadas al imperialismo, principalmente estadounidense. La región ha sido escenario de revoluciones, reformas profundas, y también de atroces contrarrevoluciones, por ejemplo: desde la experiencia socialista en Cuba hasta los golpes de Estado en el Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, etc., pasando por los procesos denominados progresistas del siglo XXI que intentaron una más justa redistribución de la riqueza y recuperar cierta soberanía. Pensadores revolucionarios como José Carlos Mariátegui ya advertían que la emancipación latinoamericana debía ser una creación heroica de los pueblos, arraigada en sus propias condiciones socio-históricas (Mariátegui, 1928/2007). Sin embargo, cada avance obrero y popular ha sido respondido con estrategias de opresión que combinan violencia reaccionaria directa, lawfare, control mediático, despojo de derechos y libertades demoliberales. Aun así, las resistencias persisten en los movimientos obreros, indígenas, campesinos, feministas, estudiantiles y otros que continúan disputando el sentido del poder, reafirmando que la historia latinoamericana no está clausurada, sino en permanente tensión entre emancipación y dominación.
En México, la lucha de clases se ha desarrollado bajo una forma muy compleja, marcada por la coexistencia de un Estado fuerte y una enorme desigualdad social. Merece especial interés las luchas agrarias de la Revolución Mexicana hasta el vigoroso movimiento estudiantil de 1968 y las resistencias posteriores, el conflicto entre las clases explotadoras y las explotadas ha sido constante. La despiadada masacre de Tlatelolco y la posterior Guerra Sucia evidencian que el Estado ha recurrido sistemáticamente a la violencia reaccionaria para preservar el injusto orden establecido, configurando lo que puede caracterizarse como terrorismo de Estado. Al mismo tiempo, el uso del espectáculo —como el Mundial de fútbol de 1970— fue instrumentalizado como efectivo mecanismo de control ideológico, desviando la atención de las contradicciones estructurales. No obstante, la memoria y la organización popular han mantenido viva la resistencia popular, reafirmando en la práctica su derecho histórico a la rebelión.
Hay momentos en la historia en que el poder no solo gobierna, sino también escenifica, puesto que construye una imagen de sí mismo que procura imponerse como realidad incuestionable. México, en las décadas centrales del siglo XX, se caracterizó por un régimen que combinó crecimiento económico con control político, estabilidad institucional con violencia selectiva, modernización con exclusión. Bajo el denominado “Milagro Mexicano”, se consolidó una forma particular de dominación en que un capitalismo dependiente es sostenido por un Estado fuerte, centralizado y autoritario.
Como advirtió Pablo González Casanova, la estructura política mexicana no respondía a los parámetros de una democracia liberal plena, sino a una democracia restringida, en que la participación popular era administrada y los márgenes de disidencia duramente limitados (González Casanova, 1965). El cuestionado Partido Revolucionario Institucional no era sencillamente un actor electoral, sino el eje articulador de una maquinaria de poder que integraba sindicatos, medios masivos de información, instituciones educativas y fuerzas de seguridad en una lógica de control total. Sin embargo, toda hegemonía —como lo planteó Antonio Gramsci— se distingue por ser inestable, ya que se sostiene en un equilibrio dinámico entre consenso y coerción. Y cuando ese equilibrio se fractura, emerge la crisis.
La irrupción del ejemplar movimiento estudiantil
El movimiento estudiantil de 1968 no fue una anomalía aislada, sino la expresión visible de contradicciones socio-políticas acumuladas tanto a nivel nacional como internacional. En México, la severa represión contra obreros, campesinos, médicos y maestros dejó una huella profunda en la conciencia colectiva. Cada uno de esos episodios configuró una pedagogía política que evidenció que el Estado no actuaba como mediador neutral, sino como garante de un orden de clase explotador y opresor.
Referido proceso no puede comprenderse plenamente sin situarlo en el contexto de una oleada global de rebeliones juveniles y estudiantiles. En mayo del 68 en Francia, millones de estudiantes y trabajadores cuestionaron el sistema capitalista; en los Estados Unidos, el movimiento contra la Guerra de Vietnam articuló una poderosa crítica al imperialismo y al racismo estructural. De similar forma, en diversas regiones de Asia, América Latina y Europa, la juventud emergió como un actor político central que cuestionaba tanto las estructuras autoritarias como las palpables desigualdades inherentes al sistema.
En este escenario internacional de efervescencia, el crecimiento económico mexicano —presentado como símbolo de estabilidad— coexistía con profundas desigualdades estructurales y una sistemática negación de derechos y libertades. Fue en esa coyuntura que la juventud universitaria mexicana irrumpió como sujeto político, articulando demandas legítimas que implicaban una ruptura con el orden dominante. El pliego petitorio del movimiento —restitución de derechos, libertad de presos políticos, desaparición del cuerpo de granaderos y derogación del delito de disolución social— no planteaba aún una revolución socialista, pero sí constituía un cuestionamiento directo a las políticas antipopulares del régimen.
Así, el movimiento estudiantil mexicano se inscribe en una dinámica histórica más amplia en que la irrupción de una generación que, desde distintas latitudes, puso en tela de juicio la legitimidad de los inicuos sistemas políticos y económicos vigentes, revelando que la lucha de clases, lejos de extinguirse, adquiría nuevas formas y nuevos sujetos en la segunda mitad del siglo XX.
El Estado y la violencia como racionalidad política
La respuesta del Estado fue inmediata y brutal. La masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas, símbolo de la confluencia de las herencias prehispánica, hispánica y republicana) puede entenderse como una política deliberada y alevosa violatoria de los derechos fundamentales del pueblo movilizado, ya que, fue la expresión más descarnada de una práctica de poder que recurre a la violencia reaccionaria cuando percibe amenazada su estabilidad.
La operación represiva constituye un caso singular de terrorismo de Estado mediante el uso de la violencia para infundir miedo, desarticular organizaciones y disciplinar a la sociedad aplicando terror. Elena Poniatowska recoge en su testimonio una verdad irrefutable: “la noche de Tlatelolco no terminó con los disparos; continuó en el silencio impuesto” (Poniatowska, 1971, p. 58). Esta afirmación revela una dimensión central en que la represión no solo elimina y desaparece cuerpos, sino que intenta borrar significados.
Este tipo de violencia, además de ser irracional es profundamente funcional. Tal como señala Rita Segato, el terror estatal cumple una función pedagógica, ya que enseña a la sociedad los límites de lo permitido (Segato, 2016).
La construcción del enemigo interno
La Guerra Fría, expresión geopolítica de la confrontación entre el capitalismo y el socialismo, proporcionó al Estado mexicano el marco ideológico y político perfecto para justificar la atroz represión. Bajo la retórica anticomunista, erigida como doctrina de seguridad nacional al servicio de las clases explotadoras, cualquier forma de disidencia no solo tendía, sino que era sistemáticamente criminalizada. Así, el estudiante dejó de ser sujeto de derechos para convertirse en objetivo de vigilancia; el activista, en blanco legítimo de persecución; el pueblo organizado, en amenaza a neutralizar.
Este proceso de construcción del enemigo interno permitió legitimar prácticas que, en otras circunstancias, habrían sido inaceptables. Se institucionalizó así una maquinaria de terror, en que la vigilancia, el hostigamiento, la persecución, las detenciones, los encarcelamientos, las torturas, las violaciones y los asesinatos fueron normalizados como instrumentos cotidianos de dominación de clase. Estas acciones se presentaron como mecanismos de defensa nacional. Pero en realidad, no defendían a la nación, sino a una minoría privilegiada enquistada en el poder. No se trataba de resguardar la soberanía, sino de preservar un orden social injusto, profundamente desigual y estructuralmente violento al servicio del capital nacional y transnacional.
Papel de los medios masivos de información
La represión física a los manifestantes fue acompañada por una operación simbólica igualmente eficaz, puesto que los grandes medios de manipulación —orgánicamente vinculados a los intereses del poder vigente— no solo omitieron la verdad, sino que la sustituyeron. Construyeron una narrativa oficial destinada a encubrir el crimen y a deslegitimar la protesta popular.
Carlos Monsiváis lo expresó con claridad al afirmar que la prensa no informó sobre Tlatelolco; administró el silencio (Monsiváis, 1970). Al hacerlo, se convirtió en un actor clave en la reproducción de la hegemonía. No fue un error ni una omisión involuntaria, sino una función estructural dentro del aparato ideológico del Estado.
Frente a ese cerco informativo, el poderoso movimiento estudiantil desarrolló sus propias formas de comunicación a través de brigadas, volantes, prensa alternativa, entre otras. Estas prácticas no eran simplemente informativas, sino profundamente políticas, porque rompían el monopolio burgués de la palabra y devolvían al pueblo su capacidad de nombrar la realidad. En ellas se gestaba una contrahegemonía, expresada en una narrativa insurgente que desafiaba frontalmente el control estatal del sentido y de la verdad.
El espectáculo instrumentalizado como encubrimiento
El Estado mexicano, especialmente a partir de 1968, no actuó de manera aislada ni reactiva, sino como parte de una estructura de dominación de clase que combinó feroz represión y control ideológico para preservar un orden sumamente desigual. La masacre de Tlatelolco no fue un exceso, sino una expresión deliberada de terrorismo de Estado, legitimada mediante la construcción del “enemigo interno” bajo la lógica anticomunista de la Guerra Fría. En este marco, estudiantes y sectores organizados del pueblo fueron criminalizados, perseguidos, encarcelados, torturados y eliminados como parte de una estrategia de disciplinamiento social.
A esta violencia material se sumó una operación simbólica igualmente eficaz en que los medios masivos de manipulación actuaron como aparatos ideológicos al servicio del poder, ocultando la verdad y construyendo una narrativa funcional al régimen. Paralelamente, el Estado desplegó el espectáculo —particularmente los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de 1970— como mecanismo de encubrimiento y recomposición de legitimidad, proyectando una imagen de modernidad y estabilidad mientras profundizaba prácticas sangrientas de contrainsurgencia. El espectáculo sustituyó la realidad, ocultando la violencia estructural tras una escenificación de normalidad.
La articulación entre represión, manipulación mediática y espectáculo evidencia que el poder reaccionario no solo se sostiene por la fuerza, sino también por su capacidad de moldear la conciencia social. No obstante, frente a esta maquinaria de dominación, el movimiento estudiantil y los sectores populares generaron formas de resistencia y contrahegemonía que mantuvieron viva la memoria histórica y reafirmaron, en la práctica, el derecho del pueblo a la rebelión frente a un orden injusto.
Entre la paz simulada y la violencia real
El México de 1968 no era un país en paz; era, un país sometido al silencio. La estabilidad que el Estado exhibía no respondía a un equilibrio social legítimo, sino a una combinación calculada de coerción y consenso, en que la brutal represión se articulaba con el espectáculo para sostener una apariencia de normalidad. Cuando ese frágil equilibrio fue desafiado por la irrupción del movimiento estudiantil, el poder reaccionó sin ambigüedades, revelando su verdadera naturaleza de constituirse en un aparato dispuesto a ejercer la violencia extrema para preservar el orden dominante.
La historia no se agota en la represión. La experiencia del 68 dejó una huella indeleble que trascendió a quienes la vivieron directa o indirectamente, proyectándose sobre las generaciones posteriores como una memoria activa de lucha. Fue, una derrota en el plano inmediato, pero también una victoria en el terreno de la conciencia histórica y la movilización popular. Los procesos históricos no se miden únicamente por sus resultados inmediatos, sino por las condiciones que generan para las luchas futuras, y en ese sentido, el 68 abrió una grieta irreversible en la hegemonía del poder concretada en las crecientes luchas y resistencias populares.
La lógica de la manipulación y alienación
Esta operación puede comprenderse como un proceso de alienación funcional al sistema. La energía social que podría orientarse hacia la crítica, la organización y la transformación estructural es desviada hacia el consumo pasivo de imágenes, emociones y espectáculos. Se produce así una desideologización y despolitización de las masas, donde la experiencia colectiva es reemplazada por una vivencia mediada, fragmentada y controlada.
El problema no radica en el fútbol como práctica popular, sino en su apropiación por parte de las inicuas estructuras de poder, que la instrumentalizan ideológicamente y lo convierten en mercancía al servicio de la dominación. En este sentido, el Mundial de 1970 operó como una válvula de escape cuidadosamente diseñada que permitió descomprimir tensiones sociales, reforzar una identidad nacional funcional al régimen y, al mismo tiempo, desplazar la atención de la lucha de clases que atravesaba al país. No fue un fenómeno espontáneo ni neutral; puesto que, ante todo, fue una operación política deliberada.
Contrainsurgencia y simulación de apertura en el México post-1968
El gobierno de Luis Echeverría Álvarez desplegó una estrategia dual que se manifiesta con nitidez la contradicción del poder burgués en crisis. Por un lado, incorporó en el plano discursivo ciertas demandas de las organizaciones sociales y populares, apropiándose de consignas como justicia social, progreso, desarrollo y participación en un intento por recomponer una legitimidad severamente erosionada tras los luctuosos sucesos de 1968. Por otro lado, reforzó e intensificó los mecanismos de control, vigilancia, persecución y represión contra los sectores consecuentes que no podían ser cooptados ni integrados al orden opresor, demostrando que la apertura proclamada no era más que una maniobra táctica de contención.
Esta lógica alcanzó su expresión más atroz el 10 de junio de 1971, con la masacre conocida como el Halconazo, en que la movilización estudiantil fue atacada por el grupo paramilitar “Los Halcones”, entrenado, financiado y protegido por el propio Estado, lo que dejó al descubierto la naturaleza estructural de la violencia. El mensaje dejaba en evidencia que la participación popular era tolerada únicamente dentro de los márgenes definidos por el poder vigente, y cualquier intento de organización autónoma del pueblo sería reprimido sin contemplaciones.
Como advierte Adolfo Gilly, este periodo puede entenderse como una fase de contrainsurgencia preventiva, en la que el Estado no espera la irrupción de la rebelión, sino que actúa anticipadamente para sofocar sus condiciones de posibilidad (Gilly, 2006). De este modo, la represión deja de ser episódica y se transforma en estructural, sistemática y anticipatoria, consolidando un modelo de dominación que articula violencia directa con control ideológico.
La institucionalización del terror la Guerra Sucia
A partir de los 1970, la violencia estatal en México se robustece y adquiere mayor complejidad, puesto que se consolida lo que posteriormente sería denominado la “Guerra Sucia” que se caracterizará por ser una política sistemática de estigmatización, persecución, encarcelamiento, aniquilamiento, tortura, asesinato y disciplinamiento dirigida contra organizaciones guerrilleras, movimientos populares y toda forma de disidencia política. No se trató de excesos aislados, sino de una estrategia diseñada e implementad por el Estado orientada a aplastar cualquier proyecto de transformación social estructural.
En este periodo, las desapariciones forzadas, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la existencia de cárceles clandestinas se convierten en prácticas recurrentes y normalizadas al interior del aparato estatal. El poder represivo ya no opera únicamente a través de sus instituciones visibles, sino también mediante pérfidas redes encubiertas, estructuras paramilitares y operaciones clandestinas que garantizan la impunidad. En este contexto, el terrorismo de Estado deja de ser una categoría abstracta para convertirse en una realidad concreta y verificable en la experiencia histórica mexicana.
Como señala Rita Segato, este tipo de violencia no solo elimina físicamente a los cuerpos disidentes, sino que cumple una función disciplinaria más profunda, ya que produce sujetos atravesados por el miedo, restringe la acción colectiva y fragmenta el tejido social (Segato, 2016). En México, esta pedagogía del terror dejó una marca duradera, configurando generaciones enteras condicionadas por la autocensura, la desconfianza y la inhibición política.
Resistencias y fisuras en la hegemonía
La realidad demuestra que la hegemonía nunca es total ni definitiva. A pesar del despliegue del espectáculo y de la estrategia de control, persistieron fisuras desde las cuales se articularon formas de resistencia. Intelectuales críticos, artistas, organizaciones estudiantiles y movimientos populares mantuvieron viva la memoria de Tlatelolco, denunciaron la inmisericorde represión y cuestionaron la narrativa oficial impuesta por el Estado y sus aparatos ideológicos.
En términos de Antonio Gramsci, se trató de una guerra de posiciones mediante una disputa prolongada en el terreno cultural, político e ideológico, en que cada espacio —una universidad, una publicación, una movilización— se convierte en un campo de lucha (Gramsci, 1971). Estas resistencias no lograron revertir de inmediato la correlación de fuerzas, pero sí impidieron el cierre absoluto del campo político, manteniendo abierta la posibilidad histórica de nuevas irrupciones populares.
Conclusión la fiesta como forma de gobierno
Los Juegos Olímpicos de México 1968 y el Copa Mundial de la FIFA México 1970 no fueron simples celebraciones deportivas, sino mecanismos estratégicos para restaurar el orden social tras la crisis abierta por la ejemplar e histórica lucha del Movimiento estudiantil de 1968 en México. A través del espectáculo, el Estado mexicano proyectó una imagen de modernidad y estabilidad, mientras encubría la persistencia de la feroz represión y la violencia estructural.
La normalidad y estabilidad construida desde la fiesta fue, sin embargo, profundamente precaria, ya que no expresaba una resolución de las estructurales contradicciones sociales, sino su desplazamiento simbólico y su contención política. En este sentido, el poder no solo operó valiéndose de la coerción, sino también a través de la seducción ideológica, la escenificación y la producción de consenso.
No obstante, el espectáculo tiene límites porque solamente puede ocultar momentáneamente la conflictividad social, mas no eliminarla. Cuando la lucha de clases reaparece —como en 1971 y en ciclos posteriores de conflicto—, se evidencia que bajo la superficie festiva persisten las condiciones que hacen posible la inevitabilidad de la protesta. Allí radica la enseñanza histórica en que toda estrategia de dominación que combine represión y espectáculo contiene, en su propia contradicción, la posibilidad latente de la rebelión popular.
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