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LA DIALÉCTICA DE LA HOMINIZACIÓN Y LOS APORTES DE ENGELS A LA COMPRENSIÓN DEL DESARROLLO HUMANO

Por: Alex Chamán Portugal

Introducción
La interrogante respecto a qué nos hace humanos ha sido el motor de la reflexión antropológica desde sus inicios. A fines del siglo XIX, prevalecía una concepción idealista que atribuía el surgimiento de nuestra especie a una "chispa de inteligencia" primordial; o sea, se creía que el cerebro grande había precedido y dirigido el desarrollo de los demás rasgos humanos. Ante este predominio intelectual, Federico Engels redactó en 1876 un texto, titulado El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. En él, planteó que no fue la mente la que creó la herramienta, sino la herramienta y el trabajo los que moldearon la mente.

Engels y la concepción materialista de la hominización

Lo central de la propuesta de Engels radica en aplicar aspectos esenciales del materialismo histórico al proceso biológico de la evolución humana. Mientras que Charles Darwin, en su obra El origen del hombre (1871), subrayó la importancia de la posición erguida, la liberación de las manos y el uso de herramientas, Engels organizó estos elementos en un sistema dialéctico en que la actividad transformadora del entorno actúa como el motor evolutivo principal.

Para Engels, maestro del proletariado, la hominización no fue un salto cualitativo imprevisto impulsado por el cerebro, sino un proceso acumulativo mediado por la activa interacción con la naturaleza. Esta ruptura con la concepción idealista sentó las bases para entender que la cultura no es un simple producto de la evolución humana, sino un actor activo dentro de ella. 

El trabajo como factor de transformación humana

En la apreciación de Engels, el trabajo no se reduce al empleo asalariado capitalista, sino que se define en su sentido más amplio como la actividad consciente mediante la cual el ser humano -ser pensante y operante- transforma la naturaleza para satisfacer sus necesidades, transformándose a sí mismo en el proceso.El texto comienza con una afirmación terminante acerca del estado del trabajo: "Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana, y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre" (Engels, 1896/1961, p. 138).Esta cita, extracta su tesis principal, ya que Engels postula que la necesidad material obligó a nuestros ancestros primates a modificar su entorno a través de la fabricación y uso continuo de herramientas, en tanto, este proceso sostenido ejerció una presión selectiva a la anatomía de los homínidos. 

Mano, cerebro, lenguaje y cooperación social

Engels establece una cadena lógica del proceso de hominización que podría sintetizarse en cuatro etapas interdependientes:
1. Bipedismo y liberación de las manos: El descenso de los árboles a la llanura obligó a adoptar una postura erecta. Al dejar de usarse paulatinamente para la locomoción, las manos quedaron libres para diversas funciones más complejas.
2. La mano como producto del trabajo: Al usar piedras y palos, las manos se fueron perfeccionando. Engels acentúa que la mano no es solo el órgano del trabajo, sino su producto.
3. Cooperación y lenguaje: El trabajo de elaborar herramientas y cazar en grupo requería niveles inéditos de cooperación o ayuda mutua. Esta necesidad de acción colectiva generó la necesidad de comunicarse. "Los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros" (Engels, 1896/1961, p. 142).
4. Expansión cerebral: La combinación de la compleja actividad manual plasmada en el trabajo y el desarrollo del lenguaje articulado proveyó los estímulos necesarios para el crecimiento y perfeccionamiento del cerebro. 

Naturaleza, sociedad y transformación dialéctica

Un aspecto vital, y a menudo subestimado, del ensayo de Engels es su visión ecológica de la dialéctica entre el ser humano y la naturaleza. A diferencia del animal que simplemente utiliza su entorno y lo modifica accidentalmente, el ser humano introduce cambios conscientes y planificados en razón de su condición de ser pensante y operante.No obstante, Engels advierte contra la ilusión de un dominio completo sobre la naturaleza, precisando que cada victoria humana sobre el entorno trae consigo, en segunda y tercera instancia, consecuencias inesperadas que a menudo anulan los beneficios iniciales. Esta comprensión de la conexión como un sistema interdependiente dota a su ensayo de una notable vigencia sociológica en plena Cuarta Revolución Industrial. 

Contraste con los avances científicos de los siglos XX y XXI

Al evaluar la obra de Engels frente al desarrollo de la ciencia y la tecnología, en los albores del tercer milenio, es necesario separar su marco teórico general de los mecanismos biológicos específicos que asumió como válidos en su tiempo. 

Vigencia y aciertos proféticos

Uno de los grandes aciertos epistemológicos de Engels fue anticipar la secuencia de la evolución humana frente al consenso científico predominante en su época. A comienzos del siglo XX, el establishment científico británico llegó incluso a aceptar el fraude de Piltdown, presentado como un fósil con cráneo humano y mandíbula de simio, que reforzaba el prejuicio idealista según el cual el desarrollo de un cerebro grande habría precedido a las demás transformaciones evolutivas.

 Décadas después, el descubrimiento de Australopithecus afarensis, incluido el célebre esqueleto de “Lucy” en 1974, junto con la creciente evidencia fósil africana, permitió confirmar una de las ideas centrales planteadas por Engels. El bipedismo y la liberación de las manos precedieron en millones de años a la expansión significativa del cerebro. Los primeros homínidos, por ende, caminaron erguidos y dispusieron de manos libres mucho antes de alcanzar las dimensiones cerebrales características de Homo sapiens (Lewin, 2005).

 Asimismo, Engels anticipó lo que la biología evolutiva actual denomina Teoría de la Construcción de Nicho y Coevolución Gen-Cultura (Laland et al., 2000). Esta teoría refiere que los organismos no solamente se adaptan de manera pasiva a su entorno, sino que lo modifican de modo activo mediante la tecnología y la cultura, creando nuevas presiones selectivas que guían su propia evolución biológica. El trabajo que conlleva el uso de herramientas creó un nuevo "nicho ecológico" que seleccionó genéticamente a los individuos con mejor motricidad fina y capacidades comunicativas. 

Límites y errores en la propuesta de Engels

El planteamiento de Engels estuvo condicionado por los conocimientos científicos disponibles en el siglo XIX y, específicamente, por la influencia de concepciones lamarckianas acerca de la herencia de los caracteres adquiridos. Por consiguiente, atribuyó al ejercicio y al trabajo una capacidad directa de producir transformaciones físicas transmisibles a las nuevas generaciones. La biología evolutiva actual ha superado esta explicación al demostrar que la evolución no opera mediante la transmisión directa de los caracteres adquiridos durante la vida, sino a través de variaciones hereditarias sobre las cuales actúa la selección natural. Sin embargo, esta limitación no invalida la intuición esencial de Engels, ya que, el trabajo constituye una dimensión decisiva de la relación entre los seres humanos y la naturaleza, puesto que la utilización de herramientas, la cooperación y la transformación consciente del medio contribuyeron al desarrollo de nuevas capacidades y formas de organización social. 

También debe revisarse la separación rígida que Engels estableció entre la actividad de otros animales y el trabajo humano. La investigación actual ha demostrado que especies como los chimpancés, cuervos y macacos utilizan herramientas y transmiten ciertos comportamientos mediante el aprendizaje social (Tomasello, 1999). No obstante, existe una diferencia cualitativa esencial, puesto que el trabajo humano alcanzó una dimensión social, consciente y acumulativa que permitió conservar, transmitir y perfeccionar conocimientos a través de generaciones. Esta capacidad transformó la naturaleza, las relaciones sociales y las propias condiciones materiales e inmateriales de existencia humana. Así, el mérito histórico de Engels no reside en haber anticipado todos los mecanismos biológicos de la evolución, sino en haber comprendido prematuramente que el ser humano no puede explicarse al margen de su actividad práctica, colectiva y transformadora. 

Conclusiones

La lectura crítica de El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre permite reconocer que su principal valor no depende de que todos sus planteamientos biológicos mantengan plena vigencia después de más de un siglo de avances científicos. Algunas de sus explicaciones referente a los mecanismos de la evolución han sido superadas por los conocimientos actuales de la genética y la biología evolutiva. Empero, su importancia permanece en la forma en que Engels comprendió la evolución humana como un proceso relacionado con la actividad material, el trabajo y la vida colectiva. Frente a las interpretaciones que situaban al pensamiento como origen de la transformación humana, Engels subrayó que nuestras capacidades físicas e intelectuales se desarrollaron en estrecha relación con la práctica y con la necesidad de transformar nuestro entorno.

 Los conocimientos actuales acerca de la evolución humana han aportado nuevas evidencias que permiten valorar varios aspectos básicos de esta concepción. La paleoantropología ha confirmado que el bipedismo y la liberación de las manos aparecieron mucho antes de la expansión considerable del cerebro, en tanto que el desarrollo de herramientas, la cooperación y la transmisión cultural desempeñaron un papel importante en nuestra trayectoria evolutiva. Si bien Engels no pudo conocer a plenitud los mecanismos genéticos que hoy explican estos procesos, acertó al comprender que el ser humano no puede estudiarse separado de su actividad práctica y de su vida social. Su tesis conserva una enorme vigencia, porque permite entender al ser humano como resultado de un largo proceso histórico y evolutivo en el que, al transformar la naturaleza mediante el trabajo colectivo, también fue transformándose a sí mismo. 

Referencias
 Darwin, C. (2009). El origen del hombre (J. Ros, Trad.). Crítica. (Obra original publicada en 1871).
Engels, F. (1961). El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. En C. Marx y F. Engels, Obras escogidas (Vol. II, pp. 138-150). Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1896).
Laland, K. N., Odling-Smee, J., y Feldman, M. W. (2000). Construcción de nicho, evolución biológica y cambio cultural. Ciencias del Comportamiento y del Cerebro, 23(1), 131-146.
Lewin, R. (2004). Evolución humana. Salvat.
Tomasello, M. (2007). Los orígenes culturales de la cognición humana. Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1999).

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