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La importancia de la autorregulación emocional en adultos para disminuir la violencia intrafamiliar

Por: Lic. Daniela A. Ballester Arce, Psicóloga

Introducción:

La realidad de la violencia en Bolivia
En la sociedad boliviana, la violencia estructural dentro de los hogares se cobra vidas a diario a través de feminicidios e infanticidios. Según el Observatorio Defensorial Judicial y Fiscal del Tribunal Supremo de Justicia, durante la gestión 2025 se consolidó el registro de 110 procesos penales por delitos de feminicidio e infanticidio. En lo que va de la gestión 2026, las cifras ya alcanzan los 31 feminicidios y 12 infanticidios. Asimismo, datos del Ministerio Público revelan que, tan solo del 1 de enero al 15 de diciembre de 2025, se atendieron 44.494 denuncias bajo la Ley 348 (Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia), lo que representa un alarmante promedio de 127 casos diarios.

Frente a esta cruda realidad, resulta fundamental trasladar el foco hacia la prevención. En este sentido, reflexionar sobre la importancia de la autorregulación emocional en los adultos se vuelve una herramienta indispensable para quebrar el ciclo de la violencia dentro del hogar.

¿Qué es la autorregulación emocional?
La autorregulación emocional y conductual en la etapa adulta es la capacidad de gestionar emociones, pensamientos e impulsos para responder de manera asertiva y adaptativa a situaciones estresantes, evitando así la reactividad automática. Implica el uso de funciones ejecutivas que permiten a la persona hacer una pausa, procesar la frustración y elegir una conducta adecuada. El desarrollo de esta capacidad es clave no solo para la adaptación social, sino para garantizar la salud mental y el bienestar integral a lo largo de la vida.

El impacto de la desregulación y el estrés crónico
Lamentablemente, muchas personas de la generación actual y de las precedentes crecieron en contextos donde no se reconocía la importancia de la salud mental ni se fomentaba la educación emocional; era un tema ignorado o minimizado. Como consecuencia, en la actualidad observamos a un gran porcentaje de la población adulta viviendo en un estado de desregulación crónica. Factores como la inestabilidad económica, los conflictos familiares, el duelo por la pérdida de seres queridos y las presiones de la vida moderna saturan el sistema nervioso.

Cuando un adulto carece de herramientas para regular sus emociones frente a estos estresores, la frustración se desborda. Esta incapacidad se traduce rápidamente en respuestas reactivas como: gritos, agresiones físicas, violencia psicológica y conductas destructivas que vulneran a todo el núcleo familiar. Por lo tanto, fortalecer la autorregulación emocional no es un lujo terapéutico, sino un factor de protección primario frente a la violencia intrafamiliar, la ansiedad y la depresión.

Abordajes terapéuticos y evidencia clínica
En el ámbito clínico, la autorregulación emocional adulta se trabaja frecuentemente desde enfoques con sólida evidencia científica, como las Terapias Cognitivo-Conductuales (destacando la Terapia Dialéctico Conductual o DBT) y las prácticas de atención plena (mindfulness). Estas estrategias permiten a los pacientes identificar, nombrar y transformar emociones intensas, favoreciendo la inhibición de impulsos agresivos y promoviendo respuestas conscientes ante los conflictos.

En mi experiencia clínica brindando atención terapéutica a niñas, niños, adolescentes y mujeres adultas que sufren o han sobrevivido a situaciones de violencia, el trabajo enfocado en la autorregulación marca un punto de inflexión. Durante los procesos terapéuticos, el énfasis se pone en dotar a los pacientes de herramientas para afrontar las crisis de manera asertiva, desactivando la escalada de violencia en la familia.

Al aplicar las técnicas mencionadas, los resultados clínicos son evidentes: las personas reportan una notable disminución en su reactividad, expresan sentirse más tranquilas, logran disfrutar de sus actividades diarias con mayor presencia y, lo más importante, aprenden a gestionarse a sí mismas frente a la adversidad.

Conclusión
Promover la salud mental mediante la alfabetización emocional en adultos es una inversión social urgente. Dotar a las personas de la capacidad de autorregularse no solo eleva significativamente su calidad de vida individual, sino que es el pilar fundamental para garantizar que las familias puedan convivir en ambientes más empáticos, seguros y definitivamente libres de violencia.

Bolivia, 22 de mayo de 2026.

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