Red de prensa popular latinoamericana

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL DESDE LA VISIÓN HEGEMÓNICA DE EE.UU.

Por: Richard González

I. El Declive de la Unipolaridad y la Ofensiva de Restauración

La actual coyuntura internacional está marcada por un esfuerzo deliberado de Estados Unidos por restaurar su dominio global frente a la evidencia innegable de una erosión de su hegemonía. El vacío de liderazgo dejado por la crisis del modelo globalista ha permitido que potencias como Rusia y China asuman la iniciativa estratégica, extendiendo su influencia en zonas que históricamente fueron consideradas áreas de dominio exclusivo del «gendarme del mundo».

Bajo la administración de Donald Trump, se ha evidenciado que el poder no es monolítico; las contradicciones internas en el sistema de gobierno estadounidense reflejan la lucha entre una visión globalista fracasada y un nacionalismo pragmático que reconoce la crisis del sistema. Sin embargo, este escenario de crisis no debe llevarnos a subestimar el poder real del imperialismo —el «tigre de hierro»— que hoy lanza una ofensiva de restauración de amplio espectro.

II. El Control de los Recursos Críticos y la Era de la IA

Como bien analiza G.L. Muradov, la estrategia de control global de Washington ha mutado hacia una prioridad absoluta: el dominio de los recursos críticos, especialmente los energéticos. En este siglo, la energía no solo mueve industrias, sino que es el combustible vital para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y el procesamiento de datos a escala masiva.

Esta necesidad explica la agresividad diplomática y económica hacia Venezuela, Irán y el interés estratégico sobre Groenlandia. El control de estos nodos energéticos y de materias primas busca garantizar la supremacía tecnológica estadounidense.

III. La Fragmentación de la Multipolaridad y la Geopolítica del Ártico

El plan estadounidense contempla la destrucción de las plataformas que sostienen el orden multipolar. El bloque de los BRICS+, al consolidarse como una alternativa financiera y política, representa una amenaza existencial para la arquitectura del dólar. La estrategia norteamericana parece orientada a desarticular estas alianzas antes de que alcancen un punto de no retorno que desemboque en una guerra total.

En cuanto a Rusia, EE. UU. busca evitar la confrontación directa debido a la paridad atómica actual. Washington juega a ganar tiempo para cerrar la brecha en tecnología militar hipersónica y defensiva. En este tablero, el Ártico emerge como el nuevo teatro de operaciones. El interés por Groenlandia y el alineamiento férreo con Canadá no son caprichos territoriales, sino la necesidad de controlar las nuevas rutas comerciales y los yacimientos que el deshielo está dejando al descubierto.

IV. La Desconexión con China y la Seguridad Hemisférica

El «salto tecnológico» es hoy una cuestión de seguridad nacional. Ante el avance de China en telecomunicaciones, semiconductores y energía verde, EE. UU. ha emprendido una política de desacoplamiento para romper la dependencia de productos de alto contenido tecnológico provenientes del gigante asiático.

Para lograr este repliegue y posterior contraataque, Washington considera vital retomar el control absoluto del continente americano. La Doctrina Monroe se actualiza: el control del hemisferio occidental es la retaguardia necesaria para concentrar todas sus fuerzas en el frente del Indo-Pacífico contra China.

V. Conclusión: La Respuesta de los Pueblos

Ante estas contradicciones interimperialistas, cabe preguntarse: ¿cuál es el papel de las naciones y los pueblos? La sobriedad en el análisis nos obliga a ver más allá de las cúpulas de poder. Mientras las potencias se disputan la hegemonía, las masas en todo el mundo luchan contra la «fascistización» de la sociedad, el militarismo rampante y la erosión de las libertades.

La construcción de un mundo verdaderamente alternativo no vendrá solo del equilibrio de fuerzas entre potencias, sino del desarrollo de la conciencia de los pueblos oprimidos. La lucha por el desarrollo soberano y la democracia real es la única contraparte capaz de frenar las ambiciones de una guerra total y detentar el poder en función de los intereses de la humanidad.

Enero 16 de 2026

LA RED POPULAR DE PRENSA LATINOAMERICANA DENUNCIA ANTE EL PUEBLO PERUANO Y LA OPINIÓN INTERNACIONAL EL BOICOT A LA PELÍCULA «UYARIY»

Desde las trincheras de la comunicación popular, alzamos nuestra voz de protesta frente al repudiado acto de censura política y sabotaje cultural perpetrado por la cadena Cineplanet (Grupo Intercorp) contra el documental Uyariy. Este hecho no es un incidente comercial aislado, ya que es un eslabón más en la cadena represiva que caracteriza al mafioso Estado peruano y a sus poderes e instituciones, así como a la lumpen burguesía al viabilizar políticas de explotación, opresión y domesticación contra el pueblo.

1. El cine como objetivo de la guerra cognitiva

Denunciamos que las clases sociales dominantes han emprendido una guerra cognitiva o cultural destinada a borrar la memoria de los genocidios y masacres perpetradas por el Estado peruano a través de sus poderes, especialmente las genocidas fuerzas armadas y fuerzas policiales. Al restringir, ocultar o retirar de las salas un documental que recoge el clamor de justicia por los mártires de Juliaca Puno, los grupos de poder económico y lar organizaciones criminales políticas buscan controlar no solo lo que el pueblo ve, sino lo que el pueblo siente y recuerda. Es un siniestro intento de extirpar de la conciencia colectiva la evidencia del terrorismo de Estado presente durante las últimas décadas y años.

2. Colusión entre el podrido Estado peruano y la lumpen-burguesía

El Estado peruano, hoy convertido en una estructura mafiosa y genocida, actúa en perfecta simbiosis con grupos económicos como el de Carlos Rodríguez-Pastor. Mientras el brazo armado del Estado (fuerzas armadas y policiales) persigue, encarcela, tortura, asesina y hiere a miles de peruanos que luchan por sus derechos esenciales y libertades demoliberales, el brazo corporativo (Cineplanet) impone el silencio administrativo y comercial. Esta es la verdadera cara de la decadente «democracia liberal» peruana que manifiesta con creces una abominable dictadura del capital que solo permite la libertad de expresión cuando esta no cuestiona su podredumbre generalizada expresada en sus crueles políticas antipopulares.

3. La censura como política de impunidad

La negativa de permitir la difusión de Uyariy a nivel nacional busca invisibilizar el terrorismo de Estado a través de genocidios y masacres ocultando los rostros y las voces de quienes sobrevivieron a la represión de 2023, aislar las justas luchas populares impidiendo que el pueblo se conecte emocional e ideológicamente con la combatividad y la resistencia, principalmente, de las regiones del sur del país y asfixiar el cine nacional atacando la producción cinematográfica nacional que no se arrodilla ante los fondos del instrumentalizado Ministerio de Cultura y que opta por ser un arma de denuncia popular.

4. Nuestro llamado a la acción para romper el cerco mediático y cognitivo

La Red Popular de Prensa Latinoamericana declara que la verdad no se puede privatizar ni encarcelar en las bóvedas de un centro comercial. Si las salas mercantilizadas de la lumpen burguesía nos cierran las puertas para proteger a los asesinos del pueblo, las masas populares conscientes responderán con la fuerza de la organización. Así, corresponde impulsar la contraofensiva de la Prensa Alternativa para enfrentar al silencio cómplice de los medios hegemónicos y el sabotaje de las cadenas de cine, utilizar las Redes Sociales como Trinchera para convertir cada celular en un proyector y cada perfil en una agencia de noticias, puesto que la censura de Cineplanet debe ser respondida con una avalancha de agitación digital usando las plataformas tecnológicas para viralizar los fragmentos, los testimonios y la denuncia que la burguesía quiere ocultar y, finalmente, trabajar la proyección Popular y Militante instando a las organizaciones sociales, sindicatos, colectivos y frentes de defensa a organizar proyecciones itinerantes, puesto que el cine debe volver a ser un arma de conciencia en las plazas, en los locales comunales y en las barriadas.

La censura corporativa reaccionaria se constituye en un tigre de papel cuando un pueblo decidido se organiza para defender su derecho a la memoria. La colusión entre el poder económico de la lumpen burguesía y las organizaciones políticas criminales fujimontesinistas y afines que manejan el Estado genocida no podrán detener la luz que emana de la verdad histórica.

¡Exigimos el cese inmediato de la censura contra «Uyariy»!

¡Por un cine al servicio del pueblo peruano!

¡Memoria, justicia y victoria popular!

Red Popular de Prensa Latinoamericana 

Latinoamérica, 10 de enero de 2026

PRONUNCIAMIENTO Y SALUTACIÓN A 132 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE MAO TSE – TUNG ! VIVA EL MAOÍSMO, MARXISMO DE NUESTRA ÉPOCA!

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Hoy, 26 de diciembre de 2025, los pueblos conscientes del mundo, el proletariado internacional y las fuerzas revolucionarias consecuentes conmemoran el 132 aniversario del nacimiento del Presidente Mao Tse-tung, gigante del pensamiento y obra revolucionaria, dirigente comunista de talla universal y forjador de una de las más grandes experiencias de transformación social en la historia de la humanidad.

Recordar al presidente Mao Tse-tung es una reafirmación de que el maoísmo constituye la tercera y superior etapa del marxismo, desarrollada en la época del imperialismo, de la revolución proletaria mundial y de la lucha irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. El maoísmo es el marxismo de nuestra época. Es teoría revolucionaria integral; es concepción científica del mundo, doctrina del proletariado, línea ideológica y política, metodología, estrategia y táctica para la toma del poder, y guía segura para la construcción de la nueva sociedad.

Como ideología científica del proletariado, el maoísmo expresa los intereses históricos de la última clase de la historia, la clase más revolucionaria, la única capaz de abolir toda forma de explotación, opresión y dominación de clase. Por ello, es una ideología justa, correcta, científica e invicta, porque se sustenta en las leyes objetivas del desarrollo social y en la práctica transformadora de las masas. El Presidente Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo a una nueva cumbre al demostrar, en la teoría y en la práctica, el papel decisivo de las masas populares como verdaderos sujetos de la historia, al desarrollar la línea de masas, la guerra popular prolongada, la revolución cultural como continuidad de la lucha de clases bajo el socialismo, y la lucha permanente contra el revisionismo y toda forma de restauración capitalista.

En el decadente modo de producción capitalista, atravesado por la crisis estructural del capitalismo, el recrudecimiento del imperialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña, el maoísmo se confirma como la ideología transformadora que conduce y conducirá a la humanidad hacia una sociedad superior, una sociedad de armonía, libertad, justicia social y emancipación plena.

La correcta línea ideológica y política maoísta contribuye a la forja de revolucionarios, socialistas y comunistas auténticos. Cumple una tarea estratégica esencial al proletarizar a la pequeña burguesía, clase social oscilante y vacilante por su ubicación en la estructura de clases, dotándola de una férrea posición de clase, de disciplina revolucionaria y de compromiso histórico al servicio de la humanidad y de la revolución proletaria.

Desde la Red de Prensa Popular Latinoamericana, reafirmamos que el maoísmo es una guía viva para la acción, una herramienta indispensable para la lucha ideológica, política y comunicacional contra la hegemonía capitalista, los monopolios mediáticos, el imperialismo y todas las formas de dominación.

Hoy, al rendir homenaje al Presidente Mao Tse-tung en el 132 aniversario de su nacimiento, reafirmamos nuestro compromiso irrestricto con el marxismo-leninismo-maoísmo, con la organización consciente de las masas, con la verdad revolucionaria y con la construcción de un mundo nuevo, sin explotadores ni explotados.

¡VIVA EL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!
¡VIVA EL MAOÍSMO, TERCERA Y SUPERIOR ETAPA DEL MARXISMO!
¡VIVA EL PROLETARIADO INTERNACIONAL!

Red de Prensa Popular Latinoamericana
26 de diciembre

LA MULTIPOLARIDAD INESTABLE

Por Richard Gonzales

Los choques recurrentes entre potencias y superpotencias, por zonas de dominio, marcan estas primeras décadas del siglo XXI, con un conflicto permanente y desórdenes que provienen de décadas atrás, del siglo pasado.

Comprender este proceso requiere un estudio sustancioso de los procesos anteriores, porque nada es casual o fortuito. Según muchos analistas, estaríamos en medio de un “proceso multipolar inestable”, donde hay choques por zonas de influencia y dominio. Según estos mismos analistas y geoestrategas, la multipolaridad siempre ha sido inestable, dada la existencia de múltiples puntos y centros de poder, lo que ha llevado a guerras frontales, contrario a un orden de una potencia dominante, aunque injusto, pero que genera cierta estabilidad.

Mientras que una bipolaridad genera “equilibrio” de poderes, varios poderes van a generar fricciones y choques constantes. Para sostener dicha posición, recurren a la historia, por ejemplo:

  • Europa antes de 1914: multipolar, guerra.
  • Período entre guerras: multipolar débil, guerras.
  • Guerra fría: bipolar, tensión estable.
  • Post-1991: unipolar, hegemonía de EE. UU.

A partir del surgimiento de nuevas potencias y superpotencias, como en el caso de China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Brasil, India y otros en proceso, está en marcha un escenario de un mundo sin reglas claras y únicas, a raíz de la pérdida del hegemonismo de EE. UU., que marcha hacia un declive mundial evidente.

Particularmente, el bloque chino-ruso confronta al imperialismo de EE. UU., dado que no comparten la misma idea o visión del mundo de un orden unipolar.

La razón es que hay órdenes con visiones propias en confrontación: mientras EE. UU. defiende un orden liberal con hegemonía occidental, China promueve una soberanía fuerte con zonas de influencia comercial, y Rusia lleva adelante un equilibrio de poderes en sus zonas de influencia o el derecho del más fuerte en su periferia o zonas de seguridad.

Hay una exigencia para la puesta en práctica de un derecho internacional que existe en papel; pero, en la realpolitik, priman los intereses de cada superpotencia contendiendo por zonas de dominio, donde existen múltiples recursos naturales para esta IV revolución industrial, zonas marítimas de navegación para el comercio, contiendas por el ciberespacio y la tecnología de última generación, tanto en su aplicación militar, IA, comunicaciones y el financierismo, etc.

SOBRE POSICIÓN DE ESPERAS DE DOMINIO

Si bien es cierto que antes las fronteras habían llegado a cierto consenso y “respeto”, hoy estas han sido quebradas, muy particularmente por la soberbia del imperialismo yanqui, que creía que el mundo estaba a sus pies, y en su esfuerzo unipolar, aplastar a Rusia y China era su visión, para ese “destino manifiesto” y un hegemonismo mundial. Mientras arremetía contra los pueblos con una ofensiva feroz, anulando toda iniciativa con canallescas acciones de represión y hasta la liquidación en vida de líderes o proscribiendo organizaciones potencialmente antisistémicas, que podrían confrontar y poner en cuestión dicho poder.

Esa es la razón de que dichas fronteras hoy estén en confrontación. Vemos, por ejemplo:

  • Ucrania: confrontación de EE. UU.-OTAN contra Rusia.
  • Taiwán: confrontación de EE. UU. contra China.
  • Venezuela: EE. UU. contra China/Rusia/Irán.
  • Medio Oriente: EE. UU. contra Irán/Rusia.
  • África: China contra Occidente.

La confrontación va en función de redefinir zonas de dominio, es decir, un nuevo orden mundial con visiones diversas, proyectos en todos los ámbitos; en lo inmediato, zonas bélicas y zonas en confrontación económica, tecnológica, una confrontación permanente.

Esa es la razón de las sanciones, bloqueos financieros, control tecnológico, guerras de desinformación, sabotaje cibernético.

El mundo entre superpotencias y potencias ha entrado en una desconfianza estratégica, disputa y no reparto de zonas de dominio hasta ahora, además de potencias insatisfechas con el statu quo mundial. Es bien sabido que el diseño geoestratégico de China y Rusia no acepta el orden que impone EE. UU. y lo toma como confrontación civilizatoria de vida o muerte frente al gendarme y su visión hegemónica, mientras este gendarme del mundo en declive no acepta perder su centralidad, aunque en esta última administración, tácitamente acepta en el discurso esa realidad; no obstante, persiste en su hegemonismo en la práctica, muy a pesar de la propia realidad en la política internacional. ¿Acaso presiona para ponerse en mejores condiciones de negociación, hasta en la posibilidad de un hipotético ingreso a los BRICS? Hecho que reafirmaría la abierta aceptación de la multipolaridad.

Todos estos hechos llevan a una confrontación militar sin precedentes hasta ahora inevitable, dada la fricción, la contradicción interimperialista, la que está concretándose en guerras regionales indirectas, crisis periódicas, escaladas controladas, retórica moral extrema, como decir: “nadie manda del todo, pero nadie acepta no mandar”.

Entonces, tal y como marcha el mundo en esa III guerra mundial que ya está en pleno proceso, que no tiene las mismas características de guerras anteriores. Los imperialismos no acuerdan, confrontan, eso es lo natural, pero los eventos mundiales fluyen con tanta rapidez que podrían darse sucesos inesperados.

La historia muestra que los imperios se han sucedido en medio de cruentas guerras, donde una queda en derrota y otra emerge, pero en la actualidad, estas confrontaciones ponen en juego la extinción de nuestra propia especie, dado el desarrollo tecnológico, las armas con capacidad de destrucción masiva como son el uso de las bombas atómicas, el mismo uso de IA en estas armas bélicas, que han reconfigurado la forma de combate, batallas con el uso de la robótica, uso de energía nuclear, revolucionando las formas de lucha y que muchas tecnologías y formas o estrategias queden obsoletas a medida que pasa el tiempo, las que son superadas unas sobre otras. Eso demuestra la guerra en Ucrania, la que debe llevar a un estudio minucioso de todos los cambios que están mostrando en el campo de batalla, en la misma confrontación con el uso de tecnología militar y uso de la IA en la actualidad.

18/12/2025

El gasolinazo neoliberal en Bolivia es un feroz ataque frontal al pueblo y la soberanía nacional

Por Alex Chamán Portugal

En el marco de la severa crisis y decadencia capitalista global, el gobierno proimperialista y prosionista de Rodrigo Paz en Bolivia ha desatado una ofensiva neoliberal que revela su carácter proempresarial y antipopular. El anuncio de hoy 17 de diciembre de 2025, mediante el cual se elimina el subsidio a los combustibles, no es más que la punta de lanza de una agenda diseñada para transferir injustamente la pesada carga de la crisis económica del Estado burgués a las espaldas de la clase obrera y los sectores populares. Este «gasolinazo» cuyo término evoca los traumáticos ajustes estructurales de las décadas pasadas, eleva el precio de la gasolina especial de 3,72 Bs a 6,96 Bs por litro (un aumento del 87%), el diésel de 3,74 Bs a 9,80 Bs (un incremento del 162%) y la gasolina premium a 11 Bs, bajo el pretexto de «garantizar el abastecimiento continuo» y combatir la corrupción en YPFB. Esta medida no resuelve la raíz del problema expresada en la dependencia imperialista y la explotación capitalista de los recursos naturales, sino que profundiza la desigualdad económica y social, favoreciendo a las depredadoras empresas transnacionales y al gran capital de la burguesía nacional a expensas del pueblo.

El gobierno de Paz y sus socios, electo en octubre de 2025 tras dos décadas de gobiernos progresistas del MAS, representa el retorno triunfal del nefasto y fracasado neoliberalismo en Bolivia, alineado con los intereses del genocida imperialismo estadounidense y las perversas instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Sus promesas de «seguridad jurídica» para inversiones avasalladoras, repatriación de capitales con cero impuestos, simplificación tributaria y liberación de exportaciones no son más que eufemismos para una política neoliberal favorable al capital extranjero, que prioriza la despiadada acumulación privada sobre la redistribución con justicia social. Al declarar el país en «emergencia económica, financiera y energética», el Gobierno de turno justifica estas reformas como un «salvataje para la patria», culpando a la gestión anterior de «saqueo» y «desfalco». Sin embargo, esta novela oculta la verdadera causa en que la crisis inherente al capitalismo atrasado y dependiente boliviano, exacerbada por la caída en la producción de gas natural y la volatilidad de los precios internacionales de materias primas, que benefician a las potencias imperialistas mientras dejan a naciones oprimidas como Bolivia en la periferia del sistema capitalista mundial.

Una vez más, se golpea la economía popular con el encarecimiento de productos y servicios básicos de primera necesidad. El alza en los combustibles no se limita a los surtidores; puesto que permea toda la cadena productiva y de consumo. El diésel, vital para el transporte pesado, la agricultura y la industria, encarecerá los fletes, consiguientemente, los precios de alimentos como el pan (que ya ha subido un 60% debido a recortes previos en subsidios), la carne (con incrementos del 90% por la liberación de exportaciones) y otros bienes esenciales. Esto no es casualidad, ya que, en un caduco sistema capitalista, los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (comida, transporte, vivienda, etc.) se trasladan directamente a la mayoría de las masas trabajadoras, erosionando su poder adquisitivo y perpetuando la pobreza e indigencia. Las migajas ofrecidas por el gobierno, como el incremento del salario mínimo nacional de 2.750 Bs a 3.300 Bs (un 20% que apenas compensa la inflación proyectada) y el alza en la Renta Dignidad a 500 Bs, resultan insuficientes e irrisorios. Peor aún, el bono Juancito Pinto de 300 Bs por estudiante y un programa de protección de 200 Bs cada cuatro meses no mitigan el cruel impacto real, pues una inflación galopante que podría superar el 10% en 2026, según proyecciones basadas en experiencias similares en la región. En esencia, estas «medidas financiadas» son un velo para la redistribución inversa, ya que el 50% de los recursos liberados por la quita de subsidios irá a gobiernos subnacionales, pero sin garantías de que beneficien a los a los explotados y oprimidos, sino a las clases sociales dominantes y las élites locales aliadas con el capital.

Los efectos sociales serán devastadores, profundizando la pauperización absoluta y relativa del pueblo trabajador. El aumento en los costos de transporte y producción impulsará despidos masivos en sectores como la agricultura, el comercio y la industria informal, que representan el 70% de la economía boliviana. Esto elevará el desempleo, el subempleo y la precarización laboral, forzando a decenas de miles a migrar a la informalidad o la mendicidad. Históricamente, ajustes neoliberales como este han correlacionado con picos en la delincuencia, ya que la desesperación económica empuja a los excluidos hacia la supervivencia marginal. En Bolivia, donde la crisis ambiental y la sequía ya agravan la vulnerabilidad rural, este inmisericorde gasolinazo acelerará la proletarización forzada, convirtiendo a más campesinos e indígenas en mano de obra barata para las transnacionales. Esto no es un accidente económico, sino la lógica monstruosa del capital: acumular mediante la desposesión, como lo describió Marx en El Capital, donde la plusvalía se extrae a costa de la miseria creciente.

Pero el neoliberalismo no se limita a lo económico; puesto que prepara el terreno para la represión política y la privatización salvaje. El gobierno de Paz, consciente de la resistencia popular que generará desatará una criminalización de la protesta. Ya en su primer mes, dos manifestantes han sido asesinados por la policía en Colcapirhua – Cochabamba, y persisten escaseces de combustibles pese a las promesas. Esta violencia estatal, típica de regímenes proimperialistas, busca sofocar la lucha de clases mediante persecución política, encarcelamientos y leyes de emergencia que violan la Constitución Política del Estado de 2009, forjada en la lucha antineoliberal de los movimientos sociales. Al igual que en los ochenta y noventa, cuando narco-gobiernos como los de Paz Zamora y Sánchez de Lozada privatizaron YPFB, el agua y los hidrocarburos en beneficio de empresas estadounidenses, el actual régimen allana el camino para una nueva ola de privatizaciones. La transformación de YPFB anunciada por Paz, junto con la facilitación de importaciones de diésel y la promoción de inversiones extractivistas, apunta a desmantelar la soberanía energética y entregar recursos estratégicos al capital transnacional, en desmedro de la nación y el pueblo. Si es necesario, violentarán la CPE, invocando la emergencia para imponer decretos autoritarios, como en los inicios de los 2000, que culminaron en la Guerra del Gas y el derrocamiento del genocida Sánchez de Lozada que presidía la mafiosa y entreguista megacoalición de politiqueros neoliberales.

Este momento exige la unidad del pueblo boliviano contra el capitalismo y su expresión neoliberal. La historia boliviana, de la Revolución de 1952 a la Agenda de Octubre de 2003, demuestra que solo la movilización masiva y la construcción de poder popular pueden revertir estos ataques. No basta con reformas paliativas como las de las últimas casi dos décadas; urge expropiar al gran capital, nacionalizar genuinamente los recursos bajo control obrero y avanzar hacia una sociedad superior. El gobierno de Paz, con su retórica de «verdad» y «responsabilidad», no es más que un instrumento de la burguesía carente de un proyecto integral de desarrollo nacional, aliada al imperialismo. Pero el pueblo, motor de la historia, no se doblegará: ¡la lucha continúa por una Bolivia libre, soberana, anticapitalista y antineoliberal!

18/12/2025

EL NEOMONROÍSMO CRIMINAL

Por Richard Gonzales

La escalada del imperialismo yanki contra Venezuela, en el marco de lo que ha denominado su “nueva estrategia de seguridad”, mediante la cual redefine la Doctrina Monroe, no es otra cosa que la reafirmación de la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

La Doctrina Monroe, que en sus orígenes se planteó como una oposición al colonialismo inglés y francés —es decir, como un principio de no intromisión europea en América Latina—, se sintetizaba en la consigna “América para los americanos”. Sin embargo, esta formulación terminó consolidándose como la expresión más descarada del dominio estadounidense sobre todo el continente.

Hoy asistimos a una reiteración de esa lógica, orientada a reafirmar el control hegemónico de Estados Unidos frente a la expansión de potencias consideradas sus enemigos estratégicos, como China, Rusia e Irán.

Evidentemente, esta escalada no se limita a Venezuela. El objetivo es todo el continente. En el marco de la actual contienda entre superpotencias, Washington apunta a debilitar y desintegrar a los BRICS+, imponiendo de manera gangsteril y colonialista sus condiciones de dominación criminal sobre países como Venezuela, Brasil, Colombia, Nicaragua y Cuba, al tiempo que envía un mensaje explícito de intervención militar contra cualquier nación que forme parte de bloques contrarios a su hegemonía.

Asimismo, pretende expulsar a Rusia y China del continente americano, aun cuando, bajo una lógica de reciprocidad entre potencias, Estados Unidos tampoco debería intervenir en Asia, Medio Oriente o Europa. Se trata, por tanto, de una doctrina hipócrita y gangsteril que, sin embargo, busca fragmentar a Rusia mediante la guerra indirecta en Ucrania, apoyándose en su vasallo de la OTAN; promueve a Israel en su accionar genocida para consolidar el dominio en Medio Oriente; y moviliza a Australia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y otros aliados para cercar estratégicamente a China.

El monroísmo no es un fenómeno nuevo. Basta recordar la intervención de Napoleón III en México para instalar un emperador, episodio en el cual se volvió a invocar la Doctrina Monroe. En 1890, esta doctrina fue nuevamente esgrimida en relación con el conflicto territorial entre Venezuela y Guayana, durante el gobierno del presidente estadounidense Benjamin Harrison, del Partido Republicano. El diferendo se resolvió mediante arbitraje internacional y fue sometido en 1891 al Consejo Federal Suizo, cuyo fallo favoreció a Francia.

En el caso de la Guayana Británica, en 1895, ante la expansión del Reino Unido, Venezuela apeló a la Doctrina Monroe, y Estados Unidos, bajo la presidencia de Grover Cleveland, intervino diplomáticamente para frenar la expansión de la reclamación imperial europea. Conviene recordar que en aquel entonces Gran Bretaña era la principal potencia imperialista del mundo, con una influencia que se extendió hasta 1945.

La expansión y el imperialismo continental yanki se consolidaron a partir de 1901, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, dando inicio a una etapa de dominación sistemática en América Latina que se ha prolongado hasta la actualidad. Saqueo de recursos, derrocamiento de gobiernos, invasiones, asesinatos, adoctrinamiento criminal de fuerzas cipayas bajo el pretexto del “combate al comunismo”, el Plan Cóndor y la actuación de la CIA contra gobiernos progresistas o de izquierda forman parte de este historial de violencia estructural.

Hoy, en el contexto de la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, marcada por derrotas reiteradas en Afganistán, Irak, Irán y Ucrania, así como por profundas contradicciones internas —endeudamiento extremo, desindustrialización, inflación, desempleo masivo y pobreza creciente—, la sobreextensión imperial resulta cada vez más insostenible. Los enormes gastos en bases militares y operaciones bélicas han generado un desgaste global que ha permitido el avance de potencias como China, Rusia e Irán en zonas antes controladas por el antiguo gendarme mundial.

¿Acaso pretende Estados Unidos parapetarse en América Latina para subsistir? El repliegue en antiguas zonas de dominio es evidente, al igual que la insostenibilidad de su hegemonía frente al avance de China, sustentado en una poderosa industria, desarrollo tecnológico y capacidad militar, y frente a la preeminencia militar de Rusia, hoy primera potencia militar mundial, que enfrenta y derrota a Occidente en Ucrania. Si a ello se suma la progresiva pérdida de la hegemonía del dólar, se comprende con mayor claridad la ofensiva contra Venezuela.

Estados Unidos está dispuesto incluso a una confrontación directa para defender su zona de influencia, expulsando a China, Rusia e Irán de Venezuela. Pero el objetivo no es solo ese país, sino todo el continente. Por ello, los pueblos deben ser plenamente conscientes de las consecuencias del neomonroísmo, particularmente para las luchas populares, la disidencia política, los liderazgos sociales y las organizaciones democráticas y antiimperialistas. Este proceso implica una intensificación de la reacción, la criminalización, la persecución, la estigmatización y, en muchos casos, el asesinato abierto y descarado.

En este escenario, la resistencia, la lucha, el ejercicio pleno de la soberanía, la autodeterminación, la independencia y el antiimperialismo se colocan como tareas prioritarias para los pueblos de América Latina. Ello exige organización continental, enfrentamiento directo a los regímenes cipayos y una lucha planificada y sostenida por la liberación de los pueblos y naciones oprimidas.

17/12/2025

El triunfo de Kast en Chile: ¿libertad o el retorno de viejas herencias autoritarias?

Jhon Ponte Gonzales

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que creíamos que ciertas lecciones históricas ya habían sido aprendidas. Que el dolor acumulado del pasado había dejado, al menos, algunos anticuerpos. Que no sería necesario volver a explicar por qué los discursos del orden absoluto, de la autoridad incuestionable y de la moral impuesta desde arriba terminan pareciéndose peligrosamente entre sí, sin importar el país ni la época. Sin embargo, Chile ha vuelto a votar y, con ello, ha recordado que la memoria política en América Latina sigue siendo frágil, selectiva y, en ocasiones, alarmantemente corta.

Lo que llama la atención no es solo el resultado electoral, sino el júbilo que lo acompaña. Hay quienes celebran como si se tratara de una gesta liberadora, como si el triunfo de la derecha más dura fuera una épica contra un enemigo difuso denominado “progresismo”, presentado —en esta narrativa simplificada— como responsable de todos los males contemporáneos. Desde esa mirada, Chile no habría elegido un proyecto político concreto, sino algo mucho más abstracto y seductor: la “libertad”. Así, sin adjetivos, sin contexto y, sobre todo, sin asumir consecuencias.

Los números, no obstante, suelen decir más de lo que permiten los eslóganes. José Antonio Kast obtuvo alrededor del 58 % de los votos en la segunda vuelta presidencial, frente al 41 % de su contendora. No se trató de un margen estrecho ni de una casualidad estadística, sino de una victoria amplia, territorialmente extendida y respaldada por una participación significativa. Kast se impuso en la totalidad de las regiones y en la mayoría de las comunas, incluso en espacios donde la tradición política había sido históricamente más moderada o progresista. Reducir este resultado a un simple “castigo” al gobierno saliente resulta tan cómodo como insuficiente.

Detrás de estas cifras confluyen factores reales y acumulados: una sensación extendida de inseguridad, el desgaste de promesas incumplidas, la frustración económica y la percepción de que la política institucional dejó de interpelar a amplios sectores de la sociedad. Este caldo de cultivo no es nuevo en América Latina, pero vuelve a mostrar su eficacia cuando es capitalizado por discursos que prometen orden inmediato, soluciones rápidas y una autoridad que no titubea. La novedad no reside en la fórmula, sino en la facilidad con la que vuelve a presentarse como sinónimo de libertad.

Es aquí donde la celebración acrítica se vuelve especialmente inquietante. Cuando estos triunfos se aplauden como si fueran, por sí mismos, avances democráticos incuestionables, se omite deliberadamente el contenido del proyecto que se legitima. Una libertad vaciada de su dimensión social y reducida a consigna de mercado, disciplina y castigo deja de ser una promesa emancipadora y se convierte en un recurso retórico funcional a viejas derivas autoritarias que nunca desaparecieron del todo.

Desde el Perú, el entusiasmo adquiere un tono particularmente estridente. Se observa a Chile como un espejo deseable, como la prueba de que la región estaría, por fin, “corrigiendo el rumbo”. Se aplaude desde la distancia, con la comodidad de quien no asume los costos de aquello que celebra. En ese aplauso reaparecen personajes locales más hábiles para el gesto performático que para la construcción de políticas públicas, convencidos de que la receta es sencilla: invocar la libertad mientras se promete orden, disciplina y moralización, como si gobernar fuera una cruzada y no una responsabilidad colectiva.

Lo que realmente se festeja no es un programa ni una propuesta social articulada, sino la posibilidad del castigo. Se celebra que alguien “ponga límites”, que “imponga orden”, que “diga las cosas como son”, aun cuando ello suponga reducir la complejidad social a una lógica punitiva y jerárquica. Se aplaude la idea de un Estado severo con los débiles y complaciente con los fuertes, revestido según convenga de símbolos religiosos, empresariales o patrióticos. Y todo ello se hace con una ligereza que roza la burla histórica, como si el autoritarismo dejara de serlo por haber pasado previamente por las urnas.

No se trata, por supuesto, de desconocer la legitimidad del voto ni de negar la voluntad popular. El desafío es otro, más incómodo: interrogar el sentido político que se construye alrededor de ese resultado. Porque la democracia no se agota en el acto electoral; en todo caso, comienza después de él. Y cuando los triunfos se leen únicamente como confirmaciones morales —“ganamos los buenos”— se pierde la capacidad de pensar críticamente el rumbo que se abre.

Existe, además, una ilusión peligrosa entre quienes hoy celebran con tanto fervor: la creencia de que estas políticas siempre recaerán sobre otros. Sobre los pobres, los migrantes, quienes protestan o quienes incomodan. Se asume que la libertad propia está garantizada por afinidad ideológica, pertenencia social o cercanía simbólica al poder. La historia latinoamericana demuestra, una y otra vez, que ese cálculo suele ser erróneo: cuando las lógicas autoritarias se consolidan, rara vez se detienen donde sus primeros promotores imaginaron.

Chile no inaugura una nueva era de libertad; inaugura, más bien, una pregunta que la región haría bien en tomarse en serio. ¿De qué libertad hablamos cuando celebramos estos resultados? ¿De la libertad de mercado sin derechos, de la libertad entendida como obediencia, de la libertad administrada desde arriba? ¿O de una libertad que amplía la dignidad material, reduce desigualdades y reconoce el conflicto social como parte legítima de la democracia?

Tal vez el desafío no sea elegir con entusiasmo automático, sino recuperar algo que parece cada vez más escaso: memoria, análisis y una mínima vergüenza política frente a la facilidad con la que se aplauden proyectos que ya conocemos demasiado bien. Porque cuando la política se transforma en consigna y fe, el ruido del triunfo suele ocultar el silencio que antecede a las derrotas colectivas más profundas.

Latinoamérica, diciembre 17 de 2025

DEBILITAMIENTO DEL SISTEMA IMPERIALISTA

(AGOTAMIENTO HISTÓRICO Y SU DESTRUCCIÓN)

Por: Richard Gonzales

“…Los cambios que se producen en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de sus contradicciones internas, es decir, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva…”

— Presidente Mao. Sobre la contradicción (Agosto de 1937), Obras Escogidas, t. I.

“…He dicho que todos los reaccionarios, tenidos por fuertes, no son más que tigres de papel. La razón es que viven divorciados del pueblo. ¡Miren! ¿No era Hitler un tigre de papel? ¿No fue acaso derribado? También dije que el zar de Rusia, el emperador de China y el imperialismo japonés fueron todos tigres de papel. Como saben ustedes, todos ellos han sido derribados. El imperialismo norteamericano no ha sido derribado aún y tiene la bomba atómica. Estoy seguro de que asimismo será derribado. También es un tigre de papel.”

— Presidente Mao. Intervención en la Conferencia de Representantes de los Partidos Comunistas y Obreros de Moscú (18 de noviembre de 1957).

A lo largo de la historia, los imperios se han sucedido unos a otros; viejos imperios milenarios han sido reemplazados por nuevas estructuras de poder. La razón fundamental reside en que unas relaciones productivas dadas caducan y otras nuevas se desarrollan para sustituirlas. Si bien es cierto que las leyes sociales son más complejas que las leyes de la naturaleza, nadie puede sostener que el quehacer humano sea estático, perenne o absoluto. Todo lo creado, tanto en los conflictos sociales —la lucha de clases— como en la materia misma, se encuentra en constante transformación.

En la actual etapa de imperialismo, fase superior y última del capitalismo, y aun desenvolviéndose en el marco de una Cuarta Revolución Industrial, las crisis económicas se vuelven recurrentes y más profundas. Observamos una frecuencia creciente de recesiones globales y la caída de las tasas de ganancia del capital —interrumpidas apenas por recuperaciones transitorias—, así como un endeudamiento público y privado que se torna impagable. Estos hechos conducen inevitablemente a inestabilidad financiera, burbujas especulativas y fuga de capitales.

Hoy vemos, en el caso de EE. UU. —gendarme y enemigo principal de los pueblos del mundo—, un evidente debilitamiento industrial y productivo estratégico. Aunque en su pretensión de recuperar la hegemonía perdida aún no se hunde estrepitosamente, es nítido su proceso de declive geopolítico.

Esta realidad conlleva el surgimiento de potencias y superpotencias alternativas dentro del mismo sistema capitalista (China, India, Rusia), las cuales confrontan por el poder global, ya sea regionalmente o en disputa abierta por el liderazgo mundial. Esta confrontación abarca desde conflictos bélicos y no bélicos, guerras de todo tipo, estancamiento y derrotas militares, hasta la dificultad para mantener guerras prolongadas y ocupaciones, llegando al exterminio de pueblos, como en el caso de Oriente Medio. Son expresiones de una sociedad en decadencia y debilitamiento sistémico que, en los hechos, derivan en acciones desesperadas por la subsistencia a costa del desprestigio internacional tras intervenciones fallidas.

Según el derecho internacional, los países son soberanos y pueden decidir libremente sus alianzas, acuerdos económicos y socios estratégicos. Bajo esa legalidad, ninguna nación tiene «derecho» a controlar las relaciones diplomáticas de otra. Sin embargo, por encima de esa legalidad se impone la necesidad de influencias regionales y mundiales, más aún cuando los bloques se avivan en confrontaciones por el control de recursos y mercados.

¿Qué demuestran tales hechos? Que las libertades económicas, el libre mercado, la no intervención y el comercio sin barreras son válidos en tanto no intervengan otras potencias en sus zonas de influencia. Es decir, las libertades económicas son condicionales a la potencia y sus zonas de dominio. Por tanto, priman la «seguridad nacional», la contención de rivales, la defensa de aliados, el control de rutas energéticas y la preservación de la influencia geopolítica.

Hoy, una sociedad que se radicaliza hacia el control social total, la fascistización y el militarismo, prueba en los hechos que este sistema está debilitado. Han caído sus paradigmas; el mismo neoliberalismo se hunde en su propio fracaso. Esto genera conflictos internos en la misma «ubre de la bestia», con expresiones de polarización política, crisis profunda de legitimidad institucional y movimientos sociales que ya no callan, luchando por derechos y libertades ante condiciones de vida paupérrimas, cuestionando el modelo económico dominante.

El sistema transita, entonces, por un proceso de deslegitimación ideológica. Esta es la razón de la desconfianza generalizada hacia las instituciones financieras globales, así como las críticas al libre comercio y a la financiarización. Existe una fatiga social concreta y con mayor peso en perspectiva, dada la creciente y grosera desigualdad. Mientras el empobrecimiento aumenta, los movimientos sociales se tornan explosivos.

RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN ECONÓMICO GLOBAL

Es evidente la pérdida de dominio del dólar y el surgimiento de transacciones en divisas regionales propias, hecho que causa pánico al gendarme del mundo ante la aparición de monedas alternativas o sistemas paralelos a la divisa hegemónica. Aunque la sustitución del dólar no es tarea fácil ni simple, dado que aún es la divisa porcentualmente dominante, debemos registrar el proceso de reubicación de cadenas productivas fuera de las superpotencias tradicionales. Esto explica el avance de integraciones como la cooperación Sur-Sur; es decir, la reconfiguración de las zonas de dominio en todos los planos y la confrontación entre bloques.

Si a esto sumamos la crisis tecnológica y social, la incapacidad del sistema para responder a la crisis ambiental, las tensiones éticas por el control tecnológico (datos, IA, automatización) y las migraciones masivas que desafían fronteras políticas, el panorama muestra una erosión múltiple: económica, militar, geopolítica, ideológica y social. No es otra cosa que la crisis general del sistema imperante.

TENDENCIA A LA BAJA DE LA TASA DE GANANCIA DEL CAPITAL

Para sobrevivir, el capitalismo necesita una innovación constante de tecnología y maquinaria (capital constante), con mayor razón al haber entrado en su fase imperialista. Su propósito es bajar los costos de producción reduciendo el trabajo del obrero (fuente de la plusvalía) para competir entre los monopolios.

Esto nos lleva a analizar la composición orgánica del capital. Hoy, en la Cuarta Revolución Industrial, la innovación en máquinas, tecnología, IA y robótica (capital constante) va en aumento acelerado frente a un estancamiento salarial y pérdida de capacidad adquisitiva (capital variable), con el fin de proseguir en esa competencia sin fin.

Este hecho evidencia la baja de la tasa de ganancia del capital. En el caso de EE. UU., existe una tendencia secular a la caída; según Michael Roberts, la tasa de ganancia en el sector financiero estadounidense habría caído un 32% desde 1945. Roberts señala que esto implica, en parte, un aumento de la «composición orgánica del capital» (más capital constante relativo al capital variable), sumado a una disminución de la tasa de plusvalía en ciertos periodos. Asimismo, sus datos indican que, entre 1946 y décadas recientes, habría un alza secular del capital constante de un 60%.

A nivel mundial, según el artículo “La transitoriedad histórica del capital”, existe una estimación de la tasa de ganancia mundial para el periodo 1955-2010. La tasa ponderada mundial (sin China) tiene picos y caídas; por ejemplo, se estima que en 2008 rondaba el 20,9% incluyendo a China, mientras que sin ella sería más baja (16,4%). Estas estimaciones muestran fluctuaciones: no es una caída lineal sin interrupciones, pues hay periodos de recuperación, pero la presión a la baja sigue siendo relevante a largo plazo.

Si bien la intensificación de la explotación (mayor plusvalía), la desvalorización del capital o su rotación más rápida pueden moderar o revertir temporalmente la caída —según Chris Harman—, la tendencia persiste. La caída de la tasa de ganancia no significa el colapso inmediato del capitalismo; no existiendo un «topo» organizado con la fuerza para desplazarlo al basurero de la historia, el sistema no caerá por sí solo.

Como decía el Presidente Mao:

“El imperialismo no vivirá mucho porque perpetra toda clase de infamias. Sostiene con obstinación a los reaccionarios de los distintos países, hostiles a los pueblos. Ocupa por la fuerza muchas colonias, semicolonias y bases militares. Amenaza la paz con una guerra atómica. De esta manera, forzada por el imperialismo, más del 90 por ciento de la población mundial se está alzando o se alzará en masa a la lucha contra él. Pero el imperialismo aún está vivo; todavía hace y deshace en Asia, África y América Latina. En el mundo occidental, los imperialistas siguen oprimiendo a las masas populares de sus propios países. Esta situación ha de cambiar. Es tarea de los pueblos del mundo entero poner término a la agresión y opresión que realiza el imperialismo, principalmente el imperialismo norteamericano.”

(Entrevista con un corresponsal de la Agencia de Noticias Xinhua, 29 de septiembre de 1958).

Y también:

“Con su despótica actuación en todas partes, el imperialismo norteamericano se ha convertido en el enemigo de los pueblos del mundo y se ha aislado cada vez más. Nadie que se niegue a ser esclavo se dejará atemorizar por las bombas atómicas y de hidrógeno en manos de los imperialistas norteamericanos. La marejada de indignación de los pueblos del mundo entero contra los agresores norteamericanos es irresistible. La lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos logrará indefectiblemente victorias aún mayores.”

Declaraciones de apoyo al pueblo panameño en su justa lucha patriótica contra el imperialismo norteamericano (12 de enero de 1964).

Debemos incluir también la pérdida del valor del dólar. Aunque su rol hegemónico aún es preponderante —allí radica la fortaleza del imperialismo yanqui— y sigue siendo la moneda de reserva internacional, su peso disminuye. Según el FMI, la cuota del dólar en las reservas oficiales ha caído de un 53% al 32% en el segundo trimestre de 2025. Estas caídas se deben a tipos de cambio y a la apreciación de otras monedas frente al dólar.

Analistas como Jen & Freire sugieren que la caída podría haberse acelerado por factores geopolíticos recientes, como las sanciones y la diversificación de divisas. Se estima que la cuota del dólar bajó del 73% (2001) al 47% en 2022, aunque estas cifras dependen de los métodos de cálculo.

En lo inmediato y en las décadas venideras, esto no significa que el dólar deje de ser moneda de reserva de la noche a la mañana. Incluso a China, pese a poseer bonos estadounidenses, no le conviene una caída estrepitosa del dólar. Sin embargo, a la larga, dejará de ser la moneda de reserva dominante o se convertirá en una divisa regional más.

La tendencia a la desdolarización es un hecho. Será una caída gradual, concretándose a la larga en un sistema financiero multipolar —varios polos de poder sin un centro hegemónico único— o en hegemonías regionales. Esto, a menos que en el proceso de confrontación el sistema financiero se desacredite totalmente por la acción política entre imperialismos, la desconfianza estructural por fracturas y las confiscaciones o robos descarados de divisas, como ya ocurre en el tablero geopolítico.

Existen múltiples tensiones: deudas internas, fragilidad geopolítica, confrontación abierta entre superpotencias y explosiones sociales. Aun así, el sistema no cae por sí solo. Al no haber un contendor abierto y franco construyendo un poder para las masas —un proceso de contienda de una nueva sociedad sobre la vieja—, el sistema se recicla y se recompone, volviendo con más destrucción y muerte.

El Presidente Mao habló de un horizonte de 50 a 100 años para la caída del imperialismo; estamos en ese proceso. Esto no significa que las relaciones productivas capitalistas desaparezcan automáticamente. En definitiva, para que el sistema sea barrido existe una condición indispensable y contundente: la acción de los Partidos Comunistas y la organización del proletariado mundial construyendo el socialismo. Caso contrario, el sufrimiento y las desgracias para las masas del mundo se prolongarán mucho más.

12/12/2025

La piratería del genocida imperialismo estadounidense en pleno siglo XXI

 

Por Alex A. Chamán Portugal

La historia del capitalismo es, en esencia, la historia del expansionismo, avasallamiento, exterminio y despojo. Su fase superior y última, el imperialismo -como lo definió Lenin- representa la forma más acabada de saqueo organizado, violencia internacional y dominación económica. En pleno siglo XXI, esta realidad adquiere nuevas expresiones, pero conserva intacto su injusto núcleo estructural mediante la utilización de la fuerza, la guerra, la manipulación, el adormecimiento y el terror para sostener un sistema en irreversible descomposición. El robo descarado de un buque petrolero de la República Bolivariana de Venezuela, no es un hecho aislado, ya que es una señal inequívoca de la agonía del imperialismo estadounidense, que recurre sin pudor a la piratería estatal para frenar el ascenso de un orden mundial bipolar que ya no puede contener.

Entre la piratería y el terrorismo económico

El imperialismo estadounidense, lejos de representar fortaleza, expresa hoy su profunda crisis estructural. Ante la descomposición de su hegemonía global, Washington reedita doctrinas coloniales como la Doctrina Monroe, para reafirmar su pretensión de que América Latina y el Caribe deben continuar siendo su “patio trasero” a cualquier costo. La persistente violencia económica, política, militar, diplomática, mediática y jurídica es su respuesta a la decadencia.

Estados Unidos, la nación más genocida de los siglos XX y XXI, ha edificado su poder sobre masacres de pueblos enteros. Es la potencia terrorista que redujo Afganistán, Irak, Libia y Siria a ruinas y matanzas inmisericordes; que patrocinó guerras sucias, dictaduras, torturas crímenes y golpes de Estado en buena parte de las naciones del mundo; que financia y participa del exterminio contra el heroico pueblo palestino favoreciendo al genocida régimen sionista de Israel. Su despiadada maquinaria de guerra, repartida en casi 900 bases militares en todos los continentes, constituye un sistema planetario de ocupación que viola el derecho internacional burgués y la libre autodeterminación de los pueblos en aras de garantizar la descarada apropiación de recursos naturales y suprimir cualquier experiencia que desafíe la dominación imperialista expresada en el capital transnacional.

Venezuela en el centro de la confrontación histórica

En este escenario global, Venezuela se ha convertido en el “mal ejemplo” que el imperialismo necesita sofocar. La Revolución Bolivariana demostró que la renta petrolera puede colocarse al servicio de las masas populares y al servicio de pueblos hermanos, que un país del Sur puede decidir soberanamente su destino y que es posible desafiar al perverso imperialismo sin arrodillarse. Así, desde 2015, contra Venezuela se ha desatado una cruel guerra híbrida de dimensiones inéditas, puesto que más de 1.100 medidas coercitivas unilaterales -genuinas armas de destrucción masiva- han sido aplicadas con el objetivo de destruir la economía, generar escasez, deteriorar la infraestructura nacional, impedir importaciones, así como, provocar destrucción y sufrimiento social para fomentar un cambio de régimen imponiendo gobiernos títeres. Igual que la ejemplar Cuba, que resiste heroicamente un bloqueo genocida desde hace más de seis décadas y media, Venezuela enfrenta un asedio medieval disfrazado de diplomacia.

La incautación del buque petrolero venezolano es la confirmación de que el imperialismo yanqui ha convertido la piratería en política de Estado. Este crimen se suma al robo de CITGO, la confiscación de reservas de oro venezolanas en el Banco de Inglaterra, la apropiación ilegítima de cuentas y empresas estatales, y la utilización de su sistema financiero para legalizar el despojo. El vil imperialismo y sus socios han violado reiteradamente sus leyes internacionales liberales, ya que cuando éstas no favorecen sus intereses, las ignora o las destruye.

La dominación imperialista mediante las guerras, propaganda y saqueo

La ofensiva imperialista no es solo política, militar o económica; es también una guerra ideológica, y cultural. La maquinaria mediática del capitalismo se caracteriza por manipular por lo que difunde narrativas que buscan deshumanizar a los pueblos en resistencia, demonizar a sus organizaciones consecuentes y líderes dignos, fracturar su moral superior y fabricar consenso internacional para justificar una atroz ofensiva que consolide el saqueo. Estamos frente a la guerra cognitiva que se constituye en la nueva forma de dominación del capitalismo senil.

Referida ofensiva también revela su desesperación. Así, el imperialismo en descomposición recurre a métodos cada vez más brutales como la piratería moderna, sanciones unilaterales, operaciones encubiertas, terrorismo financiero, guerras por sustitución, bombas humanitarias, tutelaje judicial y una red global de terrorismo y espionaje total. No obstante, lejos de consolidar su poder, estas nefastas prácticas aceleran su aislamiento y fortalecen la conciencia anticapitalista y antiimperialista, especialmente, en las naciones oprimidas y pueblos del mundo.

La resistencia bolivariana frente al asedio imperialista

A pesar de esta arremetida feroz, el pueblo venezolano no ha sido derrotado, puesto que ha demostrado una singular capacidad de resistencia que desconcierta al imperialismo y sus socios vasallos, por lo que asombra al mundo. La Revolución Bolivariana ha logrado sostener su soberanía energética, diversificar alianzas internacionales, reorganizar su economía y mantener un horizonte de justicia social en medio del bloqueo. A decir de la CEPAL; Venezuela registró en la región un formidable crecimiento económico el 2024 y en la presente gestión 2025 reeditará aquello para bien de la sociedad en su conjunto y, en particular, del pueblo.

Esta resistencia no es solo nacional, sino también histórica y continental, puesto que es la expresión viva de que los pueblos pueden enfrentar y desgastar a una potencia imperialista, incluso cuando esta dispone de un inmenso poder político, militar, mediático y financiero.

Una batalla global por el nuevo orden mundial

La agresión contra la Venezuela Bolivariana es solamente un capítulo de una ofensiva más amplia contra todos los pueblos que buscan independencia y construcción de sus propios proyectos de desarrollo, progreso y bienestar. África, Asia Occidental, el Caribe y América Latina experimentan hoy la embestida de un imperialismo decrepito que se niega a aceptar su ocaso. Pero en cada una de estas regiones crecen también nuevas formas de organización y poder popular, nuevas potencias capitalistas emergentes y nuevas alianzas internacionales que consolidan una bipolaridad en ciernes en el marco de la reconfiguración del nuevo orden mundial.

Venezuela, Cuba, Palestina, Líbano, Yemen y otros pueblos representan hoy la vanguardia moral de la humanidad, ya que son pueblos que combaten, resisten y avanzan en medio de la barbarie capitalista e imperialista.

De la Vanguardia Revolucionaria a la Cloaca del Fujimorismo: La Metamorfosis Siniestra de Fernando Rospigliosi

Por Alex Chamán Portugal

Introducción

Evocar la decadente política peruana implica, inevitablemente, remitirse a imágenes de traiciones grotescas y giros inesperados; sin embargo, pocos casos ilustran la degradación moral con tanta crudeza como el del nefasto Fernando Miguel Rospigliosi Capurro. Nacido en febrero de 1947 en el distrito de Miraflores en Lima, este sociólogo y periodista inició su trayectoria pública imbuido de un ímpetu revolucionario, bajo el influjo de la obra marxista de José Carlos Mariátegui y el guevarismo.

Formado profesionalmente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Rospigliosi se sumergió en la turbulencia de la izquierda radical de los años 60 y 70. Como militante activo de Vanguardia Revolucionaria (VR), organización política fundada en 1968, fue una pieza clave en la difusión de las tesis antiimperialistas y la lucha de clases desde la codirección del semanario Amauta. En aquel entonces, se perfilaba como un intelectual orgánico comprometido con el fortalecimiento del movimiento popular, tal como lo reflejan sus obras Juventud obrera y partidos de izquierda (1988) e Izquierdas y clases populares (1989).

Su aparente consecuencia política continuó en los años 80 con la cofundación de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) en 1983, desde donde denunció el terrorismo de Estado durante el conflicto armado interno. Incluso durante la dictadura de los 90, textos como Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril (1996) lo mostraban como un opositor al régimen criminal de Fujimori y Montesinos. No obstante, esa imagen progresista no era más que una fachada que, con el correr de los años, se desmoronó para revelar a un siniestro operador político que capituló ante el poder del dinero y el reconocimiento de la burguesía. Su tránsito, de ministro del Interior en el Gobierno neoliberal de Toledo a congresista fujimontesinista y presidente interino del parlamento bajo la tiranía del fujimorismo en 2025, evidencia el oportunismo de quien hoy funge como férreo defensor de las fuerzas represivas y alfil de los injustos intereses de los explotadores y opresores.

Del Trotskismo al servilismo a las mafias

La involución de Rospigliosi no debe leerse como un proceso reflexivo, sino como un salto oportunista dictado por los reaccionarios vientos políticos globales. Tras su ruptura con VR en 1980 y su paso por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en que aún criticaba las atrocidades del paramilitar Grupo Colina, el colapso del bloque soviético por obra del revisionismo y la hegemonía del capitalismo neoliberal depredador de los 90 facilitaron su coqueteo con el statu quo y pronto servilismo al mismo en condición de mercenario.

Ya como ministro del Interior (2001-2004), impulsó mecanismos como los Comisionados para la Paz y el Desarrollo, que bajo una retórica de pacificación, consolidaban el control estatal en detrimento de la propia democracia liberal y su Estado de derecho. Este viraje marcó su transformación definitiva de defensor de los Derechos Humanos a ejecutor de políticas de blanqueamiento de todo tipo de abusos enmarcados en terrorismo de Estado. Analistas como Eduardo Dargent lo han catalogado acertadamente como un «converso», alguien que trocó sus ideales “revolucionarios” por un pragmatismo servicio de los enemigos de la nación y el pueblo.

La consumación de esta traición llegó en 2020 con su incorporación a la llamada Fuerza Popular, organización criminal liderada por Keiko Fujimori, a quien años atrás señalaba como heredera de una dictadura mafiosa y criminal. Su ascenso político -congresista, presidente de la Comisión de Constitución y presidente interino del Congreso tras la vacancia de la genocida y golpista Dina Boluarte en 2025- no es casualidad, sino el pago por servicios prestados como politiquero y mercenario. Revelaciones periodísticas confirmaron que recibió importantes sumas de dinero y otras prebendas por consultorías para el plan de gobierno fujimorista mientras escribía columnas supuestamente «independientes». Rospigliosi instrumentaliza hoy su pasado izquierdista para atacar con mayor eficacia a los sectores populares y luchadores sociales que juró defender.

De Antiimperialista a Peón de la CIA

Una de las facetas más oscuras de esta metamorfosis es su alineamiento con los intereses de inteligencia de los Estados Unidos. Resulta una ironía histórica que quien inició su vida combatiendo el imperialismo terminara colaborando, directa o indirectamente, con la agenda de la CIA. Su cercanía operativa con el entorno heredado de Vladimiro Montesinos quien también fue agente al servicio de la CIA.

Durante su gestión ministerial, supervisó operaciones alineadas con los intereses de Washington y ejerció presión política para desacreditar a candidatos de izquierda. Más tarde, como asesor del fujimorismo, participó activamente en las campañas de demolición contra el presidente Pedro Castillo, coincidiendo con la estrategia de desestabilización promovida por agencias extranjeras. Rospigliosi renegó de su juventud antiimperialista para convertirse en una correa de transmisión de la embajada norteamericana, supeditando la soberanía nacional a agendas extranjerizantes.

Lacayo de la mafia Fujimontesinista

El cinismo de Rospigliosi alcanza cumbres inauditas en su alianza con el fujimorismo. Por ejemplo, en el año 2000, fue él quien facilitó la difusión del video Kouri-Montesinos que precipitó la caída de la dictadura; hoy, es uno de sus principales operadores. Pasó de advertir sobre la ofensiva fujimorista» en 2017 a integrarse sinuosamente en sus filas en 2020.

Su labor legislativa ha sido la de un ramplón operador de la impunidad, puesto que impulsó la Ley 32107 en 2025, una amnistía disfrazada para militares genocidas acusados de crímenes de lesa humanidad, y avaló beneficios para efectivos policiales y militares procesados por violaciones a los derechos humanos, consolidando un marco legal de impunidad ratificado vergonzosamente por el mafioso Tribunal Constitucional. Al calificar a Keiko Fujimori como una buena opción presidencial, pretende ignorar sus procesos por lavado de activos, Rospigliosi se confirma como un testaferro político que trafica con principios a cambio de vergonzosas cuotas de poder.

Defensor de las fuerzas armadas y policiales genocidas

El antiguo crítico del terrorismo de Estado se ha erigido como el vocero oficioso de las fuerzas represivas. Su historial carga con la negligencia política del Linchamiento de Ilave Puno en 2004, que le costó la censura ministerial. Más grave aún es su postura frente a las masacres recientes, como las protestas de 2022-2023 en el marco de la lucha por la defensa de la voluntad popular, justificó los asesinatos de casi un centenar de civiles como necesarias, terruqueando a las víctimas, sus familiares y luchadores sociales.

En octubre de 2025, Rospigliosi defendió leyes para eximir de prisión preventiva a policías por practicar el terrorismo de Estado, llegando al extremo de visitar y respaldar al agente acusado de asesinar al artista popular Eduardo «Truko» Ruiz. Su respaldo popular es ínfimo (10% de aprobación), pero su utilidad para la lumpen burguesía y las mafias militares y policiales es alta, actuando como escudo político ante las denuncias de extorsión y sicariato y demás ilícitos.

Corrupción y mercenario del poder

Los escándalos definen su gestión, desde enriquecimiento mediante pagos no transparentados de Fuerza Popular hasta sanciones por el uso indebido de recursos del Congreso para proselitismo fujimorista en 2025. Rospigliosi ha demostrado ser un mercenario eficiente, sirviendo a un Estado caduco y actuando como engranaje entre los poderes fácticos (empresarial, militar-policial, ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) y las organizaciones criminales que han capturado la política.

De “revolucionario” a traidor

En la tradición revolucionaria, la capitulación no es un simple cambio de camiseta; es una degradación moral absoluta. El renegado, al cruzar la trinchera, necesita expiar su “mancha” de origen ante sus nuevos amos burgueses. Para ello, desarrolla una lealtad sobreactuada y agresiva. Psicológicamente, Rospigliosi intenta matar su propio pasado atacando con saña a quienes mantienen los principios que él vendió. El sistema capitalista instrumentaliza esta patología, puesto que utiliza al traidor porque conoce los códigos, debilidades y rutas de la izquierda. Su hostilidad es miserable porque es técnicamente precisa; ya que golpea donde más duele para asegurar su supervivencia en el nuevo orden que antes comatía, convirtiéndose en el enemigo más recalcitrante de su antigua causa.

Una lacra política contra el pueblo

Fernando Rospigliosi personifica la descomposición política e ideológica en su estado más puro; representa el tránsito nauseabundo de la vanguardia intelectual a la retaguardia de la mafia. No estamos ante un simple adversario político, sino ante una lacra social que ha puesto su intelecto y su conocimiento íntimo del movimiento popular al servicio de la maquinaria de muerte del decadente Estado burgués. Su figura condensa la funcionalidad del traidor, pues es el exizquierdista que la derecha necesita para legitimar la ofensiva contra el pueblo, el tonto útil con credenciales académicas que justifica, desde la presidencia del Congreso, que la sangre del pueblo sea derramada con descarada impunidad legalizada.

Su traición constituye un asalto directo a la memoria colectiva del Perú, especialmente de los sectores populares. Al defender a los verdugos de ayer y de hoy -desde los asesinos del Grupo Colina que antes denunciaba, hasta los militares y policías que disparan contra artistas y manifestantes en 2025, Rospigliosi busca borrar la historia para reescribirla a la medida de los enemigos de la patria y verdugos del pueblo. Es un agente corrosivo que, bajo el amparo de la CIA y la mafia fujimontesinista, trabaja para desmantelar cualquier posibilidad de justicia social. Desenmascarar a Fernando Rospigliosi y sus socios de todo pelaje es, por consiguiente, un deber moral imperativo de higiene política. La historia de los pueblos no perdona a quienes, habiendo portado la bandera de la emancipación, terminan reptando para servir a los que históricamente niegan derechos esenciales a las masas populares. Él es la prueba viviente de que la revolución no solo combate enemigos externos, sino que debe purgar sin contemplaciones a las miserias internas que, como él, terminan gangrenando la lucha y sus perspectivas de progreso, desarrollo y bienestar.

Referencias

Adrianzén, A. (2014). Apogeo y crisis de la izquierda peruana. En A. Adrianzén (Ed.), La izquierda en el Perú. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

APRODEH. (n.d.). Historia de APRODEH. Asociación Pro Derechos Humanos. https://www.aprodeh.org.pe

BBC News Mundo. (2025, 14 de agosto). La polémica ley de amnistía aprobada en Perú que perdonará a centenares de policías y militares acusados de violaciones a los derechos humanos. https://www.bbc.com/mundo/articles/c860738jq3lo

Caretas. (2025, 17 de noviembre). JEE sanciona a Rospigliosi por uso de cámara del Congreso en acto político de Keiko Fujimori. https://caretas.pe/politica/jee-sanciona-a-rospigliosi-por-uso-de-camara-del-congreso-en-acto-politico-de-keiko-fujimori/

Comisión de la Verdad y Reconciliación. (2003). Informe final. Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Congreso de la República del Perú. (2004, 5 de mayo). Moción de Censura N.° 1086 contra el Ministro del Interior Fernando Rospigliosi. Diario de los Debates, Segunda Legislatura Ordinaria de 2003.

Congreso de la República del Perú. (2025, 13 de agosto). Promulgan ley del Congreso que concede amnistía para miembros de FF.AA., Policía y Comités de Autodefensa. https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/promulgan-ley-del-congreso-que-plantea-amnistia-para-miembros-de-ff-aa-policia-y-comites-de-autodefensa/

Dargent, E. (2020, 8 de diciembre). Fernando Rospigliosi se suma al partido fujimorista pese a ser acérrimo opositor. El Búho. https://elbuho.pe/2020/12/fernando-rospigliosi-se-suma-al-partido-fujimorista-pese-a-ser-acerrimo-opositor/

Hildebrandt, C. (2011). Los conversos. Caretas. Archivo.

Infobae. (2021, 14 de octubre). Fernando Rospigliosi reconoce pagos de Fuerza Popular por asesorías. https://www.infobae.com

Infobae. (2025, 21 de octubre). Fernando Rospigliosi pide reincorporar a la PNP a suboficial investigado por asesinato de músico y justifica el disparo. https://www.infobae.com/peru/2025/10/22/fernando-rospigliosi-pide-reincorporar-a-la-pnp-a-suboficial-investigado-por-asesinato-de-musico-y-justifica-el-disparo/

Ponce, C. (2019). La nueva izquierda peruana: Orígenes, rupturas y trayectorias. Instituto de Estudios Peruanos.

Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1988). Juventud obrera y partidos de izquierda: De la dictadura a la democracia. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1989). Izquierdas y clases populares. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1994). La generación del 68: Hablan los protagonistas. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1996). Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril. Instituto de Estudios Peruanos.

RPP Noticias. (2025, 4 de junio). Fernando Rospigliosi: «Keiko Fujimori sería buena opción como candidata». https://www.facebook.com/rppnoticias/videos/fernando-rospigliosi-keiko-fujimori-ser%25C3%25ADa-buena-opci%25C3%25B3n-como-candidata-pdfrpp-ent/1082383890408976/

Sudaca. (2021, 13 de octubre). Fernando Rospigliosi: “Sabía que el contrato con Fuerza Popular sería público”. https://sudaca.pe