Red de prensa popular latinoamericana

¿Cómo se vive el conflicto desde la perspectiva de Irán? Un análisis de la intervención de Mohammad Reza Gilani desde la teoría de las Relaciones Internacionales

Redactado por: Quetzally Matishé Gutiérrez Vásquez

Entrevista a Mohammad Reza Gilani en Ocelotl TV (9 de mayo de 2026) disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fyRGXDgGeD4&t=482s

El pasado sábado 9 de mayo, a través del canal de emisión en YouTube, Ocelotl TV, tuve el honor de sostener una charla con Mohammad Reza Gilani, periodista iraní especializado en comunicación internacional, quien desde 2011 colabora con HispanTV como editor, redactor en jefe e investigador, cubriendo temas de política internacional y geopolítica para audiencias hispanohablantes. Más allá de su trayectoria mediática, Reza Gilani nos comparte su lectura de la coyuntura actual de Irán como un actor en resistencia frente a las sanciones, presiones militares y disputas narrativas con Occidente, lo que convierte esta conversación en una perspectiva privilegiada para entender cómo la República Islámica de Irán experimenta el conflicto desde dentro. En el presente artículo, analizo la intervención de Reza Gilani y el modo en que, a través de su discurso sobre la resistencia iraní, se reconfigura la relación entre sociedad, Estado y la presión externa, desde un enfoque teórico de las Relaciones Internacionales.

Durante décadas, Irán ha enfrentado sanciones impulsadas principalmente por Estados Unidos, que se traducen en restricciones financieras, comerciales y tecnológicas, y que han dado lugar a una economía de resistencia basada en la diversificación de socios, mecanismos financieros alternativos y el fortalecimiento de la producción interna. Este escenario, según HispanTV, es parte de una guerra más amplia, en la que las sanciones, las operaciones militares y las campañas mediáticas forman un mismo frente de agresión contra la República Islámica de Irán, a la vez que destacan la capacidad iraní para mantener su modelo político y en la capacidad de lograr una mayor cohesión frente a amenazas externas. Esta lectura permite entender cómo el Estado iraní materializa la presión internacional dentro de sus fronteras, transformándola en políticas de economía defensiva y en mecanismos de cohesión social orientados a sostener la legitimidad del régimen.

Mientras el mundo exterior habla y explica las tensiones con Irán, clasificándolo como un “enemigo global”, surge la pregunta: ¿cuándo hemos escuchado hablar a los iraníes sobre su propia historia? De inicio, conviene señalar que Gilani parte desde la idea de corregir la

narrativa que se ha sostenido durante años sobre la crisis de poder interna en Irán, pues “muchas veces responde más a una narrativa política externa” y no refleja la realidad en su totalidad. Señala que existe un doble estándar mediático en la forma de analizar a Irán, ligada a la cobertura desproporcionada por parte de ciertos medios internacionales. Si bien, Irán atraviesa tensiones regionales, presiones externas y sanciones militares, es pertinente destacar que ello no ha implicado la ausencia del funcionamiento estatal, pues el país mantiene una estructura política profundamente consolidada y ha mostrado su capacidad de adaptación frente a las presiones externas. Desde dentro, estas tensiones se perciben como un “capítulo más de una larga historia de presión externa” y no como un colapso interno irreversible. Situando esta afirmación en el terreno del constructivismo, Irán se constituye en oposición a categorías como “amenaza” o “enemigo global”, atribuidas principalmente desde centros de poder occidentales e introduce una narrativa histórica de continuidad que refuerza la autoimagen de Irán como un actor persistente en un entorno internacional adverso.

En el marco de lo anterior, Gilani menciona que el liderazgo en el Estado, pese a ser político, también es simbólico, religioso e histórico, ya que se extiende a una ideología integral. Sostiene que el enfoque que se debe abordar sobre el liderazgo no es quién está en el poder, sino cómo se puede preservar la soberanía del país en medio de la presión internacional. Si se profundiza en el argumento, cuando un país vive bajo amenazas constantes, es inevitable el protagonismo de las estructuras de seguridad, por lo que es un error reducir a Irán únicamente a una estructura militar: “Irán es mucho más complejo de lo que muestran los titulares”. Esta afirmación resulta difícilmente refutable, puesto que implica una interpretación sesgada el reducir a un Estado a una sola de sus estructuras cuando, en realidad, está compuesto por múltiples dimensiones políticas, sociales, económicas y culturales. A menudo se ve y se cree aquello que se quiere ver y creer, y justamente por ello resulta fundamental analizar el conjunto de sus elementos para comprenderlo en su complejidad.

En la coyuntura iraní, resulta innegable admitir que sí existen desgastes económicos, aunque estas dificultades no nacen meramente de problemas internos del país, sino que también son producto de las restricciones financieras y comerciales impuestas desde el exterior y bajo los efectos de las sanciones y presiones internacionales, lo que provoca una reestructuración de la economía a una de carácter más defensiva. Esto permite entender la economía como una herramienta más de seguridad nacional y no un simple conjunto de políticas económicas.

Gilani destaca también que, contrariamente a lo que se podría asumir, las presiones económicas y financieras no polarizan a la sociedad iraní, sino que generan solidaridad comunitaria, así como la creación de redes de apoyo social fortaleciendo a las economías familiares e impulsando al país a desarrollar una mayor autosuficiencia, pues les hicieron entender que no podían depender completamente de las potencias extranjeras. Pese a que existen diferencias ideológicas y debates sociales dentro del país, cuando existe una amenaza extranjera común, la sociedad tiende a organizarse en un reflejo colectivo de defensa nacional, se fortalece el sentimiento patriótico y nacen nuevas redes comunitarias ligadas a la resistencia. Ante esta afirmación, podría decirse que la experiencia de la presión internacional contribuye a reforzar una identidad colectiva en la que la defensa de la

soberanía juega un papel unificador, pues se vuelve un elemento compartido por diversos sectores sociales, más allá de sus diferencias ideológicas.

A la luz de estos elementos y en un contexto donde las grandes potencias buscan rediseñar la geopolítica según sus propios intereses, resulta fundamental destacar que lo que realmente está en juego es la soberanía iraní. El programa nuclear, presentado por los medios como una “línea roja” en las negociaciones, representa para Irán una independencia científica y tecnológica que alude al orgullo y la dignidad nacional. Esta dignidad encarna una resistencia frente a la injusticia y es parte de la identidad cultural y política. Gilani expresa que para los iraníes “ceder ante una presión externa sería una derrota moral antes que militar”. Desde una perspectiva realista, esta insistencia en la soberanía y en las “líneas rojas” estratégicas puede interpretarse como la expresión de un interés nacional definido en términos de poder y supervivencia estatal, tal como lo plantea el teórico realista Hans Morgenthau. En un sistema internacional anárquico, cada unidad política debe asumir por sí misma la responsabilidad de asegurar su existencia. En este sentido, el programa nuclear iraní funciona como una garantía de autonomía frente a posibles intervenciones extranjeras.

La lucha que hoy enfrenta Irán no solo se trata de un conflicto territorial, sino que engloba otros elementos como dimensiones psicológicas, culturales y tecnológicas. Y a pesar de ello, algo que permanece como una constante en la sociedad iraní es la fuerte convicción que tienen sobre la independencia. En este contexto, adquiere una relevancia particular la noción de “sacrificio por la patria” como expresión de un sentimiento patriótico profundamente arraigado en este país caracterizado por su constante y sólida resistencia. A su vez, aceptar las sanciones sería percibido por la sociedad iraní como una renuncia, al menos parcial, a su soberanía. En este marco, el sentimiento compartido del patriotismo funciona como un recurso simbólico que vincula los costos materiales de las sanciones con la vida rutinaria de la sociedad iraní, además, refuerza la identidad de resistencia y seguridad frente a amenazas externas.

Como reflexión final me gustaría destacar que esta entrevista evidencia la necesidad de contrastar narrativas y fuentes al analizar conflictos internacionales. Escuchar y analizar la historia desde varios puntos de vista permite equilibrar la mirada frente a relatos construidos exclusivamente desde otros centros de poder. Para quienes analizamos relaciones internacionales, diversificar medios y perspectivas ayuda a evitar análisis sesgados y a reconocer que todo conflicto se narra de forma distinta según la posición de quien lo cuenta. En este sentido, el uso de los marcos teóricos de las Relaciones Internacionales, particularmente hablando de las nociones realistas de soberanía, seguridad y supervivencia estatal, así como las lecturas constructivistas sobre la identidad, ofrece herramientas útiles para abordar los conflictos más allá de la crónica y reconocer los patrones que se repiten en diferentes conflictos a lo largo del tiempo. Analizar casos como el de Irán, desde estas perspectivas, permite desarrollar una capacidad crítica más sólida frente al mundo actual, sin reducir los acontecimientos a afirmaciones inmediatas ni a la lógica de un solo medio de comunicación.

En última instancia, comprender conflictos como el iraní desde otras perspectivas, exige asumir que ninguna narrativa es completa por sí sola y el poner en diálogo a distintas voces permite aproximarse a una comprensión más precisa de lo que está en juego para los pueblos y para el orden internacional.

Bibliografía:

HispanTV. (2026). Irán, pionero en la Resistencia: de economía sancionada a misiles que impactan el corazón de Tel Aviv | HISPANTV. Hispantv. https://www.hispantv.com/noticias/opinion/642943/iran-pionero-resistencia-econ omia-sancionada-misiles-impactan-telaviv

Ocelotl TV. (2026, 9 mayo). Entrevista exclusiva con Mohammad Reza Gilani [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=fyRGXDgGeD4

PRAXIS REVOLUCIONARIA Y VIGENCIA DE MARX

A 208 años de su natalicio, en la Era del Imperialismo y la IV Revolución Industrial.

“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.”
— Karl Marx

Por: Alex A. Chamán Portugal

A 208 años del natalicio de Carlos Marx, su pensamiento continúa estremeciendo las decadentes bases ideológicas del capitalismo y su fase imperialista. No se trata únicamente de recordar al gran filósofo, economista, politólogo y sociólogo alemán, sino de reivindicar al revolucionario que colocó su vida, inteligencia y obra al servicio del proletariado internacional y pueblos del mundo. Marx no fue un académico encerrado entre libros ni un simple crítico del orden burgués; fue un gran combatiente político que convirtió la teoría en arma de lucha y la investigación científica en instrumento para la emancipación de la humanidad.

Marx constituye el primer gran maestro del proletariado internacional. Su aporte no radica solamente en haber interpretado científicamente la sociedad capitalista, sino en haber demostrado que las contradicciones de clase social conducen inevitablemente a la necesidad histórica de la revolución proletaria y la construcción del socialismo como transición hacia el comunismo.

La praxis revolucionaria de Marx

La vida de Marx estuvo marcada por la estigmatización, hostigamiento, persecución política, el exilio, la pobreza y la vigilancia permanente de los aparatos represivos europeos. Sin embargo, jamás abandonó la lucha revolucionaria. Su existencia misma fue un formidable ejemplo y expresión de praxis revolucionaria, o sea, unidad entre teoría y práctica transformadora.

Junto al gran Federico Engels, organizó políticamente al proletariado, impulsó la Liga de los Comunistas y redactó en 1848 El Manifiesto del Partido Comunista, texto que sigue siendo una de las obras políticas más influyentes y vigentes de la historia. Allí se sintetiza el carácter histórico y transitorio del capitalismo, así como el papel revolucionario del proletariado como sepulturero del caduco orden burgués.

La praxis marxista no fue contemplativa ni reformista. Marx comprendió que la burguesía, en tanto clase explotadora y opresora, jamás entregaría voluntariamente su poder económico y político. Por ello, la lucha de clases aparece como motor de la historia y la revolución como necesidad histórica para destruir las estructuras de explotación.

Las Tres Fuentes y Partes Integrantes del Marxismo

Vladimir Lenin, gran maestro del proletariado y dirigente de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, explicó magistralmente que el marxismo surge de tres grandes fuentes del pensamiento humano, elevadas a una síntesis científica revolucionaria:

1. La filosofía clásica alemana

Particularmente la dialéctica de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y el materialismo de Ludwig Feuerbach. Marx revolucionó la dialéctica hegeliana, arrancándola de su idealismo y colocándola sobre bases materialistas. Así surgió el materialismo dialéctico que es la comprensión científica de la realidad como movimiento, contradicción y transformación permanente.

Posteriormente desarrolló el materialismo histórico, demostrando que la historia humana no avanza por voluntad divina ni por ideas abstractas, sino por las contradicciones materiales derivadas de los modos de producción y de la lucha entre clases sociales. Se establece una serie de leyes sociales como la gran ley de la lucha de clases (económica, ideológica y política).

2. La economía política inglesa

A partir de los estudios de Adam Smith y David Ricardo, Marx reveló el mecanismo central de explotación capitalista a través de la plusvalía. En El Capital demostró fehacientemente que la riqueza burguesa proviene de la apropiación del trabajo no pagado del proletariado.

Esta crítica científica destruyó el mito burgués de que el capitalismo se sostiene sobre el mérito individual y reveló que la acumulación capitalista descansa sobre explotación, despojo y violencia estructural.

3. El socialismo francés

Marx recogió críticamente las experiencias y propuestas de los socialistas utópicos como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Robert Owen, logrando superar sus limitaciones idealistas al convertir el socialismo en ciencia revolucionaria basada en la lucha de clases y en el papel histórico del proletariado.

Estas tres fuentes dieron origen al marxismo como ideología científica y transformadora del proletariado, posteriormente desarrollada por Lenin en la etapa imperialista del capitalismo y elevada por Mao Tse-tung mediante la guerra popular, la revolución cultural proletaria y la continuación de la lucha de clases bajo el socialismo.

“El ser social determina la conciencia social”

Una de las tesis más profundas de Marx sostiene que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida social es la que determina la conciencia. Esta formulación conserva plena vigencia en la actualidad.

Las condiciones materiales de existencia moldean ideas, valores, comportamientos y aspiraciones. El capitalismo no solo explota económicamente; también coloniza subjetividades. La lógica del depredador mercado penetra la cultura, la educación, la política, las relaciones humanas y hasta la propia militancia revolucionaria.

Por eso, incluso sectores populares y antiguos revolucionarios terminan aburguesándose. Muchos comienzan luchando contra el sistema y terminan defendiendo el statu quo, seducidos por privilegios, consumo, individualismo y reconocimiento institucional. La burguesía comprende perfectamente que dominar no significa únicamente controlar fábricas o bancos, sino también dirigir la conciencia social mediante sus medios masivos de manipulación, plataformas digitales, redes sociales, entretenimiento y aparatos educativos.

La pequeña burguesía, en tanto clases social oscilante y oportunista, suele caer fácilmente en esa adaptación al sistema. Bajo el imperialismo, abundan ex revolucionarios convertidos en administradores del viejo orden dominante, defensores de la conciliación de clases, propagandistas del posibilismo liberal y verdugos de revolucionarios consecuentes.

El capitalismo nace chorreando sangre y lodo

En su obra El Capital, Marx señaló que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros”. Esta frase sintetiza la violencia originaria sobre la cual se edificó el capitalismo.

La acumulación originaria del capital no fue producto del ahorro ni del esfuerzo empresarial, como sostiene erróneamente la ideología burguesa. Nació mediante una feroz conquista acompañada de exterminio, saqueo colonial, esclavitud, genocidio indígena y expropiación campesina. América Latina, África y Asia fueron escenarios singulares de ese proceso histórico criminal.

Hoy, en la llamada IV Revolución Industrial, aquella lógica adquiere nuevas formas. El capitalismo e imperialismo tecnológico concentra datos, inteligencia artificial, recursos estratégicos, plataformas digitales y redes sociales bajo control de grandes corporaciones transnacionales que representan a las clases dominantes. El saqueo continúa a través de la minería depredadora, privatización del conocimiento, instrumentalización de la ciencia y tecnología, control algorítmico, tráfico humano, precarización laboral global, manipulación mediática, etc.

El trabajador actual no solo vende su fuerza física; también entrega información, atención, emociones y tiempo bajo nuevas modalidades de explotación digital. Mientras tanto, miles de millones de seres humanos sobreviven en condiciones miserables pese al enorme desarrollo tecnológico alcanzado por la humanidad.

Capitalismo, destrucción de fuerzas productivas y devastación de la naturaleza

Marx advirtió que el sistema capitalista desarrolla las fuerzas productivas de manera extraordinaria, pero al mismo tiempo las destruye violentamente debido a sus propias contradicciones y su avaricia compulsiva.

Hoy esa afirmación adquiere dimensiones dramáticas, puesto que el capitalismo y su etapa imperialista destruye bosques, contamina ríos y océanos, extingue especies y acelera el colapso climático con tal de mantener la insultante acumulación de ganancias. La naturaleza se convierte en mercancía y objeto de depredación ilimitada.

Pero también destruye fuerzas productivas humanas, ya que millones de trabajadores son descartados por automatización, desempleo estructural, guerras imperialistas y crisis económicas recurrentes. La tecnología, que podría liberar al ser humano del trabajo alienado, es utilizada para intensificar explotación, vigilancia y control social.

La IV Revolución Industrial no ha significado bienestar universal, sino mayor concentración monopólica, nuevas formas de dominación imperialista y alienación-domesticación del ser humano.

Transformar el mundo en tiempos de guerra ideológica-cognitiva

Cuando Marx afirmó que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, estableció una ruptura radical con la filosofía contemplativa funcional a la preservación del orden social establecido.

En la actualidad, esa tesis posee gigantesca importancia frente a la guerra ideológica, cognitiva y cultural desplegada por el capitalismo e imperialismo. El capitalismo produce diariamente desinformación, manipulación emocional y alienación digital. Grandes corporaciones tecnológicas moldean percepciones colectivas, imponen agendas y convierten la cultura en mercancía.

La lucha revolucionaria del siglo XXI exige disputar prioritariamente el terreno de la conciencia. No basta denunciar injusticias; es necesario construir pensamiento crítico y propositivo, organización popular y proyecto histórico proletario frente al dominio ideológico burgués.

La batalla cultural no puede separarse de la lucha de clases, ya que quien controla la conciencia social posee una poderosa herramienta de dominación política.

Marxismo, leninismo y maoísmo

El marxismo no quedó congelado en el siglo XIX. Vladimir Lenin desarrolló el marxismo en la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, demostrando que el capitalismo había entrado en su fase monopolista y parasitaria. La Revolución de Octubre confirmó que el proletariado podía conquistar el poder político.

Posteriormente, Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo mediante la experiencia de la revolución socialista china, la guerra popular prolongada y la comprensión de que la lucha de clases continúa bajo el socialismo.

Así, el marxismo-leninismo-maoísmo constituye hoy la ideología científica más avanzada del proletariado internacional, porque no solo explica las contradicciones del capitalismo, sino que plantea una estrategia revolucionaria para destruirlo y construir una sociedad superior.

Conclusión

A 208 años del nacimiento de Marx, su pensamiento y obra conserva plena vigencia porque el capitalismo sigue basado en explotación, opresión, desigualdad, guerras injustas, masacres, saqueo, etc. La concentración obscena de riqueza, el perverso dominio imperialista, la vergonzosa destrucción ambiental y la manipulación ideológica confirman la profundidad de sus análisis.

Marx no pertenece al pasado. Vive en cada lucha obrera, campesina y popular; en cada resistencia frente al capitalismo e imperialismo; en cada esfuerzo por construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

Su legado no debe reducirse a homenajes académicos ni a citas descontextualizadas. Recordar a Marx implica asumir críticamente su praxis revolucionaria, comprender científicamente las contradicciones del presente y luchar por transformar radicalmente la realidad.

Porque mientras exista explotación, opresión e injusticias estructurales, el marxismo seguirá siendo bandera de combate histórico del proletariado internacional.

Combatividad, resistencia y soberanía: La lección de Puebla frente al entreguismo y el proimperialismo del siglo XXI

Por: Héctor Torres Vázquez, Carlos Jiménez Guadarrama, Julio Gerardo Padilla Sánchez, Carlos Jiménez Verga, Oswaldo Flores García y Alex Chamán Portugal.

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Resumen

A mediados del siglo XIX, la voraz expansión capitalista impulsó a las potencias europeas a incrustar sus garras sobre América Latina. En 1861, un México desangrado por la Guerra de Reforma se vio forzado a suspender el pago de su deuda externa, medida de supervivencia que Francia, Inglaterra y España utilizaron injustamente como pretexto para enviar sus flotas bélicas. Mientras el imperio francés de Napoleón III orquestaba la destrucción de la República para saquear sus riquezas e instaurar una monarquía títere, la oligarquía conservadora mexicana actuó como cómplice, traicionando a su patria para recuperar privilegios perdidos. Hoy, esa misma reprochable dinámica de asedio y traición recobra una vigencia alarmante. Las lecciones de la heroica resistencia popular del 5 de mayo de 1862 se erigen como el principal referente ideológico y político frente a la actual ofensiva del imperialismo estadounidense, que, apoyado por un nuevo grupúsculo de políticos entreguistas, despliega políticas de avasallamiento económico, amenazas de intervención militar y agresiones tan absurdas como el intento de borrar el nombre histórico del Golfo de México.

Desarrollo

La agenda del Segundo Imperio Francés en 1862 no se limitaba al cobro de una deuda, puesto que su meta era el control geopolítico mundial. No obstante, este asalto a la soberanía no habría pisado tierra firme sin la existencia de un enemigo interno. La cúpula clerical y los grandes terratenientes, derrotados en las armas y en la ley durante la Reforma, cruzaron el Atlántico para ofrecer la nación a un monarca extranjero. Ayer como hoy, la quinta columna fue el motor de la invasión.

El 5 de mayo en los cerros de Loreto y Guadalupe, el ejército invasor, comandado por un conde de Lorencez embriagado de racismo colonial, se topó con la fuerza ancestral de un país que se negó a morir. La proeza no fue exclusiva de la milicia regular comandada por el general Ignacio Zaragoza, sino de la feroz combatividad del pueblo llano conformado por campesinos, artesanos y las comunidades indígenas nahuas y totonacas de la sierra norte (los históricos batallones de Zacapoaxtla, Tetela y Xochiapulco) formaron una trinchera inexpugnable. Con machetes y viejos rifles, los oprimidos destrozaron a la infantería europea. La magnitud de la derrota imperialista quedó grabada en la sentencia de Zaragoza: «Las armas nacionales se han cubierto de gloria… Puede ser que ellos sean el primer ejército del mundo, pero nosotros somos los primeros hijos de México».

La historia, lejos de ser un mausoleo de fechas muertas, es un ciclo palpitante. A más de un siglo y medio de distancia, el rostro del invasor ha cambiado, pero la esencia de su feroz asedio permanece intacta. Hoy, el guerrerista y genocida imperialismo estadounidense despliega una brutal ofensiva para someter a los pueblos del mundo —entre ellos a México— a sus dictados hegemónicos. Ya no desembarcan tropas de ocupación en Veracruz; en su lugar, asedian con arbitrarios bloqueos financieros, sanciones comerciales, amenazas arancelarias, extorsiones diplomáticas, masacres y genocidios, amagos de intervención militar directa bajo la falsa excusa de la seguridad hemisférica, etc.

La soberbia imperialista llega a extremos de violencia simbólica y despojo cultural que en los pasillos del poder en su capital Washington, florecen políticas neocoloniales que incluso pretenden alterar la geografía política mundial y regional, sugiriendo cambiar el nombre del Golfo de México. Esta iniciativa no es una simple ocurrencia retórica; es el reflejo de una doctrina de apropiación absoluta enmarcada en “América para los americanos”. Quien se siente con el derecho de borrar el nombre de un mar, siente también el derecho de saquear sus yacimientos petroleros y otros recursos naturales, de dictar la política energética de una nación y de pisotear su integridad territorial.

Y al igual que en 1862, esta nueva ofensiva del imperialismo encuentra sus mejores aliados dentro de nuestras fronteras. Los herederos del partido conservador que ayer imploraron por Maximiliano, son los mismos políticos y oligarcas que hoy viajan a Washington para cabildear contra los intereses nacionales. Son los tecnócratas y traidores a la patria que claman por la privatización de recursos estratégicos como el litio y el petróleo, y que aplauden las medidas punitivas de la Casa Blanca con tal de recuperar el control del presupuesto y someter a las masas trabajadora a los siniestros designios del capital transnacional.

Conclusión

La Batalla de Puebla es el espejo donde la resistencia actual debe apreciarse reflexivamente. Aquel 5 de mayo el pueblo de Puebla, como parte del pueblo mexicano, demostró que la invulnerabilidad de los grandes imperios es un mito que se desmorona cuando colisiona contra la voluntad de hierro de las clases sociales explotadas y oprimidas. La lección para nuestro presente es categórica, ya que frente a un imperialismo estadounidense que busca borrar desde nuestro nombre en los océanos hasta nuestro derecho al desarrollo soberano, la única respuesta posible es la movilización y unidad popular. Las amenazas de Washington y las traiciones de la oligarquía local no podrán avasallar a un país mientras exista un pueblo consciente de su fuerza. Ayer fueron los machetes indígenas frenando el avance europeo; hoy es la conciencia política, soberana y antiimperialista de las masas populares constituida por obreros, campesinos, indígenas, artesanos, artistas, estudiantes, intelectuales, etc., que marcaran el alto definitivo a quienes pretenden subastar o entregar la tierra que, con tanta sangre, se ha defendido.

UN PRESIDENTE DE TRANSICIÓN TEMEROSO, INCAPAZ DE HABLAR CON LIBERTAD Y ACTUAR AL NIVEL DE SU INVESTIDURA

Richard González

La última entrevista realizada al presidente de transición de la República, José María Balcázar, en Palacio de Gobierno, por una periodista cuya actitud resultó poco profesional y confrontacional, evidencia el profundo deterioro de la representación y del poder del Ejecutivo, particularmente de la Presidencia de la República en el Perú.

Uno de los aspectos más trascendentes de dicha entrevista estuvo relacionado con el proceso de compra de aviones militares a Estados Unidos.

En primer lugar, quedó en evidencia que la capacidad del presidente para renegociar, suspender o incluso anular esta transacción es prácticamente nula. Aunque formalmente la Constitución establece que el presidente de la República es jefe supremo de las Fuerzas Armadas, jefe de Estado y de Gobierno, símbolo de la unidad nacional y conductor de la política de seguridad interna, externa y de las relaciones internacionales, en la práctica su margen de decisión parece severamente limitado. Bastó que insinuara la posibilidad de no concretar la compra para que surgieran fuertes presiones políticas y diplomáticas.

En segundo lugar, el embajador estadounidense reaccionó públicamente en un tono percibido como coercitivo e injerencista, transmitiendo un mensaje que fue interpretado como una presión directa para que la compra se concrete de manera obligatoria. Esta situación proyecta una preocupante imagen de subordinación frente a intereses extranjeros.

Asimismo, el autor cuestiona la trayectoria y el comportamiento del diplomático norteamericano, señalando que carece de carrera diplomática y que habría estado vinculado a controversias en su propio país. Considera además que su designación responde a intereses políticos y económicos de Washington, reproduciendo una política exterior agresiva y poco respetuosa hacia la soberanía peruana.

De igual manera, el texto critica la intervención de diversas figuras políticas nacionales que se pronunciaron exigiendo que la compra militar se concrete “sí o sí”, incluso insinuando posibles medidas de vacancia presidencial. Para el autor, ello revela la existencia de fuertes intereses de lobby alrededor de esta operación armamentista.

Según el análisis presentado, esta adquisición se habría originado durante el gobierno de Dina Boluarte, respondiendo principalmente a requerimientos de las Fuerzas Armadas y a intereses vinculados al complejo militar-industrial estadounidense. El autor sostiene que el Perú no enfrenta actualmente un conflicto externo inminente que justifique un rearme de semejante magnitud, considerando las profundas necesidades sociales y económicas que atraviesa el país.

En ese sentido, plantea que la compra no respondería a una verdadera necesidad nacional, sino a intereses económicos y geopolíticos externos, acompañados por beneficios para intermediarios, altos mandos militares y sectores políticos vinculados a la ultraderecha. También critica el papel de determinados funcionarios estatales, a quienes acusa de actuar más en favor de corporaciones extranjeras que de los intereses soberanos del Perú.

El artículo sostiene además que el verdadero poder político no reside actualmente en la Presidencia, sino en un bloque conformado por el Parlamento, sectores de las Fuerzas Armadas y grupos económicos nacionales e internacionales. De esta manera, el presidencialismo peruano aparece debilitado y subordinado a otros centros de poder que condicionan las decisiones fundamentales del Estado.

A partir de ello, el autor cuestiona el sentido de las elecciones y de la democracia representativa cuando un presidente electo carece de control político real sobre el Congreso, las Fuerzas Armadas y las principales estructuras de poder. En esa lógica, considera que los mandatarios terminan convertidos en figuras limitadas y funcionales a intereses externos y a disputas entre grupos de poder.

Finalmente, el texto concluye que el Perú necesita transformaciones profundas, incluyendo una nueva Constitución elaborada desde los intereses populares y nacionales, orientada a garantizar soberanía, autodeterminación, desarrollo real y derechos efectivos para las grandes mayorías, sin subordinación a ningún imperialismo.

05/05/2026

SALUTACIÓN POR EL DÍA DEL PROLETARIADO INTERNACIONAL

¡Proletarios de todos los países, uníos!

En este primero de mayo, Día del Proletariado Internacional, la Red de Prensa Popular Latinoamericana extiende su más ferviente y combativo saludo a la clase obrera y a los pueblos oprimidos del mundo.

Hoy, los comunistas y revolucionarios tenemos la obligación de reflexionar y estar claros en el proceso histórico de nuestra clase. Declaramos firmemente que la historia del proletariado es, en esencia, la historia de su invencible ideología: el marxismo-leninismo-maoísmo. Es la historia de su Partido Comunista y de la revolución proletaria mundial, en su lucha irrenunciable por instaurar la dictadura del proletariado, construir el socialismo y marchar hacia el comunismo.

En esta fecha nos reafirmamos en nuestra gloriosa trayectoria, forjada a través de hitos imperecederos:

  • Nos reafirmamos en los principios del «Manifiesto del Partido Comunista» de 1848, asumiendo que la clase obrera es la única clase verdaderamente revolucionaria, destinada a abolir la propiedad privada mediante la violencia revolucionaria.
  • Nos reafirmamos en el legado de la Comuna de París de 1871, el primer y gran hito histórico donde el proletariado tomó el poder en sus manos.
  • Nos reafirmamos en la heroica Revolución de Octubre de 1917, dirigida por Lenin, que estremeció la Tierra e inició la Era de la Revolución Proletaria Mundial.
  • Nos reafirmamos en el gran triunfo de la Revolución China de 1949 bajo la magistral dirección del Presidente Mao Tse-tung.
  • Nos reafirmamos en la grandiosa epopeya de los años 60, la Gran Revolución Cultural Proletaria, cumbre del siglo XX y la ola más alta de la revolución proletaria mundial.

Somos conscientes de que hoy la revolución proletaria mundial atraviesa un repliegue político general. ¡Pero el proletariado y los oprimidos no temen al fracaso!. Toda nuestra historia es confirmación cotidiana de la ley fundamental de la contradicción: la lucha es lo absoluto, y la victoria y los fracasos son relativos. Entendemos científicamente que la clase lucha, fracasa y vuelve a luchar; y que el proletariado construye la victoria inexorable a través de una escalera de fracasos. A lo nuevo lo acecha el fracaso, pero éste es sólo producto de su debilidad transitoria, no de un objetivo o lucha erróneos.

¡La revolución no se ha detenido; prosigue y proseguirá en nuevas condiciones!. En medio de este repliegue histórico, ya está gestándose una nueva etapa. En las próximas décadas del siglo XXI, surgirán nuevas olas revolucionarias que asaltarán los cielos y conquistarán el poder.

Por todo ello, en este 1º de mayo, llamamos a las masas obreras y campesinas a reafirmarse más profundamente aún en el marxismo-leninismo-maoísmo. Asimilemos la inmensa experiencia de ciento cincuenta años de revolución proletaria mundial y apliquémosla con inquebrantable decisión para afrontar los retos del presente y del futuro.

Referencia: Presidente Gonzalo, & Camarada Míriam. (1994, 1 de mayo). Acerca de la historia del proletariado internacional. Ediciones Bandera Roja.

DICTADURA CORPORATIVA

Por: Richard González

Los principios sobre los cuales se creó y sostuvo el capitalismo, así como la necesidad de legitimar su hegemonía de clase, partieron de la construcción de un imperio de la ley; es decir, de la imposición de una nueva voluntad política que proyectaba un nuevo orden y un nuevo poder por parte de quienes habían conquistado el control del Estado. Por tanto, se trataba de imponer una nueva voluntad contra la clase y el sistema que habían sido derrocados.

¿Contra qué apuntaba ese proceso?

Contra la monarquía absoluta, contra el poder y la dictadura concentrados en un solo monarca, en un rey que decidía el destino de toda la sociedad. Es decir, el objetivo era enterrar el viejo orden feudal.

En aquella sociedad, los siervos, libertos y esclavos no tenían capacidad real de opinión ni de decisión. La sociedad creada tras esas transformaciones tampoco estaba pensada para ellos. Sin embargo, fueron utilizados en las luchas políticas y sociales, razón por la cual se agitaron las banderas de las libertades individuales, los derechos liberales y la democracia, como si realmente fueran derechos universales para todos.

En realidad, todos esos principios valían en la medida en que representaban los intereses esenciales de quienes conquistaron el poder. ¿Y quiénes conquistaron ese poder y contra quiénes? Una clase social: la burguesía.

Obviamente, esa nueva clase necesitaba consenso y legitimidad para sostener su dominio. De allí surge el voto y todo el proceso de representación política que, con el tiempo, se fue ampliando debido a las luchas de los pueblos. Sin embargo, la participación política del pueblo como sujeto histórico continúa siendo un terreno de tensión y disputa permanente.

Hoy, en las circunstancias en las que se encuentra el mundo, el propio sistema capitalista no solo atraviesa una disputa entre hegemonías en transición, sino que vive un escenario de conflicto, caos y crisis general.

Por lo tanto, la crisis es económica, política, ideológica, filosófica y cultural.


Es una crisis integral que atraviesa todos los ámbitos de la vida social.

Parte de esa crisis alcanza también al derecho liberal y a la democracia formal. El fracaso de las instituciones liberales y de la democracia representativa es hoy un fenómeno visible en distintos niveles y dimensiones alrededor del mundo. Incluso para quienes las crearon, estas estructuras ya no resultan plenamente útiles ni funcionales; por eso, son ellos mismos quienes las erosionan y las hunden progresivamente.

Si ese es el proceso que necesita el sistema para sostenerse, entonces, ¿con qué se reemplaza? Precisamente con una dictadura: una dictadura corporativa abierta, y esa parece ser la tendencia dominante. Esa es la razón por la cual se corrompen y se caotizan todas las estructuras sociales y políticas construidas desde el siglo XVI.

La finalidad es que, en medio de la crisis y la disfuncionalidad, la propia sociedad termine aceptando —o incluso reclamando— una forma de dictadura como salida al caos.

El Perú es un ejemplo claro y nítido de ello. Ninguno de los principios fundamentales del derecho liberal o de la democracia formal funciona plenamente: no existe una verdadera separación de poderes, ni un auténtico imperio de la ley, ni una democracia sustancial. Todo aparece subordinado a una lógica de dictadura corporativa.

Entonces, ¿se puede seguir participando en el juego de legitimación de esa dictadura mediante el voto formal?

Ni amplios sectores de la izquierda, ni muchos intelectuales o eruditos parecen ser plenamente conscientes de la dimensión histórica del problema. Persisten en analizar esta realidad con categorías limitadas y desfasadas frente al nuevo escenario.

Entonces, ¿cuál es la alternativa para los pueblos ante esta realidad?

Se requiere otro nivel de organización y otro nivel de lucha. La cuestión central es: ¿cómo construir contrapoder en estas circunstancias?, ¿cómo crear formas de poder popular dentro del propio Estado existente?

Allí reside el núcleo del problema. Bajo estas condiciones, el eje de la disputa ya no se encuentra únicamente en el parlamentarismo o en los sufragios, sino en la capacidad de construir poder real dentro de las estructuras mismas del poder dominante.

Eso implica organización sólida y articulada, liderazgo con representación y legitimidad, así como la construcción de un frente amplio del pueblo organizado, con dirección política, estrategia y herramientas propias.

No hacerlo sería una grave ingenuidad histórica. El enemigo golpeará; de eso se puede estar seguro. Por ello, resulta indispensable construir una cadena de dirección capaz de dar continuidad al proceso organizativo y político.

Todo ello requiere programa, cuadros políticos, organización y una coalición de clases populares con capacidad de conducción. En otras palabras, exige un vértice político de dirección de las clases del pueblo.

Las circunstancias actuales de la lucha son distintas. El mundo atraviesa un momento histórico marcado por la crisis y el desgaste del sistema capitalista, así como por las formas cada vez más agresivas con las que este reacciona frente a los pueblos.

30/04/2026

COMUNICADO DE PRENSA Legisladores, académicos y activistas reafirman solidaridad con Cuba y la defensa de la soberanía de los pueblos

Por: Alex A. Chamán Portugal

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Ciudad de México, 29 de abril de 2026. En la Cámara de Diputados de la Ciudad de México se desarrolló la Mesa de Análisis: “Pueblos Unidos en Resistencia / Cuba”, espacio político, académico y de solidaridad internacional que congregó a legisladores, académicos, dirigentes sindicales, activistas sociales, organizaciones populares y representantes diplomáticos con el objetivo de denunciar las políticas injerencistas y coercitivas impulsadas por el imperialismo estadounidense contra diversos pueblos del mundo, así como reafirmar la defensa del derecho internacional, la soberanía y la autodeterminación de las naciones.

El encuentro se realizó en un contexto internacional marcado por el recrudecimiento de medidas de presión económica, política y mediática contra países como Cuba, Venezuela, Palestina e Irán. Los participantes coincidieron en denunciar las agresiones imperialistas y en la necesidad de fortalecer la integración regional, la solidaridad internacional y la resistencia de los pueblos frente a las políticas expansionistas y de dominación.

Condena al intervencionismo y defensa del derecho internacional

Durante las distintas intervenciones se expresó una profunda preocupación por las agresiones y sanciones impuestas contra pueblos soberanos. Los panelistas denunciaron que estas medidas vulneran principios esenciales del derecho internacional, la soberanía de las naciones y la libre autodeterminación de los pueblos, ya que afectan directamente el bienestar y desarrollo de centenares de millones de personas.

El Dr. Nayar López Castellanos cuestionó el recrudecimiento del intervencionismo estadounidense y denunció el cerco petrolero impuesto contra Cuba, señalando que constituye una abierta violación a su soberanía y autodeterminación. Asimismo, destacó la histórica solidaridad internacionalista de la Revolución Cubana mediante programas como Yo sí puedo, Operación Milagro, la ELAM y el desarrollo de vacunas. También propuso que México fortalezca mecanismos regionales como la CELAC y reevalúe su permanencia en la OEA.

Por su parte, el Dip. Pedro Vásquez González enfatizó que “la soberanía no se negocia”, exigiendo respeto irrestricto al derecho internacional y a la cooperación entre naciones. Recordó el papel histórico de México al brindar asilo político a Fidel Castro y Raúl Castro, así como el vínculo histórico entre Fidel y Ernesto Che Guevara en territorio mexicano. Además, condenó el genocidio contra Palestina y las agresiones contra Irán, señalando que las desigualdades estructurales constituyen una de las principales causas de la violencia global.

La Mtra. Génova Verónica Peralta Piña, abogada penalista, destacada activista e internacionalista, denunció las políticas intervencionistas impulsadas contra diversos pueblos del mundo y expresó su solidaridad con la Revolución Bolivariana de Venezuela, el presidente Nicolás Maduro y la dip. Cilia Flores, hoy injustamente secuestrados y encarcelados en Estados Unidos. Asimismo, cuestionó la manipulación mediática promovida por corporaciones alineadas con intereses sionistas y destacó la permanente solidaridad de Cuba con la humanidad.

En representación de la STUNAM, Carlos Augusto Galindo Galindo criticó la imposición de un modelo económico internacional injusto y excluyente, denunciando la existencia de una “dictadura financiera internacional” que afecta a los pueblos. Asimismo, llamó a revisar el modelo educativo y el sistema de salud en México, fortaleciendo las luchas sociales y la organización popular en beneficio de las grandes mayorías trabajadoras.

Cuba: símbolo de dignidad, resistencia y solidaridad internacional

La mayoría de los participantes resaltaron el papel histórico de Cuba como referente de dignidad, resistencia y solidaridad internacionalista frente a décadas de bloqueo, agresiones y sanciones económicas.

El Dip. Jorge Armando Ortiz Rodríguez reafirmó la histórica solidaridad del Partido del Trabajo con las revoluciones socialistas y recordó la célebre frase del comandante Ernesto Che Guevara: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”.

La Ing. Ana María Meneses López sostuvo que Cuba constituye un ejemplo de conciencia de clase, educación, salud y autodeterminación para América Latina y el mundo, pese a las injusticias que enfrenta desde hace más de seis décadas.

Edgar Irazoque, integrante del Colectivo de Solidaridad Militante Va por Cuba, denunció que el bloqueo estadounidense impide arbitrariamente el comercio internacional de la isla y destacó las campañas de solidaridad desarrolladas en México, incluyendo centros de acopio realizados en el Zócalo y el Monumento a la Revolución.

El Dip. Edén Garces Medina subrayó la importancia de recuperar la memoria histórica de las luchas de los pueblos latinoamericanos, proponiendo impulsar visitas estudiantiles a sitios históricos vinculados al paso de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en México.

Por su parte, la Dip. María Magdalena Rosales Cruz expresó su reconocimiento a la resistencia del pueblo cubano y recordó el apoyo histórico de Cuba a diversas causas internacionales, como la lucha contra el apartheid sudafricano, la solidaridad con la República Árabe Saharaui Democrática y el respaldo al pueblo palestino. “La humanidad es una sola y las fronteras fueron impuestas por las élites explotadoras”, manifestó.

Unidad de los pueblos y solidaridad internacional

El Mtro. Juan José Dávalos López. Destacó la necesidad de fortalecer la unidad, la solidaridad internacional y la articulación entre los pueblos frente a las políticas de agresión, dominación e injerencia imperialista. Asimismo, reafirmó la importancia de defender la soberanía, la autodeterminación y la justicia social como principios fundamentales para la paz y la dignidad de las naciones. Concluyó su participación expresando enfáticamente: “¡Viva Cuba y viva la unidad de los pueblos!”.

Clausura de la Misión Diplomática de Cuba

La jornada concluyó con la intervención del excelentísimo Embajador de Cuba, Eugenio Martínez Enrique, quien agradeció las muestras de solidaridad expresadas por los panelistas, legisladores y asistentes.

Durante su intervención, el diplomático recordó la larga historia de lucha anticolonial y antiimperialista del pueblo cubano, destacando que la isla soportó décadas de dominación extranjera antes de alcanzar plenamente su independencia hace 124 años. Denunció que las actuales sanciones económicas impuestas contra Cuba violan el derecho internacional y afectan gravemente el desarrollo y bienestar de su población.

El Embajador sostuvo que Cuba continuará resistiendo las agresiones imperialistas y defendiendo su soberanía, autodeterminación y proyecto socialista. Asimismo, denunció las políticas expansionistas orientadas al control de recursos naturales, puertos y mercados estratégicos en distintas regiones del planeta.

“Cuba combate y resiste los perversos planes del imperialismo yanqui. Cuba no renunciará al camino del socialismo ni será un Estado sometido y subordinado”, enfatizó.

Al finalizar la actividad se desarrolló una Conferencia de Prensa en la que diversas organizaciones sociales, personalidades y representantes solidarios reiteraron su respaldo a Cuba y a los pueblos que enfrentan políticas de intervención, expansionismo y violencia imperialista, emitiendo una firme condena contra toda forma de agresión que vulnere la soberanía y dignidad de las naciones.

Augusto Nicolás Calderón Sandino Un Legado Sin Fronteras

A 131 años del nacimiento del General de Hombres Libres

Por: Julio Gerardo Padilla Sánchez

CONAICOP Secretaría México

Un hilo invisible conecta las gestas heroicas de América Latina. En la isla de Cuba, el apóstol José Martí cayó en combate en Dos Ríos un 19 de mayo de 1895. Apenas un día antes, el 18 de mayo, nacía en Niquinohomo, Nicaragua, Augusto Nicolás Calderón Sandino. Parecía que el destino marcaba una continuidad histórica en la resistencia antiimperialista. Martí ya había advertido con claridad el peligro del expansionismo estadounidense y la necesidad de una América unida para defender su soberanía. Ese mismo espíritu cobraría vida en el niño nicaragüense.

La semilla de la rebelión

Hijo de la recolectora de café Margarita Calderón y del productor agrícola Gregorio Sandino, el joven Augusto creció con las manos en la tierra. Su infancia estuvo atravesada por las llamadas «Guerras Bananeras», una brutal intervención extranjera para proteger intereses económicos y estratégicos ajenos en la región.

Hubo un episodio que marcó para siempre su conciencia. A los 17 años vio pasar el cadáver del general Benjamín Zeledón. Este abogado revolucionario había sido acribillado en 1912 por resistirse al dominio norteamericano. Las tropas interventoras exhibieron su cuerpo en una carreta de bueyes por pueblos como Catarina y Niquinohomo para intimidar a la población. El efecto en Sandino fue exactamente el contrario. Las ideas de Zeledón encendieron una llama que jamás se apagaría.

«Cada gota de mi sangre derramada en defensa de mi Patria y de su libertad, dará vida a cien nicaragüenses que, como yo, protestarán a balazos el atropello y la traición de que es actualmente víctima nuestra hermosa pero infortunada Nicaragua.»

La universidad política en el exilio

Para forjar su visión del mundo, Sandino recorrió Centroamérica y más allá. Entre 1921 y 1922 trabajó como mecánico en el ingenio azucarero hondureño de Montecristo y luego pasó por las plantaciones de Guatemala. Sin embargo, México se convirtió en su verdadera escuela política e ideológica.

En las tierras petroleras de Tampico y Veracruz se nutrió de los ideales de la Revolución Mexicana y la lucha campesina de Emiliano Zapata. Allí conectó con grupos francmasones, anarquistas y pensadores antiimperialistas. Años más tarde regresaría buscando el apoyo del presidente Emilio Portes Gil para su lucha armada. En esas tierras también colaboró estrechamente con el líder salvadoreño Farabundo Martí a quien nombró coronel de su ejército, aunque terminaron separando caminos al no coincidir el enfoque marxista del salvadoreño con el puro nacionalismo del nicaragüense.

El Ejército Defensor de la Soberanía Nacional

En 1927 Sandino tomó una decisión que cambiaría la historia al rechazar el Pacto del Espino Negro. Este acuerdo pretendía poner fin a la Guerra Constitucionalista bajo la humillante supervisión de Estados Unidos. Frente a la sumisión de las élites, organizó a campesinos y obreros.

Con un profundo conocimiento de las montañas de Nueva Segovia y el vital respaldo del pueblo rural, implementó una brillante guerra de guerrillas. Contra todo pronóstico y enfrentando a unos cinco mil marines equipados con tecnología superior, Sandino logró lo impensable y forzó la retirada de las tropas extranjeras en 1933.

El testamento inquebrantable

La traición apagó su vida en 1934 por órdenes de Anastasio Somoza García. No obstante, las balas no pudieron detener sus ideales. Su heroísmo sentó las bases para la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, movimiento que en 1979 derrocaría a la sangrienta dictadura somocista para recuperar la autodeterminación.

El «General de Hombres Libres» nos dejó un legado inmenso resumido en su grito histórico «Patria Libre o Morir». Como un apunte necesario para honrar la verdad histórica, es importante aclarar que la famosa frase «Patria o Muerte, Venceremos» se popularizó décadas después gracias a la Revolución Cubana, aunque comparte plenamente la misma esencia de dignidad.

La vida de Augusto C. Sandino demuestra de forma contundente que entre nuestros pueblos no deben existir fronteras cuando el objetivo supremo es defender la libertad.

“Mientras haya en mi patria hombres que amen la libertad, no dejaré de luchar contra el invasor extranjero.”
— Augusto César Sandino

“El imperialismo no puede ser jamás amigo de los pueblos débiles; su interés es explotarlos y dominarlos.”
— Augusto César Sandino

Falsos positivos en el VRAEM: La masacre de Colcabamba y el resurgimiento del narco-militarismo como arma política

Falsos positivos en el VRAEM: La masacre de Cochabamba y el resurgimiento del narco-militarismo como arma política

Por Claudia García – Periodista de Investigación

Lima – Perú, abril 29 de 2026

El fantasma del terrorismo de Estado y las ejecuciones extrajudiciales ha vuelto a ensombrecer al Perú. En el álgido contexto de la segunda vuelta de las elecciones generales, una maquinaria de persecución política y «psicosociales» parece haberse reactivado. Operaciones manchadas de sangre, justificadas bajo la supuesta fachada de la pacificación nacional, amenazan la vida de civiles inocentes para alimentar la narrativa política de Fuerza Popular y su repudiada lideresa, Keiko Fujimori. La reciente masacre en Huancavelica no es un error táctico; los indicios apuntan a que es un crimen calculado que apunta a quedar en la impunidad.

 

Sobreviviente a operativo antidrogas: «Nos obligaron a declarar bajo amenazas»

La madrugada del sábado 25 de abril, en el sector de Pongos, distrito de Colcabamba (Tayacaja, Huancavelica), cinco jóvenes que regresaban de participar en la Copa Perú fueron acribillados sin piedad, mientras que otros dos resultaron gravemente heridos. Aunque la versión oficial de las fuerzas militares y policiales intentó vender la narrativa de un supuesto «enfrentamiento» en el VRAEM, la realidad de los hechos resulta espeluznante.

Ricardo Acuña, uno de los sobrevivientes de la matanza, ha roto el silencio. En un testimonio desgarrador, relató cómo los uniformados lo sometieron a torturas psicológicas y lo amenazaron de muerte con sus armas de reglamento para obligarlo a autoinculparse. El objetivo era forzarlo a firmar un acta en la que «confesaba» transportar sustancias ilícitas, buscando así encubrir y justificar el asesinato a sangre fría de sus compañeros. A pesar de la absoluta inocencia de los civiles y su nula vinculación con actividades delictivas, la presión estatal intentó fabricar un expediente criminal donde solo había deportistas; un oscuro modus operandi que remite directamente a las prácticas represivas sistemáticas de la década de los ochenta.

Por su parte, los familiares de las víctimas han denunciado un detalle aún más macabro. Tras la balacera, al percatarse de la magnitud de su crimen, los militares exclamaron: «No hay nada, no hay nada», en clara referencia a la ausencia de drogas y armas en el vehículo. La solución inmediata de la patrulla para justificar la masacre fue fabricar culpables al grito de «hay que sembrarles». La orden dictaba colocar estupefacientes, armamento y trapos rojos junto a los cadáveres, un montaje criminal que solo fue frustrado por la llegada sorpresiva de una caravana de testigos a la escena. Se trató, en suma, de un intento de falso positivo de manual, diseñado a la medida para alimentar el discurso psicosocial de la «lucha contra el terrorismo» que capitaliza políticamente la organización fujimontesinista Fuerza Popular.

 

Una emboscada irregular: «Fueron a asaltar y a matar»

Las autoridades locales y expertos en seguridad han desmontado rápidamente la versión de las muy cuestionadas fuerzas del orden. Rogelio Tovar, alcalde de Pucacolpa (Huanta), fue tajante: «El ejército no ha ido a un operativo de control territorial, han ido a matar y asaltar a ‘cargachitos’ […]. Pensaron que ellos eran y de frente les metieron bala».

El investigador en subversión, narcotráfico y crimen organizado, Jaime Antezana, califica el hecho en su informe «La masacre en Colcabamba, Vraem: El narco-militarismo fujimontesinista» como una operación flagrantemente ilegal. El capitán y los siete soldados implicados no solo vestían de civil —encapuchados con pasamontañas, gorras verdes, polos negros y botas de jebe—, sino que actuaron al margen de la ley. Sin la presencia obligatoria de la Policía Antidrogas y un fiscal del Ministerio Público, los militares carecen de facultades constitucionales para realizar interdicciones por cuenta propia. Fue, en palabras de Antezana, la letal incursión de una «patrulla narco-militar».

 

El cerco legal y político

El encubrimiento institucional ha comenzado a resquebrajarse. Según Infobae, el Congreso de la República ya recibió una moción de orden del día impulsada por el legislador Wilson Soto Palacios (Acción Popular) para citar de urgencia al nuevo ministro de Defensa, Amadeo Javier Flores Carcagno. El documento exige explicaciones inmediatas y la determinación de responsabilidades políticas y penales por la masacre.

En paralelo, la Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Tayacaja ha abierto una investigación preliminar contra ocho militares y tres civiles por el presunto delito de homicidio calificado.

Los generales bajo la lupa: El engranaje del poder y la impunidad

Esta maquinaria de impunidad y «terruqueo» no opera sola; requiere altos mandos militares y policiales dispuestos a ejecutarla. Fuentes de inteligencia civil han puesto bajo el reflector a dos generales clave en esta trama:

  • General de División Víctor Huertas Ponce (Comandante General del Frente VRAEM): Investigaciones apuntan a que habría recibido prebendas directamente del candidato vicepresidencial de Fuerza Popular, Miguel Ángel Torres Morales. Estas incluirían la facilitación de propiedades exclusivas en el sur de Lima y en La Molina, sumas de dinero no declaradas, e injerencia política para garantizar sus ascensos y colocación estratégica.
  • General Óscar Arriola Delgado (Comandante General de la PNP): Sindicado como cómplice de las extorsiones y sicariatos, también es señalado en tres informes de inteligencia como el principal artífice de la doctrina del «terruqueo» y la persecución política contra la disidencia. A este prontuario criminal se suma el nepotismo: en enero pasado, el diario El Peruano publicó una resolución de adjudicación a favor de una empresa vinculada a su entorno familiar, un caso de presunta incompatibilidad que la Contraloría General ya recomendó investigar por los negociados reiterados valiéndose de su estrecha amistad con Keiko Fujimori y otros cuestionados políticos neoliberales.

 

La sombra de un pasado que se resiste a morir

Lo ocurrido en Colcabamba no es un hecho aislado; es el eco de una época oscura. Las Fuerzas Armadas, bajo el amparo de directrices políticas, parecen reeditar los peores pasajes del régimen de Alberto Fujimori y su socio Vladimiro Montesinos. La fabricación de expedientes, el secuestro y asesinato de civiles inocentes, y la posterior incineración y ocultamiento de pruebas nos remiten inevitablemente a la masacre de los estudiantes y el catedrático de la Universidad La Cantuta, o al brutal asesinato de familias enteras, incluido un niño, en Barrios Altos.

Hoy, en plena disputa electoral, la vida de los peruanos en el VRAEM vuelve a ser utilizada como moneda de cambio para infundir miedo y sostener ambiciones de poder de la organización criminal Fuerza Popular. La verdad sobre Colcabamba no solo debe traer justicia para siete familias destrozadas, sino desenmascarar el narco-militarismo que pretende secuestrar nuevamente la muy venida a menos democracia liberal peruana.

“Hablar desde el corazón por un México de derechos vividos”

Por: Daniel Emiliano Villanueva López

Entrevista a la diputada federal Petra Romero Gómez

Ciudad de México, 24 de abril de 2026

La entrevista con la diputada federal Petra Romero Gómez no es únicamente un testimonio individual ni un recuento de iniciativas legislativas; constituye, más bien, la expresión de una trayectoria que permite observar, en una escala concreta, la persistencia de una estructura histórica que ha definido a México: la tensión entre el poder institucional y las formas de organización social que emergen fuera de él, en los márgenes, en las comunidades, en aquello que durante siglos ha sido subordinado, pero nunca completamente absorbido.

Cuando la diputada afirma que su vocación surge de “la necesidad desde la vivencia”, no recurre a una categoría retórica, sino que expresa una condición estructural. En México, las clases populares no han accedido a la política mediante la acumulación de capital o la formación tecnocrática, sino a partir de experiencias de exclusión que se transforman en conciencia social. Esa conciencia, como ella misma lo señala, se forja en espacios no estatales: en la experiencia empírica de las comunidades eclesiales, en redes de solidaridad y en luchas territoriales.

Su paso por comunidades vinculadas a la Teología de la Liberación revela precisamente ese proceso en el cual un lenguaje heredado —en este caso, el religioso— opera como extensión del discurso social, siendo apropiado por los sectores subalternos para interpretar su realidad y organizar su acción colectiva.

En este tránsito se produce un cambio fundamental: del individuo aislado al sujeto colectivo. La diputada insiste en que “somos pueblo” y que “con el pueblo nos tenemos que organizar”. Esta afirmación remite a un principio histórico fundamental. En México, la noción de “pueblo” ha sido constantemente disputada: mientras el Estado la ha invocado para legitimar su poder y reorganizarla en nuevas estructuras institucionales, las comunidades la han vivido como práctica cotidiana de cooperación, ayuda mutua y sobrevivencia.

Lo que emerge en la entrevista es el intento de trasladar esa noción profundamente arraigada en la vida comunitaria hacia el interior de una institución que históricamente ha operado bajo otras lógicas.

Su llegada a la Cámara de Diputados es narrada como un “nacimiento”: una transformación que no implica ruptura con su origen, sino continuidad de su proceso comunitario. No se trata de una integración plena al aparato estatal, sino de una inserción que busca mantener el vínculo con su experiencia previa, portadora de una conciencia social profundamente empírica y, en sus propias palabras, también “cósmica”. Sin embargo, la entrevista deja ver que este proceso está atravesado por contradicciones.

La Cámara, concebida como “la casa del pueblo”, es también un espacio donde las decisiones se rigen por correlaciones de fuerza, prioridades legislativas y restricciones presupuestarias que no necesariamente responden a las necesidades inmediatas de ese mismo pueblo.

Las iniciativas que la diputada presenta en materia laboral ilustran con claridad esta tensión. Propuestas como otorgar 15 minutos previos al inicio de la jornada para la ingesta de alimentos, o ampliar el tiempo destinado a la comida, no surgen de un análisis abstracto, sino de la experiencia corporal del trabajo. Es el cuerpo del trabajador —el hambre, el cansancio, el estrés— el que organiza la demanda.

Sin embargo, su destino legislativo revela los límites de esa traducción. La diputada reconoce que estas propuestas no han sido aprobadas debido a la priorización de otras reformas, como la reducción de la jornada laboral. Aquí se evidencia una jerarquía de decisiones que no depende únicamente de la legitimidad de las demandas, sino de factores estructurales que reordenan prioridades. La necesidad aparece como punto de partida, pero queda subordinada a la lógica institucional.

El tema del autismo introduce una dimensión aún más compleja. A diferencia de otros momentos de la entrevista, aquí emerge un reconocimiento explícito de carencias: diagnósticos tardíos, falta de acceso a terapias y ausencia de políticas integrales. La diputada señala que su iniciativa no fue aprobada debido a su impacto económico, lo que pone en evidencia una de las contradicciones centrales del Estado contemporáneo: la coexistencia entre un discurso de derechos universales y una práctica limitada por la distribución de recursos.

Se configura así un escenario donde sectores como las familias con personas autistas permanecen en una situación de vulnerabilidad estructural, dependiendo no solo de la voluntad política, sino de la capacidad material del Estado para responder a sus necesidades.

Cuando se le solicita una evaluación general de los derechos sociales —tema central de la entrevista—, su respuesta se inscribe en la narrativa de ruptura asociada a la llamada Cuarta Transformación. Según esta perspectiva, el pasado reciente se caracteriza por el abandono, mientras que el presente representa un proceso de restitución.

No obstante, su propio discurso introduce matices. En materia de mujeres, reconoce avances legales, pero también admite el desconocimiento de derechos y la persistencia de desigualdades salariales. En el caso de la niñez, señala que muchos derechos existen solo en el plano formal.

Estas observaciones reflejan una constante histórica: la distancia entre la ley y su cumplimiento efectivo, entre el reconocimiento jurídico y la realidad social.

Otro aspecto central es la forma en que la diputada construye su legitimidad. Su autoridad no proviene de una formación técnica ni de una trayectoria burocrática, sino de la acumulación de experiencias: haber sido obrera, empleada doméstica, campesina y mujer que ha vivido violencia. Su representación se sustenta en la identificación con el grupo social al que pertenece. Sin embargo, esto también plantea interrogantes: la experiencia individual, por significativa que sea, no necesariamente abarca la diversidad interna de ese mismo grupo.

En el plano institucional, sus propuestas sobre la eliminación del fuero o la defensa de la revocación de mandato expresan una preocupación por reducir la distancia entre gobernantes y gobernados. Estas ideas constituyen una crítica a las formas de privilegio históricamente arraigadas en el sistema político mexicano. No obstante, su formulación aparece de manera fragmentaria, lo que evidencia la dificultad de articular un proyecto coherente dentro de un aparato estatal complejo.

La dimensión internacional, aunque secundaria, introduce una lectura del orden global como espacio de desigualdad. Sus críticas a figuras como Donald Trump, así como sus cuestionamientos a organismos como la ONU y UNICEF, reflejan una visión de las relaciones internacionales como prolongación de estructuras de poder asimétricas, en sintonía con una tradición crítica latinoamericana.

En suma, la entrevista no configura un modelo acabado de política social, sino que ofrece una serie de fragmentos que, en conjunto, permiten observar una tensión estructural persistente: por un lado, la aspiración de que el Estado incorpore las lógicas comunitarias y traduzca la experiencia de la necesidad en políticas públicas; por otro, la realidad de un aparato institucional que opera bajo restricciones, jerarquías y racionalidades que no siempre coinciden con esa aspiración.

La diputada no abandona la idea de que el Estado puede ser “la casa del pueblo”, pero tampoco desconoce los límites que condicionan esa posibilidad. Su discurso oscila entre la afirmación y el reconocimiento de esas restricciones, entre la narrativa de transformación y la persistencia de estructuras históricas.

Esa oscilación no constituye una debilidad discursiva, sino su condición esencial. En ella se refleja una historia en la que los sectores populares han buscado transformar las estructuras que los subordinan, sin alcanzar una integración plena ni una ruptura definitiva.

Más que ofrecer respuestas concluyentes, la entrevista expone la complejidad de un proceso en curso: un devenir histórico que avanza lentamente, como ríos antiguos que modelan la piedra. Un proceso sostenido por las multitudes que, desde las regiones más profundas de la historia mexicana, mantienen viva la expectativa de cambio.

La llamada Cuarta Transformación aparece entonces no como una promesa inmediata, sino como horizonte: una línea lejana entre la memoria y la persistencia de los pueblos. No se trata de un país que se funda de nuevo, sino de uno que se reconstruye constantemente, recordándose a sí mismo en cada intento.

La esperanza no se expresa como ruptura total del poder estatal, sino como una continuidad tensionada entre la ilusión y la persistencia histórica de quienes, desde hace siglos, esperan que la historia, finalmente, les pertenezca.