Red de prensa popular latinoamericana

TRAYECTORIA Y ARQUITECTURA DEL GENOCIDA IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE

Por Alex A. Chamán Portugal

Introducción

El estudio de la formación económico social estadounidense exige una ruptura con la historiografía liberal burguesa que presenta a esta potencia como el faro de la democracia y libertad, puesto que Estados Unidos constituye la expresión más acabada y, a la vez, más abyecta del desarrollo capitalista. Su evolución no es una sucesión de eventos casuales, sino una trayectoria dialéctica en que la acumulación de capital requiere, necesariamente, la aniquilación de lo humano y la naturaleza.

Entender al genocida imperialismo estadounidense hoy no es solo identificar y describir sus perversas agresiones políticas y militares, sino comprenderlo como una estructura económica, social en crisis terminal irreversible. En tal sentido, el imperialismo no es necesario para los pueblos del mundo. Asimismo, se trata del sistema capitalista en imperialismo, pues éste es su fase superior, no se pueden separar, ya que es una condición dialéctica indisoluble. El presente ensayo se propone desentrañar el andamiaje del poder capitalista e imperialista yanqui, desde su avasalladora acumulación originaria basada en el genocidio, expansionismo y saqueo, hasta su presente como una bestia moribunda que, en su declive, amenaza la existencia misma de la humanidad.

La acumulación originaria vía el genocidio como piedra angular y motor del capital

El nacimiento y desenvolvimiento de los Estados Unidos de América no representa, bajo ningún concepto, una gesta de libertad ilustrada ni un avance civilizatorio como suele suceder; por el contrario, constituye un singular proceso violento de acumulación originaria. Como bien señaló Carlos Marx (1867/2017), el capital viene al mundo «chorreando sangre y lodo por todos los poros», y en el territorio norteamericano esta sentencia alcanzó niveles de barbarie sin precedentes.

Esta premisa científica se radicaliza y adquiere plena vigencia en el magistral análisis del Partido Comunista del Perú (PCP), el cual desmitifica la esencia del sistema capitalista al destacar que el imperialismo no es un error fortuito de la historia, sino una etapa de descomposición y agonía del capital que requiere, por su propia naturaleza parasitaria, de la violencia reaccionaria más extrema para subsistir. Bajo la firme concepción del Dr. Abimael Guzmán, se desenmascara al imperialismo yanqui como la «bestia sedienta de sangre», en tanto, una entidad criminal que ha edificado su hegemonía global sobre un inconmensurable cerro de cadáveres pertenecientes a los pueblos originarios y a la clase obrera internacional (PCP, 1988). El exterminio de las naciones nativas no fue un daño colateral, sino la condición sine qua non para la expansión latifundista y el posterior desarrollo del capitalismo de monopolios.

La neocolonizadora Doctrina Monroe y la infamia del «Destino Manifiesto»

Desde 1823, la neocolonizadora Doctrina Monroe estableció la base jurídica y política del injerencismo sistemático en nuestra América. Lo que la retórica imperial presenta como una defensa continental, no es más que una declaración de propiedad privada sobre todo un hemisferio. Esta reaccionaria política evolucionó dialécticamente hacia el «Destino Manifiesto», convirtiéndose en una construcción ideológica perversa. Mediante este mito, se pretendió otorgar a la rapaz burguesía estadounidense un supuesto «mandato divino» para justificar el despojo territorial, el saqueo descarado de los recursos naturales y el aplastamiento de las naciones oprimidas hasta convertirlas en servidumbres.

Frente a esta pretensión hegemónica, el comandante Hugo Chávez Frías (2005) denunciaba, con una vehemencia acertada y necesaria, la vigencia de este mecanismo de opresión estructural. Chávez identificó con claridad que el imperialismo no solo es un sistema de explotación económica, sino la mayor amenaza para la supervivencia de la especie humana. Su consigna histórica resuena hoy con más fuerza que nunca ante la severa crisis capitalista e imperialista: «La Doctrina Monroe debe ser enterrada definitivamente en el siglo XXI», para dar paso a la verdadera soberanía de los pueblos que hoy resisten los embates de la bestia en declive.

Análisis de la economía política para entender al imperialismo en declive y descomposición

Desde las tesis de la economía política marxista, el declive del imperialismo yanqui no es un fenómeno coyuntural ni puramente político, pues es un proceso estructural, multicausal y terminal. La agonía de la hegemonía estadounidense se explica a través de la profundización de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista en su fase superior y terminal. Procedemos a la argumentación de este desmoronamiento:

1. Tendencia decreciente de la tasa de ganancia y el sobrecrecimiento financiero

El capital estadounidense enfrenta de manera inevitable la ley descubierta por Carlos Marx: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Ante la saturación de sus mercados internos y una caída estrepitosa en la rentabilidad de su sector productivo real, la lumpen burguesía imperialista ha huido hacia la financiarización especulativa extrema.

Esta mutación ha convertido a la economía yanqui en un sistema de capitalismo parasitario en que la especulación financiera domina tiránicamente sobre la producción social. El resultado es una economía de burbujas insostenibles que, al estallar, descargan sus crisis sobre las espaldas de las naciones oprimidas y pueblos del mundo. Estados Unidos ya no produce para satisfacer necesidades, sino para alimentar el hambre insaciable de un capital ficticio que no tiene respaldo en la realidad material.

2. La crisis del petrodólar y el fin del privilegio exorbitante

La hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial, impuesta autoritariamente tras los acuerdos de Bretton Woods en 1944 y reforzada con el sistema del petrodólar, viene siendo desafiada por la emergencia de nuevas y soberanas arquitecturas financieras. Esta pérdida paulatina del monopolio monetario es un golpe letal al andamiaje imperialista.

Sin el control del dólar, Estados Unidos pierde su capacidad de exportar su inflación al resto del planeta como lo viene haciendo, socavando radicalmente su facultad para financiar de forma parasitaria su gigantesco déficit fiscal y su monstruoso aparato militar. El dólar, antes arma de chantaje, se convierte hoy en el talón de Aquiles del imperialismo que ya no puede sostener su nivel de vida a través del simple arbitraje del papel moneda sin respaldo.

3. Parasitismo y descomposición encarnado en el Complejo Militar-Industrial

Lenin (1916/2013) caracterizó magistralmente al imperialismo como «capitalismo agonizante y descompuesto». Hoy, esta definición cobra una vigencia aterradora, ya que Estados Unidos ha renunciado a competir mediante el desarrollo científico-tecnológico; en su lugar, utiliza las invasiones y masacres, sanciones económicas unilaterales, la elevación e imposición de aranceles, la especulación como únicos mecanismos de supervivencia y otras extorsiones político-militares.

Su industria manufacturera ha sido desplazada y desmantelada, quedando prácticamente solo el Complejo Militar-Industrial como el motor real de su economía. Esta distorsión estructural obliga al Estado imperialista a generar y perpetuar despiadadas guerras artificiales y focos de desestabilización global para dar salida a su producción bélica y garantizar el flujo de capitales hacia las corporaciones del terrorismo imperialista. Es un sistema que necesita el insaciable saqueo de recursos y la destrucción de la vida en la periferia para mantener el latido artificial de su centro financiero imperialista.

La hegemonía post-1945 y la barbarie de la guerra permanente

Tras la cruenta Segunda Guerra Mundial, el imperialismo estadounidense no buscó la paz, sino la consolidación de un orden global de servidumbre, asumiendo el rol de gendarme mundial de la reacción. Su supervivencia no radica en el consenso, sino en lo que el comandante Ernesto «Che» Guevara (1967) definió con lucidez como una lucha desesperada y sangrienta por mantener sus privilegios de la burguesía explotadora. En su histórico Mensaje a la Tricontinental, el Che sentenció una verdad que hoy golpea con fuerza: «El imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y debe ser vencido en una gran confrontación mundial… la fiera es más peligrosa cuando se siente herida». Esta ferocidad se traduce en la guerra permanente; un estado de excepción global en que Estados Unidos aplica políticas expansionistas; bombardeando, destruyendo, masacrando y desestabilizando cualquier proceso soberano que amenace el flujo de capitales hacia el centro imperialista.

El Complejo Militar-Industrial y la ofensiva de la guerra cognitiva

El aparato de dominación capitalista e imperialista yanqui no solo se sostiene sobre sus armas de exterminio, sino sobre una estructura simbiótica entre el mafioso Complejo Militar-Industrial y los sofisticados mecanismos de control social. El PCP (1988), en su defensa del marxismo-leninismo-maoísmo, advertía con precisión que el imperialismo utiliza la manipulación cultural, el entretenimiento alienante y el reformismo para intentar frenar y desviar la potencia revolucionaria de las masas populares, especialmente del proletariado y el campesinado.

En la actualidad, esta estrategia ha mutado hacia la denominada guerra cognitiva. A través de su formidable aparato de propaganda (Hollywood, redes sociales, corporaciones mediáticas, inteligencia artificial, etc.), el imperialismo busca que los pueblos acepten voluntariamente su propia esclavitud bajo los fetiches del consumo y el alienante individualismo burgués. El objetivo es desarticular la identidad de las naciones oprimidas y convertir a las mayorías en rebaños dóciles, ciegos ante la arremetida político-militar que saquea sus recursos y aplasta su dignidad.

La ofensiva y agonía de la bestia imperialista en franca descomposición

La agresividad criminal y sostenida contra Cuba, Venezuela, Palestina, Líbano, Yemen, Irán y otros pueblos que se niegan a someterse, es el síntoma inequívoco de la desesperación imperialista. En Asia Occidental, el respaldo activo y la financiación del genocidio en Palestina han revelado el rostro más atroz y deshumanizado del imperialismo yanqui y su engendro nazista como es el genocida régimen sionista de Israel. Estados Unidos ha devenido en la nación más criminal de la historia contemporánea, destrozando incluso su propia legalidad e instituciones del cacareado derecho internacional burgués para intentar sostener, mediante el terrorismo, un orden unipolar que se le escapa de las manos.

Sin embargo, como afirmaba el comandante Hugo Chávez ante la Asamblea General de la ONU (2006), el «olor a azufre» que exhala la presencia imperialista es hoy repudiado por la creciente conciencia universal de los pueblos. El imperialismo es, en esencia y según la tesis del gran maestro del proletariado Mao Tse-tung, un «tigre de papel», o sea, una estructura que proyecta una imagen de invulnerabilidad técnica y militar, pero que está estratégicamente condenada a la derrota. Su base social es nula, su economía es parasitaria y su moral burguesa es paupérrima frente a la movilización consciente y la resistencia heroica de los explotados y oprimidos.

Conclusión

El derrotero histórico de los Estados Unidos de América constituye la crónica de una formación social cuya génesis en el genocidio determinó su esencia depredadora y genocida. No es un sistema que lucha por la convivencia, sino que pretende perpetuarse mediante el exterminio global y el saqueo sistemático contra naciones oprimidas y pueblos del mundo. La estructural crisis que hoy presenciamos no debe confundirse con una recesión cíclica, ya que, es la agonía de una fiera herida de muerte en su fase de descomposición superior. En su desesperación, el imperialismo yanqui, como enemigo principal de la humanidad, intenta arrastrar a la especie humana a la catástrofe para sostener el modo de producción capitalista que se caracteriza por ser caduco y un cadáver insepulto.

La caída de esta potencia capitalista e imperialista no es solo un deseo voluntarista, sino una necesidad histórica y política. La libertad de las naciones y pueblos no vendrá de las concesiones de la diplomacia imperialista ni de sus organismos lacayos, menos de sus esbirros de todo pelaje, sino que será el fruto de la lucha inquebrantable y la movilización consciente de las masas hacedoras de la historia. La tarea política, guiada por el análisis científico materialista y dialéctico de la realidad, así como, por la memoria de los mártires de la resistencia, es acelerar el derrumbe de este «gigante con pies de barro». Solamente la unidad estratégica de los pueblos del mundo y el papel dirigente del proletariado, en tanto última clase de la historia y la más revolucionaria, conducirán a la destrucción total del andamiaje militar-financiero yanqui permitiendo la construcción de una formación económico-social superior, liberada de la explotación y opresión, y acorde al progreso ineludible de la historia.

Referencias bibliográficas

  • Chávez Frías, H. (2005, 4 de noviembre). Discurso en la III Cumbre de los Pueblos. Mar del Plata, Argentina. Denuncia de la Doctrina Monroe y el ALCA.
  • Chomsky, N., & Herman, E. S. (1990). Los guardianes de la libertad: El sector dominante de los medios de comunicación de masas (M. Arbizu, Trad.). Crítica. (Obra original publicada en 1988). Base para el análisis de la guerra cognitiva y manipulación mediática.
  • Galeano, E. (2021). Las venas abiertas de América Latina (Ed. revisada). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1971). Referencia fundamental sobre el saqueo de recursos naturales.
  • Guevara, E. (1977). Mensaje a la Tricontinental. En Escritos y discursos (Tomo 9). Editorial de Ciencias Sociales. (Obra original publicada en 1967). Llamado a la confrontación mundial contra el imperialismo.
  • Guzmán, A. [Presidente Gonzalo]. (1988). Entrevista del Siglo. Ediciones Bandera Roja. Análisis MLM sobre la descomposición del imperialismo.
  • Lenin, V. I. (2013). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Akal. (Obra original publicada en 1916). Tesis central sobre el capitalismo monopolista y agonizante.
  • Mao, T. (1976). Sobre el imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel. En Obras Escogidas (Tomo IV). Ediciones en Lenguas Extranjeras. (Obra original publicada en 1946). Fundamento de la debilidad estratégica del imperialismo.
  • Marx, K. (2017). El Capital: Crítica de la economía política (Tomo I). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1867). Referencia obligatoria para la acumulación originaria.
  • Partido Comunista del Perú [PCP]. (1988). Línea Internacional. Documentos Fundamentales. Análisis sobre la colusión y pugna de las potencias y el papel de EE. UU.

BOLIVIA: EL DERECHO A LA PROTESTA COMO BASTIÓN CONTRA LA FASCISTIZACIÓN Y EL ENTREGUISMO NEOLIBERAL

Alex A. Chamán Portugal

Enero 17 de 2025.

I. La lucha de clases y el derecho a la rebelión

En la actual situación de crisis estructural del capitalismo, el Estado boliviano, que sirve a la viabilización de políticas de explotación y opresión, se reafirma como el aparato de coerción de la clase social dominante. La actual ofensiva para penalizar el bloqueo de caminos tras el inconstitucional Decreto Supremo 5503, que impuso el «paquetazo neoliberal» de eliminación de subsidios en diciembre de 2025, no se constituye en un hecho aislado ni una búsqueda de «orden público», puesto que es, en esencia, una flagrante guerra entre las clases sociales explotadoras versus las explotadas. En una sociedad capitalista que presenta severas e irreconciliables contradicciones, la protesta es la expresión política de la contradicción entre el capital y el trabajo; por lo que su criminalización representa el intento desesperado de la burguesía y sus lacayos por amordazar a las mayorías populares ante el avance de políticas proimperialistas, antinacionales y antipopulares en el marco de un capitalismo en crisis con su respectivo neoliberalismo devorador.

II. Legitimidad popular sobre legalidad burguesa

En una sociedad que se enarbola la democracia liberal el derecho a la protesta no es una concesión benevolente del Estado, sino un derecho conquistado en las luchas. Su respaldo es doble:

a) Sustento Jurídico-Institucional: La Constitución Política del Estado (CPE) de 2009, en su artículo 21, garantiza la libertad de reunión y expresión. La jurisprudencia internacional, incluyendo el Pacto de San José de Costa Rica, establece que el derecho a la protesta es interdependiente, ya que, sin la capacidad de movilizarse, los derechos a la salud, educación y salario digno quedan desprotegidos. Así, la afectación temporal a la libre circulación no invalida la protesta, pues esta busca, por justicia y naturaleza, generar la ruptura circunstancias necesaria para visibilizar una demanda (derecho, libertad u otro) que el poder pretende ignorar.

b) El Derecho de los Pueblos: En el Estado Plurinacional de Bolivia, el bloqueo es una institución consuetudinaria de soberanía popular e independencia política. Desde la Revolución Nacional de 1952 hasta la Guerra del Gas o Rebelión Popular en 2003, la acción directa ha sido el único mecanismo eficaz de diálogo ante gobiernos reaccionarios. Criminalizar el bloqueo o penalizar cualquier otra histórica forma de protesta popular es pretender borrar la memoria histórica que dio origen a la propia democracia demoliberal boliviana, ignorando el pluralismo jurídico que reconoce las prácticas de resistencia obrera y popular.

III. La Fascistización del Estado

El tránsito hacia el fascismo contemporáneo se manifiesta en la infame criminalización sistemática de la disidencia. Proyectos de ley como el PL-070/2025-2026, que proponen penas de hasta 20 años por bloquear vías, configuran una afrenta a la historia de las luchas populares. Así, la penalización a la protesta que usa el Código Penal se constituye en un arma de guerra.

Este mecanismo opera en tres niveles:

a) Estigmatización: La instrumentalización del aparato mediático oficialista y empresarial construye un «enemigo interno», tildando al movilizado de «terrorista» o «saboteador económico» para justificar la violencia represiva estatal.

b) Persecución judicial (Lawfare): Se utiliza la mafiosa estructura del sistema de justicia para golpear y descabezar a las organizaciones sociales y políticas a través de procesos por sedición e instigación pública a delinquir.

c) Encarcelamiento selectivo: El desprecio al debido proceso concretiza la detención “preventiva” contra líderes y lideresas populares que busca desmovilizar a través del terror del Estado, subordinando la vida humana a la eficiencia de los flujos del mercado. Se prepara la aplicación abyecta del fascista Derecho Penal del Enemigo que violentara el Estado liberal y garantista que precautela relativamente derechos y libertades.

IV. Un gobierno proimperialista, prosionista, vendepatria y antipopular

La actual gestión gubernamental de Rodrigo Paz, junto a cuestionados políticos neoliberales y empresarios, lo ha desenmascarado como un agente del capitalismo y neoliberalismo más perverso. La penalización de la protesta no es más que la pretendida seguridad jurídica requerida por el capital transnacional y de la burguesía nacional para viabilizar la destrucción de la incipiente producción nacional y encaminar el saqueo de recursos naturales.

Estamos ante un gobierno proimperialista, prosionista, vendepatria y antipopular que rompe con parte de la tradición soberana de Bolivia para alinearse con las recetas y condiciones del FMI, BM, BID, etc., y los intereses del genocida imperialismo estadounidense. Asimismo, su carácter prosionista e impopular se evidencia en su alejamiento de la solidaridad internacionalista con los pueblos oprimidos (Palestina, Cuba, Venezuela, etc.), implementando siniestros métodos de manipulación y control poblacional, así como, políticas represivas importadas de Estados como: Israel, Argentina, El Salvador, Paraguay, Chile, Perú, etc. Este sometimiento busca garantizar que las políticas de ajuste neoliberal, como la liberalización de precios agrícolas enmarcadas en sus reglas de juego y la entrega de sectores estratégicos, se ejecuten sin resistencia social.

V. La Función Económica de la Represión

El fin último de prohibir la protesta es blindar el modelo neoliberal entreguista y hambreador. Al eliminar la capacidad de organización, movilización y presión de las masas, el Gobierno allana el camino para la privatización encubierta y la precarización laboral extrema. La represión es, por consiguiente, la herramienta para imponer un modelo de acumulación capitalista por desposesión que beneficia al despreciable imperialismo estadounidense y demás potencias capitalistas, las empresas transnacionales saqueadoras y a las clases sociales explotadoras.

VI. Hacia la unidad popular

La criminalización de la protesta es la confesión de debilidad de un régimen que ya no tiene argumentos para convencer y únicamente le queda la fuerza represiva para intentar vencer al movimiento obrero y popular. La respuesta de las masas populares debe ser la unidad entre la movilización de calle y el desarrollo de una conciencia de clase que identifique al verdadero enemigo: el sistema capitalista, su modelo neoliberal y sus ejecutores.

Defender el derecho a la protesta es defender los derechos fundamentales del pueblo. Frente a la arremetida fascista y la traición entreguista, el pueblo boliviano reafirma que la calle es el espacio supremo de la democracia liberal y escenario de la lucha de clases en que se forjarán sus mejores hijos e hijas.

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL DESDE LA VISIÓN HEGEMÓNICA DE EE.UU.

Por: Richard González

I. El Declive de la Unipolaridad y la Ofensiva de Restauración

La actual coyuntura internacional está marcada por un esfuerzo deliberado de Estados Unidos por restaurar su dominio global frente a la evidencia innegable de una erosión de su hegemonía. El vacío de liderazgo dejado por la crisis del modelo globalista ha permitido que potencias como Rusia y China asuman la iniciativa estratégica, extendiendo su influencia en zonas que históricamente fueron consideradas áreas de dominio exclusivo del «gendarme del mundo».

Bajo la administración de Donald Trump, se ha evidenciado que el poder no es monolítico; las contradicciones internas en el sistema de gobierno estadounidense reflejan la lucha entre una visión globalista fracasada y un nacionalismo pragmático que reconoce la crisis del sistema. Sin embargo, este escenario de crisis no debe llevarnos a subestimar el poder real del imperialismo —el «tigre de hierro»— que hoy lanza una ofensiva de restauración de amplio espectro.

II. El Control de los Recursos Críticos y la Era de la IA

Como bien analiza G.L. Muradov, la estrategia de control global de Washington ha mutado hacia una prioridad absoluta: el dominio de los recursos críticos, especialmente los energéticos. En este siglo, la energía no solo mueve industrias, sino que es el combustible vital para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y el procesamiento de datos a escala masiva.

Esta necesidad explica la agresividad diplomática y económica hacia Venezuela, Irán y el interés estratégico sobre Groenlandia. El control de estos nodos energéticos y de materias primas busca garantizar la supremacía tecnológica estadounidense.

III. La Fragmentación de la Multipolaridad y la Geopolítica del Ártico

El plan estadounidense contempla la destrucción de las plataformas que sostienen el orden multipolar. El bloque de los BRICS+, al consolidarse como una alternativa financiera y política, representa una amenaza existencial para la arquitectura del dólar. La estrategia norteamericana parece orientada a desarticular estas alianzas antes de que alcancen un punto de no retorno que desemboque en una guerra total.

En cuanto a Rusia, EE. UU. busca evitar la confrontación directa debido a la paridad atómica actual. Washington juega a ganar tiempo para cerrar la brecha en tecnología militar hipersónica y defensiva. En este tablero, el Ártico emerge como el nuevo teatro de operaciones. El interés por Groenlandia y el alineamiento férreo con Canadá no son caprichos territoriales, sino la necesidad de controlar las nuevas rutas comerciales y los yacimientos que el deshielo está dejando al descubierto.

IV. La Desconexión con China y la Seguridad Hemisférica

El «salto tecnológico» es hoy una cuestión de seguridad nacional. Ante el avance de China en telecomunicaciones, semiconductores y energía verde, EE. UU. ha emprendido una política de desacoplamiento para romper la dependencia de productos de alto contenido tecnológico provenientes del gigante asiático.

Para lograr este repliegue y posterior contraataque, Washington considera vital retomar el control absoluto del continente americano. La Doctrina Monroe se actualiza: el control del hemisferio occidental es la retaguardia necesaria para concentrar todas sus fuerzas en el frente del Indo-Pacífico contra China.

V. Conclusión: La Respuesta de los Pueblos

Ante estas contradicciones interimperialistas, cabe preguntarse: ¿cuál es el papel de las naciones y los pueblos? La sobriedad en el análisis nos obliga a ver más allá de las cúpulas de poder. Mientras las potencias se disputan la hegemonía, las masas en todo el mundo luchan contra la «fascistización» de la sociedad, el militarismo rampante y la erosión de las libertades.

La construcción de un mundo verdaderamente alternativo no vendrá solo del equilibrio de fuerzas entre potencias, sino del desarrollo de la conciencia de los pueblos oprimidos. La lucha por el desarrollo soberano y la democracia real es la única contraparte capaz de frenar las ambiciones de una guerra total y detentar el poder en función de los intereses de la humanidad.

Enero 16 de 2026

LA RED POPULAR DE PRENSA LATINOAMERICANA DENUNCIA ANTE EL PUEBLO PERUANO Y LA OPINIÓN INTERNACIONAL EL BOICOT A LA PELÍCULA «UYARIY»

Desde las trincheras de la comunicación popular, alzamos nuestra voz de protesta frente al repudiado acto de censura política y sabotaje cultural perpetrado por la cadena Cineplanet (Grupo Intercorp) contra el documental Uyariy. Este hecho no es un incidente comercial aislado, ya que es un eslabón más en la cadena represiva que caracteriza al mafioso Estado peruano y a sus poderes e instituciones, así como a la lumpen burguesía al viabilizar políticas de explotación, opresión y domesticación contra el pueblo.

1. El cine como objetivo de la guerra cognitiva

Denunciamos que las clases sociales dominantes han emprendido una guerra cognitiva o cultural destinada a borrar la memoria de los genocidios y masacres perpetradas por el Estado peruano a través de sus poderes, especialmente las genocidas fuerzas armadas y fuerzas policiales. Al restringir, ocultar o retirar de las salas un documental que recoge el clamor de justicia por los mártires de Juliaca Puno, los grupos de poder económico y lar organizaciones criminales políticas buscan controlar no solo lo que el pueblo ve, sino lo que el pueblo siente y recuerda. Es un siniestro intento de extirpar de la conciencia colectiva la evidencia del terrorismo de Estado presente durante las últimas décadas y años.

2. Colusión entre el podrido Estado peruano y la lumpen-burguesía

El Estado peruano, hoy convertido en una estructura mafiosa y genocida, actúa en perfecta simbiosis con grupos económicos como el de Carlos Rodríguez-Pastor. Mientras el brazo armado del Estado (fuerzas armadas y policiales) persigue, encarcela, tortura, asesina y hiere a miles de peruanos que luchan por sus derechos esenciales y libertades demoliberales, el brazo corporativo (Cineplanet) impone el silencio administrativo y comercial. Esta es la verdadera cara de la decadente «democracia liberal» peruana que manifiesta con creces una abominable dictadura del capital que solo permite la libertad de expresión cuando esta no cuestiona su podredumbre generalizada expresada en sus crueles políticas antipopulares.

3. La censura como política de impunidad

La negativa de permitir la difusión de Uyariy a nivel nacional busca invisibilizar el terrorismo de Estado a través de genocidios y masacres ocultando los rostros y las voces de quienes sobrevivieron a la represión de 2023, aislar las justas luchas populares impidiendo que el pueblo se conecte emocional e ideológicamente con la combatividad y la resistencia, principalmente, de las regiones del sur del país y asfixiar el cine nacional atacando la producción cinematográfica nacional que no se arrodilla ante los fondos del instrumentalizado Ministerio de Cultura y que opta por ser un arma de denuncia popular.

4. Nuestro llamado a la acción para romper el cerco mediático y cognitivo

La Red Popular de Prensa Latinoamericana declara que la verdad no se puede privatizar ni encarcelar en las bóvedas de un centro comercial. Si las salas mercantilizadas de la lumpen burguesía nos cierran las puertas para proteger a los asesinos del pueblo, las masas populares conscientes responderán con la fuerza de la organización. Así, corresponde impulsar la contraofensiva de la Prensa Alternativa para enfrentar al silencio cómplice de los medios hegemónicos y el sabotaje de las cadenas de cine, utilizar las Redes Sociales como Trinchera para convertir cada celular en un proyector y cada perfil en una agencia de noticias, puesto que la censura de Cineplanet debe ser respondida con una avalancha de agitación digital usando las plataformas tecnológicas para viralizar los fragmentos, los testimonios y la denuncia que la burguesía quiere ocultar y, finalmente, trabajar la proyección Popular y Militante instando a las organizaciones sociales, sindicatos, colectivos y frentes de defensa a organizar proyecciones itinerantes, puesto que el cine debe volver a ser un arma de conciencia en las plazas, en los locales comunales y en las barriadas.

La censura corporativa reaccionaria se constituye en un tigre de papel cuando un pueblo decidido se organiza para defender su derecho a la memoria. La colusión entre el poder económico de la lumpen burguesía y las organizaciones políticas criminales fujimontesinistas y afines que manejan el Estado genocida no podrán detener la luz que emana de la verdad histórica.

¡Exigimos el cese inmediato de la censura contra «Uyariy»!

¡Por un cine al servicio del pueblo peruano!

¡Memoria, justicia y victoria popular!

Red Popular de Prensa Latinoamericana 

Latinoamérica, 10 de enero de 2026

PRONUNCIAMIENTO Y SALUTACIÓN A 132 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE MAO TSE – TUNG ! VIVA EL MAOÍSMO, MARXISMO DE NUESTRA ÉPOCA!

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Hoy, 26 de diciembre de 2025, los pueblos conscientes del mundo, el proletariado internacional y las fuerzas revolucionarias consecuentes conmemoran el 132 aniversario del nacimiento del Presidente Mao Tse-tung, gigante del pensamiento y obra revolucionaria, dirigente comunista de talla universal y forjador de una de las más grandes experiencias de transformación social en la historia de la humanidad.

Recordar al presidente Mao Tse-tung es una reafirmación de que el maoísmo constituye la tercera y superior etapa del marxismo, desarrollada en la época del imperialismo, de la revolución proletaria mundial y de la lucha irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. El maoísmo es el marxismo de nuestra época. Es teoría revolucionaria integral; es concepción científica del mundo, doctrina del proletariado, línea ideológica y política, metodología, estrategia y táctica para la toma del poder, y guía segura para la construcción de la nueva sociedad.

Como ideología científica del proletariado, el maoísmo expresa los intereses históricos de la última clase de la historia, la clase más revolucionaria, la única capaz de abolir toda forma de explotación, opresión y dominación de clase. Por ello, es una ideología justa, correcta, científica e invicta, porque se sustenta en las leyes objetivas del desarrollo social y en la práctica transformadora de las masas. El Presidente Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo a una nueva cumbre al demostrar, en la teoría y en la práctica, el papel decisivo de las masas populares como verdaderos sujetos de la historia, al desarrollar la línea de masas, la guerra popular prolongada, la revolución cultural como continuidad de la lucha de clases bajo el socialismo, y la lucha permanente contra el revisionismo y toda forma de restauración capitalista.

En el decadente modo de producción capitalista, atravesado por la crisis estructural del capitalismo, el recrudecimiento del imperialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña, el maoísmo se confirma como la ideología transformadora que conduce y conducirá a la humanidad hacia una sociedad superior, una sociedad de armonía, libertad, justicia social y emancipación plena.

La correcta línea ideológica y política maoísta contribuye a la forja de revolucionarios, socialistas y comunistas auténticos. Cumple una tarea estratégica esencial al proletarizar a la pequeña burguesía, clase social oscilante y vacilante por su ubicación en la estructura de clases, dotándola de una férrea posición de clase, de disciplina revolucionaria y de compromiso histórico al servicio de la humanidad y de la revolución proletaria.

Desde la Red de Prensa Popular Latinoamericana, reafirmamos que el maoísmo es una guía viva para la acción, una herramienta indispensable para la lucha ideológica, política y comunicacional contra la hegemonía capitalista, los monopolios mediáticos, el imperialismo y todas las formas de dominación.

Hoy, al rendir homenaje al Presidente Mao Tse-tung en el 132 aniversario de su nacimiento, reafirmamos nuestro compromiso irrestricto con el marxismo-leninismo-maoísmo, con la organización consciente de las masas, con la verdad revolucionaria y con la construcción de un mundo nuevo, sin explotadores ni explotados.

¡VIVA EL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!
¡VIVA EL MAOÍSMO, TERCERA Y SUPERIOR ETAPA DEL MARXISMO!
¡VIVA EL PROLETARIADO INTERNACIONAL!

Red de Prensa Popular Latinoamericana
26 de diciembre

LA MULTIPOLARIDAD INESTABLE

Por Richard Gonzales

Los choques recurrentes entre potencias y superpotencias, por zonas de dominio, marcan estas primeras décadas del siglo XXI, con un conflicto permanente y desórdenes que provienen de décadas atrás, del siglo pasado.

Comprender este proceso requiere un estudio sustancioso de los procesos anteriores, porque nada es casual o fortuito. Según muchos analistas, estaríamos en medio de un “proceso multipolar inestable”, donde hay choques por zonas de influencia y dominio. Según estos mismos analistas y geoestrategas, la multipolaridad siempre ha sido inestable, dada la existencia de múltiples puntos y centros de poder, lo que ha llevado a guerras frontales, contrario a un orden de una potencia dominante, aunque injusto, pero que genera cierta estabilidad.

Mientras que una bipolaridad genera “equilibrio” de poderes, varios poderes van a generar fricciones y choques constantes. Para sostener dicha posición, recurren a la historia, por ejemplo:

  • Europa antes de 1914: multipolar, guerra.
  • Período entre guerras: multipolar débil, guerras.
  • Guerra fría: bipolar, tensión estable.
  • Post-1991: unipolar, hegemonía de EE. UU.

A partir del surgimiento de nuevas potencias y superpotencias, como en el caso de China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Brasil, India y otros en proceso, está en marcha un escenario de un mundo sin reglas claras y únicas, a raíz de la pérdida del hegemonismo de EE. UU., que marcha hacia un declive mundial evidente.

Particularmente, el bloque chino-ruso confronta al imperialismo de EE. UU., dado que no comparten la misma idea o visión del mundo de un orden unipolar.

La razón es que hay órdenes con visiones propias en confrontación: mientras EE. UU. defiende un orden liberal con hegemonía occidental, China promueve una soberanía fuerte con zonas de influencia comercial, y Rusia lleva adelante un equilibrio de poderes en sus zonas de influencia o el derecho del más fuerte en su periferia o zonas de seguridad.

Hay una exigencia para la puesta en práctica de un derecho internacional que existe en papel; pero, en la realpolitik, priman los intereses de cada superpotencia contendiendo por zonas de dominio, donde existen múltiples recursos naturales para esta IV revolución industrial, zonas marítimas de navegación para el comercio, contiendas por el ciberespacio y la tecnología de última generación, tanto en su aplicación militar, IA, comunicaciones y el financierismo, etc.

SOBRE POSICIÓN DE ESPERAS DE DOMINIO

Si bien es cierto que antes las fronteras habían llegado a cierto consenso y “respeto”, hoy estas han sido quebradas, muy particularmente por la soberbia del imperialismo yanqui, que creía que el mundo estaba a sus pies, y en su esfuerzo unipolar, aplastar a Rusia y China era su visión, para ese “destino manifiesto” y un hegemonismo mundial. Mientras arremetía contra los pueblos con una ofensiva feroz, anulando toda iniciativa con canallescas acciones de represión y hasta la liquidación en vida de líderes o proscribiendo organizaciones potencialmente antisistémicas, que podrían confrontar y poner en cuestión dicho poder.

Esa es la razón de que dichas fronteras hoy estén en confrontación. Vemos, por ejemplo:

  • Ucrania: confrontación de EE. UU.-OTAN contra Rusia.
  • Taiwán: confrontación de EE. UU. contra China.
  • Venezuela: EE. UU. contra China/Rusia/Irán.
  • Medio Oriente: EE. UU. contra Irán/Rusia.
  • África: China contra Occidente.

La confrontación va en función de redefinir zonas de dominio, es decir, un nuevo orden mundial con visiones diversas, proyectos en todos los ámbitos; en lo inmediato, zonas bélicas y zonas en confrontación económica, tecnológica, una confrontación permanente.

Esa es la razón de las sanciones, bloqueos financieros, control tecnológico, guerras de desinformación, sabotaje cibernético.

El mundo entre superpotencias y potencias ha entrado en una desconfianza estratégica, disputa y no reparto de zonas de dominio hasta ahora, además de potencias insatisfechas con el statu quo mundial. Es bien sabido que el diseño geoestratégico de China y Rusia no acepta el orden que impone EE. UU. y lo toma como confrontación civilizatoria de vida o muerte frente al gendarme y su visión hegemónica, mientras este gendarme del mundo en declive no acepta perder su centralidad, aunque en esta última administración, tácitamente acepta en el discurso esa realidad; no obstante, persiste en su hegemonismo en la práctica, muy a pesar de la propia realidad en la política internacional. ¿Acaso presiona para ponerse en mejores condiciones de negociación, hasta en la posibilidad de un hipotético ingreso a los BRICS? Hecho que reafirmaría la abierta aceptación de la multipolaridad.

Todos estos hechos llevan a una confrontación militar sin precedentes hasta ahora inevitable, dada la fricción, la contradicción interimperialista, la que está concretándose en guerras regionales indirectas, crisis periódicas, escaladas controladas, retórica moral extrema, como decir: “nadie manda del todo, pero nadie acepta no mandar”.

Entonces, tal y como marcha el mundo en esa III guerra mundial que ya está en pleno proceso, que no tiene las mismas características de guerras anteriores. Los imperialismos no acuerdan, confrontan, eso es lo natural, pero los eventos mundiales fluyen con tanta rapidez que podrían darse sucesos inesperados.

La historia muestra que los imperios se han sucedido en medio de cruentas guerras, donde una queda en derrota y otra emerge, pero en la actualidad, estas confrontaciones ponen en juego la extinción de nuestra propia especie, dado el desarrollo tecnológico, las armas con capacidad de destrucción masiva como son el uso de las bombas atómicas, el mismo uso de IA en estas armas bélicas, que han reconfigurado la forma de combate, batallas con el uso de la robótica, uso de energía nuclear, revolucionando las formas de lucha y que muchas tecnologías y formas o estrategias queden obsoletas a medida que pasa el tiempo, las que son superadas unas sobre otras. Eso demuestra la guerra en Ucrania, la que debe llevar a un estudio minucioso de todos los cambios que están mostrando en el campo de batalla, en la misma confrontación con el uso de tecnología militar y uso de la IA en la actualidad.

18/12/2025

El gasolinazo neoliberal en Bolivia es un feroz ataque frontal al pueblo y la soberanía nacional

Por Alex Chamán Portugal

En el marco de la severa crisis y decadencia capitalista global, el gobierno proimperialista y prosionista de Rodrigo Paz en Bolivia ha desatado una ofensiva neoliberal que revela su carácter proempresarial y antipopular. El anuncio de hoy 17 de diciembre de 2025, mediante el cual se elimina el subsidio a los combustibles, no es más que la punta de lanza de una agenda diseñada para transferir injustamente la pesada carga de la crisis económica del Estado burgués a las espaldas de la clase obrera y los sectores populares. Este «gasolinazo» cuyo término evoca los traumáticos ajustes estructurales de las décadas pasadas, eleva el precio de la gasolina especial de 3,72 Bs a 6,96 Bs por litro (un aumento del 87%), el diésel de 3,74 Bs a 9,80 Bs (un incremento del 162%) y la gasolina premium a 11 Bs, bajo el pretexto de «garantizar el abastecimiento continuo» y combatir la corrupción en YPFB. Esta medida no resuelve la raíz del problema expresada en la dependencia imperialista y la explotación capitalista de los recursos naturales, sino que profundiza la desigualdad económica y social, favoreciendo a las depredadoras empresas transnacionales y al gran capital de la burguesía nacional a expensas del pueblo.

El gobierno de Paz y sus socios, electo en octubre de 2025 tras dos décadas de gobiernos progresistas del MAS, representa el retorno triunfal del nefasto y fracasado neoliberalismo en Bolivia, alineado con los intereses del genocida imperialismo estadounidense y las perversas instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Sus promesas de «seguridad jurídica» para inversiones avasalladoras, repatriación de capitales con cero impuestos, simplificación tributaria y liberación de exportaciones no son más que eufemismos para una política neoliberal favorable al capital extranjero, que prioriza la despiadada acumulación privada sobre la redistribución con justicia social. Al declarar el país en «emergencia económica, financiera y energética», el Gobierno de turno justifica estas reformas como un «salvataje para la patria», culpando a la gestión anterior de «saqueo» y «desfalco». Sin embargo, esta novela oculta la verdadera causa en que la crisis inherente al capitalismo atrasado y dependiente boliviano, exacerbada por la caída en la producción de gas natural y la volatilidad de los precios internacionales de materias primas, que benefician a las potencias imperialistas mientras dejan a naciones oprimidas como Bolivia en la periferia del sistema capitalista mundial.

Una vez más, se golpea la economía popular con el encarecimiento de productos y servicios básicos de primera necesidad. El alza en los combustibles no se limita a los surtidores; puesto que permea toda la cadena productiva y de consumo. El diésel, vital para el transporte pesado, la agricultura y la industria, encarecerá los fletes, consiguientemente, los precios de alimentos como el pan (que ya ha subido un 60% debido a recortes previos en subsidios), la carne (con incrementos del 90% por la liberación de exportaciones) y otros bienes esenciales. Esto no es casualidad, ya que, en un caduco sistema capitalista, los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (comida, transporte, vivienda, etc.) se trasladan directamente a la mayoría de las masas trabajadoras, erosionando su poder adquisitivo y perpetuando la pobreza e indigencia. Las migajas ofrecidas por el gobierno, como el incremento del salario mínimo nacional de 2.750 Bs a 3.300 Bs (un 20% que apenas compensa la inflación proyectada) y el alza en la Renta Dignidad a 500 Bs, resultan insuficientes e irrisorios. Peor aún, el bono Juancito Pinto de 300 Bs por estudiante y un programa de protección de 200 Bs cada cuatro meses no mitigan el cruel impacto real, pues una inflación galopante que podría superar el 10% en 2026, según proyecciones basadas en experiencias similares en la región. En esencia, estas «medidas financiadas» son un velo para la redistribución inversa, ya que el 50% de los recursos liberados por la quita de subsidios irá a gobiernos subnacionales, pero sin garantías de que beneficien a los a los explotados y oprimidos, sino a las clases sociales dominantes y las élites locales aliadas con el capital.

Los efectos sociales serán devastadores, profundizando la pauperización absoluta y relativa del pueblo trabajador. El aumento en los costos de transporte y producción impulsará despidos masivos en sectores como la agricultura, el comercio y la industria informal, que representan el 70% de la economía boliviana. Esto elevará el desempleo, el subempleo y la precarización laboral, forzando a decenas de miles a migrar a la informalidad o la mendicidad. Históricamente, ajustes neoliberales como este han correlacionado con picos en la delincuencia, ya que la desesperación económica empuja a los excluidos hacia la supervivencia marginal. En Bolivia, donde la crisis ambiental y la sequía ya agravan la vulnerabilidad rural, este inmisericorde gasolinazo acelerará la proletarización forzada, convirtiendo a más campesinos e indígenas en mano de obra barata para las transnacionales. Esto no es un accidente económico, sino la lógica monstruosa del capital: acumular mediante la desposesión, como lo describió Marx en El Capital, donde la plusvalía se extrae a costa de la miseria creciente.

Pero el neoliberalismo no se limita a lo económico; puesto que prepara el terreno para la represión política y la privatización salvaje. El gobierno de Paz, consciente de la resistencia popular que generará desatará una criminalización de la protesta. Ya en su primer mes, dos manifestantes han sido asesinados por la policía en Colcapirhua – Cochabamba, y persisten escaseces de combustibles pese a las promesas. Esta violencia estatal, típica de regímenes proimperialistas, busca sofocar la lucha de clases mediante persecución política, encarcelamientos y leyes de emergencia que violan la Constitución Política del Estado de 2009, forjada en la lucha antineoliberal de los movimientos sociales. Al igual que en los ochenta y noventa, cuando narco-gobiernos como los de Paz Zamora y Sánchez de Lozada privatizaron YPFB, el agua y los hidrocarburos en beneficio de empresas estadounidenses, el actual régimen allana el camino para una nueva ola de privatizaciones. La transformación de YPFB anunciada por Paz, junto con la facilitación de importaciones de diésel y la promoción de inversiones extractivistas, apunta a desmantelar la soberanía energética y entregar recursos estratégicos al capital transnacional, en desmedro de la nación y el pueblo. Si es necesario, violentarán la CPE, invocando la emergencia para imponer decretos autoritarios, como en los inicios de los 2000, que culminaron en la Guerra del Gas y el derrocamiento del genocida Sánchez de Lozada que presidía la mafiosa y entreguista megacoalición de politiqueros neoliberales.

Este momento exige la unidad del pueblo boliviano contra el capitalismo y su expresión neoliberal. La historia boliviana, de la Revolución de 1952 a la Agenda de Octubre de 2003, demuestra que solo la movilización masiva y la construcción de poder popular pueden revertir estos ataques. No basta con reformas paliativas como las de las últimas casi dos décadas; urge expropiar al gran capital, nacionalizar genuinamente los recursos bajo control obrero y avanzar hacia una sociedad superior. El gobierno de Paz, con su retórica de «verdad» y «responsabilidad», no es más que un instrumento de la burguesía carente de un proyecto integral de desarrollo nacional, aliada al imperialismo. Pero el pueblo, motor de la historia, no se doblegará: ¡la lucha continúa por una Bolivia libre, soberana, anticapitalista y antineoliberal!

18/12/2025

EL NEOMONROÍSMO CRIMINAL

Por Richard Gonzales

La escalada del imperialismo yanki contra Venezuela, en el marco de lo que ha denominado su “nueva estrategia de seguridad”, mediante la cual redefine la Doctrina Monroe, no es otra cosa que la reafirmación de la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

La Doctrina Monroe, que en sus orígenes se planteó como una oposición al colonialismo inglés y francés —es decir, como un principio de no intromisión europea en América Latina—, se sintetizaba en la consigna “América para los americanos”. Sin embargo, esta formulación terminó consolidándose como la expresión más descarada del dominio estadounidense sobre todo el continente.

Hoy asistimos a una reiteración de esa lógica, orientada a reafirmar el control hegemónico de Estados Unidos frente a la expansión de potencias consideradas sus enemigos estratégicos, como China, Rusia e Irán.

Evidentemente, esta escalada no se limita a Venezuela. El objetivo es todo el continente. En el marco de la actual contienda entre superpotencias, Washington apunta a debilitar y desintegrar a los BRICS+, imponiendo de manera gangsteril y colonialista sus condiciones de dominación criminal sobre países como Venezuela, Brasil, Colombia, Nicaragua y Cuba, al tiempo que envía un mensaje explícito de intervención militar contra cualquier nación que forme parte de bloques contrarios a su hegemonía.

Asimismo, pretende expulsar a Rusia y China del continente americano, aun cuando, bajo una lógica de reciprocidad entre potencias, Estados Unidos tampoco debería intervenir en Asia, Medio Oriente o Europa. Se trata, por tanto, de una doctrina hipócrita y gangsteril que, sin embargo, busca fragmentar a Rusia mediante la guerra indirecta en Ucrania, apoyándose en su vasallo de la OTAN; promueve a Israel en su accionar genocida para consolidar el dominio en Medio Oriente; y moviliza a Australia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y otros aliados para cercar estratégicamente a China.

El monroísmo no es un fenómeno nuevo. Basta recordar la intervención de Napoleón III en México para instalar un emperador, episodio en el cual se volvió a invocar la Doctrina Monroe. En 1890, esta doctrina fue nuevamente esgrimida en relación con el conflicto territorial entre Venezuela y Guayana, durante el gobierno del presidente estadounidense Benjamin Harrison, del Partido Republicano. El diferendo se resolvió mediante arbitraje internacional y fue sometido en 1891 al Consejo Federal Suizo, cuyo fallo favoreció a Francia.

En el caso de la Guayana Británica, en 1895, ante la expansión del Reino Unido, Venezuela apeló a la Doctrina Monroe, y Estados Unidos, bajo la presidencia de Grover Cleveland, intervino diplomáticamente para frenar la expansión de la reclamación imperial europea. Conviene recordar que en aquel entonces Gran Bretaña era la principal potencia imperialista del mundo, con una influencia que se extendió hasta 1945.

La expansión y el imperialismo continental yanki se consolidaron a partir de 1901, bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, dando inicio a una etapa de dominación sistemática en América Latina que se ha prolongado hasta la actualidad. Saqueo de recursos, derrocamiento de gobiernos, invasiones, asesinatos, adoctrinamiento criminal de fuerzas cipayas bajo el pretexto del “combate al comunismo”, el Plan Cóndor y la actuación de la CIA contra gobiernos progresistas o de izquierda forman parte de este historial de violencia estructural.

Hoy, en el contexto de la pérdida de hegemonía del imperialismo estadounidense, marcada por derrotas reiteradas en Afganistán, Irak, Irán y Ucrania, así como por profundas contradicciones internas —endeudamiento extremo, desindustrialización, inflación, desempleo masivo y pobreza creciente—, la sobreextensión imperial resulta cada vez más insostenible. Los enormes gastos en bases militares y operaciones bélicas han generado un desgaste global que ha permitido el avance de potencias como China, Rusia e Irán en zonas antes controladas por el antiguo gendarme mundial.

¿Acaso pretende Estados Unidos parapetarse en América Latina para subsistir? El repliegue en antiguas zonas de dominio es evidente, al igual que la insostenibilidad de su hegemonía frente al avance de China, sustentado en una poderosa industria, desarrollo tecnológico y capacidad militar, y frente a la preeminencia militar de Rusia, hoy primera potencia militar mundial, que enfrenta y derrota a Occidente en Ucrania. Si a ello se suma la progresiva pérdida de la hegemonía del dólar, se comprende con mayor claridad la ofensiva contra Venezuela.

Estados Unidos está dispuesto incluso a una confrontación directa para defender su zona de influencia, expulsando a China, Rusia e Irán de Venezuela. Pero el objetivo no es solo ese país, sino todo el continente. Por ello, los pueblos deben ser plenamente conscientes de las consecuencias del neomonroísmo, particularmente para las luchas populares, la disidencia política, los liderazgos sociales y las organizaciones democráticas y antiimperialistas. Este proceso implica una intensificación de la reacción, la criminalización, la persecución, la estigmatización y, en muchos casos, el asesinato abierto y descarado.

En este escenario, la resistencia, la lucha, el ejercicio pleno de la soberanía, la autodeterminación, la independencia y el antiimperialismo se colocan como tareas prioritarias para los pueblos de América Latina. Ello exige organización continental, enfrentamiento directo a los regímenes cipayos y una lucha planificada y sostenida por la liberación de los pueblos y naciones oprimidas.

17/12/2025

El triunfo de Kast en Chile: ¿libertad o el retorno de viejas herencias autoritarias?

Jhon Ponte Gonzales

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que creíamos que ciertas lecciones históricas ya habían sido aprendidas. Que el dolor acumulado del pasado había dejado, al menos, algunos anticuerpos. Que no sería necesario volver a explicar por qué los discursos del orden absoluto, de la autoridad incuestionable y de la moral impuesta desde arriba terminan pareciéndose peligrosamente entre sí, sin importar el país ni la época. Sin embargo, Chile ha vuelto a votar y, con ello, ha recordado que la memoria política en América Latina sigue siendo frágil, selectiva y, en ocasiones, alarmantemente corta.

Lo que llama la atención no es solo el resultado electoral, sino el júbilo que lo acompaña. Hay quienes celebran como si se tratara de una gesta liberadora, como si el triunfo de la derecha más dura fuera una épica contra un enemigo difuso denominado “progresismo”, presentado —en esta narrativa simplificada— como responsable de todos los males contemporáneos. Desde esa mirada, Chile no habría elegido un proyecto político concreto, sino algo mucho más abstracto y seductor: la “libertad”. Así, sin adjetivos, sin contexto y, sobre todo, sin asumir consecuencias.

Los números, no obstante, suelen decir más de lo que permiten los eslóganes. José Antonio Kast obtuvo alrededor del 58 % de los votos en la segunda vuelta presidencial, frente al 41 % de su contendora. No se trató de un margen estrecho ni de una casualidad estadística, sino de una victoria amplia, territorialmente extendida y respaldada por una participación significativa. Kast se impuso en la totalidad de las regiones y en la mayoría de las comunas, incluso en espacios donde la tradición política había sido históricamente más moderada o progresista. Reducir este resultado a un simple “castigo” al gobierno saliente resulta tan cómodo como insuficiente.

Detrás de estas cifras confluyen factores reales y acumulados: una sensación extendida de inseguridad, el desgaste de promesas incumplidas, la frustración económica y la percepción de que la política institucional dejó de interpelar a amplios sectores de la sociedad. Este caldo de cultivo no es nuevo en América Latina, pero vuelve a mostrar su eficacia cuando es capitalizado por discursos que prometen orden inmediato, soluciones rápidas y una autoridad que no titubea. La novedad no reside en la fórmula, sino en la facilidad con la que vuelve a presentarse como sinónimo de libertad.

Es aquí donde la celebración acrítica se vuelve especialmente inquietante. Cuando estos triunfos se aplauden como si fueran, por sí mismos, avances democráticos incuestionables, se omite deliberadamente el contenido del proyecto que se legitima. Una libertad vaciada de su dimensión social y reducida a consigna de mercado, disciplina y castigo deja de ser una promesa emancipadora y se convierte en un recurso retórico funcional a viejas derivas autoritarias que nunca desaparecieron del todo.

Desde el Perú, el entusiasmo adquiere un tono particularmente estridente. Se observa a Chile como un espejo deseable, como la prueba de que la región estaría, por fin, “corrigiendo el rumbo”. Se aplaude desde la distancia, con la comodidad de quien no asume los costos de aquello que celebra. En ese aplauso reaparecen personajes locales más hábiles para el gesto performático que para la construcción de políticas públicas, convencidos de que la receta es sencilla: invocar la libertad mientras se promete orden, disciplina y moralización, como si gobernar fuera una cruzada y no una responsabilidad colectiva.

Lo que realmente se festeja no es un programa ni una propuesta social articulada, sino la posibilidad del castigo. Se celebra que alguien “ponga límites”, que “imponga orden”, que “diga las cosas como son”, aun cuando ello suponga reducir la complejidad social a una lógica punitiva y jerárquica. Se aplaude la idea de un Estado severo con los débiles y complaciente con los fuertes, revestido según convenga de símbolos religiosos, empresariales o patrióticos. Y todo ello se hace con una ligereza que roza la burla histórica, como si el autoritarismo dejara de serlo por haber pasado previamente por las urnas.

No se trata, por supuesto, de desconocer la legitimidad del voto ni de negar la voluntad popular. El desafío es otro, más incómodo: interrogar el sentido político que se construye alrededor de ese resultado. Porque la democracia no se agota en el acto electoral; en todo caso, comienza después de él. Y cuando los triunfos se leen únicamente como confirmaciones morales —“ganamos los buenos”— se pierde la capacidad de pensar críticamente el rumbo que se abre.

Existe, además, una ilusión peligrosa entre quienes hoy celebran con tanto fervor: la creencia de que estas políticas siempre recaerán sobre otros. Sobre los pobres, los migrantes, quienes protestan o quienes incomodan. Se asume que la libertad propia está garantizada por afinidad ideológica, pertenencia social o cercanía simbólica al poder. La historia latinoamericana demuestra, una y otra vez, que ese cálculo suele ser erróneo: cuando las lógicas autoritarias se consolidan, rara vez se detienen donde sus primeros promotores imaginaron.

Chile no inaugura una nueva era de libertad; inaugura, más bien, una pregunta que la región haría bien en tomarse en serio. ¿De qué libertad hablamos cuando celebramos estos resultados? ¿De la libertad de mercado sin derechos, de la libertad entendida como obediencia, de la libertad administrada desde arriba? ¿O de una libertad que amplía la dignidad material, reduce desigualdades y reconoce el conflicto social como parte legítima de la democracia?

Tal vez el desafío no sea elegir con entusiasmo automático, sino recuperar algo que parece cada vez más escaso: memoria, análisis y una mínima vergüenza política frente a la facilidad con la que se aplauden proyectos que ya conocemos demasiado bien. Porque cuando la política se transforma en consigna y fe, el ruido del triunfo suele ocultar el silencio que antecede a las derrotas colectivas más profundas.

Latinoamérica, diciembre 17 de 2025

DEBILITAMIENTO DEL SISTEMA IMPERIALISTA

(AGOTAMIENTO HISTÓRICO Y SU DESTRUCCIÓN)

Por: Richard Gonzales

“…Los cambios que se producen en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de sus contradicciones internas, es decir, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva…”

— Presidente Mao. Sobre la contradicción (Agosto de 1937), Obras Escogidas, t. I.

“…He dicho que todos los reaccionarios, tenidos por fuertes, no son más que tigres de papel. La razón es que viven divorciados del pueblo. ¡Miren! ¿No era Hitler un tigre de papel? ¿No fue acaso derribado? También dije que el zar de Rusia, el emperador de China y el imperialismo japonés fueron todos tigres de papel. Como saben ustedes, todos ellos han sido derribados. El imperialismo norteamericano no ha sido derribado aún y tiene la bomba atómica. Estoy seguro de que asimismo será derribado. También es un tigre de papel.”

— Presidente Mao. Intervención en la Conferencia de Representantes de los Partidos Comunistas y Obreros de Moscú (18 de noviembre de 1957).

A lo largo de la historia, los imperios se han sucedido unos a otros; viejos imperios milenarios han sido reemplazados por nuevas estructuras de poder. La razón fundamental reside en que unas relaciones productivas dadas caducan y otras nuevas se desarrollan para sustituirlas. Si bien es cierto que las leyes sociales son más complejas que las leyes de la naturaleza, nadie puede sostener que el quehacer humano sea estático, perenne o absoluto. Todo lo creado, tanto en los conflictos sociales —la lucha de clases— como en la materia misma, se encuentra en constante transformación.

En la actual etapa de imperialismo, fase superior y última del capitalismo, y aun desenvolviéndose en el marco de una Cuarta Revolución Industrial, las crisis económicas se vuelven recurrentes y más profundas. Observamos una frecuencia creciente de recesiones globales y la caída de las tasas de ganancia del capital —interrumpidas apenas por recuperaciones transitorias—, así como un endeudamiento público y privado que se torna impagable. Estos hechos conducen inevitablemente a inestabilidad financiera, burbujas especulativas y fuga de capitales.

Hoy vemos, en el caso de EE. UU. —gendarme y enemigo principal de los pueblos del mundo—, un evidente debilitamiento industrial y productivo estratégico. Aunque en su pretensión de recuperar la hegemonía perdida aún no se hunde estrepitosamente, es nítido su proceso de declive geopolítico.

Esta realidad conlleva el surgimiento de potencias y superpotencias alternativas dentro del mismo sistema capitalista (China, India, Rusia), las cuales confrontan por el poder global, ya sea regionalmente o en disputa abierta por el liderazgo mundial. Esta confrontación abarca desde conflictos bélicos y no bélicos, guerras de todo tipo, estancamiento y derrotas militares, hasta la dificultad para mantener guerras prolongadas y ocupaciones, llegando al exterminio de pueblos, como en el caso de Oriente Medio. Son expresiones de una sociedad en decadencia y debilitamiento sistémico que, en los hechos, derivan en acciones desesperadas por la subsistencia a costa del desprestigio internacional tras intervenciones fallidas.

Según el derecho internacional, los países son soberanos y pueden decidir libremente sus alianzas, acuerdos económicos y socios estratégicos. Bajo esa legalidad, ninguna nación tiene «derecho» a controlar las relaciones diplomáticas de otra. Sin embargo, por encima de esa legalidad se impone la necesidad de influencias regionales y mundiales, más aún cuando los bloques se avivan en confrontaciones por el control de recursos y mercados.

¿Qué demuestran tales hechos? Que las libertades económicas, el libre mercado, la no intervención y el comercio sin barreras son válidos en tanto no intervengan otras potencias en sus zonas de influencia. Es decir, las libertades económicas son condicionales a la potencia y sus zonas de dominio. Por tanto, priman la «seguridad nacional», la contención de rivales, la defensa de aliados, el control de rutas energéticas y la preservación de la influencia geopolítica.

Hoy, una sociedad que se radicaliza hacia el control social total, la fascistización y el militarismo, prueba en los hechos que este sistema está debilitado. Han caído sus paradigmas; el mismo neoliberalismo se hunde en su propio fracaso. Esto genera conflictos internos en la misma «ubre de la bestia», con expresiones de polarización política, crisis profunda de legitimidad institucional y movimientos sociales que ya no callan, luchando por derechos y libertades ante condiciones de vida paupérrimas, cuestionando el modelo económico dominante.

El sistema transita, entonces, por un proceso de deslegitimación ideológica. Esta es la razón de la desconfianza generalizada hacia las instituciones financieras globales, así como las críticas al libre comercio y a la financiarización. Existe una fatiga social concreta y con mayor peso en perspectiva, dada la creciente y grosera desigualdad. Mientras el empobrecimiento aumenta, los movimientos sociales se tornan explosivos.

RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN ECONÓMICO GLOBAL

Es evidente la pérdida de dominio del dólar y el surgimiento de transacciones en divisas regionales propias, hecho que causa pánico al gendarme del mundo ante la aparición de monedas alternativas o sistemas paralelos a la divisa hegemónica. Aunque la sustitución del dólar no es tarea fácil ni simple, dado que aún es la divisa porcentualmente dominante, debemos registrar el proceso de reubicación de cadenas productivas fuera de las superpotencias tradicionales. Esto explica el avance de integraciones como la cooperación Sur-Sur; es decir, la reconfiguración de las zonas de dominio en todos los planos y la confrontación entre bloques.

Si a esto sumamos la crisis tecnológica y social, la incapacidad del sistema para responder a la crisis ambiental, las tensiones éticas por el control tecnológico (datos, IA, automatización) y las migraciones masivas que desafían fronteras políticas, el panorama muestra una erosión múltiple: económica, militar, geopolítica, ideológica y social. No es otra cosa que la crisis general del sistema imperante.

TENDENCIA A LA BAJA DE LA TASA DE GANANCIA DEL CAPITAL

Para sobrevivir, el capitalismo necesita una innovación constante de tecnología y maquinaria (capital constante), con mayor razón al haber entrado en su fase imperialista. Su propósito es bajar los costos de producción reduciendo el trabajo del obrero (fuente de la plusvalía) para competir entre los monopolios.

Esto nos lleva a analizar la composición orgánica del capital. Hoy, en la Cuarta Revolución Industrial, la innovación en máquinas, tecnología, IA y robótica (capital constante) va en aumento acelerado frente a un estancamiento salarial y pérdida de capacidad adquisitiva (capital variable), con el fin de proseguir en esa competencia sin fin.

Este hecho evidencia la baja de la tasa de ganancia del capital. En el caso de EE. UU., existe una tendencia secular a la caída; según Michael Roberts, la tasa de ganancia en el sector financiero estadounidense habría caído un 32% desde 1945. Roberts señala que esto implica, en parte, un aumento de la «composición orgánica del capital» (más capital constante relativo al capital variable), sumado a una disminución de la tasa de plusvalía en ciertos periodos. Asimismo, sus datos indican que, entre 1946 y décadas recientes, habría un alza secular del capital constante de un 60%.

A nivel mundial, según el artículo “La transitoriedad histórica del capital”, existe una estimación de la tasa de ganancia mundial para el periodo 1955-2010. La tasa ponderada mundial (sin China) tiene picos y caídas; por ejemplo, se estima que en 2008 rondaba el 20,9% incluyendo a China, mientras que sin ella sería más baja (16,4%). Estas estimaciones muestran fluctuaciones: no es una caída lineal sin interrupciones, pues hay periodos de recuperación, pero la presión a la baja sigue siendo relevante a largo plazo.

Si bien la intensificación de la explotación (mayor plusvalía), la desvalorización del capital o su rotación más rápida pueden moderar o revertir temporalmente la caída —según Chris Harman—, la tendencia persiste. La caída de la tasa de ganancia no significa el colapso inmediato del capitalismo; no existiendo un «topo» organizado con la fuerza para desplazarlo al basurero de la historia, el sistema no caerá por sí solo.

Como decía el Presidente Mao:

“El imperialismo no vivirá mucho porque perpetra toda clase de infamias. Sostiene con obstinación a los reaccionarios de los distintos países, hostiles a los pueblos. Ocupa por la fuerza muchas colonias, semicolonias y bases militares. Amenaza la paz con una guerra atómica. De esta manera, forzada por el imperialismo, más del 90 por ciento de la población mundial se está alzando o se alzará en masa a la lucha contra él. Pero el imperialismo aún está vivo; todavía hace y deshace en Asia, África y América Latina. En el mundo occidental, los imperialistas siguen oprimiendo a las masas populares de sus propios países. Esta situación ha de cambiar. Es tarea de los pueblos del mundo entero poner término a la agresión y opresión que realiza el imperialismo, principalmente el imperialismo norteamericano.”

(Entrevista con un corresponsal de la Agencia de Noticias Xinhua, 29 de septiembre de 1958).

Y también:

“Con su despótica actuación en todas partes, el imperialismo norteamericano se ha convertido en el enemigo de los pueblos del mundo y se ha aislado cada vez más. Nadie que se niegue a ser esclavo se dejará atemorizar por las bombas atómicas y de hidrógeno en manos de los imperialistas norteamericanos. La marejada de indignación de los pueblos del mundo entero contra los agresores norteamericanos es irresistible. La lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos logrará indefectiblemente victorias aún mayores.”

Declaraciones de apoyo al pueblo panameño en su justa lucha patriótica contra el imperialismo norteamericano (12 de enero de 1964).

Debemos incluir también la pérdida del valor del dólar. Aunque su rol hegemónico aún es preponderante —allí radica la fortaleza del imperialismo yanqui— y sigue siendo la moneda de reserva internacional, su peso disminuye. Según el FMI, la cuota del dólar en las reservas oficiales ha caído de un 53% al 32% en el segundo trimestre de 2025. Estas caídas se deben a tipos de cambio y a la apreciación de otras monedas frente al dólar.

Analistas como Jen & Freire sugieren que la caída podría haberse acelerado por factores geopolíticos recientes, como las sanciones y la diversificación de divisas. Se estima que la cuota del dólar bajó del 73% (2001) al 47% en 2022, aunque estas cifras dependen de los métodos de cálculo.

En lo inmediato y en las décadas venideras, esto no significa que el dólar deje de ser moneda de reserva de la noche a la mañana. Incluso a China, pese a poseer bonos estadounidenses, no le conviene una caída estrepitosa del dólar. Sin embargo, a la larga, dejará de ser la moneda de reserva dominante o se convertirá en una divisa regional más.

La tendencia a la desdolarización es un hecho. Será una caída gradual, concretándose a la larga en un sistema financiero multipolar —varios polos de poder sin un centro hegemónico único— o en hegemonías regionales. Esto, a menos que en el proceso de confrontación el sistema financiero se desacredite totalmente por la acción política entre imperialismos, la desconfianza estructural por fracturas y las confiscaciones o robos descarados de divisas, como ya ocurre en el tablero geopolítico.

Existen múltiples tensiones: deudas internas, fragilidad geopolítica, confrontación abierta entre superpotencias y explosiones sociales. Aun así, el sistema no cae por sí solo. Al no haber un contendor abierto y franco construyendo un poder para las masas —un proceso de contienda de una nueva sociedad sobre la vieja—, el sistema se recicla y se recompone, volviendo con más destrucción y muerte.

El Presidente Mao habló de un horizonte de 50 a 100 años para la caída del imperialismo; estamos en ese proceso. Esto no significa que las relaciones productivas capitalistas desaparezcan automáticamente. En definitiva, para que el sistema sea barrido existe una condición indispensable y contundente: la acción de los Partidos Comunistas y la organización del proletariado mundial construyendo el socialismo. Caso contrario, el sufrimiento y las desgracias para las masas del mundo se prolongarán mucho más.

12/12/2025