Red de prensa popular latinoamericana

La piratería del genocida imperialismo estadounidense en pleno siglo XXI

 

Por Alex A. Chamán Portugal

La historia del capitalismo es, en esencia, la historia del expansionismo, avasallamiento, exterminio y despojo. Su fase superior y última, el imperialismo -como lo definió Lenin- representa la forma más acabada de saqueo organizado, violencia internacional y dominación económica. En pleno siglo XXI, esta realidad adquiere nuevas expresiones, pero conserva intacto su injusto núcleo estructural mediante la utilización de la fuerza, la guerra, la manipulación, el adormecimiento y el terror para sostener un sistema en irreversible descomposición. El robo descarado de un buque petrolero de la República Bolivariana de Venezuela, no es un hecho aislado, ya que es una señal inequívoca de la agonía del imperialismo estadounidense, que recurre sin pudor a la piratería estatal para frenar el ascenso de un orden mundial bipolar que ya no puede contener.

Entre la piratería y el terrorismo económico

El imperialismo estadounidense, lejos de representar fortaleza, expresa hoy su profunda crisis estructural. Ante la descomposición de su hegemonía global, Washington reedita doctrinas coloniales como la Doctrina Monroe, para reafirmar su pretensión de que América Latina y el Caribe deben continuar siendo su “patio trasero” a cualquier costo. La persistente violencia económica, política, militar, diplomática, mediática y jurídica es su respuesta a la decadencia.

Estados Unidos, la nación más genocida de los siglos XX y XXI, ha edificado su poder sobre masacres de pueblos enteros. Es la potencia terrorista que redujo Afganistán, Irak, Libia y Siria a ruinas y matanzas inmisericordes; que patrocinó guerras sucias, dictaduras, torturas crímenes y golpes de Estado en buena parte de las naciones del mundo; que financia y participa del exterminio contra el heroico pueblo palestino favoreciendo al genocida régimen sionista de Israel. Su despiadada maquinaria de guerra, repartida en casi 900 bases militares en todos los continentes, constituye un sistema planetario de ocupación que viola el derecho internacional burgués y la libre autodeterminación de los pueblos en aras de garantizar la descarada apropiación de recursos naturales y suprimir cualquier experiencia que desafíe la dominación imperialista expresada en el capital transnacional.

Venezuela en el centro de la confrontación histórica

En este escenario global, Venezuela se ha convertido en el “mal ejemplo” que el imperialismo necesita sofocar. La Revolución Bolivariana demostró que la renta petrolera puede colocarse al servicio de las masas populares y al servicio de pueblos hermanos, que un país del Sur puede decidir soberanamente su destino y que es posible desafiar al perverso imperialismo sin arrodillarse. Así, desde 2015, contra Venezuela se ha desatado una cruel guerra híbrida de dimensiones inéditas, puesto que más de 1.100 medidas coercitivas unilaterales -genuinas armas de destrucción masiva- han sido aplicadas con el objetivo de destruir la economía, generar escasez, deteriorar la infraestructura nacional, impedir importaciones, así como, provocar destrucción y sufrimiento social para fomentar un cambio de régimen imponiendo gobiernos títeres. Igual que la ejemplar Cuba, que resiste heroicamente un bloqueo genocida desde hace más de seis décadas y media, Venezuela enfrenta un asedio medieval disfrazado de diplomacia.

La incautación del buque petrolero venezolano es la confirmación de que el imperialismo yanqui ha convertido la piratería en política de Estado. Este crimen se suma al robo de CITGO, la confiscación de reservas de oro venezolanas en el Banco de Inglaterra, la apropiación ilegítima de cuentas y empresas estatales, y la utilización de su sistema financiero para legalizar el despojo. El vil imperialismo y sus socios han violado reiteradamente sus leyes internacionales liberales, ya que cuando éstas no favorecen sus intereses, las ignora o las destruye.

La dominación imperialista mediante las guerras, propaganda y saqueo

La ofensiva imperialista no es solo política, militar o económica; es también una guerra ideológica, y cultural. La maquinaria mediática del capitalismo se caracteriza por manipular por lo que difunde narrativas que buscan deshumanizar a los pueblos en resistencia, demonizar a sus organizaciones consecuentes y líderes dignos, fracturar su moral superior y fabricar consenso internacional para justificar una atroz ofensiva que consolide el saqueo. Estamos frente a la guerra cognitiva que se constituye en la nueva forma de dominación del capitalismo senil.

Referida ofensiva también revela su desesperación. Así, el imperialismo en descomposición recurre a métodos cada vez más brutales como la piratería moderna, sanciones unilaterales, operaciones encubiertas, terrorismo financiero, guerras por sustitución, bombas humanitarias, tutelaje judicial y una red global de terrorismo y espionaje total. No obstante, lejos de consolidar su poder, estas nefastas prácticas aceleran su aislamiento y fortalecen la conciencia anticapitalista y antiimperialista, especialmente, en las naciones oprimidas y pueblos del mundo.

La resistencia bolivariana frente al asedio imperialista

A pesar de esta arremetida feroz, el pueblo venezolano no ha sido derrotado, puesto que ha demostrado una singular capacidad de resistencia que desconcierta al imperialismo y sus socios vasallos, por lo que asombra al mundo. La Revolución Bolivariana ha logrado sostener su soberanía energética, diversificar alianzas internacionales, reorganizar su economía y mantener un horizonte de justicia social en medio del bloqueo. A decir de la CEPAL; Venezuela registró en la región un formidable crecimiento económico el 2024 y en la presente gestión 2025 reeditará aquello para bien de la sociedad en su conjunto y, en particular, del pueblo.

Esta resistencia no es solo nacional, sino también histórica y continental, puesto que es la expresión viva de que los pueblos pueden enfrentar y desgastar a una potencia imperialista, incluso cuando esta dispone de un inmenso poder político, militar, mediático y financiero.

Una batalla global por el nuevo orden mundial

La agresión contra la Venezuela Bolivariana es solamente un capítulo de una ofensiva más amplia contra todos los pueblos que buscan independencia y construcción de sus propios proyectos de desarrollo, progreso y bienestar. África, Asia Occidental, el Caribe y América Latina experimentan hoy la embestida de un imperialismo decrepito que se niega a aceptar su ocaso. Pero en cada una de estas regiones crecen también nuevas formas de organización y poder popular, nuevas potencias capitalistas emergentes y nuevas alianzas internacionales que consolidan una bipolaridad en ciernes en el marco de la reconfiguración del nuevo orden mundial.

Venezuela, Cuba, Palestina, Líbano, Yemen y otros pueblos representan hoy la vanguardia moral de la humanidad, ya que son pueblos que combaten, resisten y avanzan en medio de la barbarie capitalista e imperialista.

De la Vanguardia Revolucionaria a la Cloaca del Fujimorismo: La Metamorfosis Siniestra de Fernando Rospigliosi

Por Alex Chamán Portugal

Introducción

Evocar la decadente política peruana implica, inevitablemente, remitirse a imágenes de traiciones grotescas y giros inesperados; sin embargo, pocos casos ilustran la degradación moral con tanta crudeza como el del nefasto Fernando Miguel Rospigliosi Capurro. Nacido en febrero de 1947 en el distrito de Miraflores en Lima, este sociólogo y periodista inició su trayectoria pública imbuido de un ímpetu revolucionario, bajo el influjo de la obra marxista de José Carlos Mariátegui y el guevarismo.

Formado profesionalmente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Rospigliosi se sumergió en la turbulencia de la izquierda radical de los años 60 y 70. Como militante activo de Vanguardia Revolucionaria (VR), organización política fundada en 1968, fue una pieza clave en la difusión de las tesis antiimperialistas y la lucha de clases desde la codirección del semanario Amauta. En aquel entonces, se perfilaba como un intelectual orgánico comprometido con el fortalecimiento del movimiento popular, tal como lo reflejan sus obras Juventud obrera y partidos de izquierda (1988) e Izquierdas y clases populares (1989).

Su aparente consecuencia política continuó en los años 80 con la cofundación de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) en 1983, desde donde denunció el terrorismo de Estado durante el conflicto armado interno. Incluso durante la dictadura de los 90, textos como Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril (1996) lo mostraban como un opositor al régimen criminal de Fujimori y Montesinos. No obstante, esa imagen progresista no era más que una fachada que, con el correr de los años, se desmoronó para revelar a un siniestro operador político que capituló ante el poder del dinero y el reconocimiento de la burguesía. Su tránsito, de ministro del Interior en el Gobierno neoliberal de Toledo a congresista fujimontesinista y presidente interino del parlamento bajo la tiranía del fujimorismo en 2025, evidencia el oportunismo de quien hoy funge como férreo defensor de las fuerzas represivas y alfil de los injustos intereses de los explotadores y opresores.

Del Trotskismo al servilismo a las mafias

La involución de Rospigliosi no debe leerse como un proceso reflexivo, sino como un salto oportunista dictado por los reaccionarios vientos políticos globales. Tras su ruptura con VR en 1980 y su paso por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en que aún criticaba las atrocidades del paramilitar Grupo Colina, el colapso del bloque soviético por obra del revisionismo y la hegemonía del capitalismo neoliberal depredador de los 90 facilitaron su coqueteo con el statu quo y pronto servilismo al mismo en condición de mercenario.

Ya como ministro del Interior (2001-2004), impulsó mecanismos como los Comisionados para la Paz y el Desarrollo, que bajo una retórica de pacificación, consolidaban el control estatal en detrimento de la propia democracia liberal y su Estado de derecho. Este viraje marcó su transformación definitiva de defensor de los Derechos Humanos a ejecutor de políticas de blanqueamiento de todo tipo de abusos enmarcados en terrorismo de Estado. Analistas como Eduardo Dargent lo han catalogado acertadamente como un «converso», alguien que trocó sus ideales “revolucionarios” por un pragmatismo servicio de los enemigos de la nación y el pueblo.

La consumación de esta traición llegó en 2020 con su incorporación a la llamada Fuerza Popular, organización criminal liderada por Keiko Fujimori, a quien años atrás señalaba como heredera de una dictadura mafiosa y criminal. Su ascenso político -congresista, presidente de la Comisión de Constitución y presidente interino del Congreso tras la vacancia de la genocida y golpista Dina Boluarte en 2025- no es casualidad, sino el pago por servicios prestados como politiquero y mercenario. Revelaciones periodísticas confirmaron que recibió importantes sumas de dinero y otras prebendas por consultorías para el plan de gobierno fujimorista mientras escribía columnas supuestamente «independientes». Rospigliosi instrumentaliza hoy su pasado izquierdista para atacar con mayor eficacia a los sectores populares y luchadores sociales que juró defender.

De Antiimperialista a Peón de la CIA

Una de las facetas más oscuras de esta metamorfosis es su alineamiento con los intereses de inteligencia de los Estados Unidos. Resulta una ironía histórica que quien inició su vida combatiendo el imperialismo terminara colaborando, directa o indirectamente, con la agenda de la CIA. Su cercanía operativa con el entorno heredado de Vladimiro Montesinos quien también fue agente al servicio de la CIA.

Durante su gestión ministerial, supervisó operaciones alineadas con los intereses de Washington y ejerció presión política para desacreditar a candidatos de izquierda. Más tarde, como asesor del fujimorismo, participó activamente en las campañas de demolición contra el presidente Pedro Castillo, coincidiendo con la estrategia de desestabilización promovida por agencias extranjeras. Rospigliosi renegó de su juventud antiimperialista para convertirse en una correa de transmisión de la embajada norteamericana, supeditando la soberanía nacional a agendas extranjerizantes.

Lacayo de la mafia Fujimontesinista

El cinismo de Rospigliosi alcanza cumbres inauditas en su alianza con el fujimorismo. Por ejemplo, en el año 2000, fue él quien facilitó la difusión del video Kouri-Montesinos que precipitó la caída de la dictadura; hoy, es uno de sus principales operadores. Pasó de advertir sobre la ofensiva fujimorista» en 2017 a integrarse sinuosamente en sus filas en 2020.

Su labor legislativa ha sido la de un ramplón operador de la impunidad, puesto que impulsó la Ley 32107 en 2025, una amnistía disfrazada para militares genocidas acusados de crímenes de lesa humanidad, y avaló beneficios para efectivos policiales y militares procesados por violaciones a los derechos humanos, consolidando un marco legal de impunidad ratificado vergonzosamente por el mafioso Tribunal Constitucional. Al calificar a Keiko Fujimori como una buena opción presidencial, pretende ignorar sus procesos por lavado de activos, Rospigliosi se confirma como un testaferro político que trafica con principios a cambio de vergonzosas cuotas de poder.

Defensor de las fuerzas armadas y policiales genocidas

El antiguo crítico del terrorismo de Estado se ha erigido como el vocero oficioso de las fuerzas represivas. Su historial carga con la negligencia política del Linchamiento de Ilave Puno en 2004, que le costó la censura ministerial. Más grave aún es su postura frente a las masacres recientes, como las protestas de 2022-2023 en el marco de la lucha por la defensa de la voluntad popular, justificó los asesinatos de casi un centenar de civiles como necesarias, terruqueando a las víctimas, sus familiares y luchadores sociales.

En octubre de 2025, Rospigliosi defendió leyes para eximir de prisión preventiva a policías por practicar el terrorismo de Estado, llegando al extremo de visitar y respaldar al agente acusado de asesinar al artista popular Eduardo «Truko» Ruiz. Su respaldo popular es ínfimo (10% de aprobación), pero su utilidad para la lumpen burguesía y las mafias militares y policiales es alta, actuando como escudo político ante las denuncias de extorsión y sicariato y demás ilícitos.

Corrupción y mercenario del poder

Los escándalos definen su gestión, desde enriquecimiento mediante pagos no transparentados de Fuerza Popular hasta sanciones por el uso indebido de recursos del Congreso para proselitismo fujimorista en 2025. Rospigliosi ha demostrado ser un mercenario eficiente, sirviendo a un Estado caduco y actuando como engranaje entre los poderes fácticos (empresarial, militar-policial, ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) y las organizaciones criminales que han capturado la política.

De “revolucionario” a traidor

En la tradición revolucionaria, la capitulación no es un simple cambio de camiseta; es una degradación moral absoluta. El renegado, al cruzar la trinchera, necesita expiar su “mancha” de origen ante sus nuevos amos burgueses. Para ello, desarrolla una lealtad sobreactuada y agresiva. Psicológicamente, Rospigliosi intenta matar su propio pasado atacando con saña a quienes mantienen los principios que él vendió. El sistema capitalista instrumentaliza esta patología, puesto que utiliza al traidor porque conoce los códigos, debilidades y rutas de la izquierda. Su hostilidad es miserable porque es técnicamente precisa; ya que golpea donde más duele para asegurar su supervivencia en el nuevo orden que antes comatía, convirtiéndose en el enemigo más recalcitrante de su antigua causa.

Una lacra política contra el pueblo

Fernando Rospigliosi personifica la descomposición política e ideológica en su estado más puro; representa el tránsito nauseabundo de la vanguardia intelectual a la retaguardia de la mafia. No estamos ante un simple adversario político, sino ante una lacra social que ha puesto su intelecto y su conocimiento íntimo del movimiento popular al servicio de la maquinaria de muerte del decadente Estado burgués. Su figura condensa la funcionalidad del traidor, pues es el exizquierdista que la derecha necesita para legitimar la ofensiva contra el pueblo, el tonto útil con credenciales académicas que justifica, desde la presidencia del Congreso, que la sangre del pueblo sea derramada con descarada impunidad legalizada.

Su traición constituye un asalto directo a la memoria colectiva del Perú, especialmente de los sectores populares. Al defender a los verdugos de ayer y de hoy -desde los asesinos del Grupo Colina que antes denunciaba, hasta los militares y policías que disparan contra artistas y manifestantes en 2025, Rospigliosi busca borrar la historia para reescribirla a la medida de los enemigos de la patria y verdugos del pueblo. Es un agente corrosivo que, bajo el amparo de la CIA y la mafia fujimontesinista, trabaja para desmantelar cualquier posibilidad de justicia social. Desenmascarar a Fernando Rospigliosi y sus socios de todo pelaje es, por consiguiente, un deber moral imperativo de higiene política. La historia de los pueblos no perdona a quienes, habiendo portado la bandera de la emancipación, terminan reptando para servir a los que históricamente niegan derechos esenciales a las masas populares. Él es la prueba viviente de que la revolución no solo combate enemigos externos, sino que debe purgar sin contemplaciones a las miserias internas que, como él, terminan gangrenando la lucha y sus perspectivas de progreso, desarrollo y bienestar.

Referencias

Adrianzén, A. (2014). Apogeo y crisis de la izquierda peruana. En A. Adrianzén (Ed.), La izquierda en el Perú. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

APRODEH. (n.d.). Historia de APRODEH. Asociación Pro Derechos Humanos. https://www.aprodeh.org.pe

BBC News Mundo. (2025, 14 de agosto). La polémica ley de amnistía aprobada en Perú que perdonará a centenares de policías y militares acusados de violaciones a los derechos humanos. https://www.bbc.com/mundo/articles/c860738jq3lo

Caretas. (2025, 17 de noviembre). JEE sanciona a Rospigliosi por uso de cámara del Congreso en acto político de Keiko Fujimori. https://caretas.pe/politica/jee-sanciona-a-rospigliosi-por-uso-de-camara-del-congreso-en-acto-politico-de-keiko-fujimori/

Comisión de la Verdad y Reconciliación. (2003). Informe final. Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Congreso de la República del Perú. (2004, 5 de mayo). Moción de Censura N.° 1086 contra el Ministro del Interior Fernando Rospigliosi. Diario de los Debates, Segunda Legislatura Ordinaria de 2003.

Congreso de la República del Perú. (2025, 13 de agosto). Promulgan ley del Congreso que concede amnistía para miembros de FF.AA., Policía y Comités de Autodefensa. https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/promulgan-ley-del-congreso-que-plantea-amnistia-para-miembros-de-ff-aa-policia-y-comites-de-autodefensa/

Dargent, E. (2020, 8 de diciembre). Fernando Rospigliosi se suma al partido fujimorista pese a ser acérrimo opositor. El Búho. https://elbuho.pe/2020/12/fernando-rospigliosi-se-suma-al-partido-fujimorista-pese-a-ser-acerrimo-opositor/

Hildebrandt, C. (2011). Los conversos. Caretas. Archivo.

Infobae. (2021, 14 de octubre). Fernando Rospigliosi reconoce pagos de Fuerza Popular por asesorías. https://www.infobae.com

Infobae. (2025, 21 de octubre). Fernando Rospigliosi pide reincorporar a la PNP a suboficial investigado por asesinato de músico y justifica el disparo. https://www.infobae.com/peru/2025/10/22/fernando-rospigliosi-pide-reincorporar-a-la-pnp-a-suboficial-investigado-por-asesinato-de-musico-y-justifica-el-disparo/

Ponce, C. (2019). La nueva izquierda peruana: Orígenes, rupturas y trayectorias. Instituto de Estudios Peruanos.

Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1988). Juventud obrera y partidos de izquierda: De la dictadura a la democracia. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1989). Izquierdas y clases populares. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1994). La generación del 68: Hablan los protagonistas. Instituto de Estudios Peruanos.

Rospigliosi, F. (1996). Las Fuerzas Armadas y el 5 de abril. Instituto de Estudios Peruanos.

RPP Noticias. (2025, 4 de junio). Fernando Rospigliosi: «Keiko Fujimori sería buena opción como candidata». https://www.facebook.com/rppnoticias/videos/fernando-rospigliosi-keiko-fujimori-ser%25C3%25ADa-buena-opci%25C3%25B3n-como-candidata-pdfrpp-ent/1082383890408976/

Sudaca. (2021, 13 de octubre). Fernando Rospigliosi: “Sabía que el contrato con Fuerza Popular sería público”. https://sudaca.pe

Herramientas pedagógicas para tejer la convivencia en el aula rural

Por Pedro Ovando Rengifo

Introducción

Más allá de los discursos teóricos y los documentos de planificación que suelen acumular polvo en los estantes, la verdadera escuela se construye en la praxis diaria, en el bullicio desordenado del recreo y en los silencios tensos del aula. En la Unidad Educativa Tolomosa Grande, hemos comprendido a través de la experiencia, y a veces del fracaso, que para abordar la violencia escolar no bastan las buenas intenciones ni los reglamentos fríos. Se necesitan herramientas metodológicas vivas, estrategias que toquen el cuerpo y el corazón para transformar las relaciones humanas. Este texto explora cómo el tránsito de una cultura punitiva a una restaurativa se materializa a través de estrategias concretas como los círculos de la palabra, el teatro social y la producción de saberes locales, demostrando que la pedagogía es, ante todo, un acto de amor político y paciencia infinita.

Del escritorio al territorio

Nuestra metodología parte de una ruptura radical con la investigación extractivista tradicional. No observamos a la comunidad desde una torre de marfil académica, sino que asumimos el compromiso ético de sentipensar el territorio, uniendo la ciencia con la conciencia, tal como nos enseñó el maestro Fals Borda. Al bajarnos de la tarima y caminar hombro a hombro con estudiantes, padres y abuelos, descubrimos que los conflictos muchas veces no son problemas de disciplina, sino gritos de frustración ante la falta de espacios para ser escuchados.

La implementación de los Círculos de Paz y Restauración ha sido la piedra angular para romper la geometría del poder en el aula tradicional. Históricamente, la disposición de las carpetas nos obligaba a mirar la nuca del compañero, fomentando el individualismo y la vigilancia. Al sentarnos en círculo, donde todos somos equidistantes del centro y nadie vale más que otro, desmantelamos esa jerarquía que silencia. El uso de un objeto de la palabra regula el diálogo y permite ejercitar la escucha atenta, transformando la vergüenza en responsabilidad compartida. Hemos visto cómo conflictos que antes terminaban en golpes, ahora se disuelven en la comprensión mutua de que somos interdependientes.

El cuerpo y la producción como escenarios de paz

Entendiendo que el adolescente muchas veces está bloqueado por el miedo o la timidez y no encuentra las palabras académicas para expresar su dolor, recurrimos al lenguaje universal del cuerpo. A través del Teatro del Oprimido y dinámicas lúdicas como «El Cartero», logramos que los estudiantes rompan las roscas o grupos cerrados y se vean obligados a interactuar con quienes suelen ignorar.

El teatro funcionó como un espejo social y una catarsis colectiva. Una obra creada por los propios estudiantes, titulada «Un profesor drástico y un profesor que trata bien», nos permitió a los adultos vernos representados desde su mirada. El estudiante que actuaba de alumno castigado pudo verbalizar su humillación, y el que hacía de profesor autoritario sintió la rigidez del poder. Estas dramatizaciones tocaron fibras sensibles y generaron una empatía que ningún memorándum disciplinario hubiera logrado jamás.

Asimismo, la integración del Bachillerato Técnico Humanístico en Gastronomía ha demostrado ser una potente herramienta decolonial. Rompiendo con la vieja dicotomía que separa el trabajo manual del intelectual, ver a nuestros jóvenes amasando pan, horneando rosquetes y recuperando recetas de sus abuelas se convierte en un acto político. No es solo cocinar; es validar su cultura y su identidad. Un estudiante que se siente orgulloso de su saber productivo, que ve el fruto de su trabajo compartido en la mesa comunitaria, fortalece su autoestima y necesita menos de la agresión para afirmarse ante los demás. La harina y el horno se convierten así en instrumentos de paz y dignidad.

Lecciones desde el fracaso

Este camino no ha estado exento de adversidades y problemas, los cuales asumimos como lecciones pedagógicas. Recordamos con dolor el caso de un estudiante que abandonó la escuela tras un conflicto mal gestionado sobre el uso de audífonos en clase. La respuesta institucional rígida y la confrontación provocaron una derrota pedagógica que se manifestó en un pupitre vacío. Estos fracasos nos enseñaron que el diseño debe ser holístico y flexible, y que no podemos educar al estudiante si cerramos la puerta al diálogo o si nuestra rigidez nos impide conectar con sus necesidades vitales.

Conclusión

La experiencia vivida en Tolomosa Grande nos confirma empíricamente que es posible transitar de un clima de desconfianza a uno de reciprocidad sanadora. Si bien enfrentamos tensiones y resistencias, como el trauma de la transición de estudiantes que vienen de escuelas asociadas pequeñas o la inercia de la «mano dura» en algunos padres, los frutos son tangibles y esperanzadores. Hemos logrado reducir la violencia sin ejercer más violencia, demostrando que cuando la escuela se abre a la sabiduría de la comunidad, valida los saberes locales y pone el cuerpo en juego, se convierte en un verdadero hogar donde nadie sobra y todos tienen un lugar en el círculo.

Referencias

  • Boal, A. (1980). Teatro del oprimido. Nueva Imagen.
  • Fals Borda, O. (2009). Una sociología sentipensante para América Latina. CLACSO.
  • Maturana, H. (1990). Emociones y lenguaje en educación y política. Dolmen Ediciones.
  • Ministerio de Educación. (2012). Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo. Unidad de Comunicación del Ministerio de Educación.
  • Ovando Rengifo, P. (2025). Tejiendo la Paz en la Escuela: Resolución de conflictos desde una mirada decolonial e inclusiva. Universidad Pedagógica Sucre.
  • Zehr, H. (2010). El pequeño libro de la justicia restaurativa. Good Books.

La justicia restaurativa como acto político de descolonización escolar

Por Pedro Ovando Rengifo

Introducción

En la turbulencia de la modernidad y la cuarta revolución industrial, nuestras sociedades enfrentan una paradoja cruel, puesto que mientras la constante innovación tecnológica promete conectarnos globalmente, en el tejido íntimo de nuestras escuelas estamos perdiendo la capacidad básica de mirarnos a los ojos y entendernos. En contextos rurales con una fuerte carga histórica y cultural, como la Unidad Educativa Tolomosa Grande en Tarija, esta desconexión no se constituye en un simple problema de convivencia, sino el síntoma de una herida mucho más profunda y antigua. Durante demasiado tiempo, hemos operado bajo modelos mentales heredados que nos dictan que la letra con sangre entra y que resolver un conflicto implica necesariamente encontrar un culpable para aplicar un castigo ejemplar.

Sin embargo, la realidad cotidiana nos demuestra que la mano dura, la expulsión o la suspensión son respuestas estériles que simplemente esconden la basura bajo la alfombra, permitiendo que el resentimiento crezca en la oscuridad. Este ensayo plantea la urgencia ética y política de transitar desde una lógica punitiva y colonial hacia una justicia restaurativa fundamentada en el Ayni. Sostenemos que la paz escolar no es el silencio de los cementerios ni la ausencia de guerra, sino una armonía viva y en movimiento, construida en base a la reciprocidad y el reconocimiento de nuestra identidad.

La herida colonial y la urgencia del cambio

Para transformar la escuela es imperativo tener el coraje de mirar las grietas estructurales por donde se filtra el malestar, pues no nos enfrentamos únicamente a actos de indisciplina aislados o travesuras de adolescentes, sino a una violencia estructural alimentada por la discriminación y lo que autores decoloniales llaman la colonialidad del ser. Hemos sido testigos de cómo estudiantes brillantes luchan contra la vergüenza de sus orígenes, ocultando su lengua materna o sus apellidos por miedo a la burla, y cómo los prejuicios raciales y sociales siguen operando como fantasmas en nuestros pasillos.

Esta realidad se agrava por una economía de la ausencia, en la que la falta de oportunidades laborales en el área rural obliga a muchos padres a migrar, generando una violencia estructural que deja a los estudiantes en una orfandad temporal y afectiva. Este vacío se traduce en soledad y, a menudo, en conductas disruptivas que son gritos desesperados de atención. Frente a este escenario complejo, la respuesta institucional tradicional ha sido insuficiente. Aplicar el reglamento con frialdad burocrática, citando artículos de normas y levantando actas, solo profundiza la brecha entre docentes y estudiantes, convirtiendo a la escuela en un tribunal en lugar de un hogar.

La transformación verdadera exige desmontar las lógicas coloniales de poder que nos hacen creer que unos son superiores a otros y que la única justicia válida es la que viene de arriba hacia abajo. Necesitamos una justicia que no solo instruya contenidos académicos, sino que sane y dignifique a la persona, reconociendo que el conflicto escolar es un reflejo de las tensiones no resueltas de la comunidad.

El Ayni como fundamento de una nueva ética

Nuestra propuesta se aleja deliberadamente de los manuales de resolución de conflictos importados de realidades ajenas a las nuestras. En su lugar, buscamos recuperar y validar la sabiduría ancestral de nuestra propia tierra. Nos fundamentamos en el principio filosófico del Ayni y la relacionalidad andina, una visión en que la existencia se entiende como un tejido interdependiente en el que nada existe por sí mismo. Bajo esta cosmovisión, si yo daño a un compañero, no solo estoy infringiendo una norma escrita; estoy rompiendo el equilibrio sagrado de la comunidad y, inevitablemente, me estoy dañando a mí mismo.

Desde esta perspectiva, la justicia escolar cambia radicalmente de sentido. Ya no se trata de preguntar qué norma se rompió, quién lo hizo y qué castigo merece. La justicia restaurativa nos invita a preguntar quién fue dañado, cuáles son sus necesidades y qué debemos hacer colectivamente para reparar esa herida y restaurar el tejido social que cohesione a sus miembros. El objetivo deja de ser la venganza institucional y pasa a ser el restablecimiento del equilibrio.

Esta visión epistemológica del Sur nos permite construir una escuela donde la diversidad cultural no se percibe como una amenaza o un problema a resolver, sino como nuestra mayor riqueza pedagógica. Validamos los saberes de nuestros abuelos y las prácticas del sindicato agrario como fuentes legítimas de teoría y solución de conflictos, desafiando así la colonialidad del saber que históricamente ha despreciado lo propio.

Conclusión

El camino hacia una escuela decolonial e inclusiva no es una línea recta ni sencilla; es un sendero pedregoso que requiere osadía para empezar y humildad para reconocer errores. La experiencia nos ha enseñado que la autoridad del docente no se fortalece gritando más fuerte o imponiendo miedo, sino aprendiendo a escuchar mejor y conectando humanamente con el estudiante. Al reemplazar el paradigma del castigo por el del diálogo plural y la reparación, no solo estamos reduciendo los índices de violencia. Estamos formando ciudadanos íntegros, sujetos críticos que no necesitan humillar al otro para sentirse valiosos y que son capaces de construir la paz con sus propias manos. La justicia restaurativa, anclada profundamente en nuestras raíces, es la única vía para que la escuela deje de ser un espacio de domesticación y se convierta en un verdadero territorio de liberación y dignidad.

Referencias

  • Bolivia. (2010). Ley Nº 070 de la Educación “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”. Gaceta Oficial del Estado Plurinacional.
  • Estermann, J. (1998). Filosofía Andina: Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Abya Yala.
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
  • Ovando Rengifo, P. (2025). Tejiendo la Paz en la Escuela: Resolución de conflictos desde una mirada decolonial e inclusiva. Universidad Pedagógica Sucre.
  • Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 50(168), 533–580.
  • Walsh, C. (2009). Interculturalidad, Estado, sociedad: Luchas (de)coloniales de nuestra época. Universidad Andina Simón Bolívar.

La huelga silenciosa de las cunas y la crisis de reproducción social en el capitalismo

Por Alex A. Chamán Portugal

Introducción

La estrepitosa caída de la demografía global no es una anomalía estadística ni una moda pasajera de las nuevas generaciones; es el síntoma inequívoco de un decadente sistema capitalista en situación de mayor agonía. La conciencia humana no flota en un vacío abstracto, sino que es el reflejo directo de las condiciones materiales de existencia. Por consiguiente, lo que la propaganda liberal vende como una decisión libre de renunciar a la maternidad o paternidad, es en realidad el eco de una violencia reaccionaria inherentemente al sistema. Este fenómeno constituye una respuesta inevitable ante un capitalismo depredador en su fase imperialista y que, en su voracidad, ha mercantilizado la vida misma, reemplazando el optimismo histórico modernista por un hedonismo vacío y alienante propio de la decadencia posmoderna.

I. La base o estructura material

En el marco de la concepción científica del mundo el modo de producción condiciona el proceso de la vida social, por lo que debemos entender que la actual huelga de natalidad responde a una base económica de rapiña. El capital, en su afán de acumulación, ha desmantelado el Estado de Bienestar, dejando a las masas trabajadoras a la intemperie. Bajo la lógica neoliberal, derechos fundamentales como la salud, la vivienda, la educación y el trabajo digno han sido degradados a meras mercancías, convirtiendo la descendencia en un bien de lujo inalcanzable para las mayorías.

Criar un hijo en el siglo XXI implica una carga económica asfixiante frente a la arremetida contra los derechos laborales traducido en salarios miserables y un costo de vida en alza permanente que lleva a mayor pauperización. Así, no se trata de una falta de deseo, sino de una imposibilidad material. La flexibilización laboral, los contratos basura y la tercerización han instaurado una dictadura de la inestabilidad. ¿Cómo puede la mayoría de la población asumir la responsabilidad de una nueva vida si el sistema le niega la certeza de su propia subsistencia inmediata?. El capital se ha desentendido de los costos de reproducción de su propia fuerza de trabajo, transfiriendo todo el riesgo a unas familias que, como mecanismo de defensa ante la explotación feroz, optan por no reproducirse.

II. La superestructura ideológica

Esta crisis material tiene su correlato en el mundo de las ideas, en que se libra una batalla entre la modernidad como proyecto y la posmodernidad como claudicación. Mientras que la modernidad, con todas sus contradicciones burguesas, prometía un progreso y bienestar colectivo donde tener hijos era una apuesta de fe en el futuro, el neoliberalismo ha impuesto una cultura posmoderna que celebra la fragmentación y el fin de los grandes relatos históricos.

El capitalismo fomenta un hedonismo inmediato ante la incertidumbre del porvenir. Se empuja a la juventud a priorizar el placer efímero -viajes, consumismo compulsivo, cuidados excesivos de la apariencia, experiencias superfluas- por encima de la crianza, que exige esfuerzo, sacrificio y visión a largo plazo. Bajo la premisa del emprendedor de sí mismo, el hijo es percibido como un pasivo financiero o un obstáculo para la autorrealización profesional, y no como un ser humano pensante y operante que es parte del tejido social. En suma, es la victoria del egoísmo exacerbado sobre la solidaridad intergeneracional.

III. Alienación y guerra cognitiva

La burguesía utiliza sus aparatos ideológicos -prensa, redes sociales, industria cultural, etc.- para perpetrar una ofensiva cognitiva destinada a esterilizar la esperanza. Mediante la alienación del estilo de vida, se bombardea al sujeto con imágenes de una libertad desmedida que se reduce a la capacidad de consumir sin ataduras, disfrazando la soledad de autonomía y la falta de propósito de disfrute vital.

Paralelamente, se instrumentaliza el miedo. Los medios amplifican narrativas catastrofistas sobre el colapso climático o la guerra inminente, no para movilizar, sino para paralizar. Se induce la pregunta: ¿Para qué traer hijos a un mundo en creciente descomposición?. Esta táctica oculta que la raíz del problema no es la sobrepoblación, sino un modo de producción decadente. Al individualizar el miedo, se desvía la ira que debería dirigirse contra el siniestro sistema, produciendo individuos sumisos, dóciles y aislados, incapaces de asumir responsabilidades en aras de construir la resistencia comunitaria que implica la familia.

IV. La maternidad y paternidad como trinchera de resistencia

El capitalismo es un sistema caníbal que termina devorando su propia base humana. Recordemos que Marx sostenía que el capitalismo destruye las fuerzas productivas y la naturaleza. Al hacer la vida insostenible, demuestra su obsolescencia histórica y su carácter reaccionario. Sin embargo, la respuesta no puede ser el nihilismo ni la extinción voluntaria, pues ello solo beneficia al explotador y opresor.

Recuperar la maternidad y la paternidad, sea biológica o adoptiva, y ejercerla con conciencia crítica es hoy un acto de rebeldía. Es negarse a que el mercado dicte el fin de la historia humana. Politizar la crianza significa exigir las condiciones materiales para reproducir la vida con dignidad: tiempo libre, socialización de los cuidados y servicios públicos de calidad. Debemos desmontar el discurso posmoderno y recordar, como señalaba Marx, que la verdadera realización radica en nuestro ser genérico, en la conexión profunda con la comunidad y las generaciones venideras.

Conclusión

La huelga de cunas no debe leerse como una simple estadística a la baja, sino como la manifestación clínica de un antagonismo irreconciliable donde el capitalismo, en su fase imperialista, se ha vuelto incompatible con la biología misma. La maquinaria de acumulación ha llegado a tal grado de voracidad que, para sostener las insultantes tasas de ganancia de una clase burguesa parasitaria, necesita devorar no solo la fuerza de trabajo presente, sino canibalizar las generaciones futuras antes siquiera de que nazcan.

Resulta infame, por tanto, que los ideólogos del sistema acusen a la juventud de flojera, hedonismo o falta de compromiso. La realidad material es que el capitalismo ha ejecutado un despojo sistemático del porvenir, expropiando a las masas trabajadoras de la capacidad mínima de planificación vital. Lo que se presenta como una elección individual de no tener hijos es, en el fondo, una huelga inconsciente, un rechazo visceral a reproducir esclavos para un mercado laboral precarizado y un mundo en severa crisis. No es egoísmo; es un instinto de protección ante la barbarie capitalista e imperialista que ya se vive.

Sin embargo, el diagnóstico no basta. La salida a este laberinto histórico no vendrá de sermones moralistas sobre la familia tradicional, ni de reformas tibias que solo maquillan la explotación. La respuesta exige trascender la resistencia pasiva de la no reproducción para abrazar una praxis política ofensiva. Es imperativo organizarse para derrocar la estructura económica burguesa que asfixia la vida, transformando la angustia individual en ira colectiva organizada.

Solo bajo un horizonte socialista, donde la producción esté orientada a satisfacer necesidades humanas y no al lucro privado, la vida dejará de ser una mercancía sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. Únicamente cuando hayamos socializado la riqueza y los cuidados, traer hijos al mundo dejará de ser un salto al vacío o un privilegio de clase social, para volver a ser el acto supremo de alegría colectiva y la afirmación rotunda de que la humanidad tiene futuro.

Bolivia en su bicentenario: La restauración neoliberal avanza bajo Rodrigo Paz entre reciclajes políticos y viejas mafias partidarias

Por Alex A. Chamán Portugal

Bolivia, 24 de noviembre de 2025

Han pasado apenas dos semanas desde que Rodrigo Paz Pereira, heredero de la dinastía neoliberal que forjó el Decreto 21060 en 1985, juró como presidente de Bolivia en el Palacio Quemado. El 8 de noviembre, el hijo de Jaime Paz Zamora se erigió como el 68º mandatario de la República. Su posesión representa la consumación de la restauración neoliberal con lo que se conculcarán derechos sociales y libertades demoliberales, así como, depredará los recursos nacionales. Este retorno no es un accidente electoral, sino la expresión caduca de un capitalismo atrasado y dependiente que, en su agonía, desangra a la nación y al pueblo para alimentar a la burguesía apátrida, entreguista y proimperialista. En el Bicentenario de la farsa republicana, Bolivia enfrenta no solo la crisis económica y política heredada, sino la afrenta simbólica y material contra su esencia plurinacional.

Recordemos que el perverso neoliberalismo irrumpió en Bolivia como un terremoto económico, político y social en agosto de 1985 bajo el Gobierno del MNR, a la cabeza de Víctor Paz Estenssoro. El DS 21060 representó el cierre de minas estatales y el despido de decenas de miles de mineros de COMIBOL bajo el pretexto de la “relocalización”; la privatización de YPFB, ENTEL y otras empresas públicas que olieran a soberanía. Lo que denominaron “estabilización” significó entreguismo, negociados, explotación, opresión, desempleo, pobreza e indigencia, las mismas injusticias que el capitalismo reproduce en todo el mundo. La hiperinflación del 24.000% se controló a costa de salarios congelados y una desigualdad que multiplicó por 42 los ingresos del 10% más rico frente al más pobre. El converso neoliberal Jaime Paz Zamora, padre de Rodrigo, profundizó las injusticias entre 1989 y 1993: legalizó el “impuesto al consumo” que golpeó a los sectores populares; abrió las puertas al narcotráfico en la banca; y firmó pactos con el siniestro FMI que convirtieron la deuda externa en cadenas de sometimiento. Gonzalo Sánchez de Lozada, genocida y neoliberal fugitivo, capitalizó y privatizó el gas y el agua, entregando regalías del 18% a transnacionales mientras el pueblo libraba la Guerra del Agua (2000) y la Guerra del Gas (2003), sacrificando casi un centenar de vidas en defensa de los intereses de la patria y la sociedad boliviana en su conjunto.

El nefasto periodo neoliberal (1985-2005) no fue ninguna “modernización”, como mienten los apologistas del imperialismo estadounidense y sus lacayos, puesto que fue una brutal acumulación del capital por despojo. Se impuso la superexplotación laboral en que el 80% de la fuerza de trabajo sigue hoy en la informalidad, la precarización sistemática de los derechos sociales y la conculcación de las libertades bajo el manto hipócrita de la “mano invisible”. Aquella ofensiva feroz demolió conquistas históricas, desmanteló la organización sindical y golpeó la capacidad de resistencia obrera y popular.

El Estado, esa maquinaria de dominación de clase, quedó reducido a su esencia represiva a través de la policía, las fuerzas armadas y cárceles, mientras el mercado, verdadera dictadura del capital financiero, devoraba la industria nacional y convertía a Bolivia en simple exportadora primaria: estaño ayer, gas hoy, litio mañana. Las consecuencias fueron devastadoras: desempleo, pobreza del 60%, analfabetismo y ecocidio en la Amazonía. Las relaciones sociales de desigualdad, explotación y opresión se profundizaron de manera ignominiosa.

En 200 años de vida republicana y sociedad capitalista jamás existió un genuino Proyecto Estratégico de Desarrollo Nacional, por lo que prevalecieron políticas entreguistas y favorables a las clases sociales dominantes, no dirigentes. Hoy, en pleno Bicentenario, el pueblo lo comprueba fehacientemente. Sin educación científica y sin desarrollo de las fuerzas productivas no hay avance tecnológico; de ahí la desindustrialización crónica y sus severas consecuencias para seguir como nación oprimida y “tercermundista”. Sin mercado interno no hay progreso ni cohesión nacional. El empresariado boliviano -esa burguesía parasitaria, mafiosa y rentista- nunca asumió un rol dirigente: se limitó a intermediar importaciones, vivir de la renta petrolera y realizar negociados con el narcotráfico, quebró entidades financieras para apropiarse ilícitamente de capitales y otras prácticas ilícitas para hacerse de capitales mientras el Estado se corrompía en prebendas, clientelismo y narconegocios, desde los Fondos Reservados hasta los lavados del MIR.

En 2006, con Evo Morales y el Gobierno del MAS, se viabilizó la estatización de los hidrocarburos, ENTEL y otras empresas estratégicas, además de la progresiva creación de nuevas empresas públicas. Se redujo la pobreza al 36%, se implementaron bonos sociales, se erradicó el analfabetismo y se recuperó la Whipala como emblema del Estado Plurinacional. La Ley Avelino Siñani–Elizardo Pérez (2010) encarnó la apuesta por la descolonización educativa mediante la interculturalidad, el reconocimiento de saberes ancestrales aymaras, quechuas, guaraníes y otros, así como la ruptura con el currículo neoliberal que pretendía domesticar y alienar al educando.

El Estado Plurinacional, consolidado en la CPE de 2009, reconoció 36 nacionalidades indígenas y estableció derechos colectivos largamente negados. Sin embargo, el capital, en su lógica imperialista, no tolera tales rupturas. La crisis global de 2008, agravada por la crisis interna de 2020, marcada por el golpe de Añez y las masacres de Senkata y Sacaba, junto con severos problemas e inadmisibles desaciertos del Gobierno de Arce–Choquehuanca, allanaron el camino para una restauración neoliberal encabezada por Rodrigo Paz. Este ya exhibe su esencia neoliberal al resucitar y cogobernar con lo que otrora fue el MIR, a pesar de no haber logrado la victoria electoral en su propia región de Tarija.

El gabinete ministerial del presidente Rodrigo Paz está conformado por José Luis Lupo en Economía, colaborador del empresario neoliberal Samuel Doria Medina, quien clama: “No creo en subsidios… Se nacionalizó el gas y no hay gas”. Viceministros del MIR, vinculados a casos de corrupción en hidrocarburos, colocan a operadores políticos que prometieron “capitalismo para todos” pero aplican ajustes salvajes. Incumplimientos flagrantes abundan, ya que Paz juró “sin FMI ni deuda”, pero se reunió con Nigel Clarke del FMI el 1 de noviembre, recibiendo “apoyo para reformas”. “El país que recibimos está devastado”, mintió en su posesión, culpando al MAS de una supuesta malversación de 15.000 millones de dólares, ignorando deliberadamente que su linaje familiar y político forjó el neoliberalismo depredador con negociados en desmedro de la nación.

La afrenta simbólica hiere más que el garrote económico lo que se aprecia en que el 8 de noviembre, Rodrigo Paz ordenó retirar la Whipala de las banderas oficiales en Palacio, tildándola de “símbolo divisivo”. En redes sociales miles de personas expresaron su repudio, recordando que “la Whipala no se toca” y denunciando que Paz “ataca nuestra identidad para complacer a la oligarquía cruceña”. Es un acto de genocidio simbólico mediante un golpe al artículo 1 de la CPE que reabre heridas coloniales y fortalece logias fascistas como la Nación Camba.

El continuismo proimperialista es descarado. El 15 de noviembre se acordó la “cooperación antinarcóticos” con la funesta DEA. Se reestablecieron relaciones con Estados Unidos, la nación más genocida y terrorista del planeta, prometiendo “estabilidad económica y apertura al mundo”. Se retomó el sometimiento al FMI y al BM mediante préstamos condicionados a privatizaciones, shock fiscal, eliminación de subsidios, apertura comercial y tratados de “libre comercio” con Estados Unidos y la Unión Europea, además de la exportación de litio y soya sin regalías. Y la traición mayor ocurrió el 18 de noviembre, cuando se suscribió un acuerdo diplomático con el régimen sionista y exterminador de Israel, reabriendo la embajada en Tel Aviv. Así, Paz se alinea con el despreciable régimen sionista mientras Palestina sigue siendo bombardeada y asesinada.

A todo lo anterior se suma la creciente injerencia del empresario neoliberal Samuel Doria Medina, cuya sombra se proyecta sobre las decisiones clave del nuevo gobierno. Diversas organizaciones sociales, así como el propio vicepresidente Edmand Lara, han denunciado que Doria Medina impone ministros, viceministros y directores, configurando un cogobierno no declarado. Su presencia expresa la continuidad de un proyecto entreguista vinculado al capital financiero, al expolio empresarial de los años 90 y al viejo esquema de endeudamiento condicionante del FMI y del Banco Mundial. Lejos de representar una renovación, Doria Medina reencarna el viejo modelo oligárquico que parasita al Estado, privatiza sus recursos y subordina la soberanía nacional a intereses imperialistas.

Los antecedentes de quienes hoy ocupan los ministerios y viceministerios profundizan esta alarma, ya que exfuncionarios del MIR fueron implicados en coimas, turbias operaciones políticas del ciclo 1989-2004 y exautoridades del régimen de Jeanine Áñez -algunos relacionados con masacres, represión o negociados en hidrocarburos- han sido reciclados como “tecnócratas” del nuevo gabinete. Esta restauración de figuras desprestigiadas y cómplices de políticas antinacionales revela la verdadera naturaleza del gobierno entrante, por ende, no representa un proyecto modernizador, sino la reposición desnuda del neoliberalismo más rancio, antipopular y enemigo de la soberanía boliviana.

LA MIGRACIÓN Y SU CRIMINALIZACIÓN

Richard Gonzales – 17/11/2025

A lo largo de la historia, las diferentes especies humanas han mantenido una movilidad constante. El desplazamiento es una característica fundamental del Homo sapiens, motivado por razones climáticas, la búsqueda de alimentos o los conflictos entre grupos humanos, procesos que han impulsado esta dinámica desde tiempos remotos.

Desde nuestro origen común en África —según la evidencia científica— nos expandimos por todo el planeta, construyendo las culturas, sociedades e identidades que conforman la civilización actual. Por esta razón, es falaz hablar de pueblos “originales” o “puros”: ningún grupo humano es originario de un territorio en sentido absoluto, pues todos somos resultado de largos procesos migratorios.

Hace aproximadamente 300 000 años, nuestros antepasados africanos iniciaron desplazamientos hacia Asia, Europa, América y Australia. Aunque el surgimiento de la agricultura generó asentamientos sedentarios, la falta de fertilidad de algunos suelos, su desgaste por el uso intensivo o el crecimiento demográfico provocaron nuevas migraciones en busca de mejores tierras, recursos y agua. Estos desplazamientos, a su vez, dieron lugar a civilizaciones con características propias y con trayectorias históricas particulares.

Desde las primeras civilizaciones organizadas en imperios —Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma, Persia, entre otras— las expansiones territoriales impulsaron migraciones producto de invasiones, guerras y desplazamientos forzados. Con ello llegaron también mezclas de pueblos, costumbres y técnicas. Nada de lo que hoy consideramos “propio” de una cultura tiene un origen único: tanto las prácticas agrícolas como los conocimientos científicos son el resultado de múltiples fusiones históricas y de una síntesis permanente entre civilizaciones.

Los factores que explican la migración son múltiples. En la modernidad, los procesos económicos, políticos y sociales han intensificado este fenómeno. La globalización, el desarrollo capitalista, los avances tecnológicos y las variaciones climáticas han incrementado la movilidad humana. A ello se suma la lucha de clases, que genera desplazamientos por motivos económicos, políticos, sociales y educativos.

La migración, por tanto, es una constante de la humanidad. Criminalizarla contradice la esencia misma del ser humano y vulnera la libertad fundamental de buscar mejores condiciones de vida. Además, la migración enriquece las sociedades cultural, social, científica y económicamente.

La pregunta central es: ¿cómo explicar, en el capitalismo imperialista, la estigmatización y criminalización de la migración? La expansión del capital y la búsqueda constante de productividad generan una demanda estructural de mano de obra desregulada y barata. De ahí que los Estados capitalistas e imperialistas abran periodos de migración para captar fuerza laboral explotable, con derechos restringidos y sometida a condiciones de extrema vulnerabilidad.

Los factores económicos, militares (déficit de tropas), demográficos (baja tasa de reemplazo poblacional) y del modelo neoliberal —basado en una división internacional del trabajo que relega a ciertos países a la extracción de materias primas— explican por qué el sistema necesita migrantes, pero a la vez los rechaza cuando dejan de ser útiles. El “modelo de estabilidad” del capitalismo imperialista implica la expulsión de fuerza de trabajo, un fenómeno que se agudiza en el contexto de la IV Revolución Industrial.

La migración hacia Norteamérica en el siglo XX ejemplifica este proceso. La expansión capitalista exigía fuerza laboral para los ferrocarriles, la industria manufacturera, las maquilas fronterizas instaladas desde los años sesenta y otros sectores. La búsqueda de plusvalía impulsó la subcontratación y la sobreexplotación de trabajadores migrantes, quienes constituyeron una fuerza clave en la acumulación capitalista.

Hoy, tras décadas de desindustrialización, Estados Unidos considera “excedente” esa mano de obra que durante años explotó intensamente. A pesar de sus esfuerzos por reindustrializarse, la economía no absorbe a toda la fuerza laboral, por lo que los migrantes son expulsados, perseguidos, encarcelados, separados de sus familias y despojados de sus bienes. El “trato humano” del sistema imperialista se revela como una lógica profundamente utilitarista y cruel.

Europa reproduce dinámicas similares: criminaliza a migrantes, los instrumentaliza políticamente o los usa como chivos expiatorios en momentos de crisis económicas, alimentando discursos racistas y xenófobos que fortalecen a la ultraderecha fascista.

Sobre legalidad y criminalidad

Ningún ser humano es ilegal. El planeta no es propiedad del capital; es resultado de procesos naturales de millones de años. Sin embargo, la propiedad privada de los medios de producción convirtió el espacio común en bienes privativos de unos pocos. La clase obrera lucha por devolver esos espacios a la humanidad, sin divisiones ni clases.

La criminalidad, por su parte, tiene raíces económicas: surge de las relaciones sociales que estructuran este sistema. El capitalismo expulsa fuerza de trabajo y, a la vez, concentra la riqueza generada por ella. La historia del sistema está marcada por redes criminales, explotación esclava o formas modernas de esclavitud asalariada. Incluso el narcotráfico ha sido utilizado para intervenir territorios y desestabilizar países, provocando migración forzada.

En periodos de auge económico, el sistema necesita mano de obra; en tiempos de crisis, la expulsa y demoniza mediante narrativas racistas y xenófobas —como las asociadas al movimiento MAGA en Estados Unidos—. Lo mismo ocurrió durante el desplazamiento masivo del campo a la ciudad.

La clase obrera consciente reconoce el origen estructural de estos dramas humanos. Aunque la historia avance entre contradicciones, serán los pueblos quienes transformen estas relaciones sociales y recuperen las bases de una verdadera humanización, pese a los costos que ello implique.