
Richard Gonzales
Tras la frágil tregua entre EE. UU. e Israel versus Irán, y el retorno a la guerra, cuya excusa fue el derribo de un helicóptero que sobrevolaba la zona del estrecho de Ormuz (que, dicho sea de paso, es una violación de la soberanía persa), esto sirvió como pretexto para el posterior bombardeo de EE. UU. e Israel contra el pueblo iraní.
Lo cierto es que, en esta tensa tregua, las confianzas están erosionadas por reiteradas acciones de engaño y agresividad por parte del sionismo y, con el último ataque, vacían de contenido el alto el fuego.
Más allá de los hechos inmediatos, el asunto de fondo está en que EE. UU. no acepta en esa rivalidad estratégica entre las partes —y mucho menos aún a Irán— como actor y potencia económica y militar de esta zona; menos aún acepta su derecho, como todo país soberano, a poseer su propia bomba atómica como elemento disuasivo, tal y como está la correlación de fuerzas y la unilateralidad del gendarme del mundo.
EE. UU. persiste en predominar estratégicamente en Medio Oriente, como ya lo dijera el propio Trump: “perder Medio Oriente es como perder una tercera guerra mundial”. Allí está el asunto de fondo, porque, como veremos, Medio Oriente —particularmente los Emiratos Árabes Unidos y la propia Arabia Saudí— es un hub de negocios financieros, energéticos, de tecnología, inteligencia artificial (IA), desarrollo y prueba de armamentos, tecnología satelital, etc.
En lo particular, Israel, aparte de ser el portaaviones de este gendarme, significa ciberseguridad, inteligencia artificial, defensa antimisiles, desarrollo militar avanzado, vigilancia electrónica e innovación médica y tecnológica. Muchos sistemas militares estadounidenses se desarrollan o prueban conjuntamente con Israel, así como también muchas de las mayores empresas estadounidenses tienen operaciones, centros de investigación, inversiones o alianzas estratégicas en todo Medio Oriente. Israel se ha convertido en uno de los principales polos tecnológicos del mundo.
Por ejemplo, tenemos a Intel con sus mayores centros de investigación, NVIDIA, Microsoft, Google, Apple, Amazon, Meta, Lockheed Martin, Boeing, RTX, Northrop Grumman, JPMorgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup, Palo Alto Networks, Cisco Systems, IBM, Oracle Corporation, etc.
Esa es la razón de por qué Trump planteó que perder Medio Oriente es como perder una tercera guerra mundial. Obvio, sería el colapso de EE. UU. y de su economía; a partir de allí se puede comprender la importancia de Israel y de Medio Oriente, el cual, según la consideración yanqui, es un asunto existencial y civilizatorio. A ese nivel llega la confrontación, razón por la cual hasta están dispuestos a usar la bomba atómica contra el pueblo de Irán.
Y desde un punto de vista de perspectiva amplia, desde la visión estratégica, el conflicto refleja la disputa del poder en Eurasia, entre EE. UU. y el bloque China-Rusia. Particularmente para los intereses de la OTAN, los recursos energéticos claves para Europa son vitales, al igual que la cuestión militar, comercial, las rutas y los accesos.
Parte de la contención a China por parte de EE. UU. es como cortarle la energía a esta superpotencia con el sueño de colapsarla económicamente, persistiendo en ese anhelo de hegemonía, de seguir siendo el gendarme del mundo a pesar de su declive irreversible.
Es cierto que el nudo de esta negociación, en medio de esta frágil tregua que acaba de romperse, tiene que ver con la presión de una AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) politizada, que ha venido desenvolviéndose instrumentalizada por los intereses de EE. UU. La última resolución, así como las anteriores, busca presionar a Teherán con afirmaciones infundadas de “incumplimiento” de sus obligaciones en materia nuclear, pretendiendo hasta prohibir el uso de la energía nuclear con fines pacíficos. El fondo del asunto es no permitir a Irán tener una bomba atómica, lo que, de concretarse, cambiaría toda la correlación de fuerzas. No obstante, su resistencia y combate, que debilitó con las armas que tiene esa influencia, lo cierto es que la situación pone en vilo a toda la economía mundial. Ya se habla de una aceleración hacia una recesión global y del aumento de la inflación por los altos costos del petróleo y sus derivados, dado que incrementa el precio del transporte, la electricidad, los fertilizantes y los alimentos. De hecho, dichos costos los seguirá pagando la clase trabajadora, que es quien realmente se lleva la peor parte.
Lo cierto es que el asunto no solo abarca a Medio Oriente. Como lo declarara Pete Hegseth (Departamento de Defensa), vienen por Cuba, por Nicaragua y por el mayor sometimiento de Venezuela; apuntan, como dije en anteriores estudios, a expulsar a China de todo el continente y aislar a Brasil para luego ir por él, dado que es miembro fundador de los BRICS. Es una ofensiva contra los países soberanos, sus líderes y hasta los movimientos sociales; es una ofensiva anticomunista en “su región”. Y parte de toda esa ofensiva es la criminalización de las luchas populares y de los movimientos sociales, así como la represión y el asesinato como parte de la “disuasión” para contener el desborde popular ante las miserables condiciones de vida a las que los ha sometido este sistema en crisis general.
11/06/2026

