Red de prensa popular latinoamericana

ESPECTÁCULO, REPRESIÓN Y RESISTENCIA EN LA LUCHA HISTÓRICA DEL PUEBLO MEXICANO EN EL SIGLO XX

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Ciudad de México, abril 26 de 2026

Presentación

En el marco de una visita reflexiva al Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la Universidad Nacional Autónoma de México, espacio emblemático de la memoria histórica del pueblo mexicano, un grupo de activistas y comunicadores realizó un proceso colectivo de análisis y debate en torno a la lucha de clases en México, América Latina y el escenario internacional actual.

Estas reflexiones se inscriben en un contexto global marcado por la profundización de las contradicciones del capitalismo en su fase imperialista, la reconfiguración del orden mundial y el despliegue de múltiples formas de dominación —económicas, políticas, militares y mediáticas— por parte de las potencias capitalistas e imperialistas. Al mismo tiempo, diversos pueblos del mundo, como Palestina, Cuba, Irán, Yemen, Líbano, Venezuela, entre otros, sostienen procesos de resistencia frente a estas injustas políticas de dominación, en un escenario internacional atravesado por la gran ley de la lucha de clases en macro.

En este contexto de reflexión crítica, y a partir de la carga simbólica e histórica de Tlatelolco, el colectivo centró su análisis en el movimiento estudiantil de 1968 en México, entendido no como un hecho aislado, sino como expresión concreta de la lucha de clases en un momento de crisis del régimen político de aquella coyuntura. Se abordó su capacidad organizativa, su carácter popular y su potencial transformador, así como la brutal respuesta estatal, que recurrió al terrorismo de Estado para preservar el orden dominante.

El presente ensayo es, por tanto, el resultado de este ejercicio colectivo de pensamiento crítico, elaborado de manera conjunta por Julio Gerardo Padilla Sánchez, Héctor Torres Vázquez, Carlos Alberto Jiménez Guadarrama, Alberto Gutiérrez Islas y Alex Chamán Portugal. Más que un trabajo individual, constituye una construcción reflexiva compartida que articula memoria histórica, análisis político y perspectiva crítica, con el propósito de comprender la dinámica de la dominación, las políticas de resistencia del movimiento obrero y popular en México y en el marco de la crisis que agobia al sistema capitalista global.

Introducción y contextualización

La lucha de clases en el escenario internacional, lejos de haber desaparecido como proclamaron los ideólogos burgueses del llamado “fin de la historia”, se ha intensificado y reconfigurado bajo nuevas formas en el capitalismo globalizado y su expresión neoliberal. La expansión del parasitario capital financiero, la creciente concentración monopólica y la profundización de la precarización del trabajo —junto al deterioro de las condiciones materiales de existencia de las mayorías— han agudizado las contradicciones entre el capital y el trabajo, generando oleadas de resistencia que recorren el planeta. Desde las rebeliones populares en África y Asia hasta las protestas masivas en América y Europa contra las políticas de austeridad, se evidencia que la conflictividad social no es una anomalía, sino una condición inherente al decadente sistema capitalista. Sin embargo, estas luchas enfrentan una ofensiva reaccionaria articulada por potencias imperialistas, que combinan intervenciones militares, guerra mediática y desestabilización política mediante crueles sanciones unilaterales, con el objetivo de contener y neutralizar cualquier proyecto emancipador. En este contexto, la lucha de clases adquiere un carácter abiertamente global, en el que las naciones oprimidas y los pueblos del mundo resisten no solo a sus burguesías nacionales y transnacionales, sino también a la fase imperialista del capitalismo, que recurre a múltiples mecanismos para perpetuar su dominación y hegemonía.

En América Latina, la lucha de clases se expresa como una confrontación histórica entre proyectos populares de emancipación y estructuras oligárquicas subordinadas al imperialismo, principalmente estadounidense. La región ha sido escenario de revoluciones, reformas profundas, y también de atroces contrarrevoluciones, por ejemplo: desde la experiencia socialista en Cuba hasta los golpes de Estado en el Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, etc., pasando por los procesos denominados progresistas del siglo XXI que intentaron una más justa redistribución de la riqueza y recuperar cierta soberanía. Pensadores revolucionarios como José Carlos Mariátegui ya advertían que la emancipación latinoamericana debía ser una creación heroica de los pueblos, arraigada en sus propias condiciones socio-históricas (Mariátegui, 1928/2007). Sin embargo, cada avance obrero y popular ha sido respondido con estrategias de opresión que combinan violencia reaccionaria directa, lawfare, control mediático, despojo de derechos y libertades demoliberales. Aun así, las resistencias persisten en los movimientos obreros, indígenas, campesinos, feministas, estudiantiles y otros que continúan disputando el sentido del poder, reafirmando que la historia latinoamericana no está clausurada, sino en permanente tensión entre emancipación y dominación.

En México, la lucha de clases se ha desarrollado bajo una forma muy compleja, marcada por la coexistencia de un Estado fuerte y una enorme desigualdad social. Merece especial interés las luchas agrarias de la Revolución Mexicana hasta el vigoroso movimiento estudiantil de 1968 y las resistencias posteriores, el conflicto entre las clases explotadoras y las explotadas ha sido constante. La despiadada masacre de Tlatelolco y la posterior Guerra Sucia evidencian que el Estado ha recurrido sistemáticamente a la violencia reaccionaria para preservar el injusto orden establecido, configurando lo que puede caracterizarse como terrorismo de Estado. Al mismo tiempo, el uso del espectáculo —como el Mundial de fútbol de 1970— fue instrumentalizado como efectivo mecanismo de control ideológico, desviando la atención de las contradicciones estructurales. No obstante, la memoria y la organización popular han mantenido viva la resistencia popular, reafirmando en la práctica su derecho histórico a la rebelión.

Hay momentos en la historia en que el poder no solo gobierna, sino también escenifica, puesto que construye una imagen de sí mismo que procura imponerse como realidad incuestionable. México, en las décadas centrales del siglo XX, se caracterizó por un régimen que combinó crecimiento económico con control político, estabilidad institucional con violencia selectiva, modernización con exclusión. Bajo el denominado “Milagro Mexicano”, se consolidó una forma particular de dominación en que un capitalismo dependiente es sostenido por un Estado fuerte, centralizado y autoritario.

Como advirtió Pablo González Casanova, la estructura política mexicana no respondía a los parámetros de una democracia liberal plena, sino a una democracia restringida, en que la participación popular era administrada y los márgenes de disidencia duramente limitados (González Casanova, 1965). El cuestionado Partido Revolucionario Institucional no era sencillamente un actor electoral, sino el eje articulador de una maquinaria de poder que integraba sindicatos, medios masivos de información, instituciones educativas y fuerzas de seguridad en una lógica de control total. Sin embargo, toda hegemonía —como lo planteó Antonio Gramsci— se distingue por ser inestable, ya que se sostiene en un equilibrio dinámico entre consenso y coerción. Y cuando ese equilibrio se fractura, emerge la crisis.

La irrupción del ejemplar movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil de 1968 no fue una anomalía aislada, sino la expresión visible de contradicciones socio-políticas acumuladas tanto a nivel nacional como internacional. En México, la severa represión contra obreros, campesinos, médicos y maestros dejó una huella profunda en la conciencia colectiva. Cada uno de esos episodios configuró una pedagogía política que evidenció que el Estado no actuaba como mediador neutral, sino como garante de un orden de clase explotador y opresor.

Referido proceso no puede comprenderse plenamente sin situarlo en el contexto de una oleada global de rebeliones juveniles y estudiantiles. En mayo del 68 en Francia, millones de estudiantes y trabajadores cuestionaron el sistema capitalista; en los Estados Unidos, el movimiento contra la Guerra de Vietnam articuló una poderosa crítica al imperialismo y al racismo estructural. De similar forma, en diversas regiones de Asia, América Latina y Europa, la juventud emergió como un actor político central que cuestionaba tanto las estructuras autoritarias como las palpables desigualdades inherentes al sistema.

En este escenario internacional de efervescencia, el crecimiento económico mexicano —presentado como símbolo de estabilidad— coexistía con profundas desigualdades estructurales y una sistemática negación de derechos y libertades. Fue en esa coyuntura que la juventud universitaria mexicana irrumpió como sujeto político, articulando demandas legítimas que implicaban una ruptura con el orden dominante. El pliego petitorio del movimiento —restitución de derechos, libertad de presos políticos, desaparición del cuerpo de granaderos y derogación del delito de disolución social— no planteaba aún una revolución socialista, pero sí constituía un cuestionamiento directo a las políticas antipopulares del régimen.

Así, el movimiento estudiantil mexicano se inscribe en una dinámica histórica más amplia en que la irrupción de una generación que, desde distintas latitudes, puso en tela de juicio la legitimidad de los inicuos sistemas políticos y económicos vigentes, revelando que la lucha de clases, lejos de extinguirse, adquiría nuevas formas y nuevos sujetos en la segunda mitad del siglo XX.

El Estado y la violencia como racionalidad política

La respuesta del Estado fue inmediata y brutal. La masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco (Plaza de las Tres Culturas, símbolo de la confluencia de las herencias prehispánica, hispánica y republicana) puede entenderse como una política deliberada y alevosa violatoria de los derechos fundamentales del pueblo movilizado, ya que, fue la expresión más descarnada de una práctica de poder que recurre a la violencia reaccionaria cuando percibe amenazada su estabilidad.

La operación represiva constituye un caso singular de terrorismo de Estado mediante el uso de la violencia para infundir miedo, desarticular organizaciones y disciplinar a la sociedad aplicando terror. Elena Poniatowska recoge en su testimonio una verdad irrefutable: “la noche de Tlatelolco no terminó con los disparos; continuó en el silencio impuesto” (Poniatowska, 1971, p. 58). Esta afirmación revela una dimensión central en que la represión no solo elimina y desaparece cuerpos, sino que intenta borrar significados.

Este tipo de violencia, además de ser irracional es profundamente funcional. Tal como señala Rita Segato, el terror estatal cumple una función pedagógica, ya que enseña a la sociedad los límites de lo permitido (Segato, 2016).

La construcción del enemigo interno

La Guerra Fría, expresión geopolítica de la confrontación entre el capitalismo y el socialismo, proporcionó al Estado mexicano el marco ideológico y político perfecto para justificar la atroz represión. Bajo la retórica anticomunista, erigida como doctrina de seguridad nacional al servicio de las clases explotadoras, cualquier forma de disidencia no solo tendía, sino que era sistemáticamente criminalizada. Así, el estudiante dejó de ser sujeto de derechos para convertirse en objetivo de vigilancia; el activista, en blanco legítimo de persecución; el pueblo organizado, en amenaza a neutralizar.

Este proceso de construcción del enemigo interno permitió legitimar prácticas que, en otras circunstancias, habrían sido inaceptables. Se institucionalizó así una maquinaria de terror, en que la vigilancia, el hostigamiento, la persecución, las detenciones, los encarcelamientos, las torturas, las violaciones y los asesinatos fueron normalizados como instrumentos cotidianos de dominación de clase. Estas acciones se presentaron como mecanismos de defensa nacional. Pero en realidad, no defendían a la nación, sino a una minoría privilegiada enquistada en el poder. No se trataba de resguardar la soberanía, sino de preservar un orden social injusto, profundamente desigual y estructuralmente violento al servicio del capital nacional y transnacional.

Papel de los medios masivos de información

La represión física a los manifestantes fue acompañada por una operación simbólica igualmente eficaz, puesto que los grandes medios de manipulación —orgánicamente vinculados a los intereses del poder vigente— no solo omitieron la verdad, sino que la sustituyeron. Construyeron una narrativa oficial destinada a encubrir el crimen y a deslegitimar la protesta popular.

Carlos Monsiváis lo expresó con claridad al afirmar que la prensa no informó sobre Tlatelolco; administró el silencio (Monsiváis, 1970). Al hacerlo, se convirtió en un actor clave en la reproducción de la hegemonía. No fue un error ni una omisión involuntaria, sino una función estructural dentro del aparato ideológico del Estado.

Frente a ese cerco informativo, el poderoso movimiento estudiantil desarrolló sus propias formas de comunicación a través de brigadas, volantes, prensa alternativa, entre otras. Estas prácticas no eran simplemente informativas, sino profundamente políticas, porque rompían el monopolio burgués de la palabra y devolvían al pueblo su capacidad de nombrar la realidad. En ellas se gestaba una contrahegemonía, expresada en una narrativa insurgente que desafiaba frontalmente el control estatal del sentido y de la verdad.

El espectáculo instrumentalizado como encubrimiento

El Estado mexicano, especialmente a partir de 1968, no actuó de manera aislada ni reactiva, sino como parte de una estructura de dominación de clase que combinó feroz represión y control ideológico para preservar un orden sumamente desigual. La masacre de Tlatelolco no fue un exceso, sino una expresión deliberada de terrorismo de Estado, legitimada mediante la construcción del “enemigo interno” bajo la lógica anticomunista de la Guerra Fría. En este marco, estudiantes y sectores organizados del pueblo fueron criminalizados, perseguidos, encarcelados, torturados y eliminados como parte de una estrategia de disciplinamiento social.

A esta violencia material se sumó una operación simbólica igualmente eficaz en que los medios masivos de manipulación actuaron como aparatos ideológicos al servicio del poder, ocultando la verdad y construyendo una narrativa funcional al régimen. Paralelamente, el Estado desplegó el espectáculo —particularmente los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de 1970— como mecanismo de encubrimiento y recomposición de legitimidad, proyectando una imagen de modernidad y estabilidad mientras profundizaba prácticas sangrientas de contrainsurgencia. El espectáculo sustituyó la realidad, ocultando la violencia estructural tras una escenificación de normalidad.

La articulación entre represión, manipulación mediática y espectáculo evidencia que el poder reaccionario no solo se sostiene por la fuerza, sino también por su capacidad de moldear la conciencia social. No obstante, frente a esta maquinaria de dominación, el movimiento estudiantil y los sectores populares generaron formas de resistencia y contrahegemonía que mantuvieron viva la memoria histórica y reafirmaron, en la práctica, el derecho del pueblo a la rebelión frente a un orden injusto.

 

Entre la paz simulada y la violencia real

El México de 1968 no era un país en paz; era, un país sometido al silencio. La estabilidad que el Estado exhibía no respondía a un equilibrio social legítimo, sino a una combinación calculada de coerción y consenso, en que la brutal represión se articulaba con el espectáculo para sostener una apariencia de normalidad. Cuando ese frágil equilibrio fue desafiado por la irrupción del movimiento estudiantil, el poder reaccionó sin ambigüedades, revelando su verdadera naturaleza de constituirse en un aparato dispuesto a ejercer la violencia extrema para preservar el orden dominante.

La historia no se agota en la represión. La experiencia del 68 dejó una huella indeleble que trascendió a quienes la vivieron directa o indirectamente, proyectándose sobre las generaciones posteriores como una memoria activa de lucha. Fue, una derrota en el plano inmediato, pero también una victoria en el terreno de la conciencia histórica y la movilización popular. Los procesos históricos no se miden únicamente por sus resultados inmediatos, sino por las condiciones que generan para las luchas futuras, y en ese sentido, el 68 abrió una grieta irreversible en la hegemonía del poder concretada en las crecientes luchas y resistencias populares.

La lógica de la manipulación y alienación

Esta operación puede comprenderse como un proceso de alienación funcional al sistema. La energía social que podría orientarse hacia la crítica, la organización y la transformación estructural es desviada hacia el consumo pasivo de imágenes, emociones y espectáculos. Se produce así una desideologización y despolitización de las masas, donde la experiencia colectiva es reemplazada por una vivencia mediada, fragmentada y controlada.

El problema no radica en el fútbol como práctica popular, sino en su apropiación por parte de las inicuas estructuras de poder, que la instrumentalizan ideológicamente y lo convierten en mercancía al servicio de la dominación. En este sentido, el Mundial de 1970 operó como una válvula de escape cuidadosamente diseñada que permitió descomprimir tensiones sociales, reforzar una identidad nacional funcional al régimen y, al mismo tiempo, desplazar la atención de la lucha de clases que atravesaba al país. No fue un fenómeno espontáneo ni neutral; puesto que, ante todo, fue una operación política deliberada.

Contrainsurgencia y simulación de apertura en el México post-1968

El gobierno de Luis Echeverría Álvarez desplegó una estrategia dual que se manifiesta con nitidez la contradicción del poder burgués en crisis. Por un lado, incorporó en el plano discursivo ciertas demandas de las organizaciones sociales y populares, apropiándose de consignas como justicia social, progreso, desarrollo y participación en un intento por recomponer una legitimidad severamente erosionada tras los luctuosos sucesos de 1968. Por otro lado, reforzó e intensificó los mecanismos de control, vigilancia, persecución y represión contra los sectores consecuentes que no podían ser cooptados ni integrados al orden opresor, demostrando que la apertura proclamada no era más que una maniobra táctica de contención.

Esta lógica alcanzó su expresión más atroz el 10 de junio de 1971, con la masacre conocida como el Halconazo, en que la movilización estudiantil fue atacada por el grupo paramilitar “Los Halcones”, entrenado, financiado y protegido por el propio Estado, lo que dejó al descubierto la naturaleza estructural de la violencia. El mensaje dejaba en evidencia que la participación popular era tolerada únicamente dentro de los márgenes definidos por el poder vigente, y cualquier intento de organización autónoma del pueblo sería reprimido sin contemplaciones.

Como advierte Adolfo Gilly, este periodo puede entenderse como una fase de contrainsurgencia preventiva, en la que el Estado no espera la irrupción de la rebelión, sino que actúa anticipadamente para sofocar sus condiciones de posibilidad (Gilly, 2006). De este modo, la represión deja de ser episódica y se transforma en estructural, sistemática y anticipatoria, consolidando un modelo de dominación que articula violencia directa con control ideológico.

La institucionalización del terror la Guerra Sucia

A partir de los 1970, la violencia estatal en México se robustece y adquiere mayor complejidad, puesto que se consolida lo que posteriormente sería denominado la “Guerra Sucia” que se caracterizará por ser una política sistemática de estigmatización, persecución, encarcelamiento, aniquilamiento, tortura, asesinato y disciplinamiento dirigida contra organizaciones guerrilleras, movimientos populares y toda forma de disidencia política. No se trató de excesos aislados, sino de una estrategia diseñada e implementad por el Estado orientada a aplastar cualquier proyecto de transformación social estructural.

En este periodo, las desapariciones forzadas, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la existencia de cárceles clandestinas se convierten en prácticas recurrentes y normalizadas al interior del aparato estatal. El poder represivo ya no opera únicamente a través de sus instituciones visibles, sino también mediante pérfidas redes encubiertas, estructuras paramilitares y operaciones clandestinas que garantizan la impunidad. En este contexto, el terrorismo de Estado deja de ser una categoría abstracta para convertirse en una realidad concreta y verificable en la experiencia histórica mexicana.

Como señala Rita Segato, este tipo de violencia no solo elimina físicamente a los cuerpos disidentes, sino que cumple una función disciplinaria más profunda, ya que produce sujetos atravesados por el miedo, restringe la acción colectiva y fragmenta el tejido social (Segato, 2016). En México, esta pedagogía del terror dejó una marca duradera, configurando generaciones enteras condicionadas por la autocensura, la desconfianza y la inhibición política.

Resistencias y fisuras en la hegemonía

La realidad demuestra que la hegemonía nunca es total ni definitiva. A pesar del despliegue del espectáculo y de la estrategia de control, persistieron fisuras desde las cuales se articularon formas de resistencia. Intelectuales críticos, artistas, organizaciones estudiantiles y movimientos populares mantuvieron viva la memoria de Tlatelolco, denunciaron la inmisericorde represión y cuestionaron la narrativa oficial impuesta por el Estado y sus aparatos ideológicos.

En términos de Antonio Gramsci, se trató de una guerra de posiciones mediante una disputa prolongada en el terreno cultural, político e ideológico, en que cada espacio —una universidad, una publicación, una movilización— se convierte en un campo de lucha (Gramsci, 1971). Estas resistencias no lograron revertir de inmediato la correlación de fuerzas, pero sí impidieron el cierre absoluto del campo político, manteniendo abierta la posibilidad histórica de nuevas irrupciones populares.

 

Conclusión la fiesta como forma de gobierno

Los Juegos Olímpicos de México 1968 y el Copa Mundial de la FIFA México 1970 no fueron simples celebraciones deportivas, sino mecanismos estratégicos para restaurar el orden social tras la crisis abierta por la ejemplar e histórica lucha del Movimiento estudiantil de 1968 en México. A través del espectáculo, el Estado mexicano proyectó una imagen de modernidad y estabilidad, mientras encubría la persistencia de la feroz represión y la violencia estructural.

La normalidad y estabilidad construida desde la fiesta fue, sin embargo, profundamente precaria, ya que no expresaba una resolución de las estructurales contradicciones sociales, sino su desplazamiento simbólico y su contención política. En este sentido, el poder no solo operó valiéndose de la coerción, sino también a través de la seducción ideológica, la escenificación y la producción de consenso.

No obstante, el espectáculo tiene límites porque solamente puede ocultar momentáneamente la conflictividad social, mas no eliminarla. Cuando la lucha de clases reaparece —como en 1971 y en ciclos posteriores de conflicto—, se evidencia que bajo la superficie festiva persisten las condiciones que hacen posible la inevitabilidad de la protesta. Allí radica la enseñanza histórica en que toda estrategia de dominación que combine represión y espectáculo contiene, en su propia contradicción, la posibilidad latente de la rebelión popular.

Referencias
Debord, G. (2008). La sociedad del espectáculo. Pre-Textos. (Obra original publicada en 1967).

Galeano, E. (2004). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1971). Gilly, A. (2006). El cardenismo, una utopía mexicana. Ediciones Era.

González Casanova, P. (1965). La democracia en México. Ediciones Era.

Gramsci, A. (2009). Cuadernos de la cárcel (Vols. 1–6). Ediciones Era. (Obra original publicada entre 1929–1935).

Hobsbawm, E. (1998). Historia del siglo XX. Crítica.Mariátegui, J. C. (2007). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho. (Obra original publicada en 1928).

Marcuse, H. (1969). El hombre unidimensional. Joaquín Mortiz.

Monsiváis, C. (1970). Días de guardar. Ediciones Era.

Monsiváis, C. (2008). El 68, la tradición de la resistencia. Ediciones Era.

Poniatowska, E. (2014). La noche de Tlatelolco. Ediciones Era. (Obra original publicada en 1971).
Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.

Vega Cantor, R. (2015). La universidad de la ignorancia: Capitalismo académico y mercantilización de la educación superior. Ocean Sur.

Wallerstein, I. (2005). Análisis de sistemas-mundo: una introducción. Siglo XXI Editores.

Zibechi, R. (2007). Dispersar el poder: los movimientos como poderes antiestatales. Tinta Limón.

Zermeño, S. (1978). México: una democracia utópica. El movimiento estudiantil del 68. Siglo XXI Editores.

México: Mujeres comunicadoras fortalecen redes comunitarias en encuentro nacional en Puebla

Por: Quetzali Sarabia, vocera del estado de Puebla ante el CONAICOP México

San Bernardino Tlaxcalancingo, Puebla, 19 de abril de 2026

En la comunidad náhua de San Bernardino Tlaxcalancingo, perteneciente al municipio de San Andrés Cholula, se llevó a cabo el Primer Encuentro de Mujeres Comunicadoras, convocado por la Radio Cholollan, los días 18 y 19 de abril, reuniendo a cerca de 90 participantes provenientes de distintas regiones de México.

El encuentro destacó por su carácter autogestivo y comunitario. Las asistentes fueron acogidas por familias de la localidad, quienes brindaron alimentación y alojamiento, reafirmando el papel de la solidaridad como base organizativa de los procesos de comunicación popular.

Durante las jornadas se desarrollaron ceremonias tradicionales, talleres, espacios de formación, intercambio de experiencias y actividades culturales. Estos espacios no solo permitieron fortalecer capacidades técnicas, sino también reflexionar colectivamente sobre el papel de la comunicación en la defensa de los territorios, la preservación de las identidades y la construcción de narrativas propias desde los pueblos originarios.

Uno de los ejes centrales del encuentro fue la crítica a los modelos dominantes de comunicación. Las participantes coincidieron en señalar que, frente a los medios hegemónicos que reproducen desinformación y visiones ajenas a las realidades comunitarias, la comunicación comunitaria se configura como una herramienta fundamental para fortalecer el tejido social, recuperar la memoria histórica y visibilizar las luchas de los pueblos.

Asimismo, se abordaron los múltiples desafíos que enfrentan las mujeres comunicadoras, entre ellos la violencia estructural, la criminalización, las desigualdades de género y las condiciones precarias en el ejercicio comunicativo. Frente a ello, se destacó la importancia de consolidar redes de apoyo, espacios seguros y estrategias colectivas que permitan sostener y proyectar estos procesos.

El encuentro concluyó con el compromiso de dar continuidad a este espacio mediante una segunda edición que se realizará en el estado de Oaxaca, consolidando así una articulación nacional de mujeres comunicadoras comunitarias.

En su pronunciamiento final, las participantes reafirmaron su compromiso con una comunicación libre, comunitaria y emancipadora, orientada a la defensa de la vida, los territorios y las culturas de los pueblos.

¡Justicia para las personas comunicadoras comunitarias asesinadas!

¡Alto a la criminalización de la comunicación comunitaria!

¡Defensa de los territorios y de los pueblos originarios!

LA COLONIZACIÓN MUSICAL EN EL ASPECTO EMOCIONAL DE LOS ESTUDIANTES Y SU INFLUENCIA EN EL APRENDIZAJE

Autor: Aníbal Tarifa Ferrano

RESUMEN

Este artículo analiza la necesidad de descolonizar la educación musical en las escuelas y, a través de ello, transformar las emociones personales. Se reconoce que la colonización ha influido en el surgimiento de la tristeza y la melancolía, debido a la opresión colonial, lo que restringe la expresión emocional positiva y dificulta el aprendizaje en los estudiantes. Como respuesta a ello, se propone implementar la música y la práctica instrumental desde el área de educación musical en tonalidades mayores, para promover emociones positivas y mejorar el aprendizaje.

Desde el enfoque teórico, se explora cómo la música afecta las emociones y regula la dimensión afectiva. También se revisa la dicotomía entre tonos mayores y menores, enfatizando el tono mayor, generalmente asociado con la alegría, y la tonalidad menor, vinculada con la tristeza. Además, se incorporan las teorías de Howard Gardner sobre las inteligencias múltiples y las investigaciones de la neurociencia de Francisco Mora, que destacan el rol fundamental de las emociones en el proceso de aprendizaje.

El estudio contextualiza el problema en América Latina, especialmente en la región andina de Bolivia, donde la colonización musical ha alterado la identidad cultural de estos pueblos. La imposición de estructuras musicales eurocéntricas ha llevado a la predominancia de la tonalidad menor en el contexto andino, reflejando una historia de sumisión y pérdida cultural.

Como estrategia, se plantea la creación de espacios educativos donde la música se utilice para fortalecer el desarrollo emocional positivo, a partir de la enseñanza en tonalidades mayores, con el fin de descolonizar la música asociada a la tristeza y la melancolía, y promover un aprendizaje más productivo.

Palabras clave: Emociones, descolonización, modulación musical, modo musical.

ABSTRACT

This article analyzes the need to decolonize music education in schools and, through it, transform personal emotions. It is recognized that colonization has influenced the emergence of sadness and melancholy due to colonial oppression, which restricts positive emotional expression and hinders learning in students. In response, we propose implementing music and instrumental practice in major keys to promote positive emotions and improve learning.

From a theoretical perspective, we explore how music affects emotions and regulates affective aspects. We also review the dichotomy between major and minor keys, emphasizing the major key, generally associated with joy, and the minor key with sadness. Additionally, we examine Howard Gardner’s theory of multiple intelligences and Francisco Mora’s neuroscience research, which highlight the fundamental role of emotions in the learning process.

The study contextualizes the problem in Latin America, especially in the Andean region of Bolivia, where musical colonization has altered the cultural identity of these peoples.

Keywords: Emotions, decolonization, musical modulation, musical mode.

INTRODUCCIÓN

La música juega un papel importante en la vida emocional de los estudiantes, por lo que las instituciones educativas deben promover su uso como un medio de desarrollo personal y social. La música se estructura en tonalidades mayores o menores, donde el modo mayor está relacionado con la alegría y el modo menor con la tristeza. Diversos estudios muestran que la modulación hacia tonos mayores puede fortalecer las emociones positivas y mejorar el rendimiento académico de los estudiantes en el aula.

También existen enfoques basados en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner y en los avances de la neurociencia de Francisco Mora, que proporcionan un marco teórico para comprender el impacto de la música en la educación.

En América Latina, especialmente en Bolivia, la colonización musical ha afectado la identidad cultural y emocional, imponiendo estructuras musicales europeas que han contribuido a la predominancia de tonalidades menores, asociadas con la tristeza y la melancolía.

Este estudio plantea la necesidad de descolonizar la música en el ámbito educativo, promoviendo el uso de tonalidades mayores para generar emociones positivas y mejorar el proceso de aprendizaje. La implementación de espacios educativos donde la música se utilice de manera consciente permite contrarrestar las consecuencias de la colonización musical y fomentar un aprendizaje más enriquecedor.

Los objetivos de este estudio son: descolonizar la música occidental como acción de liberación frente a la opresión para mejorar el aprendizaje; implementar la modulación musical en tonalidad mayor para promover emociones positivas; y fomentar el desarrollo de la inteligencia musical en los estudiantes.

La estructura del trabajo se organiza en cinco secciones: Primero, se analiza la importancia de las emociones en el aprendizaje; segundo, el impacto de las tonalidades; tercero, el papel de la neuroeducación; cuarto, la teoría de Gardner; y quinto, la colonización musical y sus implicaciones educativas.

METODOLOGÍA

La música desempeña un papel importante en la vida emocional de los estudiantes en el entorno escolar. Su impacto va más allá del entretenimiento, ya que influye en el bienestar emocional y en la autorregulación personal.

Según Caballero Meneses (2010), existen dos posiciones principales sobre la relación entre música y emociones: la cognitiva y la emotivista. La primera sostiene que la música transmite emociones que pueden ser reconocidas sin ser necesariamente experimentadas; la segunda plantea que la música induce emociones reales en los oyentes.

En el contexto educativo, esto implica que la música puede utilizarse como herramienta para fortalecer el estado de ánimo, reducir la ansiedad, mejorar la concentración y promover la motivación. Asimismo, favorece la cohesión grupal y el sentido de comunidad.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Es fundamental analizar críticamente los resultados en relación con la colonización musical en América Latina, reconociendo tanto sus efectos como sus implicaciones en el ámbito educativo.

La colonización del pensamiento musical desde el siglo XVI implicó no solo el silenciamiento de repertorios originarios, sino también la imposición de una concepción eurocéntrica de la música (Shifres & Gonnet, 2015).

En la región andina de Bolivia, la predominancia de tonalidades menores refleja una carga histórica vinculada a procesos de dominación y transformación cultural. Esta característica melancólica puede interpretarse como una expresión simbólica de experiencias históricas colectivas.

Desde una perspectiva crítica, se plantea la necesidad de descolonizar la educación musical, incorporando saberes originarios y promoviendo una identidad cultural más sólida.

CONCLUSIONES

La música desempeña un papel fundamental en el desarrollo emocional y en el aprendizaje de los estudiantes. Su influencia trasciende el ámbito artístico, impactando directamente en la regulación emocional y en la construcción de entornos educativos favorables.

La relación entre tonalidad y emoción evidencia que las tonalidades mayores tienden a generar sensaciones positivas, mientras que las menores se asocian con la melancolía. No obstante, esta relación no es absoluta, ya que intervienen factores culturales y contextuales.

Desde la neurociencia, se confirma que la música activa áreas cerebrales vinculadas con la emoción y la motivación, lo que la convierte en una herramienta educativa poderosa.

Asimismo, es necesario reconocer el impacto de la colonización musical en América Latina, la cual ha influido en la percepción emocional y en la identidad cultural. En este sentido, la educación musical debe orientarse hacia enfoques más inclusivos y descolonizadores.

Finalmente, la música debe ser considerada un recurso esencial en la educación, capaz de fortalecer tanto el rendimiento académico como el desarrollo emocional de los estudiantes.

RED POPULAR DE PRENSA LATINOAMERICANA

PRONUNCIAMIENTO CONTINENTAL


¡Contra el Gobierno neoliberal, la criminalización de la protesta y la brutal represión!

Bolivia, 23 de abril de 2026

A los pueblos de Nuestra América y a la opinión pública internacional:

La Red de Prensa Popular Latinoamericana denuncia con firmeza y sin ambigüedades el carácter enormemente antinacional, antipopular, neoliberal y represivo del actual gobierno boliviano, encabezado por Rodrigo Paz, cuya gestión se ha alineado abiertamente con los intereses del genocida imperialismo estadounidense, subordinando la soberanía nacional a políticas injerencistas que históricamente han saqueado y sometido a nuestros pueblos.

Este gobierno no solo aplica un repudiado recetario económico neoliberal que golpea brutalmente a las grandes mayorías —como lo demuestra el llamado “gasolinazo”, que ha disparado el costo de vida—, sino que además avala y legitima las políticas expansionistas, colonialistas y genocidas del régimen sionista de Israel, colocándose de espaldas a la dignidad de los pueblos del mundo que luchan contra la opresión.

A nivel nacional, asistimos a una peligrosa tentativa de restaurar prácticas propias del terrorismo de Estado, características de los regímenes neoliberales del pasado, como el oscuro periodo del narco-gobierno de Jaime Paz Zamora. No es casual que hoy el Ministerio de Gobierno esté en manos de Marco Antonio “Tuco” Oviedo, personaje vinculado históricamente a estructuras de poder cuestionadas, con antecedentes en el manejo discrecional de recursos de seguridad, denuncias por irregularidades en la adquisición de pertrechos policiales y su cercanía a círculos salpicados por el escándalo de los llamados “narcovínculos” de los años noventa.

La reciente represión indiscriminada y brutal contra los maestros urbanos y rurales en la ciudad de La Paz, particularmente en la plaza Murillo, constituye una evidencia contundente de esta deriva autoritaria. La utilización de gases lacrimógenos y la violencia policial excesiva contra trabajadores de la educación que exigen derechos legítimos —salario digno, mayor presupuesto y condiciones adecuadas— es una afrenta intolerable contra el batallador pueblo boliviano.

Pero la represión no se detiene allí. Denunciamos también el amedrentamiento y las restricciones contra periodistas y comunicadores populares, a quienes se pretende silenciar para ocultar la magnitud del conflicto social y la violencia estatal. Intentan imponer el miedo para acallar la verdad.

Asimismo, alertamos acerca de una estrategia reaccionaria orientada a destruir al sindicalismo consecuente, combativo y clasista, mediante la promoción del paralelismo sindical que pretende imponer estructuras amarillistas, traidoras y obsecuentes al poder, cuyo único objetivo es fragmentar la organización popular y debilitar la capacidad de lucha de los trabajadores.

Sin embargo, la historia de Bolivia no es la historia de la sumisión. Es la historia de un pueblo digno, combativo y consciente, que ha sabido defender con firmeza y resolución sus conquistas laborales y sociales. Es el mismo pueblo que derrotó y expulsó a gobiernos neoliberales entreguistas, como el de Gonzalo Sánchez de Lozada y sus cómplices vendepatrias.

Hoy, como ayer, el pueblo boliviano sabrá resistir y vencer.

Desde la Red Popular de Prensa Latinoamericana afirmamos con claridad:

¡No a la criminalización de la protesta popular!
¡No a la represión estatal!
¡No al paralelismo sindical!
¡No a la injerencia imperialista y sionista!

Y reafirmamos nuestra convicción de que solo la organización consciente y la lucha de los pueblos garantizarán la soberanía, la justicia social y la democracia popular en nuestra América.

Red de Prensa Popular Latinoamericana

PERÚ ¿FRAUDE, FRAUDE, FRAUDE?

Richard González

El desenlace de lo que sucede en las elecciones de 2026 en el Perú no es casual ni fortuito. Viene desde el referéndum, cuando la voluntad popular decidió votar en contra de la bicameralidad; sin embargo, esa voluntad o soberanía popular, una vez más, es anulada por decisión de las corporaciones tanto nacionales como extranjeras, ejecutada por sus representantes en el Congreso.

Desde entonces ya se venía preparando un escenario en el que, en caso de que ganara un proyecto “nacionalista, progresista, democrático” que sirva al pueblo, la nación y la patria, este no pudiera iniciarse, y menos aún consolidarse como proyecto nacional. Por tanto, se buscó tener el control del Parlamento, aun cuando la tradición del presidencialismo ya se estaba debilitando en los hechos, para luego continuar ese control corporativo por medio de un parlamentarismo que se instalaba de facto.

¿Cuál es el plan de las corporaciones imperialistas? No perder ni permitir alterar en lo más mínimo el saqueo de todo un país, tanto por las corporaciones nativas como extranjeras, dado que la exigencia popular viene desde hace mucho tiempo; por ejemplo, la demanda de una nueva Constitución, vía Asamblea Constituyente, donde se aborde como agenda principal el cambio del capítulo económico, clave para pensar mínimamente en un Estado soberano, con independencia y autodeterminación.

La elección del profesor Pedro Castillo tiene esa profundidad, es decir, su significado y contenido van más allá de la figura del propio Pedro Castillo. Razón por la cual terminaron dándole un golpe de Estado desde el Parlamento. De facto, es el parlamentarismo el que tiene más poder, y así se ha instalado. Por esa razón, la bicameralidad reaparece, volviéndose la elección presidencial un mero formalismo.

Pero las corporaciones, junto a sus operadores, quieren todo el control, aun cuando existe una correlación de fuerzas que crece en favor de los grandes cambios que el pueblo demanda. La ultraderecha cavernaria necesita y quiere todo el control. Estos enemigos del pueblo, la nación y la patria se colocaron en un escenario de pánico, dado que porcentualmente los poderes del Estado tenían un rechazo generalizado; ni qué hablar del Parlamento, con un 95% de desaprobación.

Por esa razón, planificaron usar todos los medios posibles (la compra de votos, generar desconfianza en el sufragio, poner en cuestión la institucionalidad, etc.) para, al menos, mantener el control del Parlamento. Pero todo indica que se habían preparado para “patear el tablero” electoral, dado que era un escenario adverso para sus intereses. Ellos, los enemigos del pueblo, prepararon un fraude con antelación, para luego culpar a las “izquierdas”, “caviares” o “algún funcionario” del desastre que hoy aparece ante los ojos de las masas.

Ellos, los enemigos del pueblo, la nación y la patria, no quieren “elecciones libres y soberanas”; no están en ese “juego”. Incluso, el escenario por el que apostaban no solo era el desconocimiento de las elecciones, sino generar caos para que luego las Fuerzas Armadas tomen el control del Estado abiertamente, o configurar una competencia electoral entre ultraderecha y ultraderecha.

Por tanto, todo este proceso es una farsa, una imposición autoritaria de la voluntad hegemónica de una clase (la opresora) contra todo un pueblo y una nación en su conjunto. El asunto de fondo de este ensayo es hasta qué punto el pueblo tolera ese autoritarismo.

No es casual el derecho penal del enemigo, la persecución y la criminalización de las luchas populares; todo tiene sentido, para luego replicarlo en otros países.

Recordemos que todo el continente es una arena de contienda de las superpotencias. La ultraderecha rancia juega a los intereses de EE. UU., a quienes no les interesa si este país se convierte en una colonia abierta o en un protectorado.

Las masas organizadas en un solo frente de lucha antiimperialista y de liberación nacional, al final, tienen la palabra y son quienes determinarán su destino y su futuro.

22/04/2026

¿POR QUÉ EL FUJIMONTESINISMO REEDITADO 2.0 CONTINÚA SIENDO UNA MAFIA POLÍTICA QUE AMENAZA AL PERÚ?

(Primera Parte)

Por: Alex A. Chamán Portugal

Origen, continuidad y captura del poder

Referirse a la mafia fujimontesinista en el Perú no es referirse a un episodio del pasado, puesto que no es historia cerrada ni capítulo superado. Es, más bien, enfrentarse a una avezada estructura viva de poder, que ha sabido mutar, reciclarse y adaptarse para seguir operando en el corazón mismo del caduco Estado. Lo que ayer fue dictadura reaccionaria abierta, hoy se presenta con ropaje democrático; lo que antes fue maquinaria represiva directa, ahora se ejerce a través del control institucional, ya que ha logrado asaltar todos los poderes e instituciones estatales, por consiguiente, ejerce eficazmente la manipulación política y la captura descarada de la legalidad.

Esa continuidad gansteril no es casual, pues tiene nombres, tiene métodos siniestros y tiene objetivos perversos contra la nación y las mayorías populares. Y en el centro de esta reconfiguración aparece la figura de Keiko Fujimori, lideresa de una organización criminal, heredera de la depravada dupla Fujimori-Montesinos, por tanto, de una forma de hacer política neoliberal que arrastra consigo uno de los legados más tenebrosos de la historia republicana del Perú.

Una matriz de origen: crimen, corrupción y autoritarismo

Para comprender el presente, resulta imprescindible mirar de frente ese pasado igualmente desastroso. El régimen encabezado por el genocida Alberto Fujimori y operado en las sombras por el agente de la CIA Vladimiro Montesinos no fue simplemente un gobierno marcado por errores o excesos. Fue, en esencia, la edificación de un sistema organizado de poder mafioso que, además de encarnar a la lumpen burguesía peruana y a sus esbirros, actuó como instrumento de los intereses del imperialismo estadounidense y de las empresas transnacionales depredadoras.

Las pruebas son abrumadoras y no admiten relativización:

  • Las masacres de Barrios Altos y de la universidad La Cantuta, ejecutadas por el grupo Colina de las Fuerzas Armadas, constituyen crímenes de lesa humanidad.
  • La política de esterilizaciones forzadas contra cientos de miles de mujeres, especialmente campesinas e indígenas, reduciendo sus cuerpos a instrumentos de una lógica de control social.
  • El autogolpe de 1992 quebró el orden democrático liberal, subordinando el Congreso, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y Policiales, así como, los organismos de control a la voluntad de los golpistas fujimontesinistas.
  • La corrupción generalizada y negociados de todo tipo no fueron un fenómeno aislado, sino una práctica estructural que se expresó en compra de congresistas, manipulación de jueces, sometimiento de medios masivos de manipulación, colaboración de arzobispos, etc.  

Los denominados “vladivideos” no solo evidenciaron actos de corrupción, sino también revelaron la existencia de una maquinaria mafiosa que se apoderó de todo el aparato estatal, en que el Estado dejó de ser un instrumento público para convertirse en botín disputado por organizaciones criminales.

De la dictadura reaccionaria al parlamentarismo mafioso

Quienes pensaron que la caída del régimen mafioso en el año 2000 significaba el fin del fujimontesinismo subestimaron su capacidad de recomposición, ya que, lejos de desaparecer, esta estructura delincuencial encontró nuevas formas de reproducción.

En su versión actual, el fujimontesinismo ha trasladado su eje de acción hacia el repudiado Congreso, el putrefacto sistema judicial y los mercenarios espacios de poder mediático. A diferencia de los noventa ya no necesita tanques en las calles; le basta con delictivas mayorías parlamentarias, operadores judiciales pro crimen y millonarias campañas de desinformación.

Durante el periodo 2016–2019, con control absoluto del Congreso Unicameral, la mafia neoliberal bloqueó, confrontó y desestabilizó, o sea, ejerció su poder mediante la censura sistemática de ministros, el sabotaje a reformas anticorrupción y la confrontación permanente con el Ejecutivo. Ojo que no fueron errores políticos, sino parte de una estrategia orientada a vaciar de contenido la gobernabilidad burguesa para controlar el poder hegemónicamente y desatar su nefasto accionar.

El resultado fue una crisis institucional que culminó en la disolución del repudiado Congreso. Se trataba de la recaptura del Estado y sus instituciones.

Keiko Fujimori y la construcción del pacto mafioso

La figura de la despreciable Keiko Fujimori no representa una renovación, sino una continuidad directa del modelo fujimontesinista. Las investigaciones fiscales no dejan lugar a dudas acerca de la gravedad de las acusaciones:

  • Liderazgo de una organización criminal vinculada al lavado de activos y otros.
  • Financiamiento ilegal de campañas electorales (2011 y 2016) por lumpen empresarios, incluyendo aportes ocultos del caso Odebrecht, etc.
  • Estrategias tramposas de obstrucción a la justicia valiéndose de manipulación de testigos, ocultamiento de información, interferencia en procesos judiciales, etc.

No se trata de errores individuales, menos de hechos aislados. Se trata de un patrón en que se prostituye la política para convertirla en politiquería y fabricar mecanismos de encubrimiento y reproducción de redes criminales. A esto se suma la negativa persistente y descarada a deslindar claramente del pasado mafioso. La relativización del terrorismo de Estado a través de genocidios, masacres, esterilizaciones, persecuciones, encarcelamientos, torturas, violaciones, descuartizamientos, incineraciones de los años noventa no es solo una postura ideológica, sino que es una clara señal de continuidad ética con prácticas totalitarias.

La captura del Estado, sus poderes e instituciones

Hoy, el peligro de la mafia fujimontesinista y demás organizaciones criminales radica en consolidar el control integral del aparato estatal. No se trata ya de influir o participar en la política, sino de continuar subordinando todas las instituciones a una lógica de poder concentrado, en que:

  • El Congreso actúa como escudo de impunidad.
  • El poder judicial opera al servicio de las mafias.
  • La prensa mercenaria construye narrativas funcionales al poder.
  • Los intereses económicos de la lumpen burguesía deciden la agenda nacional.

El peligro es inminente, ya que esta organización criminal ha copado las instituciones del Estado y tiene la capacidad operativa para consumar el robo electoral. Recurren a esta táctica porque enfrentan el repudio abrumador de una ciudadanía que -en Costa Sierra, Selva y en el extranjero- los señala como los principales responsables de la descomposición de la sociedad y el Estado. Fieles a su libreto, cuando los resultados electorales no les favorecen, gritan fraude; exactamente como lo hicieron en 2021 con acusaciones sin ningún sustento.

Entre el repudio popular y la persistencia del poder

Existe una contradicción evidente que marca el escenario político actual, en que mientras amplios sectores de la población expresan rechazo hacia Keiko Fujimori, el fujimontesinismo mantiene capacidad real de poder por las razones antes precisadas. Esta contradicción solamente se explica si entendemos que no estamos frente a una fuerza política convencional, sino ante una estructura mafiosa que trasciende lo electoral, que se sostiene en ilegales redes de influencia, turbias alianzas económicas y severo control institucional. En otras palabras, su fuerza no proviene únicamente de votos, sino de su capacidad de operar dentro del Estado, incluso cuando pierde legitimidad social.

Lo que está en disputa en el Perú es la confrontación entre un proyecto de país y una estructura delictiva de poder que ha hecho de la corrupción, la impunidad y el control mafioso del Estado su forma de existencia. El fujimontesinismo 2.0 se constituye en una amenaza persistente que, bajo nuevas formas, busca consolidar lo que en los años noventa se impuso por la represión y dictadura concretado en un Estado al servicio de intereses de los explotadores, saqueadores y no del pueblo.

Cierre de la Primera Parte

Lo planteado permite arribar a una contundente conclusión preliminar aseverando que el fujimontesinismo reeditado 2.0 constituye una mafiosa estructura de poder que ha logrado adaptarse históricamente para preservar su capacidad de imponer sus objetivos atentatorios a los intereses de la nación y el pueblo. Su continuidad descansa en liderazgos visibles y en una compleja red de relaciones –propias de una organización criminal- que articula poder político, influencia institucional y mecanismos de control que operan al margen de la legalidad.

En el marco de la perspectiva referida, la verdadera gravedad del fenómeno radica en su pasado criminal y en su capacidad de asaltar instituciones, condicionar decisiones públicas y distorsionar las reglas del juego democrático para ponerlas al servicio de intereses de las clases sociales explotadoras y de la dominación imperialista. Así, lo que se presenta formalmente como democracia liberal encubre, en los hechos, dinámicas de poder perniciosos que deterioran su contenido y la subordinan a la casi absoluta impunidad.

La contradicción entre el repudio ciudadano y la persistencia delictiva de esta estructura mafiosa evidencia que su poder no emana del consenso social, sino de la captura y subordinación del Estado y de sus instituciones, puestas al servicio de sus intereses espurios. No estamos, por tanto, ante un fenómeno coyuntural ni circunstancial, sino frente a un problema de carácter estructural que compromete y desnaturaliza la esencia misma del caduco Estado peruano.

No obstante, comprender la dimensión política e institucional del fujimontesinismo resulta insuficiente si no se examinan críticamente los fundamentos económicos, sociales, políticos e ideológicos que garantizan su sostenimiento y reproducción. Detrás de la captura del Estado y de sus poderes no solo opera una estructura de dominación, sino un modelo neoliberal profundamente depredador, sustentado en una lógica de acumulación que intensifica la explotación del trabajo, agrava la precarización social y profundiza la destrucción de la naturaleza. A lo anterior se suma un entramado de intereses mezquinos que no solo explican su persistencia, sino que revelan la funcionalidad estructural de este régimen en la reproducción de un injusto sistema capitalista que se caracteriza por ser desigual, explotador y opresor. Es precisamente allí en que se ahonda el problema.

En la Segunda Parte se analizará cómo este poder gansteril no solo se sostiene en la esfera política, sino que se proyecta y consolida a través de un modelo económico neoliberal profundamente excluyente; de prácticas sistemáticas de negociados, entreguismo y saqueo de los recursos nacionales; y de una creciente precarización de la vida social que despoja a las mayorías de sus derechos y libertades. Asimismo, se examinará cómo este entramado opera mediante la criminalización de la protesta social, la persecución política, la manipulación mediática y diversas formas de control social —incluyendo mecanismos de coerción como la extorsión y el sicariato, configurando un verdadero pacto mafioso que impulsa marcos legales funcionales al crimen y compromete gravemente las bases mismas de la nación peruana y los intereses de las masas populares.

Conmemoración del 65 Aniversario de la Victoria de Playa Girón frente a la Invasión de Bahía de Cochinos de abril de 1961

Xalapa, Veracruz — 19 de abril de 2026

Cuando las sombras de la tarde caían sobre Girón aquel 19 de abril de 1961, el último rastro de la metralla invasora se disolvió ante el ímpetu inquebrantable de una nación. Surgió del estallido de un pueblo joven que, bajo el mando histórico de Fidel Castro, prefirió entregar su aliento antes que rendir su libertad. En apenas setenta y dos horas, el suelo cenaguero de la Bahía de Cochinos se convirtió en el altar donde el imperialismo yanqui perdió para siempre su mito de invulnerabilidad, marcando su primera gran derrota en el continente americano.

Aquel triunfo monumental no fue obra del azar, sino la síntesis de una organización popular consciente. En esa invasión, aunque las mujeres no formaron parte de los batallones de primera línea de combate debido a las tradiciones de la época, su participación fue la arteria vital que sostuvo la defensa de la Patria. Cumplieron roles cruciales en la logística, la comunicación, la salud y la articulación de las milicias populares, demostrando que la Revolución se defiende desde todas las trincheras.

Hoy recordamos con inmensa gratitud a las miles de mujeres integradas en las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) y en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Ellas realizaron exhaustivas guardias y vigilancia táctica en todo el territorio nacional para detectar y neutralizar posibles infiltraciones enemigas. Sirvieron como operadoras de radio y enlaces de comunicación, tejiendo la red que permitió la coordinación exacta entre las tropas en el terreno y el mando central. Actuaron como enfermeras y auxiliares de salud, salvando vidas y atendiendo a los heridos bajo el asedio durante los tres días que duraron los cruentos enfrentamientos.

Recordemos con profundo respeto y orgullo a mártires como Cira García, dirigente de la FMC en la zona de Caletón, quien ofrendó su vida durante los cobardes bombardeos iniciales del 17 de abril, cayendo heroicamente mientras ocupaba su puesto de defensa. Junto a ella, figuras de talla monumental como Celia Sánchez, Vilma Espín y Delsa Esther «Teté» Puebla (fundadora del histórico pelotón femenino «Las Marianas») estuvieron directamente involucradas en la organización estratégica y la movilización absoluta del pueblo armado. Ellas destrozaron el paradigma de la pasividad, erigiéndose como arquitectas morales y materiales de la resistencia.

Hoy, a 65 años de aquella gesta, ese eco de soberanía no se apaga ni se apagará; se transforma en tinta, en memoria y en promesa viva. Mientras el horizonte vuelve a cargarse de amenazas mediante el criminal y asfixiante bloqueo económico —la continuación moderna y silenciosa de aquella agresión mercenaria—, Girón florece nuevamente en la firmeza y en el alma de cada cubano. El viejo orden hegemónico que intentó someter a la isla hoy agoniza, mientras la trinchera caribeña sigue de pie, inexpugnable.

Porque Cuba es un poema de paz que se escribe diariamente con manos trabajadoras, pero es, ante todo, un escudo de dignidad. El pueblo cubano sabe perfectamente que la soberanía es el tesoro más alto; ese que no se negocia, sino que se defiende con la vida misma cuando el imperio intenta arrebatarlo. La victoria de abril sigue siendo el faro que ilumina la marcha ineludible de los pueblos oprimidos hacia su liberación definitiva.

Por: Martha Patricia Gómez Rendón 

Delegada Mexicana en el Primer Encuentro Internacional de las Brigadas de Mujeres “Cilia Flores por la Paz”

CONMEMORAN EN XALAPA EL 65 ANIVERSARIO DE LA VICTORIA EN PLAYA GIRÓN Y RESPALDAN POSTURA PRESIDENCIAL EN DEFENSA DE CUBA

  • El evento recordó la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América.
  • Se cerraron filas en torno al contundente rechazo de la Presidenta Claudia Sheinbaum a cualquier intervención militar en la isla.

Ciudad de Xalapa, Veracruz — 19 de abril de 2026. Bajo la firme convicción de defender la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, el Centro Recreativo Xalapeño fue sede de la solemne conmemoración del 65 Aniversario de la Victoria del Pueblo Cubano en Playa Girón.

El evento, organizado por el Instituto de Relaciones Culturales Mexicano-Cubanas “Flores Magón – Mella”, encabezado por el Mtro. Francisco Guzmán Márquez, congregó a diplomáticos, legisladores, catedráticos y activistas sociales. La jornada contó con la participación de la Honorable Cónsul de Cuba en Veracruz, la Lic. Elisa Martínez Martínez, y tuvo como actividad central la proyección de un documental histórico sobre la gesta heroica de 1961.

Durante su emotiva intervención, el Mtro. Francisco Guzmán Márquez hizo especial énfasis en la reciente y valiente participación de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en la Cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada el pasado sábado 18 de abril en Barcelona. En dicho foro internacional, la mandataria se pronunció enérgicamente en contra de cualquier intento de intervención militar en Cuba.

El Instituto expresó su total respaldo y solidaridad con la Presidenta, destacando que su posicionamiento es congruente con la histórica tradición diplomática de no intervención y se inspira en el máximo apotegma juarista: «Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz».

«Sin titubeos ni medias tintas: el pueblo de México respalda con firmeza el posicionamiento de la Presidenta en esta cumbre. La relación con Cuba no es circunstancial; es histórica, es profunda y está marcada por la solidaridad entre pueblos que no se someten. Cuba no está sola frente a cualquier intento de injerencia o presión externa. La soberanía no se negocia, se defiende», se destacó durante la ceremonia.

Por su parte, la Cónsul Lic. Elisa Martínez Martínez dirigió unas palabras de profundo agradecimiento al pueblo de México, reafirmando que la memoria de Playa Girón sigue plenamente vigente en el siglo XXI. La diplomática recordó que aquella victoria de 1961 demostró al mundo que un pueblo organizado y consciente puede derrotar la intervención extranjera y erigirse como dueño absoluto de su propio destino.

El evento concluyó con un contundente mensaje hacia la comunidad internacional: América Latina no es territorio de imposiciones, sino tierra de pueblos libres, dignos y solidarios. México, fiel a su historia, se mantendrá inquebrantable del lado de esa dignidad.

¡Que viva Cuba!

¡Cuba sí, bloqueo no!

¡Viva México!

Por: Martha Patricia Gómez Rendón 

CONAICOP VOCERÍA VERACRUZ

EL DECLIVE DEL IMPERIALISMO YANKI Y UN NUEVO ORDEN MUNDIAL QUE EMERGE EN CONFLICTO

Richard Gonzales

La confrontación sistémica viene desde 1848, con la aparición de una nueva clase: el proletariado. Aunque aún inmaduro, abrió el camino hacia un nuevo sistema opuesto y diferente al imperante. Posteriormente, en 1864, se fundamenta la ideología del proletariado con Marx y Engels, lo que lleva a su organización y a la confrontación en todos los planos contra la burguesía, concretándose en avances, triunfos y victorias, pero también en fracasos.

Luego de 1917, con Lenin y el triunfo de la Revolución de Octubre, se abre la nueva era de la revolución proletaria mundial. Se atiza más la contradicción entre el proletariado y la burguesía en un combate a muerte en todos los planos, seguido por el triunfo de la Revolución China con el presidente Mao, el impulso del movimiento comunista internacional y los movimientos de liberación nacional. En contraparte, EE. UU. emergía de la Primera Guerra Mundial como una nueva potencia global, y tras la Segunda Guerra Mundial, como una superpotencia que se confrontaba sistémicamente con el bloque socialista.

Era entonces una lucha a muerte entre dos sistemas que disputaban su existencia: uno, el sistema caduco que se resistía a morir; el otro, bregando por consolidarse. Dada la restauración capitalista en estos dos grandes países socialistas, la derrota de la revolución proletaria mundial y el hundimiento de lo nuevo —dejando sin dirección proletaria tanto al movimiento comunista internacional como a los de liberación nacional—, comienza un intenso proceso de ofensiva del sistema imperialista. Esta ofensiva, bajo la hegemonía de EE. UU., se acentúa a partir de la caída del Muro de Berlín y de otros hechos históricos que la preceden.

Para entonces, el sistema ya se preparaba y sentaba las bases de su ofensiva posterior, comenzando por poner fin a los Acuerdos de Bretton Woods (1944). Dichos acuerdos habían establecido el orden financiero mundial de la posguerra, un financierismo parasitario que fijó tipos de cambio basados en el dólar estadounidense, anclado a su vez al oro. Así se crearon el FMI y el Banco Mundial (BIRF) para estabilizar la economía en crisis y fomentar la reconstrucción. Este modelo funcionó hasta 1971, cuando se abandonó la convertibilidad dólar-oro. Bretton Woods, que había surgido para poner fin al proteccionismo vigente entre 1914 y 1944, no fue un hecho casual, sino parte de la lucha entre sistemas opuestos.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. emerge como la superpotencia mundial industrial, tecnológica y militar, contando con una fuerte acumulación de capital capaz de extenderse y solventar sus gastos imperiales.

Con la Doctrina Carter (1980), se le da muerte definitiva a Bretton Woods y se lanza una declaración estratégica de dominio mundial, particularmente financiera, al imponer el dólar como divisa hegemónica a pesar de la alta tensión global que aún pervivía. La esencia de esta doctrina era clara: «cualquier intento de una potencia extranjera de controlar el Golfo Pérsico sería considerado un ataque a los intereses vitales de EE. UU., y sería respondido, incluso, militarmente».

De hecho, no se trataba de una simple declaración sin contenido estratégico, sino que era parte de la disputa con el bloque socialista y con las luchas de liberación nacional que avanzaban. Esto fue particularmente evidente con la Revolución Iraní, que derrocó a un aliado de EE. UU. (el sah), y con la invasión soviética de Afganistán, que marcaba el inicio de su expansión como socialimperialismo.

La disputa por Medio Oriente —el corazón energético del mundo— motivó la creación de la Rapid Deployment Force, que luego se convertiría en el Central Command (CENTCOM). Este proceso militarizó todo Medio Oriente, apoyándose en Arabia Saudita como base y sostén de la hegemonía mundial del dólar y el financierismo. Israel era, y sigue siendo, el portaaviones y la punta de lanza de ese dominio estratégico hasta hoy, proyectándose como el «Gran Israel», mientras EE. UU. actuaba como garante del petrodólar. Esta es la razón de las alianzas en la región, de la creación artificial de Estados para cercar y dominar la zona, y del establecimiento de bases militares para acechar a Irán. Asimismo, era el seguro para garantizar que la energía fluyera hacia Europa y Japón, sus aliados bajo protección en la contienda global.

¿Qué significaba todo este paso estratégico? Energía equivalía a poder económico global, lo que consolidaría a EE. UU. como la superpotencia dominante en Medio Oriente y contendría la influencia de Rusia. Por esta razón, el Golfo Pérsico entró en disputa, convirtiéndose en un interés vital y de seguridad nacional permanente para Washington.

Esa es la raíz de la Guerra del Golfo (1991) y de las invasiones a Irak (2003) y Afganistán. La Doctrina Carter se erigió como el pilar geopolítico, energético y financiero del dominio mundial, el cual hasta hoy es disputado por China y Rusia, potencias que, una vez restaurado el capitalismo, contienden como países imperialistas.

En realidad, el petrodólar nace en 1970 tras el fin de Bretton Woods. A partir de entonces, el petróleo (el principal commodity del mundo) se vendería en divisa norteamericana, lo que permitiría el control y la financiación de los gastos de un imperialismo parasitario. El planteamiento es sintético: sin control geopolítico del petróleo, no hay petrodólar; simple y sencillo. Esa es la dimensión geoestratégica clave para la hegemonía del dólar que hoy está en juego.

Por lo tanto, el desafío proviene de actores como Irán, que posee autonomía estratégica, que emerge como potencia económica y militar, y que juega dentro de la tesis de la multipolaridad. Salir de la hegemonía del dólar y consolidarse es parte de este proceso de construcción multipolar junto a sus aliados. Esta es la razón por la cual China ya compra petróleo en yuanes; por la que se ha creado un mercado energético paralelo con Rusia, Brasil y otros; y por la que se fortalecen los BRICS+. Todo apunta a romper la hegemonía del dólar y debilitar a EE. UU. En este escenario, China actúa como la fortaleza, contando con cinco de los bancos más grandes del mundo, por encima de los estadounidenses, aunque esto, ¡ojo!, aún no significa poseer la misma profundidad de poder financiero que EE. UU.

Esta realidad explica la nueva Estrategia de Defensa Nacional de 2018, cuyo diseño es claro: entramos en una «era de competencia estratégica entre grandes potencias». La prioridad es China, considerada el desafiante sistémico global a largo plazo; Rusia es vista como la amenaza aguda e inmediata con poder militar de primera clase; y se busca contener a actores como Irán, Corea del Norte, India y Brasil, que emergen como potencias regionales y actúan cada vez más en bloque contra la hegemonía estadounidense.

De ahí nace la doctrina militar estratégica de Operaciones Multidominio (MDO). No es una simple dispersión de fuerzas, sino una operación simultánea en cinco dominios: tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio, a los que se suma el dominio cognitivo/informacional. ¿Cuál es la razón de fondo? Desorganizar al adversario en todos los planos y hacer colapsar su ciclo de toma de decisiones.

Esta misma estrategia se ejecuta en todos los frentes. Un ejemplo es Ucrania, una guerra indirecta o por delegación (proxy war), donde se emplea inteligencia satelital, integración de drones, guerra electrónica, misiles de precisión y sanciones económicas como una extensión del campo de batalla.

Mientras tanto, en el frente del Indo-Pacífico (es decir, contra China), EE. UU. fortalece alianzas como la OTAN, rearticulándola para proyectar su dominio estratégico con los riesgos que ello implica. Además, impulsa el AUKUS, el QUAD y el reposicionamiento naval en el mar de la China Meridional. Esto explica la tensión en Taiwán, la disputa por el estrecho de Malaca y el papel de Japón, Corea del Sur y otros países donde mantiene bases militares.

En el concepto militar estadounidense, esto se denomina integrated deterrence (disuasión integrada). Debe entenderse que no se trata solo de la fuerza militar bruta, sino de la integración general de múltiples componentes en esta confrontación universal de poderes. Ambas partes operan con disuasión y confrontación en todos los planos, en un momento donde un orden mundial entra en declive y se descompone, mientras otro busca nacer e imponerse bajo una nueva hegemonía.

Hay que remontarse a la época en que Inglaterra, potencia capitalista mundial, decayó y fue sucedida por EE. UU. como nuevo gendarme del mundo. Esto implica que, cuando una superpotencia en declive se resiste a ser desplazada, se coloca a la defensiva bajo un cerco estratégico y aplica políticas de contención agresiva.

Desde este enfoque, podemos entender también por qué el marco jurídico internacional está en crisis, y la razón por la cual se rompen las normas, los tratados y el Estado de derecho conocido hasta hoy. Todo queda ponderado por el securitismo, poniendo en cuestión la supervivencia del Estado como el bien jurídico supremo. Evidentemente, esto responde a una amenaza existencial, no solo por la confrontación por la sucesión de hegemonía, sino por preocupaciones más profundas sobre la supervivencia del propio sistema imperante.

Esa es la razón de los estados de excepción, las facultades extraordinarias y los poderes de emergencia. El sistema enfrenta dos frentes: uno interno, representado por la disputa mundial de nuevos órdenes y hegemonías; y otro externo, el del sistema contra los pueblos del mundo. En este último, prevalece la seguridad nacional por encima de las garantías individuales para conjurar cualquier iniciativa popular o de clase que desemboque en revoluciones como las del siglo XX en Rusia y China (concreciones de Estados de dictadura del proletariado).

El sistema actúa hoy bajo la premisa de que «si no actúas antes, el daño será irreversible» contra sus intereses. ¿Cuál es la consecuencia? La normalización de medidas extraordinarias, la militarización del derecho y la expansión del «derecho penal del enemigo». Dentro de este marco, el postulado es que al enemigo no se le trata como a un ciudadano con derechos plenos, sino como a una amenaza a neutralizar, combatir o eliminar. Las implicaciones de esta ofensiva defensiva son claras: detenciones preventivas ampliadas, reducción de garantías procesales y vigilancia intensiva.

Las organizaciones y los líderes de clase o populares no pueden actuar con incomprensión e ingenuidad, ni bajo formas de lucha obsoletas. El derecho dejó de ser garantista para convertirse en el instrumento de un estado de guerra permanente. La razón es que, cuando un sistema entra en fase de crisis general o de competencia intensa, el Estado refuerza su aparato coercitivo para:

  • Proteger la acumulación de capital.
  • Controlar la conflictividad social.
  • Mantener su posición de dominio.

Respecto a la guerra en Medio Oriente, el desenlace que ya se avizora tiene mucha trascendencia. Por lo pronto, a pesar de los desastres, la muerte y la destrucción que deja a su paso este gendarme del mundo —bañándose en sangre a más no poder—, la resistencia del pueblo persa ya le ha propinado una derrota estratégica al imperialismo más sanguinario de la historia humana. Los hechos lo respaldan: no lograron su «cambio de régimen», ni mucho menos desarticular los focos de resistencia que se expanden. Lo más profundo a nivel estratégico es la demostración de su incapacidad para brindar seguridad militar y la protección que tanto pregonaba, lo cual va a marcar un quiebre inevitable en la confianza de sus «aliados». De hecho, esto proporciona una base más sólida para el avance de la influencia de China y Rusia, que cobrarán mayor peso a través de los BRICS+ y de otros bloques fuera de la órbita de los EE. UU.

Como sistema mundial, el imperialismo prosigue su hundimiento. La deuda global supera el 235 % del PIB mundial y ronda entre los 251 y 348 billones de dólares, según el propio FMI y el IIF. Este aumento reciente ha sido impulsado principalmente por la deuda pública y corporativa.

Marx ya hablaba del capital ficticio y la crisis del capitalismo, prediciendo que este sistema, hoy en su fase imperialista, tendería a expandir el crédito y la especulación, creando riqueza «en papel» desvinculada de la producción real. Esto es lo que hoy se llama «derivados financieros», a lo que se suma la deuda soberana infinita y la valoración tecnológica basada en la especulación sin base material.

La deuda global es, según Marx, «capital ficticio anticipado de una plusvalía futura que quizá no se produzca». Como dice Georgescu-Roegen: es la «deuda como ilusión frente a límites físicos». Una deuda que promete crecimiento futuro en un mundo donde el crecimiento está limitado por recursos y una energía finita. También hay que observar que la llamada «transición energética» no es otra cosa que una lucha por controlar los medios de producción del siglo XXI.

Veamos también las derivadas económicas en cifras reales de esta guerra en Medio Oriente:

  • Energía/Petróleo: Incrementos de más del 60 % al 70 % en los costos. Gas y químicos con alzas del 30 % al 50 %.
  • Finanzas: Bolsas globales con caídas significativas de -7% a -13% de caída, mientras las tasas van al alza.
  • Europa: Riesgo de recesión y crisis energética estructural.
  • Asia: Japón y Corea del Sur sufriendo un golpe industrial severo.
  • Petrodólar: Si bien a corto plazo se fortalece por la demanda, a largo plazo se erosiona por la fragmentación energética.

Hay un punto de inflexión donde el sistema energético global (base del dólar) está siendo militarizado. Este hecho histórico lleva a que el comercio se fragmente, por lo que el modelo global entra en una fase de bloques. Aparte de usar el petróleo como arma de guerra —razón del rediseño de rutas y de un sistema financiero fragmentado—, esto no significa que el dólar vaya a colapsar de un día para otro, sino que entra a ser erosionado por otras divisas, lo que confirma su declive. ¿Recesión a la vista? Es otro factor latente debido al bajo crecimiento y a la tensión económica en un mundo de bloques en conflicto.

La crisis sistémica muestra brechas y grietas por todos lados. Sin embargo, no caerá sola. Requiere de un sujeto histórico que la sustituya, que le ponga el clavo en el ataúd para siempre y la entierre, para que marche al basurero de la historia como parte de un proceso de humanización verdadera. Se requiere que emerja otro sistema producto de la lucha de los pueblos, de la inversión de sus esfuerzos y de su sangre. Y eso es hablar de un sistema basado en el desinterés, la colectividad, la comunidad y la humanidad, donde reine verdaderamente la paz y la armonía entre todos, sin clases, sin armas, sin guerras y sin Estado.

19/04/2026

DE LA RESISTENCIA A LA VICTORIA HISTÓRICA: IRÁN Y LA DERROTA DE LA MAQUINARIA GENOCIDA IMPERIALISTA-SIONISTA

Por Alex A. Chamán Portugal

Introducción

Introducción

En una sociedad capitalista en descomposición en que el unipolarismo estadounidense se desmorona bajo el peso de sus propias contradicciones, la República Islámica de Irán emerge como un caso ejemplar de emancipación nacional, resistencia antiimperialista y antisionista, así como desarrollo endógeno. Resulta imperioso arrancar el velo de la guerra cognitiva y la manipulación de los medios masivos de manipulación al servicio de referido eje genocida para comprender a Irán no a través del relato distorsionado de las manipuladoras transnacionales, sino como la expresión viva de una lucha por la autodeterminación. La histórica victoria de Irán, forjada en la fragua de una resistencia indomable y una identidad civilizatoria milenaria, trasciende sus fronteras, ya que ha pulverizado el mito de la invencibilidad neocolonial para erigirse como un faro de esperanza y un pilar central en el parto de la nueva bipolaridad, demostrando que la autodeterminación de las naciones oprimidas y pueblos del mundo es la fuerza incontenible del futuro.

El vasallaje neocolonial y la dictadura de los Pahlavi 

Para comprender la grandeza del Irán revolucionario, resulta necesario examinar las condiciones materiales previas a 1979. En esa etapa, Irán actuaba como un Estado vasallo y una plataforma de extracción de riqueza energética al servicio de corporaciones extranjeras como la Anglo-Persian Oil Company (actual BP).

La proimperialista dinastía Pahlavi enfrentó su mayor amenaza en 1951, cuando el primer ministro nacionalista Mohammad Mossadegh nacionalizó la industria petrolera. La respuesta fue la barbarie imperialista pura de 1953, en que la siniestra CIA y el perverso MI6 orquestaron la «Operación Ajax», puesto que, un sangriento golpe de Estado derrocó al gobierno legítimo y restauró al sha Mohammad Reza Pahlavi con poderes dictatoriales. Este régimen pro estadounidense impuso una alienación ideológica-cultural violenta y un saqueo persistente, sumiendo a la mayoría de la población en la miseria mientras la clase dominante y sus lacayos despilfarraban la riqueza nacional. Recordar que cualquier disidencia era aplastada despiadadamente por la SAVAK, una temible policía secreta entrenada por funesta la CIA y el terrorista Mossad, responsable de perseguir, encarcelar, torturar y asesinar a miles de militantes y sectores populares.

La ruptura revolucionaria y las conquistas sociales 

La Revolución Islámica de 1979 irrumpió como el contraste necesario, un terremoto político que devolvió la soberanía territorial, económica y política al pueblo iraní. Con el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini, esta ruptura alcanzó articular identidad cultural, espiritualidad y justicia social. Los importantes avances en las condiciones materiales de existencia logrados desde entonces, a pesar de la hostilidad imperialista-sionista, son tangibles y verificables:

  • Educación y el papel de la mujer: Se erradicó el analfabetismo estructural a través de masivas campañas, pasando de tener a más de la mitad de la población analfabeta antes de la revolución, a una tasa superior al 97% en la actualidad. Contrariando la embaucadora propaganda, la revolución impulsó masivamente los derechos en favor de la mujer, ya que hoy constituyen aproximadamente el 60% de los estudiantes universitarios y el 70% de los graduados en disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
  • Salud pública universal: El Estado construyó un sistema sanitario vigoroso que elevó la esperanza de vida de 55 años a 78 años y redujo drásticamente la mortalidad infantil, garantizando además beneficios sociales que superan a los de varias potencias.
  • Soberanía científica y militar: Bajo feroz asedio, Irán se convirtió en una potencia que produce más del 97% de sus necesidades farmacéuticas, lidera la nanotecnología en la región y logró una industria nuclear pacífica autóctona. Asimismo, conquistó la autosuficiencia desarrollando tecnología aeroespacial y misiles balísticos hipersónicos, garantizando su autodefensa frente a agresiones imperialistas-sionistas.

El asedio imperialista-sionista y la economía de resistencia 

Incapaz de tolerar esta conquista material y espiritual, el bloque hegemónico conformado por el imperialismo estadounidense y el régimen sionista ha desatado una guerra multifacética. El retiro arbitrario de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018 y la imposición de sanciones máximas evidenciaron el pisoteo periódico del derecho internacional. Estas medidas coercitivas son genuinos crímenes de lesa humanidad diseñados para asfixiar la economía, romper el tejido social y reducir el tamaño de la clase pequeña burguesa que es muy diversa.

La realidad muestra que el imperialismo ha fracasado en quebrar a la sociedad iraní, puesto que, la nación ha forjado una armadura inexpugnable sustentada en una honda espiritualidad, un arraigado nacionalismo y una tradición histórica de lucha antiimperialista. La respuesta a las sanciones ha sido la «economía de resistencia» y la integración en esquemas multilaterales como los BRICS+ y la Organización de Cooperación de Shanghái, consolidando el fin de la hegemonía del dólar.

La victoria de Irán frente a la maquinaria de guerra imperialista-sionista

En la actual y más encarnizada etapa de la agresión, la guerra dirigida por el genocida Estados Unidos y el expansionista régimen de Israel contra Irán ha exhibido la faceta más cobarde y destructiva del terrorismo de Estado. Es primordial destacar la victoria iraní en esta contienda, una victoria que se sostiene con inmensa dignidad muy a pesar de la brutal devastación, del asesinato selectivo calculado a las espaldas de su líder el Ayatolá, así como de altos dirigentes políticos y militares, y de la atroz e incesante masacre contra 175 niñas escolares, población civil e infraestructura sensible. Esta resiliencia demuestra que el combate y la resistencia sostenidos por Teherán trascienden por completo sus fronteras; la victoria iraní es, incuestionablemente, la victoria de todos los pueblos del mundo contra el imperialismo y el régimen sionista.

Conclusión:

La historia de Irán sintetiza la debacle del globalismo unipolar encarnado por el imperialismo estadounidense –enemigo de la humanidad y pueblos-, el cual creó las condiciones para su propia destrucción al forjar un pueblo unido, consciente, combativo y resuelto. La República Islámica de Irán representa un faro de combatividad y resistencia para los pueblos del mundo, demostrando que la bipolaridad en desarrollo no es una aspiración teórica, sino una realidad material. En este escenario, la solidaridad internacional no es una opción ni un mero gesto simbólico, sino un imperativo categórico para todo aquel que luche por un mundo verdaderamente libre de dominación imperialista y marche hacia una sociedad superior. A esto se suma que la alianza criminal entre Estados Unidos y el enclave sionista de Israel —cuya maquinaria de guerra y tiranía ensangrienta permanentemente la región— solo acelera su propia ruina social, política e ideológica. Frente a este terrorismo de Estado imperialista y sionista, la trinchera iraní se yergue inquebrantable en aras de defender su causa histórica asestando golpes contundentes a ese nefasto eje del mal y garantizar la victoria ineludible de las naciones oprimidas y  pueblos del mundo.