Red de prensa popular latinoamericana

UNIPOLARIDAD, BIPOLARIDAD Y MULTIPOLARIDAD EN EL CAPITALISMO E IMPERIALISMO

Por Alex A. Chamán Portugal

Latinoamérica, enero 29 de 2026

Introducción

El debate actual referente a la estructura del orden internacional capitalista en su fase imperialista -unipolar, bipolar o multipolar- no es un simple ejercicio descriptivo de relaciones entre Estados, sino una disputa ideológica, filosófica y política sobre la naturaleza del poder global en la compleja etapa actual del capitalismo. Estas categorías y conceptos no pueden entenderse al margen de las leyes del desarrollo social, de la lucha de clases, del imperialismo como fase superior del capitalismo y de las contradicciones estructurales que atraviesan el orden mundial burgués en crisis.

Tras la restauración capitalista en la URSS y su posterior colapso en 1991, se impuso en el pensamiento dominante la tesis de la unipolaridad estadounidense, presentada como un orden necesario, natural y duradero. Sin embargo, tres décadas después, la realidad histórica muestra que dicho globalismo hegemónico no solo fue transitorio, sino que generó las condiciones de su propia crisis. El ascenso de China como potencia económica, tecnológica y estratégica ha reconfigurado la correlación de fuerzas global, dando lugar a una nueva forma de bipolaridad estructural, distinta a la de la Guerra Fría, pero igualmente decisiva en la actualidad, aunque en el escenario capitalista.

Este ensayo sostiene que el orden internacional vigente no es unipolar ni genuinamente multipolar. Predomina una bipolaridad entre el imperialismo estadounidense y China capitalista. Ambas potencias buscan preservar el orden mundial existente y no representan los intereses históricos de los pueblos del mundo ni de la humanidad entera. Esta bipolaridad se inscribe en el poder económico, político y militar, así como en las transformaciones productivas y tecnológicas propias de la IV Revolución Industrial en la era del imperialismo y su muerte inexorable.

1. La agonía del globalismo unipolar estadounidense

La unipolaridad describe una estructura internacional en la que una sola potencia concentra de manera abrumadora el poder económico, financiero, político, militar, tecnológico, jurídico e ideológico, imponiendo arbitrariamente reglas al resto del mundo. Históricamente, esta configuración se consolidó tras el fin de la Guerra Fría, cuando el revisionismo destruyó el socialismo en construcción restaurando el capitalismo en la Unión Soviética y Estados Unidos emergió sin rival estratégico de escala comparable.

Esta unipolaridad no representó estabilidad, sino hegemonía coercitiva del capital financiero transnacional articulado al Estado estadounidense. Harvey (2003) explica que este período estuvo marcado por “acumulación por desposesión”: guerras, privatizaciones, saqueo de recursos y disciplinamiento geopolítico de países dependientes.

Unipolaridad y sobreextensión imperial

La hegemonía del genocida imperialismo estadounidense se apoyó en:

• supremacía política y militar global

• control del sistema financiero internacional

• dominio cultural y manipulación informativa

• manejo vertical de las instituciones multilaterales
• promoción de decadentes valores liberales presentados como universales

Esta orientación no solo responde a intereses económicos, sino a una estrategia de preservación de su terrorífica primacía histórica. La atroz política exterior estadounidense ha buscado evitar el surgimiento de competidores estratégicos capaces de disputar su posición dominante.

Como advierte Amin (2006), esta hegemonía era inherentemente inestable porque profundizaba el desarrollo desigual del capitalismo y generaba resistencias. Las guerras prolongadas, las crisis financieras y el desgaste del depredador neoliberalismo marcaron el inicio del declive relativo del orden unipolar.

2. La bipolaridad histórica y su resignificación actual

La bipolaridad clásica de la Guerra Fría del siglo XX se estructuró en torno a dos polos antagónicos: Estados Unidos (campo capitalista) y la Unión Soviética (campo socialista). Se trató de una confrontación entre sistemas socioeconómicos sumamente opuesos, pero también de un equilibrio que limitó la guerra directa entre grandes potencias. Waltz (1979) señalaba que la bipolaridad reducía errores de cálculo estratégicos.

La bipolaridad como categoría dialéctica

La bipolaridad no es solo distribución de poder, sino unidad de contrarios. Mao Tse-tung (1937/1974) planteó que toda etapa histórica se organiza alrededor de una contradicción principal. Cuando esta se intensifica, el orden existente entra en transformación.

En el actual contexto, la bipolaridad ya no enfrenta capitalismo y socialismo, sino pugnas entre grandes potencias capitalistas que compiten por la hegemonía sin cuestionar el modo de producción dominante que destruye, a decir de Marx, la naturaleza y las fuerzas productivas.

La bipolaridad como expresión de la contradicción entre capitales dominantes

La bipolaridad expresa la lucha entre grandes capitales monopolistas por la hegemonía mundial. Lenin explicó que el imperialismo implica:

• concentración del capital
• dominio del capital financiero
• reparto del mundo entre potencias

Actualmente esta lógica se refleja en una bipolaridad económica:

• Estados Unidos se constituye en el centro del capital financiero, del dólar y de Wall Street.

• China es eje del desarrollo de la tecnología, de la producción material y de las cadenas industriales.

La IV Revolución Industrial profundiza esta contradicción:

• Estados Unidos busca sostener su hegemonía mediante patentes, guerras, sanciones y control financiero.
• China avanza en manufactura avanzada, l iv Revolución Industrial (IA, 5G) y logística global.

3. La multipolaridad y sus límites reales

La multipolaridad alude a varios centros de poder relativamente equilibrados. Aunque China y Rusia la promueven discursivamente, ello no elimina el imperialismo como fase superior y terminal del capitalismo insepulto. Amin (2018) sostiene que solo abre márgenes tácticos, pero no garantiza emancipación.

En la práctica, solo Estados Unidos y China poseen capacidades globales integrales. Rusia tiene peso militar, pero limitado alcance económico, en tanto, la Unión Europea carece de unidad estratégica, y otras potencias son principalmente regionales.

Por consiguiente, hablar de multipolaridad plena resulta analíticamente impreciso, puesto que el escenario muestra más bien una transición hacia una bipolaridad dominante.

En este contexto, puede aseverarse que la dependencia y atraso económico no se presenta como ayuda desinteresada, sino como mecanismos que atan a las naciones oprimidas principalmente a relaciones de subordinación-dominación que facilitan el saqueo de sus recursos y limitan su desarrollo autónomo. La autosuficiencia nacional se convierte en una necesidad para romper esas cadenas de dependencia, empero, las potencias capitalistas y naciones imperialistas se esfuerzan por impedirla.

4. Bipolaridad contemporánea: economía política y poder mundial

La actual bipolaridad entre Estados Unidos y China no se presenta como un enfrentamiento ideológico y político abierto, sino como una disputa estructural entre dos grandes formas de organización del capitalismo. Esta rivalidad expresa el desarrollo desigual del capitalismo mundial, ley ya señalada por Lenin, según la cual el ascenso de nuevas potencias genera tensiones inevitables con aquellas que ejercen la hegemonía previa.

China no emerge como potencia por casualidad, sino como resultado de una estrategia estatal de largo plazo basada en planificación, control de sectores estratégicos y articulación selectiva con el mercado mundial. Estados Unidos, en cambio, representa la fase más financiarizada del capitalismo, en que el poder económico descansa en el capital especulativo y en la capacidad de proyectar fuerza militar y presión política a escala global mediante sus políticas cruentas.

La bipolaridad actual no elimina la competencia entre otras potencias, sin embargo, logra organizar la dinámica central del poder mundial en torno a dos polos capitalistas dominantes.

La bipolaridad y la crisis de legitimidad del orden social

La bipolaridad surge también porque el orden neoliberal unipolar, como expresión del capitalismo, perdió legitimidad histórica.

En Estados Unidos se observa:

• desindustrialización sostenida
• precarización del empleo y mayor empobrecimiento
• fuerte polarización social con políticas fascistas
• debilitamiento del llamado “sueño americano”

En China, en contraste, se evidencia:

• consolidación de un capitalismo de Estado disciplinado
• alto control social sobre el pueblo
• legitimidad apoyada en crecimiento económico, estabilidad y nacionalismo

Así, se configura dos modelos sociales capitalistas contrapuestos:

• uno basado en la decadencia, individualismo extremo y financiarización;
• otro en planificación estratégica, control social y cohesión nacional relativa.

La bipolaridad se mantiene porque la mayor parte de las naciones, así como, millones de personas en el mundo comparan, evalúan y se alinean -consciente o inconscientemente- con uno u otro polo.

5. IV Revolución Industrial y disputa tecnológica

La IV Revolución Industrial constituye hoy uno de los principales escenarios de confrontación. No se trata solo de innovación científico técnica, sino del control de los nuevos medios de producción, vigilancia y dominación digital.

La inteligencia artificial, el big data, la automatización y la biotecnología transforman las relaciones entre capital y trabajo, generando nuevas formas de explotación y control social.

China ha logrado avances importantes en 5G, comercio electrónico, plataformas digitales e inteligencia artificial aplicada. La respuesta estadounidense que consiste en restricciones tecnológicas, bloqueos de chips y sanciones a empresas chinas revela el carácter bipolar de la disputa.

La creciente competencia tecnológica muestra que el poder mundial ya no depende únicamente de armas o finanzas, sino del dominio del conocimiento y la innovación productiva.

6. Guerra cognitiva y disputa por la conciencia social

La confrontación entre potencias capitalistas e imperialistas también se libra en el terreno de las ideas. La guerra cognitiva o ideológica apunta a influir en percepciones, valores y sentidos comunes.

Los grandes medios masivos de información y plataformas digitales funcionan como instrumentos de legitimación del poder burgués. Ramonet (2002) advertía que la concentración mediática permite moldear la opinión pública y construir enemigos funcionales a determinados intereses. Así, se manipula, doméstica y controla a poblaciones enteras para convertirlas en rebaños reproductores del cruel sistema capitalista.

La lucha ideológica es inseparable de la lucha política; por ello, resulta vital asumir como una necesidad imperiosa la forja de la conciencia de clase mediante el impulso sostenido del trabajo ideológico en las masas populares.

7. Crisis del derecho internacional burgués y retorno del darwinismo social

El derecho internacional no es neutral en una sociedad escindida en clases sociales contrapuestas, así, refleja los intereses de cada clase social y las correlaciones de fuerza.

La bipolaridad se intensifica porque:

• Estados Unido aplica siniestras sanciones, abyectos bloqueos y acciones militares terroristas al margen de normas internacionales.

• China defiende la legalidad internacional burguesa cuando coincide con sus intereses estratégicos.

El resultado observable es:

• precarización y desprestigio del derecho internacional liberal,
• reemplazo por reglas basadas en poder real imperialista,
• uso selectivo de injustas sanciones y tribunales cipayos.

Desde una mirada jurídica crítica, la bipolaridad expresa la crisis del orden legal burgués global.

El sistema capitalista y su etapa imperialista se sostiene en gran medida de la explotación de los países dependientes. Su fortaleza aparente oculta fragilidades profundas, puesto que necesita saquear recursos ajenos para mantenerse. Romper esa relación de subordinación no es solo una decisión política, sino una condición para que los pueblos construyan economías soberanas y desarrollen ciencia y tecnología propias.

La evidencia económica, social, política, tecnológica e ideológica muestra que la bipolaridad Estados Unidos – China organiza hoy la estructura principal del poder capitalista mundial. No se trata de una guerra fría tradicional, sino de una competencia prolongada que abarca reparto del mundo, apropiación de mercados, saqueos de recursos naturales estratégicos, producción, finanzas, tecnología, comunicación y legitimidad social.

Otros actores participan, pero no alteran la contradicción principal.

8. Implicancias históricas de la bipolaridad para los pueblos

La configuración bipolar actual no debe interpretarse como una alternativa favorable para la humanidad, las naciones oprimidas y los pueblos. La disputa entre Estados Unidos y China no representa un enfrentamiento entre proyectos emancipadores, sino entre grandes potencias que buscan preservar mezquinas posiciones de poder dentro del capitalismo mundial.

Ambos polos participan, con estilos distintos, en dinámicas de acumulación capitalista, competencia por apoderarse de recursos estratégicos y expansión de influencia económica, política y tecnológica. Así, la bipolaridad actual no implica el fin del imperialismo, sino su reconfiguración en el marco de la III Guerra Mundial en ciernes.

Para los países dependientes y atrasados, esta situación abre márgenes de maniobra, pero también riesgos de nuevas formas de dominación y sometimiento. La historia muestra que las potencias buscan aliados no por solidaridad, sino por interés.

9. La ilusión de la multipolaridad armoniosa

En ciertos discursos se presenta la multipolaridad como un escenario más democrático, pluralista y equilibrado. Sin embargo, la experiencia histórica enseña que la coexistencia de varias potencias no elimina la competencia por mercados, recursos y zonas de influencia.

La multipolaridad puede reducir la hegemonía absoluta de una sola potencia, sin embargo, no suprime la lógica expoliadora del capital ni la desigualdad internacional. Pensar que varios polos garantizan justicia global equivale a confundir redistribución del poder entre explotadores y opresores con la emancipación de los pueblos.

Consiguientemente, la multipolaridad debe analizarse con cautela, evitando subjetivismos.

10. Transformaciones del poder en el siglo XXI

El poder mundial actual en el viejo orden capitalista combina:

• control económico y financiero
• dominio científico y tecnológico
• influencia y manipulación mediática
• capacidad militar y políticas genocidas
• manejo de datos y maniobra de plataformas digitales

La IV Revolución Industrial se caracteriza porque ha convertido el conocimiento y la información en recursos estratégicos. La disputa por semiconductores, inteligencia artificial y redes digitales deja en evidencia que el poder ya no se define solo por territorios, sino por infraestructura tecnológica.

En este contexto, la soberanía educativa, científica y tecnológica adquiere importancia decisiva para cualquier proyecto integral y estratégico de desarrollo nacional.

11. Perspectiva crítica y tarea de los pueblos

Comprender la bipolaridad no implica tomar partido automático por una u otra potencia imperialista, sino analizar con claridad las contradicciones que encierra el capitalismo global.

Ante el avasallamiento de imperialista, los pueblos del mundo enfrentan el desafío de fortalecer soberanía económica, capacidad productiva propia y autonomía política. La dependencia prolongada limita e impide cualquier proyecto de desarrollo real.

La historia de la humanidad demuestra que las grandes transformaciones no provienen de disputas entre potencias, sino de genuinos procesos sociales internos, férrea organización popular y construcción de proyectos emancipatorios conducentes a una sociedad superior.

Conclusión general

El caduco orden internacional contemporáneo atraviesa una transición marcada por el declive relativo de la unipolaridad estadounidense y la emergencia de una bipolaridad entre Estados Unidos y China. Esta bipolaridad no replica la Guerra Fría, pero estructura la competencia central del poder mundial.

La multipolaridad, aunque presente como tendencia, aún no configura un equilibrio global estable. La realidad muestra que solamente dos polos poseen hoy capacidad integral de influencia planetaria.

Comprender esta situación permite analizar con mayor realismo las dinámicas internacionales, evitando lecturas simplistas o expectativas idealizadas.

El escenario global seguirá siendo inestable mientras persistan las contradicciones propias del capitalismo mundial y su fase imperialista. En ese marco, la tarea de los pueblos consiste en fortalecer soberanía, pensamiento crítico y capacidad de decisión propia.

Los pueblos no necesitan del rapaz imperialismo; es el imperialismo el que necesita de la sangre de los pueblos para sobrevivir. La supuesta ‘ayuda’ o ‘inversión’ no es más que una cadena de hierro para succionar las riquezas de las naciones oprimidas y mantenerlas en el atraso.

Referencias bibliográficas

Amin, S. (2006). Más allá del capitalismo senil: Por un siglo XXI no estadounidense. Barcelona: El Viejo Topo.

Amin, S. (2018). El imperialismo contemporáneo. Barcelona: El Viejo Topo.

Arrighi, G. (2007). Adam Smith en Pekín: Orígenes y fundamentos del siglo XXI. Madrid: Akal.

Harvey, D. (2003). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal.

Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal.

Hobsbawm, E. (1998). Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica.

Guzmán Reynoso, A. (1988/2006). Entrevista del siglo (concedida a El Diario). Lima: Ediciones Bandera Roja.

Lenin, V. I. (2009). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Madrid: Fundación Federico Engels. (Obra original publicada en 1916).

Mao Tse-tung. (1974). Sobre la contradicción. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras.
(Trabajo original de 1937).

Ramonet, I. (2002). La tiranía de la comunicación. Madrid: Debate.

Schwab, K. (2016). La cuarta revolución industrial. Barcelona: Debate.

Waltz, K. N. (1988). Teoría de la política internacional. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

UN MUNDO DE MULTIPOLARIDAD INCOMPLETA Y CONFLICTIVA

Richard Gonzales

Hay personas que, desde una lógica dogmática, aún sostienen que “vivimos en un mundo bipolar”. Sin embargo, esta afirmación se realiza sin rigor, estudio ni investigación, aferrándose a análisis propios de contextos históricos determinados, cuyas definiciones fueron correctas en su momento, pero no necesariamente en la actualidad.

El marxista, ajustado a principios en la práctica, debería observar los sucesos y fenómenos materiales como procesos en constante evolución, cambio y transformación. La lucha de clases, como expresión de las contradicciones en el plano social, forma parte de ese proceso dinámico de la realidad, hoy más aún de manera acelerada, dados los hechos actuales: las contiendas interimperialistas, las luchas de los pueblos y naciones contra el gendarme del mundo, los nuevos procesos como la IV Revolución Industrial, la emergencia de nuevas fuerzas o la recuperación de potencias y superpotencias que hoy disputan el poder global.

La denominada “multipolaridad conflictiva” es un proceso que tiene como punto nodal el año 2014, aunque venía gestándose de manera progresiva. No obstante, se asume con mayor claridad a partir del inicio del conflicto Ucrania-Crimea, es decir, con la anexión de Crimea por parte de Rusia, hecho que marca de manera nítida el inicio de esta multipolaridad conflictiva.

¿Qué implica esto? Implica el rompimiento abierto del orden posguerra fría y el desafío sin ambigüedades a la hegemonía occidental.

A partir de este hecho trascendente, Rusia rompe con el orden liberal y, por tanto, Estados Unidos asume que ya no puede disciplinar unilateralmente a otras potencias o superpotencias. ¿Por qué ocurre esto? Porque Rusia, con Putin a la cabeza y con estrategas plenamente conscientes de las pretensiones del gendarme del mundo, identifica claramente el hegemonismo estadounidense, que incluso llegó a pretender la balcanización de esta superpotencia militar para luego avanzar contra China.

China, por su parte, también tiene claridad sobre cómo marcha el mundo en términos civilizatorios. Marca su propio ritmo y estrategia, impulsada por su crecimiento y despegue como nuevo actor central en el tablero geoestratégico. Esto le permite acelerar su estrategia de largo plazo, orientada a la expansión y disputa de zonas de dominio, ya sea por mercados, energía o materias primas críticas y estratégicas. Un ejemplo claro de ello es la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Debemos considerar también a otros actores relevantes como India, Brasil, Turquía, Irán, Israel, Japón y la Unión Europea. Lo cierto es que, a partir de este escenario, se rompe el consenso internacional, lo que explica, entre otras cosas, las sanciones contra Rusia y el fin de la ilusión de la llamada “seguridad cooperativa”. Predomina el conflicto, caracterizado por el lenguaje bélico, la ley del más fuerte y una lógica darwinista. Es decir, la resolución de las contradicciones por medios bélicos: la política hablada a través de las armas para alcanzar objetivos políticos de diversa índole.

Entre 2017 y 2019 se ingresa a un conflicto abierto, aunque sin guerra directa. En ese período, Donald Trump declara explícitamente la competencia entre grandes potencias, entre las cuales se destacan:

  • La guerra comercial entre Estados Unidos y China.
  • La militarización del Indo-Pacífico.
  • El retorno de Rusia a Medio Oriente.

De este modo, la multipolaridad deja de ser solo un discurso y se convierte en una doctrina en curso. A ello se suma la aceleración estructural provocada por la pandemia, que contribuyó al quiebre de las cadenas globales, funcionó como un gran ensayo de control poblacional mediante el miedo y aceleró la implementación de los procesos vinculados a la IV Revolución Industrial. Asimismo, se intensifican los nacionalismos tecnológicos, marcando un proceso de soberanía estratégica en ámbitos como vacunas, chips y energía.

Así, el mundo deja de funcionar como un sistema único y se consolida de manera violenta el lenguaje de las armas y de las guerras de todo tipo. Entre ellas se pueden mencionar:

  • La guerra entre Rusia y Ucrania.
  • La reconfiguración de la OTAN.
  • La articulación estratégica entre Rusia y China como bloque.
  • El Sur Global, que comienza a ganar márgenes de maniobra con iniciativas múltiples.

¿Por qué hablar entonces de una multipolaridad incompleta y conflictiva?
Porque hoy es evidente que ningún Estado puede imponer reglas globales por sí solo, ni controlar simultáneamente la economía, las finanzas, la tecnología, la seguridad y la legitimidad.

¿Acaso estos hechos de la lucha de clases no constituyen un quiebre histórico? Los dogmáticos no entienden absolutamente nada: repiten contextualizaciones propias de un momento histórico determinado. ¿Por qué? Porque no se esfuerzan en la investigación ni en el rigor científico; no se apegan al marxismo como ciencia viva frente a los cambios de la realidad. No lo asumen como arma de combate. Peor aún, ni siquiera logran ver estos cambios en términos empíricos, aunque se autoproclaman marxistas de pompa y ruido, apelando a jerarquías del pasado. De ahí que no ofrezcan soluciones a los grandes problemas actuales o, incluso, destruyan lo construido cuando debía impulsarse su desarrollo.

¿En qué se sustentan los polos reales? En los hechos existentes, que deben ser analizados con objetividad y sin prejuicios.

POLOS REALES EN LA ACTUALIDAD

  • Estados Unidos: sigue siendo la primera potencia, pero ya no es omnipotente.
  • China: polo económico-industrial y tecnológico en acelerado ascenso.
  • Rusia: polo militar-estratégico y energético.
  • Unión Europea: polo económico, pero sin plena soberanía estratégica.
  • India: polo demográfico-industrial emergente.
  • Sur Global organizado (BRICS ampliado): polo aún difuso, sin un poder financiero plenamente consolidado, pero en construcción y cada vez más coordinado como campo de fuerza con múltiples interconexiones internas.

Todos estos hechos, en el plano de la economía política, lo militar y otros ámbitos, tienen como consecuencia clara el fin de la hegemonía indiscutida de Estados Unidos. Esto no significa que haya perdido su poder dominante, pero sí que ya no puede ganar guerras largas (Irak, Afganistán, Ucrania), salvo a través de guerras proxy. Tampoco puede imponer sanciones sin costos sistémicos ni fijar unilateralmente las reglas del comercio y la tecnología. No obstante, aún mantiene un control significativo del sistema financiero (dólar, SWIFT) y proyecta poder global a través de su capacidad militar y tecnológica, condicionando alianzas clave.

Entonces, ¿Estados Unidos está a la ofensiva o a la defensiva estratégica? Evidentemente se encuentra en una hegemonía defensiva. Esto se expresa en:

  • La fragmentación económica.
  • La desdolarización parcial (energía, comercio bilateral).
  • La regionalización de las cadenas de valor.
  • Las sanciones que aceleran la formación de bloques alternativos.

¿Esto implica el colapso del dólar? No. Aún no. Se trata de una pérdida de monopolio, no de un colapso.

En este contexto defensivo, la guerra emerge como lenguaje político dominante que sustituye al consenso: la política por otros medios. Hoy, tanto por vías bélicas como no bélicas, se incrementan los riesgos de confrontación y de guerras abiertas, como se observa en Ucrania, Gaza, el Mar Rojo, el Cáucaso y otros conflictos regionales por el control de zonas y recursos estratégicos.

La crisis del llamado “orden liberal” es un hecho. Las reglas se aplican de manera selectiva: los derechos humanos y el derecho internacional se invocan solo cuando sirven a intereses propios; de lo contrario, se los pisotea. Esto fragmenta la legitimidad y genera narrativas propias en cada bloque.

Como consecuencia, surge la autonomía estratégica, visible en procesos como el rearme de Japón, las aspiraciones de Turquía, las redefiniciones de Arabia Saudita, Brasil y una Europa dejada a su propia suerte.

¿A dónde conduce esta nueva realidad y cuáles son los riesgos? La multipolaridad actual no conduce a la estabilidad estratégica, sino a una profunda inestabilidad que resulta extremadamente peligrosa para la humanidad. Se trata de transiciones históricas caracterizadas por guerras prolongadas, sin hegemonías claras ni reglas de convivencia aceptadas, agravadas por una carrera tecnológica aplicada al ámbito militar.

EN SÍNTESIS

La hegemonía liberal ya no es única ni organizadora del mundo. La multipolaridad es un hecho, mientras que un nuevo orden aún no existe. Cada bloque disputa poder con el riesgo permanente de guerra, lo que conduce a la fragmentación económica y al fortalecimiento de Estados cada vez más autoritarios, especialmente frente al temor de luchas populares masivas. De ahí la centralidad de la “seguridad interna”, orientada a contener la iniciativa popular y, particularmente, la acción proletaria organizada que disputa el poder político. Esta es la base de la fascistización de las sociedades y del derecho penal del enemigo.

En los procesos de declive imperial propios del capitalismo, pueden producirse colapsos regionales. Sin embargo, la historia demuestra que estas transiciones rara vez son pacíficas: suelen ser violentas. Así han caído imperios y han nacido y muerto civilizaciones.

El desafío está en cómo los pueblos, comprendiendo estos cambios históricos, se encaminen hacia su propio destino. Particularmente el proletariado internacional debe prepararse para este escenario complejo y emprender las grandes transformaciones en favor de los millones de explotados y oprimidos, utilizando todas las vías de lucha necesarias, apuntando a las formas más altas de confrontación política para la toma del poder y su consecuente proceso revolucionario.

26/01/2026

LA NUEVA DOCTRINA DE SEGURIDAD DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Y LOS PUEBLOS DEL MUNDO

Por: Richard Gonzales

A partir de 2025, el gobierno de Donald Trump, cabeza del Estado imperialista más genocida del mundo, conduce, bajo el plan de la “Nueva Doctrina de Seguridad de los Estados Unidos”, un proceso de restauración de la fortaleza de este gendarme.

Ello implica la “restauración de las fronteras soberanas”. Esta soberanía debe entenderse como la libertad y la decisión sin límites de esta superpotencia en su zona de dominio. Obviamente, esto implica que las “soberanías” de los países dentro de su dominio no existen más que dentro de los límites que impone el poder imperial.

Para tal proceso, tanto en el frente interno como externo, su lucha contra el globalismo es parte de la redefinición de su doctrina, tras el inmenso fracaso obtenido. Emprende así la eliminación de la “ideología de género” y la “cultura woke”, incluso dentro de las propias fuerzas armadas del imperialismo y en la sociedad yanqui, declarando y retomando la tradición familiar.

Uno de los asesores más influyentes de Trump, Peter Thiel, plantea que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”. ¿De qué libertad se está hablando? De la libertad liberal, de la democracia formal, obviamente. Esta posición es compartida por las grandes tecnológicas de la inteligencia artificial y forma parte de la visión de ese nuevo orden mundial, en un proceso de restauración del dominio imperialista norteamericano.

¿Qué implicancias tiene este planteamiento? Según estas posiciones, el “progreso depende de las élites”, por lo que la “democracia liberal es un obstáculo”. Implica que los monopolios innovadores son los que deben dirigirlo todo. Esta visión sugiere y plantea que el futuro no está en el Estado de derecho ni en la democracia liberal, sino en la “dirección eficiente de los monopolios”, que debe construir un mundo menos democrático, con una dirección vertical, lo que muchos intelectuales denominan feudalismo en tiempos de tecnología o tecno-feudalismo.

En este proceso, caotizan la sociedad para luego reordenarla de acuerdo con la visión de ese futuro que diseñan. En esta IV Revolución Industrial, reconstruyen alianzas, redefinen zonas de dominio o recuperan aquellas que venían perdiendo. Paralelamente, el dominio de los recursos estratégicos es clave; por esa razón, “liberalizan” la producción energética, dando prioridad a la producción petrolera para “recuperar” su independencia como imperio. Esto tiene que ver con cómo la superpotencia en contienda, China, penetró en las mismas fauces del imperialismo yanqui. ¿Y dónde queda la teoría del calentamiento global? La han desechado; todo indica que fue una agenda que fracasó.

Los impuestos arancelarios son otra de las medidas, cuyo fin es el retorno de la industria al país de origen, no solo del imperialismo yanqui, sino también de las demás potencias “socias”, que sufren una gran presión para trasladar sus industrias al territorio de este gendarme. A la vez, se usa la energía -como en el caso del petróleo- como arma de guerra para generar dependencia y así presionar dentro de los objetivos y planes de su reindustrialización.

No debemos dejar de señalar que el exterminio civilizatorio del pueblo palestino es parte de ese plan de seguridad y constituye un mensaje claro para los pueblos del mundo sobre lo que se avecina. No se queda allí, sino que apunta a extenderse por todo Medio Oriente y dominarlo para monopolizar el petróleo. De ahí el sueño de la derrota total de Irán, como parte del cerco a China y de la confrontación directa hacia la que se encaminan.

Su supuesto “fin de la guerra en Gaza” es eso: el exterminio de pueblos sin miramientos. Eso es poner a “EE. UU. primero”, para que “siga siendo la nación más grande, poderosa y exitosa de la historia de la humanidad”, “el hogar de la libertad en la tierra”. Claro, el “hogar” del imperialismo más genocida, sin ley ni límites, con la libertad y el límite de su propia “moralidad”.

A nivel de la maquinaria estatal, su objetivo es reducirla aún más en lo inmediato: disminuir su papel asistencial, regulador y administrativo. Mayor monopolio en contra del “libre comercio”, así como la recuperación de una clase media que actúe como base social de su visión del mundo. La base de todo ello es recuperar la industria que sustenta la preeminencia económica y militar.

¿Sueñan con disolver los Estados soberanos dentro del imperio de estos tiempos? Si existió alguna vez “soberanía”, fue solo para las grandes potencias y superpotencias, mas no para los países sometidos. Sus “soberanías” llegaban solo en tanto y en cuanto no chocaran con los intereses de sus amos.

¿Cuál es el gran objetivo de esta nueva seguridad del gendarme? Como ellos lo dicen abiertamente: “la supervivencia y la seguridad continua de EE. UU. como república independiente y soberana, cuyo gobierno garantice los derechos naturales otorgados por Dios a sus ciudadanos”.

Por tanto, actúan como los designados por “Dios” en la Tierra: ese es su mesianismo. Todo lo que se oponga a su designio debe ser reducido y eliminado sin contemplaciones. Combatirán dentro y fuera toda fuerza hostil a su sistema, sean militares, personas, flujos de población “desestabilizadores”, propaganda destructiva o influencias hostiles.

Los pueblos y naciones están advertidos, así como los líderes o las disidencias, dado que “no pueden poner en peligro ni aceptarán adversario alguno que ponga en riesgo el dominio de los EE. UU.”. Por esa razón, reimpulsan la construcción imperial con capacidad para asumir ese papel, con armamento letal y tecnología más avanzada del mundo.

¿Quiere decir esto que incluso las luchas “democráticas” o sus propios líderes deberán actuar en la clandestinidad? Las actuales circunstancias exigen tomar medidas de alto nivel. Si se piensa o se brega por la transformación social al servicio del pueblo, la fascistización de la sociedad está a la orden del día, así como el control biométrico de la población.

Dentro de las contradicciones interimperialistas, pretenden una disuasión nuclear más sólida: armas mucho más letales y destructivas que las bombas atómicas lanzadas sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial. Esas armas existen. ¿Se ha entrado en una carrera armamentística? Todo indica que sí.

Dentro de lo que pretenden, según su propio plan, señalan:

  • “…la base industrial más sólida del mundo (China ya les ganó la partida y es evidente su desindustrialización). El poder depende de un sector industrial fuerte… máxima prioridad”.
  • “…el sector energético más sólido, productivo e innovador del mundo… una de las principales industrias exportadoras de EE. UU., por derecho propio…”.
  • “…el país más avanzado e innovador del mundo en materia científica y tecnológica… dominio económico continuo y superioridad militar…”.
  • “…mantener el ‘poder blando’ que sirva a los verdaderos intereses nacionales de los EE. UU.”.
  • “…nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”, corolario de Trump a la Doctrina Monroe.
  • “…detener y revertir el daño causado por actores externos… mantener el Indo-Pacífico libre y abierto… libertad de navegación en todas las rutas marítimas, acceso a materiales críticos…”.

En buen cristiano, se trata de la restauración del dominio imperial en circunstancias de declive, pérdida de hegemonía y crisis sistémica general. Están dispuestos a todo para no perder su poder. Rompen todo paradigma y límite del liberalismo; es una restauración “civilizatoria” en todas las zonas de dominio y en nuevas áreas donde existan materias estratégicas, en función de la inteligencia artificial, la computación cuántica y el dominio global.

Tal como lo declaran abierta y francamente, ya comenzó una ofensiva mucho más frontal contra China y Rusia. Parte central de este plan es el dominio del Indo-Pacífico; por esa razón, la llamada “Operación Resolución Absoluta”, orientada a expulsar del continente americano a China, Rusia e Irán. Si bien tuvo un éxito táctico, el mensaje es claro para los pueblos de América Latina y para los países llamados “soberanos”.

Este planteamiento conduce a luchas de liberación nacional con alta organización, no por vías “democráticas” que ya no sirven, según la propia declaratoria del gendarme, sino mediante combates frontales contra sus lacayos en cada país, con fuerzas organizadas y vivas antiimperialistas.

En esta intervención imperialista, en el caso de Venezuela, la gran perdedora es China, que recibe un mensaje claro: el imperialismo yanqui le exige salir de su zona histórica de dominio. Se trata de una potente restauración del poder y de las prioridades de EE. UU. en el hemisferio occidental. Dicha acción pone en juego la estrategia de la Franja y la Ruta, la gobernanza global, el desarrollo, la seguridad y la civilización, planteamientos y planes de China y su proyección internacional.

Esto implica que no cederán en su zona de dominio y disputarán áreas estratégicas con mayor decisión, por encima de un derecho internacional que ya ha muerto, así como de las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial.

Es la reconstrucción de la preeminencia de EE. UU. ¿Hasta dónde? Hasta que las demás superpotencias en disputa logren imponer límites con fuerza real, dado que ya no es tiempo de diplomacia, Estado de derecho ni convencionalismos, sino de la ley de la fuerza, del darwinismo, de las sanciones y las invasiones; de la acumulación militar y la confrontación por zonas de dominio: hoy el Indo-Pacífico y Medio Oriente, y mañana África.

Es la agudización de las contradicciones interimperialistas por el dominio del mundo, pero también la reactivación de la contradicción entre naciones oprimidas e imperialismo, así como la de los pueblos del mundo contra el imperialismo.

TRAYECTORIA Y ARQUITECTURA DEL GENOCIDA IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE

Por Alex A. Chamán Portugal

Introducción

El estudio de la formación económico social estadounidense exige una ruptura con la historiografía liberal burguesa que presenta a esta potencia como el faro de la democracia y libertad, puesto que Estados Unidos constituye la expresión más acabada y, a la vez, más abyecta del desarrollo capitalista. Su evolución no es una sucesión de eventos casuales, sino una trayectoria dialéctica en que la acumulación de capital requiere, necesariamente, la aniquilación de lo humano y la naturaleza.

Entender al genocida imperialismo estadounidense hoy no es solo identificar y describir sus perversas agresiones políticas y militares, sino comprenderlo como una estructura económica, social en crisis terminal irreversible. En tal sentido, el imperialismo no es necesario para los pueblos del mundo. Asimismo, se trata del sistema capitalista en imperialismo, pues éste es su fase superior, no se pueden separar, ya que es una condición dialéctica indisoluble. El presente ensayo se propone desentrañar el andamiaje del poder capitalista e imperialista yanqui, desde su avasalladora acumulación originaria basada en el genocidio, expansionismo y saqueo, hasta su presente como una bestia moribunda que, en su declive, amenaza la existencia misma de la humanidad.

La acumulación originaria vía el genocidio como piedra angular y motor del capital

El nacimiento y desenvolvimiento de los Estados Unidos de América no representa, bajo ningún concepto, una gesta de libertad ilustrada ni un avance civilizatorio como suele suceder; por el contrario, constituye un singular proceso violento de acumulación originaria. Como bien señaló Carlos Marx (1867/2017), el capital viene al mundo «chorreando sangre y lodo por todos los poros», y en el territorio norteamericano esta sentencia alcanzó niveles de barbarie sin precedentes.

Esta premisa científica se radicaliza y adquiere plena vigencia en el magistral análisis del Partido Comunista del Perú (PCP), el cual desmitifica la esencia del sistema capitalista al destacar que el imperialismo no es un error fortuito de la historia, sino una etapa de descomposición y agonía del capital que requiere, por su propia naturaleza parasitaria, de la violencia reaccionaria más extrema para subsistir. Bajo la firme concepción del Dr. Abimael Guzmán, se desenmascara al imperialismo yanqui como la «bestia sedienta de sangre», en tanto, una entidad criminal que ha edificado su hegemonía global sobre un inconmensurable cerro de cadáveres pertenecientes a los pueblos originarios y a la clase obrera internacional (PCP, 1988). El exterminio de las naciones nativas no fue un daño colateral, sino la condición sine qua non para la expansión latifundista y el posterior desarrollo del capitalismo de monopolios.

La neocolonizadora Doctrina Monroe y la infamia del «Destino Manifiesto»

Desde 1823, la neocolonizadora Doctrina Monroe estableció la base jurídica y política del injerencismo sistemático en nuestra América. Lo que la retórica imperial presenta como una defensa continental, no es más que una declaración de propiedad privada sobre todo un hemisferio. Esta reaccionaria política evolucionó dialécticamente hacia el «Destino Manifiesto», convirtiéndose en una construcción ideológica perversa. Mediante este mito, se pretendió otorgar a la rapaz burguesía estadounidense un supuesto «mandato divino» para justificar el despojo territorial, el saqueo descarado de los recursos naturales y el aplastamiento de las naciones oprimidas hasta convertirlas en servidumbres.

Frente a esta pretensión hegemónica, el comandante Hugo Chávez Frías (2005) denunciaba, con una vehemencia acertada y necesaria, la vigencia de este mecanismo de opresión estructural. Chávez identificó con claridad que el imperialismo no solo es un sistema de explotación económica, sino la mayor amenaza para la supervivencia de la especie humana. Su consigna histórica resuena hoy con más fuerza que nunca ante la severa crisis capitalista e imperialista: «La Doctrina Monroe debe ser enterrada definitivamente en el siglo XXI», para dar paso a la verdadera soberanía de los pueblos que hoy resisten los embates de la bestia en declive.

Análisis de la economía política para entender al imperialismo en declive y descomposición

Desde las tesis de la economía política marxista, el declive del imperialismo yanqui no es un fenómeno coyuntural ni puramente político, pues es un proceso estructural, multicausal y terminal. La agonía de la hegemonía estadounidense se explica a través de la profundización de las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista en su fase superior y terminal. Procedemos a la argumentación de este desmoronamiento:

1. Tendencia decreciente de la tasa de ganancia y el sobrecrecimiento financiero

El capital estadounidense enfrenta de manera inevitable la ley descubierta por Carlos Marx: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Ante la saturación de sus mercados internos y una caída estrepitosa en la rentabilidad de su sector productivo real, la lumpen burguesía imperialista ha huido hacia la financiarización especulativa extrema.

Esta mutación ha convertido a la economía yanqui en un sistema de capitalismo parasitario en que la especulación financiera domina tiránicamente sobre la producción social. El resultado es una economía de burbujas insostenibles que, al estallar, descargan sus crisis sobre las espaldas de las naciones oprimidas y pueblos del mundo. Estados Unidos ya no produce para satisfacer necesidades, sino para alimentar el hambre insaciable de un capital ficticio que no tiene respaldo en la realidad material.

2. La crisis del petrodólar y el fin del privilegio exorbitante

La hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial, impuesta autoritariamente tras los acuerdos de Bretton Woods en 1944 y reforzada con el sistema del petrodólar, viene siendo desafiada por la emergencia de nuevas y soberanas arquitecturas financieras. Esta pérdida paulatina del monopolio monetario es un golpe letal al andamiaje imperialista.

Sin el control del dólar, Estados Unidos pierde su capacidad de exportar su inflación al resto del planeta como lo viene haciendo, socavando radicalmente su facultad para financiar de forma parasitaria su gigantesco déficit fiscal y su monstruoso aparato militar. El dólar, antes arma de chantaje, se convierte hoy en el talón de Aquiles del imperialismo que ya no puede sostener su nivel de vida a través del simple arbitraje del papel moneda sin respaldo.

3. Parasitismo y descomposición encarnado en el Complejo Militar-Industrial

Lenin (1916/2013) caracterizó magistralmente al imperialismo como «capitalismo agonizante y descompuesto». Hoy, esta definición cobra una vigencia aterradora, ya que Estados Unidos ha renunciado a competir mediante el desarrollo científico-tecnológico; en su lugar, utiliza las invasiones y masacres, sanciones económicas unilaterales, la elevación e imposición de aranceles, la especulación como únicos mecanismos de supervivencia y otras extorsiones político-militares.

Su industria manufacturera ha sido desplazada y desmantelada, quedando prácticamente solo el Complejo Militar-Industrial como el motor real de su economía. Esta distorsión estructural obliga al Estado imperialista a generar y perpetuar despiadadas guerras artificiales y focos de desestabilización global para dar salida a su producción bélica y garantizar el flujo de capitales hacia las corporaciones del terrorismo imperialista. Es un sistema que necesita el insaciable saqueo de recursos y la destrucción de la vida en la periferia para mantener el latido artificial de su centro financiero imperialista.

La hegemonía post-1945 y la barbarie de la guerra permanente

Tras la cruenta Segunda Guerra Mundial, el imperialismo estadounidense no buscó la paz, sino la consolidación de un orden global de servidumbre, asumiendo el rol de gendarme mundial de la reacción. Su supervivencia no radica en el consenso, sino en lo que el comandante Ernesto «Che» Guevara (1967) definió con lucidez como una lucha desesperada y sangrienta por mantener sus privilegios de la burguesía explotadora. En su histórico Mensaje a la Tricontinental, el Che sentenció una verdad que hoy golpea con fuerza: «El imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y debe ser vencido en una gran confrontación mundial… la fiera es más peligrosa cuando se siente herida». Esta ferocidad se traduce en la guerra permanente; un estado de excepción global en que Estados Unidos aplica políticas expansionistas; bombardeando, destruyendo, masacrando y desestabilizando cualquier proceso soberano que amenace el flujo de capitales hacia el centro imperialista.

El Complejo Militar-Industrial y la ofensiva de la guerra cognitiva

El aparato de dominación capitalista e imperialista yanqui no solo se sostiene sobre sus armas de exterminio, sino sobre una estructura simbiótica entre el mafioso Complejo Militar-Industrial y los sofisticados mecanismos de control social. El PCP (1988), en su defensa del marxismo-leninismo-maoísmo, advertía con precisión que el imperialismo utiliza la manipulación cultural, el entretenimiento alienante y el reformismo para intentar frenar y desviar la potencia revolucionaria de las masas populares, especialmente del proletariado y el campesinado.

En la actualidad, esta estrategia ha mutado hacia la denominada guerra cognitiva. A través de su formidable aparato de propaganda (Hollywood, redes sociales, corporaciones mediáticas, inteligencia artificial, etc.), el imperialismo busca que los pueblos acepten voluntariamente su propia esclavitud bajo los fetiches del consumo y el alienante individualismo burgués. El objetivo es desarticular la identidad de las naciones oprimidas y convertir a las mayorías en rebaños dóciles, ciegos ante la arremetida político-militar que saquea sus recursos y aplasta su dignidad.

La ofensiva y agonía de la bestia imperialista en franca descomposición

La agresividad criminal y sostenida contra Cuba, Venezuela, Palestina, Líbano, Yemen, Irán y otros pueblos que se niegan a someterse, es el síntoma inequívoco de la desesperación imperialista. En Asia Occidental, el respaldo activo y la financiación del genocidio en Palestina han revelado el rostro más atroz y deshumanizado del imperialismo yanqui y su engendro nazista como es el genocida régimen sionista de Israel. Estados Unidos ha devenido en la nación más criminal de la historia contemporánea, destrozando incluso su propia legalidad e instituciones del cacareado derecho internacional burgués para intentar sostener, mediante el terrorismo, un orden unipolar que se le escapa de las manos.

Sin embargo, como afirmaba el comandante Hugo Chávez ante la Asamblea General de la ONU (2006), el «olor a azufre» que exhala la presencia imperialista es hoy repudiado por la creciente conciencia universal de los pueblos. El imperialismo es, en esencia y según la tesis del gran maestro del proletariado Mao Tse-tung, un «tigre de papel», o sea, una estructura que proyecta una imagen de invulnerabilidad técnica y militar, pero que está estratégicamente condenada a la derrota. Su base social es nula, su economía es parasitaria y su moral burguesa es paupérrima frente a la movilización consciente y la resistencia heroica de los explotados y oprimidos.

Conclusión

El derrotero histórico de los Estados Unidos de América constituye la crónica de una formación social cuya génesis en el genocidio determinó su esencia depredadora y genocida. No es un sistema que lucha por la convivencia, sino que pretende perpetuarse mediante el exterminio global y el saqueo sistemático contra naciones oprimidas y pueblos del mundo. La estructural crisis que hoy presenciamos no debe confundirse con una recesión cíclica, ya que, es la agonía de una fiera herida de muerte en su fase de descomposición superior. En su desesperación, el imperialismo yanqui, como enemigo principal de la humanidad, intenta arrastrar a la especie humana a la catástrofe para sostener el modo de producción capitalista que se caracteriza por ser caduco y un cadáver insepulto.

La caída de esta potencia capitalista e imperialista no es solo un deseo voluntarista, sino una necesidad histórica y política. La libertad de las naciones y pueblos no vendrá de las concesiones de la diplomacia imperialista ni de sus organismos lacayos, menos de sus esbirros de todo pelaje, sino que será el fruto de la lucha inquebrantable y la movilización consciente de las masas hacedoras de la historia. La tarea política, guiada por el análisis científico materialista y dialéctico de la realidad, así como, por la memoria de los mártires de la resistencia, es acelerar el derrumbe de este «gigante con pies de barro». Solamente la unidad estratégica de los pueblos del mundo y el papel dirigente del proletariado, en tanto última clase de la historia y la más revolucionaria, conducirán a la destrucción total del andamiaje militar-financiero yanqui permitiendo la construcción de una formación económico-social superior, liberada de la explotación y opresión, y acorde al progreso ineludible de la historia.

Referencias bibliográficas

  • Chávez Frías, H. (2005, 4 de noviembre). Discurso en la III Cumbre de los Pueblos. Mar del Plata, Argentina. Denuncia de la Doctrina Monroe y el ALCA.
  • Chomsky, N., & Herman, E. S. (1990). Los guardianes de la libertad: El sector dominante de los medios de comunicación de masas (M. Arbizu, Trad.). Crítica. (Obra original publicada en 1988). Base para el análisis de la guerra cognitiva y manipulación mediática.
  • Galeano, E. (2021). Las venas abiertas de América Latina (Ed. revisada). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1971). Referencia fundamental sobre el saqueo de recursos naturales.
  • Guevara, E. (1977). Mensaje a la Tricontinental. En Escritos y discursos (Tomo 9). Editorial de Ciencias Sociales. (Obra original publicada en 1967). Llamado a la confrontación mundial contra el imperialismo.
  • Guzmán, A. [Presidente Gonzalo]. (1988). Entrevista del Siglo. Ediciones Bandera Roja. Análisis MLM sobre la descomposición del imperialismo.
  • Lenin, V. I. (2013). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Akal. (Obra original publicada en 1916). Tesis central sobre el capitalismo monopolista y agonizante.
  • Mao, T. (1976). Sobre el imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel. En Obras Escogidas (Tomo IV). Ediciones en Lenguas Extranjeras. (Obra original publicada en 1946). Fundamento de la debilidad estratégica del imperialismo.
  • Marx, K. (2017). El Capital: Crítica de la economía política (Tomo I). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1867). Referencia obligatoria para la acumulación originaria.
  • Partido Comunista del Perú [PCP]. (1988). Línea Internacional. Documentos Fundamentales. Análisis sobre la colusión y pugna de las potencias y el papel de EE. UU.

BOLIVIA: EL DERECHO A LA PROTESTA COMO BASTIÓN CONTRA LA FASCISTIZACIÓN Y EL ENTREGUISMO NEOLIBERAL

Alex A. Chamán Portugal

Enero 17 de 2025.

I. La lucha de clases y el derecho a la rebelión

En la actual situación de crisis estructural del capitalismo, el Estado boliviano, que sirve a la viabilización de políticas de explotación y opresión, se reafirma como el aparato de coerción de la clase social dominante. La actual ofensiva para penalizar el bloqueo de caminos tras el inconstitucional Decreto Supremo 5503, que impuso el «paquetazo neoliberal» de eliminación de subsidios en diciembre de 2025, no se constituye en un hecho aislado ni una búsqueda de «orden público», puesto que es, en esencia, una flagrante guerra entre las clases sociales explotadoras versus las explotadas. En una sociedad capitalista que presenta severas e irreconciliables contradicciones, la protesta es la expresión política de la contradicción entre el capital y el trabajo; por lo que su criminalización representa el intento desesperado de la burguesía y sus lacayos por amordazar a las mayorías populares ante el avance de políticas proimperialistas, antinacionales y antipopulares en el marco de un capitalismo en crisis con su respectivo neoliberalismo devorador.

II. Legitimidad popular sobre legalidad burguesa

En una sociedad que se enarbola la democracia liberal el derecho a la protesta no es una concesión benevolente del Estado, sino un derecho conquistado en las luchas. Su respaldo es doble:

a) Sustento Jurídico-Institucional: La Constitución Política del Estado (CPE) de 2009, en su artículo 21, garantiza la libertad de reunión y expresión. La jurisprudencia internacional, incluyendo el Pacto de San José de Costa Rica, establece que el derecho a la protesta es interdependiente, ya que, sin la capacidad de movilizarse, los derechos a la salud, educación y salario digno quedan desprotegidos. Así, la afectación temporal a la libre circulación no invalida la protesta, pues esta busca, por justicia y naturaleza, generar la ruptura circunstancias necesaria para visibilizar una demanda (derecho, libertad u otro) que el poder pretende ignorar.

b) El Derecho de los Pueblos: En el Estado Plurinacional de Bolivia, el bloqueo es una institución consuetudinaria de soberanía popular e independencia política. Desde la Revolución Nacional de 1952 hasta la Guerra del Gas o Rebelión Popular en 2003, la acción directa ha sido el único mecanismo eficaz de diálogo ante gobiernos reaccionarios. Criminalizar el bloqueo o penalizar cualquier otra histórica forma de protesta popular es pretender borrar la memoria histórica que dio origen a la propia democracia demoliberal boliviana, ignorando el pluralismo jurídico que reconoce las prácticas de resistencia obrera y popular.

III. La Fascistización del Estado

El tránsito hacia el fascismo contemporáneo se manifiesta en la infame criminalización sistemática de la disidencia. Proyectos de ley como el PL-070/2025-2026, que proponen penas de hasta 20 años por bloquear vías, configuran una afrenta a la historia de las luchas populares. Así, la penalización a la protesta que usa el Código Penal se constituye en un arma de guerra.

Este mecanismo opera en tres niveles:

a) Estigmatización: La instrumentalización del aparato mediático oficialista y empresarial construye un «enemigo interno», tildando al movilizado de «terrorista» o «saboteador económico» para justificar la violencia represiva estatal.

b) Persecución judicial (Lawfare): Se utiliza la mafiosa estructura del sistema de justicia para golpear y descabezar a las organizaciones sociales y políticas a través de procesos por sedición e instigación pública a delinquir.

c) Encarcelamiento selectivo: El desprecio al debido proceso concretiza la detención “preventiva” contra líderes y lideresas populares que busca desmovilizar a través del terror del Estado, subordinando la vida humana a la eficiencia de los flujos del mercado. Se prepara la aplicación abyecta del fascista Derecho Penal del Enemigo que violentara el Estado liberal y garantista que precautela relativamente derechos y libertades.

IV. Un gobierno proimperialista, prosionista, vendepatria y antipopular

La actual gestión gubernamental de Rodrigo Paz, junto a cuestionados políticos neoliberales y empresarios, lo ha desenmascarado como un agente del capitalismo y neoliberalismo más perverso. La penalización de la protesta no es más que la pretendida seguridad jurídica requerida por el capital transnacional y de la burguesía nacional para viabilizar la destrucción de la incipiente producción nacional y encaminar el saqueo de recursos naturales.

Estamos ante un gobierno proimperialista, prosionista, vendepatria y antipopular que rompe con parte de la tradición soberana de Bolivia para alinearse con las recetas y condiciones del FMI, BM, BID, etc., y los intereses del genocida imperialismo estadounidense. Asimismo, su carácter prosionista e impopular se evidencia en su alejamiento de la solidaridad internacionalista con los pueblos oprimidos (Palestina, Cuba, Venezuela, etc.), implementando siniestros métodos de manipulación y control poblacional, así como, políticas represivas importadas de Estados como: Israel, Argentina, El Salvador, Paraguay, Chile, Perú, etc. Este sometimiento busca garantizar que las políticas de ajuste neoliberal, como la liberalización de precios agrícolas enmarcadas en sus reglas de juego y la entrega de sectores estratégicos, se ejecuten sin resistencia social.

V. La Función Económica de la Represión

El fin último de prohibir la protesta es blindar el modelo neoliberal entreguista y hambreador. Al eliminar la capacidad de organización, movilización y presión de las masas, el Gobierno allana el camino para la privatización encubierta y la precarización laboral extrema. La represión es, por consiguiente, la herramienta para imponer un modelo de acumulación capitalista por desposesión que beneficia al despreciable imperialismo estadounidense y demás potencias capitalistas, las empresas transnacionales saqueadoras y a las clases sociales explotadoras.

VI. Hacia la unidad popular

La criminalización de la protesta es la confesión de debilidad de un régimen que ya no tiene argumentos para convencer y únicamente le queda la fuerza represiva para intentar vencer al movimiento obrero y popular. La respuesta de las masas populares debe ser la unidad entre la movilización de calle y el desarrollo de una conciencia de clase que identifique al verdadero enemigo: el sistema capitalista, su modelo neoliberal y sus ejecutores.

Defender el derecho a la protesta es defender los derechos fundamentales del pueblo. Frente a la arremetida fascista y la traición entreguista, el pueblo boliviano reafirma que la calle es el espacio supremo de la democracia liberal y escenario de la lucha de clases en que se forjarán sus mejores hijos e hijas.

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL DESDE LA VISIÓN HEGEMÓNICA DE EE.UU.

Por: Richard González

I. El Declive de la Unipolaridad y la Ofensiva de Restauración

La actual coyuntura internacional está marcada por un esfuerzo deliberado de Estados Unidos por restaurar su dominio global frente a la evidencia innegable de una erosión de su hegemonía. El vacío de liderazgo dejado por la crisis del modelo globalista ha permitido que potencias como Rusia y China asuman la iniciativa estratégica, extendiendo su influencia en zonas que históricamente fueron consideradas áreas de dominio exclusivo del «gendarme del mundo».

Bajo la administración de Donald Trump, se ha evidenciado que el poder no es monolítico; las contradicciones internas en el sistema de gobierno estadounidense reflejan la lucha entre una visión globalista fracasada y un nacionalismo pragmático que reconoce la crisis del sistema. Sin embargo, este escenario de crisis no debe llevarnos a subestimar el poder real del imperialismo —el «tigre de hierro»— que hoy lanza una ofensiva de restauración de amplio espectro.

II. El Control de los Recursos Críticos y la Era de la IA

Como bien analiza G.L. Muradov, la estrategia de control global de Washington ha mutado hacia una prioridad absoluta: el dominio de los recursos críticos, especialmente los energéticos. En este siglo, la energía no solo mueve industrias, sino que es el combustible vital para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y el procesamiento de datos a escala masiva.

Esta necesidad explica la agresividad diplomática y económica hacia Venezuela, Irán y el interés estratégico sobre Groenlandia. El control de estos nodos energéticos y de materias primas busca garantizar la supremacía tecnológica estadounidense.

III. La Fragmentación de la Multipolaridad y la Geopolítica del Ártico

El plan estadounidense contempla la destrucción de las plataformas que sostienen el orden multipolar. El bloque de los BRICS+, al consolidarse como una alternativa financiera y política, representa una amenaza existencial para la arquitectura del dólar. La estrategia norteamericana parece orientada a desarticular estas alianzas antes de que alcancen un punto de no retorno que desemboque en una guerra total.

En cuanto a Rusia, EE. UU. busca evitar la confrontación directa debido a la paridad atómica actual. Washington juega a ganar tiempo para cerrar la brecha en tecnología militar hipersónica y defensiva. En este tablero, el Ártico emerge como el nuevo teatro de operaciones. El interés por Groenlandia y el alineamiento férreo con Canadá no son caprichos territoriales, sino la necesidad de controlar las nuevas rutas comerciales y los yacimientos que el deshielo está dejando al descubierto.

IV. La Desconexión con China y la Seguridad Hemisférica

El «salto tecnológico» es hoy una cuestión de seguridad nacional. Ante el avance de China en telecomunicaciones, semiconductores y energía verde, EE. UU. ha emprendido una política de desacoplamiento para romper la dependencia de productos de alto contenido tecnológico provenientes del gigante asiático.

Para lograr este repliegue y posterior contraataque, Washington considera vital retomar el control absoluto del continente americano. La Doctrina Monroe se actualiza: el control del hemisferio occidental es la retaguardia necesaria para concentrar todas sus fuerzas en el frente del Indo-Pacífico contra China.

V. Conclusión: La Respuesta de los Pueblos

Ante estas contradicciones interimperialistas, cabe preguntarse: ¿cuál es el papel de las naciones y los pueblos? La sobriedad en el análisis nos obliga a ver más allá de las cúpulas de poder. Mientras las potencias se disputan la hegemonía, las masas en todo el mundo luchan contra la «fascistización» de la sociedad, el militarismo rampante y la erosión de las libertades.

La construcción de un mundo verdaderamente alternativo no vendrá solo del equilibrio de fuerzas entre potencias, sino del desarrollo de la conciencia de los pueblos oprimidos. La lucha por el desarrollo soberano y la democracia real es la única contraparte capaz de frenar las ambiciones de una guerra total y detentar el poder en función de los intereses de la humanidad.

Enero 16 de 2026

LA RED POPULAR DE PRENSA LATINOAMERICANA DENUNCIA ANTE EL PUEBLO PERUANO Y LA OPINIÓN INTERNACIONAL EL BOICOT A LA PELÍCULA «UYARIY»

Desde las trincheras de la comunicación popular, alzamos nuestra voz de protesta frente al repudiado acto de censura política y sabotaje cultural perpetrado por la cadena Cineplanet (Grupo Intercorp) contra el documental Uyariy. Este hecho no es un incidente comercial aislado, ya que es un eslabón más en la cadena represiva que caracteriza al mafioso Estado peruano y a sus poderes e instituciones, así como a la lumpen burguesía al viabilizar políticas de explotación, opresión y domesticación contra el pueblo.

1. El cine como objetivo de la guerra cognitiva

Denunciamos que las clases sociales dominantes han emprendido una guerra cognitiva o cultural destinada a borrar la memoria de los genocidios y masacres perpetradas por el Estado peruano a través de sus poderes, especialmente las genocidas fuerzas armadas y fuerzas policiales. Al restringir, ocultar o retirar de las salas un documental que recoge el clamor de justicia por los mártires de Juliaca Puno, los grupos de poder económico y lar organizaciones criminales políticas buscan controlar no solo lo que el pueblo ve, sino lo que el pueblo siente y recuerda. Es un siniestro intento de extirpar de la conciencia colectiva la evidencia del terrorismo de Estado presente durante las últimas décadas y años.

2. Colusión entre el podrido Estado peruano y la lumpen-burguesía

El Estado peruano, hoy convertido en una estructura mafiosa y genocida, actúa en perfecta simbiosis con grupos económicos como el de Carlos Rodríguez-Pastor. Mientras el brazo armado del Estado (fuerzas armadas y policiales) persigue, encarcela, tortura, asesina y hiere a miles de peruanos que luchan por sus derechos esenciales y libertades demoliberales, el brazo corporativo (Cineplanet) impone el silencio administrativo y comercial. Esta es la verdadera cara de la decadente «democracia liberal» peruana que manifiesta con creces una abominable dictadura del capital que solo permite la libertad de expresión cuando esta no cuestiona su podredumbre generalizada expresada en sus crueles políticas antipopulares.

3. La censura como política de impunidad

La negativa de permitir la difusión de Uyariy a nivel nacional busca invisibilizar el terrorismo de Estado a través de genocidios y masacres ocultando los rostros y las voces de quienes sobrevivieron a la represión de 2023, aislar las justas luchas populares impidiendo que el pueblo se conecte emocional e ideológicamente con la combatividad y la resistencia, principalmente, de las regiones del sur del país y asfixiar el cine nacional atacando la producción cinematográfica nacional que no se arrodilla ante los fondos del instrumentalizado Ministerio de Cultura y que opta por ser un arma de denuncia popular.

4. Nuestro llamado a la acción para romper el cerco mediático y cognitivo

La Red Popular de Prensa Latinoamericana declara que la verdad no se puede privatizar ni encarcelar en las bóvedas de un centro comercial. Si las salas mercantilizadas de la lumpen burguesía nos cierran las puertas para proteger a los asesinos del pueblo, las masas populares conscientes responderán con la fuerza de la organización. Así, corresponde impulsar la contraofensiva de la Prensa Alternativa para enfrentar al silencio cómplice de los medios hegemónicos y el sabotaje de las cadenas de cine, utilizar las Redes Sociales como Trinchera para convertir cada celular en un proyector y cada perfil en una agencia de noticias, puesto que la censura de Cineplanet debe ser respondida con una avalancha de agitación digital usando las plataformas tecnológicas para viralizar los fragmentos, los testimonios y la denuncia que la burguesía quiere ocultar y, finalmente, trabajar la proyección Popular y Militante instando a las organizaciones sociales, sindicatos, colectivos y frentes de defensa a organizar proyecciones itinerantes, puesto que el cine debe volver a ser un arma de conciencia en las plazas, en los locales comunales y en las barriadas.

La censura corporativa reaccionaria se constituye en un tigre de papel cuando un pueblo decidido se organiza para defender su derecho a la memoria. La colusión entre el poder económico de la lumpen burguesía y las organizaciones políticas criminales fujimontesinistas y afines que manejan el Estado genocida no podrán detener la luz que emana de la verdad histórica.

¡Exigimos el cese inmediato de la censura contra «Uyariy»!

¡Por un cine al servicio del pueblo peruano!

¡Memoria, justicia y victoria popular!

Red Popular de Prensa Latinoamericana 

Latinoamérica, 10 de enero de 2026

PRONUNCIAMIENTO Y SALUTACIÓN A 132 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL PRESIDENTE MAO TSE – TUNG ! VIVA EL MAOÍSMO, MARXISMO DE NUESTRA ÉPOCA!

Red de Prensa Popular Latinoamericana

Hoy, 26 de diciembre de 2025, los pueblos conscientes del mundo, el proletariado internacional y las fuerzas revolucionarias consecuentes conmemoran el 132 aniversario del nacimiento del Presidente Mao Tse-tung, gigante del pensamiento y obra revolucionaria, dirigente comunista de talla universal y forjador de una de las más grandes experiencias de transformación social en la historia de la humanidad.

Recordar al presidente Mao Tse-tung es una reafirmación de que el maoísmo constituye la tercera y superior etapa del marxismo, desarrollada en la época del imperialismo, de la revolución proletaria mundial y de la lucha irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. El maoísmo es el marxismo de nuestra época. Es teoría revolucionaria integral; es concepción científica del mundo, doctrina del proletariado, línea ideológica y política, metodología, estrategia y táctica para la toma del poder, y guía segura para la construcción de la nueva sociedad.

Como ideología científica del proletariado, el maoísmo expresa los intereses históricos de la última clase de la historia, la clase más revolucionaria, la única capaz de abolir toda forma de explotación, opresión y dominación de clase. Por ello, es una ideología justa, correcta, científica e invicta, porque se sustenta en las leyes objetivas del desarrollo social y en la práctica transformadora de las masas. El Presidente Mao Tse-tung elevó el marxismo-leninismo a una nueva cumbre al demostrar, en la teoría y en la práctica, el papel decisivo de las masas populares como verdaderos sujetos de la historia, al desarrollar la línea de masas, la guerra popular prolongada, la revolución cultural como continuidad de la lucha de clases bajo el socialismo, y la lucha permanente contra el revisionismo y toda forma de restauración capitalista.

En el decadente modo de producción capitalista, atravesado por la crisis estructural del capitalismo, el recrudecimiento del imperialismo, el neocolonialismo y las guerras de rapiña, el maoísmo se confirma como la ideología transformadora que conduce y conducirá a la humanidad hacia una sociedad superior, una sociedad de armonía, libertad, justicia social y emancipación plena.

La correcta línea ideológica y política maoísta contribuye a la forja de revolucionarios, socialistas y comunistas auténticos. Cumple una tarea estratégica esencial al proletarizar a la pequeña burguesía, clase social oscilante y vacilante por su ubicación en la estructura de clases, dotándola de una férrea posición de clase, de disciplina revolucionaria y de compromiso histórico al servicio de la humanidad y de la revolución proletaria.

Desde la Red de Prensa Popular Latinoamericana, reafirmamos que el maoísmo es una guía viva para la acción, una herramienta indispensable para la lucha ideológica, política y comunicacional contra la hegemonía capitalista, los monopolios mediáticos, el imperialismo y todas las formas de dominación.

Hoy, al rendir homenaje al Presidente Mao Tse-tung en el 132 aniversario de su nacimiento, reafirmamos nuestro compromiso irrestricto con el marxismo-leninismo-maoísmo, con la organización consciente de las masas, con la verdad revolucionaria y con la construcción de un mundo nuevo, sin explotadores ni explotados.

¡VIVA EL PRESIDENTE MAO TSE-TUNG!
¡VIVA EL MAOÍSMO, TERCERA Y SUPERIOR ETAPA DEL MARXISMO!
¡VIVA EL PROLETARIADO INTERNACIONAL!

Red de Prensa Popular Latinoamericana
26 de diciembre

LA MULTIPOLARIDAD INESTABLE

Por Richard Gonzales

Los choques recurrentes entre potencias y superpotencias, por zonas de dominio, marcan estas primeras décadas del siglo XXI, con un conflicto permanente y desórdenes que provienen de décadas atrás, del siglo pasado.

Comprender este proceso requiere un estudio sustancioso de los procesos anteriores, porque nada es casual o fortuito. Según muchos analistas, estaríamos en medio de un “proceso multipolar inestable”, donde hay choques por zonas de influencia y dominio. Según estos mismos analistas y geoestrategas, la multipolaridad siempre ha sido inestable, dada la existencia de múltiples puntos y centros de poder, lo que ha llevado a guerras frontales, contrario a un orden de una potencia dominante, aunque injusto, pero que genera cierta estabilidad.

Mientras que una bipolaridad genera “equilibrio” de poderes, varios poderes van a generar fricciones y choques constantes. Para sostener dicha posición, recurren a la historia, por ejemplo:

  • Europa antes de 1914: multipolar, guerra.
  • Período entre guerras: multipolar débil, guerras.
  • Guerra fría: bipolar, tensión estable.
  • Post-1991: unipolar, hegemonía de EE. UU.

A partir del surgimiento de nuevas potencias y superpotencias, como en el caso de China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Brasil, India y otros en proceso, está en marcha un escenario de un mundo sin reglas claras y únicas, a raíz de la pérdida del hegemonismo de EE. UU., que marcha hacia un declive mundial evidente.

Particularmente, el bloque chino-ruso confronta al imperialismo de EE. UU., dado que no comparten la misma idea o visión del mundo de un orden unipolar.

La razón es que hay órdenes con visiones propias en confrontación: mientras EE. UU. defiende un orden liberal con hegemonía occidental, China promueve una soberanía fuerte con zonas de influencia comercial, y Rusia lleva adelante un equilibrio de poderes en sus zonas de influencia o el derecho del más fuerte en su periferia o zonas de seguridad.

Hay una exigencia para la puesta en práctica de un derecho internacional que existe en papel; pero, en la realpolitik, priman los intereses de cada superpotencia contendiendo por zonas de dominio, donde existen múltiples recursos naturales para esta IV revolución industrial, zonas marítimas de navegación para el comercio, contiendas por el ciberespacio y la tecnología de última generación, tanto en su aplicación militar, IA, comunicaciones y el financierismo, etc.

SOBRE POSICIÓN DE ESPERAS DE DOMINIO

Si bien es cierto que antes las fronteras habían llegado a cierto consenso y “respeto”, hoy estas han sido quebradas, muy particularmente por la soberbia del imperialismo yanqui, que creía que el mundo estaba a sus pies, y en su esfuerzo unipolar, aplastar a Rusia y China era su visión, para ese “destino manifiesto” y un hegemonismo mundial. Mientras arremetía contra los pueblos con una ofensiva feroz, anulando toda iniciativa con canallescas acciones de represión y hasta la liquidación en vida de líderes o proscribiendo organizaciones potencialmente antisistémicas, que podrían confrontar y poner en cuestión dicho poder.

Esa es la razón de que dichas fronteras hoy estén en confrontación. Vemos, por ejemplo:

  • Ucrania: confrontación de EE. UU.-OTAN contra Rusia.
  • Taiwán: confrontación de EE. UU. contra China.
  • Venezuela: EE. UU. contra China/Rusia/Irán.
  • Medio Oriente: EE. UU. contra Irán/Rusia.
  • África: China contra Occidente.

La confrontación va en función de redefinir zonas de dominio, es decir, un nuevo orden mundial con visiones diversas, proyectos en todos los ámbitos; en lo inmediato, zonas bélicas y zonas en confrontación económica, tecnológica, una confrontación permanente.

Esa es la razón de las sanciones, bloqueos financieros, control tecnológico, guerras de desinformación, sabotaje cibernético.

El mundo entre superpotencias y potencias ha entrado en una desconfianza estratégica, disputa y no reparto de zonas de dominio hasta ahora, además de potencias insatisfechas con el statu quo mundial. Es bien sabido que el diseño geoestratégico de China y Rusia no acepta el orden que impone EE. UU. y lo toma como confrontación civilizatoria de vida o muerte frente al gendarme y su visión hegemónica, mientras este gendarme del mundo en declive no acepta perder su centralidad, aunque en esta última administración, tácitamente acepta en el discurso esa realidad; no obstante, persiste en su hegemonismo en la práctica, muy a pesar de la propia realidad en la política internacional. ¿Acaso presiona para ponerse en mejores condiciones de negociación, hasta en la posibilidad de un hipotético ingreso a los BRICS? Hecho que reafirmaría la abierta aceptación de la multipolaridad.

Todos estos hechos llevan a una confrontación militar sin precedentes hasta ahora inevitable, dada la fricción, la contradicción interimperialista, la que está concretándose en guerras regionales indirectas, crisis periódicas, escaladas controladas, retórica moral extrema, como decir: “nadie manda del todo, pero nadie acepta no mandar”.

Entonces, tal y como marcha el mundo en esa III guerra mundial que ya está en pleno proceso, que no tiene las mismas características de guerras anteriores. Los imperialismos no acuerdan, confrontan, eso es lo natural, pero los eventos mundiales fluyen con tanta rapidez que podrían darse sucesos inesperados.

La historia muestra que los imperios se han sucedido en medio de cruentas guerras, donde una queda en derrota y otra emerge, pero en la actualidad, estas confrontaciones ponen en juego la extinción de nuestra propia especie, dado el desarrollo tecnológico, las armas con capacidad de destrucción masiva como son el uso de las bombas atómicas, el mismo uso de IA en estas armas bélicas, que han reconfigurado la forma de combate, batallas con el uso de la robótica, uso de energía nuclear, revolucionando las formas de lucha y que muchas tecnologías y formas o estrategias queden obsoletas a medida que pasa el tiempo, las que son superadas unas sobre otras. Eso demuestra la guerra en Ucrania, la que debe llevar a un estudio minucioso de todos los cambios que están mostrando en el campo de batalla, en la misma confrontación con el uso de tecnología militar y uso de la IA en la actualidad.

18/12/2025

El gasolinazo neoliberal en Bolivia es un feroz ataque frontal al pueblo y la soberanía nacional

Por Alex Chamán Portugal

En el marco de la severa crisis y decadencia capitalista global, el gobierno proimperialista y prosionista de Rodrigo Paz en Bolivia ha desatado una ofensiva neoliberal que revela su carácter proempresarial y antipopular. El anuncio de hoy 17 de diciembre de 2025, mediante el cual se elimina el subsidio a los combustibles, no es más que la punta de lanza de una agenda diseñada para transferir injustamente la pesada carga de la crisis económica del Estado burgués a las espaldas de la clase obrera y los sectores populares. Este «gasolinazo» cuyo término evoca los traumáticos ajustes estructurales de las décadas pasadas, eleva el precio de la gasolina especial de 3,72 Bs a 6,96 Bs por litro (un aumento del 87%), el diésel de 3,74 Bs a 9,80 Bs (un incremento del 162%) y la gasolina premium a 11 Bs, bajo el pretexto de «garantizar el abastecimiento continuo» y combatir la corrupción en YPFB. Esta medida no resuelve la raíz del problema expresada en la dependencia imperialista y la explotación capitalista de los recursos naturales, sino que profundiza la desigualdad económica y social, favoreciendo a las depredadoras empresas transnacionales y al gran capital de la burguesía nacional a expensas del pueblo.

El gobierno de Paz y sus socios, electo en octubre de 2025 tras dos décadas de gobiernos progresistas del MAS, representa el retorno triunfal del nefasto y fracasado neoliberalismo en Bolivia, alineado con los intereses del genocida imperialismo estadounidense y las perversas instituciones financieras internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Sus promesas de «seguridad jurídica» para inversiones avasalladoras, repatriación de capitales con cero impuestos, simplificación tributaria y liberación de exportaciones no son más que eufemismos para una política neoliberal favorable al capital extranjero, que prioriza la despiadada acumulación privada sobre la redistribución con justicia social. Al declarar el país en «emergencia económica, financiera y energética», el Gobierno de turno justifica estas reformas como un «salvataje para la patria», culpando a la gestión anterior de «saqueo» y «desfalco». Sin embargo, esta novela oculta la verdadera causa en que la crisis inherente al capitalismo atrasado y dependiente boliviano, exacerbada por la caída en la producción de gas natural y la volatilidad de los precios internacionales de materias primas, que benefician a las potencias imperialistas mientras dejan a naciones oprimidas como Bolivia en la periferia del sistema capitalista mundial.

Una vez más, se golpea la economía popular con el encarecimiento de productos y servicios básicos de primera necesidad. El alza en los combustibles no se limita a los surtidores; puesto que permea toda la cadena productiva y de consumo. El diésel, vital para el transporte pesado, la agricultura y la industria, encarecerá los fletes, consiguientemente, los precios de alimentos como el pan (que ya ha subido un 60% debido a recortes previos en subsidios), la carne (con incrementos del 90% por la liberación de exportaciones) y otros bienes esenciales. Esto no es casualidad, ya que, en un caduco sistema capitalista, los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (comida, transporte, vivienda, etc.) se trasladan directamente a la mayoría de las masas trabajadoras, erosionando su poder adquisitivo y perpetuando la pobreza e indigencia. Las migajas ofrecidas por el gobierno, como el incremento del salario mínimo nacional de 2.750 Bs a 3.300 Bs (un 20% que apenas compensa la inflación proyectada) y el alza en la Renta Dignidad a 500 Bs, resultan insuficientes e irrisorios. Peor aún, el bono Juancito Pinto de 300 Bs por estudiante y un programa de protección de 200 Bs cada cuatro meses no mitigan el cruel impacto real, pues una inflación galopante que podría superar el 10% en 2026, según proyecciones basadas en experiencias similares en la región. En esencia, estas «medidas financiadas» son un velo para la redistribución inversa, ya que el 50% de los recursos liberados por la quita de subsidios irá a gobiernos subnacionales, pero sin garantías de que beneficien a los a los explotados y oprimidos, sino a las clases sociales dominantes y las élites locales aliadas con el capital.

Los efectos sociales serán devastadores, profundizando la pauperización absoluta y relativa del pueblo trabajador. El aumento en los costos de transporte y producción impulsará despidos masivos en sectores como la agricultura, el comercio y la industria informal, que representan el 70% de la economía boliviana. Esto elevará el desempleo, el subempleo y la precarización laboral, forzando a decenas de miles a migrar a la informalidad o la mendicidad. Históricamente, ajustes neoliberales como este han correlacionado con picos en la delincuencia, ya que la desesperación económica empuja a los excluidos hacia la supervivencia marginal. En Bolivia, donde la crisis ambiental y la sequía ya agravan la vulnerabilidad rural, este inmisericorde gasolinazo acelerará la proletarización forzada, convirtiendo a más campesinos e indígenas en mano de obra barata para las transnacionales. Esto no es un accidente económico, sino la lógica monstruosa del capital: acumular mediante la desposesión, como lo describió Marx en El Capital, donde la plusvalía se extrae a costa de la miseria creciente.

Pero el neoliberalismo no se limita a lo económico; puesto que prepara el terreno para la represión política y la privatización salvaje. El gobierno de Paz, consciente de la resistencia popular que generará desatará una criminalización de la protesta. Ya en su primer mes, dos manifestantes han sido asesinados por la policía en Colcapirhua – Cochabamba, y persisten escaseces de combustibles pese a las promesas. Esta violencia estatal, típica de regímenes proimperialistas, busca sofocar la lucha de clases mediante persecución política, encarcelamientos y leyes de emergencia que violan la Constitución Política del Estado de 2009, forjada en la lucha antineoliberal de los movimientos sociales. Al igual que en los ochenta y noventa, cuando narco-gobiernos como los de Paz Zamora y Sánchez de Lozada privatizaron YPFB, el agua y los hidrocarburos en beneficio de empresas estadounidenses, el actual régimen allana el camino para una nueva ola de privatizaciones. La transformación de YPFB anunciada por Paz, junto con la facilitación de importaciones de diésel y la promoción de inversiones extractivistas, apunta a desmantelar la soberanía energética y entregar recursos estratégicos al capital transnacional, en desmedro de la nación y el pueblo. Si es necesario, violentarán la CPE, invocando la emergencia para imponer decretos autoritarios, como en los inicios de los 2000, que culminaron en la Guerra del Gas y el derrocamiento del genocida Sánchez de Lozada que presidía la mafiosa y entreguista megacoalición de politiqueros neoliberales.

Este momento exige la unidad del pueblo boliviano contra el capitalismo y su expresión neoliberal. La historia boliviana, de la Revolución de 1952 a la Agenda de Octubre de 2003, demuestra que solo la movilización masiva y la construcción de poder popular pueden revertir estos ataques. No basta con reformas paliativas como las de las últimas casi dos décadas; urge expropiar al gran capital, nacionalizar genuinamente los recursos bajo control obrero y avanzar hacia una sociedad superior. El gobierno de Paz, con su retórica de «verdad» y «responsabilidad», no es más que un instrumento de la burguesía carente de un proyecto integral de desarrollo nacional, aliada al imperialismo. Pero el pueblo, motor de la historia, no se doblegará: ¡la lucha continúa por una Bolivia libre, soberana, anticapitalista y antineoliberal!

18/12/2025