Red de prensa popular latinoamericana

CUATROCIENTOS NOVENTA Y TRES AÑOS DE HUMILLACIÓN DEL PUEBLO PERUANO

Richard Gonzales

Desde la invasión del imperio español, cuando la masa campesina era considerada como no humana, explotada y exterminada con todo tipo de trabajos forzados, hasta el sometimiento cultural impuesto bajo la cruz y el mosquete, el pueblo peruano ha vivido siglos de dominación.

Tras la llamada “emancipación”, aquella humillación se profundizó bajo las botas de los hijos de los españoles, quienes pasaron del dominio imperial español al dominio de Inglaterra.

A pesar de la lucha y resistencia de los pueblos —tanto bajo el yugo del imperio español como del inglés— la crueldad y el sufrimiento prosiguieron bajo el imperialismo yanqui.

La explotación y la opresión ya no provenían de un solo imperio, sino de un sistema capitalista que combinaba la semifeudalidad con un capitalismo tardío y burocrático.

La humillación a la nación se evidenció de forma nítida durante la guerra con Chile, un conflicto alentado por intereses imperiales en disputa. La burguesía y los terratenientes peruanos, sin una pizca de patriotismo, servían a las tropas invasoras en banquetes y pailas, mientras estas violaban a sus “compatriotas” y tomaban Lima.

La resistencia fue protagonizada por un puñado de patriotas y por la inmensa masa popular. No así por la burguesía parasitaria, cuyos funcionarios negociaban con el enemigo, robaban los presupuestos destinados a la defensa o entregaban parte del territorio nacional, como ocurrió con Ecuador, Brasil y Colombia.

La pérdida reiterada de territorio demuestra que a esta burguesía nunca le importaron la patria ni la nación. El pueblo, en cambio, siempre resistió; él es el verdadero patriota, no las calañas vendepatrias.

La esencia de esta burguesía ha sido siempre la misma: una clase que jamás asumió la cultura, las tradiciones, las costumbres ni las identidades de su propio pueblo, esas que han forjado la historia y los símbolos de la nación.

No sienten esta patria como suya, salvo para saquearla o venderla. Son simples mercachifles, incapaces de diseñar un proyecto real de desarrollo autónomo, independiente y soberano, como sí lo lograron otros países capitalistas que hoy son potencias o superpotencias.

Podríamos preguntarnos: ¿en qué revolución industrial fueron partícipes o mentores? ¡En ninguna! Solo han sido lamebotas, entreguistas, mercachifles bárbaros.

Siempre soñaron con emular a sus amos, aspirando a una cultura europea —hoy en decadencia y decrepitud— o a la de su amo yanqui. Por eso desprecian al indio, al pobre, al “marginado”, al habitante de los conos y provincias que trabaja en sus fábricas, comercios, casas, maneja sus autos y cuida a sus hijos.

Las sociedades con raíces quechuas, aimaras y de otras minorías nacionales solo existen para ellos en la medida en que puedan ser mercantilizadas: extraerles impuestos, explotarlos en sus industrias, negarles derechos. Para esa clase dominante, son sociedades inexistentes dentro del mundo que sueñan; no los consideran sujetos históricos transformadores ni generadores de riqueza, sino bestias de carga —adiestradas o no—, reemplazables y desechables, disciplinadas por un marco jurídico que legitima la explotación y la opresión.

La crueldad y la humillación persisten aún en la sociedad actual, capitalista y dependiente del imperialismo. Si existiera una burguesía “madura”, debería ser la base de un verdadero desarrollo nacional; sin embargo, ocurre lo contrario: hoy está más sometida que nunca a sus antiguos y nuevos amos, profundizando la desintegración interna, la corrupción y la caotización social para seguir saqueando todo lo que puedan, como vulgares asaltantes de esquina.

Por tanto, no debe haber contemplación alguna con estos canallas. No debe haber miedo ni consideración. Solo debe expresarse nuestro odio de clase, nuestra rabia contenida, la cual debe explotar, aunque haya costos que pagar.

Por esa misma razón, se impone la necesidad de una organización única del pueblo en un frente único, guiado por sus mejores hijos, para cristalizar otro mundo para los explotados y oprimidos, utilizando las herramientas que la historia ha dado a los pueblos del mundo: las experiencias vivas que permitan retomar y culminar los procesos truncos del acero.

Estamos en esa disyuntiva: tomar las riendas de nuestro destino o permitir que ellos impongan su sociedad elitista y tecno-feudal.

17 de octubre de 2025

LA LUMPEN BURGUESÍA PERUANA Y LA REPRESIÓN AL PUEBLO EN LUCHA

LA LUMPEN BURGUESÍA PERUANA Y LA REPRESIÓN AL PUEBLO EN LUCHA

Richard Gonzales

La lucha de clases entre opresores y oprimidos se agudiza, mientras en el frente del enemigo, cada vez más aislado, una minoría de corporaciones nacionales e imperialistas saqueadoras, defendidas por la fuerza armada y un puñado de congresistas y jueces vendepatrias, al servicio de esos gánsteres y a la embajada yanqui en forma abierta y descarada.

Los pueblos del Perú, en pie de lucha constante, quienes, con su espíritu combativo, los cuales, en su sangre quechua y aimara, llevan el estandarte del verdadero patriota y quien defiende la nación realmente, aún a costa de su propia vida o sangre vertida.

Esta lumpen burguesía ha extremado su opresión y saqueo a todo el pueblo, lo que hace vivir en las más humillantes condiciones de vida, caotizando la sociedad con anarquía, delincuencia y todas las inmoralidades que haya.

Han pateado hasta el tablero de sus propias leyes, normas, tratados, convenciones. Generan las condiciones para una mayor represión y una dictadura abierta. Asumen una doctrina del caos permanente, ya no el “imperio de la ley” o “estado de derecho”; pretenden una sociedad de siervos, pretenden un retroceso de la sociedad políticamente hablando.

Destruyen el fundamento moral de la modernidad, de la revolución burguesa, del liberalismo, de su civilización, y reemplazan la “verdad” por la “opinión”, el “bien” por la “utilidad”, y la “sabiduría” por la “ciencia técnica”.

Como dicen sus mentores del neoliberalismo tecno feudal y elitista: “… no todos los hombres están preparados para que conozcan la verdad”, “el sabio en cambio comprende la verdad detrás de los mitos, pero sin revelar por completo”. Es una justificación del elitismo y un desprecio de la masa, razón por la que se recurre hasta el genocidio, el asesinato, la persecución, la criminalización de las luchas.

Degeneran la democracia “moderna”, liberal, formal, para que sus principios “igualitarios” se destruyan, por medio de su burocracia, para rediseñar el mundo, así implantar una sociedad dirigida por corporaciones, por la eficiencia y jerarquías, no por votos o derechos universales.

Sus planteamientos actuales son que: “la desigualdad es natural”; por tanto, las bases de la civilización actual deben sufrir dramáticos cambios elitistas, aristocráticos y tecno feudales.

Razón por la que se implementa bajo política de “seguridad interna” el control biométrico de la sociedad, algoritmos, redes autónomas, el nihilismo, elitismo y poshumanismo extremo.

Las masas desbordan en lucha y combate, por tanto, necesitan su control y vigilancia total; está en marcha ese plan, no solo en la sociedad peruana, sino a nivel universal; por tanto, oponerse y luchar es parte de la resistencia y combate a esos planes, la que como consecuencia lleva a demandar y luchar por democracia, libertad y el ejercicio del más alto derecho a la transformación de la sociedad.

16/10/2025

UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales
10 de octubre de 2025

Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués.

Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial.

Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones.

De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués.

En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema.

En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico.

Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites.

El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita.

Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo.

Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana.

Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso.

Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica.

10/10/2025