Red de prensa popular latinoamericana

El Fútbol entre la Pasión Popular y el decadente Capitalismo: Un Análisis Crítico de la Mercantilización e Instrumentalización Política en la FIFA

Por: Alex A. Chamán Portugal 
Introducción
El fútbol nació en las calles, en los barrios y en los campos en que millones de personas -pertenecientes a los sectores populares- encontraron un espacio de identidad, comunidad, cohesión y esperanza. No obstante, a medida que el deporte más popular del planeta fue mercantilizado hasta convertirla en una lucrativa industria multimillonaria, la pasión colectiva fue absorbida por una mafiosa estructura de intereses económicos, políticos e ideológicos que hoy tiene en la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) a su principal administradora. La institución, que discursivamente asevera promover el juego limpio y la fraternidad, enfrenta desde hace varias décadas muy graves denuncias por corrupción sistémica, falta de transparencia y una aplicación de sus normas que resulta ser políticamente tendenciosa para favorecer a ciertas naciones en desmedro de otras. El presente ensayo argumenta que la FIFA ha mercantilizado el fútbol y lo ha instrumentalizado con fines políticos e ideológicos, socavando su esencia popular para subordinarlo a lógicas depredadoras de dominación capitalista e imperialista.

De las calles al monopolio corporativo transnacional
El declive de la FIFA comenzó a acelerarse durante la presidencia de João Havelange, cuando la organización dejó de administrar solamente competiciones deportivas para convertirse en una poderosa corporación transnacional. Tal como lo han documentado investigadores como Andrew Jennings, John Sugden y Alan Tomlinson, la FIFA asumió que su verdadero producto no era el deporte del fútbol en sí, sino la mercantilización e instrumentalización de una atención global de miles de millones de personas.
Derechos televisivos, patrocinios exclusivos, licencias comerciales, etc., transformaron la Copa del Mundo en uno de los espectáculos más lucrativos del planeta. La mercantilización se evidencia en efectivos mecanismos de explotación que encajan con el monopolio, como el escandaloso control oficial de la reventa de entradas incorporado en el mundial 2026. Con el pretexto de reducir el fraude y optimizar la seguridad, la FIFA robusteció un mercado secundario y un circuito cerrado en que un mismo asiento genera exorbitantes ganancias para la institución. Muchos especialistas sostienen que este modelo consolida una creciente especulación del espectáculo que eleva desproporcionadamente los precios, excluyendo cada vez más a los sectores populares que históricamente le proveyeron vida al deporte.
 El negocio perfecto y la desigualdad económica
El diseño mercantil de la FIFA opera bajo una razón perversa de privatización de ganancias y socialización de pérdidas, ya que, la institución condiciona y exige que los ingresos vinculados al torneo queden exentos de impuestos locales, constituyendo lo que analistas llaman el negocio perfecto.
Mientras la FIFA concentra los colosales ingresos, los países anfitriones asumen inversiones públicas gigantescas en detrimento de políticas públicas. El Mundial de Brasil 2014 es un ejemplo perfecto, puesto que el Estado destinó decenas de miles de millones de dólares a infraestructura mientras amplios sectores populares protestaban por la situación precaria de la salud, la educación, el agua potable y desagüe, la energía eléctrica, el transporte, etc. Muchos de estos recintos, como el Estadio Mané Garrincha, terminaron convertidos en costosos denominados blancos, evidenciando una planificación subordinada a las exigencias del espectáculo futbolístico antes que priorizar las necesidades de los ciudadanos. 
Instrumentalización política, lavado de imagen y Derechos Humanos
El fútbol otorga al poder una herramienta extraordinaria como la naturalidad emocional, disminuyendo las críticas de las masas populares. A lo largo de la historia, regímenes genocidas y mafiosos han utilizado los espectaculares megaeventos para lavar su imagen, desde la Italia fascista de Mussolini en 1934 hasta la Argentina criminal de Jorge Rafael Videla en 1978, en que la algarabía de los estadios sirvió como cortina de humo para ocultar los centros militares de tortura, violación, asesinatos y desaparición.
Esta instrumentalización alcanzó nuevas dimensiones en el mundial de Catar 2022, ya que, informes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Organización Internacional del Trabajo documentaron sólidamente cómo la infraestructura del torneo se erigió sobre la atroz explotación de trabajadores migrantes a través del sistema Kafala, atándolos a condiciones de semiesclavitud que resultaron en la muerte de miles de obreros procedentes de los países más empobrecidos. 

Geopolítica, doble moral y sumisión imperialista
La crisis de legitimidad de la FIFA se profundiza al examinar la coherencia de sus injustificables decisiones políticas. Lejos de la neutralidad que suele proclamar, la organización aplica sus estatutos con una evidente doble moral, subordinada a los intereses hegemónicos de determinadas potencias capitalistas e imperialistas. Tras el inicio de la guerra en Ucrania, Rusia fue excluida de las competiciones futbolísticas internacionales organizadas por la FIFA y la UEFA. En contraste, la institución ha permitido la continuidad del régimen terrorista de Israel en los torneos oficiales, pese a las atrocidades cometidas contra el heroico pueblo palestino y a la violación sistemática de resoluciones de la ONU en el contexto de las masacres perpetradas en Gaza y Cisjordania. Una situación similar se observa con el genocida imperialismo estadounidense, que arremete económica, política y militarmente contra pueblos hermanos de Irán, Venezuela, Cuba y otras naciones soberanas, sembrando destrucción, muerte y terror. Esta sumisión ante las presiones geopolíticas quedó expuesta de manera escandalosa durante el Mundial 2026, puesto que la FIFA decidió suspender, aplicando de oficio el Artículo 27 de su Código Disciplinario, la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun, habilitándolo para disputar los octavos de final contra Bélgica. Denuncias serias apuntan a que esta indulgencia sui generis fue producto de la presión directa ejercida por el presidente pedófilo Donald Trump para revertir la expulsión del goleador. Así, la readmisión, camuflada bajo un "período de prueba", demuestra el sometimiento del máximo organismo del fútbol ante el imperialismo decadente y su disposición a alterar las reglas deportivas en favor de las potencias expoliadoras. 
Corrupción Estructural como el Caso FIFA Gate
La magnitud de la corrupción institucional de la FIFA quedó plenamente expuesta con el escándalo conocido como FIFA Gate, descubierto en 2015. Las investigaciones revelaron una extensa red de sobornos, pagos ilícitos, tráfico de influencias y compra de votos que involucró a altos dirigentes del fútbol internacional, poniendo en evidencia prácticas sistemáticas propias de una estructura gansteril. El bochornoso caso demostró que el uso del poder para lograr beneficios particulares había penetrado los niveles de decisión de la organización, deteriorando gravemente su credibilidad y legalidad ante la comunidad internacional.
Lejos de tratarse de hechos aislados atribuibles únicamente a la conducta de algunos dirigentes, el FIFA Gate puso de manifiesto la existencia de severos problemas de carácter estructural en su funcionamiento.
Estos sucesos evidencian que tales prácticas responden a un modus operandi arraigado en una estructura organizativa caracterizada por las acciones turbias, la concentración del poder, la falta de mecanismos eficaces de control y la persistencia de redes de intereses que favorecen la reproducción de la corrupción. Como consecuencia, las irregularidades no solo comprometen la conducción de la FIFA, sino que también profundizan la crisis de legitimidad de una organización que, pese a proclamarse garante de los valores universales del deporte, ha visto cuestionada su autoridad moral por reiterados escándalos de alcance internacional. 
Voces de resistencia
Frente al escenario descrito, diversas figuras del deporte, la cultura y el pensamiento crítico han alzado su voz para denunciar que el fútbol corre el riesgo de dejar de ser un patrimonio cultural y popular de los pueblos, transformándose progresivamente en una poderosa maquinaria de alienación, domesticación ideológica y entretenimiento funcional a los intereses de las clases sociales explotadoras. Bajo la lógica del capitalismo y su fase imperialista, el deporte ha sido crecientemente mercantilizado e instrumentalizado como un mecanismo de acumulación económica, legitimación política y reproducción de relaciones de poder que subordinan la pasión popular a los intereses del capital.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano advirtió que, a medida que el fútbol se convirtió en una industria, fue expulsando "la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí", sintetizando con esa reflexión el tránsito de un juego concebido como expresión cultural y comunitaria hacia un espectáculo sometido a las reglas del mercado y del lucro. El destacado futbolista Diego Armando Maradona denunció a la dirigencia del fútbol internacional, a la que calificó insistentemente de corrupta y mafiosa, mucho antes de que los grandes escándalos judiciales sacaran a la luz las redes de corrupción existentes en la FIFA. El futbolista brasilero Romário encabezó una severa crítica al modelo extractivista y al enorme costo social que implicó la organización de la Copa Mundial de 2014 en Brasil, mientras que el exfutbolista, actor y activista francés Eric Cantona denunció las violaciones de derechos humanos en la organización del Mundial de Catar.
En consecuencia, el fútbol ha sido gradualmente expropiado de sus comunidades y de sus aficionados por una mafiosa burocracia corporativa que privilegia el lucro, el poder y los intereses del sistema por encima de los valores históricos del deporte. La disputa por el fútbol trasciende el ámbito estrictamente deportivo y se convierte en una lucha por recuperar su carácter popular, democrático y emancipador frente a las afanosas prácticas de mercantilización e instrumentalización impulsadas por el capitalismo en descomposición. 

Conclusión
Muy a pesar de lo expuesto el fútbol preserva buena parte de su esencia original, pues la emoción que despierta sigue siendo auténtica, y su capacidad para forjar identidad y comunidad aún es vigorosa. No obstante, precisamente por esa capacidad de movilización, el deporte ha sido secuestrado por una mafiosa cúpula corporativa que lo administra como una mercancía al servicio del sistema. Casos como la institucionalización especulativa de las entradas, el costo social de la infraestructura mundialista, la doble moral política en favor de potencias como Israel y Estados Unidos, y la corrupción epidémica de la FIFA, manifiestan la urgencia necesidad de democratizar la institución.
El gran desafío del siglo XXI consiste en recuperar una organización democrática basada en la transparencia, la rendición de cuentas y la igualdad de criterios. Como bien refirió Galeano, el fútbol conserva la memoria y la creatividad de quienes lo hicieron grande. El dilema futuro no definirá solamente la viabilidad de la FIFA como entidad rectora, sino si el mundo será capaz de rescatar al fútbol de las garras de los negociados para devolvérselo a los pueblos.
 Referencias Bibliográficas· 
· Amnistía Internacional. (2021). Comprobación de la realidad 2021: A un año de la Copa del Mundo 2022 - El estado de los derechos de los trabajadores migrantes en Qatar.
· Galeano, E. (1995). El fútbol a sol y sombra. Siglo XXI Editores. (Obra original en español).
· Goldblatt, D. (2006). El balón es redondo: Una historia global del fútbol. Riverhead Books.
· Herman, E. S., & Chomsky, N. (1988). La fabricación del consenso: La economía política de los medios masivos (Publicado en español bajo el título Los guardianes de la libertad). Pantheon Books.
· Human Rights Watch. (2022). Qatar: El costo de la Copa del Mundo de la FIFA para los trabajadores migrantes.
· Jennings, A. (2006). ¡Falta! El mundo secreto de la FIFA: Sobornos, manipulación de votos y escándalos de entradas. HarperCollins.
· Jennings, A. (2014). Omertà: La familia de crimen organizado de la FIFA de Sepp Blatter.
· Sugden, J., & Tomlinson, A. (2003). Malos muchachos: La familia de la FIFA en guerra. Mainstream Publishing.

UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales
10 de octubre de 2025

Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués.

Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial.

Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones.

De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués.

En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema.

En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico.

Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites.

El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita.

Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo.

Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana.

Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso.

Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica.

10/10/2025