El anuncio hecho por parte de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en el estado número 51 no es simplemente el anuncio de un “loco”; es algo mucho más serio de lo que uno imagina. Desde la Doctrina Monroe de 1823, en la que se establece la zona de influencia del imperialismo norteamericano, y con la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. de noviembre de 2025, se debe tener en cuenta que este gendarme del mundo tiene clara conciencia y replantea toda su estrategia de seguridad, dado que se desenvuelve en un mundo de disputa entre grandes potencias mundiales y ya no es la hegemonía única de entonces, liderada por él mismo. Esa es la razón por la que traza su zona de seguridad, partiendo desde Groenlandia hasta la Patagonia.Parte de ese proceso es el sometimiento de Venezuela a su dominio, con un hecho trascendente: el secuestro del presidente Maduro y su esposa.Desde tiempos antiguos se sabe, tanto en el campo político como militar, que una fortaleza se toma por fuera o por dentro. En este caso, la toma de Venezuela ha sido por dentro, contando dicha operación con la neutralización de toda resistencia por parte de un Estado entero.
¿Qué significa esto? La similitud con el colapso de un Estado completo, como en el caso sirio, mediante la compra o soborno de todos los mandos militares, así como también de la burocracia política con capacidad de decisión, que evidentemente también fue comprada. Esa sería la razón por la que solo la guardia cubana dio batalla ante la traición de toda la cúpula militar y política. ¿Cuántos millones de dólares corrieron para vender un país entero y entregarlo a las fauces de sus enemigos? La información saldrá, tiempo más, tiempo menos.Lo cierto es que hoy tenemos a una vicepresidenta besándole la mano, con toda algarabía, a su amo y a los agentes de la CIA, dando la bienvenida al sionismo, así como iniciando todo un proceso de involución de la resistencia nacional antiimperialista, que está avanzando por partes. Los jefes militares justifican, bajo groseras argumentaciones, la neutralización de toda iniciativa de rebelión y resistencia nacional, así como el combate a la traición, tarea que correspondería a las masas populares y a sus consecuentes líderes sociales, quienes, conscientes de esa traición, deberían rebelarse usando toda forma de lucha.
¿Cuál es el interés de EE. UU. en Venezuela? Evidentemente, el petróleo, el gas, el oro y otros recursos naturales de carácter estratégico, además de constituirse, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en una fuente de petróleo gratis para sostener todo su aparato militar, en tanto y en cuanto se adentra a una confrontación mayor y directa con Rusia, y principalmente contra China, considerada su enemigo principal.
Entonces, teniendo a una burocracia política servil bajo el mando de la CIA, así como a los más altos mandos militares a su servicio, ¿es razonable el planteamiento de este gendarme para que Venezuela sea su estado número 51? Ahora mismo existe un intenso trabajo interno para desmontar el espíritu antiimperialista nacional, cambiar los colores del chavismo y anular toda iniciativa de resistencia honesta chavista.
Debemos considerar que la disputa de fondo no es solo Venezuela; también se busca sacar de esta zona de seguridad yanqui a China, cortándole toda fuente de abastecimiento de recursos naturales, alimentos, energía, mercado, etc., como está ocurriendo en el caso de Medio Oriente. La disputa es de ese nivel; por tanto, están dispuestos a todo, más aún si cuentan con traidores y vendepatrias, hecho que les facilita el trabajo. Es más, los mantienen en el poder burocrático para hacer más viable y confiable sus servicios de entrega nacional.
Pero, en lo inmediato, la ofensiva imperial no es solo contra Venezuela, que ya tendrían en sus manos, sino también, como dijera el “orangután naranja”, van por Cuba. Y veremos nuevamente a ese heroico pueblo demostrar su capacidad de resistencia, como ya lo viene haciendo desde hace más de cinco décadas.12/05/2026
La historia de América Latina ha estado marcada por permanentes luchas entre proyectos de dominación imperialista y procesos de resistencia popular orientados a la defensa de la soberanía, la dignidad y la autodeterminación de los pueblos.
En ese largo recorrido histórico, la figura de Augusto C. Sandino emerge como uno de los símbolos más trascendentales del antiimperialismo latinoamericano del siglo XX y, al mismo tiempo, como una referencia plenamente vigente en el complejo escenario de la bipolaridad del siglo XXI.Comprender la vigencia del pensamiento sandinista implica analizar rigurosamente el contexto histórico en el que surgió su lucha y relacionarlo con las nuevas formas de dominación imperialista que hoy enfrentan las naciones oprimidas y los pueblos del mundo, particularmente en América Latina.
Sandino nace el 18 de mayo de 1895 en Nicaragua, en un contexto caracterizado por la expansión del capitalismo monopolista y el ascenso de Estados Unidos como nueva potencia imperialista. Tras consolidar su desarrollo industrial y financiero, Estados Unidos impulsó una agresiva política expansionista orientada al control de territorios estratégicos, mercados, materias primas y rutas comerciales.
La repudiada Doctrina Monroe, proclamada en 1823 bajo el lema “América para los americanos”, fue transformándose paulatinamente en un instrumento geopolítico de intervención estadounidense. A ello se sumó posteriormente la ideología del “Destino Manifiesto”, que justificó la expansión imperialista sobre territorios latinoamericanos, como ocurrió con la invasión a México entre 1846 y 1848.Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos consolidó su hegemonía regional tras la guerra hispano-estadounidense de 1898, extendiendo su influencia sobre el Caribe y Centroamérica.
La construcción del Canal de Panamá y el control de rutas interoceánicas convirtieron a Centroamérica en un territorio estratégico para la política exterior estadounidense.En ese escenario, América Latina comenzó a experimentar formas cada vez más agresivas de dependencia económica y condicionamiento político. Grandes corporaciones extranjeras pasaron a controlar recursos naturales, puertos, ferrocarriles, plantaciones agrícolas y sectores estratégicos de las economías nacionales. Fue precisamente en ese contexto de feroz explotación, ocupación militar y pérdida de soberanía en que se forjó la conciencia revolucionaria de Sandino.
Su experiencia como trabajador migrante en Honduras, Guatemala y México le permitió asumir conciencia acerca de la explotación de obreros y campesinos latinoamericanos por parte de depredadoras compañías extranjeras.
Particular relevancia tuvo su estadía en México entre 1923 y 1926, en que entró en contacto con la situación política y social de la Revolución Mexicana, conociendo las luchas por la tierra, la soberanía nacional y la defensa de los recursos naturales encabezadas por figuras revolucionarias como Emiliano Zapata y Pancho Villa.México representó para Sandino una escuela política e ideológica. Comprendió que la lucha de Nicaragua no era un conflicto aislado, sino parte de una confrontación continental entre pueblos sometidos y potencias imperialistas. Desde aquel entonces, asumió el antiimperialismo como una causa latinoamericana y universal.Cuando regresó a Nicaragua en 1926, encontró un país ocupado militarmente por tropas estadounidenses y sometido por las clases dominantes a políticas de subordinación al imperialismo norteamericano. La firma del denominado “Pacto del Espino Negro” en 1927, mediante el cual sectores políticos aceptaron la tutela e injerencia de Estados Unidos, fue interpretada por Sandino como una abierta traición a la soberanía y dignidad nacional.Frente a ello decidió continuar la lucha armada y organizó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Su resistencia trascendió rápidamente las fronteras nacionales y se convirtió en símbolo continental de dignidad y rebeldía frente al imperialismo.Sandino no solo enfrentó militarmente al genocida imperialismo yanqui; también construyó una profunda doctrina política basada en la soberanía nacional, la unidad latinoamericana y la defensa de los pueblos oprimidos. Su pensamiento se inscribe en la tradición emancipadora de Simón Bolívar y José Martí, quienes denunciaron tempranamente las amenazas expansionistas sobre Nuestra América.A más de un siglo de su nacimiento, la figura de Sandino adquiere renovada vigencia en un contexto internacional marcado por injustas guerras híbridas, bloqueos económicos, sanciones unilaterales, manipulaciones mediáticas y nuevas formas de dominación financiera y tecnológica.
El decadente imperialismo estadounidense ya no actúa únicamente mediante invasiones militares directas. Hoy opera también a través de mecanismos económicos, mediáticos, diplomáticos y tecnológicos orientados a condicionar la soberanía de los Estados y el destino de los pueblos.Distintos países latinoamericanos han enfrentado en las últimas décadas fuertes presiones externas por intentar desarrollar proyectos soberanos e independientes. En ese escenario, el pensamiento sandinista reaparece como referencia política y ética para quienes defienden la autodeterminación de los pueblos frente a políticas de injerencia y sometimiento imperialista.
La vigencia de Sandino se expresa, en primer lugar, en la defensa irrestricta de la soberanía nacional. Sandino comprendió que ningún país puede considerarse verdaderamente independiente mientras sus recursos estratégicos, decisiones económicas o instituciones políticas estén condicionadas por intereses extranjeros.En segundo lugar, Sandino representa la resistencia frente al neocolonialismo actual.
Las actuales formas de dependencia ya no se manifiestan únicamente mediante ocupaciones militares, sino también a través de endeudamientos externos, imposiciones financieras, subordinación tecnológica y manipulación mediática.En tercer lugar, Sandino simboliza la dignidad de los pueblos pequeños frente a las grandes potencias. Su lucha demostró que incluso una nación pequeña puede enfrentar política y moralmente a un imperio cuando existe conciencia patriótica, organización popular y voluntad de resistencia.
Otro aspecto central de la vigencia sandinista es su visión latinoamericanista, ya que él comprendió que la independencia de Nicaragua estaba ligada al destino de toda América Latina.
Por ello defendió resueltamente la unidad continental frente a las políticas de fragmentación y dependencia impulsadas desde el exterior.
En el siglo XXI, marcado por contiendas intercapitalistas e interimperialistas y reconfiguraciones del poder mundial, la integración latinoamericana sigue siendo uno de los principales desafíos históricos de la región. La soberanía energética, tecnológica, alimentaria y comunicacional continúa siendo una tarea pendiente para los pueblos latinoamericanos.
Asimismo, el pensamiento de Sandino adquiere enorme importancia en el terreno cultural y comunicacional. En la actualidad, las grandes disputas políticas también se desarrollan en el ámbito de la información, las plataformas digitales y la construcción de narrativas.La batalla por la memoria histórica se ha convertido en un componente estratégico de la lucha política actual. En ese contexto, rescatar figuras como Sandino implica disputar el sentido histórico de América Latina y reivindicar las luchas populares invisibilizadas por las narrativas dominantes.
Así, la narrativa audiovisual latinoamericana posee hoy una enorme responsabilidad histórica que conlleva recuperar la memoria de los pueblos, denunciar las nuevas formas de explotación y fortalecer la conciencia crítica de las nuevas generaciones.La frase inmortal de Sandino: “Patria libre o morir” continúa sintetizando el anhelo histórico de independencia, dignidad y justicia social de centenares de millones de latinoamericanos.
El asesinato de Sandino en 1934, promovido por reaccionarios sectores vinculados a Anastasio Somoza García y respaldados por mezquinos intereses estadounidenses, buscó destruir físicamente una experiencia revolucionaria y patriótica que amenazaba las estructuras de poder dominantes.Sin embargo, su pensamiento sobrevivió al crimen político y se convirtió en bandera histórica de los movimientos antiimperialistas y populares de América Latina.
Décadas más tarde, su legado inspiró al Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra la dictadura somocista y en la defensa de la soberanía nacional nicaragüense.Actualmente, en el marco de un mundo bipolar en disputa, Sandino sigue representando la rebeldía digna de las naciones y los pueblos frente a toda forma de dominación imperialista y explotación capitalista y sometimiento.La vigencia del antiimperialismo de Augusto C. Sandino no pertenece únicamente a la historia de Nicaragua. Pertenece a la memoria histórica de Nuestra América y a las luchas universales de los pueblos por soberanía, justicia social, independencia y una sociedad superior.
Porque mientras existan pueblos que resistan al insepulto capitalismo y su fase germinal imperialista, así como defiendan su derecho a decidir su propio destino, Sandino seguirá cabalgando en la conciencia rebelde de América Latina.