Red de prensa popular latinoamericana

NECESIDAD DE CONSTRUIR UN FRENTE ANTIIMPERIALISTA Y ANTISIONISTA

Por Alex A. Chamán Portugal

El sistema capitalista y su fase imperialista atraviesan una decadencia histórica irreversible. El imperialismo estadounidense, genocida y depredador, también caracterizado como el “Cartel de las Barras y las Estrellas”, enfrenta el ascenso económico, tecnológico, político y militar de China, que disputa su hegemonía y se encamina a superarlo en diversos ámbitos. Este declive no significa su desaparición ni una debilidad inmediata. Por el contrario, impulsa una intensificación de su ofensiva para conservar posiciones, recuperar espacios perdidos y preservar su pretensión de hegemonía mundial única.

 Esta arremetida responde a las contradicciones propias del imperialismo, expresadas en la concentración monopólica del capital, la exportación de capitales, la disputa por los mercados, el control de recursos estratégicos y la lucha por el reparto del mundo. Como advirtió Lenin, las potencias imperialistas convierten el planeta en escenario permanente de competencia por zonas de influencia. En la actualidad, esta pugna comprende minerales críticos, hidrocarburos, biodiversidad, agua, tecnología, rutas comerciales y mercados. América Latina, por sus enormes riquezas naturales y su posición geoestratégica, vuelve a ocupar un lugar central en esta disputa.

La disputa interimperialista y el nuevo reparto del mundo

La confrontación entre Estados Unidos y China configura una bipolaridad interimperialista en la que convergen colusión y pugna. Mientras ambas potencias compiten por mercados, capitales, tecnologías, recursos y áreas de influencia, también desarrollan mecanismos de negociación y entendimiento destinados a administrar sus contradicciones y disputar el reparto del mundo. Ninguna de estas potencias representa, por sí misma, la emancipación de la humanidad ni de los pueblos. Su objetivo estratégico consiste en ampliar sus posiciones dentro del sistema mundial de acumulación capitalista, explotación y dominación.

En esta disputa, Washington procura preservar su denominado “patio trasero” latinoamericano. El perverso y neocolonizador “Escudo de las Américas” debe ser comprendido como parte de esta ofensiva de control “geopolítico”, militar y económico. Su propósito es reforzar la subordinación continental y contener la creciente presencia e influencia de otros actores internacionales como China. 

Gobiernos cipayos y fascistización de las sociedades

La dominación imperialista no requiere necesariamente una ocupación militar directa. Opera mediante la deuda, los tratados asimétricos, las empresas transnacionales, el control tecnológico, la manipulación mediática, los programas humanitarios, los servicios de inteligencia, las sanciones y la presión diplomática. A ello se suma el colaboracionismo de gobiernos neoliberales que, una vez instalados mediante procesos electorales fraudulentos, propaganda manipuladora, operaciones mediáticas y nuevas formas de intervención tecnológica, terminan administrando intereses ajenos a las mayorías populares.

La privatización, el extractivismo, la precarización laboral, la entrega de recursos estratégicos y el sometimiento de la política exterior responden a una misma lógica de sumisión. Cuando gobiernos antinacionales y antipopulares colocan los intereses del imperialismo por encima de las necesidades de sus pueblos y reprimen a quienes resisten, la democracia liberal termina vaciándose de contenido social y político.

La fascistización en marcha aparece entonces como mecanismo de preservación del caduco orden dominante. Se expresa en la militarización, la criminalización de la protesta, la judicialización de la política, la estigmatización del adversario, la persecución política, el encarcelamiento y la violencia despiadada contra dirigentes y luchadores sociales. La articulación entre mafiosos sectores oligárquicos, redes económicas transnacionales y corrientes políticas proimperialistas y pro-sionistas profundiza esta subordinación y agudiza la ofensiva contra las fuerzas populares. 

Construir el Frente Antiimperialista y Antisionista

Frente a esta ofensiva, la fragmentación de las fuerzas populares constituye una ventaja estratégica para los enemigos de la humanidad y los pueblos. La respuesta histórica exige construir un Frente Antiimperialista y Antisionista, amplio, soberano y popular, capaz de articular a trabajadores, campesinos, pueblos indígenas, estudiantes, intelectuales, artistas, organizaciones sociales, sindicatos y sectores populares afectados por la cruel concentración económica y la ofensiva capitalista y su modelo neoliberal.

El presidente Mao Tse-tung enseñó que una política revolucionaria de alianzas debe distinguir entre contradicciones principales y secundarias. La unidad no exige borrar las diferencias, sino establecer un programa común de defensa de la nación, la patria y los derechos del pueblo. Ese programa debe contemplar la soberanía política y económica, el control nacional de los recursos naturales, la protección de las fuerzas productivas y los mercados internos, la defensa de los derechos sociales y laborales, la industrialización soberana, la integración latinoamericana y la autodeterminación de los pueblos.El amauta Mariátegui, Frantz Fanon y el Che Guevara enseñaron, desde distintas experiencias históricas, que la independencia política resulta incompleta sin emancipación económica y social. Por ello, el Frente debe convertirse en una fuerza organizada, consciente y movilizada, capaz de construir comunicación propia, desarrollar formación política, fortalecer la solidaridad internacionalista y avanzar en la construcción de poder popular.

Conclusión

El imperialismo puede disponer de capital financiero, tecnología, armas y gigantescos aparatos de propaganda, pero carece de la legitimidad histórica de los pueblos que luchan por su libertad, soberanía y justicia social, propio de una sociedad superior.La tarea inmediata consiste en transformar la resistencia dispersa en organización consciente y fuerza política. Defender la soberanía, los recursos naturales, las fuerzas productivas, los mercados internos y los derechos populares exige construir unidad de acción, conciencia política y poder desde abajo.

Ante la arremetida imperialista, la respuesta no puede ser la resignación ni el sometimiento. Es imperativo construir un Frente Popular Antiimperialista y Antisionista que convierta la resistencia de las naciones oprimidas y los pueblos en una fuerza histórica capaz de enfrentar la dominación imperialista, contener la fascistización y abrir el camino hacia una América Latina soberana, libre, integrada y sociopolíticamente emancipada. 

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